Partido Comunista Internacional
El Partido Comunista N. 12 - anteprima
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órgano del partido comunista internacional
Lo que distingue a nuestro partido: – la línea de Marx a Lenin a la fundación de la III Internacional y del Partido Comunista de Italia a Livorno 1921, a la lucha de la Izquierda Comunista Italiana contra la degeneración de Moscú, al rechazo de los Frentes Populares y de los bloques partisanos – la dura obra de restauración de la doctrina y del órgano revolucionario, en contacto con la clase obrera, fuera del politiqueo personal y electorero
Primero Mayo 2018: Contra las guerras del capital - Organización y lucha de clase - Hasta la Revolución y el Comunismo
– Con el nuevo contrato colectivo de los trabajadores petroleros en Venezuela se confirma una nueva traicion de los sindicaleros y un triunfo de los patronos capitalistas de Pdvsa y Pequiven que lograran ahorros multimillonarios
Aumentan los trabajadores inmigrantes venezolanos y se suman al ejercito internacional de reserva que facilita la explotacion capitalista
– La puesta en escena de la lucha nacionalista en Cataluñia
Ante las amenazas de invasión militar a Venezuela: La clase obrera no tiene patria!! El proletariado no tiene que elegir entre EEUU y otros imperialismos, sino luchar por sí mismo y preparar la revolución anti-capitalista
Una vez mas, muerte y dolor sobre Gaza
Se agudiza la crisis capitalista en Venezuela y florecen las corrientes oportunistas que cierran el paso a las luchas de la clase obrera

 

 

 

 


Primero Mayo 2018
Contra las guerras del capital
Organización y lucha de clase
Hasta la Revolución y el Comunismo

A pesar del desarrollo de las gigantescas capacidades técnicas y la enorme cantidad de medios y de máquinas que permiten una frenética producción de mercancías, la infame sociedad del capital empobrece a la gran mayoría de la humanidad y obliga al proletariado de todos los países a una vida cada vez más insegura.

La perpetuación y el agravamiento de la crisis capitalista mundial han destruido la ilusión de progreso para el proletariado y el engaño reformista de una pacífica y gradual transición hacia una sociedad menos inhumana.

El Capital se aprovecha de esto para atacar las condiciones de existencia de los trabajadores, que se ven aplastados en su papel social de proletarios sin reservas y sin ninguna certeza del futuro. En todos los países, de antiguo o reciente capitalismo, los Estados, con la complicidad de organizaciones sindicales subordinadas al régimen de los patronos, imponen el sometimiento de los trabajadores a los intereses nacionales, es decir, de los burgueses.

A medida que aumenta el desempleo, las políticas de austeridad afectan al proletariado, disminuyendo los salarios e imponiendo todas las formas de trabajo precario y mal pagado.

La burguesía espera que la clase obrera, desprovista de dirección y desorganizada, privada de su verdadero partido y de sus sindicatos combativos, no reaccione y se abandone a la más feroz competencia dentro de sí misma.

* * *

La Segunda Guerra Mundial, con su destrucción masiva y habiendo inmolado en el altar de la patria burguesa a decenas de millones de proletarios, y una serie continua de atroces conflictos “regionales”, Corea, Argelia, Vietnam, Medio Oriente... ha permitido al capitalismo mundial un ciclo de acumulación casi sin crisis hasta 1975, cuando el capitalismo entró en una nueva crisis de sobreproducción que desde entonces se ha agravado a través de ciclos periódicos de 7-10 años.

La “globalización”, es decir, la dispersión del capitalismo en nuevas grandes naciones, particularmente en Asia y sobretodo en China, ha contribuido a retrasar la crisis general durante al menos 30 años, pero al mismo tiempo ha aumentado su potencial, abrumando esta vez a todos los grandes países del mundo entero, en los que domina el modo de producción capitalista y gobierna la clase burguesa.

Hoy en día, todos los rincones del mundo regurgitan demasiadas mercancías que no logran ser vendidas. Esta crisis general de sobreproducción en el capitalismo, es la primera causa de nuevas guerras. Su propósito es solo destruir, destruir mercancías, destruir fuerza de trabajo, posibilitando, después de una década de masacres, un nuevo ciclo de infernal acumulación capitalista y de feroz sometimiento de la clase trabajadora. La guerra es, por lo tanto, la única solución burguesa a la crisis mortal, económica y social, del modo de producción capitalista.

Porque las guerras también sirven para desviar al proletariado de su objetivo histórico, la superación revolucionaria de la sociedad del capital, alejando en la intoxicación nacionalista, el peligro de la revuelta social.

Hoy el choque entre las potencias, que ha seguido al colapso del capitalismo de Estado en Rusia y al agigantamiento del capitalismo chino, se hace cada vez más destructivo. Las zonas de crisis y de choque entre las diferentes concentraciones de capitales se multiplican, haciendo prever que no está muy lejos el estallido de un tercer conflicto imperialista mundial.

La guerra en Siria está entrando en su octavo año y no muestra señales de terminar, impulsada por ambos frentes imperialistas. Con el pretexto hipócrita de combatir el terrorismo todos los Estados que tienen intereses económicos y militares en esa región, maldita por su riqueza y su importancia estratégica, se lanzan como buitres y poco importa si este choque está causando cientos de miles de víctimas, millones de fugitivos, inmensas destrucciones. Por un lado, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Israel y Arabia Saudita, por el otro lado Rusia, Irán y luego Turquía. China también aprovechó la ocasión para mostrar los músculos.

Todos los Estados, de palabra se declaran defensores de la paz, de los “derechos humanos” y del progreso civil, pero el gasto militar mundial está aumentando año tras año y casi alcanza la cifra astronómica de 1.800 millardos de dólares: una inmensa cantidad de trabajo empleada para construir instrumentos de destrucción y de muerte. Todos los Estados están preparando la guerra, de la que todos cuentan con salir victoriosos: vencedores sobre la clase obrera y sobre la revolución comunista.

Ya, por el progreso de la crisis del capital mundial, se ha roto el histórico mito del libre comercio y se alzan nuevos muros.

Cada Estado, para dividir a la clase obrera y empujarla hacia el militarismo, difunde los venenos del nacionalismo, del patriotismo, del racismo, de las guerras religiosas. Pero el proletariado rechazará esta infamia: los proletarios no tienen patria y no tienen nada que defender en la sociedad burguesa, nada que esperar del Estado de los patronos. No es suya la fábrica, el sitio de trabajo o la tierra en la que trabajan, y su enemiga es toda la estructura administrativa, burocrática, judicial, militar del Estado, que está al servicio exclusivo de la clase burguesa.

El modo de producción capitalista, ahora irremediablemente reaccionario y condenado, no tiene razón de existir, sólo vive por la inercia y por la temporal pasividad de la clase obrera mundial, la única que puede y debe combatir contra esta repugnante “civilización”, que encontrará su fin con su revolución política de clase.

El capitalismo ha cumplido su función histórica, socializando las fuerzas productivas, es decir, desarrollando la base económica del comunismo. Queda pendiente hoy sólo una tarea que cumplir, difícil pero necesaria: derrocar por la fuerza a la burguesía y su Estado, expropiarla y pasar a una gestión comunista de la producción y de la distribución, aboliendo las relaciones de producción capitalistas, el trabajo asalariado y la producción de mercancías.

Para hacer esto, es necesario que el proletariado se presente bien desplegado en la escena del conflicto social. Sus organizaciones de batalla económica son los sindicatos, verdaderos sindicatos de clase, para defender, con la fuerza numérica y con el arma de la huelga, sus propias condiciones de vida y de trabajo. Pero este movimiento debe ser dirigido, al más alto nivel político, por el partido, conciencia histórica de la revolución comunista: ¡el partido comunista internacional!

 

 

 


Con el nuevo contrato colectivo de los trabajadores petroleros en Venezuela se confirma una nueva traicion de los sindicaleros y un triunfo de los patronos capitalistas de Pdvsa y Pequiven que lograran ahorros multimillonarios

Ya conocidos los resultados de la firma del contrato de los trabajadores petroleros venezolanos (PDVSA), que se terminará extendiendo a los trabajadores petroquímicos (Pequiven), podemos comprobar que en medio de la crisis económica que atormenta a los trabajadores, los sindicatos petroleros y petroquímicos y la federación que los agrupa, así como la Central Socialista Bolivariana de Trabajadores (CSBT), no han dudado en ponerse del lado del patrón capitalista, para reducir el costo de la mano de obra y para facilitar la ejecución de todos los despidos y jubilaciones que necesiten realizar para equilibrar sus balances financieros.

De las clausulas socio-económicas de este contrato destacan: a) Incremento Salarial de 180%, al cual se sumará el aumento del 58% decretado por el Ejecutivo Nacional; b) El monto de la Tarjeta Electrónica de Alimentación (TEA) pasa de 1.650.000 bolívares a 2.800.000 bolívares; c) Se pagará un bono por asistencia al trabajo de 2,5 veces el salario semanal básico a los trabajadores diarios (lunes a viernes), che no sará pagado cuando el trabajador no asista un día.


COMENTARIOS GENERALES

1. Durante toda la discusión del contrato los sindicatos mantuvieron desmovilizados a los trabajadores y no realizaron asambleas. Solo ponían a circular mensajes de texto en celulares, pero no activaron ni el debate abierto de los trabajadores, ni mucho menos acciones de movilización y presión contra el patrón. Así mismo, tanto los trabajadores petroleros como petroquímicos se han mantenido pasivos, pero también temerosos ante la represión interna y las constantes amenazas de despidos. Los trabajadores no cuentan con una orientación crítica y clasista para asumir la lucha reivindicativa. Algunos pequeños grupos de base terminan respondiendo políticamente a intereses oportunistas y electoreros.

2. El contrato firmado refleja la persistencia de la estrategia patronal de mantener bajos salarios y manipular a los trabajadores con bonos, que luego suman al salario para hablar de ingreso mensual integral. Veamos un ejemplo. Supongamos que un trabajador gana 500.000 bolívares mensuales; como el aumento salarial será de 238% (180% + 58%), ahora su salario será de 1.690.000 Bs; si a eso se suma en nuevo monto de la TEA (2.800.000 Bs) y el bono de asistencia de 2,5 salarios básicos (supongamos que en este ejemplo este alcance un monto de 4.225.000 Bs mensuales); entonces este trabajador(a) tendría un ingreso total de 8.715.000 Bs mensuales. Del total del ingreso del trabajador el salario pasa a ser 19,4%; el 80,6% de su ingreso serán bonos; por lo tanto, al momento de su despido o jubilación, el monto de referencia para el cálculo de sus prestaciones (pero también para vacaciones) será el de 1.690.000 Bs. El monto de los bonos no se aplica al cálculo de las prestaciones sociales. ¿Cuánto se ahorra la empresa (PDVSA o Pequiven) pagando un salario de 1.690.000 Bs en vez de uno de 8.715.000 Bs? Bueno: un dineral!!! Y los sindicaleros son los cómplices de esta estrategia patronal.

3. Ahora bien. ¿Alcanza un salario de 1.690.000 Bs o un ingreso mensual de 8.715.000 Bs para cubrir los gastos de alimentación, higiene y educación de la familia del trabajador? Evidentemente que no, que este salario, aun con lo altos que parezcan estos números, es claramente insuficiente. Solo los gastos básicos mensuales de alimentación superan los 24 millones de bolívares, y esta es una cifra en constante aumento, por la inflación. O sea, que los 8.715.000 Bs solo cubren un cuarto de los gastos básicos mensuales de alimentación; y para afrontar sus necesidades del mes los trabajadores tendrán que centrarse en alimentación y transporte, y aún así tendrán que comer menos y mal y caminar más para movilizarse a su trabajo. Estos salarios demuestran que ya no hay en Venezuela una “aristocracia obrera” y que, en todo caso, los trabajadores de los sectores petróleo, gas y petroquímica solo tienen condiciones de vida y trabajo un poco menos difíciles que el resto de los trabajadores.

4. Es evidente que este contrato no contempló alguna clausula que permita ajustar el salario tantas veces como sea necesario según el comportamiento de la inflación. Los sindicaleros simplemente dejaron esto en manos del gobierno burgués, que será el que decidirá cuándo y cuanto aumentar el salario de los trabajadores. El contrato estará vigente hasta septiembre de 2019 (2 años de duración si se asume que entró en vigencia en octubre de 2017), pero sin haber comenzado a implementarse, YA ESTA DEVALUADO. Si bien el contrato tendrá una vigencia basada en el tiempo de duración acordado entre las partes, desde el punto de vista socio-económico ya el contrato esta vencido.

5. No se menciona que pasará con el salario de los jubilados, cuyos pagos son una burla, por el monto que no se corresponde con el actual costo de la vida. Se establece que, de ahora en adelante, los jubilados saldrán con el 100% del salario, pero no se habla de quienes ya salieron jubilados, como si estos trabajadores no estuvieran siendo afectados también por la inflación.

6. Hay que enfocarse en la lucha por un salario superior, un salario que permita cubrir el costo de la cesta básica, para trabajadores activos, jubilados y pensionados de todo el país, de todos los oficios, de todas las ramas de actividad económica. Para esto los trabajadores deben comenzar a unirse y organizarse por la base, dentro y fuera de las empresas e instituciones, en cada localidad, para impulsar la lucha por un salario equivalente al monto de la cesta básica, para trabajadores activos, jubilados y pensionados y por la eliminación de los bonos y su transformación en salario. Este movimiento de lucha reivindicativa de clase debe impulsar asambleas, reuniones locales de trabajadores de diferentes ramas de actividad económica y oficios, activar la agitación y la propaganda y promover la movilización y la huelga.

– El contrato de los trabajadores petroleros, ejemplo de nueva traicion de los sindicaleros a la clase obrera!!
– El nuevo contrato de trabajadores petroleros y petroquimicos trae 80% de bonos y 20% de salarios, para ahorrarle costos a los patronos capitalistas de pdvsa y pequiven!
– Por un aumento general nacional de salarios para todos los trabajadores activos, jubilados y pensionados del pais, que cubra el costo de la cesta basica!!

 

 


Aumentan los trabajadores inmigrantes venezolanos
y se suman al ejercito internacional de reserva que facilita la explotacion capitalista


El capital no tiene patria. La fuerza de trabajo tampoco. Hacia donde fluyen y se concentran la mayoría de los capitales, hacia allá se dirige también la fuerza de trabajo y la masa de los recipientes que contienen esta mercancía: los asalariados, los proletarios. Por encima de las legislaciones de los países, de las fronteras geopolíticas y de las diferencias culturales, las migraciones se pusieron a la orden del día en la medida en que, en determinados países, el capitalismo agotó buena parte de su fase originaria y, en los países donde crecían las concentraciones industriales y las actividades económicas conexas, ya no se podía contar con una masa suficiente de estratos sociales proletarizados (campesinos, artesanos, pequeños comerciantes y productores).

Las mercancías fluyen hacia los mercados donde son mejor pagadas. Los trabajadores asalariados, ya sea que realicen trabajo simple o trabajo complejo, buscan vender su mercancía, la fuerza de trabajo, por el mejor precio posible. Los trabajadores buscan empleo dentro o fuera de su país de origen para poder adquirir los bienes y servicios requeridos para su sobrevivencia y la de su familia.

En la sociedad capitalista se constituye un ejército industrial de reserva, conformado por trabajadores desempleados. Este ejército le permite a los capitalistas pagar salarios bajos a los trabajadores activos. La demanda de fuerza de trabajo tiene relación directa con las necesidades de la producción y el comportamiento de la economía, pero esta demanda conduce a la sobreoferta de mano de obra, que se expresa en ejércitos de parados o ejercito industrial de reserva. Evidentemente, por lo tanto, el ejército industrial de reserva sobrepasa las fronteras nacionales y los regionalismos existentes dentro de cada país, para convertirse en una gran masa internacional. El ejército industrial de reserva es una confirmación de que el proletariado no tiene patria.

Engels, citando a Marx, nos plantea que “Cuanto mayor es la riqueza social… tanto mayor es la superpoblación relativa o ejercito industrial de reserva… Y cuanto mayor es este ejército de reserva, en relación con el ejército obrero activo (o sea, con los obreros que trabajan normalmente), tanto mayor es la masa de superpoblación consolidada (permanente) o las capas obreras cuya miseria está en razón inversa a sus tormentos de trabajo. Finalmente cuanto más extenso es en la clase obrera el sector de la pobreza y el ejército industrial de reserva, tanto mayor es también el pauperismo oficial. Tal es la ley absoluta, general, de la acumulación capitalista”.

Estos ejércitos de parados se han construido a partir de procesos como: a) pauperización y quiebra de pequeños comerciantes y productores, urbanos y rurales, que pasan a depender de un salario; b) destrucción parcial de la economía familiar para disponer de la mano de obra femenina; c) migraciones de trabajadores dentro de un país, de una localidad a otra; d) migraciones de trabajadores de un país a otro; e) trabajadores desplazados con sus familias a causa de guerras y catástrofes naturales; f) avance de la automatización y de la productividad de la mano de obra y aumento de la composición orgánica del capital.

Con la agudización de la crisis capitalista crece el desempleo y el Ejercito Industrial de Reserva. Los trabajadores desempleados sufren la miseria y los trabajadores activos sufren la caída del salario real. La llamada “aristocracia obrera”, que son asalariados con mayor nivel de vida, ven que su mundo ideal entra en crisis y les toca vivir la experiencia de trabajar solo para comer. Y aunque la burguesía y los partidos oportunistas y sindicatos del régimen, se dedican a realzar las diferencias de nacionalidad entre los trabajadores, la cotidiana contradicción entre el capital y el trabajo, empuja a la unión entre los trabajadores nacionales y los inmigrantes, para moverse como una sola clase, el proletariado, internacional, enfrentada a la explotación capitalista.

El trabajador migrante es explotado adicionalmente, aprovechando la condición ilegal de muchos de ellos. Estos trabajadores “sin papeles”, son presa fácil de la codicia de los patronos que, quejándose hipócritamente de la “falta de mano de obra autóctona”, los malpagan tras agotadoras y largas jornadas de trabajo, muchas de ellas en condiciones infrahumanas, en diferentes oficios que requieren de mano de obra “no calificada” o trabajo simple.

En el 2015, de los 244 millones de migrantes en todo el mundo, 104 millones (43%) habían nacido en Asia. Europa fue el segundo lugar de nacimiento del mayor número de migrantes (62 millones o 25%), seguido por América Latina y el Caribe (37 millones o 15%) y África (34 millones o 14%). En 2015, la India tenía la mayor “diáspora” registrada del mundo (16 millones), seguida por México (12 millones). Otros países con grandes diásporas incluían la Federación de Rusia (11 millones), China (10 millones), Bangladesh (7 millones) y Pakistán y Ucrania (6 millones, cada uno).

Casi dos tercios de todos los migrantes internacionales viven en Europa o en Asia. América del Norte es la región que ocupa el tercer lugar en la recepción de migrantes internacionales, seguida de África y América Latina. Según el informe de Migración del 2015 de las Organización de las Naciones Unidas, entre el 2000 y el 2015, la mayoría de los inmigrantes internacionales vivían en Europa y Asia. Los 10 países con mayor cantidad de inmigrantes fueron EEUU (46.627.102, 19,8% del total de inmigrantes internacionales, y 14,3% de la población total de EEUU), Alemania (12.005.690, 4,9% de todos los inmigrantes internacionales en el mundo, y 14,9% del total de la población de ese país), Rusia (11.643.276, 4.8% de todos los inmigrantes de la población mundial y 7.7% de la población de ese país); Arabia Saudita 9.060.433, 3,9% de la población total de inmigrantes y 31,4% del total de su población), El Reino Unido, (8.543.120), Emiratos Árabes Unidos (7.826.981, 3.1% del total de inmigrantes a nivel mundial), Canadá (7.850.000, 3.4% de todos los inmigrantes en el mundo y 20,7% de la cantidad de población de ese país), Francia (7.784.418), Australia (6.763.663, 2,8% de todos los inmigrantes en el mundo y 27,7% del total de la población de ese país), España (5.852.953, 2.8% del total de inmigrantes en sus fronteras y éstos representan cerca del 14% de la población).

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hay una alta concentración de trabajadores migrantes en sectores económicos específicos y diferencias significativas según el sexo. En 2013, la mayoría de los trabajadores migrantes del mundo, hombres y mujeres, trabajaba en el sector de los servicios: 106,8 millones sobre un total de 150,3 millones, o un 71,1 por ciento. De ellos, se estima que 11,5 millones son trabajadoras y trabajadores domésticos migrantes. El número de trabajadores migrantes en la industria, incluyendo las manufacturas y la construcción, era de 26,7 millones (17,8 por ciento), y en la agricultura, de 16,7 millones (11,1 por ciento).

Estimaciones del total de trabajadores
migrantes por región, 2010-2015
REGION Migrantes Trabajadores
migrantes
2010 2015 2010 2015
Mill. % Mill. % Mill. % Mill. %
Africa 19,3 9 20,6 8,5 8,4 8 8,7 5,8
Asia 61,3 28,7 75,1 30,8 30,7 29 50,4 33,6
Europa 69,8 32,6 76,1 31,2 35,1 33 49,5 33
América L. y Caribe 7,5 3,5 9,2 3,8 3,2 3 4,35 2,9
América del Norte 50 23,4 54,5 22,4 25,1 24 37,05 24,7
Oceanía 6 2,8 8,1 3,3 3 3    
Total 213,9 100 243,7 100 105,5 100 150 100
Fuente: OIT. Datos de la División de Migración del Departamento
de Economía y Asuntos Sociales (UNDESA) de Naciones Unidas

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), con base en estadísticas poblacionales con corte al 2010, según las cuales 28,5 millones de latinoamericanos y caribeños residían en países distintos a los de su lugar de nacimiento; es decir, el 4 por ciento del total de la región.

Para ese año México presentaba la mayor cantidad de migrantes fuera de sus fronteras (12 millones) y Colombia ocupaba el segundo lugar con 1.076.000 trabajadores nativos en el exterior.

Colombia, se ha caracterizado por el gran flujo de su población, en tres etapas, comprendidas en los períodos de la década de 1970 que se movilizó el primer grupo de personas hacia Estados Unidos, la década de 1980 (la segunda ola se dirigió hacia Venezuela) y en la década de 1990 (tercera ola) las rutas comprendían otros países como España y otros países entre ellos Ecuador. Los destinos elegidos por los migrantes colombianos según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), son: Estados Unidos (34,6 por ciento), España (23,1 por ciento), Venezuela (20,0 por ciento), Ecuador (3,1 por ciento), Canadá (2,0 por ciento), Panamá (1,4 por ciento), México (1,1 por ciento), Costa Rica (1,1 por ciento), y con un porcentaje mínimo Australia, Perú y Bolivia. Un censo de 2009 dio a conocer que en el exterior residen más de tres millones 378 mil 345 colombianos cifra que hacía de Colombia uno de los países de mayor migración en Latinoamérica.

En Venezuela históricamente se presentó una importante presencia de oleadas de trabajadores inmigrantes de Europa, Asia y América Latina, destacando los inmigrantes colombianos, ampliamente explotados en la agricultura, el comercio y los servicios, aprovechando la condición ilegal de la mayoría.

A partir del 2017 se incrementó significativamente el éxodo de trabajadores venezolanos al exterior, siendo Colombia el principal destino de los obreros y obreras, la mayoría de baja calificación y sin documentos. De acuerdo a un estudio de la Universidad Simón Bolívar (USB) un total de 2 millones 500 mil venezolanos salieron del país durante el 2017, producto de la crisis que afronta Venezuela y que cada vez se agudiza más. El estudio también reveló que dicha cifra podría aumentar y ubicarse en 3 millones ó 3 millones 200 mil al cerrar 2018. Uruguay, Perú, Colombia, Brasil y Ecuador registraron en el 2017 una mayor llegada de inmigrantes venezolanos respecto del 2016. Durante la última década en Venezuela ha venido creciendo la emigración, en principio dominada por empresarios en crisis y por profesionales y técnicos, pero el crecimiento significativo en los últimos 2 años es el reflejo de la incorporación de obreros calificados y no calificados, que incluso han migrado de manera ilegal.

Hasta el 2015 los países preferidos por los migrantes venezolanos eran Estados Unidos, España, Colombia, Chile y México.

Como se ve, uno de los países destino de la migración venezolana es Colombia, que cuenta con una larga frontera con Venezuela, siendo la región más empleada para el ingreso de los trabajadores migrantes el norte de Santander. El Norte de Santander es el segundo departamento colombiano con mayor desempleo en Colombia, su tasa de 12,6% en 2016 estuvo por encima del total nacional (9,1%). Sin embargo los empresarios colombianos de áreas como la comercial, los servicios y la construcción contratan venezolanos para ahorrar costos. La mano de obra de origen venezolano contratada en Colombia corresponde en un 70% a trabajadores no calificados y 30% con estudios superiores. La capital del Norte de Santander es Cúcuta y registra el índice de desempleo más alto de Colombia, que está en 15,65%. Uno de cada seis cucuteños no trabaja.

En otras regiones colombianas migrantes venezolanos son contratados a destajo como recolectores de café sin derechos laborales, pensiones ni salud, en general no se les ofrece la más mínima garantía laboral y el trabajo se paga por kilo recogido al día. Por supuesto que este es el mismo trato que reciben los migrantes de todas las nacionalidades, incluidos los trabajadores colombianos cuando emigran a otros países, incluso a Venezuela, donde hace vida una numerosa masa de asalariados colombianos.

Brasil también es un importante destino de la migración de trabajadores venezolanos. Allí el desempleo no ha disminuido y el gobierno solo en el 2017 eliminó casi 21 mil puestos de trabajo. Particularmente los agricultores y ganaderos brasileños han comenzado a sacar provecho de la mano de obra temporal y barata que representan los inmigrantes venezolanos. Ni en Colombia ni en Brasil se han reportado sanciones contra estos agricultores y ganaderos por explotación laboral a la mano de obra inmigrante. Pero el mismo comportamiento se observa en Venezuela, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, México, Estados Unidos, etc.

Así mismo, a la sobre-explotación a la que son sometidos los trabajadores inmigrantes e indocumentados, se suman su incorporación al tráfico de drogas, al comercio sexual y la estructuración de negocios financieros a partir del envío de remesas y divisas a sus países de origen.

Actualmente hay una la lucha política mediática entre el gobierno venezolano y la oposición, y entre los gobiernos de Colombia, Brasil, Perú, Chile y EEUU, por un lado, y el gobierno burgués venezolano por el otro. Esto ha conducido al manejo de cifras exageradas, tanto sobre la migración de trabajadores colombianos a Venezuela, como sobre la migración creciente de trabajadores venezolanos a otros países. En ese campo de confrontación mediático y politiquero, los factores políticos opuestos al gobierno venezolano han planteado la existencia de una “crisis humanitaria” en Venezuela y los gobiernos de Colombia y Brasil han solicitado asesoramiento y apoyo financiero para establecer “campamentos de refugiados” que reciban el éxodo de venezolanos que cruzan sus fronteras. El gobierno venezolano niega esta crisis y insiste en que esto forma parte de una guerra económica orquestada por EEUU, que, según ellos, ha sido la causante del desabastecimiento y la especulación. Pero es evidente que el salario mínimo nominales en Venezuela entre 9 dólares mensuales (si se parte del cambio oficial) y 2,5 dólares mensuales (si se utiliza como referencia el dólar paralelo); y todo esto mientras en la calle los precios de los bienes y servicios están dolarizados y convertidos a bolívares según la tasa del dólar paralelo. Y con una canasta alimentaria que equivale aproximadamente a 125 dólares, sin considerar otros bienes y servicios básicos, es de esperar que un importante sector de los trabajadores asalariados venezolanos, calificados o no, opte por la emigración como una de sus alternativas de sobrevivencia.

Aunque no se dispone de estadísticas oficiales, lo cierto es que efectivamente importantes contingentes de trabajadores se están moviendo desde Venezuela a otros países, en la búsqueda de oportunidades de empleo y de mejoras salariales, con la expectativa de enviar remesas de dinero a sus familiares. Parte de este contingente que se está movilizando es de trabajadores inmigrantes que residían en Venezuela, que ahora vuelven a sus países de origen (Colombia, Perú, Chile, etc.). Así mismo, el crecimiento más reciente del éxodo de trabajadores venezolanos, se realiza bajo condición ilegal, circunstancia que siempre ha sido aprovechada por el empresariado capitalista en todo el mundo.

Ya varios gobiernos, dentro de los que destacan los de Colombia y de Brasil, han visto la oportunidad de negocio que se abre con el mercado de migrantes venezolanos y han solicitado financiamiento para activar albergues o “centros de atención transitoria” para migrantes venezolanos. El gobierno de Estados Unidos manifestó que está dispuesto a proporcionar ayuda técnica y humanitaria a Colombia y Brasil para atender a los inmigrantes venezolanos.

Ante la agudización de la crisis capitalista, los diferentes gobiernos burgueses en el mundo aplican medidas de flexibilización laboral, bajos salarios, impulso del aumento de la edad de jubilación, intensificación del trabajo, reducción de costos en la higiene y seguridad en el trabajo, aumento del trabajo en horas extras, etc. Estas políticas irán favoreciendo la movilidad de los trabajadores en diferentes países y el consecuente aumento de la explotación del trabajo de los inmigrantes.

El proletariado es una clase internacional y sus luchas no pueden dejarse limitar por las reaccionarias corrientes patrióticas, nacionalistas o regionalistas, que niegan la lucha de clase anticapitalista y promueven la competencia y confrontación a los asalariados, en la disputa por puestos de trabajo, de la cual saca partido la burguesía con el apoyo de sus gobiernos y de los sindicatos del régimen.

La oposición de clase del proletariado debe estructurarse partiendo de:

Para afrontar la lucha por la transformación revolucionaria de la sociedad convocamos a incorporarse al Partido Comunista Internacional, de manera de ir más allá de la lucha reivindicativa, fuera del contacto con todas las corrientes oportunistas que hoy siguen confundiendo al proletariado, y asumir la militancia por la conquista de la sociedad comunista, donde no habrá explotación del trabajo asalariado, ni patrias ni mercados.

 

 

  

  


La puesta en escena de la lucha nacionalista en Cataluñia
 
Ayer

El 6 de octubre de 1934, poco después de los años 20, el presidente de la Generalitat, Lluis Companys, se asomó a un balcón del palacio de la institución de la cual era el máximo responsable, y frente a una gran multitud, proclamó la independencia de la República Catalana.

La respuesta del gobierno central español fue inmediata. El primer ministro Alejandro Lerroux ordenó al general Domingo Batet, de origen catalán, declarar el estado de guerra y arrestar de inmediato a Companys y los demás líderes del movimiento independentista.

En la noche, se levantaron barricadas para enfrentar al ejército en Barcelona. Un batallón de infantería leal a Madrid, equipado con una batería de artillería, subió por las Ramblas. Un primer enfrentamiento se presentó frente a la sede de un sindicato, donde se atrincheraron un grupo de hombres armados con fusiles, incluyendo algunos militantes del Partido Proletario Catalán. Los independentistas dispararon y mataron a un sargento; poco después, su fortaleza improvisada fue tomada con cañonazos. Entre los separatistas hubo muertos y heridos. Poco después, los cañones se alinearon frente al Palacio de la Generalitat, defendido por una centena hombres de la policía autonómica de Cataluña conocidos como mossos d’esquadra (Mozos de Escuadra).

Companys invita a Batet a unirse a los rebeldes, pero el general responde “Estoy a favor de España”. Se dispararon, y los independentistas obtuvieron la peor parte. A las seis de la mañana, Companys se rindió. Así terminó, solo después de 10 horas, la corta vida de la República Catalana. Companys fue arrestado, procesado y condenado a 30 años de cárcel por rebelión.

Hoy

El 27 de octubre de 2017, después de una pacífica dramatización, en el centro de atención de los medios durante más de dos meses, en una disputa jurídico-institucional con el gobierno español, encabezado por el primer ministro Mariano Rajoy, decidido a suprimir cualquier aspiración del nacionalismo catalán, el parlamento de la Comunidad Autónoma aprobó, con voto secreto, la declaración unilateral de independencia y proclamó la independencia de la República Catalana. El presidente de la Generalitat catalana, Carles Puigdemont, fue sometido a investigación por rebelión por el fiscal general del Estado español. Se arriesgaba a 30 años de prisión. Así que Puigdemont partió en coche desde su Gerona natal a Marsella, desde donde se embarcó en un vuelo a Bruselas. En una conferencia de prensa en la capital Belga, el presidente catalano declaró en los días siguientes que volvería a España solo si se le garantizaba un proceso justo, se declaró “ciudadano europeo” y se refirió a la capital belga como “capital de Europa”, faro de los derechos humanos.

La pantomima de la guerra de independencia popular catalana del siglo XXI termina, en ambas partes, plenamente, en la observancia religiosa de los rituales electorales de las instituciones democráticas y parlamentarias y del derecho constitucional, sin aventurarse incluso a una barricada o un solo disparo de fusil. Marx enseña que los eventos históricos se repiten, pero la primera vez como tragedia, mientras que la segunda como farsa. En este caso, la desafortunada tragicomedia de 1934 se repitió en una comedia aún más aburrida, en la cual, el fervor patriótico y la furia sagrada de los dos nacionalismos cruzados, el catalán y el centralista español, son obscenamente desinflados junto con la arrogancia de los protagonistas, que carecen incluso del sentido de la vergüenza y del ridículo.

Detrás de las proclamas y las palabras altisonantes, no se puede encontrar otra cosa que la lucha por apropiarse de cuotas del tesoro público y la búsqueda del consenso electoral por parte de las facciones políticas burguesas que compiten, e históricamente podridas, para cubrir su grotesca cobardía, tratando de reconstruir y dar dignidad a la gesta, también sin sentido, e inspirada por concepciones reaccionarias, de sus predecesores de los años 30.

Hay que recordar, que en el año de 1934 España estuvo marcada por la insurrección proletaria de Asturias, que se planteó propósitos muy diferentes y opuestos al de crear otra pequeña patria burguesa.

¿Qué representa la independencia de Cataluña y cómo se generó este aparente impulso centrífugo que hace cada vez más precario el marco institucional de la España post-franquista definido por la Constitución de 1978?

En primer lugar, se debe recordar que para nosotros los marxistas, la fuerza de cohesión de un Estado, que es el instrumento de la opresión de la clase dominante con respecto a las otras clases de la sociedad, es directamente proporcional a su poder económico.

Si a lo largo de los más de cinco siglos después de la unificación de los reinos de Castilla y Aragón, España ha visto varias veces la aparición de fuertes tendencias centrífugas, esto es, sin duda debido a sus peculiares características geográficas e históricas. La relativa pobreza de las impermeables y semiáridas regiones del centro de la Península Ibérica, ha estado por largo tiempo en contraste con el relativo desarrollo de las zonas costeras, atractivas más por el tráfico a través de largas distancias que desde su propia zona de influencia. Estas causas económicas han hecho que el proceso de centralización del Estado haya sido lento, difícil y que incluso, en la fase de afirmación del absolutismo, las revueltas regionales no fueran en absoluto infrecuentes.

Así escribía Karl Marx en 1854, en la serie de artículos publicados en el “New York Daily Tribune” con el título “La España revolucionaria”, que hemos comentado ampliamente en nuestro estudio, “Marx y Engels en España”, en nuestra revista Comunismo Nro. 38: «En la formación del reino español se verificaron circunstancias particularmente favorables a la limitación del poder real. Por un lado, las tierras de la Península Ibérica fueron reconquistadas, poco a poco, durante la larga lucha contra los árabes y se estructuraron en reinos diferentes y separados unos de otros: en este período surgieron las leyes y costumbres populares, y las conquistas posteriores, realizadas especialmente por los nobles, dieron a éstos un enorme poder, mientras disminuía el del rey. Por otro lado, las ciudades y pueblos así conquistados, se preocuparon por dar seguridad y solidez a la organización interna, dado el estado de necesidad en que se encontraba la población en el momento de su fundación. De hecho tenían que vivir en comunidades cerradas como fortalezas, única forma de tener cierta seguridad frente a las constantes incursiones de los árabes. Al mismo tiempo, la conformación peninsular del país y el continuo intercambio con Provenza y con Italia, hicieron surgir importantes ciudades comerciales y marítimas en la costa. Desde el lejano siglo XV, las ciudades fueron el elemento más importante dentro de las Cortes, compuestas por sus representantes, junto con el clero y la nobleza. Por tanto, es digno de ser destacado el hecho de que la lenta reconquista contra el enemigo árabe, en una lucha obstinada de casi ochocientos años, le dio a la Península Ibérica, en el momento de su plena emancipación, un carácter totalmente diferente al de la Europa contemporánea: al comienzo de la era del despertar europeo, España se encontró con las costumbres de los godos y vándalos en el norte, y de los árabes en el sur» (New York Daily Tribune, 9 de septiembre de 1854).

De modo que el proceso de centralización del Estado español se completó con cierto retraso en comparación con lo que sucedió, por ejemplo, en Francia, y cuando se realizó no pudo crear un Estado unitario igualmente fuerte. Esta relativa debilidad de la monarquía española permitió a la Francia del siglo XVII, es decir, en la fase en la que el Estado absoluto alcanzó su apogeo, sacar provecho de la insurrección catalana de 1640 para entrar al área histórica de la Cataluña Transpirenaica o Perpinan y Roussillon, que hoy siguen siendo regiones francesas en las que todavía se habla la lengua catalana.

Hoy el frente nacionalista pone en el centro de su justificación histórica la disolución de las instituciones catalanas, la Generalitat y los Fueros (leyes locales), con los decretos de Nueva Planta que siguieron al asedio de Barcelona de 1713-14 por las tropas regulares francesas y españolas contra los partidarios de Carlos III, en el contexto de la guerra de sucesión española.

Como continúa Marx explicando en el mismo artículo:

«¿Qué explicación, por lo tanto, se puede proporcionar del singular fenómeno consistente en el hecho de que, después de casi tres siglos de una dinastía de los Habsburgo seguida por otra borbónica – cada una de las cuales es más que suficiente para aplastar a un pueblo – todavía sobreviven, como entonces, las libertades municipales de España? Y eso en el país en el que, entre todos los Estados feudales, nació la monarquía absoluta en su forma más clara, el centralismo aún no ha tenido éxito en plantar sus raíces».

«La respuesta no es difícil. Las grandes monarquías se formaron en el siglo XVI y se establecieron en todas partes luego de la decadencia de las contrapuestas clases feudales: la aristocracia y las ciudades. Sin embargo, en los otros Estados europeos, la monarquía absoluta se presentó como un centro de civilización, como un promotor de la unidad social. Fueron esos Estados el laboratorio donde se mezclaron y produjeron los diferentes elementos de la sociedad, de manera tal de inducir a las ciudades a abandonar la independencia local y la soberanía medieval a cambio de las leyes generales de las clases medias y del dominio común de la sociedad civil».

«En España, por el contrario, mientras la aristocracia se hundía en la degradación sin perder sus peores privilegios, las ciudades perdían su poder medieval sin ganar la importancia moderna. Desde el establecimiento de la monarquía absoluta, las ciudades vegetaron en un estado de continua decadencia (...) Con el declive de la vida comercial e industrial de las ciudades, se hizo cada vez más escaso el tráfico interno y menos frecuente el contacto entre los habitantes de las diferentes regiones, fueron descuidados los medios de comunicación y fueron abandonados los grandes caminos (...)».

«De esta manera, la monarquía absoluta encontró en España una base material que, por su propia naturaleza, rechazaba el centralismo. Así mismo, por otro lado, hizo todo lo que estuvo en su poder para impedir que se desarrollaran intereses comunes, basados ​​en una división nacional del trabajo y en una multiplicación del tráfico interno, única y real base sobre la cual poder crear un sistema administrativo uniforme y leyes generales».

«Por lo tanto, la monarquía absoluta española, a pesar de su aparente parecido con las monarquías absolutas de Europa en general, debe ser catalogada más bien cercana a las formas del gobierno asiáticas. Al igual que Turquía, España continuó siendo un conglomerado de repúblicas mal gobernadas, con un soberano nominal a la cabeza. El despotismo presentó caracteres diferentes en las diversas regiones, a causa de la arbitraria interpretación de las leyes generales por parte de los virreyes y de los gobernantes. A pesar de su despotismo, el gobierno no pudo impedir que continuaran existiendo, en varias regiones, diversos derechos y costumbres, monedas, banderas o colores militares, así como varios sistemas tributarios».

Por lo tanto, no es una coincidencia que incluso en el cumplimiento del convulsionado proceso que condujo a la afirmación definitiva del capitalismo en España, se hayan perpetuado grandes diferencias en el grado de desarrollo económico de las diferentes regiones, que han alimentado las formas de rebelión con respecto al Estado central, que pasará mientras tanto, del despotismo oriental al despotismo burgués moderno.

No fue una coincidencia entonces, si a finales del siglo XIX, en las regiones donde mayor era la vitalidad económica y donde se había implantado con mayor solidez el nuevo modo de producción, favoreciendo un cierto desarrollo industrial, que se asistiera a un renacimiento de nacionalismos como el catalán y el vasco. En ambos casos, estos movimientos no expresaron una necesidad revolucionaria nacional burguesa. Esta en realidad ya se había completado, en varias oleadas, en un largo y tormentoso recorrido histórico, que experimentó un fuerte impulso a partir de la dominación napoleónica y de la subsiguiente guerra de liberación nacional contra los franceses, en la base de la constitución liberal de 1812.

Entonces, Marx explicó una vez más, que había comenzado un proceso que arrastraba consigo, incluso en sus fases más avanzadas, un carácter fuertemente contradictorio que lo marcó desde el principio como un pecado original: «Todas las guerras de independencia dirigidas contra Francia, implicaron al mismo tiempo tanto la impronta de regeneración como de la reacción; pero en ninguna otra parte el fenómeno se presentó con la intensidad con la que ocurrió en España».

En la visión marxista sobre el proceso de génesis de las naciones modernas, no se ve como factor principal la afirmación de la autodeterminación de los pueblos oprimidos, como quiere la vulgata burguesa. Por supuesto, en determinadas fechas y fases históricas, y en ciertos países, el programa del “Manifiesto de Partido Comunista” de 1848 prescribía a los comunistas apoyar a los partidos que se fijaron el objetivo de lograr, la emancipación nacional. El desarrollo del capitalismo ha traído consigo la formación de entidades estatales, que estaban en fase de gestación ya en época pre-burguesa, pero esto se manifestó más bien como un proceso de aglomeración que de fragmentación, a lo largo de líneas basadas en sus aspectos étnicos, culturales y lingüísticos.

La negativa a apoyar a priori a cualquier movimiento de autodeterminación nacional lo precisamos con notable claridad en el lejano 1950, en el artículo titulado El proletariado y Trieste aparecido en el número 8 de “Battaglia Comunista”: «Es contrarrevolucionaria la ideología pequeñoburguesa según la cual, para dar impulso a las reivindicaciones de clase en Europa, convenía esperar la liberación de cada “nacionalidad” oprimida, la solución de cada problema étnico marginal a los grandes Estados. Todos estos oprimidos en el lenguaje, en las universidades, en las carreras burguesas, sobre todo en aquellas más “cannaruta” [en napolitado “ghiotta” (codiciadas), ndr], de los poderes electorales, habrían prohibido para siempre a los trabajadores, darse cuenta de la explotación patronal, de la opresión social».

El nacionalismo catalán y el vasco, a pesar de sus diferencias, han sido a lo largo de toda su historia de signo sustancialmente reaccionario porque, proponiéndose como objetivo el establecimiento de naciones ficticias, han desviado constantemente la atención de los trabajadores de sus propios intereses económicos inmediatos y sus propósitos históricos.

Se consideró sobre todo que las reivindicaciones debían centrarse en cuestiones culturales o de idioma en ambos casos, teniendo en cuenta el hecho de que durante algunos siglos, las principales ciudades catalanas, y desde siempre las del País Vasco, presentaron una clara preeminencia del castellano, no sólo como una herramienta de lenguaje vehicular, utilizado es decir, entre diferentes lenguas maternas, sino también de uso cotidiano, en comparación con el catalán y el euskera, que permanecieron confinados principalmente en el campo. Mientas que la euskera no fue nunca una lengua vehicular y se mantuvo aplastada por numerosos dialectos, hasta la tentativa iniciada en 1968 (es decir, bajo el régimen franquista) de unificación (el llamado “euskera batua”, es decir, vasco unificado) operado por la Academia de la lengua vasca, el catalán también ha conocido una fase, a finales de la Edad Media, en la que efectivamente desempeñó el papel de lengua oficial del Estado aragonés. Además, el catalán fue una de las primeras lenguas, entre las que se derivan del latín, en la cual se desarrolló una producción literaria considerable, que también abarcó la filosofía y la ciencia. Notable en este sentido es el caso del filósofo y poeta Raimondo Lullo (Ramon Llull en catalán) que murió en 1316.

Sin embargo, ya a principios del siglo XV, el catalán había comenzado a perder terreno como lengua de la cultura, para luego ser puesto al margen, con la adopción del castellano como lengua oficial de la monarquía española, unificada por los reyes católicos Fernando de Aragón e Isabel de Castilla en el último cuarto de siglo.

Pero estas glorias pasadas importaban poco una vez entrado en el vórtice de la modernidad, con su función progresiva agotada desde hace siglos, sepultada bajo la manta de una unidad estatal no demasiado sólida, aunque con una larga tradición de continuidad. En ese contexto, gústele o no a los cultores de la “pureza” cultural y racial de las patrias, también tuvo lugar en España el proceso de creación de un mercado nacional, en la base de la organización territorial del Estado que ha sido de tanta importancia en el desarrollo del capitalismo moderno. Una vez hecho esto, colocamos una presuposición indispensable sobre la predisposición de las condiciones objetivas del comunismo, fundadas en el alto desarrollo de las fuerzas productivas alcanzadas por la formación económico-social burguesa.

En España por lo tanto, estos nacionalismos se han desarrollado, desde el punto de vista de la historia, nacidos ya muertos, fuera del tiempo, en comparación con la época de las revoluciones nacionales burguesas en Europa. De hecho, tomaron forma cuando el Estado unitario y el mercado nacional eran una realidad ya establecida. Estos movimientos, incluso si pudieran crear estados independientes, separándose del resto del Estado español, hipótesis siempre improbable, no conquistarían ninguna independencia política y económica real, precipitados en la fuerza de atracción ejercida por Francia y Europa Central.

Después del final del régimen franquista, cuyo explícito centralismo fue expresado por el lema “España una, grande y libre”, el nuevo cuadro democrático, en el cual se traspasaron los elementos esenciales del régimen precedente, abiertamente dictatorial, quería dar una respuesta a la espinosa cuestión de las minorías, con el sistema de las Comunidades Autónomas, a las cuales les fue asignada una parte de las funciones que hasta entonces habían sido prerrogativa del gobierno central. Esto significaba ir al encuentro con las necesidades e intereses de los estratos burgueses y pequeñoburgueses que a través de la identidad de la minoría étnica, por real o ficticia que fuera, habían transmitido las demandas de libertad burguesa a través de las cuatro décadas de la dictadura franquista. Tampoco puede ocultar el hecho de que, incluso en los últimos años del régimen, gracias también a un cierto relajamiento de la censura contra las lenguas regionales, las aspiraciones de la pequeña burguesía fueron animadas a canalizarse hacia los nacionalismos resurgentes.

Este camino demostró ser de una cierta eficacia para fortalecer la base de consenso para el nuevo régimen democrático, para distraer la atención del conflicto social ofreciendo a la opinión pública la representación espectacular de conflictos nacionales y regionales en gran parte ficticios, incluso cuando estaban exteriormente armados y violentos. Ver sobre este tema nuestro estudio en profundidad: “Las causas históricas del separatismo vasco” en nuestra revista Comunismo Nro. 42.

Esta difusión, sedimentación y acumulación de motivos ideológicos regresivos, ha continuado jugando un papel importantísimo en calmar y distraer las luchas de los trabajadores por cuatro decenios. Tales “nacionalismos embalsamados”, mantenidos artificialmente vivos, han tenido su peso en favor de la conservación: si no ha habido una recuperación sustancial de las luchas de los trabajadores, incluso después de la crisis de 2008, que puso a la economía española en el suelo, ha llevado a un deterioro drástico de las condiciones de vida de los trabajadores y ha creado millones de nuevos desempleados. De hecho desde entonces, la pérdida parcial de cohesión interna de la superestructura estatal nacional se ha convertido en un instrumento adicional de las políticas antiobreras de austeridad dictadas a la burguesía por la crisis. De hecho, la represión de las manifestaciones de disidencia más inocuas para el poder, y diríamos también más cobardes, han sido confiadas a fuerzas regionales. Esto sucedió en el 2011, cuando los Mossos d’Esquadra, la policía catalana que han elogiado en las últimas semanas los separatistas, calificándola como “nuestra policía”, reprimieron con brutalidad innecesaria, una manifestación pacífica del movimiento de los “indignados”, provocando 33 heridos y 20 detenidos, en la Plaza de Cataluña, en el centro de Barcelona.

El drama que se ha llevado a cabo en los últimos meses y que ha hecho temblar a la apedreada opinión pública es inexplicable, prescindiendo de las preocupaciones vulgarmente electorales, de una clase política corrupta y miope. Después de haber pastoreado por decenios a las masas proletarias y pequeño burguesas con temas ideológicos de signo opuesto, pero de igual naturaleza, chovinismo español monárquico y centralista contra el nacionalismo republicano catalán, ahora los politiqueros están cosechando los frutos del veneno que han suministrado. Los notables de la politiquería burguesa de ambos frentes, tienen que pasar por enérgicos defensores de la democracia, de la constitución, de la libertad de la patria burguesa.

Por un lado, la coalición lo menos que puede hacer es presionar el acelerador (¡con el motor apagado! Electoral!) de la independencia, con el engaño de que sin el lastre de España y los impuestos a pagar a la administración central del Estado, la riqueza de Cataluña se mantendría para los catalanes de todas las clases. Este tema, querido por los demagogos, que en muchos países europeos agitan las banderas del regionalismo y del independentismo, incluyendo el regionalismo propio (representado en Italia por partidos y sindicatos de inspiración regionalista, federalista y localista, como la Lega Nord), es tomado con facilidad por las clases medias y la aristocracia obrera, siempre dispuestas a ser engañadas con promesas vacías.

De hecho, en la fase actual de capitalismo decrépito, no basta referirse a las raíces culturales de Cataluña, el misticismo de la nación no tendría asidero sin la referencia a la independencia fiscal. De hecho, las secesiones o incluso las uniones de Estados, nunca son un hecho predominantemente “cultural”, incluso elementos como la lengua nacional han desempeñado en el pasado un papel central en el proceso de unificación del mercado, un hecho que corre paralelamente a la afirmación del modo de producción capitalista.

Ciertamente, no es la necesidad de sentirse libre de hablar catalán lo que puede motivar la aspiración de una fracción sustancial de la burguesía catalana a liberarse de la sofocante tutela del gobierno madrileño. Hoy la lengua catalana moderna, a cuya unificación ha contribuido solo un trabajo académico realizado “sobre la mesa”, gracias a la política lingüística de la Comunidad Autónoma, no solo ha vuelto a jugar un papel importante en Cataluña, a todos los niveles de la vida social, quizás incluso más de lo que fue hasta principios del siglo XV en el reino aragonés, pero se impone en muchas ocasiones de la vida social como vehículo lingüístico obligatorio, suplantando al castellano. Esto también sucede en los cursos universitarios, aunque sean frecuentados por muchos estudiantes extranjeros, obligados a seguir clases de catalán, cerrándose a los que hablan castellano, el idioma de más de medio billón de hombres.

Esta postura ideológica, que se asume a la par de la imposición franquista del castellano, es una versión “culta” del viejo desprecio con el cual la burguesía y las clases medias catalanas trataron a los xarnegos, es decir, los inmigrantes provenientes de regiones deprimidas de España, que hasta los años 70, arribaron a Cataluña para trabajar. Ellos y sus hijos no hablaron y no aprendieron catalán, y por eso les pusieron una etiqueta, comparable a la de “terrone” en Italia, a los inmigrantes en las ciudades del norte industrial de las zonas más atrasadas del Sur, para separarlos de los hermanos de clase nativos.

Hoy el frente que se agrupa detrás del nacionalismo catalán debe hacer olvidar sus propios pecados, en primer lugar el haber gobernado la comunidad autónoma de Cataluña, aunque con breves interrupciones, durante un total de treinta años a partir de 1980.

Pero el radicalismo altisonante de este movimiento independentista, agitando la bandera de franjas rojas y amarillas, heredada de las guerras medievales de la Reconquista contra los moros (la senyera, el estandarte adoptado en la segunda mitad del siglo XII), tendrá alguna dificultad para romper el marco institucional del Estado español. Este, paradójicamente, también podría salir fortalecido por los eventos de estos meses, gracias a las dosis masivas del veneno chovinista, de signo contrario, defensor del Estado unitario. La burguesía española ha jugado la carta de la represión abierta del referéndum del 1° de octubre, apostando conscientemente por el renacimiento del nacionalismo monárquico.

En el otro frente burgués, la extrema izquierda del grupo capitalista, en España, en Italia y en cualquier lugar de Europa, se ha unido al coro de los partidarios de la inexistente, imposible y reaccionaria independencia catalana. Con diversos, pero siempre engañosos matices, que no ocultan la sustancia de su colocación dentro del campo de clase burgués, estalinistas, trotskistas, anarquistas y sus corrientes en los sindicatos del régimen y de base, no han sido capaces de resistir las sirenas del nacionalismo y de la enésima patria burguesa, que quisiera dar a luz a un nuevo Estado, que se colocaría al lado de todos los demás en la opresión de la clase trabajadora.

Algunos querían ver una “movilización de las masas”, pura puesta en escena de los sindicatos traidores catalanes que el 3 de octubre llamaron a una “huelga general”, en gran medida un verdadero y propio cierre patronal en connivencia con los patronos! El activismo y el movimentismo son nuestros enemigos más insidiosos porque quieren hacer olvidar que en esta contienda, todas las facciones internas de la clase enemiga, son igualmente reaccionarias, y el proletariado no tiene nada que ganar y todo que perder, cualquiera que sea el frente burgués que resulte vencedor.

 

 

 

 

 

 


Ante las amenazas de invasión militar a Venezuela
La clase obrera no tiene patria!!
El proletariado no tiene que elegir entre EEUU y otros imperialismos, sino luchar por sí mismo y preparar la revolución anti‑capitalista

Unidad de la clase obrera de todos los Países
Apuntar las armas contra los gobiernos burgueses nacionales
Tomar el control de cada país con los consejos obreros, para ejercer la dictadura del proletariado contra la burguesía y el imperialismo


Febrero 2018

La disputa imperialista por el control del gobierno y el Estado burgués en Venezuela, para repartirse la riqueza petrolera y otras materias primas, ha traído consigo amenazas reiteradas de invasión militar. Ya sea que la invasión militar se concrete o no, con el apoyo destacado de Colombia, Guyana y países del Caribe, el proletariado venezolano e internacional debe tener clara cuál será su posición ante esta hipotética guerra, sabiendo que una guerra imperialista, convertiría a la clase obrera y estratos sociales explotados, como los campesinos pobres, en la primera y más numerosa de las víctimas.

La lucha por el poder en Venezuela, entre los distintos grupos de capitalistas, sea los opositores de derecha (MUD) o de gobernantes de “izquierda” (chavismo y polo patriótico), sea los alineados con EEUU y la UE, por un lado, o los alineados con China, Rusia; es solo el reflejo en América, de la intensificación del enfrentamiento entre las grandes potencias militares y económicas del mundo. La causa de esta confrontación política y amenaza de choque militar, es la crisis de sobreproducción y la caída de la tasa de ganancia, que está afectando al sistema capitalista y que se acelera con la aproximación de un nuevo estallido de la burbuja especulativa y del colapso del sistema financiero internacional.

La guerra se convierte, cada vez con más fuerza, en la salida burguesa a la crisis capitalista; ya que la destrucción de mercancías, infraestructuras y vidas humanas son la fuente de oxígeno para alcanzar una recuperación temporal de la economía, hasta el advenimiento de una nueva y más profunda crisis. Hoy se plantea la alternativa de Tercera Guerra Mundial o Revolución Comunista Internacional.

El proletariado no tiene patria y no tiene razones para defender al régimen de explotación capitalista dentro de las fronteras nacionales. La burguesía, y su gobierno en Venezuela, llama a defender la patria de una invasión norteamericana a ejecutarse desde Colombia, Guyana, Brasil y el Caribe. Las guerras de defensa nacional son luchas burguesas, la de una burguesía más poderosa contra otra. Toda burguesía aspira mantener su mercado y para esto debe mantener su territorio. Por eso llama a las masas a defender la patria, porque es la forma de defender su mercado. El proletariado no puede salir a combatir por la defensa del mercado capitalista, porque la defensa de la patria lo conducirá a defender su propia explotación.

En caso di guerra el proletariado venezolano debe:
     1. Tomar las armas y empuñarlas contra el gobierno burgués, ya sea que lo dirija la “izquierda” chavista o la derecha de la MUD.
     2. Poner en práctica el derrotismo revolucionario. Llamar al proletariado de los países invasores a empuñar las armas contra los gobiernos burgueses que los dirigen.
     3. Constituir Consejos de Obreros y de Campesinos Pobres y el gobierno de la Dictadura del Proletariado.
     4. Constituir el ejército proletario para la defensa de la revolución de los ataques de la burguesía y el imperialismo.
     5. Convocar al proletariado de todo el mundo a tomar el poder en cada país, principalmente en las grandes potencias de EEUU, Rusia, China, Alemania, Italia, Francia, India, etc.

Pero el proletariado no podrá asumir estas acciones sin contar con su partido de clase.

Todas las energías del proletariado se deben dirigir hacia la reconstitución de las herramientas esenciales para su emancipación: un verdadero sindicato de clase combativo y el Partido Comunista, internacionalista, revolucionario.


     NO a la defensa de la patria, por la defensa de la clase proletaria!
     Por la guerra internacional entre clases!

 

 

 

 


Una vez mas, muerte y dolor sobre Gaza

El 30 de Marzo de 2018, luego de una larga preparación por parte de distintos grupos políticos en la franja de Gaza, y en conmemoración del llamado “Día de la Tierra Palestina”, decenas de miles de gazatíes se acercaron a la frontera y el muro, que separan a Israel de aquel gueto sumergido en hambre, pobreza, explotación y desempleo. Han sido en especial los jóvenes proletarios y desempleados, aquellos a los que el futuro no parece dar ninguna luz, los primeros en la fila y los organizadores de la manifestación.

La situación en Gaza, sumergida en un bloqueo durante más de 11 anos, es insoportable. La crisis económica, el desempleo, la pobreza, la falta de electricidad y el constante asedio del ejercito Israelí, han llevado al proletariado gazatí a una situación de miseria. El nivel de pobreza alcanza grados inauditos de casi el 80% y el desempleo, con una tasa de casi 50%, de los cuales el 60% son jóvenes proletarios, no permiten la subsistencia mínima de las familias proletarias. La incertidumbre sobre los pagos, adeudados por meses por el aparato gubernamental, han llevado a la huelga en un sinnúmero de sectores: educación, salud, servicios. La incertidumbre política es hoy más marcada, donde la llamada reunificación palestina, es decir de los grupos políticos burgueses dominantes en el terreno, ha recibido un duro golpe con el intento de asesinato del primer ministro de la organización Fatah, el pasado mes de Marzo.

Todo esto, ha impulsado a una participación numerosa, pese a que las amenazas de muerte por parte del Estado Israelí, han llegado temprano – en la misma mañana asesinaron a un agricultor, con la excusa de que se había acercado al muro – incluso arriesgando la propia vida, si es que vida puede llamarse a la continua esclavitud a la que se ven sometidos.

Al final del día fueron muertos otros 16 gazatíes, miles de heridos, y circularon unas imágenes que demuestran toda la vileza de la democracia Israelí. La que se jacta de ser la democracia viva y única en el Medio Oriente, pero que aplica la pena capital como las más abyectas dictaduras.

Todo esto no es una sorpresa para nuestro Partido, que desde sus orígenes y su lucha contra el fascismo en Italia, y dentro de la internacional comunista contra la “bolchevización”, ha dejado claro que democracia y dictadura, democracia y fascismo, son equivalentes, y cada una de ellas tiene una misión específica en la conservación del Estado capitalista, el cual no duda en utilizarlas y en utilizar todos los medios de violencia disponibles, para defender su propia existencia.

Es así como la democracia Israelí cobra nuevas víctimas, mientras esconde la mano lanza la piedra, y no dudará, en hacer lo mismo, llegado el momento histórico, contra su propio proletariado, aquel que vive dentro de los desdichados bordes protegidos por soldados, muchos hijos de proletarios, que son enviados a morir y matar, en nombre de la defensa del Estado, que no es distinto de cualquier otro Estado burgués, sino la expresión mas radical de la ya expuesta por el Partido, sucesión del fascismo a la democracia desde la segunda postguerra hasta la actualidad.

El proletariado palestino y el israelí, están ligados, lo quieran o no, y dependen el uno del otro. La problemática gazatí, está ligada indisolublemente a todo el proletariado en la Palestina histórica. Solo hay que ver como la ruinosa llamada Nación Arabe, hoy y también ayer, siempre ha dado la espalda al proletariado palestino en sus luchas. Es Egipto, otrora redentor del panarabismo, quien hoy es el cómplice y asesino, que sostiene el bloqueo junto a la burguesía israelí. Por lo tanto, todo ese nido de ladrones llamado Liga Arabe, está hoy hechos escombros por las distintas guerras que demuestran, una vez más, que la supuesta unidad nacional es solo un engaño, siempre pasajero, sobre la realidad del conflicto perpetuo entre las clases dentro del capitalismo. Y hoy están entre imperialismos de distinta índole, que siempre se encuentran al acecho para alcanzar y explotar las distintas fuentes económicas de cada país y sus rutas geopolíticas para su beneficio.

La cuestión palestina, que nuestra corriente ha estado siguiendo desde los años 30, y la llamada solución de dos Estados para dos naciones es una bancarrota total y, como siempre afirmó el Partido, de acaecer alguna solución como esa, daría como resultado solo un Bantustan dentro de un régimen de apartheid, y sin ningún cambio real en la situación del proletariado gazatí o cisjordano. La burguesía palestina ha conciliado siempre con su contraparte, y su aliado natural contra el proletariado, la burguesía israelí. Es así como la muy “revolucionaria” y vanagloriada por toda la izquierda pseudorevolucionaria, militante y guerrillerista, Organización para la Liberación de Palestina, es hoy un títere más del gobierno de Tel Aviv, con el que firmó aquellos Acuerdos de Oslo, y es hoy la encargada en Cisjordania de ajustar las tuercas al combatiente proletariado palestino.

Sin libertad sindical, y apaciguando cada intento de organización de clase, sobornando a los que puede, amenazando con el pan a los obreros que no se adhieran a su conciliación y a su explotación, con grandes negocios con sus pares israelíes, vendiendo el trabajo de los proletarios a un precio de regalo, y sacando grandes dividendos de todo esto. Es así como funciona el Capital, es así como la burguesía se perpetúa y deja tras de ella un mar de sangre y lagrimas.

Es igual en Gaza, la organización antiproletaria de Hamas, colaboradora eficaz del gobierno israelí para apaciguar la franja de Gaza, destruyendo cada intento de organización proletaria y reprimiendo con dureza cada intento de hacer frente al descomunal embargo hacia la inerme población proletaria, inmersa en una dura crisis económica, se perpetua a través de la exaltación del nacionalismo palestino y la lucha contra la ocupación, mientras hace grandes negocios con los mismos israelíes y egipcios, que son responsables de toda la miseria existente en esa pequeña y poblada franja de territorio. Responsables directos de llevar al proletariado gazatí a entregar la vida por una causa no propia, y dispuesta a todo para perpetuarse en el poder. Es claro que el rumbo que hoy sigue, es el mismo rumbo de todas las organizaciones afines como Fatah, FPLP, FDPLP, etc., la conciliación con su par israelí, y la explotación eficaz dentro de sus dominios. No es pues insignificante, que Israel no haya en sus numerosas incursiones dentro de la franja, acabado con esta organización; más aun, es ayudado y financiado su crecimiento en sus orígenes. Así lo explicaba nuestro Partido, y es la tendencia general de todos estos grupos de “fehaidines”, de los que todo el estalinismo y la izquierda revisionista son viudos.

La cuestión de la solidaridad de clase, que hoy es inexistente, es una cuestión internacional. El proletariado israelí, no es un caso especial o una excepción a la regla, es la misma clase que el proletariado occidental, que se sienta cada noche a ver en los medios de comunicación, las versiones de la ideología dominante, envenenados por el nacionalismo fascista, por el renacer de la religión, igual que sus pares de Inglaterra, Francia, Italia, etc. Es una cuestión internacional e internacionalista, la que se posa aquí, y su solución es por lo tanto internacional, aunque, como decía Marx, pueda tomar forma nacional. Hoy más que nunca sólo la revolución proletaria, en la Israel Palestina, habrá de acabar con toda la miseria, explotación y guerra perpetua, que las burguesías venden, preparando la próxima guerra mundial y regional que ya esta aquí, a las puertas de la crisis económica general que vive el capitalismo.

No hay paz dentro del capitalismo, no la habrá para los proletarios en Israel, Palestina, Cisjordania, Gaza, Siria, Líbano, Irak, si el capitalismo no es destruido hasta sus cenizas. Y aunque hoy este doloroso martirio que sufre el proletariado en Gaza, parece interminable, tiene como perspectiva la reanudación de la lucha de clases, con el Partido Comunista a la cabeza, que haga desaparecer todo el dolor, sufrimiento y desdicha de la especie, en su dolorosa lucha interna. La única vía posible para llegar a ella, a la paz del comunismo, es la lucha decidida hoy por la reconstitución de los órganos proletarios y el resurgir del poseedor de la conciencia de clase del proletariado, el Partido Comunista Internacional.

 

 

 

 

 


Se agudiza la crisis capitalista en Venezuela y florecen las corrientes oportunistas que cierran el paso a las luchas de la clase obrera

Las críticas al gobierno de Maduro en Venezuela, cuestionando el autoritarismo y el militarismo, han sido planteadas constantemente por la derecha, que representa principalmente el frente de partidos de la MUD. Pero ahora se han venido sumando, también con este señalamiento, algunos disidentes del chavismo o críticos de “izquierda”.

Con la aniquilación a un grupo de comando armado de opositores de derecha, realizada por el gobierno venezolano en febrero 2018, en la localidad de El Junquito en Venezuela, se acentuaron estas críticas de derecha y de “izquierda”, por la masacre en sí misma y por la violación de protocolos de guerra y de la legislación burguesa en materia de derechos humanos. La gran mayoría de estos críticos se han mantenido en silencio cuando el gobierno burgués del chavismo ha reprimido huelgas o ha detenido dirigentes obreros o ha militarizado empresas para reactivar la producción cuando los trabajadores han ido al conflicto con reclamos reivindicativos.

Por supuesto también hemos visto la defensa de los partidarios del chavismo, indicando que en Venezuela se practica la democracia perfecta y con la menor abstención del mundo. Los chavistas han defendido que actuaron contra terroristas armados, como hubiera respondido cualquier gobierno en el planeta. Y aducen que Venezuela sufre la agresión del imperialismo norteamericano por su posición “soberana, nacionalista y anti-imperialista”. En este frente del chavismo el discurso y el enfoque es el mismo que el de la derecha, pero, por supuesto, con un lenguaje altisonante: se presentan como defensores radicales de la democracia parlamentaria burguesa. Tampoco han faltado algunos grupos, autodenominados marxistas y citadores de Lenin, que han reivindicado que en El Junquito se ejerció la “violencia revolucionaria” contra la violencia contrarrevolucionaria de la derecha financiada por el imperialismo.

La derecha y esta “izquierda” chavista y el Polo Patriótico, nadan en la corriente democrático burguesa, tan garante de la explotación capitalista como el fascismo. Un frente político se declara pro capitalista y defiende una reducción del tamaño del Estado, mayor apertura del mercado y privatizaciones, y el otro, se declara pro socialista y reivindica el crecimiento del Estado, la regulación y control del mercado, la estatización de áreas económicas estratégicas. Los primeros plantean la distribución de la renta petrolera haciéndola pasar primero principalmente por la empresa privada y los segundos haciendo la distribución principalmente desde el sector público hasta finalmente llegar a las mismas manos del empresariado, al cual se han sumado abiertamente diferentes grupos del sector militar. Ambos frentes comparten la defensa de la democracia parlamentaria, el sostenimiento de la propiedad privada, la producción y circulación de mercancías, la rentabilidad de las empresas o comunas o cooperativas o “empresas de producción social”. Ambos frentes buscan controlar la renta petrolera para que llegue por diferentes caminos a las arcas de sus empresas y de su red de corrupción.

El anti-neoliberalismo que se ha venido divulgando y que particularmente reivindica la “izquierda”, es un neo-Keynesianismo, una reivindicación del crecimiento del Estado (capitalista y burgués, nunca imparcial o colocado por encima de las clases, sino órgano de dominación de una clase sobre otra) frente a los que lo quieren empequeñecer. Pero no es una reivindicación de la revolución socialista, sino de la continuidad del capitalismo con otras estrategias económicas (un capitalismo “más humano” y más de Estado) al estilo del llamado Welfare State o Estado de Bienestar.

Por supuesto que, con la agudización de la crisis económica se derrumba el esquema discursivo de la izquierda reformista, que se verá obligada a poner sobre la mesa la necesidad de entregar empresas estatales al control de empresas privadas nacionales y trasnacionales, para lo cual ya el gobierno ha venido aprobando varios decretos y políticas que abrirán las puertas al capital trasnacional en la industria petrolera y otras áreas económicas estratégicas, lo que marca el rumbo real de la “Nueva Economía” anunciada por Maduro. Un ejemplo de esto es el Decreto 3.368, del 12 de abril del 2018, en el que se autoriza al Ministro de Petróleo y Presidente de PDVSA, para “crear, suprimir o efectuar modificaciones a Petróleos de Venezuela y sus empresas filiales”, con lo cual se da espacio al retorno de las empresas privadas nacionales y trasnacionales a través de “convenios operativos”, “asociaciones estratégicas” y “tercerización”, pasando a ser PDVSA una especie de administradora de contratos; y por supuesto esto traerá consigo reestructuraciones y modificación de normas de manera que se ajusten a los requerimientos de la cúpula dirigente y del empresariado trasnacional y la adjudicación directa de contratos.

De allí la hipocresía de estos reformistas, que levantan voces “contra el imperio” y que distraen constantemente a las masas con un show mediático continuado, pero que avanzan cínicamente en la articulación de negocios con las trasnacionales.

Por esto la lucha por el control del gobierno se ha agudizado, ya que de esto dependerá qué grupo capitalista nacional o trasnacional, norteamericano, chino, ruso, etc., capturará las mejores partes de esta rapiña. Parte de esto es lo que negociaron los factores políticos venezolanos de ambos frentes burgueses en República Dominicana a comienzos del 2018.

En el concierto internacional se ha observado como los aliados de EEUU llaman a desconocer las elecciones presidenciales en Venezuela y solicitan que se suspendan para finales de año. En línea con esto, los partidos representativos de la derecha se pronuncian por no participar en las elecciones presidenciales y le niegan el apoyo a las candidaturas opuestas al gobierno, que anuncian un gobierno de transición. Sin embargo, en la medida en que se aproxima la fecha de las elecciones presidenciales muchos de los principales partidos opositores que llamaban a la abstención comenzaron a declarar su apoyo a la principal candidatura opositora (la de Henry Falcón). Todos los actores políticos mueven sus maquinarias de publicidad y mercadeo en correspondencia con los intereses imperialistas que están en choque por el control de materias primas, dentro de las que destaca el petróleo. En el plano electoral la burguesía le presenta a las masas tres alternativas para conducir el gobierno: Nicolás Maduro, Henry Falcón y Javier Bertucci, cada uno tan oportunista y politiquero como los otros.

Pero también hay una corriente representada por diferentes grupitos e individualidades que han abierto una crítica al chavismo (a su dirigencia política actual), en unos casos señalando que se han apartado del legado de Chávez (??) y que reivindican el Plan de la Patria original. En otros casos algunos llegan a afirmar que el chavismo no es socialista sino una amalgama de posiciones diversas que sin embargo apuntan hacia la “ruptura con la dominación imperialista”(¡!??). En fin, igual todos estos grupos terminan reivindicando la democracia, reivindicando que en Venezuela se vive una “revolución” y reivindicando la propiedad privada (con los adjetivos acostumbrados por el oportunismo: “comunal”, “social”). “Por el Estado Obrero, Campesino y Comunal” es la consigna de algunos de estos grupos que se autoproclaman “proletarios” y “marxistas”.

Estos movimientos, aún con su crítica a la actual dirigencia del chavismo, se alinean con las consignas de la defensa de la patria y con la idea de enfrentar al supuesto “enemigo principal”, que identifican en EEUU, y que es la escusa para recurrir a las más cínicas y terribles alianzas. La “izquierda” “chavista oficial” y “chavista crítica”, e incluso antichavista, coincide en que hay que unirse, porque de lo contrario “se le abrirá el paso a la derecha y al imperialismo”. Todos encausan a las masas hacia el mentidero electoral, incluso los que no pudieron inscribir sus partidos y candidaturas en el torneo politiquero de las elecciones presidenciales.

Algunos de estos grupitos e individualidades se declaran socialistas, marxistas y marxista-leninistas. Y escriben de manera rimbombante sobre la violencia revolucionaria usada para acabar con los paramilitares de la derecha y de que todas las vicisitudes que sufren las masas trabajadores son el resultado de la guerra económica emprendida por los empresarios, la MUD y el Departamento de Estado estadounidense. Estos grupos, que a cada rato hablan de lucha de clases y algunos hasta de Dictadura del Proletariado, son incapaces de ver que la burguesía está fracturada en dos frentes políticos que se disputan el control del gobierno y que reflejan, cada vez más abiertamente, las confrontaciones imperialistas. Para ellos en Venezuela se están confrontando capitalismo/imperialismo por un lado y socialismo por el otro; y esta aberración la trasmiten a las masas a través de sus aparatos de propaganda, mucho menos fuertes que los del chavismo oficial, pero que igual irradian todo este mensaje de confusión a sectores de las masas asalariadas, a las que llaman a soportar el desempleo, los bajos salarios y el hambre para defender a la “revolución bolivariana” y para “no hacerle el juego a la derecha y al imperialismo”.

Ese gobierno “anti-imperialista” del chavismo y su “plenipotenciaria” Asamblea Nacional Constituyente, aprobó y dio el ejecútese el 28.12.2017 (día de los inocentes) a la Ley de Protección a las Inversiones Extranjeras, que contempla exenciones tributarias, garantías para extraer las ganancias, facilidades en las diligencias y trámites para el capital trasnacional, jurisdicción de tribunales extranjeros en la resolución de los problemas legales, etc. El gobierno venezolano ha declarado que “ante cada sanción del gobierno norteamericano habrá una elección”, pero también ante las sanciones hay concesiones como esta Ley. Claro que el gobierno burgués aprueba esta Ley para cumplir con su misión de activar la circulación D-M-D’, que necesita de la entrada de capitales trasnacionales a Venezuela (para eso son las Zonas Económicas Especiales). No todo es servilismo; “negocios son negocios”. Pero aun así esta “izquierda” llama a defender al gobierno burgués venezolano, que para ellos es un gobierno obrero y anti-imperialista. Con Maduro hoy y con Chávez ayer, el gobierno venezolano es un gobierno burgués y pro-imperialista más, con sus zonas económicas especiales, su arco minero y múltiples convenios con trasnacionales, para facilitar las inversiones, la acumulación de capital y la explotación de los asalariados.

Mientras tanto se estima que al cierre del 2018 la inflación alcance entre 13.000 y 15.000%, alimentada por constantes emisiones de billetes. El gobierno incorpora una figura especulativa en su arsenal financiero con la emisión de la “criptomoneda” Petro, muy parecida a un derivado financiero, a una venta de petróleo a futuro o de deuda y anunció su decisión de quitarle 3 ceros al bolívar y poner a circular un nuevo cono monetario. Las masas asalariadas siguen agobiadas por la crisis, por salarios, pensiones y jubilaciones de hambre y por el desempleo. El salario real se entierra en el subsuelo, mientras aumentan los bonos que surgen de la creatividad de la demagogia, pero la suma de salarios más bonos de un mes, igual no alcanza para un día de comida y transporte de un trabajador y su familia. El gobierno distribuye bolsas y cajas de comida a precios subsidiados (que hay muchos que no pueden pagar), que son insuficientes y que solo sirven para respaldar la ficción del discurso oficial (y electoral) del “presidente protector”.

En las empresas avanzan los despidos (o las renuncias impuestas por el mismo deterioro del salario) y los patronos intensifican el trabajo, poniendo a un trabajador a realizar el trabajo de 3 y en algunos casos suspendiendo las vacaciones, siendo el patrón estatal el primer ejemplo de esto. Seguirá avanzando la proletarización de la clase media venida a menos y desaparecerá hasta la sombra de aquellos sectores de la “aristocracia obrera” de las áreas de petróleo, petroquímica y gas, que en algún momento tuvieron nivel de vida y salarios y beneficios relativamente superiores a otros estratos de los asalariados. El sindicalismo del régimen, ya sean los sindicatos alineados con los partidos que respaldan al gobierno o los controlados por corrientes políticas opositoras, todos se mantienen inmóviles ante las vicisitudes de la clase obrera. No son promovidas ni movilizaciones ni huelgas para exigir las reivindicaciones elementales de los trabajadores. Y los intentos de reacción de los trabajadores de base, con iniciativas de lucha reivindicativa, todavía se observan muy débiles y esporádicos. Y cuando los trabajadores, con o sin su sindicato, se lanzan a la lucha les sobreviene la represión, el hostigamiento policial, el encarcelamiento y el despido.

Se alimenta en las masas la ilusión de que con la elección del nuevo presidente (ratificación de Maduro o elección de alguno de sus contrincantes), se abrirán las puertas a una solución a la crisis que agobia a los trabajadores. Pero no será así. No importa quién gane las elecciones presidenciales, la crisis seguirá aplastando con sus penurias a los trabajadores asalariados y la receta de sobre-explotación capitalista se intensificará. Pero la clase obrera debe desechar las ilusiones de una salida a la crisis dentro de los marcos del capitalismo y de su democracia burguesa, se impone la reanudación de la lucha de clases, al margen del oportunismo y el electoralismo.

 
¿QUE HACER?

En el mundo de los grupos y activistas sociales de verborrea “izquierdista”, se toman muy a pecho el hacer. Si leyeron la obra ¿QUE HACER?, de Lenin, nunca la entendieron y se centraron en practicar el activismo y el economismo que fue cuestionado en este texto. Por lo tanto esperan una lista de tareas y un plan de acción que cambie las cosas en el corto plazo, sin poner atención a su conexión con un programa revolucionario. Pero está demostrado que todo sacrificio de los principios y del programa revolucionario, en la búsqueda de “triunfos” de corto plazo, es oportunismo y aparta al proletariado de su lucha por el derrocamiento de la burguesía. Esto último Lenin ni siquiera tuvo que deducirlo, sino que simplemente lo tomó de Engels. De manera tal que el “qué hacer” debe estar marcado por su coherencia con la teoría revolucionaria (solo el marxismo es teoría revolucionaria, no el “gramsianismo”, o el “cristianismo”, o el “guevarismo” o el “mariateguismo”, o el “bolivarianismo”, o el “martianismo”, que según el oportunista Fidel Castro eran lo mismo que socialismo).

Así mismo, el hacer tiene que tener coherencia con las condiciones en las que se encuentran las fuerzas del partido comunista internacional, luego de casi 100 años de contrarrevolución, que hoy se expresa en una miríada de partidos y grupos oportunistas en todo el mundo, que controlan y desorientan a la clase obrera, que trata de reanudar la lucha de clase.

Para quienes claman por esa lista de acciones a ejecutar, por ese mágico “qué hacer”, el accionar revolucionario actual por tanto, podemos desglosarlo así:

1. Fortalecer el Partido Comunista Internacional, asumiendo las tareas de defensa de la teoría revolucionaria y el desenmascaramiento del oportunismo y los gobiernos burgueses. Esto pasa por el desenmascaramiento del “socialismo del siglo XXI” y sus defensores y del carácter contrarrevolucionario del chavismo.

2. Mantener la búsqueda constante del contacto con las masas asalariadas, con sus luchas cotidianas. Promover la organización de base de los trabajadores al margen del sindicalismo del régimen, que desmoviliza a los trabajadores. Impulsar los sindicatos de clase y la huelga en la lucha reivindicativa.

3. Acrecentar la propaganda y la agitación comunista en correspondencia con las fuerzas y recursos disponibles.

4. Rechazo de toda alianza de clases y de partidos, aunque se argumente que esto permitirá participar en “espacios” a los que no llega la política revolucionaria.

5. Desenmascarar las salidas políticas burguesas y oportunistas a la crisis capitalista; tanto la salida electoral como el apoyo a golpes de Estado.

6. Reivindicar la lucha contra todas las potencias imperialistas sin excepción (EEUU, China, Rusia, Alemania, Francia, Corea del Norte, etc.). El anti-imperialismo consecuente pasa por volver las armas contra el gobierno burgués en el país. Todo llamado a la defensa de la patria debe ser denunciado como contrarrevolucionario, como defensa del capitalismo y el mercado. Denunciar las posibilidades de una tercera guerra mundial y de cómo esta guerra es un mecanismo a través del cual el capitalismo busca tomar oxigeno y alargar su agonía. Plantear que solo la revolución proletaria detendrá la guerra, y que si esta guerra ocurre, el proletariado debe convertirla en guerra revolucionaria.

7. Desenmascarar a Cuba como país capitalista, que el oportunismo internacional ha publicitado como “socialista”. Igual desenmascarar a todos los llamados “gobiernos obreros” y “progresistas”, que los oportunistas quieren presentar a los trabajadores como supuestas alternativas ante el neoliberalismo y la derecha, en Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, El Salvador, etc. Esto implica desenmascarar a las más notorias y mediáticas figuras públicas del oportunismo y de la contrarrevolución (y los partidos, movimientos y frentes que representan), como Lula Da Silva y Dilma Ruset en Brasil, Cristina Kirstner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Nicolás Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, etc.

La revolución proletaria y su Dictadura, serán autoritarias y ejercerán la violencia y la represión contra la burguesía y el imperialismo, sin libertades democráticas, ni democracia parlamentaria, ni libertad de expresión o de medios de comunicación. Solo así el proletariado y su partido, internacional, pondrán en marcha la abolición de la propiedad privada sobre los productos del trabajo.