Partido Comunista Internacional Estudios del partido sobre China


Implantación del capitalismo en China

Consideraciones de 50 años de datos estadísticos


(Informe expuesto en la reunión general del partido en octubre de 1998)






NOTA HISTÓRICA

Estas notas históricas son el reflejo bastante contenido del Informe sobre la cuestión china presentado en la Reunión número 32 del Partido, en Florencia, los días 18 y 19 de marzo de 1962. El texto completo se encuentra en “Il Programma Comunista”, que representaba en aquellos años el órgano de prensa del Partido, números 10, 11 y 12 de 1962. Otro informe se encuentra en los números 9 y 17 de 1969.

En 1644 los Manchúes llegan al poder central en China y dan origen a la dinastía Ts’ing que durará hasta el cambio institucional de 1911 con la instauración de la república.

En el curso de estos casi tres siglos el capitalismo europeo revela trágicamente su intrínseca naturaleza opresora erosionando en China la milenaria e inmutable base de una economía natural, forma de vida social ligada todavía al comunismo primitivo, en la cual el cultivo del suelo está acoplado a la producción de manufacturas sobre la base de una estructura familiar a escala de aldea.

A esta estructura económica se superpone un poder central centralizador que se extiende sobre casi 10 millones de km², casi tanto como toda Europa y 32 veces Italia. La extensión actual es de 9,6 millones de km²; a finales de 1700, cuando la fase expansionista china marca su punto culminante, era mucho más extensa; mientras que al final de la Segunda Guerra Mundial grandes áreas del territorio habían sido separadas y apropiadas por el imperialismo capitalista.

El tradicional modo de producción chino no tuvo tiempo de pasar de forma violenta y revolucionaria por una sociedad esclavista, ante la ausencia de una producción basada en los esclavos, como por una sociedad feudal, al menos en relación con la ausencia de una producción basada en los siervos de la gleba, tal como se estableció en Europa en la Edad Media tras la caída del imperio romano.

La pesada y sangrienta presencia de la Europa capitalista será la causa determinante del cambio de la estática forma de vida social china, así como, paulatinamente, de otros países asiáticos.

La fase expansionista china hacia finales de 1700 llega a su término, frenada y sofocada por el inicio de una penetración europea más decisiva; mientras que en los primeros años del siglo XIX, el proceso de desintegración del Imperio Celeste puede considerarse solo incipiente.

El capitalismo europeo, durante los tres siglos en los que se produjo la penetración imperialista en China, llevó a cabo una acumulación primitiva aún más salvaje que en otros lugares, provocando así la inevitable reacción de lucha de los proletarios chinos, en forma de un ejército infinito de campesinos pobres que pueden considerarse proletarios puros, así como de un pequeño pero formidable núcleo de proletariado industrial.

La presencia de los europeos actúa como disolvente sobre la estructura económica y, por tanto, sobre la superestructura política. El proceso de desautorización política es irreversible porque irreversible es la erosión de la vieja forma económica.

La importación del opio en proporciones cada vez mayores asumirá una importancia determinante para los efectos de los cambios sociales y políticos producidos a partir de 1840 aproximadamente. Con la introducción del opio el capitalismo inglés afecta profundamente el estado social del país. Posteriormente, escribe Marx: «el comercio del opio no hizo sino cambiar de manos, pasando a un estrato inferior de hombres listos para ejercerlo a todo riesgo y con cualquier medio». En la cuestión de la droga el capital inglés actúa de modo tanto más repugnante cuando se le compara con la línea mantenida por el gobierno chino al negarse a legalizar su comercio en beneficio del erario exhausto, «a causa del daño que este acarreaba al pueblo».

Tras la guerra de 1860, las condiciones de la paz proporcionan al capital europeo una base muy sólida para una ulterior penetración en la China atrasada.

Como contrapartida, los europeos defenderán la dinastía imperial de la revolución de los Taiping que es aplastada con la ayuda del mayor inglés Gordon en 1864 después de 15 años.

La decadencia económica de China llega a una fase dramática. La importación de tejidos ingleses ya había provocado una crisis de extrema gravedad, arruinando completamente la ya floreciente producción nacional. La gestión de la tierra, tal como era efectuada por las comunidades, había implicado durante siglos la ejecución de un complejo de saneamientos, de regulaciones de cursos fluviales, etc., necesarios para la producción agraria. La fuga de la plata del país, acentuada por la importación del opio a través de los mandarines convertidos en compradores, había tenido por consecuencia la detención o carencias en la intervención técnica necesaria para el mantenimiento en funcionamiento de las obras de saneamiento, etc., con desastrosas consecuencias sobre la agricultura del país.

La ya sistemática expoliación del país hace proliferar las revueltas antieuropeas, que surgen y se desarrollan en los campos.

A finales del siglo XIX China venía a encontrarse envuelta en los tentáculos del capital mundial, que había dado origen, especialmente en los grandes puertos, a un estrato de proletariado indígena, mientras caracterizaba a la burguesía china como casi exclusivamente comercial. Al mismo tiempo, el contacto con la civilización europea había hecho nacer la que podría llamarse una “clase” política, de estudiantes, estudiosos y hombres de negocios. Esta comenzó a hacer sentir su peso sobre la estructura estatal solo en los últimos años de 1800. Fue alrededor de 1898 cuando China advirtió plenamente el peligro implícito en las intromisiones de los intereses europeos y en las rivalidades por las concesiones ferroviarias y mineras. Es de este periodo el contraste entre la nueva clase política y la vieja, puramente conservadora.

Es de la acumulación de largas décadas de piratería imperialista en connivencia con la clase dirigente indígena que surgió en 1900 la explosión de la revuelta xenófoba y popular de los Boxers, de la cual se aprovecharon las grandes potencias europeas para tomarla pretexto no solo para restablecer sangrientamente el orden y afianzar las bases vacilantes de la monarquía, sino para devorar otros trozos del territorio nacional chino. Se inicia un segundo o tercer asalto a China en nombre de la “civilización” y del “progreso”.

China ha constituido una exterminada reserva privada para el imperialismo mundial, cuyas mayores potencias han competido entre sí en la obra de bandidaje, de ocupación y de mutilación del territorio nacional, de sus recursos económicos y de sus equipamientos.

Todavía a principios de los años 30 en las sedes bancarias y comerciales extranjeras en China se podía leer un cartel de este tenor: “¡prohibida la entrada a los chinos y a los perros!”. Es un hecho que la ocupación extranjera instala las primeras estructuras industriales y da inicio a la transformación de la economía china, todavía hoy sobre todo con bases agrarias. De hecho, en el Este y en el Norte, a lo largo de las costas orientales del interminable subcontinente, se desarrollan los ferrocarriles y los primeros aparatos industriales, sobre cuya base la China de hoy arranca para un desarrollo económico de tipo capitalista.

Se elevaban por encima de las plebes infestadas de cólera las fortunas colosales de las “cuatro familias” de los Soong, los Kung, los Chen y los Chiang, dueños de China con la protección de las potencias occidentales y en particular de los EEUU. Es precisamente bajo el impulso de las “cuatro familias” que se cumple en 1911 el primer episodio de la revolución burguesa bajo la guía de Sun Yat-sen, intento de la gran burguesía china de liberarse del paternalismo opresor y costoso del capitalismo blanco y japonés. Se hace muchas ilusiones la gran burguesía china que pretende conquistar su independencia nacional con “la ayuda del imperialismo”.

Mao retomará tal cual los principios de Sun Yat-sen y, con altibajos en la alianza con la gran burguesía comercial, representada por Chiang Kai-shek, llevará a término la revolución democrático-nacional.

Mao intuye que antes que nada hay que crear un Estado unitario, es decir, un Estado en el que todas las fuerzas sociales estén subordinadas al fortalecimiento del Estado mismo. Por ello el PCCh abandona el camino maestro de la revolución proletaria, cuyos espasmos permite que sean aplastados por la propia gran burguesía; infundiendo confianza a la pequeña burguesía y al campesinado.

Más que hablar de revolución democrática, es más justo hablar de contrarrevolución democrática, si se considera que sin el derrocamiento violento de las Comunas de Cantón y de Shanghái el capitalismo no habría podido triunfar en China.

Los “comunistas”, tanto rusos como chinos, abandonado el curso histórico de la revolución proletaria, se han subido a las espaldas de la pequeña burguesía y de los campesinos, con la ayuda del capitalismo internacional.

Es cierto que los últimos países que llegan al capitalismo se encuentran aventajados por la técnica superior desarrollada por los Países altamente industrializados y, por tanto, objetivamente deberían poder desarrollar las fuerzas productivas con mayor celeridad. Pero también es cierto que, apenas cruzados los umbrales de la civilización industrial, deben rendir cuentas ante los asaltos yuguladores del imperialismo capitalista y quemar así las jóvenes fuerzas productivas en el altar de un industrialismo superacelerado, en cuyo crisol canalizan el 90% del producto neto, del plusproducto; y deben necesariamente desarrollar una economía manca, que camina solo con la muleta de la industria.

Cada potencia capitalista está siempre lista para agredir a cualquier país no tanto con la guerra, que es la expresión ocasional de la potencia económica, cuanto con la invasión de mercancías a bajo precio, de capitales en condiciones favorables, que saquean la economía nacional, impiden el desarrollo de las fuerzas productivas, fuerzan la explotación de las reservas naturales, aceleran la anarquía de la producción.

China, que como todos los países coloniales o semicoloniales ha tenido que despojarse de sus propios recursos naturales, mineros y agrícolas, para dejarse inundar de opio o de telas de algodón; una vez entrada en el círculo del infierno de la economía capitalista, ha financiado en un primer momento sus propias importaciones de plantas, equipos y máquinas para la industria con la exportación de materias primas y de víveres; pero sucesivamente ha financiado sus propias importaciones con la exportación de manufacturas, saldando activamente su balanza comercial.

Cuando, a principios de siglo, el imperialismo mundial hubo irremediablemente roto por la fuerza los cuadros económicos y políticos de la antigua China, acelerando la expropiación de las comunidades agrícolas y desacreditando el poder central, dos tareas se imponían a la revolución burguesa: asegurar la independencia nacional contra los Estados capitalistas que se habían dividido el país y realizar la reforma agraria, condición sine qua non de todo desarrollo industrial. El problema era saber quién, la burguesía o el proletariado, asumiría estas tareas asegurándose de tal modo una ventaja decisiva sobre el enemigo de clase.

Se puede decir que el proletariado chino se constituyó, si no antes que la burguesía nacional, ciertamente con una relativa independencia de ella. Concentrado casi exclusivamente en las concesiones extranjeras, este tenía ya en sus manos la suerte de la lucha anti-imperialista; mientras la burguesía, nacida con retraso sobre la base de una explotación semicolonial, tendía al compromiso con el imperialismo bajo la pesadilla, obsesionante desde el fin de la primera guerra mundial, de un asalto proletario. Como en la Rusia zarista y como en la Alemania de 1848, correspondía por tanto al proletariado organizado en partido autónomo de clase tomar la cabeza de la revolución democrática y conducirla a término hasta la proclamación de su dictadura.

Esta perspectiva debe a la contrarrevolución estaliniana el haber sido liquidada en su terreno de origen. El estalinismo ligó el partido del proletariado al partido de la burguesía y luego lo transformó, desde 1927 y con Mao, en un partido campesino.

La China de Mao y compañía ofrece como ejemplo a los pueblos coloniales el curso doloroso de 40 años de compromisos con la burguesía nacional y con el imperialismo mundial, de liquidación de la táctica y de los principios comunistas en la cuestión colonial y de abandono de la línea de la revolución doble a favor de una “revolución democrática” que en China, por decirlo con Trotsky, no fue una revolución burguesa, sino una verdadera contrarrevolución.

En la irremediable degeneración de los partidos nacidos de la III Internacional, el partido chino tuvo su parte porque fue uno de los primeros en enterrar la teoría marxista de la revolución doble y en predicar la revolución por “etapas”. Lo que hace doble a una revolución no es que sea primero burguesa, luego socialista, sino precisamente que permita saltar las “etapas” de la democracia burguesa. La revolución de Octubre, como revolución política, es socialista tout court y todo su curso histórico representa la victoria de la línea proletaria sobre la de la democracia burguesa.

Mao se impuso a Chiang no porque fuera el mejor campeón de la democracia burguesa, sino porque era necesario aplastar al proletariado y encuadrar firmemente a los campesinos pobres si se quería impedir que la revolución no saliera del carril democrático, y él lo logró.

¿Cuál ha sido el curso objetivo de la revolución burguesa en China? El punto de partida viene dado por el estado de atraso y fragilidad de su desarrollo industrial, por el carácter primitivo de sus medios de comunicación, por el carácter eminentemente agrícola de su estructura económica, por la inmadurez social de sus relaciones de producción capitalistas.

En un ambiente de tal atraso, el imperialismo se instalaba en el inmenso territorio, acelerando la descomposición de las viejas relaciones de producción y, con ellas, de la estructura estatal, primero bajo el imperio, después bajo la república. El fenómeno se inicia a finales del siglo pasado y está lejos de ser superado por el ascenso con Mao Tse-tung de los pretendidos “comunistas” en 1949; pero presenta caracteres sustancialmente uniformes.

La debilidad de los medios de comunicación y de los recursos industriales y financieros, así como la penetración acelerada de los diversos imperialismos competidores, acompañadas por las guerras para la división de China, han impuesto a las diversas zonas del país buscar el capital, las mercancías, las salidas según su ubicación geográfica, escapando así al control del Estado central. He aquí por qué la lucha por la unidad nacional, tarea esencial de la revolución burguesa en China y su premisa en todas partes, debía necesariamente desarrollarse contra el imperialismo y las fuerzas burguesas centrífugas internas ligadas a él; así como contra los señores “feudales” para derrocar a los cuales combatieron las masas campesinas.

La trama de un Estado unitario centralizado podía ser tejida solo gracias a un desarrollo de las fuerzas productivas, sobre todo en los campos, que permitiese liberar una mano de obra para la industria naciente y el sustento del proletariado urbano.

Al proletariado chino, derrotado en el campo de batalla en su intento subversivo revolucionario, se le harán pagar en las décadas siguientes los costos masacrantes de la salvaje industrialización capitalista del país.


EL CURSO DE LA INDUSTRIA EN CHINA

Reiteramos un postulado fundamental que debemos tener siempre presente en nuestros trabajos de presentación del desarrollo del capitalismo moderno según la doctrina del marxismo, ya sea abordado globalmente o país por país. Lo transcribimos de “El curso del capitalismo mundial”: «Queremos llegar a hacer recordar a los proletarios que la loca velocidad de producir no es sino la máxima de las vergüenzas del sistema burgués, y la máxima de las pruebas científicas de su necesario fin histórico, que el marxismo ha elevado. Esa carrera no será acelerada, sino rota y frenada por la victoria de la revolución socialista».El capitalismo produce para atiborrarse de plusvalía. Pero la peculiaridad que distingue al modo de producción capitalista consiste precisamente en el hecho de que cuanto más produce, más velozmente crea las condiciones que hacen escasear la plusvalía; un drogadicto, como lo es el capitalismo, está dispuesto a cualquier infamia para procurarse esa droga que, en la fase final de su desarrollo, se ha vuelto cada vez más reducida.

Esta fase la estamos viviendo desde hace tiempo en todo su dramatismo con guerras, mundiales o locales, con crisis más o menos extensas y profundas y, para el proletariado, con desempleo, miseria y hambre. Estos aspectos de la sociedad burguesa están todos en rápido crecimiento, todos provocados por el hambre creciente de plusvalía que el modo de producción ya no es capaz de satisfacer.

Nosotros, con el análisis estadístico, trabajamos sobre los máximos productivos de los diversos países que históricamente se han sucedido cada vez más numerosos y en tiempos cada vez más breves – para resaltar que hoy todos se encuentran en la fase capitalista terminal; por el contrario, son cada vez menos y de escaso peso los países restantes que podrían ser todavía capaces de manifestar un desarrollo real. Entre estos últimos no hemos incluido a la India, con su casi millardo de habitantes, porque desde hace tiempo, aunque de manera menos vistosa, su capitalismo avanza deprisa y está próximo a alcanzar esa meta que China ya hizo suya hace años, situándose entre las principales potencias imperialistas. Solo que, a medida que China ha crecido y se ha engrosado capitalísticamente, se ha encontrado cada vez más enredada en las tramas del Capital mundial, a cuyas vicisitudes se hallará cada vez más ligada. Y la misma suerte le tocará a la India, a pesar de que las diferencias en la historia milenaria y reciente de ambos países pesen sobre las modalidades y los tiempos de su convergencia en el capitalismo universal.

En nuestros trabajos económicos siempre hemos partido del estudio de la variación histórica del índice de la producción industrial. En cambio, su extensión física es para nosotros menos esencial, ya que no es útil para distinguir la plusvalía del capital, ni por tanto la existencia de las clases y el monopolio del trabajo muerto sobre el trabajo vivo. Este existe ya sea ejercido por una clase física de burgueses, o por un Estado capitalista gestor de la forma mercantil empresarial, favorecedor de clases extranjeras o indígenas.

Cuando hablamos de desarrollo, tenemos presente que este se refiere a un organismo que históricamente tuvo un origen y que, recorriendo su ciclo vital, irá al encuentro de su acta de defunción. Todo nuestro trabajo se sitúa en la óptica de proporcionar las pruebas que el propio capitalismo nos ofrece cada vez más visiblemente de su camino hacia la muerte social y económica.


Tabla 1 - Producción Industrial y de Acero en China de 1949 a 1997

Año Producción
Industrial
Acero
Indice Incre-
mento
%
Millones
ton.
Incre-
mento
%
1949 100 0,158
1950 137 36,5 0,61 283,5
1951 189 38,2 0,90 47,9
1952 245 29,9 1,35 50,6
1953 319 30,3 1,77 31,5
1954 371 16,5 2,22 25,4
1955 392 5,5 2,85 28,2
1956 502 28,1 4,46 56,5
1957 560 11,6 5,35 19,8
1958 867 54,8 6,08 13,6
1959 1180 36,1 8,35 37,3
1960 1312 11,2 13,67 63,7
1961 811 -38,2 8,00 42,5
1962 678 -16,4 6,67 -16,6
1963 736 8,5 9,00 34,9
1964 880 19,6 10,80 20,0
1965 1112 26,4 12,23 13,2
1966 1344 20,9 15,30 25,1
1967 1159 -13,8 10,30 -32,7
1968 1101 -5,0 9,00 -12,6
1969 1479 33,3 13,30 47,8
1970 1932 30,7 17,79 33,8
1971 2220 14,9 21,30 19,7
1972 2367 6,6 23,40 9,9
1973 2592 9,5 25,20 7,7
La aproximación del fin del capitalismo resulta innegable a partir de las Tablas, que hemos actualizado y republicado en repetidas ocasiones, sobre el decrecimiento histórico del incremento relativo de la producción industrial, reflejo estadístico de la ley de la caída tendencial de la tasa de ganancia, para Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos, Japón y la Unión Soviética. Las Tablas representan una representación numérica de un curso histórico real que viene a confirmar las leyes científicas de la doctrina de Marx.

Si tomamos los incrementos anuales de la producción industrial de esos países en su fase juvenil, notamos que los valores, aun en su diversidad, tienen en común la característica de ser muy elevados. En las fases de madurez, y luego de vejez de los mismos países, como de todo el capitalismo a escala mundial, los incrementos anuales de la producción industrial se sitúan en valores cada vez más bajos y tienden hacia el cero. El capitalismo, aunque se acreciente monstruosamente más allá de todo límite y en toda dimensión saturando con sus miasmas toda la vida de los hombres, logra reproducirse siempre con mayor dificultad.

Este evento, a escala histórica y social, se concreta en formidables choques entre clases enemigas, tanto cuando utiliza los métodos “pacíficos” de la competencia mercantil, de la diplomacia y de la amenaza de las armas, como cuando recurre al empleo actual de los ejércitos.

Sobre el curso económico y social de la China republicana nos remitimos al profundo estudio publicado en estas columnas en los años de 1979 a 1984. Aquí, disponiendo de las series estadísticas más actualizadas y completas, reordenamos nuestras consideraciones echando una mirada a medio siglo de construcción de un capitalismo tan importante.


Año Producción
Industrial
Acero
Indice Incre-
mento
%
Millones
ton.
Incre-
mento
%
1974 2599 0,3 21,10 -16,3
1975 2992 15,1 23,90 13,3
1976 3031 1,3 20,46 -14,4
1977 3464 14,3 23,74 16,0
1978 3934 13,6 31,78 33,9
1979 4280 8,8 34,48 8,5
1980 4677 9,3 37,12 7,7
1981 4878 4,3 35,60 -4,1
1982 5259 7,8 37,16 4,4
1983 5848 11,2 40,02 7,7
1984 6799 16,3 43,47 8,6
1985 8254 21,4 46,79 7,6
1986 9217 11,7 52,20 11,6
1987 10848 17,7 56,28 7,8
1988 13103 20,8 59,43 5,6
1989 14222 8,5 61,59 3,6
1990 15325 7,8 66,35 7,7
1991 17589 14,8 71,00 7,0
1992 22426 27,5 84,25 18,7
1993 28705 28,0 89,56 6,3
1994 33872 18,0 92,62 3,4
1995 38953 15,0 95,36 3,0
1996 40017 13,0 100,56 4,9
1997 49123 11,6 107,90 7,8

Para la Producción industrial estamos hoy en condiciones de presentar la Tabla 2, idéntica a las otras seis ya publicadas en el “Curso…” para los otros países, relativa a la República Popular China de 1949 a 1993. Esta se ha obtenido de la serie completa de los índices de la producción industrial para el periodo de esos 44 años, serie que publicamos en la Tabla 1 para que los compañeros dispongan, como instrumento de trabajo, también de los datos anuales. Los índices y los incrementos 1994-1997 son extrapolaciones nuestras fundadas en anticipaciones aparecidas en los periódicos: son, por tanto, datos provisionales a verificar y corregir. Los datos son todos de fuente china y son suministrados, a precios constantes, con base 1952 = 100. Nosotros los hemos convertido a la base 1949 = 100, dado que es en ese año cuando nace el capitalismo de la moderna burguesía china.

En la primera columna hemos reportado los periodos entre los máximos crecientes. El periodo inicial de 11 años hasta 1960 explota con un incremento medio anual del 26,4%; rivaliza con el 28,3% de la URSS de 1920 a 1926, es decir, en un arco de solo 6 años. Sigue el periodo de 6 años hasta 1966 con un incremento medio anual de un insignificante 0,4%, que denuncia una crisis económica de notable amplitud que debe relacionarse, a nivel político, con eventos de alcance dramático. El tercer largo periodo de 27 años hasta 1993 marca un elevado incremento medio anual del 12%, que representa la primacía en comparación con la cual palidecen las de todos los demás países; solo que su valor representa menos de la mitad de lo que se había registrado en el primer Periodo de 1949 a 1960.

En la segunda columna, si queremos tomar como año de separación 1966, obtenemos dos Ciclos de 17 y 27 años, el primero de los cuales, con el incremento medio anual del 16,5%, resulta todavía superior al del Ciclo más reciente, ya mencionado, del 12%.


Tabla 2
Decrecimiento histórico del incremento de la Producción Industrial
Años
de
má-
ximo
Período entre
los máximos
Ciclos Arco de 44 años
Índice Años Incr.
me-
dios
%
Índice Años Incr.
me-
dios %
Índice Años Incr.
me-
dios
%
1949 100 100 100 44 13,7
11 26,4
1960 1312 17 16,5
6 0,4
1966 1344 1344
27 12,0 27 12,0
1993 28705 28705 28705


La ley del decrecimiento histórico es así respetada; los años futuros proseguirán en la caída situándose en niveles cada vez más bajos. En todo el arco de los 44 años sobre los que hasta hoy podemos trabajar, China ha avanzado con el 13,7% registrando en esto una primacía, antes detentada por la URSS, que le deriva del hecho de ser el país más joven capitalistamente.

Con ocasión de la exposición oral se mostró a los compañeros también la representación gráfica de los datos de la Tabla 1, aquí no reportada, para evidenciar mejor la dinámica de la producción industrial china: de los dos diagramas, uno se refería a la serie de los índices, el otro a la serie de los incrementos.

En el primer Gráfico, el de los índices anuales, resaltaba una amplia depresión a partir del máximo de 1960, que viene a concluirse con el máximo de 1966, que es poco más elevado. Sigue la más modesta caída de 1967 y de 1968. Para el resto de los años es una línea muy regularmente creciente y que se inclina cada vez más hacia arriba. Es evidente que estamos ante un fenómeno de “historia natural” que obedece a leyes precisas, recorre un itinerario determinado y previsible en sus grandes líneas.

El segundo Gráfico, en cambio, representaba los incrementos anuales de la Tabla 1. Es, por tanto, diferencial, es decir, parte de la diferencia de producción de un año a otro, y relativo, es decir, mide ese incremento en porcentaje de la masa total producida. Aquí la regularidad es mucho menor por la mayor incidencia en los años individuales de las vicisitudes “ambientales” en las que el capital se reproduce: hechos climáticos, sociales, políticos, militares. Estos constituyen a veces obstáculos a la acumulación, a veces la remoción de obstáculos, antiguos o contingentes, marcados por ciclópeos trastornos sociales. La eliminación de cada obstáculo no hace sino acercar la meta de muerte que espera al Capital en su conclusión histórica.

Dos profundas depresiones interrumpen el ascenso del gráfico de la industria: la primera, con el colapso del 48% de 1960 a 1962, es posterior (¡ironía de los nombres en el mundo burgués!) al “Gran Salto Adelante”; la segunda, del 18% de 1966 a 1968, corresponde a la “Revolución Cultural”.

Para dar cuenta de estas irregularidades de la curva es necesario tener en cuenta que, a finales de los años 50, China se encontró enfrentando los problemas derivados de la ruptura con Rusia, país que la abastecía de instrumentos técnicos y equipos industriales modernos. Este tropiezo industrial debe verse dentro de otro problema más profundo y ciertamente el más amenazador para el crecimiento y el desarrollo de China desde la fundación de la República: la estructura de su sociedad todavía predominantemente agrícola. En ella dominaban las formas de autosuficiencia alimentaria y artesanal de aldea, que impedían la fluidez necesaria en el suministro de materias primas a la industria. La industria requería que aumentara la productividad del mundo agrario y que este produjera para el mercado y no para el consumo directo. Por otra parte, la industria nacional era impotente para ser ella misma portadora de tal aumento de productividad en los campos debido a su insuficiente desarrollo, también porque esto habría supuesto la obligación para decenas de millones de campesinos de abandonar la tierra, expropiados de su pequeña parcela y momentáneamente dejados sin medios de subsistencia.

La industria expresaba la necesidad de tales masas de proletarizados, pero el hacerlo de modo rápido, con la gran masa humana de China, daba un terror pánico al PCCh, tanto como para encrespar la imperturbable sonrisa en el rostro del Presidente.

Seguramente, por lo tanto, ya en los años 50 se distinguían dos tendencias principales dentro del PCCh: una más “aperturista”, decidida a resolver rápidamente las reformas agrarias; la otra más preocupada por los efectos que estas habrían podido provocar, más conservadora y con menos prisa a la hora de implementar las reformas agrarias liberadoras. No olvidaba, esta última, que el reciente ascenso al poder del PCCh había sido posible por el apoyo decidido de los campesinos. En posiciones distribuidas entre estas dos tendencias se colocan todos los “grandes timoneles” del Estado chino, aunque como individuos puedan haber oscilado entre la una y la otra según lo requirieran las necesidades económicas.

Sin embargo, a finales de los años 50 se impuso la línea de Mao que preveía un desarrollo autárquico de China, tomando nota de la insuficiencia de los apoyos externos tras la retirada de los técnicos rusos. Apostaba por el incremento de la productividad en los campos introduciendo las Comunas y sustituyendo con las pequeñas industrias de aldea las carencias de la industrialización moderna del país. Esta política – para darse valor – fue llamada del Gran Salto Adelante, y se fundaba más en incentivos ideológicos que materiales. Tal política falló trágicamente en sus resultados, además de coincidir con catástrofes climáticas que abatieron la producción agrícola y, en consecuencia, también la producción industrial en los años 1961-62.

Solo a raíz de este fracaso se introdujeron las primeras reformas que volvieron a conceder la venta libre de los productos agrícolas y que, a diferencia del Gran Salto Adelante, lograron elevar la producción y fueron mejor acogidas por la población. Es de este periodo la famosa frase del representante de la línea “aperturista” Deng Xiao Ping: “no importa si el gato es blanco o negro, lo importante es que cace ratones”.

La “Revolución Cultural” en la segunda mitad de los años 60 significó, en cambio, el intento de la línea más conservadora de frenar a los reformistas, que se vieron expulsados por clamor popular de sus puestos de dirección. Las afirmaciones propagandísticas y las frases célebres sirven de poco si no se descifran en el contexto de la lucha entre las fuerzas económicas en acto: fue llamada Revolución Cultural porque eran los ambientes pequeño burgueses estudiantiles y de los profesores los que mejor acogieron y pusieron en práctica los llamamientos de la fracción maoísta del partido.

Y pasemos al examen detallado de la Tabla 1 con los incrementos anuales. La producción industrial china arranca de inmediato a lo grande. Durante 4 años hasta 1953 tenemos un ritmo medio anual casi constante que oscila alrededor del 33,7%. Después, entre grandes oscilaciones, pero todas positivas, se llega al máximo de 1960 que registra durante 7 años la necesaria readecuación al incremento medio anual del 22,4%. No obstante, es en este periodo donde se ha tenido el incremento anual más elevado, el 54,8% de 1958. Pero es precisamente de este incremento récord de signo positivo de donde se llega, como hemos visto, en caída vertical libre durante dos años hasta el incremento récord de signo negativo del 38,2% en 1961. En los sucesivos 10 años de 1960 a 1970, que comprenden el colapso de 1961-62 y el menos vistoso de 1967-68, el incremento medio anual baja al modesto 3,9%. El colapso de 1961-62 coincide con el fracaso de las Comunas agrícolas. Aquel, de menor gravedad, de 1967-68, con la Revolución Cultural.

En el restante periodo de 23 años de 1970 a 1993, con datos todos positivos, la recuperación no podía faltar, con un incremento anual medio del 12,4%. Permanecen, sin embargo, las alternancias de aceleraciones y frenadas del incremento, de cadencia anual o bienal. En los años 1974 y 1976 el aparato industrial resulta casi detenido con incrementos próximos a cero (0,3% y 1,3%); de nuevo en 1981 el incremento se detiene en el modesto 4,3%. Es evidente cómo el capitalismo chino está, al menos desde 1974, bien conectado a la crisis general del industrialismo y de las finanzas mundiales.

Años de mayor impulso se reconocen en 1985, con un incremento del 21,4%, y en 1988, con el 20,8%. Los incrementos récord de 1992 y 1993, 27,5% y 28,0%, deben atribuirse a la masiva invasión de capitales extranjeros a la caza de sobreganancias a costa de los proletarios chinos; invasión que podría pronto traducirse en una desordenada retirada.

Concluimos con el esquema ligado a los eventos contingentes de los 44 años en examen tal como nos ha sido sugerido por el Gráfico de los incrementos:
1949-1953, explotación inicial y de reconstrucción, 4 años con incremento anual medio del 33,7%
1953-1960, arrogancia juvenil, 7 años, incremento 22,4%
1960-1970, crisis de crecimiento, 10 años al 3,9%
1970-1993, madurez, 23 años al 12,4%.


COMPARACIÓN CON LOS OTROS CAPITALISMOS

La “vía al capitalismo” es una sola para todos los continentes. Por tanto, es útil pasar a la comparación entre la producción industrial de China y la de los principales Países imperialistas, con el liderazgo de los Estados Unidos que, gracias a su potencial económico, son capaces de decidir la suerte del mundo entero tanto en materia económica como política. La comparación nos permitirá evaluar los niveles de desarrollo y las posiciones intermedias.

Vinculándonos al Prospecto I sobre el Desarrollo histórico del Capitalismo (lo encontrarán en las primeras páginas de “El Curso...”), que a grandes rasgos se detenía en 1985, hemos redactado para Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos, Japón e Italia – a los cuales hemos sumado a China – un nuevo Prospecto (aquí Tabla 3) completo con índices anuales y sus respectivos incrementos. Como año de inicio se ha elegido 1979, que representa un máximo creciente para 4 de los 7 Países. Italia alcanza esa meta un año después, en 1980; mientras que para Japón y China 1979 no es un año de máximo, es decir, no va seguido de un decrecimiento del Índice. El año final lo hemos fijado en 1997, que es un máximo para todos los Países excepto Italia, que lo anticipa a 1995.

De la comparación surge que China es el único País que en los últimos veinte años no ha tenido decrementos. Sin embargo, con ocasión de la crisis que afectó a todos los demás Países alrededor de 1980, China acusó el contragolpe con la fuerte caída (se entiende en relación con los más elevados Incrementos que la caracterizan) al 4,3% en 1981 y 7,8% en 1982. La crisis que afecta a todos los demás Países en los años de 1990 a 1993 es, en cambio, anticipada en China con desaceleraciones en 1989 y en 1990. Los otros Países cayeron después todos pesadamente.

De la Tabla 3 obtenemos, en orden decreciente, los promedios anuales del último ciclo entre máximos, de 1979 a 1997: China 14,5%; Japón 2,6%; Estados Unidos 2,6%; Italia (1980-1995) 1,4%; Gran Bretaña 1,2%; Alemania 1,1%; Francia 0,9%.


Tabla 3
Producción Industrial de 1979 a 1997
Índice 1979 = 100 e Incrementos porcentuales anuales
Años GR.BRET. FRANCIA ALEMANIA EE.UU. JAPÓN ITALIA CHINA
1979 100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   100,0   100  
1980 93,5 ‑6,5 100,0 0,0 100,0 0,0 98,0 -2,0 104,2 4,2 105,3 5,3 109 9,3
1981 89,9 -3,9 97,9 -2,1 98,0 -2,0 100,0 2,0 105,2 1,0 103,2 -2,0 114 4,3
1982 91,7 2,0 97,0 -0,9 95,1 -3,0 93,1 -6,9 105,2 0,0 100,1 -3,0 123 7,8
1983 95,3 4,0 98,0 1,0 96,0 1,0 98,9 6,3 109,5 4,0 96,9 -3,2 137 11,2
1984 96,3 1,0 99,2 1,2 99,2 3,3 109,7 10,9 121,9 11,4 100,1 3,3 159 16,3
1985 101,9 5,9 100,2 1,0 104,2 5,1 111,7 1,8 126,2 3,5 102,2 2,1 193 21,4
1986 104,8 2,8 101,2 1,0 107,2 2,9 112,7 0,9 126,2 0,0 105,4 3,1 215 11,7
1987 107,6 2,7 103,2 2,0 107,3 0,0 118,7 5,3 130,5 3,4 109,6 4,0 253 17,7
1988 111,4 3,5 107,1 3,8 111,2 3,7 124,6 5,0 143,3 9,8 115,9 5,8 306 20,8
1989 114,0 2,3 111,1 3,7 117,2 5,4 124,6 0,0 151,9 6,0 120,1 3,6 332 8,5
1990 113,6 -0,3 112,7 1,5 123,0 4,9 124,5 -0,1 158,1 4,1 120,3 0,2 358 7,8
1991 109,8 -3,4 111,4 -1,2 123,0 0,0 122,0 -2,0 160,8 1,7 119,3 -0,9 411 14,8
1992 110,2 0,4 110,0 -1,2 120,2 -2,3 125,9 3,2 151,0 -6,1 119,0 -0,2 524 27,5
1993 112,6 2,2 105,9 -3,8 111,3 -7,4 130,3 3,5 144,2 -4,5 116,2 -2,4 671 28,0
1994 118,7 5,4 110,1 3,9 115,4 3,7 137,4 5,4 146,1 1,3 122,2 5,2 791 18 
1995 120,9 1,8 112,4 2,2 117,9 2,1 144,1 4,9 150,8 3,2 128,8 5,4 910 15 
1996 122,0 0,9 112,6 0,1 118,4 0,4 150,5 4,4 154,5 2,4 126,7 -1,7 1028 13 
1997 123,1 0,8 117,0 3,9 122,5 3,5 160,0 6,1 160,0 3,5 129,4 2,2 1147 11,6


Destaca el formidable incremento en el Periodo del ya no tan joven capitalismo chino, que ve aumentada su producción industrial nada menos que 11,5 veces en 18 años, mientras que los otros se distribuyen entre un aumento del 60% de Japón y un 17% de Francia. La ley de antigüedad se respeta con los 3 clásicos industrialismos europeos en las últimas posiciones flanqueados de cerca por Italia; mientras que el menos antiguo Japón está en segunda posición seguido por los Estados Unidos, que no desentonan en la comparación.

Se precipita el decrecimiento histórico del incremento relativo de la Producción Industrial en el último cuarto de siglo. El descenso, con pocas excepciones, es regular para todos los países. Confirmaciones particulares de crisis (para satisfacción de nosotros los revolucionarios) las han dado todos los Países que están, en diversos años, casi en cero. Solo los Estados Unidos que, armas en mano, fastidian a todos y salvan la cara. ¿Pero por cuánto tiempo todavía? También allí se advierten los síntomas de una inminente fatiga, que se intenta resolver, por el momento, descargando bombas made in Pittsburgh sobre los Balcanes. China se mantiene, desde el último máximo de 1966, en el promedio del 12,3% a lo largo de 31 años.

Aprovechamos para dar una fe de erratas que hace más incisivo el decrecimiento histórico de los Estados Unidos de 1859 a 1985. En la Tabla de la pág. 52 de “El Curso...” la igualdad de los índices de 1973 y de 1974 nos hizo incurrir en el error de situar como máximo 1974 en lugar de 1973, por lo cual el antepenúltimo y el penúltimo Periodo resultan falseados en relación con los años de los 2 Periodos que son de 4 y 6 años (y no de 5 y 5); pero sobre todo en relación con los incrementos anuales promedios que resultan del 3,8% y del 2,6% (y no del 3,1% y del 3,2%). La serie de los últimos 4 Periodos, que van de 1957 a 1985, tras esta corrección presenta un decrecimiento más regular de los incrementos anuales promedios que descienden del 4,9% al 3,8%, al 2,6% y al 1,9% (y no la extraña sucesión de la Tabla de 4,9%, 3,1%, 3,2% y 1,9%). Si además tomamos en consideración el Periodo desde 1957 hasta 1997, del cual disponemos hoy de los datos, tenemos una serie de 5 Periodos en constante decremento: 4,9; 3,8; 2,6; 2,5 y 2,4.


EL ACERO EN CHINA

Es el acero el que expresa la fuerza y el que permite las dictaduras de clase. He aquí por qué nosotros habíamos elevado el acero al rango de “Majestad”. En “El Curso...” le hemos dedicado el Sector final, acompañado de abundantes Tablas. En ellas, sin embargo, China resulta ausente: aquí llenamos el vacío.

Ya a finales del siglo XVIII Europa importaba de China té, porcelanas finas, ruibarbo y sedas de gran valor. Los chinos aceptaban exportar estas mercancías pero querían ser pagados en plata, puesto que consideraban de ningún valor y de ninguna utilidad las mercancías ofrecidas a cambio por los occidentales. En 1793, el emperador de China Ch’ien Lung respondió a Jorge III de Inglaterra, que le había enviado a su embajador Macartney para proponer intercambios comerciales: «...Como tu embajador ha podido constatar personalmente, Nosotros ya poseemos toda riqueza, ni Nosotros atribuimos valor alguno a tus extraños artilugios, ni sabríamos qué hacer con los productos de tu País».

Al emperador del Celeste Imperio se le escapaba, sin embargo, que una de aquellas mercancías que rechazaba, y de la cual los ingleses ya hacían gala de una buena producción, el acero, tenía unas propiedades particulares, mágicas: forjado para fabricar cañones de fuego y empuñado en el sentido correcto, derriba instituciones milenarias, imperios y emperadores. En el giro de pocos años una de las mercancías más dañinas, el opio, fue impuesta a la población china gracias a la fuerza de las armas, de las que los ingleses estaban mucho más dotados, tanto cuantitativa como cualitativamente. Abierta la brecha, fue fácil inundar China con tantas otras mercancías, buena parte de las cuales no menos dañinas que el opio, y convencer a los chinos, siempre armas en mano, de que era bueno adquirir las mercancías inglesas y darles después el uso que quisieran.

Esta es una constante del mercantilismo capitalista: el acero, bajo forma de armamentos, y no importa si de modo potencial o de modo cinético, sirve de precursor para dejar entrar de inmediato en acción a la artillería pesada de las mercancías a bajo precio que presionan para desbordarse. Los mayores Países capitalistas han sido siempre los mayores productores de mercancías y, por ello, de acero y de armas. Entre ellos se hace notar hoy en primera fila precisamente China.

La China moderna nació en 1949 con la victoria definitiva sobre el régimen de Chiang Kai-shek, que representaba el último peón de la piratería imperialista en suelo chino. Desde 1911 había dado inicio el atormentado y ensangrentado camino que llevará en 1949 a la meta de la conseguida independencia política de la China burguesa. Objetivo durante casi 40 años, combatido con ferocidad por el imperialismo capitalista, pero del cual este, involuntariamente, ha sido el principal artífice. Como a la sed inagotable de beneficios del imperialismo debemos el nacimiento de la clase burguesa china que ha sentido la necesidad de emular en explotación y piratería a los capitalistas europeos, americanos y japoneses.

Y fue precisamente esta acción conjunta la que provocó el nacimiento en suelo chino de la clase obrera, que desde el principio demostró una combatividad y un espíritu revolucionario que solo pudieron ser aplastados mediante la acción conjunta y masiva del capitalismo internacional aliado con el chino. Se puede afirmar sin duda que el nacimiento de la moderna China burguesa en 1949 se apoyaba en el presupuesto de la derrota en el campo de batalla de la revolucionaria clase obrera china.

Estos tres factores, nacimiento de la China moderna, nacimiento de la clase burguesa china, nacimiento del proletariado chino, gracias al imperialismo capitalista, han despertado y puesto en movimiento no solo a China, sino a todo el inmenso continente asiático; y esto ha sido un resultado altamente revolucionario cuyas consecuencias a largo plazo serán difícilmente controlables por parte del capitalismo mundial.

Sobre la base de estas consideraciones, todas las estadísticas chinas parten de 1949. Esto no quiere decir que antes de aquel año no hubiese en China una industria: la incubación de la China moderna había comenzado ya en 1911 y un aparato industrial se iba desarrollando lenta pero establemente.

Una publicación de 1957 de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, titulada “Un siglo de desarrollo de la producción de acero”, ofrece con un detalle verdaderamente minucioso las producciones anuales de acero de todos los Países del mundo a partir de 1860. Aquí las reproducimos en relación con el periodo 1935-1949:


Tabla 4
Producción de acero
Años Miles
t.
Indici
1935
=100
Increm.
%
1935 132 100
1936 345 261,4 161,4
1937 447 338,8 29,6
1938 488 369,9 9,2
1939 538 407,7 10,2
1940 599 453,7 11,3
1941 660 500,0 10,2
1942 721 546,0 9,2
1943 1199 908,0 66,3
1944 1422 1076,9 18,6
1945 914 592,4 -35,7
1946 30 22,9 -96,7
1947 51 38,9 70,0
1948 30 22,9 -41,2
1949 102 77 240

La producción de acero de China comienza en el texto en el año 1935 con 132.000 t. En los nueve años que van de 1935 a 1944 resalta un aumento productivo de casi 11 veces con un incremento anual medio en el periodo del 30,2%. Habría que investigar aquí la contribución de Manchuria, bajo ocupación japonesa desde 1931. Se parte con un incremento del 161,4%, seguido de un 29,6% para estabilizarse después durante un Periodo de 5 años con datos muy cercanos que oscilan alrededor del incremento anual medio del 10%. La producción llega así en 1942 a 721.000 t.

En 1943, gracias a la Segunda carnicería mundial, se produce un repunte del 66%, al que sigue en 1944 un buen 18%, con la producción alcanzando 1.422.000 t. Después, por la acción de la Unión Soviética que, con el pretexto de “liberar” a los proletarios de Manchuria, desmantela literalmente todo su aparato industrial, en el cual era preeminente el sector siderúrgico para entregarlo como regalo al capital industrial ruso, y al mismo tiempo libera efectivamente a todos los trabajadores de la esclavitud de las fábricas arrojándolos literalmente a la calle, se produce en el cuatrienio sucesivo 1945-1948 el colapso total del 98%, con la producción que desciende en 1948 a unas míseras 30.000 t. No podía faltar, por tanto, en 1949 el repunte récord del +240% (datos CECA; 158.000 t. y +426,7% según las Estadísticas chinas) que llevaba la producción a las 102.000 t. oficiales, batiendo un récord al que los futuros gobernantes de China pudieron oponer un todavía excelente 253,5% en 1950.

La serie 1949-1996 se refiere, en cambio, a la República Popular China (ver Tabla 1). Se parte en 1949 con 158.000 t. para llegar a 100 millones de t. en 1996. Este resultado sitúa a China en el primer puesto de la clasificación mundial de productores. En el arco de 47 años la producción de acero ha aumentado 633 veces, es decir, con un incremento anual medio del 14,7%.

En “El Curso...” (de la pág. 582 a la pág. 595) para los 7 principales Países habíamos dado las Tablas de la decrecencia histórica del incremento relativo de la producción de acero. Estamos hoy en condiciones de añadir, con pleno derecho, la relativa a China. El esquema ha resultado más sencillo ya que, por el periodo mucho más breve que abarca, ha permitido evidenciar solo las 2 fases de la juventud y de la madurez, con exclusión de los Ciclos cortos y largos. A un incremento anual medio de la fase juvenil de 24 años hasta 1973 del 23,5% le corresponde el de la madurez de 24 años hasta 1997 (con los datos hoy disponibles) del 6,2%; es decir, casi 4 veces más bajo. Ese incremento se irá flexionando cada vez más conforme el capitalismo chino pase a su fase de “vejez”.


Tabla 5
Disminución histórica
del incremento relativo medio anual
de la producción de acero
Años
de
má-
ximo
Periodo
entre los máximos
Juventud
y madurez
Milli-
ones
t.
Años Increm.
%
Milli-
ones
t.
Años Increm.
%
1949 0,158 0,158
11 50,0
1960 13,67
6 1,9 24 23,5
1966 15,30
7 7,4
1973 25,20 25,20
7 5,7
1980 37,12 24 6,2
17 6,5
1997 107,90 107,90

De la Tabla 1 resulta que en el bienio de grave crisis 1961-62 el acero desciende un 51,2%, con un promedio anual del -30,1%, y en el bienio 1967-68 un 41,2%, con un promedio anual del -23,3%; por tanto, con retrocesos peores que el promedio de la Producción industrial. Otros tres decrementos se dan en 1974 del 16,3%, en 1976 del 14,4% y en 1981 del 4,1%, a los cuales corresponden para la Producción industrial incrementos bajos pero aun así positivos.

Salta a la vista que a los fuertes incrementos hasta 1971, aunque interrumpidos por las dos graves caídas, siguen incrementos mucho más bajos cuyo redimensionamiento con el tiempo se acentúa cada vez más. El 33,9% de 1978 parece casi la nota discordante. A este le siguen de inmediato incrementos bajos, uno de ellos negativo, todos inferiores al 9%. Solo en 1986 tenemos un 11,6% al que siguen cinco años con un incremento anual medio del 6,3%. Se da luego la recuperación en 1992 del 18,7% anual medio, a la que sigue hasta el 97 un quinquenio anual medio aplanado en el 5,1%.

Todos se dedican a magnificar los 100 millones de t. producidas por China en 1996. Nadie hace resaltar que se había llegado allí tras un trienio a paso de caracol; nadie subraya que el último periodo había avanzado más despacio que todos los demás. Por el contrario, cabe decir que el acero chino ha envejecido antes de tiempo.

China está por terminar su prolongado “solo”. Su Periodo es único a partir de 1966. En los 27 años hasta 1997 ha ganado posiciones en la contienda mundial con el elevado incremento anual medio del 12%. La gran avanzada china no presenta nada de excepcional: es la explosión juvenil del capitalismo cuando se implanta por primera vez en un País. Aquella acumulación primitiva está fundada solo en el inaudito aprovechamiento al que ha sido sometida la clase obrera, en China como en todas partes, de cuyos resultados se ha beneficiado únicamente la burguesía mundial.

Nos viene a la mente un postulado de Marx que dice que cuanto más tiempo dura una fase de acumulación positiva, más devastador será el colapso que le seguirá. Rusia ha confirmado plenamente esta verdad. No será China, que continúa alardeando, aunque sea solo de palabra, de una descendencia del “marxismo”, quien la desmienta.

Veamos entonces el peso del acero chino en relación con el de los otros Países. Para ello hemos redactado la Tabla 6 siguiendo el modelo de la de “El Curso...” en las páginas 612 y 613. La Tabla examina el acero que los 8 principales Países de hoy han producido desde que iniciaron su producción hasta el último año del que hemos logrado obtener los datos.


Tabla 6
Acero históricamente producido por los principales países
(millones de toneladas)
Hasta
el
año
Gr.
Bret
Franc. Alem. EE.UU. Jiap. Urss Italia China Mundo China
%
1950 524 265 720 2203 109 398 66 8 4869 0,2
1960 721 393 987 3129 222 868 120 55 7516 0,7
1970 972 591 1406 4245 742 1803 252 167 12055 1,4
1980 1186 826 1910 5428 1802 3198 477 430 18785 2,3
1990 1313 977 2280 6100 2615 4441 664 929 24712 3,8
1997 1459 30000 4,9

Con el advenimiento del capitalismo la producción de los altos hornos, que fabrican materias útiles solo al Capital, ha superado notablemente la producción de los hornos de pan: el per cápita mundial de acero no hace sino aumentar mientras se contraen cada vez más las disponibilidades alimentarias del Planeta. Acero y Hambre, en el mundo del Capital, avanzan de la mano. Cuanto más progresan la Producción industrial y el acero, más se multiplican los hambrientos en el Mundo.

La Tabla parte de 1950 por ser el año más cercano a 1949, que vio el nacimiento de la República Popular China. Los datos de Francia y Alemania se remontan a 1860; los de Inglaterra, Estados Unidos y Rusia a 1870. Italia y Japón parten respectivamente de 1881 y 1913. China parte de 1935/1949 ya que efectivamente, como se ha dicho, se comenzó a producir acero en China en 1935, pero el total hasta 1949 representa solo la 200a parte de su total histórico; y por tanto es casi lo mismo que partir de 1949. Hasta 1950, sobre el total histórico, Inglaterra y los Estados Unidos ya habían producido el 39,9% y el 36,1% de su acero; Alemania y Francia el 31,6% y el 27,1%; Italia, Rusia y Japón el 9,9%, el 9,0% y el 4,2%; China el 0,057%, digamos cero.

En base a estas consideraciones resulta este escalafón: La producción china de acero está en una marcada última posición en 1950, cuando representaba la 265a parte de la de los Estados Unidos, la 63a de la de Inglaterra, la 8a parte de la de Italia. Pasa casi medio siglo y, en base a todo el acero producido en este lapso de tiempo por cada País, el escalafón se configura ahora así: los Estados Unidos han producido 6,5 veces más que China; Rusia 4,8; Japón 2,8 veces; Alemania 2,5 veces más; Inglaterra 1,4 veces, Francia 1,1 e Italia un 29% menos. El peso del acero históricamente producido por China le hace conquistar el 6º puesto absoluto en el Mundo.

Obviamente, en las producciones per cápita China, por su enorme población, quedaría abundantemente distanciada por todos los demás Países.

Buena parte del acero producido por cualquier País es absorbido por un único sujeto: por el sector de los armamentos y por el aparato militar; es decir, por el Estado. En esto China no puede sino recorrer el mismo camino que las otras grandes potencias.

El Capital global se divide en los diversos Países en tantas facciones en lucha incesante entre sí. Cuanto más se desarrolla una de estas facciones, cuanto más se infla su producción de mercancías, más necesario es dotarla de un órgano con finalidades ofensivas de apoyo a la comercialización de la producción nacional en el Mundo; pero también con finalidades defensivas orientadas a desalentar y bloquear intromisiones no deseadas por parte de otras facciones del Capital que operan en otros Países. Pero es también un instrumento, que necesita cada facción del Capital para su conservación, con finalidades de prevención y protección ante los peligros que pueden ser provocados por una clase enemiga interna, el proletariado. En el caso que nos ocupa, el chino fue puesto fuera de combate en una primera batalla campal, pero será cada vez más numeroso y cada vez más inclinado a luchar por sus propios objetivos, que son irreductiblemente opuestos a los de cualquier facción del capital en cualquier País del Mundo.

En 1996 China consiguió la primacía en el Mundo por la producción anual de acero con 100 millones de toneladas. Este logro debe traducirse necesariamente en un aparato militar cada vez más poderoso, que tendencialmente no debe ser inferior al de ningún otro País. Ya hoy China dispone de un armamento nuclear que se sitúa justo después del de los Estados Unidos y del de Rusia. Y, dado que todos estos armamentos son puestos en marcha para establecer y garantizar la paz burguesa, es decir, la paz para la burguesía de todo el mundo necesaria para llevar a buen puerto sus negocios a costa del proletariado mundial, veréis que se dará pleno reconocimiento a la potencia militar china permitiéndole con pleno derecho participar en las guerras del Capital.

Hay que tener presente que la entrada de China en el elenco de las potencias burguesas ocurre en la plena fase de putrescencia del capitalismo; y China lleva todas sus estigmas.

En la carrera por la inserción entre las principales potencias, el Estado chino ha asumido la gestión directa de la economía y ha descargado sobre el proletariado todo el peso del difícil trabajo de “poner en pie” la economía nacional. Mientras el capital no colapse arrastrando consigo al mercado, las mercancías y el trabajo asalariado, el proletariado chino deberá combatir contra su enemigo de clase.

Hoy que en China domina todavía el proceso ascensional del capitalismo, reconocemos en ella a un más que válido aliado de Occidente en la obra de aplastamiento del proletariado internacional y en la loca carrera hacia la catástrofe de la que solo la revolución internacional proletaria podrá salvar a la humanidad. Solo cuando también en China la clase obrera vuelva a oponerse a la virulenta crisis del capitalismo, podremos volver a decir que “el Oriente es rojo”.