Partido Comunista Internacional Indice - Número precedente - Próximo número
"La Izquierda Comunista" N° 25 - anteprima
Más sangre en Oriente próximo.
Lucha de clase en Grecia.
– Rosarno - Un ejemplo para totos los trabajadores - No una cuestión de raza sino de clase, y de lucha de clase.
El gigante proletario sacude Aegipto
– Por la defensa de las condiciones de vida y de trabajo del proletariado de Grecia, contra el ataque del capital internacional - ¡Que el proletariado se mantenga al margen de los juegos parlamentarios y trabaje por la reconstitución de sus organismos independientes de clase!
«Paguen» o «no paguen» sus deudas, todos los Estados burgueses atacan a la clase proletaria. Los trabajadores solamente pueden defender sus objetivos mediante la movilización general, organizándose en un verdadero sindicato de clase.
“Técnica” o “política”: dictadura burguesa contra la clase trabajadora
La huelga de trabajadores del Sector Público en Gran Bretaña
El movimiento Occupy Wall Street y el bloqueo de los puertos de la Costa Oeste

 
 
 


Más sangre en Oriente próximo
 

La agresión por parte de unidades de élite del ejército israelí contra una flotilla de buques mercantes tripulada por pacifistas de varias nacionalidades, que intentaban romper el bloqueo naval sobre Gaza y llevar suministros a la población sometida al embargo,  ha sido un nuevo acto de guerra en una región que no conoce la paz desde hace un siglo.

Mientras el lenguaje diplomático de los Estados se hunde en la palabrería de los debates en la ONU, demostrando toda su inutilidad e hipocresía, la guerra, con su cortejo de sangre y sufrimientos, se impone una vez más como la única solución ante la crisis económica que actualmente atenaza a la sociedad burguesa.

Las continuas provocaciones del estado burgués de Israel ante los estados vecinos y sus poblaciones sólo son un instrumento de la política imperialista del capital mundial y en particular estadounidense, siempre interesado en mantener un foco de tensión en esa crucial región para mantenerla políticamente y económicamente dividida.

El estado burgués de Israel, al igual o incluso más que los demás estados industrializados, está atravesando una profunda crisis interna, desde el punto de vista económico y también político y social.  El ataque al Líbano y la ofensiva contra Gaza mostraron  cómo el gobierno israelita utilizó la alternativa bélica para intentar alejar su situación de crisis.

Todas estas guerras han tenido como primera víctima a la población civil palestina, y en particular al proletariado. Pero también han sido sus víctimas los proletarios hebreos, obligados a comportarse como esbirros, y al mismo tiempo,  a aceptar todos los sacrificios impuestos en nombre de la “defensa nacional”, en realidad para defender los intereses estratégicos de su propia burguesía.

Las continuas guerras no han traído ni la seguridad ni la paz prometidas a tres generaciones, y por el contrario corren el riesgo de envolver a toda la región en un nuevo conflicto abierto, que tendría consecuencias desastrosas para todo el proletariado, sin distinción de religión, raza o nacionalidad.

Lo que temen los capitalistas de todo el mundo es que el proletariado de Israel, como el de todos los países, perdido desde hace decenios entre la propaganda bélica por culpa de la socialdemocracia y el estalinismo, así como por los partidos abiertamente reaccionarios, deje de ofrecer su solidaridad a las clases dominantes, cada vez más corrompidas, incapaces, interesadas y obsesionadas sólo con el mantenimiento de su poder y de sus privilegios.

Pero hay otro camino, distinto y opuesto al recorrido hasta ahora, y es que la clase trabajadora de todos los países y también por supuesto de Israel, pueda empezar a recorrer la vía de la lucha de clases. En Oriente Próximo significa la unión y la colaboración del proletariado israelí y del palestino y de toda esa región, luchando contra su propia burguesía por la defensa de sus intereses de clase, inmediatos y futuros. Por eso es necesario que el proletariado vuelva a encontrar su propia independencia política, su propio partido, la dirección del comunismo revolucionario internacionalista, y ese camino deberá recorrer todo el proletariado de esa región.

¿Dónde han conducido las perspectivas burguesas, esas que se decían “más realistas”?  ¿Qué sucede en esa enorme prisión que es Gaza y en Cisjordania, con salarios de hambre y ninguna perspectiva de vida decente, y donde miles y miles de jóvenes proletarios palestinos han dado su confianza a los partidos nacionalistas? ¿Qué podrá ofrecer el micronacionalismo  palestino a los trabajadores en una situación de crisis que está llevando al hambre a millones de desempleados incluso en los grandes Estados industrializados?

Contra la guerra entre Estados guerra entre las clases por la emancipación proletaria, por la verdadera paz de la sociedad sin clases, por el Comunismo. Esta perspectiva, que hoy se presenta tan lejana que parece una utopía inalcanzable, es la única perspectiva realista para la emancipación proletaria.
 
 
 
 
 
 
 


Lucha de clase en Grecia
 

En Grecia los trabajadores buscan como reaccionar a los ataques decididos conjuntamente por el gobierno griego y la Union Europea.

La huelga general del 5 de Mayo, la tercera huelga general desde comienzos de año, ha visto la salida a la calle de los funcionarios públicos, por ahora los más golpeados junto con los pensionistas por las medidas decididas por el gobierno del PASOK para obtener los préstamos de la Unión Europea, y continuar pagando las deudas contraídas en los años pasados por el gobierno helénico burgués.

Grande es la desilusión de los trabajadores, que ven atacados directamente sus salarios, sus condiciones de trabajo y las pensiones, y las manifestaciones del 5 de Mayo han visto una participación más numerosa, manifestaciones efectuadas en las principales ciudadas, como Atenas, Salónica y Patrasso.

Pero los sindicatos y los partidos falsamente obreros, con el KKE a la cabeza, tratan de evitar que el movimiento se transforme en choques entre las clases, en enfrentamientos entre el proletariado y la patronal. Acusan de la crisis a los plutócratas de Europa, de Alemania, al gobierno griego, que serían incapaces de defender el honor nacional y los intereses del “pueblo” griego.

El proletariado griego no puede fundar sus esperanzas en una extemporánea guerrilla callejera, sino que tiene necesidad de reconstituir la fuerza de su unidad en una organización sindical de clase, que trabaje para la unidad de los trabajadores, de los del sector público con los del sector privado, que unifique a los trabajadores griegos con los inmigrantes, dotada de una estructura territorial para organizar a los jóvenes proletarios que no tienen un trabajo estable o que trabajan en negro.

La burguesía griega, adoptando medidas de sangre y lágrimas hoy contra los empleados públicos y mañana contra la generalidad de los trabajadores, como ha hecho durante decenios en Italia y está haciendo en todos los país de Europa, pone las bases materiales para la unión de todo el proletariado en la lucha por la defensa de sus condiciones de trabajo.

Pero la unidad, para ser efectiva y duradera, debe tener en la dirección del movimiento claridad de objetivos, tanto en el plano político como en el sindical. Las reivindicaciones económicas son las comunes a cualquier trabajador: defensa del salario, lucha contra el aumento de la explotación, condiciones de trabajo y salario tendentes a la igualdad para todos, hombres, mujeres, nativos e inmigrantes, jóvenes y mayores; salario íntegro para los parados, defensa de las pensiones y de la asistencia sanitaria.

Los instrumentos para imponer estas reivindicaciones son las tradicionales en nuestra clase, las que muestran al enemigo burgués la fuerza del proletariado: organización, manifestaciones, huelga cada vez más generales y más prolongadas en el tiempo.

La vanguardia proletaria no tiene otro camino, para no caer en los errores que han costado caros al proletariado internacional en pasados decenios, que la del apoyo a las tradiciones y al programa del comunismo revolucionario de izquierda, y reforzar las filas del Partido Comunista Internacional.
 
 
 
 
 
 
 
 



ROSARNO - UN EJEMPLO PARA TODOS LOS TRABAJADORES
No una cuestión de raza sino de clase, y de lucha de clase
 
 

            Finalmente ha explotado, de manera potente y fiera, la rabia de los jornaleros inmigrantes. Golpeando en el rostro a todos los limpiabotas del capitalismo y de su “progreso”, la huelga que ha estallado en Rosarno no es un episodio de la guerra entre razas, sino de clases sociales antagónicas, una lucha típica de braceros agrícolas temporeros con los mismos rasgos tumultuosos de su secular historia. Por un lado se encuentran los proletarios asalariados, que al igual que le sucede a toda su clase, no tienen nada que perder y no tienen patria, y por otro lado los terratenientes, su Estado, su policía y sus jenízaros armados, con la fruta en los árboles a punto de madurar.

            Ha bastado con que la clase se levantase para que se aterrorizaran los burgueses y desaparecieran de la escena todos sus bravucones.

            Sí, es cierto que las condiciones de alojamiento, salariales y de trabajo en Rosarno eran “de esclavitud”, como ahora finge descubrir y lamentar toda la clerigalla burguesa. Pero éstas han sido siempre las condiciones de la parte más baja de la clase trabajadora. Pagas al límite de la supervivencia con unas largas jornadas de trabajo son la condición normal e inevitable a las que tiende la clase obrera en el capitalismo. Así era en el siglo XIX y así sigue siendo en el siglo XXI con un capitalismo decadente y moribundo. ¿Es distinta la condición de los jóvenes trabajadores precarios en el Norte, ciudadanos italianos y blancos? ¿Y ganan más de 30 euros al día, que es lo que cobran  los "negros"? ¿Y no se les despide igualmente sin preaviso y sin pagarles los atrasos cuando le viene en gana al patrón?

            El racismo, fruto de una asquerosa campaña bien organizada por los agitadores del régimen burgués, es el instrumento necesario para dividir a la clase obrera. La otra gran división la impone la existencia de viejos obreros “con garantías” y los jóvenes privados de todo tipo de protección y seguridad. No se trata de combatir el racismo con el antirracismo, de “integrarlos” en “nuestra” sociedad, sino de integrarlos en nuestra clase y en sus luchas. ¡Y por lo visto los que tienen que integrarse en este sentido no son los braceros inmigrantes, sino los obreros italianos!

            Nada de esta simple verdad se deduce de los comportamientos de los sindicatos del régimen, tal y como se ve en los documentos de la FIOM y también de la RdB.

            Toda la culpa la tiene la “criminalidad local”, como si el problema, en vez de ser algo consustancial a la sociedad capitalista, fuese de “orden público” o el producto de una particular “inmoralidad”, contra la cual deberían luchar los trabajadores, evidentemente junto a los burgueses “honestos”, para que su Estado funcione correctamente. La clase obrera debe combatir al Estado burgués, no “mejorarlo”. Tampoco se ve que la “ndraghetta” al servicio de los burgueses pueda ser peor que el Estado contra la clase obrera.

            La verdadera responsabilidad de las duras condiciones de los braceros, y de los inmigrantes irregulares en general, está en las infames leyes discriminadoras del Estado burgués, que dividen a los trabajadores en virtud de su pasaporte. Pero esto ha sido posible porque los sindicatos del régimen Cgil-Cisl-Uil-Ugl, nunca se han opuesto a esto y nunca han hecho nada en favor de esa gran masa de trabajadores sumidos en la clandestinidad. La defensa de la clase obrera coincide con la lucha en defensa de su parte más débil, contra la utilización burguesa del esquirolaje, o sea la utilización de trabajadores más rentables y con salarios más bajos, ya sean precarios o inmigrantes. Los sindicatos han abandonado a los inmigrantes “irregulares”, de la misma manera que han preparado y aceptado la “regularización” de la precariedad, porque son sindicatos traidores al conjunto de la clase obrera. La organización común de todo tipo de asalariados y la batalla sindical común por objetivos comunes, con la movilización y la fuerza de los “regulares”, sirve en primer lugar para defender a estos últimos, pero también a las nuevas generaciones de trabajadores.

            Los antirracistas, que organizan a los inmigrantes como tales aparte de los trabajadores italianos, y que abordan el racismo como una enfermedad de la que hay que curar a la sociedad actual, y no como un arma de la burguesía en su guerra permanente contra la clase trabajadora, expresan sólo un movimiento de opinión pequeño burgués, cobarde, moralizante, ajeno a la clase obrera. Es un antirracismo que no niega ninguna de las premisas sociales del racismo.

            A medida que son cada vez más asimilables las condiciones de los trabajadores de todas las nacionalidades, de todas las razas y categorías, es cada vez más fácil y necesaria su unitaria reorganización sindical de lucha y la recuperación de su antigua y común perspectiva de emancipación.

            Por todo esto nos dirigimos a la clase obrera, en Rosarno o en cualquier otro lugar del mundo, gritando e invitando a gritar nuestra consigna, que es la suya, la única:  ¡Proletarios de todos los países, uníos!
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


El gigante proletario sacude Aegipto

Observamos admirados lo que está sucediendo en Egipto, y estamos orgullosos del coraje de aquel proletariado que a riesgo de su vida se enfrenta a las fuerzas policiales decidido a derrocar un régimen odioso y repugnante. El ejército es la última defensa, pero no se ha dicho que la tropa fraterniza con los insurgentes, como ha sucedido otras veces.

Egipto es la piedra angular del mundo árabe: si el proletariado egipcio, con la fuerza de su determinación, de su coraje y de su número, consigue derrocar el régimen, la onda del choque se propagaría por todo el norte de África y Oriente Medio, despedazando o poniendo en peligro a los regímenes implantados tras la última guerra mundial, incluso aquellos que en apariencia son estables pero en realidad están podridos. Esta onda de choque amenazaría con propagarse a una Europa presa de la crisis económica y que sufre desde hace más de un año la miseria de la clase obrera pero también sus huelgas, en Grecia, en Portugal, en España, en Francia, y ahora en Gran Bretaña. Muchos de entre los proletarios europeos se plantean ya seriamente la pregunta: ¡por qué nosotros no!

Sin embargo, estamos todavía lejos de una revolución. Esta requiere una organización y una preparación para la cual, tanto en Occidente como en los países de capitalismo joven, la clase obrera está, desgraciadamente muy lejos, hoy tras más de 80 años de contrarrevolución. Todavía estos extraordinarios sobresaltos que cruzan y sacuden África del norte pueden ser verdaderamente los primeros signos que son el anticipo de una reanudación de la lucha de clase y de la salida el proletariado mundial de un largo letargo y del estado de embrutecimiento al que le ha llevado la contrarrevolución.

Las dos trampas que debe evitar el proletariado egipcio, como el tunecino, son la demagogia del islamismo y la de la democracia. El islam, que los islamistas quieren presentar bajo una nueva luz, esta ideología atrasada y contrarrevolucionaria, es un fundamento seguro de la conservación social y de la opresión de clase. Irán, que gobierna con las cámaras de tortura, es un triste ejemplo. En cuanto a la democracia, ideología que arranca de la burguesía europea de los siglos 16 y 17, cuando era todavía revolucionaria, es hoy sólo un mito y en Occidente la garantía más segura de su dominio de clase.

El orden democrático no puede ser otra cosa que la sociedad burguesa, convertida hoy, en todo el Mundo, en estéril, parasitaria y decadente, incluso donde parece encontrar nueva vida como en China o en Brasil. La sociedad burguesa, cuyo sistema económico es el capitalismo, ha sobrevivido hasta hoy gracias a los dos guerras mundiales. Y las contradicciones propias del modo de producción capitalista están preparando una tercera.

Se trata hoy de derrocar con la fuerza el poder de la burguesía e imponer el de la clase obrera. Solo entonces podrá empezar a desarrollarse un mundo que no esté determinado por las leyes económicas del capital sino por las necesidades humanas.

En esta perspectiva, hoy lo primero que hay que hacer en Egipto, como en todas partes, es organizar verdaderos sindicatos para la defensa de los intereses materiales del proletariado, que encuadren a los trabajadores independientemente de su origen étnico, religioso o filosófico, uniendo a trabajadores en activo y en paro. Sindicatos rigurosamente libres de toda influencia estatal y de los partidos burgueses, sean democráticos o musulmanes.

La vanguardia del proletariado, su fracción más decidida y más combativa debe integrarse en el Partido Comunista Internacional, expresión viva del programa original del comunismo y de los principios del marxismo revolucionario, confirmados todos y fortalecidos por las dolorosas lecciones de la historia de dos siglos en Europa, en Asia y en todos los países que se han ido emancipando del dominio colonial.
 
 
 
 
 
 
 


Por la defensa de las condiciones de vida y de trabajo del proletariado de Grecia,
contra el ataque del capital internacional
¡Que el proletariado se mantenga al margen de los juegos parlamentarios
y trabaje por la reconstitución de sus organismos independientes de clase!
 

El 15 de junio los trabajadores griegos salieron a la calle debido a la tercera huelga general que se convoca desde comienzos de año para oponerse a las nuevas medidas que el gobierno del Pasok se dispone a tomar presionado por el Banco Central Europeo. El enésimo plan de austeridad prevé recortes a salarios y pensiones y despidos masivos de empleados públicos.

Los trabajadores griegos serán obligados a padecer “dramáticos sacrificios” posteriores para asegurar que los “cortadores de cupones” y la banca continúen funcionando y manteniendo eficiente su aparato de represión y de control de la clase trabajadora. Comprendidos sindicatos y partidos llamados de izquierda, todos en la lista de los proveedores de servicios para el Capital.

Durante la manifestación en Atenas, la ira contra los partidos del gobierno y de la oposición, contra los políticos privilegiados y corruptos, se ha manifestado en el ataque al Parlamento provocando la dura reacción de la policía que no ha escatimado en palos y arrestos.

Como solución a la crisis del gobierno, obligado a aceptar las imposiciones de los bancos europeos, los partidos de la izquierda parlamentaria, desde el KKE a Syriza y Synaspismos, piden elecciones anticipadas: con el único objetivo de alejar al proletariado de la lucha y aprisionarlo en los estériles juegos parlamentarios y en el engaño de las elecciones burguesas.

Los trabajadores griegos no pueden esperar nada de nuevas elecciones ni de este teatro parlamentario, sino sólo de su organización independiente de lucha de clase.

Ningún gobierno burgués defenderá sus intereses, ni siquiera si forman parte el KKE o los otros partidos de la llamada “izquierda” parlamentaria. Por el contrario, en los momentos de crisis política grave, son precisamente estos partidos los que se convierten en primeros defensores del régimen burgués, como se ha demostrado histórica y definitivamente, con el papel desarrollado por la Socialdemocracia en Alemania en los primeros veinte años del siglo XX, cuando fueron precisamente los socialdemócratas los que llevaron al proletariado a la guerra mundial y destruyendo posteriormente el movimiento comunista revolucionario.

La de ayer ha sido la undécima huelga general desde el inicio del 2010. Pero el régimen burgués esta ya guarnecido para resistir este tipo limitado de movilización, por una lado con el control policial tomando la calle, por el otro “dialogando” con sindicatos y partidos de oposición para llegar a nuevos acuerdos , para después volver a meterles regularmente en discusiones y empeorar dichos acuerdos en las semanas siguientes.

Los sindicatos griegos, tanto la Adedy como el GSee o como el Pame, no son sindicatos de clase decididos a defender hasta el final los intereses generales del proletariado sino que están ligados a los partidos burgueses y oportunistas, y desarrollan más una acción de freno y contención que de estímulo para la lucha por la defensa de las condiciones de vida y de trabajo del proletariado, en primer lugar del más débil y explotado.

Es necesario que la organización sindical trabaje sin reservas para asegurar la unidad de la clase trabajadora para superar las contraposiciones entre trabajadores de la empresa privada y trabajadores de la pública, entre los fijos y los precarios, entre ancianos y jóvenes, entre trabajadores en activo y desempleados, entre mano de obra autóctona e inmigrantes. ¡Sólo si la clase trabajadora reconstituye su unidad sobre la base de su defensa económica podrá vencer su batalla, de otro modo sucumbirá! ¡Por la organización independiente del proletariado!

La generosa lucha del proletariado griego contra las medidas antiproletarias dispuestas por el gobierno y por la patronal, llevará a los proletarios más combativos a comprender que no se trata de luchar contra un partido o contra un gobierno, sino que el enemigo es el régimen del Capital en su conjunto; por esto ellos deberán poner en primer lugar el trabajo para formar organizaciones de clase en condiciones de asegurar la defensa cotidiana de los intereses de los trabajadores, pero deberán también ligarse al programa histórico para la emancipación del proletariado del trabajo asalariado, al programa del comunismo revolucionario e internacionalista.

Las medidas bestiales que el gobierno griego está imponiendo a sus proletarios, son las mismas que están tomando todos los Estados de capitalismo avanzado; la burguesía hoy, impone al proletariado verter sangre y lágrimas buscando reactivar el mal que, como un cáncer, roe su organismo desde el interior: la crisis mundial de superproducción inducida por la caída de la tasa de ganancia, mañana al frente de guerra para dar una nueva, horrible juventud a este sistema económico decrépito e injusto, como sucedió ya en 1914 y después en el 1939.

No existen alternativas dentro de este sistema productivo; no puede existir un capitalismo más justo, menos corrupto, más respetuoso con los hombres y con el medio natural: la búsqueda incesante de cada vez mayores beneficios no soporta reglas y puede llegar, en una loca carrera, a destruir a la humanidad misma.

El rechazo al régimen del Capital sólo puede ser total y revolucionario.

Proletarios,

¡Volved a uniros al programa genuino del comunismo revolucionario de izquierda, adhiriendo al Partido Comunista Internacional!
 
 
 
 
 
 
 
 


«Paguen» o «no paguen» sus deudas, todos los Estados burgueses atacan a la clase proletaria
Los trabajadores solamente pueden defender sus objetivos mediante la movilización general, organizándose en un verdadero sindicato de clase

Tal y como el comunismo marxista prevé, las contradicciones internas del régimen capitalista determinan su ruina actualmente.

La crisis económica internacional en curso no es solamente financiera, sino que es una crisis de sobreproducción. La debacle de la deuda y la especulación no son la causa, sino las consecuencias inevitables de la recesión y del fracaso histórico del capital – que es industrial y financiero – en tanto que modo de producción. Los mercados están atragantados de mercancías sin vender, numerosas ramas industriales reducen su producción y cierran fábricas enteras. Los trabajadores en paro técnico y los parados aumentan, muy frecuentemente sin ninguna asistencia social. El Capital tiene cada vez mayores dificultades para mantener vivos a sus esclavos asalariados.

Los Estados del mundo entero, con gobiernos de «derecha» o de «izquierda» han actuado para defender los beneficios del capital nacional, por un lado reduciendo a la fuerza los salarios y aumentando la intensidad y la duración del tiempo de trabajo, y por otra acumulando enormes deudas a fin de prevenir el desborde de una crisis que está presente desde hace decenios, y que finalmente explotará de forma aún mas gigantesca. El desarrollo de la crisis mundial ha demostrado sucesivamente el fracaso del régimen del beneficio, tanto bajo la forma del capitalismo de Estado como bajo la del que dice llamarse liberalismo. Con la agravación de la crisis, se hace más difícil enmascarar la dictadura de hierro del capital sobre la clase trabajadora, tras el abyecto mito burgués de la burocracia.

Sea cual sea la política llevada por el Estado burgués, está y estará siempre dirigida contra la clase trabajadora. Cada capital nacional está indisolublemente ligado al mercado internacional y a las finanzas mundiales. La demanda de cortar estos lazos es una proposición aún más reaccionaria y utópica. Sea cual sea el gobierno, esté a la cabeza de una potencia media o a la cabeza de un gran Estado imperialista, la política presupuestaria, fiscal, etc… está impuesta por las leyes económicas del capital que no les permite ningún margen de maniobra, ninguna libertad de elección; o se bate en retirada o defiende su sistema económico y los privilegios que de él obtiene.

Ya se conceda a una burguesía nacional la posibilidad de retrasar su declaración de quiebra, o sea obligada a aceptarla, tanto si «paga» como si «no paga», nada cambiará la situación de los trabajadores si estos no saben oponerse a la presión patronal y estatal por la fuerza, gracias a su movilización de clase, organizándose a escala cada vez mayor.

La deuda del Estado burgués, ya sea a otros burgueses o a otros Estados, no concierne a la clase trabajadora. El endeudamiento forma parte del sistema capitalista. Hoy no solamente están los Estados, sino que todas las Naciones están archiendeudadas. Por esta huida hacia delante la burguesía mundial a podido ganar tiempo retrasando la crisis, agravando así sus condiciones. Pero llega un momento en el que es necesario pagar. ¡La ruina de este o aquel Estado es el signo del fracaso de este sistema económico y de la burguesía, pero no de los trabajadores! Los trabajadores no están oprimidos por «el pago de la deuda», sino por la acumulación de capital que reposa sobre la explotación del trabajo asalariado.

La necesidad de la clase obrera no es aconsejar al Estado burgués lo que debe o no debe hacer – es imposible «volver al crecimiento» – sino ponerse con todas sus fuerzas al propósito de la patronal de aprovechar la crisis para aumentar la explotación obrera, vivirles, canalizándolos hacia una vía errónea.

Este régimen no caerá por sí mismo, bajo el único efecto de la quiebra económica, social y teórica, es evidente. Si los burgueses de los grandes centros imperialistas consiguen mantenerse en el poder conservando intacta la fuerza de su Estado, entonces una tercera guerra mundial es inevitable. La crisis del capital obligará con una fuerza arrolladora a los diferentes Estados al enfrentamiento, conduciendo a un nuevo reparto del mundo y permitiendo recomenzar un nuevo ciclo de acumulación gracias a las destrucciones masivas de mercancías y de personas. Esto es lo que las dos primeras guerras mundiales nos han enseñado e incluso la burguesía ha sacado sus lecciones de ello. Únicamente la acción internacional consciente del proletariado revolucionario, apoyándose firmemente sobre los principios del comunismo, puede evitar a la humanidad precipitarse en un tercer conflicto imperialista, derrocando por la fuerza de las armas esas clases infames.

Esta crisis general, profunda e irreversible, demuestra que el régimen capitalista no deja ninguna esperanza a los proletarios. No encontrarán la salud enfermando en el interior de su fábrica ni de su nación. Los proletarios no tienen patria. El proletariado puede salvarse, y con el los oprimidos del mundo, solamente si reconstituye su unidad de clase, primero en el interior de sus fronteras y después a nivel internacional.

La crisis del capital, lejos de resolverse, se agravará en una espiral de causas y efectos cada vez más dramáticos. No hay una variedad de posibles soluciones para la misma; solamente existe una única solución burguesa, a la cual se opone la solución proletaria. La alternativa será necesariamente la siguiente: o guerra imperialista entre los Estados nacionales burgueses o revolución proletaria internacional.

Todos los gobiernos burgueses, de «derecha» y de «izquierda», obligados por la crisis, hoy unas duras medidas a la clase trabajadora; mañana, frente al precipicio, buscarán atar a los trabajadores a la carnicería de la guerra, para asegurar un nuevo reparto del mercado mundial, y sobre todo para impedir la revolución mediante la guerra.

Esta perspectiva prevista por el comunismo revolucionario se confirmará mañana, como en la actualidad se ha confirmado la previsión marxista de la gran crisis, porque se apoya sobre la base científica del marxismo, sobre la lectura de la experiencia histórica de dos siglos de capitalismo, de sus crisis, de dos guerras mundiales y de sus revoluciones.

Las consignas de «no pagar la deuda» y la lucha «contra la Europa de los bancos» no defienden a la clase trabajadora. Serán, por el contrario, útiles a futuros gobiernos burgueses revestidos de rojo o de negro, que tendrán la tarea de uncir a los trabajadores hacia la guerra para la defensa de la «Patria» contra las naciones enemigas.

¡La verdadera lucha proletaria no es contra la deuda, sino por el salario! Los trabajadores deben actuar para tomar las reivindicaciones históricas del movimiento proletario:
- Ningún salario inferior a un salario mínimo en relación con el coste de la vida para todos los trabajadores, incluidos los precarios y los parados, inscritos o no en las agencias de empleo;
- Reducción del tiempo de trabajo con mantenimiento del salario;
- A trabajo igual, igual salario, cualquiera que sea la raza, la nacionalidad y el sexo;
- Derechos de ciudadanía para los trabajadores inmigrados y para sus familias.

Estas reivindicaciones son comunes a todos los trabajadores y unifican sus luchas por encima de divisiones de empresa, de categorías, de razas, de religiones. Son las únicas sobre las que se puede construir una movilización general de la clase.

Estas reivindicaciones históricas han sido arrebatadas de la mano de los trabajadores y sustituidas por otras, elaboradas durante décadas por el sindicalismo del régimen (UGT, CCOO, USO, etc. etc.), que les dividen y les encierran en la cárcel de cada empresa. Aquellos que hoy proponen a los trabajadores la «lucha contra la deuda» no hacen mas que tapar la bandera proletaria con otra antiproletaria que pertenece al tan conocido oportunismo.

Lo que cada vez es mas urgente para los trabajadores es la constitución de un frente único sindical sobre la base de estas reivindicaciones, para su defensa incondicional, contra los intereses de la economía nacional burguesa y fuera de todo compromiso con el régimen capitalista. ¡Sólo sobre esta vía se puede actuar para la reconstitución de un potente Sindicato de clase, desde fuera y contra todos los sindicatos del régimen!

La clase trabajadora debe aprender a organizarse separadamente de las clases dominantes enemigas, y de las inseguras capas intermedias y sus «movimientos», porque solamente ella aporta la fuerza y la semilla del porvenir. Sólo una clase bien organizada y con objetivos claros, empleando la huelga como arma y no las urnas electorales y el referéndum, podrá mañana tomar la cabecera de las infinitas expresiones de descontento social contra el capitalismo.

Para ello es necesario que se refuerce y se extienda la organización política del proletariado, el Partido Comunista Internacional, instrumento indispensable para mantener hoy la perspectiva de la revolución comunista, para guiar mañana al proletariado en la lucha por la conquista del poder político, hacia la completa emancipación comunista humana.
 
 
 
 
 
 


“Técnica” o “política”: dictadura burguesa contra la clase trabajadora

El bien del país, entendido como bien de los ciudadanos, por encima de las clases, es una mistificación: siempre y únicamente es el bien de los beneficios de la industria y de la banca, es el bien del Capital y de la clase que lo posee, la burguesía.

Todo el régimen burgués nos machaca a diario con que de la buena marcha de la economía nacional depende la vida de los trabajadores, porque esta es la única sociedad que puede existir, fundada sobre el Capital; por ello, los trabajadores no tendrían alternativa, y tienen que estar dispuestos al sacrificio. “O capitalismo, o muerte”, es el dogma de la burguesía. Trabajadores y burgueses estamos en el mismo barco, repiten los altavoces del régimen.

Mas que los partidos abiertamente de la patronal, son los denominados de “izquierda” tanto “moderada” como “radical” los que de forma mas eficaz encadenan a la clase trabajadora con esta ideología reaccionaria.

Estos partidos ilusionan a los trabajadores con la creencia de que en el capitalismo es posible conseguir la igualdad social, conciliando los intereses de las clases opuestas: bastaría aplicar un modelo diferente de desarrollo. Afirman que el enemigo no es el capitalismo sino una particular versión del mismo: el liberalismo. Sostienen que la causa de la crisis es la desigualdad social, y que por ello si se reduce el capitalismo saldría de esa crisis de forma equitativa, sano y salvo.

Esto es falso. El capitalismo está fundado sobre la desigualdad entre quienes solamente poseen la fuerza de trabajo, y la tienen que vender a cambio de un salario para vivir, y quienes poseen Capital, y compran esta fuerza de trabajo a fin de incrementarlo: es una sociedad dividida en clases.

La brecha entre las condiciones de los trabajadores y las de la burguesía no es eliminable. La miseria del proletariado crece cuanto mas se moderniza y perfecciona el Capital. Pero esta miseria no se debe a un nuevo tipo de capitalismo, es consecuencia de su curso natural de siempre, imposible de ser modificado.

Cuando la economía crece, como por ejemplo en la segunda postguerra y los beneficios son enormes la burguesía está dispuesta a conceder algunas migajas a los trabajadores, migajas pagadas con la sobre explotación, porque así se pueden conseguir beneficios aún mayores. Pero ¡en el capitalismo la crisis es inevitable! Sus causas son la sobreproducción y la caída de la tasa de ganancia, enfermedad incurable y degenerativa del Capital.

Es en las crisis cuando se hace evidente que los intereses de los trabajadores son inconciliables con os intereses del Capital, de la burguesía, del denominado “bien del país”. Lo que es un bien para el Capital es dañino para los trabajadores y viceversa.

La burguesía, en su búsqueda de mantenimiento su economía y retrasar su caída, solo tiene un camino: aumentar la explotación de la clase trabajadora.

Esto es a lo que se dedican los gobiernos de todos los países, todos metidos en la misma crisis: de Inglaterra a Grecia, de Alemania a Francia, a Italia, a Norteamérica y Sudamérica, a China…Se adoptan medidas que se pueden reducir a una única característica, la reducción del salario total de la clase trabajadora: se recorta el salario directo (el que figura en nómina), indirecto (los servicios sociales), diferido (las pensiones).

Este ataque se lleva a cabo independientemente del color del gobierno: es la demostración de cómo la contraposición entre “izquierda” y “derecha” es una farsa. Quien acepta el Capital debe obedecer sus leyes, renegando de todo bello discurso sobre los “modelos de desarrollo”.

La máquina de poder del Capital es su Estado, que sobrevive inmutable a cada gobierno. El teatrillo parlamentario sigue con vida en tanto es útil para esconder a la clase obrera la verdadera naturaleza dictatorial y de clase del régimen burgués.

Tanto en el caso de que los trabajadores crean que para defender sus propios intereses sirva un cambio de mayoría parlamentaria, votando a la derecha o a la izquierda, como en caso de que echen la culpa de sus situación a la casta de los políticos, el dominio de clase del gran Capital sale reforzado, al poder presentar a los trabajadores falsas alternativas: gobierno “técnico”, de una mayoría “diferente”, o, mañana, una dictadura abierta, con un parlamento cerrado y la casta despedida.

Las diferencias entre los diversos partidos burgueses son solo apariencias. Las varias bandas de politicastros, en competencia en sus asuntos de negocios, están todos al servicio del Capital. El único enfrentamiento es el que se da entre los defensores del capitalismo y quienes luchan por su abolición: el comunismo revolucionario.

El marxismo explica, sobre bases científicas, que desde hace más de un siglo el propio capitalismo ha creado las condiciones materiales para su superación. El Capital, en su afanosa búsqueda de beneficio ha llevado a un desarrollo tal de las fuerzas productivas que permitiría satisfacer todas las necesidades de la humanidad con pocas horas de trabajo medio diario por individuo. Pero esta fuerza es al mismo tiempo su límite y su condena. Organizar la producción sobre un plan racional, encaminado a satisfacer las necesidades humanas es imposible, ya que esa producción está subordinada al mercado y al beneficio.

Emancipar al trabajo del Capital, la abolición del trabajo asalariado es la clave del programa revolucionario comunista, y la única alternativa a la miseria del capitalismo.

Tal y como en la fórmula propagandista del bien del país se camufla el beneficio del Capital. Igualmente tras el mito de la democracia se esconde la dictadura de la burguesía. Quien es soberano en el capitalismo no es el pueblo, el conjunto de la ciudadanía por encima de las clases, tal y como recita la ideología democrática, sino el Capital nacional e internacional. Luchar por una verdadera democracia es el mismo contrasentido que luchar por un capitalismo más equitativo.

La única política de la clase obrera, mientras el poder este en manos de la burguesía, es la revolución, para conquistar el poder e imponer su dictadura sobre la burguesía, único medio de liberar a la sociedad del Capital, y sacar a la Humanidad de la prehistoria de la sociedad dividida en clases.

La perspectiva de superación del capitalismo, aun cuando aparezca aún lejana, es también necesaria para poder llevar, en particular en la presente situación de crisis económica, luchas eficaces para la defensa cotidiana de los trabajadores. De hecho, hoy la defensa de la clase obrera solo puede darse contra los intereses nacionales, contra los intereses del capital.

La clase sólo tiene una única posibilidad de defensa: responder a la ofensiva burguesa atacando, sin trabas, el capitalismo, organizando huelgas auténticas y potentes que pongan de rodillas “el país”, es decir la industria y las finanzas.

En este camino, los trabajadores deben dotarse de sus organizaciones de combate reconstruyendo un auténtico sindicato de clase, fuera y contra los sindicatos del régimen, y militando su vanguardia en el Partido Comunista Internacional.
 
 
 
 
 


La huelga de trabajadores del Sector Público en Gran Bretaña

El pasado 30 de Noviembre aproximadamente unos dos millones de trabajadores públicos fueron a la huelga en Gran Bretaña, convirtiéndola en la mayor protesta desde la Huelga General de 1926. Numerosos sindicatos de estos sectores convocaron a sus afiliados, beneficiarios en la actualidad de un sistema público de pensiones, contra los profundos recortes que el gobierno proyecta, y que afecta a los trabajadores extendiendo su vida laboral y recibiendo menos cuando llegue su retiro. En la huelga ha participado incluso el sindicato de rectores, que jamás había participado en ninguna ¡en 150 años de existencia!

En una clásica estrategia de divide y vencerás, el gobierno ha intentado poner a los asalariados del sector privado en contra de los funcionarios, presentando a estos como los afortunados beneficiarios de una confortable jubilación, a expensas de los impuestos del resto de los trabajadores. Por ello, una abundante propaganda distribuida en las numerosas marchas de protesta a lo largo y ancho del país se ha dirigido a aclarar estos engañosos argumentos gubernamentales, ofreciendo las cifras que la mayoría de trabajadores del sector público van a cobrar efectivamente de pensión, que, incluso antes de los cambios anunciados no es tampoco mucho (con una media, grosso modo, entre 2.500 y 5.000 libras esterlinas). Mientras, el gobierno, para demostrar sus argumentos ponía como ejemplo de un trabajador del sector privado….al propietario de un café y al dueño de un puesto en el mercado!

Pero, a partir de esto ¿qué tenemos?

La naturaleza en general reaccionaria de las cúpulas sindicales (obligadas a la convocatoria de esta huelga por las bases, como expresado mas o menos de forma orgánica por la National Shop Stewards Network, organización formada por el sindicato de transportes RMT en 2006) se pone en cuestión de forma abierta, pero las soluciones planteadas para controlar este problema están generalmente en la línea de reformar los sindicatos a través de incrementar la democracia en las agrupaciones. Así, podemos leer en The Socialist «es esencial que las decisiones en las luchas no se dejen en las manos de los líderes sindicales nacionales. Exigimos que los afiliados tengan un control democrático de las negociaciones a todos los niveles». Hay una llamada a «las organizaciones luchadoras de izquierda para que aseguren que los sindicatos luchan por los intereses de sus miembros. Una exigencia de estas organizaciones debiera ser la elección regular de liberados, y que estos no cobren una cantidad superior al salario de un trabajador». Por otro lado, y no sólo en The Socialist, hay llamamientos a los sindicatos para desvincularse del Partido Laborista, al no ser este un partido obrero.

Nada de lo que podamos decir detendrá a los partidarios de esta estrategia de intentar ponerla en marcha; pero esperamos que los participantes en este experimento controlen los resultados muy de cerca, porque creemos que el movimiento sindical en su forma actual está tan entrelazado con los intereses capitalistas que esos intentos para desvincularse del Partido Laborista, y disminuir los salarios de los liberados, están inevitablemente condenados al fracaso.

En nuestra opinión sería mas productivo el trabajo encaminado a aumentar la autonomía de organizaciones como el TUSC ((Trade Union and Socialist Alliance), y la NSSN (National Shop Stewards Network), que aunque han estado, están o pudieran caer en manos de sectores de la burocracia sindical, claramente ligada al Estado capitalista mediante el Partido Laborista, tienen sin embargo el potencial para formar una unión de clase fuera y contra los sindicatos patrióticos, apoyos del sistema; sindicatos estos dispuestos a colocar una imaginaria unidad nacional ‘de la patria’ (el capital nacional, en otras palabras) por delante de los intereses de sus miembros, cuyos intereses reales no están unidos a esa particular ‘jaula nacional’, sino a la clase obrera internacional. La unión de clase debe estar dispuesta a recorrer todo el camino, más allá de los límites de lo que es compatible con el capitalismo.

Esta grandiosa huelga ha causado, sin haber pasado mas de un día, un repentino giro por parte del gobierno. Tras haber insultado duramente a la huelga calificándola de ‘petardo mojado’, se ha mostrado muy deseoso de sentarse en una mesa de negociaciones lo antes posible, y ha prometido futuras concesiones, fijando encuentros para finales de la siguiente semana.

Si los líderes sindicales en estas negociaciones aceptan cualquier cosa que no suponga doblegar al gobierno probablemente tengan que enfrentarse a una considerable ira por parte de sus miembros, que seria de desear fuera aprovechada por las nuevas organizaciones de base intersindicales que están lentamente emergiendo y ejercitando sus músculos.

Pero no debiéramos juzgar lo que sucede únicamente por los ‘resultados concretos’. A propósito de las organizaciones sindicales en general, hay un pasaje en el Manifiesto Comunista que afirma que «de vez en cuando los trabajadores resultan victoriosos, pero sólo por un tiempo. El fruto real de sus batallas no descansa en los resultados inmediatos, sino en una unión de trabajadores siempre creciente». Este será el auténtico legado de la huelga de trabajadores del sector público del 30 de Noviembre de 2011 en Inglaterra, y de hecho ya se empieza a hablar de la unidad de estas luchas con las de los trabajadores del sector privado.
 
 
 
 
 
 
 
 
 


El movimiento Occupy Wall Street y el bloqueo de los puertos de la Costa Oeste
 
Occupy Wall Street es el movimiento que actualmente recorre los EEUU de punta a punta. La rabia contra las grandes corporaciones y las instituciones financieras es auténtica, pero hasta el momento ninguna demanda concreta se ha planteado. No hay soluciones. Ni siquiera una vulgar tirita para aplicar a la herida abierta y purulenta del capitalismo.

Veamos en que consiste el movimiento OWS.

En un principio, consistió en una serie de manifestaciones centradas en el distrito financiero de Wall Street, en Nueva York. Las protestas fueron convocadas por grupos activistas, y sus objetivos eran la desigualdad económica, a codicia de las corporaciones, la corrupción política y los grupos de presión políticos. Su slogan “Somos el 99%”, hace referencia a la desigualdad en la riqueza en los EEUU y en el resto del mundo, en donde l grueso del dinero mundial y del poder está situado en las manos del 1% mas rico de la población. Desde su comienzo en Septiembre de 2011, las protestas se han extendido a unas mil poblaciones de los EEUU, con centenares de miles de participantes, con una atención mediática masiva y una creciente represión policial. Las donaciones económicas han mantenido el movimiento a flote, y el mayor problema es el inmediato tiempo invernal.

Todos hemos visto los noticiarios en la TV, y todos hemos escuchado a los locutores. Pero ¿qué quiere exactamente el movimiento Occupy Wall Street?

Según lo que se puede recoger del barullo, OWS pide mas puestos de trabajo, mas igualdad en la distribución de la riqueza y una menor influencia de las corporaciones sobre el gobierno. Una especia de “capitalismo compasivo”. Esto parece ser todo lo que hay. Mientras las encuestas indican que hay un 50% de votantes favorables al movimiento, los dos mayores partidos capitalistas, Demócratas y Republicanos, se han subido al vagón populista del OWS, diluyendo aún mas el desanimado empuje que los líderes del OWS desplegaban.

Muchos de los participantes piensan que se puede obtener un capitalismo mas compasivo a través de una presión moral: si los capitalistas se sienten culpables por su codicia y su egoísmo, pueden llegar a convencerse de que hay que “compartir”, al estilo de los niños en el jardín de infancia. De hecho, los capitalistas están encantados de poder llevar el debate a este terreno, ofreciéndonos los ejemplos de “grandes hombres”, capitalistas filántropos tales como Carnegie y Rockefeller. No es ninguna casualidad que veamos como se presenta como el héroe del día, como el valiente defensor de los manifestantes (y de los capitalistas)… ¡a Bill Gates!.

Si las voces predominantes en el OWS son las que predican que el capitalismo debe ser purgado de sus elementos corruptos mas escandalosos, y convertirse en algo mas amable, es de desear que una vez que los manifestantes hayan sido expulsados de las calles or la policía, y las autoridades hayan aplicado desinfectante sobre las aceras en donde habían acampado, algunos de ellos llegue a la conclusión de que ese “1%” debe ser derrocado, en vez de “presionarles” a ser mas caritativos, y compartir mas con el “99%”.

Es de desear que los manifestantes lleguen a ver que el capitalismo es ahora un muerto que camina, y que la única discusión que merece la pena es sobre como sus enterradores, la clase obrera, cumplirá su tarea histórica de enterrarlo. Y, de hecho, la airada respuesta de los manifestantes del OWS ante la dura respuesta de la autoridad a sus ocupaciones y campamentos ha resultado en un curioso injerto de su movimiento en una preexistente lucha económica de los trabajadores.

El 18 de Noviembre, Occupy Oakland, siguiendo una iniciativa lanzada por Occupy Los Angeles, convocó «el bloqueo y la interrupción del aparato económico controlado por el 1%, mediante el bloqueo coordinado de los puertos de toda la Costa Oeste, fijando la fecha del 12 de Diciembre. El 1% ha devastado las vidas de los conductores de camiones, de los portuarios y de los trabajadores que crearon su riqueza, lo mismo que los ataques policiales coordinados a escala nacional han transformado nuestra ciudades en campo de batalla, en el intento de destruir nuestro movimiento de ocupación. Invitamos a cada movimiento local de la Costa Oeste a organizar una movilización masiva para bloquear los puertos. Los sindicatos necesitan ser atentamente vigilados, el particular la ruptura del contrato con los portuarios de EGT en Longview Washington. Occupy Los Angeles ha aprobado ya una resolución para llevar a cabo en el puerto de Los Angeles el 12 de Diciembre el cierre de los terminales de SSA, propiedad de Goldman Sachs. Occupy Oakland hace extensiva esta invitación a toda la Costa este, y llama a la solidaridad con los portuarios de Log View Washinton en su lucha con EGT(…) Durante la huelga general de 2 de Noviembre, decenas de miles bloquearon el puerto de Oakland para convencer a EGT que debían detener sus ataques contra los trabajadores de Longview.Dado que EGT ha ignorado este mensaje, y continua sus ataques contra los trabajadores, cerraremos los puertos de toda la Costa Oeste».

La huelga general del 2 de Noviembre, a la que se refiere este comunicado, había tenido lugar un par de semanas antes y según algún informe consiguió reunir “decenas de miles de trabajadores, precarios y estudiantes”. Los bancos centrales y muchas escuelas cerraron, así como todos los muelles. Bastantes problemas de tráfico en el resto de la ciudad indicaban que muchos otros establecimientos cerraron ese día.

El cuerpo organizador de esta huelga general fue una asamblea general. Ningún mérito tuvieron en esto los grandes sindicatos centrales. La AFL-CIO y Change to Win intentaron de forma inmediata boicotear las acciones invocando leyes anti-huelga que ellos mismos firmaron en los contratos de categoría. Fueron ágiles también para invocar la Ley Taft Hartley de 1947, que junto a numerosas cláusulas adicionales y a nivel local y federal, prohíbe en la práctica las huelgas generales y establece severas multas; y hay que mencionar que los grandes sindicatos no lanzaron ninguna campaña importante para impedirlo… Pero una vez que importantes secciones locales de maestros y portuarios declaran su apoyo a la huelga (a pesar de no participar), los grandes sindicatos plegaron velas y decidieron no atacar la huelga de manera frontal. Solo el pequeño pero histórico IWW y el sindicato Local 10, que también participaron en el bloqueo de barcos portadores de armamento destinado a las tropas en Iraq en 2003 organizaron activamente la huelga en los puestos de trabajo.

El consiguiente bloqueo de los puertos el 12 de Diciembre incluyó marchas y protestas en puertos a lo largo de toda la Costa Oeste desde San Diego hasta Portland, y Anchorage en Alaska, pero la participación fue baja. Solo en Portland y Oakland tuvo el bloqueo algún éxito real recibiendo otra vez apoyo de las secciones locales de la unión de portuarios (ILWU), pero no de los dirigentes sindicales. En efecto, Robert McElrath, secretario nacional del ILWU, considerando su posición amenazada, denunció rápidamente «el intento de grupos exteriores que planteando sus demandas políticas están manejando la huelga».

Otros portavoces sindicales intentaron introducir divisiones señalando al movimiento Occupy como responsable de la pérdida de un día de trabajo de los miembros del ILWU, y así de forma irónica pareciendo apoyar a los chóferes no sindicalizados y autónomos, también en lucha por la pérdida de trabajo.

Se habla ahora de otra gran huelga para el 1 de Mayo de 2012. Un gran proyecto, sin duda; pero si se va a realizar debemos avisar contra una visión que contemple un apoyo general del “99%” a esa huelga general. Una alta proporción dese porcentaje, concretamente los estratos medios y bajos de la burguesía, nunca adoptarán una postura decididamente anti-capitalista, y solo los trabajadores, los que tienen un interés económico directo en enfrentarse al capitalismo, estarán por la labor, solo ellos, incluyendo los desempleados y pensionistas, son la audiencia apropiada. No es coincidencia que solo cuando los trabajadores han entrado en liza es cuando se han creado nuevas perspectivas, y un proyecto tan ambicioso como clausurar todos los puertos de la Costa Oeste pudo ser visto como un objetivo realista.

Un participante en el forum de Occupy Los ANgeles escribe que “debemos reforzar el movimiento Occupy uniéndolo a los trabajadores y a los sindicatos, con emigrantes estudiantes, desempleados, sin-techo, comunidades de resistencia y grupos religiosos”. Una consigna avanzada en algunos aspectos, pero… ¿grupos religiosos, estudiantes, los sin-techo y las comunidades de resistencia? Anda ya… ¿Qué coherencia posible podría tener alguna directriz política que incluyera a todos estos grupos?

Si el capitalismo debe ser derribado, es necesaria una clara visión del camino a andar, y como debe ser alcanzado. Si la lucha por el derrocamiento del capitalismo noo está disciplinado ni centrado en unos objetivos y rechaza, o no sabe como hacer para reconocer las lecciones del pasado, fracasará. En pocas palabras, las lecciones de luchas pasadas consisten en que las fuerzas de la clase obrera que eventualmente derriben el capitalismo cristalizarán en torno a demandas prácticas en los terrenos de la lucha económica, y asumirán la forma de organizaciones sindicales basadas en la lucha clasista. Estas fuerzas, para ser eficaces, necesitarán ser dirigidas por un partido de clase internacional, un partido que se remonta a mediados del siglo XIX, y es el depositario de la experiencia política del movimiento obrero.

El mopvmiento del que hemos hablado no es ni un movimiento económico ni uno político, sino una confusa y desorientadora mezcla de ambos. Es un movimiento interclasista, y junto a los inevitables anarquistas, predicando su mensaje indiscriminado e incapacitante contra toda organización, encontramos también liberales, pequeño burgueses y elementos cristianos socialistas, en competencia entre sí para ganar reclutamiento para sus diversas causas; y todos ellos con el común efecto de expulsar a los auténticos luchadores de clase.

Para derrocar al capitalismo la clase obrera tendrá que estar bien organizada, ser consciente de su papel histórico de oponente natural y material al capitalismo, un sistema que ya no puede ofrecer mas concesiones a la clase que explota. La clase trabajadora, la clase productiva cuya labor produce todo, es capaz de organizar su vida económica sin capitalistas, cuya ‘habilidad organizativa’ tan cacareada y tan bien recompensada está totalmente ausente. Es una ‘habilidad’ que en la práctica no es mas que una racionalización de su posición como explotadores; la racionalización de un parásito.

Pero como cualquier parásito, el capitalismo vampiro morirá inevitablemente sino puede extraer la sangre vital de su ‘huésped’, la clase obrera. El proletariado (término mas específico al incluir a los desempleados) deteniendo su labor y organizándose hacia una huelga general masiva, desafía directamente esta relación parasitaria.

Pero una cosa es segura; los preparativos para una huelga general el 1° de Mayo no serán exitosos si se fetichiza la democracia como es el caso en el actual movimiento Occupy, en la medida en que intenta crear un frente amplio contra el capitalismo (lo sentimos, pero ya lo hemos visto antes). Lo que se necesita para librarse del capitalismo no son mas debates, mas discusiones, mas conversiones de la gente al ‘buen rollo’; lo que se necesita es adherirse al programa clásico e intransigente de la clase trabajadora que ya está determinado, y basado en la experiencia de 150 años.

Los enterradores del capitalismo, la clase obrera, no necesita mas debates sobre enterrarlo o no enterrarlo, sino que necesitan poner en práctica su poder en sus propias organizaciones de clase; organizaciones que estén preparadas para librar intransigentes batallas por metas económicas inmediatas, y que para su éxito dependen de organizaciones aún mas amplias. Esto es algo por lo que la clase obrera norteamericana ha dado tanta sangre en el pasado, durante una larga historia de enfrentamientos con un capitalismo nacional especialmente cruel, brutal y explotador. Pero ahora no solo necesita redescubrir su orgullosa tradición de lucha económica, sino también su propia organización política, el Partido Comunista Internacional, redescubrimiento que será hecho en el país en donde el comunismo, tal vez más que en ningún otro, ha sido considerado el enemigo número uno del capitalismo.