Partido Comunista Internacional
 
 

El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda

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PARTE IV






CAP. 1 - ESTRUCTURA DEL PARTIDO
 

Reconstituyéndose sobre bases clásicas en 1952, nuestro partido, no se distinguía solo por la posesión de un correcto bagaje doctrinario y teórico, programático y táctico, que se derivaba de la aplicación de la continua e invariante doctrina a las lecciones de cincuenta años de contrarrevolución; ni solo a su predisposición de combate dirigida «a buscar cualquier pequeño rayo de luz» que le permitiese, sin menospreciar en ningún momento los principios vitales, ampliar el sector de contacto con las masas proletarias donde estas fuesen impulsadas a la lucha incluso por objetivos parciales e inmediatos; pero también, por tanto, para forjar una estructura organizativa y de trabajo centralizada, preparada para el desarrollo de las tareas que al partido se le planteaban. Esta estructura de trabajo está ampliamente definida en las citas que siguen. Esta se funda, desde 1952, en la existencia de un centro del que parten todas las disposiciones para el conjunto de la red bajo forma de "circulares a la organización", en un enlace y contacto cada vez más frecuente que une el centro con los distintos puntos de la organización comprometidos en los diversos sectores de trabajo; sobre el flujo opuesto de las secciones territoriales y de los grupos o militantes individuales activos hacia el centro; sobre reuniones periódicas de toda la red organizada que puntualizan, a través de amplios informes, el trabajo realizado, tanto en el campo teórico como en el práctico, por el partido en un determinado periodo de tiempo. El vasto material de estas reuniones periódicas es publicado en la prensa de partido y constituye un objeto de estudio y de ulterior elaboración en las reuniones locales y regionales. Esta estructura de trabajo ha permitido al partido la publicación regular de sus órganos de prensa para los que se exigen colaboradores y difusores; ha permitido un continuo trabajo consistente en esculpir los lineamientos teóricos, programáticos y tácticos del movimiento, y una intervención constante en lo vivo de las luchas obreras, para coordinar y dirigir estas tareas se sintió la necesidad, en 1962, de publicar un órgano sindical específico, y, en 1968, la necesidad de crear un órgano coordinador llamado "oficina central sindical".

Puede ser que esta estructura funcionase mal y, por tanto, compartimos todas las tentativas de hacerla más rígida y estricta, intensificando las relaciones entre centro y periferia, y viceversa, exigiendo mayor regularidad y precisión en el doble flujo a través de la disposición, en los puntos apropiados del engranaje de todos los brazos necesarios. Está claro que, en la medida que el trabajo del partido se intensifique y llegue a ser más complejo, harán falta otros instrumentos de coordinación y centralización; se verificará, en conexión con el aumento del número de compañeros y las dificultades del trabajo, la necesidad de una selección cada vez mayor entre los militantes, la cada vez mayor precisión de las funciones, de los órganos dedicados a realizar las funciones y de los hombres que deben ser destinados a los distintos órganos. Pero esto es un hecho orgánico, no voluntarista; está determinado por la potenciación del trabajo del partido, no por la voluntad de cualquiera. Los órganos diferenciados que el partido posee en un determinado momento deben ser el resultado de las necesidades funcionales de la actividad del partido, no de un esquema organizativo sin base material, y considerado necesario solo porque corresponde a la idea del partido perfecto o del mecanismo perfecto que alguien puede tener en su cabeza.

Lenin ha sostenido en "¿Qué Hacer?" que, si es verdad que la organización cada vez más compleja del partido se deriva del desarrollo del trabajo del partido mismo, también es verdad que las formas de organización pueden a su vez favorecer o, viceversa, limitar el desarrollo del trabajo. Esto equivale a decir que el partido debe tener en todo momento una forma estructural de su actividad que esté en condiciones de no impedir, sino de favorecer el desarrollo de la actividad en todos los campos. Ahora bien, las formas de organización que el partido se ha dado desde 1952 a 1970 son quizás inadecuadas para contener el rápido desarrollo de la actividad o bien ¿a causa de la existencia de estas formas, el trabajo no puede desarrollarse cuanto debería, ni desarrollarse del mejor modo? El problema merece atención y estudio racional. Pero solo sobre este plan y no sobre otros, fruto de elucubraciones cerebrales.

Se puede decir que la estructura centralizada del periodo 1952-1970 debe ser mejorada y potenciada para responder mejor a las tareas de más amplio alcance que se le presenten al partido, pero no se puede decir que «hasta ahora la nuestra ha sido una vida de círculo», «estamos luchando por darle al partido una forma organizada», etc. Afirmaciones de este género, no solo falsifican la historia real del partido, el cual «desde 1952 encontró por vía orgánica y espontánea una forma estructural de su actividad que ha sido sometida a una prueba de quince años» (Tesis - 1965), sino que pueden conducir a consecuencias mortales en la concepción marxista del partido. La primera consecuencia puede ser la de afirmar que esta organización no existía, porque en realidad no existía el partido, sino más bien un grupo de aprendices de la teoría o un círculo marxista. Se derivaría de esto que la transformación de este grupo o círculo en partido sería un hecho organizativo y, por tanto, que el partido debe todavía nacer y nacerá en la medida en que se forje una estructura organizativa determinada. Así se recaería en el "modelo de organización" idealista que caracteriza al partido, contra Marx, Lenin y la Izquierda. Pero una desviación aún más grave sería la de identificar la existencia o no de una estructura organizativa centralizada en la presencia de formalismos de organización como estatutos, códigos, aparatos especiales de tipo burocrático, etc, afirmando que, solo si estos existen, se puede hablar de estructura organizada. Una afirmación de este género nos conduciría por su propio peso a una concepción idealista del partido. Es el marxismo el que ha afirmado que ha existido y existirá una sociedad que, aun teniendo órganos diferenciados y centralismo absoluto, no ha tenido necesidad, ni tendrá necesidad para mantener esta estructura ni de estatutos, ni de códigos, ni de un aparato especial y diferenciado del cuerpo social, características propias solamente de las sociedades divididas en clases, sino que se servirá exclusivamente de una jerarquía de funciones técnicas para el desarrollo de las cuales serán seleccionados orgánicamente individuos que serán «tan necesarios como dispensables», según su idoneidad para desarrollar la función, entendiendo que son las funciones técnicas las que se sirven de los individuos y no al revés. Hemos aclarado en otra parte que precisamente en este sentido el partido prefigura a la sociedad futura.

En 1952, el partido ha renunciado a tener en su interior codificaciones estatutarias, así como ha renunciado a servirse de los mecanismos democráticos internos hasta la convocatoria de «congresos soberanos», no porque fuese una secta de estudiosos o un "círculo" sin ninguna organización, sino porque ha definido que puede estructurarse la organización de partido sin recurrir a estos mecanismos; ha renunciado a ellos no para retomarlos posteriormente, una vez terminada la fase del "círculo", sino para siempre.

Dejemos demostrar esto a nuestra correcta tradición:

1) Escribíamos en 1967 (Programma Comunista, n.5-1967): «La generosa preocupación de los compañeros de que el partido actúe de modo organizativamente seguro, lineal y homogéneo, reclamándose pues – como ponía en guardia Lenin en la "carta a un camarada" – no a la búsqueda de estatutos, códigos y constituciones, o peor aún, de personajes de temple "especial", sino a aquella del modo mejor de contribuir, todos y cada uno, al armónico cumplimiento de las funciones sin las cuales el partido dejaría de existir como fuerza unificadora y como guía y representación de la clase, que es la única vía para ayudarle a resolver día por sí mismo – como en el "¿Qué Hacer?" de Lenin allí donde se habla del periódico como de un "organizador colectivo" – sus problemas de vida y de acción. Aquí la clave del "centralismo orgánico", aquí el arma segura en la histórica batalla de las clases, no en la vacía abstracción de las pretendidas "normas" de funcionamiento de los mecanismos más perfectos o, peor aún, en la escualidez de los procesos contra los hombres que por selección orgánica se encuentran manejándolos "desde abajo" o "desde arriba"». Y un poco antes: «fuerza real operante en la historia con caracteres de rigurosa continuidad, el partido vive y actúa (y aquí la respuesta a la segunda desviación) no en base a la posesión de un patrimonio estatutario de normas, preceptos y formas constitucionales, al modo hipócritamente querido por el legalismo burgués o ingenuamente soñado por el utopismo premarxista, arquitecto de estructuras bien planificadas para introducirlas ya dispuestas en la realidad de la dinámica histórica, sino en base a su naturaleza de organismo, que se ha formado en una sucesión ininterrumpida de batallas teóricas y prácticas sobre el hilo de una directriz en constante marcha: como escribía nuestra "Plataforma" de 1945: "las normas de organización del partido son coherentes con la concepción dialéctica de su función, no descansan en recetas jurídicas y reglamentos, superan el fetiche de las consultas mayoritarias". Es en el ejercicio de sus funciones, de todas y no de una, donde el partido crea los propios órganos, engranajes y mecanismos; y es en el curso de este mismo ejercicio donde los deshace y los vuelve a crear, no obedeciendo en esto a dictámenes metafísicos o a paradigmas constitucionales, sino a las exigencias reales y precisamente orgánicas de su desarrollo. Ninguno de estos engranajes es teorizable, ni a priori ni a posteriori».

2) Y en 1970, para volver a probar que cuanto está escrito más arriba forma parte del pensamiento continuo del partido ("In difesa..." pág.131): «La organización, como la disciplina, no es un punto de partida, sino un punto de llegada; no tiene necesidad de codificaciones estatutarias y de reglamentaciones disciplinarias (...). Consultas, constituciones y estatutos son propios de las sociedades divididas en clases, y de los partidos que expresan a su vez no el curso histórico de una clase, sino el cruce de los cursos divergentes o no plenamente convergentes de varias clases. Democracia interna o "burocratismo", homenaje a la "libertad de expresión" individual o de grupo y "terrorismo ideológico" son términos no tanto antitéticos, sino dialécticamente conexos».

Sacamos esta conclusión: nuestro partido ha pretendido, desde 1945, darse una estructura centralizada y diferenciada en una jerarquía defunciones técnicas ("In difesa..." pág.131) sin recurrir a estatutos, mecanismos democráticos, aparatos burocráticos, procesos, expulsiones, y elección de hombres "especiales". Quien ve en esto una ausencia de estructuras organizativas está orgánicamente fuera de nuestro partido, porque el partido ve en ellos, por el contrario, como se demuestra en todas las citas «la realización de aspiraciones que eran manifiestas en la Izquierda Comunista desde la época de la II Internacional» (Tesis de Nápoles) y la eliminación por parte de la propia estructura de uno de los errores de partida de la Internacional de Moscú» ("Consideraciones..." 1965).
 


CITAS



117 - Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido... (Tesis de Nápoles) - 1965
    7 - Tratándose de un traspaso y de una consigna histórica para una generación que había vivido las luchas gloriosas de la primera posguerra y de la escisión de Livorno a la nueva generación proletaria que se trataba de liberar de la loca felicidad de la caída del fascismo para reconducirla a la conciencia de la acción autónoma del partido revolucionario contra todos los otros, y sobre todo contra el partido socialdemócrata, para reconstituir fuerzas consagradas a la perspectiva de la dictadura y del terror proletarios contra la gran burguesía como contra todos sus odiosos instrumentos, el nuevo movimiento encontró por vía orgánica y espontánea una forma estructural de su actividad que ha sido sometida a una prueba de quince años...
    8 - La estructura de trabajo del nuevo movimiento, convencido de la magnitud, de la dureza y de la amplitud histórica de la propia obra, que no podía incitar a elementos dudosos y deseosos de rápida carrera porque no prometía, sino que excluía éxitos históricos a corto plazo, se basó en reuniones frecuentes de enviados de toda la periferia organizada, en los que no se planificaban debates contradictorios y polémicos entre tesis contrapuestas, o que por tanto pudiesen esporádicamente aflorar de las nostalgias del morbo antifascista, y en las cuales nada había que votar y nada que deliberar, sino que solamente había la continuación orgánica del importante trabajo de consignación histórica de las lecciones fecundas del pasado a las generaciones presentes y futuras, a las nuevas vanguardias que se van delineando en las filas de las masas proletarias, diez y cien veces golpeadas, engañadas y desilusionadas, y que finalmente se levantarán contra el fenómeno doloroso de la descomposición purulenta de la sociedad capitalista...
    Esta obra y esta dinámica se inspiran en enseñanzas clásicas de Marx y de Lenin, que dieron la forma de tesis a su presentación de las grandes verdades históricas revolucionarias, y estas tesis y relaciones, ligadas en su preparación a las grandes tradiciones marxistas de hace más de un siglo, eran reflejadas por todos los presentes, gracias también a las comunicaciones de nuestra prensa, en todas la reuniones de la periferia por los grupos locales y de convocatorias regionales, donde tal material histórico era transportado para conocimiento de todo el partido. No tendría ningún sentido la objeción de que se trató de textos perfectos, irrevocables e inmodificables, porque a lo largo de todos estos años se ha declarado siempre en nuestro seno que se trataba de materiales en continua elaboración y destinados a alcanzar una forma cada vez mejor y más completa; tanto es así que de todas las filas del partido, e incluso de elementos jovencísimos, se ha verificado con una frecuencia cada vez más creciente la aportación de contribuciones admirables y perfectamente a tono con las líneas clásicas propias de la Izquierda.
    Es solo con el desarrollo del trabajo en esta dirección, que hemos tratado, como nosotros esperamos la dilatación cuantitativa de nuestras filas y de las espontáneas adhesiones que llegarán al partido y que le harán un día una fuerza social más grande.
    9 - Antes de dejar el argumento de la formación del partido después de la segunda gran guerra, está bien reafirmar algunos resultados que hoy valen como puntos característicos para el partido, en cuanto son resultados históricos de hecho, a pesar de la limitada extensión cuantitativa del movimiento, y no descubrimientos de inútiles genios o solemnes resoluciones de congresos "soberanos".
    El partido reconoció muy pronto, que, incluso en una situación extremadamente desfavorable e incluso en los lugares en que la esterilidad de ésta es máxima, es desechado el peligro de concebir el movimiento como una mera actividad de prensa propagandística y de proselitismo político. La vida del partido se debe integrar donde quiera y siempre y sin excepciones en un esfuerzo incesante para injertarse en la vida de las masas y también en sus manifestaciones influenciadas por directrices contrapuestas a las nuestras. Es antigua tesis del marxismo de Izquierda que se debe aceptar trabajar en los sindicatos de derecha donde los obreros están presentes, y el partido aborrece las posiciones individualistas de quienes muestran desdeñar el meter el pie en aquellos ambientes llegando finalmente a teorizar la ruptura de las pocas y débiles huelgas a las que los sindicatos actuales se lanzan. En muchas regiones el partido tiene ahora detrás de sí una notable actividad en este sentido si bien deberá cada vez más afrontar dificultades graves y fuerzas contrarias, superiores al menos estadísticamente. Es importante establecer que, incluso donde este trabajo no ha alcanzado todavía una apreciable preparación, es rechazada la posición por la cual el pequeño partido se reduzca a círculos cerrados sin ligazón con el exterior, o limitados a buscar adhesiones solo en el mundo de las opiniones, que para el marxista es un mundo falso siempre que no sea tratado como superestructura del mundo de los conflictos económicos. Tan erróneo sería subdividir el partido o sus agrupamientos locales en compartimentos cerrados que fueran activos solo en uno de los campos de la teoría, de estudio, de investigación histórica, de propaganda, de proselitismo y de actividades sindicales, que en el espíritu de nuestra teoría y de nuestra historia son absolutamente inseparables y en principio accesibles a todos y cada uno de los compañeros.
    Otro punto que el partido ha conquistado históricamente y que jamás podrá abandonar, es la neta repulsa a todas las propuestas de ampliar sus efectivos y sus bases a través de convocatorias de congresos constituyentes comunes con otros círculos o grupos, que pululan por todas partes desde el final de la guerra, elaborando teorías sin conexión y deformes, o afirmando como único dato positivo la condena del estalinismo ruso y de todas sus derivaciones locales.

118 - Tesis suplementarias... (Tesis de Milán) - 1966
    Sabemos bien que la dialéctica histórica conduce a todo organismo de lucha a perfeccionar sus medios ofensivos empleando las técnicas en poder del enemigo. De esto se deduce que en la fase del combate armado los comunistas tendrán un encuadramiento militar con precisos esquemas de jerarquías con fines unitarios que aseguren el mejor resultado de la acción. Esta verdad no debe ser inútilmente imitada en toda actividad aún no combatiente del partido. Las vías de transmisión de las operaciones deben ser unívocas, pero esta lección de la burocracia burguesa no nos debe hacer olvidar por qué vías se corrompe y degenera, incluso cuando es adoptada en las filas de asociaciones obreras. La organicidad del partido no exige de hecho que todo compañero vea la personificación de la forma partido en otro compañero específicamente designado para transmitir disposiciones que vienen de arriba. Esta transmisión entre las moléculas que componen el órgano partido tiene siempre contemporáneamente la doble dirección; y la dinámica de toda unidad se integra en la dinámica histórica del conjunto. Abusar de los formalismos de organización sin una razón vital ha sido y será siempre un defecto y un peligro sospechoso y estúpido.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


CAP. 2 - LAS "FASES" DE DESARROLLO DEL PARTIDO
 

De las citas que exponemos a continuación, partiendo de las Tesis de Roma de 1922, para llegar a las citas del prefacio a "In difesa" de 1970, resulta claramente la noción del desarrollo del partido político propia de la escuela marxista revolucionaria. Es la teoría marxista la que ha liquidado el viejo dilema de la humanidad – la separación entre pensamiento y acción, entre teoría y práctica – demostrando que estos términos están estrecha e inseparablemente ligados entre sí en la realidad. En la sociedad humana es la acción la que determina la conciencia y esto también es válido para la clase proletaria, cuya acción está determinada por hechos y exigencias materiales. En el partido de clase, conciencia y acción inseparablemente ligadas y no pueden existir la una sin la otra. La única diferencia es que el órgano partido es susceptible, a diferencia de todos los otros, de acción consciente, o sea la conciencia es premisa de la actuación en el teatro de las luchas sociales.

Estamos en presencia del órgano partido de clase cuando se compendian en la dinámica de un determinado reagrupamiento los tres factores ya descritos en las Tesis de Roma: defender y esculpir la teoría y la doctrina histórica; organización física de un núcleo combatiente; intervención y actividad en la física lucha proletaria. Estas tres tareas están contenidas contemporáneamente en todo momento de la vida del partido, porque son las tareas que definen al partido. La proporción entre las energías que son dedicadas por el partido a cada una de estas tareas puede variar según las épocas históricas y las situaciones objetivas en las que el partido se encuentra para actuar, pero ninguna de ellas es despreciada, al menos en la predisposición del partido incluso cuando una situación absolutamente negativa lo redujese prácticamente a cero. En una situación contrarrevolucionaria como la actual, el 95% de las energías del partido están dedicadas a la restauración de la sana doctrina, y solo el 5% al conjunto de la actividad organizativa y de intervención en las luchas obreras. En una situación de reanudación revolucionaria y de ataque al poder burgués, el porcentaje de energía se invertirá necesariamente y el 95% del mismo estará dedicado a tareas de organización y de intervención en las luchas. Pero esto depende solo y exclusivamente de la situación externa al partido, la cual influye sobre él no solo determinando el perímetro más o menos restringido de la organización, sino también imponiendo una cierta y particular distribución de las energías dentro del órgano. Estos son accidentes históricos, pero el partido no renuncia en ningún campo al desarrollo de todas sus funciones vitales en ningún momento de su vida. Son relaciones cuantitativas entre las diversas manifestaciones de a que no determina el partido, sino la situación externa. Pero desde el punto de vista cualitativo las funciones del partido siguen manteniéndose todas en pie en todos los momentos de su vida. En determinados momentos de la historia el trabajo práctico entre las masas proletarias puede ser, desde un punto de vista inmediato, inexistente, pero la predisposición del órgano partido para realizar este trabajo aprovechando todo resquicio debe existir. Del mismo modo por cuanto se refiere a la organización armada y al trabajo ilegal, cuya necesidad debe estar siempre presente en el partido incluso, si, en la práctica, éste no desarrolla ninguna actividad en este sentido.

De la distribución de las energías del partido en las distintas actividades – trabajo teórico, propaganda, proselitismo, acción sindical, acción armada, etc – nada se debe deducir y nada se debe concluir sobre la naturaleza del partido, porque cualitativamente no cambia nada. Deducir que, puesto que el cien por cien de los efectivos están dedicados a un trabajo teórico, cosa que puede depender solo de condiciones objetivas externas, el partido se encuentra en la "fase" de preparación teórica, y que es inútil o secundario el trabajo práctico de organización y de penetración en la clase, es blasfemia antimarxista que mata al partido reduciéndolo a un cenáculo de pensadores, que no estaría en condiciones ni siquiera de aprenderse la teoría, porque forma parte de la naturaleza de nuestra teoría la característica de poder ser patrimonio solo de un órgano combatiente y de no poder ser aprendida por vía intelectual por un grupo de "profesores". Por ello quien concibe no solo la acción del partido, sino también la de un militante individual, como afirman nuestras tesis, distribuida en "fases" divididas en el tiempo – primero se aprende la teoría y los principios del movimiento, se leen y se estudian todos los textos marxistas hasta obtener pleno dominio intelectual, sucesivamente se emprende un trabajo para dar una estructura organizativa a los que han "aprendido", para transformar a los "profesores de marxismo" en "militantes de una organización", finalmente la organización, armada con la teoría aprendida, se lanza al campo de la acción externa – está fuera de toda la concepción marxista.

Es tesis marxista que las tres manifestaciones de energía o van juntas o no existen. La teoría puede ser "aprendida", es vieja tesis marxista, solo por un núcleo organizado e inmerso en la acción práctica. De otro modo no existe ni siquiera aprendizaje, ni clarificación, ni acción de esculpir, porque el aprendizaje de la teoría marxista, arma de batalla del partido, no puede ser un hecho individual y cultural, sino que es un hecho colectivo del órgano partido y se lleva a cabo en el desarrollo coordinado de toda su actividad.

Es por esto que nuestro pequeño núcleo tuvo desde su reconstrucción el derecho de definirse partido comunista. Era y es numéricamente reducidísimo, pero no ha dejado nunca de realizar sus funciones orgánicas: no se ha reducido a un cenáculo de pensadores o de estudiosos, aun siendo el radio de su actividad externa cuantitativamente muy limitado, no ha caído en el activismo y en el inmediatismo característico de todos los grupúsculos gauchistes, ha sabido ligar la fidelidad y la defensa absoluta de la teoría, de los principios y de las experiencias históricas del proletariado al desarrollo de toda la acción práctica posible en esta época de contrarrevolución, sin dejar pasar la ocasión para intervenir incluso en las más limitadas manifestaciones de la lucha obrera de modo organizado y con caracteres de neta distinción respecto a cualquier otro agrupamiento. Es en esta línea coherente, en esta batalla teórica y práctica como se reconoce el partido. Y es sobre esta base segura que el proceder de la crisis capitalista y el retorno del proletariado a la lucha, al menos sobre el terreno económico, aportará al pequeño núcleo de hoy las formaciones de las jóvenes guardias revolucionarias que buscarán de nuevo el arma determinante para lanzarse al campo de la guerra social. A condición de que el partido haya sabido mantener esta continuidad orgánica de programa y de acción.

Más allá de esta concepción del partido no existe más que la muerte. Es completamente absurda la tesis según la cual existe el partido histórico-programa que es defendido por un núcleo de intelectuales y estudiosos; luego existe la "sociedad de propaganda"; más aún, a condición de darse la adecuada organización, existe el núcleo del partido Es verdaderamente debilitante que similares construcciones mecanicistas e idealistas, que solo se pueden obtener falsificando a Lenin y la tradición de la Izquierda, todavía encuentren el modo de corromper al movimiento obrero.

Si el partido mantiene esta continuidad y esta conexión dialéctica entre las distintas tareas y funciones que forman su vida orgánica, la organización se desarrolla, se diversifica, se estructura, no por voluntad de cualquiera, sino por las necesidades mismas del desarrollo, de la ampliación, de una actividad del partido cada vez más compleja. Se crean nuevos órganos, porque las funciones se complican cada vez más y requieren una estructura adecuada a sus necesidades, porque la actividad del partido apremia requiriendo instrumentos apropiados a su mejor despliegue en todos los campos, no por el motivo infantil de que un día alguien piense que ha llegado la hora de darle por fin estructura organizada al partido y se pone, en su pequeño cerebro, a parir un modelo de organización quizás recopiando las últimas líneas de un Lenin poco leído y poco comprendido, peor citado en compensación de la manera más baja, incluso para resolver el problemilla de la liberación cotidiana de escorias líquidas y sólidas.

El partido, no la sociedad de propaganda o el "círculo", se ha formado definitivamente en 1952, cuando ha precisado de manera definitiva sus fundamentos de doctrina, de programa y de táctica (naturaleza, función y táctica; tesis características, etc) y ha comenzado sobre esa base a desarrollar todo el complejo de sus actividades, ninguna excluida. Desde 1952 se ha dado una estructura organizativa adecuada a su extensión numérica y al desarrollo de las actividades que marcaba la temperatura social externa. Esta estructura viene ampliamente descrita en las Tesis de 1965-66. Esta estructura se modificará por cierto llegando a ser más compleja, más estricta, más diferenciada y con caracteres más netos y precisos, pero bajo el impulso de la extensión de la red de los organizados, del desarrollo del trabajo, del crecimiento de la influencia del partido sobre la clase y no por el hermoso descubrimiento de cualquier "genio inútil" o de cualquier "congreso soberano" que descubra que no podemos llamarnos partido si no poseemos un tal o cual aparato que le parece haber encontrado descrito en Lenin.
 


CITAS



119 - Tesis características del partido (Tesis de Florencia) - 1951
    II, 4 - Tareas igualmente necesarias del partido antes, durante y después de la lucha armada por la toma del poder son la defensa y la difusión de la teoría del movimiento, la defensa y el reforzamiento de la organización interna con el proselitismo, la propaganda de la teoría y del programa comunista, y la constante actividad en las filas del proletariado dondequiera que éste sea impulsado, por las necesidades y determinaciones económicas, a la lucha por sus intereses.
    IV, 4 - Hoy en la plenitud de la depresión, a pesar de restringirse mucho las posibilidades de acción, el partido, siguiendo la tradición revolucionaria, no pretende sin embargo romper la línea histórica de la preparación de una futura reanudación en gran escala del movimiento de clase, que haga suyos todos los resultados de las experiencias pasadas. De la restricción de la actividad práctica no deriva la renuncia a los postulados revolucionarios. El partido reconoce que la restricción de ciertos sectores es cuantitativamente acentuada, pero no por ello cambia el conjunto de los aspectos de su actividad, ni renuncia expresamente a ellos.
    7 - Con esta justa valoración revolucionaria de las tareas actuales, el partido – aunque poco numeroso y poco ligado a la masa del proletariado y aunque siempre celoso de la tarea teórica como tarea de primer plano – rechaza absolutamente ser considerado como un círculo de pensadores o de simples estudiosos que buscan nuevas verdades o que han extraviado la verdad de ayer considerándola insuficiente.
    9 - Los acontecimientos, no la voluntad o la decisión de los hombres, determinan así incluso el sector de penetración de las grandes masas, limitándolo a una pequeña parte de la actividad total. Sin embargo el partido no pierde ocasión alguna para penetrar en toda fractura, en todo intersticio, sabiendo bien que la reanudación de la acción revolucionaria no tendrá lugar sino después que este sector se haya ampliado grandemente y vuelto dominante.
    10 - La aceleración del proceso deriva, además de las profundas causas sociales de las crisis históricas, de la obra de proselitismo y de propaganda con los reducidos medios disponibles.

120 - Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable - 1965
    8 - Dado que el carácter de degeneración del complejo social se concentra en la falsificación y en la destrucción de la teoría y de la sana doctrina, está claro que el pequeño partido de hoy tiene un carácter preeminente de restauración de los principios de valor doctrinal y desdichadamente falta el fondo favorable en que Lenin la cumplió después del desastre de la primera guerra. Sin embargo, no por esto podemos levantar una barrera entre la teoría y la acción práctica, porque después de un cierto límite nos autodestruiremos junto a todas nuestras bases de principio. Reivindicamos por tanto todas las formas de actividad propias de los momentos favorables en la medida en que las relaciones reales de fuerza lo permitan.
    9 - Todo esto podría desarrollarse mucho más ampliamente, pero se puede llegar a una conclusión acerca de la estructura organizativa del partido en un pasaje tan difícil. Sería un error fatal verlo como divisible en dos grupos; uno dedicado al estudio y otro a la acción, porque esta distinción es mortal no solo para el cuerpo del partido, sino incluso respecto a un militante individual. El sentido del unitarismo y del centralismo orgánico es el que el partido desarrolla dentro de sírganos aptos para las diversas funciones, que nosotros llamamos propaganda, proselitismo, organización proletaria, trabajo sindical, etc, hasta, llegar mañana, a la organización armada, pero que nada se debe concluir por el número de compañeros que se considera dedicado a tales funciones, porque en principio ningún compañero debe ser ajeno a ninguna de ellas.
    Es un accidente histórico que en esta fase puedan parecer demasiados los compañeros dedicados a la teoría y a la historia del movimiento, y pocos los ya preparados para la acción. Sobre todo sería insensato buscar el número dedicado a una y otra manifestación de energía. Todos sabemos que, cuando la situación se radicalice, innumerables elementos se alinearán con nosotros, en una vía inmediata, instintiva y sin el mínimo curso de estudios que pueda imitar calificaciones escolásticas.

121 - Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido... (Tesis de Nápoles) - 1965
    5 -...Adoptada la vieja consigna que responde a la frase: "sobre el hilo del tiempo", nuestro movimiento se dedicó a volver a poner ante los ojos y las mentes del proletariado el valor de los resultados históricos que se habían inscrito en el largo curso de la dolorosa retirada. No se trataba de reducirse a una función de difusión cultural o propaganda de doctrinillas, sino de demostrar que teoría y acción son campos dialécticamente inseparables y que las enseñanzas no son librescas o profesorales, sino que derivan (para evitar la palabra, hoy en manos de los filisteos, de experiencias) de balances dinámicos de choques acaecidos entre fuerzas reales de notable magnitud y extensión, utilizando incluso los casos en que el balance final se ha resuelto, con una derrota de las fuerzas revolucionarias. Es eso que nosotros llamamos con viejo criterio marxista clásico: "lecciones de las contrarrevoluciones".

122 - Premisa a "Tesis después de 1945" - 1970
   ...Se puede decir que solo en la segunda mitad de 1951 y especialmente a partir de 1952, el partido tomó un rumbo firme y homogéneo, basado en el enlace con las tesis de fondo del periodo de 1920-26 y en el balance dinámico de los veinticinco años sucesivos, que les confería lineamientos aún más netos y ya inconfundibles; y se dio una estructura correspondiente a esta aportación teórica en torno al nuevo quincenal "Il Programma Comunista".
    El problema central era, sin duda la reproposición de la doctrina marxista, mil veces hollada y desfigurada por la contrarrevolución estalinista, en su integridad; pero este objetivo no podía ser ni fue nunca separado, en doctrina y en la práctica, del esfuerzo constante no solo de propagar nuestras posiciones teóricas y programáticas, sino de "importarlas", según la clásica definición de Lenin, dentro de la clase obrera, participando, en los límites de nuestras fuerzas, en sus luchas por objetivos incluso inmediatos y contingentes, y no haciendo nunca del partido, por pequeño que fuese numéricamente, una academia de pensadores, un cenáculo de iluminados, una secta de conspiradores armados de un bagaje inestimable, pero desconocido excepto para los iniciados.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


CAP. 3 - PARTIDO Y TERCERA INTERNACIONAL
 

Las citas que siguen muestran cual ha sido la actitud de la Izquierda hacia la III Internacional y qué lecciones ha extraído el partido de su degeneración y destrucción como obra de la contrarrevolución estalinista. Resultarán claras como hemos individualizado siempre las causas de este proceso degenerativo no solo en el reflujo del movimiento revolucionario internacional – causa determinante a través de la influencia negativa que no podía dejar de ejercer sobre el partido, como siempre la tendrá el desarrollo de los hechos sociales, en cuanto que el partido es el producto del desarrollo de las situaciones, y las situaciones influyen de modo natural sobre él, favoreciendo el camino o a la inversa obstaculizándolo, sino también en las debilidades que históricamente habían distinguido el proceso de formación del nuevo organismo y que, cuando se verificó el reflujo revolucionario, no podían más que pesar sobre la capacidad de reacción del organismo mismo en la situación desfavorable. Estas "debilidades" orgánicas del organismo III Internacional son identificadas por la Izquierda en los siguientes hechos:

1) - «No obstante se debe decir que, si la restauración de los valores revolucionarios fue grandiosa y completa en lo que respecta a los principios doctrinales, el planteamiento teórico y el problema central del poder del Estado, por el contrario no fue tan completa la sistematización organizativa de la nueva Internacional y el planteamiento de la táctica de ésta y la de los partidos adherentes» (de "Naturaleza, función y táctica..." - 1945).

2) - «En la situación de la primera posguerra, que se presentaba como objetivamente revolucionaria, la dirección de la Internacional se dejó guiar por la preocupación – por otra parte no carente de motivo – de no encontrarse preparada y con un escaso seguimiento de las masas en caso de estallar un movimiento general europeo que podía conseguir la conquista del poder en algunos de los grandes países capitalistas. Era tan importante para la Internacional leninista la eventualidad de un rápido hundimiento del mundo capitalista, que hoy se comprende como, en la esperanza de poder dirigir masas más amplias en la lucha por la revolución europea, se fuese muy pródigo en aceptar la adhesión de movimientos que no eran verdaderos partidos comunistas y se buscase con la táctica elástica del frente único, tener contacto con las masas que estaban detrás de las jerarquías de partido que oscilaban entre la conservación y la revolución.
    Si se hubiese verificado la eventualidad favorable, los reflejos sobre la política y la economía del primer poder proletario en Rusia habrían sido tan sumamente importantes como para permitir el resaneamiento rapidísimo de las organizaciones internacionales y nacionales del movimiento comunista.
    Por el contrario, al haberse verificado la eventualidad menos favorable, la del restablecimiento relativo del capitalismo, el proletariado revolucionario debió reemprender la lucha y el camino con un movimiento que, habiendo sacrificado su claro planteamiento político y su homogeneidad de composición y de organización, estaba expuesto a nuevas degeneraciones oportunistas» (de "Naturaleza, función y táctica..." - 1951).

3) - «Pero el error que abrió las puertas de la III Internacional a la nueva y más grave oleada oportunista no era solamente un error de cálculo de las probabilidades futuras del devenir revolucionario del proletariado; era un error de planteamiento y de interpretación histórica consistente en querer generalizar las experiencias y los métodos del bolchevismo ruso, aplicándolos a los países con una civilización burguesa y capitalista enormemente más avanzada» (de "Naturaleza, función y táctica..." - 1951).

4) - «Una confusión no menor se originó en la organización interna y se comprometió el resultado del difícil trabajo de selección de los elementos revolucionarios de los oportunistas en los distintos partidos y países. Se creyó que se podían captar nuevos efectivos bien maniobrables por el centro arrancando en bloque sectores izquierdistas en los partidos socialdemócratas. Por el contrario, pasado un primer periodo de formación de la nueva Internacional, ésta debía funcionar establemente como partido mundial y a sus secciones nacionales debían adherirse individualmente nuevos prosélitos. Se quiso ganar a grandes grupos de trabajadores pero, contrariamente se pactó con los jefes desordenando todos los cuadros del movimiento, descomponiéndolos y recomponiéndolos, mediante combinaciones de personas en periodos de lucha activa. Se reconocieron como comunistas a fracciones y células dentro de los partidos socialistas y oportunistas y se llevaron a cabo fusiones organizativas; casi todos los partidos, en vez de estar preparados para la lucha estuvieron en una crisis permanente, actuaron sin continuidad y sin límites definidos entre amigos y enemigos, registrando continuos fracasos en las distintas naciones. La Izquierda reivindica la unicidad y la continuidad organizativa» ("Tesis características del Partido" - 1951).

Sobre estos cuatro puntos, pues, la Internacional mostró debilidades que hicieron posible la reconquista por parte del oportunismo, debilidades que la Izquierda italiana fue la única en identificar desde 1920. Fue la Izquierda italiana la que insistió para que se hicieran más rígidas las condiciones de admisión (1920) y consiguió que se introdujesen en los veintiún puntos algunas de sus precisiones vitales, pero no consiguió que se aprobase la eliminación de las "particularidades nacionales", a las que después se agarraron los maximalistas italianos para su juego de falsas adhesiones que la dirección de la Internacional aceptó desde 1921, proponiendo una posible revisión de la irrevocable escisión del PC de Italia (ver "Moscú y la cuestión italiana", en "Rassegna Comunista", 1921).

Siempre en el II Congreso, la Izquierda también expresó sus dudas sobre las nociones de "partido fracción de la clase" y de "centralismo democrático", no por manía de pureza literaria, sino por los peligros que rezumaba la inadecuación de estas formulaciones. En el mismo II Congreso, la Izquierda se opuso a la táctica del parlamentarismo revolucionario no solo como táctica equivocada para el occidente europeo, sino también en cuanto que esta táctica era incapaz de trazar una línea de demarcación definitiva con los llamados "comunistas electoralistas", es decir, con los maximalistas.

En el III Congreso, la Izquierda se opone a la dudosa formulación de "conquista de la mayoría", la cual aunque tuviese un sentido preciso y correcto en Lenin y Trotski, presentaba inmensos peligros para los jóvenes partidos comunistas de occidente. Desde 1921, la Izquierda se opone a la práctica de las fusiones, de las agregaciones de partes de otros partidos al partido comunista, que debe ser único y con adhesiones individuales; así se opone también a la práctica del noyautage de fracciones comunistas en otros partidos y exige que se hagan rígidas las normas de organización. En diciembre de 1921 son adoptadas las tesis sobre el frente único, y la Izquierda adelanta las conocidas reservas, aun habiendo sido precisamente la Izquierda la primera en adoptar la táctica del frente único desde abajo en Italia. En el congreso de Roma, en 1922, la Izquierda vota las famosas tesis sobre la táctica en las cuales se reivindica la necesidad para la Internacional de una delimitación y previsión de los medios tácticos, al menos en las grandes líneas y para grandes arcos de tiempo y de espacio con el objetivo de impedir el bandazo que luego se instaurará en la Internacional de las tácticas oscilantes y dictadas exclusivamente por la modificación de las situaciones.

Las Tesis de Roma, propuestas como proyecto para toda la Internacional, serán criticadas y rechazadas por ésta con la acusación de "abstracción", "esquematismo", "formalismo", etc. Por consiguiente, sería absurdo decir que la Izquierda solo ha tenido con la Internacional divergencias secundarias de carácter táctico. La Izquierda ha tenido una divergencia profunda con la Internacional sobre la cuestión de cómo plantear los problemas tácticos en general. Y el hundimiento sucesivo de la Internacional ha confirmado que, mientras ésta había resuelto de manera definitiva los problemas de teoría y de principio, no había podido plantear el problema de la táctica de modo igualmente definitivo y adecuado, y a través de esta brecha que quedó abierta ha podido pasar de nuevo el oportunismo. Nuestras tesis explican claramente las razones materiales e históricas por las que esta sistematización necesaria del problema táctico no fue posible. Sin embargo, es un hecho que la sistematización no se dio a pesar de la continua exigencia de la Izquierda, la cual se atrajo precisamente por esto, por parte de la Internacional, la acusación de doctrinarismo y de abstracción. También sería igualmente inexacto sostener que el partido bolchevique de Rusia intentó siempre y con todas sus fuerzas plantear los problemas de la Internacional de manera coherentemente marxista, pero se encontró frente a sí en occidente con un material que, exceptuada la Izquierda, rechazaba este planteamiento correcto. Es evidente por el contrario que la misma posición del partido bolchevique, obligado a resistir aislado en el poder, influyó sobre el modo en que planteó y resolvió los problemas de la Internacional, modo que estuvo dominado por la imperiosa necesidad de una victoria revolucionaria en occidente a cualquier precio. Por lo que el partido bolchevique fue pues muy generoso aceptando a grupos y fracciones no perfectamente marxistas, abrió algunas vías de agua ya con los veintiún puntos y con la táctica del parlamentarismo revolucionario, las amplió con las oscilaciones tácticas y con una praxis organizativa equivocada, haciendo así más difícil, a su vez, la formación en occidente de verdaderos partidos comunistas.

Los partidos comunistas de occidente, y en particular el alemán y el francés, siguieron estando llenos de reformistas no por el motivo infantil de que ellos se escondiesen en la organización y que el centro de Moscú no fuese capaz de emplear una energía represiva para rechazarles en masa, sino porque los límites de los partidos hacia el exterior se mantuvieron siempre difuminados no en las normas disciplinarias o en los exámenes de admisión individual, sino en los campos vitales de la táctica y de las normas de organización; y se mantuvieron tales e incluso se difuminaron cada vez más porque la dirección de la Internacional se jugaba todas sus cartas a una victoria cercana en Alemania y, para tener un partido que fuese capaz de dirigir al proletariado insurrecto, amplió las mallas de la organización. Las amplió no olvidándose de verificar cada adhesión individual, y de obligar a hacer a los militantes individuales el rígido curriculum – lector, oyente, simpatizante, camarada (modo en que la rigidez organizativa podría ser entendida al máximo por grupos tipo "Lotta Comunista") – sino yendo menos a la regla de las mismas adhesiones individuales, admitiendo las particularidades nacionales, chalaneando fusiones e infiltraciones en otros grupos, abriendo las puertas a conocidos derechistas y centristas con tal de que tuviesen una influencia en las masas proletarias, y finalmente, dejando en blanco la página de las normas tácticas. Esta praxis en verdad hizo que, con el reflujo del movimiento revolucionario, se volviese a encontrar con partidos que no habían conseguido desarrollarse en sentido comunista, sino que todavía estaban empapados de mentalidad socialdemócrata e incluso parlamentaria.

Volvemos así a nuestra correcta formulación de las cuestiones de organización. Nuestras tesis no hablan en ningún punto de una ausente caza a los hechiceros socialdemócratas anidados en los partidos comunistas como factor de debilidad de la Internacional. Los socialdemócratas podían "esconderse" en los partidos comunistas, porque la Internacional no había roto definitivamente con la praxis parlamentaria, porque admitía las fusiones y los bloques, porque rechazaba una delimitación rígida de las normas tácticas, y no porque no había bastantes "inspectores" para enviarlos a "controlar" las secciones. Si la fisonomía organizativa y táctica de los partidos comunistas hubiese sido más clara y tajante, los socialdemócratas anidados en la organización habrían saltado "orgánicamente" fuera por sí mismos y "orgánicamente" se habrían marchado. Si esta precisión en el campo no disciplinario, sino táctico y organizativo, no era posible era vano encontrar remedio en su ausencia con un endurecimiento de las normas disciplinarias, de las penalizaciones y de las expulsiones. Esta es la batalla de la Izquierda.
 


CITAS






123 - Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) - 1926
    II, 1 - Con la constitución de la Internacional Comunista, la crisis de la II Internacional, determinada por la guerra mundial, ha tenido una solución completa y definitiva desde el punto de vista de la restauración de la doctrina revolucionaria, mientras que, desde el punto de vista organizativo y táctico, la formación del Comintern constituye una gran conquista histórica, pero no ha dado a la crisis del movimiento proletario una solución igualmente completa.
    El factor fundamental para la formación de la nueva Internacional ha sido la revolución rusa, primera victoria gloriosa del proletariado mundial. Respecto a los problemas tácticos, y debido a las condiciones sociales de Rusia, la revolución rusa no ha dado el tipo histórico general para las revoluciones de los otros países bajo el aspecto de los problemas tácticos. En dicho país, en el paso que va del poder feudal autocrático a la dictadura proletaria, no existió una época de dominio político de la clase burguesa con su aparato estatal exclusivo y estable.
    Precisamente por esto, la confirmación histórica de la concepción del programa marxista ha tenido en la revolución rusa su alcance más grandioso, y ha servido poderosamente para derrotar al revisionismo socialdemócrata en el terreno de los principios. Pero en el terreno organizativo, la lucha contra la Segunda Internacional, parte integrante de la lucha contra el capitalismo mundial, no ha tenido un éxito igualmente decisivo, y han sido cometidos múltiples errores por los cuales los partidos comunistas no han alcanzado la eficiencia que las condiciones objetivas les hubieran permitido.
    Otro tanto debe decirse en el terreno táctico, en el cual han sido resueltos y se resuelven hoy insuficientemente muchos problemas propios del tablero en el que figuran la burguesía, el Estado burgués parlamentario moderno con un aparato históricamente estable y el proletariado; y no siempre los partidos comunistas han obtenido cuanto era posible a los efectos del avance del proletariado contra el capitalismo y de la liquidación de los partidos socialdemócratas, órganos políticos de la contrarrevolución burguesa.
    II, 4 - En la fundación del Comintern tuvo mucho peso la consideración de la urgencia de una vasta concentración de fuerzas revolucionarias, previéndose entonces un desarrollo mucho más rápido de las situaciones objetivas. Sin embargo, se ha podido constatar que hubiera sido más conveniente proceder con mayor rigor en los criterios de organización. A los efectos de la formación de los partidos o de la conquista de las masas, los resultados no han sido favorecidos ni por las concesiones a grupos sindicalistas o anarquistas, ni por pequeñas transacciones admitidas sobre las 21 condiciones con los centristas, ni por las fusiones orgánicas con partidos y fracciones de partidos obtenidas con el noyautage político, ni por tolerar la doble organización comunista en ciertos países con los partidos simpatizantes. La consigna de la organización de los partidos sobre la base de las células, lanzada después del V Congreso, no logra su objetivo que era el de eliminar los defectos unánimemente constatados en las secciones de la Internacional.
    III, 4 - El Congreso de Roma (marzo de 1922) puso de manifiesto una divergencia teórica entre la Izquierda italiana y la mayoría de la Internacional, la cual fue muy mal expresada en un principio por nuestras delegaciones en el III Congreso y en el Ejecutivo Ampliado de febrero de 1922. Estas, especialmente en la primera ocasión, cometieron errores efectivos en un sentido infantilista. Las Tesis de Roma fueron la feliz liquidación teórica y política de todo peligro oportunista de izquierda en el partido italiano.
    En la práctica del partido, la única divergencia con la Internacional se había manifestado a propósito de la táctica hacia los maximalistas, pero dicha divergencia parecía superada con los resultados unitarios del Congreso socialista de octubre de 1921.
    Las Tesis de Roma fueron aprobadas como contribución del partido a las decisiones de la Internacional y no como la línea de acción inmediata; el Centro del partido lo confirmó en el Ejecutivo Ampliado de 1922 y no se abrió la discusión teórica precisamente por disciplina y por decisión de ésta.
    No obstante, en agosto de 1922, la Internacional no interpretó la situación como lo hizo el Centro del partido, sino que consideró que la situación italiana era inestable debido al debilitamiento de la resistencia del Estado, y pensó reforzar el partido sobre la base de la fusión con los maximalistas, considerando como factor decisivo la escisión entre maximalistas y unitarios, y no las enseñanzas que el partido extraía de la vasta maniobra de la huelga de agosto.
    Desde ese momento las dos líneas políticas divergen definitivamente. En el IV Congreso Mundial (diciembre de 1922) el viejo Centro del partido se opuso a la tesis que prevaleció en el. Al retornar los delegados a Italia, delegó unánimemente la responsabilidad de la fusión confiándola a una Comisión, pero conservando naturalmente sus propias funciones administrativas. Se produjeron entonces los arrestos de febrero de 1923 y la gran ofensiva contra el partido. Finalmente, en el Ejecutivo Ampliado de junio de 1923 se depuso al viejo ejecutivo y se lo sustituyó por otro totalmente diferente. Ante esta situación, las dimisiones de una parte de los miembros del Centro del partido fueron una simple consecuencia lógica. En mayo de 1924, una conferencia consultiva del partido daba todavía a la izquierda una aplastante mayoría contra el centro y la derecha, y así se llegó en 1924 al V Congreso mundial.

124 - Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera - 1947
   ...Contra esta dirección desastrosa para el movimiento obrero, reaccionó a través de la revolución rusa, la III Internacional. No obstante debe decirse que, si bien la restauración de los valores revolucionarios fue grandiosa y completa en lo que respecta a los principios doctrinales, el planteamiento teórico y el problema central del poder del Estado, no fue igualmente completa la sistematización organizativa de la nueva Internacional y el planteamiento de la táctica de ésta y de los partidos adherentes.
    La crítica a los oportunistas de la II Internacional fue ciertamente completa y decisiva no solo en cuanto a su abandono total de los principios marxistas, sino también en cuanto a su táctica de coalición y de colaboración con gobiernos y partidos burgueses.
    Se puso en evidencia que la dirección particular y contingente dada a los viejos partidos socialistas no había llevado a asegurar totalmente a los trabajadores pequeños beneficios y mejoras materiales a cambio de renunciar a preparar y llevar a cabo el ataque integral contra las instituciones y el poder burgués, sino que había conducido, comprometiendo ambos resultados, el mínimo y el máximo, a una situación peor, o sea a utilizar las organizaciones, las fuerzas, la combatividad, las personas y las vidas de los proletarios para realizar objetivos que no eran los objetivos políticos e históricos de su clase, y que conducían al reforzamiento del imperialismo capitalista. Este había superado en la guerra, al menos durante una fase histórica completa, la amenaza ínsita en las contradicciones de su mecanismo productivo, y había superado la crisis política determinada por la guerra y por sus repercusiones con el sometimiento de los encuadramientos sindicales y políticos de la clase adversaria a través del método político de las coaliciones nacionales.
    Esto equivalía, según la crítica del leninismo, a desnaturalizar completamente el papel y la función del partido proletario de clase que no es la de la salvar de peligros denunciados la patria burguesa o las instituciones de la así llamada libertad burguesa, sino la de tener alineadas las fuerzas obreras sobre la línea de la dirección histórica general del movimiento, que debe culminar en la conquista total del poder político, abatiendo al Estado burgués.
    Se trataba, nada más terminar la guerra, cuando eran desfavorables las así llamadas condiciones subjetivas de la revolución (o sea la eficacia de la organización y de los partidos del proletariado) pero eran favorables las condiciones objetivas, debido a la manifestación de la crisis del mundo burgués en toda su magnitud, se trataba pues de reparar la primera deficiencia con una rápida reorganización de la Internacional revolucionaria.
    El proceso estuvo dominado, no podía ser de otra manera, por el grandioso acontecimiento histórico de la primera victoria revolucionaria obrera en Rusia, que había permitido reponer a plena luz las grandes directrices comunistas. Se quiso trazar sin embargo la táctica de los partidos comunistas, que en los otros países agrupaban a grupos socialistas contrarios al oportunismo bélico, imitando directamente la táctica aplicada victoriosamente en Rusia por el partido bolchevique en la conquista del poder, a través de la histórica lucha de febrero a noviembre de 1917.
    Esta aplicación dio lugar desde un primer momento a importantes debates acerca de los métodos tácticos de la Internacional, y especialmente sobre el del frente único, consistente en invitaciones dirigidas frecuentemente a los otros partidos proletarios y socialistas para llevar a cabo una agitación y una acción comunes y con la finalidad de poner en evidencia lo inadecuado que era el método de esos partidos y alejar en beneficio de los comunistas su tradicional influencia sobre las masas.
    En efecto, a pesar de las abiertas advertencias de la Izquierda italiana y de otros grupos de oposición, los jefes de la Internacional no se dieron cuenta de que esta táctica del frente único, empujando a las organizaciones revolucionarias junto a las socialdemócratas, socialpatriotas, oportunistas, de las cuales se habían separado recientemente oponiéndose irreductiblemente, no solo habría desorientado a las masas, haciendo imposibles las ventajas que se esperaban de esa táctica, sino que además habría – lo que era más grave – contaminado a los mismos partidos revolucionarios. Es cierto que el partido revolucionario es el mejor factor de la historia y el menos vinculado, pero no deja de ser igualmente un producto de la misma y sufre cambios y desplazamientos cuando se modifican las fuerzas sociales. No puede pensarse que el problema táctico es un manejo voluntario de un arma que, dirigida en cualquier dirección, sigue siendo la misma; la táctica del partido influencia y modifica al partido mismo. Si también ninguna táctica puede ser condenada en nombre de dogmas aprioristas, toda táctica debe ser analizada preventivamente y discutida a la luz de una cuestión como esta: ¿al ganar una mayor influencia eventual del partido sobre las masas, no se comprometerá el carácter del partido y su capacidad para guiar a las masas hasta el objetivo final?
    La adopción de la táctica del frente único por parte de la III Internacional significaba, en realidad, que también la Internacional Comunista se colocaba sobre la vía del oportunismo, que había conducido a la II Internacional a la derrota y a la liquidación. Una característica de la táctica oportunista había sido el sacrificio de la victoria final y total a los éxitos parciales contingentes; la táctica del frente único se revela también como oportunista, precisamente porque también sacrificaba la primera e insustituible garantía de la victoria total y final (la capacidad revolucionaria del partido de clase) a la acción contingente que habría debido asegurar ventajas momentáneas y parciales al proletariado (el aumento de la influencia del partido sobre las masas, y una mayor compacidad del proletariado en la lucha por la mejora gradual de sus condiciones materiales y por el mantenimiento de eventuales conquistas alcanzadas).
    En la situación de la primera posguerra, que se presentaba como objetivamente revolucionaria, la dirección de la Internacional se dejó guiar por la preocupación – por otra parte no carente de motivo – de no encontrarse preparada y con un escaso seguimiento de las masas en caso de estallar un movimiento general europeo que podía conseguir la conquista del poder en algunos de los grandes países capitalistas. Era tan importante para la Internacional leninista la eventualidad de un rápido hundimiento del mundo capitalista, que hoy se comprende como, en la esperanza de poder dirigir masas más amplias en la lucha por la revolución europea, se fuese muy pródigo en aceptar la adhesión de movimientos que no eran verdaderos partidos comunistas y se buscase con la táctica elástica del frente único, tener contacto con las masas que estaban detrás de las jerarquías de partido que oscilaban entre la conservación y la revolución.
    Si se hubiese verificado la eventualidad favorable, los reflejos sobre la política y la economía del primer poder proletario en Rusia habrían sido tan sumamente importantes como para permitir el resaneamiento rapidísimo de las organizaciones internacionales y nacionales del movimiento comunista.
    Por el contrario, al haberse verificado la eventualidad menos favorable, la del restablecimiento relativo del capitalismo, el proletariado revolucionario debió reemprender la lucha y el camino con un movimiento que, habiendo sacrificado su claro planteamiento político y su homogeneidad de composición y de organización, estaba expuesto a nuevas degeneraciones oportunistas.
    Pero el error que abrió las puertas de la III Internacional a la nueva y más grave oleada oportunista no era solamente un error de cálculo de las probabilidades futuras del devenir revolucionario del proletariado; era un error de planteamiento y de interpretación histórica consistente en querer generalizar las experiencias y los métodos del bolchevismo ruso, aplicándolos a los países con una civilización burguesa y capitalista enormemente más avanzada. La Rusia anterior a febrero de 1917 era todavía una Rusia feudal en la que las fuerzas productivas capitalistas estaban oprimidas bajo los grilletes de las relaciones de producción antiguas: era obvio que en esta situación, análoga a la de Francia en 1789 y Alemania en 1848, el partido político proletario debía combatir contra el zarismo incluso si hubiese sido imposible evitar que tras su derrocamiento se estableciese un régimen burgués capitalista; y era por consiguiente igualmente obvio que el partido bolchevique podía acceder a tener contactos con otras agrupaciones políticas, contactos que se habían vuelto necesarios en la lucha contra el zarismo. Entre febrero y octubre de 1917, el partido bolchevique reencontró las condiciones objetivas favorables para un esquema más vasto: el de injertar sobre el abatimiento del zarismo la ulterior conquista revolucionaria proletaria. En consecuencia, hizo más rígidas sus posiciones tácticas, asumiendo posiciones de lucha abierta y despiadada contra todas las demás formaciones políticas, desde los reaccionarios defensores de un retorno zarista y feudal, a los socialistas revolucionarios y a los mencheviques. Pero el hecho de que pudiera temerse un efectivo retorno reaccionario del feudalismo absolutista y teocrático, y el hecho de que las formaciones estatales y políticas de la burguesía o influenciadas por ella, en esa situación extremadamente fluida e inestable, no tuviesen aún ninguna solidez y capacidad de atracción y absorbencia de la fuerzas autónomas proletarias, pusieron al partido bolchevique en condiciones de poder aceptar contacto y acuerdos provisionales con otras organizaciones que tuviesen un seguimiento obrero, como acaeció en el episodio de Kornilov.
    El partido bolchevique, realizando el frente único contra Kornilov, luchaba en realidad contra un efectivo retorno reaccionario feudal y, además, no tenía que temer una mayor solidez de las organizaciones mencheviques y socialistas revolucionarias, que hiciese posible la influencia de éstas, ni un grado de solidez y de consistencia del poder estatal que le consintiese a este último obtener una ventaja de la alianza contingente con los bolcheviques para después volverse contra ellos.
    La situación y las relaciones de fuerza en los países con una avanzada civilización burguesa eran completamente distintas. En estos países no se planteaba ya (y con mayor razón no se plantea hoy) la perspectiva de un retorno reaccionario del feudalismo, y por tanto quedaba excluido totalmente el objetivo de eventuales acciones comunes con otros partidos. Además, en estos países el poder estatal y los agrupamientos burgueses estaban tan consolidados en el éxito y en la tradición del dominio, que se debía prever bien que las organizaciones autónomas del proletariado, empujadas a contactos frecuentes y estrechos con la táctica del frente único, habrían estado expuestas a una casi inevitable influencia y absorción por parte de ellos.
    El haber ignorado esta profunda diferencia de situaciones, y el haber querido aplicar en los países avanzados los métodos tácticos bolcheviques, adaptados a la situación del naciente régimen burgués en Rusia, ha llevado a la Internacional Comunista a una serie siempre creciente de desastres, y finalmente a su ignominiosa liquidación.
    La táctica del frente único fue llevada hasta el punto de dar consignas distintas de las programáticas del partido sobre el problema del Estado, sosteniendo la petición y la actuación de gobiernos obreros, y por lo tanto de gobiernos formados por representaciones mixtas comunistas y socialdemócratas, las cuales llegaron al poder a través de las vías parlamentarias normales sin romper violentamente el aparato estatal burgués. Esta consigna del Gobierno Obrero fue presentada en el V Congreso de la Internacional Comunista como corolario lógico y natural de la táctica del frente único; y se aplicó en Alemania obteniendo como resultado una severa derrota del proletariado alemán y de su partido comunista.

125 - Tesis características (Tesis de Florencia) - 1951
    III, 6 - La III Internacional surge sobre la base del doble dato histórico de la lucha contra la socialdemocracia y contra el socialpatriotismo.
    No solo en toda la Internacional proletaria no se hacen alianzas con otros partidos para la gestión del poder parlamentario, sino que, además, se niega que el poder pueda conquistarse por vías legales, incluso de manera "intransigente" y solo por el partido proletario, y se remacha, sobre las ruinas del periodo pacífico del capitalismo, la necesidad de la violencia armada y de la dictadura.
    No solo no se hacen alianzas con los gobiernos en guerra, ni siquiera "de defensa", y se mantiene, incluso en la guerra, una oposición de clase, sino que además, se intenta en todos los países la acción derrotista en la retaguardia para transformar la guerra imperialista de los Estados en guerra civil de las clases.
    7 - La reacción a la primera oleada de oportunismo había sido la fórmula: ninguna alianza electoral, parlamentaria y ministerial para obtener reformas.
    La reacción a la segunda oleada fue la otra fórmula táctica: ninguna alianza de guerra (desde 1871) con el Estado y la burguesía.
    La tardía eficacia de las reacciones impidió que se aprovechase del viraje y hundimiento de 1914-18 para entablar en todas partes victoriosamente la lucha por el derrotismo de guerra y por la destrucción del Estado burgués.
    8 - La única y grandiosa excepción histórica es la victoria de Octubre de 1917 en Rusia. Rusia era el único gran Estado europeo regido aún por un poder feudal, y con escasa penetración de las formas capitalistas de producción. En Rusia existía un partido no numeroso, pero tradicionalmente firme sobre la justa línea de la doctrina marxista, que se opuso en la Internacional a las dos oleadas oportunistas y, al mismo tiempo, estuvo a la altura de plantear, desde las pruebas grandiosas de 1905, los problemas de la inserción de dos revoluciones: la burguesa y la proletaria.
    Este partido lucha en febrero de 1917 con los otros contra el zarismo e, inmediatamente después, no solo contra los partidos burgueses liberales, sino contra los partidos proletarios oportunistas, y consigue derrotarlos a todos. Él desempeña además el papel central en la reconstitución de la Internacional revolucionaria.
    11 - Tan pronto quedó claro que la sociedad burguesa se consolidaba después de la grave conmoción de la primera guerra mundial, y que los partidos comunistas no lograban la victoria a no ser en tentativas rápidamente reprimidas, la misma evidencia de la imperiosa necesidad de acelerar la conquista del poder en Europa para evitar que se tuviese en el curso de pocos años o la caída violenta del Estado soviético o su degeneración en Estado capitalista, llevó a preguntarse qué maniobra adoptar para conjurar el hecho de que considerables estratos proletarios siguiesen aún bajo las influencias socialdemócratas y oportunistas.
    Dos métodos se contrapusieron: el de considerar a los partidos de la Segunda Internacional, que realizaban abiertamente una campaña despiadada tanto contra el programa comunista como contra la Rusia revolucionaria, como enemigos declarados, luchando contra ellos como parte integrante del frente burgués de clase, y como la más peligrosa; y el de recurrir a expedientes capaces de desplazar en beneficio del partido comunista la influencia de los partidos socialdemócratas sobre las masas, por medio de "maniobras" estratégico-tácticas.
    12 - Para avalorar este último método se utilizaron erróneamente las experiencias de la política bolchevique en Rusia, saliéndose de la justa línea histórica. Las proposiciones de alianzas a otros partidos, pequeñoburgueses y hasta burgueses, estaban fundadas en la situación en la cual el poder zarista ponía a todos aquellos movimientos fuera de la ley y los forzaba a luchar insurreccionalmente. En Europa no era posible proponer acciones comunes, aunque fuese con propósito de maniobra, más que en el plano legalitario, ya fuese parlamentario o sindical. En Rusia, la experiencia de un parlamentarismo liberal había sido brevísima en 1905 y en los pocos meses de 1917, como asimismo la de un sindicalismo admitido por la ley; en el resto de Europa, medio siglo de degeneración había hecho de estos campos el terreno propicio para el adormecimiento de toda energía revolucionaria y para el avasallamiento de los jefes proletarios a la burguesía. La garantía consistente en la firmeza de organización y de principio del partido bolchevique era una cosa diversa de la garantía dada por la existencia del poder estatal proletario en Rusia, que, debido a las propias condiciones sociales y a las relaciones internacionales, era el más expuesto, como la historia lo demostró, a ser arrastrado a la renuncia de los principios y de las directivas revolucionarias...
    14 - La experiencia del método táctico seguido por la Internacional de 1921 a 1926 fue negativa, y a pesar de ello, en cada congreso (III, IV, V y Ejecutivo Ampliado de 1926), se dieron versiones cada vez más oportunistas del mismo. El método se basaba en la regla: cambiar la táctica según el examen de las situaciones. Cada seis meses se descubrían con pretendidos análisis nuevas etapas del curso del capitalismo, pretendiendo remediarlas recurriendo a nuevas maniobras. En el fondo, en esto reside el revisionismo, quien siempre ha sido "voluntarista", o sea, cuando ha constatado que las previsiones sobre el advenimiento del socialismo no se habían verificado aún, ha pensado en forzar la historia con una nueva praxis, pero con ello ha cesado también de luchar por el propio objetivo proletario y socialista de nuestro programa máximo. La situación excluye en adelante la posibilidad de insurrección, dijeron los reformistas en 1900; es nihilismo esperar lo imposible: trabajemos para las posibilidades concretas, elecciones y reformas legales, conquistas sindicales. Cuando tal método falló, el voluntarismo de los sindicalistas reaccionó, imputando la culpa al método político y al partido político, y preconizó el esfuerzo de audaces minorías en la huelga general conducida exclusivamente por los sindicatos para obtener un cambio radical. De un modo no diverso, cuando se vio que el proletariado occidental no se lanzaba a la lucha por la dictadura, se quiso recurrir a sucedáneos para remediar la situación. Sucedió que, pasado el momento de desequilibrio de las fuerzas capitalistas, la situación objetiva y la relación de fuerzas no cambiaron, mientras que el movimiento fue debilitándose y después corrompiéndose tal como había sucedido con los apresurados revisionistas de derecha y de izquierda del marxismo revolucionario que habían terminado al servicio de la burguesía en las uniones de guerra. Fue saboteada la preparación teórica y la restauración de los principios cuando se indujo a la confusión entre el programa de la conquista del poder total para el proletariado y el advenimiento de gobiernos "afines" mediante el apoyo y la participación parlamentaria y ministerial de los comunistas: en Turingia y Sajonia tal experiencia terminó en una farsa, bastando dos policías para despachar al jefe comunista del gobierno.
    15 - No fue menor la confusión acarreada en la organización interna, y se comprometió el resultado del difícil trabajo de selección de los elementos revolucionarios y de su separación de los oportunistas en los diversos partidos y países. Se creyó conseguir nuevos efectivos, fácilmente maniobrables por el centro, arrancando en bloque las alas izquierdas a los partidos socialdemócratas. Por el contrario, pasado un primer periodo de formación de la nueva Internacional, ésta debía funcionar de manera estable como partido mundial, y los nuevos prosélitos adherirse individualmente a sus secciones nacionales. Se quisieron ganar fuertes grupos de trabajadores, pero en lugar de esto se pactó con los jefes, desordenando todos los cuadros del movimiento, descomponiéndolos y recomponiéndolos mediante combinaciones de personas en periodos de lucha activa. Se reconocieron como comunistas a fracciones y a células en el seno de partidos socialistas y oportunistas, y se practicaron fusiones organizativas: casi todos los partidos, en vez de tornarse aptos para la lucha, fueron así mantenidos en un estado de crisis permanente, actuaron sin continuidad y sin límites definidos entre amigos y enemigos, y registraron continuos fracasos en las diversas naciones. La Izquierda reivindica la unicidad y la continuidad organizativa.

126 - Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable - 1965
    14 -...A falta incluso de este riesgo histórico de salvar si no la revolución al menos el nervio de su partido histórico, hoy se ha vuelto a comenzar en una situación objetiva turbia y sorda, en medio de un proletariado infectado de democratismo pequeño burgués hasta la médula; pero el naciente organismo, utilizando toda la tradición doctrinal y de praxis remachada por la verificación histórica de tempestivas previsiones, la aplica también a su acción cotidiana persiguiendo la reanudación de un contacto cada vez más amplio con las masas explotadas, y elimina de la propia estructura uno de los errores de partida de la Internacional de Moscú, liquidando la tesis del centralismo democrático y la aplicación de toda máquina de voto, como ha eliminado de la ideología hasta del último adherente toda concesión a encaminamientos democratoides, pacifistas, autonomistas y libertarios.

127 - Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido comunista mundial, según las posiciones que desde hace más de medio siglo forman el patrimonio histórico de la Izquierda comunista-julio 1965 (Tesis de Nápoles)
    3. Por lo que respecta al periodo sucesivo de vida de la nueva Internacional forma patrimonio inolvidable de la Izquierda Comunista la justa diagnosis teórica y previsión histórica de nuevos peligros oportunistas que se delineaban en el proceso de vida de los primeros años de la nueva Internacional. Tal punto está desarrollado, para evitar teoricismos pesados con método histórico. Las primeras manifestaciones denunciadas y opuestas por la izquierda se verificaron en la táctica a propósito de las relaciones a establecer con los viejos partidos socialistas de la II Internacional, de los que los comunistas se habían dividido organizativamente con las escisiones, y consecuentemente aún con medidas equivocadas en materia de estructura organizativa. El III Congreso había constatado justamente que no era suficiente (ya en 1921 se podía prever que la gran oleada revolucionaria, que siguió a la finalización de la guerra en 1918 se iba enfriando y que el capitalismo habría intentado contraofensivas ya sea en el campo económico como en el político, haber formado partidos comunistas estrechamente empeñados con el programa de la acción violenta, de la dictadura proletaria y el Estado comunista, si una amplia parte de las masas proletarias, permanecía accesible a las influencias de los partidos oportunistas, por todos nosotros considerados entonces como los peores instrumentos de la contrarrevolución burguesa y que tenían las manos manchadas de sangre de Carlos y de Rosa. No obstante, la Izquierda Comunista no aceptó la fórmula de que fuese condición indispensable para la acción revolucionaria (condenable como iniciativa blanquista de pequeños partidos) la conquista de la "mayoría" del proletariado (por otro lado no se supo jamás si se trataba del verdadero proletariado asalariado o del "pueblo", incluyendo campesinos propietarios y microcapitalistas, artesanos y cualquier otro pequeño burgués). Tal fórmula de la mayoría con su sabor democrático despertaba una primera alarma, desdichadamente verificada por la historia, que el oportunismo pudiese renacer introducido bajo la acostumbrada bandera del homenaje a los conceptos mortíferos de democracia y de recuento electoral.
    Desde el IV Congreso, finales de 1922, en adelante, la previsión pesimista y la vigorosa lucha de la izquierda prosiguen denunciando las táctica peligrosas (frente único entre partidos comunistas y socialistas, consigna del "gobierno obrero") y los errores organizativos (por los cuales se querían ampliar los partidos no solo con la llegada de proletarios que abandonasen a los otros partidos con programa, acción y estructura socialdemócrata, sino confusiones que aceptasen partidos enteros y porciones de partidos junto a pactos con sus estados mayores, e incluso con la admisión como secciones nacionales del Comintern a los pretendidos partidos "simpatizantes" lo que era claro error en el sentido federalista. En una tercera dirección, la Izquierda denuncia desde entonces y cada vez más vigorosamente, en los años sucesivos la ampliación del peligro oportunista: este tercer argumento es el método de trabajo interno de la Internacional, con el que el centro representado por el Comité Ejecutivo de Moscú usa con los partidos, o ya sea con partes de partidos que han incurrido en errores políticos, métodos no solo de "terror ideológico", sino sobre todo de presión organizativa, lo que constituye una equivocada aplicación y poco a poco una falsificación total de los justos principios de la centralización y de la disciplina sin excepciones...
    10 - Volviendo a la historia de los primeros años de la Internacional Comunista, recordaremos que los dirigentes rusos de ésta, los que tenían detrás de sí lo un conocimiento profundo de la doctrina y de la historia marxista, sino también el resultado grandioso de la victoria revolucionaria de Octubre, concebían tesis como las de Lenin como material que debiese ser aceptado por todos, aun reconociendo que en la vida del partido Internacional se habría desarrollado una elaboración ulterior. Ellos requirieron que no se votase nunca porque todo iba aceptado con adhesión unánime y espontáneamente confirmada por toda la periferia de la organización, que en aquellos años gloriosos vivía una atmósfera de entusiasmo e incluso de triunfo.
    La Izquierda no disentía de estas generosas aspiraciones, pero consideró que, para alcanzar los desarrollos que todos soñábamos, habría sido necesario hacer más rigurosas y rígidas ciertas medidas de organización y de constitución del Partido Comunista único, y precisar en el mismo sentido todas las normas de su táctica.
    Cuando se delineó que un cierto relajamiento en estos terrenos vitales, denunciados por nosotros ante el mismo gran Lenin, comenzaba a producir efectos dañosos, fuimos obligados a contraponer relaciones a relaciones y tesis a tesis.
    A diferencia de otros grupos de oposición, de los mismos que se formaban en Rusia y de la misma corriente trotskista, nosotros evitamos siempre con cuidado dar a nuestro trabajo interno en la Internacional la forma de una reivindicación de consultas democráticas y electivas por toda la base, o de reclamar elecciones generales de los comités directivos...
    En los primerísimos años la Izquierda esperó que las concesiones organizativas y tácticas hallasen explicación en la fecundidad del momento histórico y tuviesen valor solo temporal, en cuanto la perspectiva de Lenin esperaba grandes revoluciones en Europa Central y quizás Occidental, y después de estas la línea habría retornado a aquella integral y luminosa en consonancia con los principios vitales; pero poco a poco esta esperanza era sustituida cada vez más por la certeza de que se habría ido hacia la ruina oportunista, – que no podía dejar de tomar sus formas clásicas de una perspectiva magnificadora y de una exaltación de la intriga democrática y electoral – más que nunca la Izquierda condujo su defensa histórica sin menoscabar la propia desconfianza contra el mecanismo democrático.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


CAP. 4 - CENTRALISMO DEMOCRÁTICO Y CENTRALISMO ORGÁNICO
 

Las citas que hemos expuesto demuestran la evidencia de que la diferencia entre centralismo democrático y centralismo orgánico es todo lo contrario que "terminológica". Hoy se suele afirmar que en el partido «el centralismo democrático y el centralismo orgánico son la misma cosa», que nosotros «proponíamos llamar orgánico al centralismo para mayor precisión de términos», que, en el fondo, todo se reduce a la reivindicación del «centralismo sin adjetivos». El centralismo orgánico significaría solamente que tenemos necesidad, dado que estamos en el ambiente del capitalismo putrefacto, de un centralismo aún más rígido del que tuvo el partido bolchevique. Y la necesidad de un centralismo "más rígido" habría dictado nuestra posición sobre la eliminación de los mecanismos democráticos de consultas internas. En síntesis, las cosas estarían de este modo: centralismo democrático significa un centralismo menos completo, porque viene cuestionado por las necesidades de la consulta periódica de la base; centralismo orgánico significaría "centralismo absoluto" en cuanto que ya no se consulta a nadie, y todas las decisiones sin discusión quedan en manos del centro dirigente con poderes absolutos. En definitiva: centralismo democrático – mecanismos democráticos = centralismo orgánico. Quedaría por explicar por qué los partidos de la II Internacional utilizaron mecanismos de democracia interna, mientras que nosotros podemos hacer la sustracción de más arriba. Es evidente que la razón debe residir en una dinámica distinta, como el modo de moverse, de vivir, de desarrollarse de los partidos de la II Internacional respecto al nuestro y a la misma III Internacional; por lo que mientras los bolcheviques, supongamos de 1903 o de 1905, estaban obligados a teorizar la fórmula "centralismo democrático" y a adoptar en la organización mecanismos de democracia electiva, nosotros podemos decir hoy que en nuestro partido se queda fuera para siempre, después de haber augurado que se quedase fuera también en la Internacional Comunista.

Una primera distinción bien plasmada en todas nuestras tesis se impone: aquella entre "valor de principio" a dar a los mecanismos de democracia y utilización necesaria por parte del partido en una determinada época histórica. Lenin, lo hemos remachado siempre, no le ha atribuido nunca ningún valor de principio a la democracia dentro o fuera del partido; aún más, cada vez que ha sido posible o necesario no ha dudado en hollarla y en violarla, pero ha estado obligado a utilizarla con todo su instrumental estatutario, formalista, burocrático, como "mecanismo accidental" para la construcción de la organización de partido. Nosotros, no solo no le hemos atribuido nunca ningún valor de principio, sino que también la hemos eliminado para siempre con todo su cortejo en cuanto instrumento útil para la construcción organizativa. En 1920 proponíamos que no se dijese que era nuestro principio el "centralismo democrático", porque la democracia no puede ser un principio para nosotros, mientras que el centralismo sin duda lo es.

La fórmula habría debido ser: centralismo que también puede utilizar como mecanismo útil prácticamente el mecanismo democrático. En 1965 hemos definido que no solo no queremos el principio de democracia, sino que no consideramos útiles ni siquiera sus mecanismos y los rechazamos para siempre. No se trata por tanto de contraponer un centralismo más rigido a un centralismo menos rígido para llegar a la aberrante conclusión de que, orgánico o no, estamos por el centralismo cualquiera que sea. El centralismo democrático, en efecto, no era de hecho un centralismo menos rígido, sino una centralización de la acción del partido obtenida a través de la utilización del mecanismo democrático; el centralismo orgánico no es un centralismo "más rígido", sino la centralización obtenida dejando al margen el mecanismo democrático. Ahora bien, no solo en a de todas nuestras tesis, sino también de Lenin ("¿Qué Hacer?", "Un paso adelante y dos pasos atrás", etc), cuando hablamos de mecanismos democráticos debemos entender no solo la consulta periódica de la base, sino también todo el conjunto de instrumentos conexo: congresos deliberantes y soberanos, estatutos, códigos, aparatos burocráticos, expulsiones, represión con carácter legal como método de vida del partido, selección o elección de compañeros particulares, etc.

Que burocratismo y democracia no sean términos antitéticos, sino íntima y dialécticamente conexos, está escrito en grandes caracteres en todas nuestras tesis. Por tanto, si hemos eliminado la democracia de la organización, quiere decir que hemos eliminado también el burocratismo. Si se mantuviese el burocratismo, antes o después debería retornar también la democracia interna.

La praxis del centralismo democrático era adecuada y necesaria para los partidos de la II Internacional en cuanto que ellos se movían efectivamente sobre una base no perfectamente homogénea a través del choque de corrientes y fracciones contrapuestas por divergencias no ocasionales y momentáneas sobre la táctica y a menudo también sobre el programa. Se trataba de corrientes distintas, expresión de distintos intereses de clase que confluían en la organización del partido estando de acuerdo sobre algunos puntos generales y comunes, pero en divergencia, sin posibilidad de conciliación, sobre otros. A principios de siglo era evidente para Lenin y para todos los revolucionarios que los revisionistas y los mencheviques expresaban la influencia de las aristocracias obreras y de la pequeña burguesía reformista dentro del partido proletario. El partido se encontraba así siendo el producto de la convergencia de distintos estratos sociales y por eso, de distintas tácticas, aun si todas reconocían un fin común. La organización de partido resultaba así dividida en corrientes divergentes no ocasionalmente, sino fisiológicamente, como regla común. La lucha política interna es pues para estos partidos una norma de vida, más aún, la norma de vida. Mencheviques y bolcheviques luchan por la conquista de la dirección del partido en cuanto que se contraponen dos líneas tácticas: ala revolucionaria y ala reformista dentro de todos los partidos socialistas y socialdemócratas. Para que la lucha interna no se transforme en inmovilización de la acción práctica del partido, debe ser regulada por un mecanismo legal aceptado y reconocido por todos, debe establecer los deberes y los derechos de la "mayoría" y de la "minoría". Dado que la unicidad de movimiento práctico es siempre la consecuencia de una unicidad de táctica y ya que las líneas tácticas en el partido, al menos, son siempre dos, el único modo de conseguir que se mueva el partido con un enfoque práctico único se deriva que es el de prevalecer una línea sobre otra a través de la convocatoria de congresos democráticos que son "escenarios de lucha" para la victoria de una corriente sobre otra. La jerarquía que sale de estos congresos, en los que se forma una "mayoría" y una "minoría" debe tener un carácter necesariamente burocrático, porque representa no al partido en su conjunto, sino la victoria de una parte del partido sobre la otra parte.

El centro del partido no puede referirse para obtener el respeto de sus órdenes, a un patrimonio de normas tácticas común a todo el partido, público y aceptado por todos los militantes, sino que debe referirse necesariamente a las deliberaciones que tienen valor legal en cuanto que expresan el parecer de la mayoría, debe referirse a los estatutos, a las deliberaciones congresuales, etc. A través de las deliberaciones democráticas de los congresos se va creando una jerarquía burocrática que deriva su poder de las deliberaciones del congreso y de los estatutos que nadie puede violar bajo pena de sanciones, hasta la expulsión del partido. Los hombres que dirigen el partido y los puestos en las diversas funciones son elegidos por el congreso, que decide no en nombre de la capacidad o incapacidad del individuo para desarrollar la función, sino en nombre de su pertenencia a una determinada línea política. Y por consiguiente deben ser conocidos y denominados con nombre y apellidos, deben en un cierto modo llevar una señal especial. Todos los militantes que pertenezcan al ala victoriosa o a la derrotada en el congreso deben reconocerle absoluta disciplina a las órdenes de aquel determinado hombre con aquella determinada señal.

La Internacional Comunista, nacida sobre la base homogénea de la doctrina y del programa marxista, sobre la base de principios unitarios y claramente enunciados, sobre la base de finalidades únicas, ya no habría tenido necesidad de esta praxis y de estos mecanismos en la medida en que hubiese procedido en el sentido de la delimitación de los medios tácticos y con continuidad en las medidas de organización. La Internacional comenzó a desmontar esta práctica y a sustituirla con una "orgánica" en muchos sectores, como está explicado claramente en nuestros "Apuntes para las tesis". No pudo desmontarla completamente, porque los partidos comunistas se habían formado y se iban formando sobre bases no totalmente homogéneas, porque no se llegó nunca a la configuración de una táctica única para toda la Internacional y se admitieron las "particularidades nacionales" y las fusiones organizativas. El proceso de formación estaba influenciado por la perspectiva de los bolcheviques de una revolución europea a corto plazo, para cuya dirección también se requería una organización no del todo homogénea, pero capaz de guiar al proletariado en el asalto. La Izquierda, mientras se plegaba a esta perspectiva considerada válida por todos, pidió que no se hiciese un principio de la praxis democrática que restaba en los partidos y en la Internacional, sino que se dijese que se trataba solamente de un "mecanismo accidental", mientras que la construcción real del partido tenía lugar a través de un método orgánico apoyado en la conquista de una homogeneidad cada vez mayor en el campo táctico y organizativo. Si la Internacional hubiese caminado sobre esta vía, el reflejo en el campo organizativo habría sido incluso la eliminación de lo que quedaba de la mecánica democrática y burocrática interna.

Por consiguiente, el partido resurgido en la segunda posguerra no ha hecho más que sacar las conclusiones de un proceso que se había iniciado en 1919, y que el hundimiento de la Internacional había interrumpido e invertido. En el partido comunista mundial, fundado en una teoría única, reconocida, válida e invariable para todos, sobre principios y finalidades únicas, sobre un programa único y sobre un conjunto de normas tácticas deducidas de los principios y hechas patrimonio de todos los militantes; en el partido comunista que rechaza la praxis de las fusiones, del noyautage en otros partidos, de las "excepciones nacionales y locales", pero que admite solo y exclusivamente adhesiones individuales, ya no hay lugar ni para la democracia ni para la burocracia, ni hay ya lugar para las "elecciones sobre nombres de compañeros o sobre tesis generales"; ya no hay lugar para la lucha de las corrientes y de las fracciones, es decir para la lucha política interna.

La garantía de la obediencia a las órdenes del centro por parte de la base ya no viene dada por la observancia de los artículos de un estatuto o de un código, sino de la adhesión de las órdenes al patrimonio común del partido. La jerarquía del partido ya no tiene necesidad ni de ser elegida por la base, ni de ser nombrada desde arriba, porque el único criterio de selección que queda es el de la capacidad para el desarrollo de las distintas funciones del órgano partido. Que en el centro se encuentre un individuo mejor que otro no puede cambiar nada en el rumbo político del partido, ni en su táctica; puede cambiar la mayor o menor eficiencia central, pero la designación de los militantes mejor preparados para las distintas funciones se convierte en un hecho "natural y espontáneo" que no tiene necesidad de ninguna sanción especial. La jerarquía del partido deviene así una jerarquía no política, sino orgánica. El partido se articula en diversos órganos y funciones que requieren hombres físicos para su desarrollo; a estos hombres ya no se les pregunta: ¿sois bolcheviques o mencheviques? ¿Pertenecéis al ala derecha o al ala izquierda del partido? Solo se les pregunta si están en condiciones de realizar la tarea para la que el partido les llama, tanto si es la más alta o la más baja de la escala jerárquica. Y, por tanto, ya no es determinante saber quien es el individuo que da las órdenes, sino que se requiere que las órdenes estén en la línea de la tradición a todo el partido, que no se destaquen de ella, y que sean tempestivas y adecuadas. Es decir, se requiere que la función "centro" sea realizada en el mejor modo sobre la línea del partido por quien la ejerce. Y la vida interna del partido no se manifiesta ya en una lucha constante entre corrientes divergentes; lucha política, o sea lucha por conquistar el poder central en la organización, con el objetivo de imponerle a ésta una determinada línea táctica. Admitido que sobre la doctrina no se discute, que sobre las líneas dorsales del plan táctico no se discute, las relaciones internas se configuran como trabajo solidario y común de todos los miembros del partido, entendido en cómo indagar, sobre la base del patrimonio común a todos, las soluciones más idóneas de los distintos problemas.

Se deben esculpir cada vez mejor los fundamentos teóricos del movimiento, se deben esculpir sus líneas tácticas, se deben resolver a la luz de los principios comunes, de la táctica común y del examen de las situaciones en que el partido se encuentra actuando, los complejos problemas de la acción práctica, la búsqueda de los instrumentos organizativos más eficientes para coordinar toda la acción del partido; se debe trabajar para adquirir todo el patrimonio teórico y práctico del movimiento y para transmitirlo a las nuevas generaciones de militantes. Pero todo esto no acaece a través de choques y congresos o consultas de opiniones; tiene lugar a través de la indagación racional y científica de las soluciones, teniendo por base que cualquiera que sean esas soluciones, no deben desbordar los límites que el partido se ha trazado a sí mismo en todos los campos.

Sobre esta base también los errores que un órgano cualquiera del partido puede cometer, comprendido el órgano "centro", al dar solución a un determinado problema, no conlleva la condena de hombres o su sustitución, sino la indagación de las causas reales del error a la luz de nuestra doctrina y de nuestras normas tácticas. Es verdad que a un mismo problema táctico se le puede dar más de una respuesta. En este caso puede verificarse la división momentánea y localizada en aquel problema de grupos de militantes. Pero también en este caso no se crea una situación de lucha política, porque la exigencia fundamental será siempre que, cualquiera de las dos soluciones que sea adoptada, no esté en contraste con los principios y con las líneas tácticas dorsales fijadas por el partido. El hecho de que el partido adopte para algún problema la solución más idónea y no la peor le es confiado no a la consulta de las mayorías, ni a una pretendida infalibilidad de los órganos centrales o de la persona de los jefes, sino al desarrollo y a la profundización del trabajo del partido y por eso de su experiencia en todos los campos de la teoría como de la acción práctica.

La homogeneidad teórica, programática y táctica del partido no es por cierto un dato asegurado de una vez para siempre; es una cosa que se mantiene y se defiende en todo acto del partido y en todas partes. Si en un determinado momento la acción del partido viene a contradecir a este patrimonio homogéneo, y esto puede acaecer por el peso de situaciones externas desfavorables o por una escasa adecuación del partido para el desarrollo de las tareas que la situación le impone, el reflejo en el campo organizativo será necesariamente la creación de disensiones internas, de corrientes e incluso de fracciones. Este estado de malestar en la organización, es nuestra tesis clásica, debe indicar que «algo no marcha en el trabajo y en la conducción general del partido», «que algo se ha hecho de modo equivocado o inadecuado en la actividad del partido, en las bases sobre las cuales el partido mismo se apoya»; y el remedio debe encontrarse no en la represión "burocrática" de la disensión, ni invocando "la disciplina por la disciplina", cosa que representa una solución momentánea y parcial del problema, sino en la precisión de los pilares fundamentales del partido, en la indagación objetiva y en la reproposición a toda la organización de aquellos puntos nodales de teoría y de praxis que deben dictar la acción del partido. Se deberá investigar la línea de continuidad que liga el pasado del partido a su presente y a su futuro, adecuando a esta línea las directrices de acción, llamando a los militantes a disciplinarse sobre esta base.

Es evidente la objeción del pequeño burgués: ¿quién impedirá que los individuos hagan lo que les parezca, que desobedezcan porque en cada individuo, incluso militante del partido, existe el germen del individualismo, de la autoexaltación, del anarquismo, etc? ¿quién impedirá que los individuos promuevan problemas solo por el gusto de promoverlos o de criticar? La Izquierda ya ha respondido hace 50 años a objeciones de este género y la respuesta suena así: en un organismo, como el partido, que se forma sobre la base de adhesiones voluntarias en una trinchera común de combate y de sacrificio, estas manifestaciones individuales deben seguir siendo raras excepciones y en cuanto tales se pueden también reprimir burocráticamente; pero si estas manifestaciones se multiplican y crecen en lugar de reducirse y tender a desaparecer, quiere decir que algo no marcha en la compleja actividad del partido y en su conducción central; aunque no fuese más que por el hecho de que en lugar de atraer individuos sanos y dispuestos a renunciar a los propios pruritos individuales, comienza a atraerse a charlatanes y marrulleros. Y también esto se resuelve no solo cazando a los charlatanes, sino precisamente buscando las causas por las que el órgano partido les atrae y el remedio está en hacer tan cortante y neta la fisonomía del partido, en todas sus manifestaciones teóricas y prácticas como para desanimar cualquier adhesión que no sea la de quien está dispuesto a convertirse en un verdadero militante de la revolución.

La solución no está nunca, para la Izquierda en intensificar los retículos burocráticos y las represiones organizativas, de las cuales como siempre hemos dicho, podemos prescindir muy bien lo mismo que podemos prescindir del recuento de cabezas individuales.
 


CITAS



128 - El principio democrático - 1922
   ...El criterio democrático es hasta el presente un accidente material para la construcción de nuestra organización interna y para la formulación de los estatutos del partido: no es la plataforma indispensable. He aquí por qué nosotros no erigiremos en principio la conocida fórmula organizativa del "centralismo democrático". La democracia no puede ser para nosotros un principio, mientras que, indudablemente, el centralismo lo es, porque las características esenciales de la organización del partido deben ser la unidad de estructura y de movimiento. El término centralismo basta para expresar la continuidad de la estructura del partido en el espacio; y para introducir el concepto esencial de la continuidad en el tiempo, es decir, en el objetivo al cual se tiende y en la dirección en la cual se avanza hacia los sucesivos obstáculos que deben ser superados, es más, ligando estos dos conceptos esenciales de unidad, nosotros propondríamos decir que el partido comunista funda su organización sobre el centralismo orgánico, a la vez que se guarda del accidental mecanismo democrático esa parte que podrá servirnos, eliminaremos el uso del término "democracia" tan querido por los peores demagogos e impregnado de ironía para todos los explotados, los oprimidos, y los engañados, regalándolo, como es aconsejable, para su uso exclusivo, a los burgueses y a los campeones del liberalismo, incluso cuando éste lleva el disfraz de cualquiera de sus poses extremistas.

129 - Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) - 1922
    3 - A la precisa definición de la conciencia teórico-crítica del movimiento comunista, contenida en las declaraciones programáticas de los partidos y de la Internacional Comunista, como a la organización de los primeros y de la segunda, se ha llegado y se llega a través del examen y del estudio de la historia de la sociedad humana, y de su estructura en la presente época capitalista, desarrollados con los datos, las experiencias de la lucha proletaria real, y en la activa participación en la misma.
    4 - La proclamación de estas declaraciones programáticas, como también la designación de los hombres a los cuales se les confían los diferentes puestos de la organización del partido, resultan formalmente de una consulta democrática de congresos representativos del partido, pero en realidad deben ser vistas como un resultado del proceso real que, al acumular los elementos de la experiencia y al realizar la preparación y la selección de los dirigentes, da forma al contenido programático y a la constitución jerírquica del partido.

130 - Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) - 1926
    II, 5...Los partidos comunistas deben realizar un centralismo orgánico que, con el máximo compatible de consultas a la base, asegure la eliminación espontánea de toda agrupación que tienda a diferenciarse. Esto no se obtiene con prescripciones jerárquicas formales y mecánicas; sino, tal como lo dice Lenin, con la justa política revolucionaria.

131 - Apuntes para las tesis sobre la cuestión de la organización - 1964
    2 - La fórmula citada más arriba aparece en el punto 14 de las tesis de Zinoviev, y está formulada así: «El Partido Comunista debe estar basado en una centralización democrática. La constitución por medio de elecciones de Comités secundarios, la sumisión obligatoria de todos los comités al comité que está por encima de ellos, y la existencia de un Centro provisto de plenos poderes, cuya autoridad no puede ser cuestionada en el intervalo entre Congresos del Partido, por nadie; tales son los principios esenciales de la centralización democrática».
    Estas tesis no entran en mayores detalles y, por cuanto se refiere al concepto de subordinación de la periferia al Centro, la Izquierda no tenía motivos para no aceptarlas. La duda surgió sobre la forma de designación de los Comités desde la periferia al Centro y sobre el empleo del mecanismo electoral por recuento de votos, a los que hace una referencia evidente el adjetivo democrático opuesto al sustantivo centralismo...
    12 - Cuando la Izquierda comunista desarrolló mayormente su crítica a las desviaciones de la Tercera Internacional sobre los problemas de la táctica, también hizo una crítica de los criterios de organización, y el seguimiento de los hechos históricos ha demostrado que aquellas desviaciones han conducido fatalmente al abandono de posiciones básicas programáticas y teóricas...
    Nuestra fórmula centralismo orgánico quería decir precisamente que no solo el partido es un órgano particular de la clase, sino aún más, que solo cuando ese órgano existe la clase actúa como organismo histórico y no solo como una sección estadística que todo burgués está dispuesto a reconocer. Marx, en la reconstrucción históricamente fundamental e irrevocable de Lenin, no solo dice no haber descubierto las clases, sino ni siquiera la lucha entre las clases, e indica como connotación inconfundible de su original teoría la dictadura del proletariado: esto quiere decir precisamente que solo por medio del partido comunista el proletariado podrá llegar a su dictadura. Las dos nociones, pues, de partido y de clase no se contraponen numéricamente porque el partido es pequeño y la clase es grande, sino histórica y orgánicamente; porque solo cuando en el campo de la clase se ha formado el órgano energético que es el partido, la clase llega a ser tal y se prepara para llevar a cabo la tarea que le asigna nuestra doctrina de la historia.
    13 - La sustitución del adjetivo democrático por el de orgánico no está motivada solo por la mayor exactitud de una imagen de tipo biológico respecto a la descolorida imagen de naturaleza aritmética, sino también por la exigencia sólida y de lucha política de liberarse de la noción de democracia, abatiendo la cual habíamos podido reedificar con Lenin la Internacional revolucionaria.
    14 -...Por otra parte, las críticas organizativas de la Izquierda al trabajo de la Internacional siguieron siendo coherentes con la petición de que el concepto de organicidad en la distribución de las funciones en el seno del movimiento no fuese confundido con una reivindicación de libertad de pensamiento y aún menos, con un respeto a la democracia electiva y numérica...
    Estos precedentes históricos confirman por todas partes que el mecanismo de contar los votos es siempre un fraude y un engaño, en la sociedad, en la clase o en el partido; pero la mejor resistencia la ofreció el Partido italiano precisamente en cuanto que su enraizada tradición política repudiaba todo homenaje, incluso mínimo, a las gestas y a los mecanismos de la democracia histórica y del método del recuento de votos.

132 - Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable - 1965
    14 -...La Izquierda trató históricamente sin romper con el principio de la disciplina mundial centralizada, de dar la batalla revolucionaria incluso defensiva manteniendo al proletariado de vanguardia indemne de los pactos fraudulentos con los estratos intermedios, sus partidos y sus ideologías entregadas totalmente a la derrota. A falta incluso de esta posibilidad histórica de salvar, si no la revolución al menos el nervio de su partido histórico, hoy se ha vuelto a comenzar en una situación objetiva torpe y sorda, en medio de un proletariado infectado de democratismo pequeño burgués hasta la médula; pero el naciente organismo, utilizando toda la tradición doctrinal y de praxis remachada por la verificación histórica de tempestivas previsiones, la aplica también a su acción cotidiana persiguiendo la reanudación de un contacto cada vez más amplio con las masas explotadas, y elimina de la propia estructura uno de los errores de partida de la Internacional de Moscú, liquidando la tesis del centralismo democrático y la aplicación de toda máquina de voto, como ha eliminado de la ideología hasta del último adherente toda concesión a encaminamientos democratoides, pacifistas, autonomistas y libertarios.

133 - Tesis sobre la tarea histórica, la acción y la estructura del partido... (Tesis de Nápoles) - 1965
    7 - Tratándose de un traspaso y de una consigna histórica para una generación que había vivido las luchas gloriosas de la primera posguerra y de la escisión de Livorno a la nueva generación proletaria que se trataba de liberar de la loca felicidad de la caída del fascismo para reconducirla a la conciencia de la acción autónoma del partido revolucionario contra todos los otros, y sobre todo contra el partido socialdemócrata, para reconstituir fuerzas consagradas a la perspectiva de la dictadura y del terror proletarios contra la gran burguesía como contra todos sus odiosos instrumentos, el nuevo movimiento encontró por vía orgánica y espontánea una forma estructural de su actividad que ha sido sometida a una prueba de quince años. El partido puso en práctica aspiraciones que eran manifiestas en la Izquierda comunista desde la época de la II Internacional, y sucesivamente durante la lucha histórica contra las primeras manifestaciones de peligros oportunistas en la III. Esta aspiración secular es la lucha contra la democracia y toda influencia de este torpe mito burgués; ella echa las raíces en la crítica marxista, en los textos fundamentales y en los primeros documentos de las organizaciones proletarias desde el Manifiesto de los Comunistas, en adelante.
    Si la historia humana no se explica por la influencia de individuos de excepción que hayan podido sobresalir por fuerza y valor físico o incluso intelectual y moral, si la lucha política es vista de manera falsa y diametralmente opuesta a la nuestra como una elección de tales personalidades de excepción (tanto si se cree que es obra de la divinidad o que está confiada a aristocracias sociales, como – y ésta es la más hostil de las formas para nosotros – si se delega en el mecanismo del "recuento" de votos en los cuales han sido finalmente admitidos todos los elementos sociales); y por el contrario la historia es historia de la lucha entre las clases y se lee y se aplica en las batallas, que ya no son críticas sino violentas y armadas, solo desvelando las relaciones económicas que entre las clases se establecen dentro de las formas de producción; si este teorema fundamental había sido confirmado por la sangre derramada por innumerables combatientes de los que la mistificación democrática había conseguido así que fuesen quebrantados por los esfuerzos generosos, y si el patrimonio de la Izquierda Comunista se había erigido sobre este balance de opresión, de explotación y de traición, la vía a recorrer era solo aquella que en el proceso histórico nos hubiese liberado cada vez más del letal mecanismo democrático, no solo en la sociedad, y en los diversos cuerpos que se organizan en su seno, sino en el seno de la misma clase revolucionaria y sobre todo en el de su partido político. Esta aspiración de la Izquierda, que no se puede reconducir a una intuición milagrosa o a un iluminismo racional de pensadores, sino que se ha urdido en los efectos de una cadena de luchas reales violentas, sangrientas y despiadadas incluso cuando se han cerrado con la derrota de las fuerzas revolucionarias, tiene sus trazos históricos en toda la serie de manifestaciones de la Izquierda, desde cuando luchaba contra los bloques electorales y las influencias de las ideologías masónicas, contra las sugestiones bélicas primero de guerras coloniales y después de la gigantesca primera guerra europea, la cual triunfó sobre las aspiraciones proletarias de desobedecer a los ejércitos y de volver las armas contra quienes les habían obligado a empuñarlas, sobre todo agitando el espectro indecente de conquistas de libertad y de democracia; desde que finalmente en todos los países de Europa y bajo la guía del proletariado revolucionario ruso ella se lanzó a la lucha para abatir al primer y directo enemigo y vasallo que cubría el corazón de la burguesía capitalista contra la derecha socialdemócrata y contra el aún más innoble centro, el cual difamándonos a nosotros como difamaba al bolchevismo, al leninismo y a la dictadura soviética rusa, apoyó todas sus palancas sobre la tentativa de reconstruir de nuevo, el puente-trampa entre la avanzadilla proletaria y los criminales ideales de la democracia. Al mismo tiempo tal aspiración de liberarse de toda influencia incluso de la misma palabra de democracia se halla consagrada en innumerables textos de la Izquierda que al inicio de estas tesis hemos indicado rápidamente.
    13 -...En la concepción del centralismo orgánico la garantía de la selección de sus componentes es la que siempre proclamamos contra los centristas de Moscú. El partido persevera en esculpir los lineamientos de su doctrina, de su acción y de su táctica con una unicidad de métodos por encima del espacio y del tiempo. Todos aquellos que ante estas delineaciones se encuentran incómodos tienen a su disposición la obvia vía de abandonar las filas del partido. Ni siquiera después de haber llevado a cabo la conquista del poder, podemos concebir la inscripción forzada en nuestras filas; es por esto que quedan fuera de las justas acepciones del centralismo orgánico las compresiones terroristas en el campo disciplinario, que no pueden dejar de copiar su mismo vocabulario de abusadas formas constitucionales burguesas, como la facultad del poder ejecutivo de disolver y de recomponer las formaciones electivas, todas estas formas se consideran superadas desde hace mucho tiempo no diremos para el mismo partido proletario sino finalmente para el Estado revolucionario y temporal del proletariado victorioso.

134 - Las tesis vistas por nosotros entonces y hoy - 1965
   ...La tesis decimocuarta define así el centralismo democrático: elección de los comités secundarios por parte de los primarios – subordinación obligatoria de todo comité al superior – centro con plenos poderes, no cuestionables entre congreso y congreso. Señalamos solo que, en la concepción de la Izquierda del centralismo orgánico, los mismos congresos no debían decidir sobre el juicio de la obra del Centro y la elección de hombres, sino sobre cuestiones de enfoque, de modo coherente con la invariante doctrina histórica del partido mundial.

135 - Premisa a "Tesis después de 1945" - 1970
   ...Precisamente a estas exigencias siempre vivas, que el militante debe encontrar clara y definitivamente satisfechas en las bases programáticas del partido, responden las "Consideraciones" redactadas a finales de 1964, y publicadas hacia primeros de 1965, en una síntesis tan jugosa, cuanto brillante que, entre otras cosas, desmienten sin posibilidad de apelación la vieja y estúpida acusación dirigida contra la Izquierda de soñar una "élite" de revolucionarios "puros", perfectos en su existencia dentro de una "torre de marfil", y concluyen con la reivindicación de aquel "centralismo orgánico" contrapuesta al "centralismo democrático" de la III Internacional, que desde el lejano 1921 es un postulado constante de la Izquierda, pero que solo hoy puede encontrar plena realización sin posibilidad de retorno hacia atrás, con la exclusión de todo recurso a mecanismos "democráticos" también dentro de la organización de partido...
    En verdad, la cuestión del centralismo orgánico en cuanto contraposición al centralismo democrático es algo muy distinto que... terminológico. En su contradicción, la segunda fórmula refleja s bien en el sustantivo la aspiración al partido mundial único como nosotros la hemos auspiciado siempre, pero refleja en el adjetivo la realidad de partidos aún heterogéneos por formación histórica y base doctrinaria, entre las que se asienta como árbitro supremo (incluso como vértice de una pirámide, unido a la base por un hilo único y homogéneo que va del uno a la otra y viceversa sin solución de continuidad) un Comité Ejecutivo o un ente homónimo, el cual, no estando a su vez vinculado por aquel único hilo, sino siendo libre para tomar decisiones alternas y fluctuantes según las vicisitudes de las "situaciones" y de los altibajos del conflicto social, recurre periódicamente – como en la tradición para nada contradictoria de la democracia – ora a la farsa de la "consulta" de la periferia (convencido de poder asegurarse el apoyo plebiscitario o casi), ora al arma de la intimidación y del "terror ideológico", en el caso de la Internacional Comunista ayudado por la fuerza física y por el "brazo secular" del Estado.
    En nuestra visión, por el contrario, el partido se presenta con caracteres de centralización orgánica, porque no es una "parte", aunque sea la más avanzada, de la clase proletaria, sino su órgano sintetizador de todos sus impulsos elementales, como de todos sus militantes, de cualquier dirección que provengan, y tal órgano está en posesión de una teoría, de un conjunto de principios, de un programa, que saltan los límites de tiempo del hoy para expresar la tendencia histórica, el objetivo final y el modo de operar de las generaciones proletarias y comunistas del pasado, del presente y del futuro, y que superan los confines de nacionalidad y de Estado para encarnar los intereses de los asalariados revolucionarios del mundo entero; tal es, añadimos, incluso en condiciones de hacer una previsión al menos a grandes rasgos del desarrollo de las situaciones históricas, y por tanto, de la capacidad de fijar un cuerpo de directrices y normas tácticas obligatorias para todos (obviamente, no sin considerar las épocas y las áreas de "revolución doble" o, por el contrario, de "revolución proletaria pura", también previstas y que implican un muy preciso, aunque distinto comportamiento táctico). Si el partido está en posesión de tal homogeneidad teórica y práctica (posesión que no es un hecho garantizado para siempre, sino una realidad a defender con las uñas y con los dientes, y llegado el caso a reconquistar de nuevo), su organización, que es al mismo tiempo su disciplina, nace y se desarrolla orgánicamente en el tronco unitario del programa y de la acción práctica, y expresa en sus diversas formas de explicación, en la jerarquía de sus órganos, la perfecta adhesión del partido al complejo de sus funciones, ninguna excluida.
    La organización, como la disciplina, no es un punto de partida, sino un punto de llegada, no tiene necesidad de codificaciones estatutarias y de reglamentaciones disciplinarias; no conoce antítesis entre "base" y "vértice", excluye las rígidas barreras de una división del trabajo heredada del régimen capitalista, no porque no tenga necesidad de "jefes", e incluso "expertos" en determinados sectores, sino porque estos son y deben estar, como y más que el más "humilde" de los militantes, vinculados por un programa, por una doctrina y por una clara y unívoca definición de las normas tácticas, comunes a todo el partido, conocidas por cada uno de sus miembros, públicamente afirmadas y sobre todo traducidas en la práctica frente a la clase en su conjunto; y son tan necesarias, como dispensables en cuanto dejan de responder a la función para la cual por selección natural, y no por ficticios recuentos de cabezas, el partido le ha delegado, o cuando, peor aún, se desvíen del camino señalado para todos. Un partido de este género – como tiende a ser y se esfuerza por llegar a ser el nuestro, sin pretender con esto ni una "pureza" ni una "perfección" antihistórica – no condiciona su vida interna, su desarrollo, su – decimos también – jerarquía de funciones técnicas, al capricho de decisiones contingentes y mayoritarias; crece y se refuerza por la dinámica de la lucha de clase en general y de la propia intervención en ella en particular; se crea, sin prefigurarlos, sus instrumentos de batalla, sus "órganos", a todos los niveles; no tiene necesidad – si no es en excepcionales casos patológicos – de expulsar después de un "proceso" regular a quien no sigue ya el camino común e inmutable, porque debe estar en condiciones de eliminarlo del propio seno como un organismo sano elimina espontáneamente sus propios desechos.
    "La revolución no es cuestión de formas de organización", es la organización con todas sus formas, por el contrario, la que se constituye en función de las exigencias de la revolución, prevista no solo en su desembocadura, sino en su camino. Consultas, constituciones y estatutos son propios de las sociedades divididas en clases, y de los partidos que expresan a su vez no el curso histórico de una clase, sino el entrecruzamiento de los cursos divergentes o no plenamente convergentes de varias clases. Democracia interna y "burocratismo", homenaje a la "libertad de expresión" individual o de grupo y "terrorismo ideológico", son términos no ya antitéticos, sino dialécticamente conexos: unidad de doctrina y de acción práctica, y carácter orgánico del centralismo organizativo, son igualmente las caras de una misma medalla.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


CAP. 5 - LA VIDA REAL DEL PARTIDO
 

Queremos terminar esta parte del trabajo con la trascripción integral de la parte final de un informe expuesto en una de nuestras reuniones generales, publicado en el n.5 de "Programma Comunista", de 1967. La conclusión de este informe se titula "Vida real del partido", y no tenemos nada que añadirle ni que recortarle; lo reivindicamos en todas sus enunciaciones.
 

136 - La continuidad de acción del partido sobre el hilo de la tradición de la Izquierda - 1967
    Por los amplios párrafos ya citados salta a la vista cómo para nosotros no solo los problemas de organización y de funcionamiento del Partido revolucionario marxista se enlazan a las cuestiones fundamentales de la doctrina, del programa y de la táctica, sino que la correcta solución de estas es previa para el correcto planteamiento y solución de aquellos.
    También aquí la Izquierda completaba, en 1926 el ciclo de una batalla sostenida año tras año sin doblegarse nunca, en el seno de la Internacional; y nosotros queremos recordarla al concluir este informe ya demasiado amplio, remitiendo para ofrecer un cuadro menos resumido a las Tesis de Roma por una parte y a las Tesis de Nápoles y de Milán por otra.
    Por aquel tiempo había llegado a su completa madurez el proceso denunciado por nosotros tempestivamente y "testarudamente" en sus fases sucesivas, a través de las cuales el Comintern, en la misma medida y por la misma razón que adoptaba tácticas imprevistas, heterogéneas y eclécticas, y realizaba zig-zags tan imprevistos como desconcertantes, para llegar finalmente a la teorización del empleo de cualquier medio para obtener el fin; en la misma medida y por la misma razón que, actuando así laceraba irremediablemente el tejido unitario de la acción política del Partido mundial, pretendía imponerle una uniformidad formal del todo similar – precisamente – a la de un ejército, y reencontrar, gracias a ella, la homogeneidad política perdida; y preparaba el terreno sobre el cual el estalinismo había construido su edificio de "unidad" caporalesca, primero usando a diestro y siniestro el arma de la intervención disciplinaria y del "terror ideológico", después la de la presión física apoyada por el "brazo secular" del poder del Estado. A esta centralización formal y de cuartel nosotros no opusimos jamás la crítica de que "conculcaba la libertad", sino precisamente todo lo contrario, porque era un arma para consentir al centro dirigente todas las libertades de violar el único, invariante e impersonal programa. A este falso centralismo no solo no le contradecía, sino que se le adaptaba como un guante, el apelativo "democrático", ya que para el marxismo la democracia no es un medio de expresión de la llamada "voluntad general" o "mayoritaria" sino un medio de manipulación de la mayoría con el fin de aprobar decisiones ya tomadas a las espaldas de ésta: un medio de engaño. Era necesario, para estar libres de violar el programa cien veces al año burlándose de las reacciones de la célebre y cortejada "base", y así previéndolos antes de que se desencadenasen, imponer la vacía regla de la centralización sobre el modelo de los estados mayores de todos los ejércitos del mundo (no por casualidad la Internacional se hinchó entonces, colocando en los altos grados de la jerarquía organizativa a ex-mencheviques y ex-socialdemócratas, los Martinov, los Smeral, etc, hombres – como dijo Trotski – siempre dispuestos para hacer olvidar su pasado en un presente que rehabilitaba sus tradiciones políticas, para "tener la mano sujetándose los pantalones" como otros tantos furrieles), teorizando la disciplina por la disciplina, la obediencia por la obediencia, cuales quiera que fuesen las órdenes que viniesen de arriba, y ante todo del Altísimo. Paralelamente, y por la misma razón, se pretendía establecer un "modelo organizativo"; en una especie de carta constitucional definida de una vez por todas, la garantía de la compacidad y de la eficiencia del Partido (en el caso de que se trata, la organización por células) y se la llamó, con bestial impudicia bolchevización.
    Nuestra respuesta a estos dos graves patinazos, precursores de todo el fango y la sangre de los treinta años sucesivos – una respuesta que ocupó gran parte de la valiente batalla del Ejecutivo Ampliado de febrero-marzo de 1926 – fue límpida y definitiva. Al primero rebatimos que la unidad y la centralización real – reivindicada por nosotros más que por ningún otro en la acción y en el modo de organizarse el Partido es el producto, el punto de llegada, no la causa y el punto de partida de la unidad y centralización de la doctrina, del programa y del sistema de las normas tácticas: inútil buscar aquellas si faltan éstas; peor que inútil, destructivo y mortífero. Nosotros somos centralistas (y este es, si se quiere, nuestro único principio organizativo) no porque reconozcamos válido en sí y de por sí el centralismo, no porque lo deduzcamos de una idea eterna o de un esquema abstracto, sino porque es único el fin al que tendemos y única la dirección en que nos movemos en el espacio (internacionalmente) y en el tiempo (por encima de las generaciones «de los muertos, de los vivos y de los que aún no han nacido»); somos centralistas por la fuerza de la invariancia de una doctrina inmutable que ni individuos ni grupos están en disposición de mutar; y de la continuidad de nuestra acción en el flujo y reflujo de las contingencias históricas, frente a todos los obstáculos de que está sembrado el camino de la clase obrera. Nuestro centralismo es el modo de ser de un Partido que no es un ejército aunque tiene una rigurosa disciplina, como no es una escuela aunque se enseña, sino que es una fuerza histórica real, definida por su estable orientación en la larga guerra entre las clases. Es en torno a este inseparable y durísimo nudo, doctrina-programa-táctica, posesión colectiva e impersonal del movimiento, como se cristaliza nuestra organización, y lo que la mantiene unida no es el látigo del "centro organizador" sino el hilo único y uniforme que liga a "dirigentes" y "base", "centro" y "periferia", comprometiéndose en la observancia y en la defensa de un sistema de fines y de medios, ninguno de los cuales es separable del otro.
    En esta vida real del Partido Comunista – no de cualquier partido, sino solo y precisamente de él, en cuanto comunista tanto de hecho como de nombre – el rompecabezas que molesta al demócrata burgués: ¿quién decide, la "dirección" o la "base", los muchos o los pocos? ¿quién "manda" y quién "obedece"? – se disuelve definitivamente por sí mismo: es el cuerpo unitario del Partido, el que invoca y sigue su camino; y en él, como en las palabras de un oscuro soldado nivelador, «nadie manda y todos son mandados» lo que no quiere decir que no haya órdenes sino que estas se adaptan con la forma natural de moverse y de actuar del Partido, cualquiera que sea el que los dé. Pero romped esa unidad de doctrina-programa-táctica, y todo estalla, no dejando más que un... puesto de dirección y en bloque en un extremo, maniobrando a las masas de los militantes (como el general – supuesto "genio" estratégico – mueve a los soldaditos, supuestos pobres tontos, tal vez haciéndoles pasar con armas y bagajes al campo enemigo, o como el jefe de estación maniobra sus trenes, quizás haciéndolos chocar el uno contra el otro) y una ilimitada plaza de armas para toda maniobra posible, al otro extremo. Romped esta unidad y lógico e históricamente justificado llega el estalinismo, como lógica e históricamente justificada llega la ruinosa subordinación de un Partido como el nuestro, que tiene por primera tarea la de asegurar la «continuidad histórica y la unidad internacional del movimiento» (punto 4 del Programa de Livorno, 1924), al mecanismo falso y embustero de la "consulta democrática". Rompedla y habréis destruido el partido de clase.
    Fuerza real y operante en la historia con caracteres de rigurosa continuidad, el Partido vive y actúa (y aquí la respuesta a la segunda desviación) no en base a la posesión de un patrimonio estatutario de normas, preceptos y formas constitucionales, al modo hipócritamente deseado por el legalismo burgués o ingenuamente soñado por el utopismo premarxista, arquitecto de las bien planificadas estructuras para colocarlas ya preparadas en la realidad de la dinámica histórica, sino en base a su naturaleza de organismo formado en una sucesión ininterrumpida de batallas teóricas y prácticas, sobre el hilo de una directriz de marcha constante: como escribía nuestra "Plataforma" de 1945: «las normas de organización del Partido son coherentes con la concepción dialéctica de su función, no reposan sobre recetas jurídicas y reglamentarias, superan el fetiche de las consultas mayoritarias». Es en el ejercicio de sus funciones, todas y no una, como el Partido crea sus propios órganos, engranajes y mecanismos; y es en el curso de este mismo ejercicio en el que los deshace y los vuelve a crear, no obedeciendo en esto a dictámenes metafísicos o a paradigmas constitucionales, sino a las exigencias reales y propiamente orgánicas de su desarrollo. Ninguno de estos engranajes es teorizable, ni a priori ni a posteriori; nada nos autoriza a decir, para poner un ejemplo muy sencillo, que el mejor funcionamiento de cara a la función para la cual ha nacido uno cualquiera de ellos esté garantizado por su manejo por parte de un solo militante o de varios, la única petición que se puede hacer es que los tres o los diez – si los hay – lo manejen como una voluntad única, coherente con todo el curso pasado y futuro del partido, y que el uno, si existe, lo maneje en cuanto en su brazo y en su mente obre la fuerza impersonal y colectiva del partido; y el juicio sobre la satisfacción de tal petición viene dado por la praxis, por la historia, no por los artículos del código. La revolución es un problema no de forma sino de fuerza; lo es en igual medida el Partido en su vida real, en su organización como en su doctrina. El mismo criterio organizativo de tipo territorial antes que "celular" reivindicado por nosotros no está deducido de principios abstractos y extemporáneos, ni elevado a la dignidad de solución perfecta y extemporánea; lo adoptamos solo porque es la otra cara de la primaria función sintetizadora (de grupos, de categorías, de empujes elementales) que asignamos al partido.
    La preocupación generosa de los compañeros de que el Partido obre de este modo organizativamente seguro, lineal y homogéneo, se dirige por tanto – como indicaba el mismo Lenin en la "Carta a un camarada" – no a la búsqueda de estatutos, códigos y constituciones, o peor aún, de personajes de temple "especial", sino a la del modo mejor de contribuir, todos y cada uno, al armónico cumplimiento de las funciones sin las cuales el Partido cesaría de existir como fuerza unificadora y como guía y representación de la clase, – que es la única vía para ayudarlo a resolver día, "por sí" mismo sus problemas de vida y de acción – como en el "¿Qué Hacer?" de Lenin allí donde se habla del periódico como un "organizador colectivo". Está la clave del "centralismo orgánico", está el arma segura en la histórica batalla de las clases, no en la vacía abstracción de las pretendidas "normas" de funcionamiento de los mecanismos más perfectos o, peor, en la desolación de los procesos a los hombres que por selección orgánica se encuentran manejándolos "en la base" o "en la dirección" – mecanismos y engranajes también ellos, eficientes o ineficientes no en sí mismos, es decir en virtud de cualidades o ausencia de cualidades personales, sino de la línea en la cual el Partido entero – su programa dictatorial, su invariable doctrina, su táctica conocida y prevista, las relaciones internas y recíprocas entre parte y parte de un organismo cuyos miembros viven o mueren todos juntos en cuanto la misma sangre circula o cesa de circular en el músculo central y en las fibras periféricas –, les impone moverse.
    O sobre esta vía, o sobre los dos carriles, en apariencia distintos, en realidad convergentes, del caótico y arbitrario democratismo y del torcido autoritarismo estalinista: ninguna otra "elección" nos dejan las Tesis de 1920, 1922, 1926, de 1945, de 1966 y, para decirlo todo, de siempre.
 


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