Partido Comunista Internacional

El Partido Comunista en la tradición de la Izquierda

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PARTE V



PREMISA - LA TÁCTICA DEL PARTIDO

Del hecho de que el partido no es un cenáculo de pensadores o de seguidores de una determinada filosofía, sino un órgano de combate para la guerra entre las clases, que empuña como arma la teoría y el conocimiento, se debe deducir, como hacen todas nuestras tesis, que la acción del partido no se limita a la propaganda y explicación de su rumbo, ni solo a un trabajo de crítica de los hechos sociales y políticos, sino que interviene activamente en ellos, combate físicamente unido con la clase proletaria que se mueve también por objetivos parciales e inmediatos, la organiza, la enfoca y la empuja a la lucha. La acción que el partido debe desarrollar en cuanto órgano político de la clase proletaria es pues muy compleja, pero esencial para la preparación del proletariado en sentido revolucionario, preparación que no será nunca el producto de una simple propaganda teórica o de una demostración de superioridad interpretativa por parte de los comunistas. Si para el marxismo la conciencia viene después de la acción, es evidente que el partido no puede esperar atraer tras de sí a la clase solo a través de la propaganda o de una acción de tipo educativo y pedagógico; es necesario que miles de lazos se formen a través de los hechos materiales y la intervención en ellos del partido que es reconocido así por la clase como una entidad física con una fisonomía muy determinada, a través de elementos que no son de comprensión racional, de estudio y de propaganda.

El conjunto de los medios que el partido debe usar en las variadas y múltiples vicisitudes de la lucha de clase, para encaminarles en un sentido favorable a sus fines, para atraer al proletariado bajo sus banderas, para arrancarlo de las filas de los partidos no comunistas, para desmoralizar y abatir finalmente al enemigo de clase: he aquí el problema de la táctica, que la Izquierda ha definido siempre como "grave y difícil", no soñando nunca con eludirlo y con sustituirlo metafísicamente con una pura y simple propaganda de principios teóricos o con una simple acción de crítica intelectual.

Una vez reconocido que el desarrollo de la lucha entre proletariado y burguesía es un hecho complejo caracterizado por innumerables y variadas vicisitudes materiales, y que el proletariado no se entrelaza con su partido por un convencimiento racional, se plantea el problema de los medios con los cuales el partido debe intervenir en la realidad de la lucha, es decir, el problema de la táctica del partido.

La primera noción en este campo, que deriva de nuestra misma concepción materialista, es una crítica despiadada de aquello que ha sido siempre definido por nosotros como "infantilismo": los medios tácticos no se eligen con criterios morales, estéticos y formalistas; no se decide el inicio o no de una acción segú ésta se presente más o menos en línea con una pretensión moral nuestra. Sobre esta base Lenin tuvo que escarnecer a aquellos que rechazaban por principio los "compromisos" y la Izquierda estuvo siempre totalmente de acuerdo con él en este plano.

Pero la Izquierda, con Marx y Lenin, ha reivindicado siempre que una elección de los medios tácticos debe ser hecha por la simple razón de que no todos los medios tácticos son adecuados para alcanzar el fin, y que el uso de los medios que parecen dar un éxito inmediato a la acción del partido, por el contrario pueden demostrarse en contradicción con el desarrollo ulterior y las finalidades últimas de la acción misma.

La elección de los medios tácticos debe existir, no guiada por preconceptos morales, sino por la justa valoración, a la luz de nuestra doctrina materialista, de las relaciones reales entre las clases y entre los partidos que expresan la política de las distintas clases y de la previsión de las vicisitudes que atravesará la lucha, y de cuáles deberán ser las acciones del partido ante las distintas situaciones que se presentarán, para que esas puedan resolverse en su potenciación y en la mejor predisposición de las fuerzas proletarias hacia la batalla final, debe ser preventiva y constituir un patrimonio del partido del mismo modo que lo constituye su invariante doctrina.

Es la teoría la que permite al partido definir su programa en el cual está contenida la previsión de una serie ininterrumpida de eventos a través de los cuales la lucha de las clases llegará a su prevista desembocadura. Es la teoría la que permite al partido delinear el campo de acción de las fuerzas sociales, valorar sus relaciones recíprocas, establecer las posibles reacciones en presencia de hechos determinantes. Las lecciones de los hechos históricos, leídas a la luz de la teoría, conducen al partido a establecer que la vía para el comunismo pasa necesariamente a través de la revolución violenta, la destrucción de la máquina estatal burguesa, la violencia y el terror revolucionarios ejercidos por la clase proletaria bajo la dirección de su partido y a través de la máquina estatal de la dictadura proletaria.

El partido debe estar en condiciones de prever y de planificar también los medios que en la situación histórica concreta son susceptibles de conducir a estas desembocaduras finales, las fuerzas que están en juego, las acciones y reacciones que median entre estas fuerzas, los medios que por el contrario no deben ser utilizados en cuanto que contradirían la consecución del fin revolucionario. El análisis crítico conduce por eso al partido a establecer en primer lugar los campos histórico-políticos, las fases históricas en las que su acción debe desarrollarse y en las que son distintas las relaciones y las actitudes de las fuerzas sociales que combaten entre ellas y por tanto deben ser distintos los medios que el partido aplica. Si no fuese posible este análisis y esta previsión, el marxismo caería como teoría revolucionaria y por eso no se podría hablar ni siquiera de partido comunista y de clase proletaria.

Los campos históricos en los que se inserta la táctica del partido son definidos así en nuestro informe a la reunión general de Génova de 1953:

«1.- La posición de la Izquierda Comunista se distingue netamente no solo del eclecticismo en el terreno de la maniobra táctica del partido, sino también del tosco simplismo de aquel que reduce toda la lucha de clases al dualismo, repetido siempre y por doquier, de dos clases convencionales que serían las únicas en actuar. La estrategia del moderno movimiento proletario tiene líneas precisas y estables, válidas para toda hipótesis de acción futura, y que deben ser referidas a las distintas "áreas" geográficas en que se subdivide el mundo habitado y a los distintos ciclos históricos.

2.- La inglesa es la primera y clásica área de cuyo juego de fuerzas fue sacada por primera vez la irrevocable teoría del curso de la revolución socialista. Desde 1688, la revolución burguesa ha suprimido el poder feudal y extirpado rápidamente las formas de producción feudales; desde 1840, es posible deducir la concepción marxista sobre el mecanismo de las tres clases esenciales: propiedad burguesa de la tierra – capital industrial, comercial, financiero – proletariado, en lucha con las dos primeras.

3.- En el área de Europa Occidental (Francia, Alemania, Italia, países menores) la lucha burguesa contra el feudalismo va de 1789 a 1871, y en las situaciones de este ciclo se impone la alianza del proletariado con los burgueses cuando éstos luchan con las armas para derrocar el poder feudal – mientras los partidos obreros han rechazado ya toda confusión ideológica con las apologías económicas y políticas de la sociedad burguesa.

4.- Los Estados Unidos de América se ponen en 1866 en las condiciones de la Europa Occidental después de 1871, habiendo liquidado formas capitalistas espurias con la victoria contra el surismo esclavista y rural. A partir de 1871, los marxistas radicales rechazan en toda el área euroamericana toda alianza y todo bloque, en cualquier terreno que fuera, con partidos burgueses.

5.- La situación anterior a 1871, a la que nos hemos referido en el punto 3, dura en Rusia y en otros países del Este europeo hasta 1917, y en ellos se plantea el problema ya conocido por la Alemania de 1848: provocar dos revoluciones, y luchar, por tanto, por las tareas de la revolución capitalista. Una condición para un paso directo a la segunda revolución, la proletaria, era la revoluciónpolítica en Occidente, que fallón cuando la clase proletaria rusa conquistó sola el poder político, conservándolo durante algunos años.

6.- Mientras que hoy en el área de Europa Oriental puede considerarse como consumada la sustitución del feudalismo por el modo capitalista de producción y de intercambio, en el área asiática está en pleno curso la revolución contra el feudalismo y contra regímenes más antiguos, conducida por un bloque revolucionario de clases burguesas, pequeñoburguesas y trabajadoras.

9.- En los países de Asia donde aún dominan economías locales agrarias de tipo patriarcal y feudal, la lucha incluso política de las "cuatro clases", aun cuando surjan a continuación poderes nacionales y burgueses, es un elemento de victoria en la lucha internacional comunista, sea por la formación de nuevas áreas aptas al planteamiento de las reivindicaciones socialistas ulteriores, sea por los golpes asestados por tales insurrecciones y revueltas al imperialismo euroamericano».

Nuestras Tesis de Roma, 1922, hacían una distinción de fases históricas que, al mismo tiempo, era de áreas geográficas: «Poder feudal absolutista, Poder democrático-burgués, Gobierno socialdemócrata; Interregno de guerra social en el que llegan a ser inestables las bases del Estado; Poder proletario en la dictadura de los Consejos» y advertían: «En cierto sentido el problema de la táctica consiste, además de en elegir la buena vía para una acción eficaz, en evitar que la acción del partido se desborde de sus límites oportunos, replegándose sobre los métodos correspondientes a situaciones superadas, lo que tendría como consecuencia un parón del proceso de desarrollo del partido y un repliegue en la preparación revolucionaria».

Nuestra corriente ha sostenido siempre que los medios tácticos que el partido puede utilizar en determinadas áreas históricas y sociales, y en relación a la verificación de determinadas situaciones deben estar previstos y «recogidos en claras reglas de acción», las cuales constituyen la base de la organización misma del partido. Si no fuese posible determinar algunas reglas tácticas, una "rosa de eventualidades", un plan valedero para un larguísimo arco de tiempo y para grandísimos espacios, no sería ni siquiera posible llegar a la homogeneidad y a la centralización organizativa. No se trata, lo hemos dicho, de definir el conjunto de los medios dejándose guiar por postulados aprioristas, sino de determinar, a la luz de la doctrina y de manera cada vez más completa y profunda, el "campo" histórico en el que el partido combate, y el juego de las fuerzas sociales internas de este "campo".

Es en base a esta exigencia práctica, donde vienen definidas y puntualizadas cada vez mejor, por el trabajo colectivo y por la experiencia misma del partido, los "límites" fuera de los cuales la táctica del partido no puede funcionar so pena de reflejarse negativamente en el mismo partido. Porque otra afirmación nuestra, de carácter fundamental, es que la táctica que usa el partido se refleja e influye sobre la organización, como sobre los principios del partido; la táctica es la actuación del partido y no puede contradecir a su ser, sin que el ser mismo antes o después deba modificarse. Fue la Internacional Comunista la que pretendió, después de 1922, poder adoptar cualquier medio, cualquier maniobra, sin por esto despedazar al partido en su entrelazamiento organizativo y en su solidez teórica y programática. Nuestras Tesis de Lyon de 1926 sacan la lección de esta catastrófica pretensión precisamente en el momento en que la Internacional está a punto de ser conquistada definitivamente por la contrarrevolución estalinista: «No es solo el buen partido el que da la buena táctica, sino que es la buena táctica la que da el buen partido».

Y esto es evidente si, como marxistas, nosotros pensamos que no puede bastar con declarar que se adhiere a una cierta doctrina, a un programa y a principios y finalidades dadas, si estos no dan forma por sí mismos a toda la actividad real del partido determinando las características y las manifestaciones, hasta las más limitadas. Si la vida real de partido, su acción, su modo de moverse en las confrontaciones de las fuerzas sociales y políticas viene a contradecir a sus enunciaciones de principio, está claro que estas mismas enunciaciones caerán a largo plazo por mucho que se siga proclamando el respeto hacia ellos y propagándolas y agitándolas. Éste es el clásico camino del oportunismo, que proclama una adhesión platónica a los principios comunistas mientras desarrolla en la práctica las más oscenas desviaciones de esos principios.

Para nosotros, la adhesión y la fidelidad a los principios se manifiesta en el colosal y dificilísimo esfuerzo por conseguir verdaderamente que toda la vida del partido se uniforme y sea coherente con esos principios. Y esto no por lujo doctrinario, sino por necesidad práctica de la lucha; estará en condiciones de vencer la batalla revolucionaria (esa es la demostración luminosa de la Revolución de Rusia) sólo un organismo de partido que haya sabido apoyar en la granítica base del marxismo un plan táctico coherente, permaneciendo fiel en todas las vicisitudes de la lucha sin ceder nunca una pulgada, sacrificando a esta continuidad y rigidez de planteamiento las posibilidades de fáciles y momentáneos éxitos: el "pantano" del que habla Lenin en el "¿Qué Hacer?", y que siempre está preparado para acoger a todos aquellos que abandonan la línea prevista y codificada, considerando precisamente que pueden usar cualquier medio, que pueden realizar cualquier maniobra, ilusionándose con que ésta no se refleja en su mismo ser.

En la base de la elección de los medios tácticos y de las maniobras debe ponerse la condición prioritaria de que ambas cosas sirvan para potenciar y no para invalidar la fisonomía del partido con contornos tajantes frente a todos los otros partidos y al Estado político. El problema táctico consiste en dos factores fundamentales: el partido – elemento consciente y capaz de prever la desembocadura de la lucha de clase – y la masa del proletariado que debe ser dirigida, en el curso del desarrollo de la acción física y material, para que siga al partido, por la vía que éste indica, con los métodos que éste propone. Entonces, en la base de la solución de todo problema táctico debe estar puesta la condición de que para realizar el segundo dato, no se desnaturalice, ni se deforme el primero y fundamental. Si eso se verifica, las masas también pueden desplazarse, pero es el partido el que se desvía de su camino y ya no es un instrumento útil para dirigir la lucha revolucionaria. Éste es un criterio esencial y válido para todos los campos históricos de la lucha de clase. Se injerta en este problema general el de que el partido debe siempre presentarse a los ojos de las masas proletarias como opuesto a todos los otros partidos políticos y al Estado, demostrando en la práctica, en el curso de la acción, al proletariado la necesidad de abrazar los métodos revolucionarios de lucha, desechando cualquier otro recurso a movimientos y acciones que se coloquen sobre el plano de las instituciones presentes y tiendan a demostrar a las masas que la solución de sus problemas pequeños o grandes, inmediatos o generales, es imposible por la vía pacifica y legal, sin hacer chocar la fuerza organizada del proletariado contra el conjunto de las instituciones legales.

Ofrecemos, partiendo de nuestras Tesis de Roma (1922), las grandes líneas de la táctica del partido en el campo europeo occidental y americano en la época imperialista. En este campo y en esta poca histórica los pilares básicos, las grandes líneas, que delimitan toda acción táctica del partido, son las siguientes:

a) ningún bloque, alianza o frente con otros partidos políticos, incluso pseudoproletarios, sobre la base de consignas contingentes comunes (frente único sindical sobre la base de la acción directa de las masas proletarias, contra frente único político y acciones comunes dirigidas sobre el terreno de las instituciones democráticas legales);

b) ninguna participación del partido en campañas electorales de ningún género; devaluación constante del método electoral del recuento de opiniones, no solo como impotente para la conquista del poder político, sino como contraproducente para la misma defensa de intereses inmediatos de la clase. Invitación constante y demostración de la necesidad para el proletariado de pasar del terreno de la acción legal y pacifista al terreno de la acción directa incluso para la defensa de sus más elementales intereses;

c) en las confrontaciones de la "aparente" división del campo burgués en bloques de "derechas" y de "izquierdas" y de postulados que sedicentemente interesan a la clase obrera, y que este último bloque proclama querer realizar, una crítica constante contra las posiciones del bloque de "izquierda", demostración de que éste forma un frente antirrevolucionario con la "derecha", demostración de que esos postulados, en la medida en que interesan verdaderamente a las masas proletarias, solamente son realizables en el plano de la movilización y de la lucha de la clase, y no sobre el plano legalitario y pacífico. El partido puede hacerse directamente promotor de la lucha por objetivos que el bloque de "izquierda" enuncia demagógicamente, pero que le interesan verdaderamente a la clase obrera, llamando él mismo al proletariado a afirmarlos y a defenderlos, constituyendo un frente de lucha de sus organismos económicos inmediatos y lanzándose al plano de la acción y de la huelga general, llegando a la demostración práctica de que aquellos partidos que solo quieren moverse en el plano de la acción a través de las instituciones legales, en realidad traicionan incluso aquellos objetivos que sostienen de palabra, precisamente porque rechazan el uso de los únicos medios que podrían permitir su consecución o su defensa. Sobre esta constatación histórica real está fundado el abstencionismo electoral (y no solo parlamentario) del partido comunista en occidente desde 1920 en adelante, y la polémica de nuestra corriente contra las tesis del parlamentarismo revolucionario defendida por Lenin y por los bolcheviques.

d) en las confrontaciones de la posible verificación de un gobierno de "izquierda", demostración constante y preventiva de que éste no constituiría una mejora de ningún género y en ningún campo para el proletariado. Valoración de que el "experimento socialdemócrata" puede ser positivo, pero solo en el sentido de que demostraría prácticamente a las masas la naturaleza contrarrevolucionaria de los partidos oportunistas y podría convertirse en un aumento de potencia del partido revolucionario a condición de que éste haya denunciado desde el inicio tal experimento, haya indicado a las masas su necesario fracaso y haya sabido separar claramente sus responsabilidades de las de los partidos oportunistas. Ninguna solidaridad del partido con un gobierno del género, ni siquiera en el caso de que fuese violentamente atacado por fuerzas de "derecha". Si en una circunstancia similar el proletariado fuese llamado por los partidos oportunistas a acciones armadas contra la "derecha", el partido tendría la tarea de dirigir a los proletarios en armas hacia la conquista del poder político y la dictadura de clase, denunciando toda defensa del poder existente, y proclamando abiertamente que éste es tan hostil al proletariado como las fuerzas que le atacan, y que ambas deben sucumbir al poder armado del proletariado dirigido por el partido comunista.

Estos pilares básicos de la táctica del partido, declarados abiertamente en las Tesis de Roma de 1922, mientras se desarrollaba en Italia la ofensiva fascista, permanecen confirmados y verificados en las Tesis de Lyon de 1926, las cuales extraen la lección de aquel intervalo de tiempo, que había visto al fascismo afirmarse y al partido inclinarse peligrosamente hacia la búsqueda de "aliados políticos" contra el fascismo, no solo en los partidos seudo-obreros, sino también en los burgueses "democráticos" (Aventino, etc). En este cuerpo de Tesis se enuncia como complemento de las grandes líneas descritas más arriba:

a) negación de que el partido deba, en presencia de luchas de clase y de partidos, que no sean n las de su terreno específico, «elegir entre las dos fuerzas en contienda a aquella que representa el desarrollo de la situación más favorable para la evolución histórica general y que deba más o menos sostenerla abiertamente y coaligarse con ella». Ninguna elección entre "gobiernos reaccionarios de derecha" y "gobiernos de izquierda"; demostración al proletariado de que «la burguesía intenta y a menudo consigue alternar sus métodos y partidos de gobierno según su interés contrarrevolucionario» y que «el triunfo del oportunismo ha pasado siempre a través del apasionamiento del proletariado hacia las vicisitudes sucesivas de la política burguesa».

b) Por consiguiente: «El partido comunista, en presencia de luchas que aún no pueden desarrollarse como la lucha definitiva por la victoria proletaria, no se convertirá en gerente de cambios y realizaciones que no le interesan directamente a la clase que él representa, y no intercambiará su carácter y su actitud autónoma con los de una especie de sociedad de seguros para todos los movimientos políticos autoproclamados "renovadores", o para todos los sistemas y gobiernos ticos amenazados por un pretendido gobierno peor».

En perfecta continuidad con el análisis expuesto por Lenin, la Izquierda identifica, con el ordenamiento totalitario de la economía capitalista de la época imperialista, la premisa objetiva para la sustitución de las formas democrático-parlamentarias del dominio burgués con formas totalitarias de gobierno: el "moderno y progresivo" método fascista que, llegado a su expresión más evidente en Italia y en Alemania, se impone sin embargo en todos los grandes Estados imperialistas del mundo, destruyendo en todas partes la vieja y reaccionaria forma democrática liberal, manteniéndola al máximo como «espejito para las alondras proletarias». En la fase imperialista del capitalismo en su desarrollo hasta la segunda guerra mundial, «los postulados económicos, sociales y políticos del liberalismo y de la democracia son antihistóricos, ilusorios y reaccionarios, y el mundo está en la dirección por la que en los grandes países la organización liberal desaparece y cede el puesto al más moderno sistema fascista» ("Naturaleza, Función y táctica del partido..." 1947).

En esta visión permanecen confirmados y remachados los pilares tácticos ya sancionados en las Tesis de Roma y de Lyon con las siguientes precisiones:
1) el partido no debe aplicar ninguna «táctica que, incluso por sus únicas posiciones formales, conlleve actitudes y consignas aceptables por los movimientos políticos oportunistas» (Ibidem).
2) la praxis política del partido «rechaza las maniobras, las combinaciones, las alianzas y los bloques que tradicionalmente se forman sobre la base de postulados y consignas de agitación contingentes comunes a varios partidos» (Ibidem).
3) «Tanto en la vida económica cotidiana como en la política general y mundial, la clase obrera, como no tiene nada que perder, no tiene nada que defender, y su tarea es solo ataque y conquista. Por lo tanto, al aparecer las manifestaciones de concentración, unidad y totalitarismo capitalista, el partido revolucionario debe ante todo reconocer en ello su victoria ideológica integral, y debe pues preocuparse solamente de la relación efectiva de fuerzas para el enfrentamiento en la guerra civil revolucionaria, relación que hasta hoy han tornado desfavorables, precisa y solamente, las oleadas de degeneración oportunista e inmediatista» ("Tesis características del Partido", 1951);
4) «Incluso las aparentes supervivencias de las instituciones electorales parlamentarias de las burguesías tradicionales van agotándose cada vez más quedando solamente una fraseología, y poniendo en evidencia en los momentos de crisis social la forma dictatorial del Estado, como última instancia del capitalismo, contra la cual debe ejercerse la violencia del proletariado revolucionario. El partido, por lo tanto, permaneciendo este estado de cosas y las actuales relaciones de fuerza, se desinteresa de las elecciones democráticas de todo tipo y no desarrolla su actividad en ese campo» (Ibidem).

Es dentro de estos precisos "límites", dictados por la historia, donde (en el campo occidental) debe desarrollarse el complejo problema de la táctica del partido comunista. Es por esto que, en los últimos dos parágrafos de esta parte del trabajo, colocamos las citas que demuestran el análisis hecho por el partido del fascismo y del totalitarismo como "progresivos" respecto a la vieja democracia liberal. No estamos en la fase y en el campo histórico-político en el que el partido proletario apoya sobre el terreno de la acción armada y con una plena autonomía de programa, de táctica y de organización a los movimientos democrático-burgueses contra los viejos regímenes (eran admisibles alianzas y bloques de partidos políticos), ni en aquel, típico de la Europa de 1871-1914, en que se ponía a la orden del día la revolución burguesa "hasta el fondo" y la democracia burguesa, aún no siendo ya revolucionaria, al menos era realmente "progresista" (y el partido combatió al lado de la pequeña burguesía por la extensión de la democracia, por las reformas, por el sufragio universal, etc); estamos en la época en la que el totalitarismo estatal se afirma eliminando sustancialmente, cuando no formalmente, los últimos vestigios de la democracia parlamentaria con todo su cortejo de "garantías" y de "derechos".

El partido proletario debe afinar su acción para esta constatación que, como remachan nuestras tesis de la segunda posguerra, le distingue de todos los otros reagrupamientos políticos para los cuales, aunque estén en la "extrema izquierda", la democracia sigue siendo un "bien" que hay que defender o que reconquistar, y el fascismo es el "peor mal". Para el partido, la democracia está muerta de una vez para siempre para la misma burguesía, y el mundo moderno se organiza en formas totalitarias y fascistas, incluso donde puede y considera oportuno mantener la apariencia de las "instituciones libres" para atontar a los proletarios. Por eso, el último parágrafo del trabajo recoge las citas que expresan el pensamiento del partido sobre el eleccionismo y sobre el parlamentarismo, y que se resumen en la obvia conclusión de que, si todavía en 1920 el uso del mecanismo electoral era un instrumento para asegurar el dominio de la burguesía, y como instrumento del dominio burgués era atacado y desenmascarado el parlamento, hoy, tras la victoria del totalitarismo, la burguesía misma ya no domina a través de parlamentos y elecciones, sino que solamente se sirve de ellos para esconder sus verdaderos instrumentos de poder a los ojos del proletariado. De ahí la clara directriz táctica expresada en nuestro Diálogo con los Muertos (1956): «Desde 1920 el partido ya no participa (no habría debido) en elecciones». Solo sobre la base de estos pilares fundamentales es donde deben ser valorados y estudiados los movimientos del partido en las distintas situaciones en el área euroamericana.











CAP. 1 - NECESIDAD DE LA PREVISIÓN Y PROGRAMACIÓN TÁCTICAS

137 - La táctica de la Internacional Comunista - 1922
II -...No hay marxista que no deba estar con Lenin cuando denuncia como enfermedad infantil un criterio de acción que impide ciertas posibilidades de iniciativa en base a la simple consideración de que no son bastante rectilíneas y colocadas en el esquema formal de nuestras idealidades sin desentonaciones y deformaciones antiestéticas. El medio puede tener aspectos contrarios al fin para el cual lo adoptamos, dice el fondo de nuestro pensamiento crítico: para un fin alto, noble, seductor, el medio puede presentarse mezquino, tortuoso y vulgar: lo que importa es poder calcular su eficacia, y quien lo haga con la simple confrontación de las formas exteriores desciende al nivel de una concepción subjetiva e idealista de las causalidades históricas que tiene algo de cuáquero, ignorando los recursos superiores de nuestra crítica, que hoy deviene una estrategia, y que vive de las geniales concepciones realistas del materialismo de Marx...
Al igual que no hay una argumentación para tomar en serio, que pueda excluir la utilidad de adoptar los medios de acción de la burguesía para abatir a la burguesía, tampoco se puede negar aprioristamente que con la adopción de los medios tácticos de los socialdemócratas se puedan abatir a los socialdemócratas.
No queremos ser malentendidos y nos reservamos exponer después nuestro pensamiento, y por lo demás, quien quiera comprender la construcción no tiene más que estudiar nuestras tesis sobre la táctica. Diciendo que el campo de las posibles y admisibles iniciativas tácticas no puede estar limitado por consideraciones dictadas por un simplismo falsamente doctrinal, metafísicamente dedicado a confrontaciones formales y preocupado por la pureza y por la rectitud como fines en sí mismas, no pretendemos decir que el campo de la táctica deba seguir siendo ilimitado y que todos los métodos sean buenos para alcanzar nuestros fines. Sería un error confiar la difícil solución de la búsqueda de los medios aptos por la simple consideración de que se tenga la intención de valerse de ellos para objetivos comunistas. No se haría más que repetir el error de convertir en subjetivo un problema que es objetivo, contentándose con el hecho de que quien elige, dispone y dirige las iniciativas, está decidido a luchar por las finalidades comunistas y se deja guiar por ellas.
Existe y debe, por tanto, estar cada vez mejor elaborado un criterio nada infantil, sino íntimamente marxista, de trazar los límites de las iniciativas tácticas, que no tiene nada en común con los preconceptos y los prejuicios de un equivocado extremismo, pero que alcanza por otra vía la útil previsión de los lazos, de otro modo muy complejos, que unen los expedientes tácticos a los que se recurre con los resultados que se esperan de ellos y que luego se derivan de los mismos...
Por poco que se profundice el valor dialéctico de esta situación se verá que todas las objeciones de una intransigencia simplista caen totalmente. ¿La alianza para la revolución con los derrotistas y con los traidores a la revolución? grita aterrorizado el comunista tipo cuarta internacional o el rufián centrista tipo entre la segunda y la tercera. Pero nosotros no nos paramos en esta ejercitación terminológica...
V -...Porque el partido no es el "sujeto" invariable e inmezclable de las incomprensibilidades filosóficas, sino un elemento objetivo de la situación. La solución del dificilísimo problema de la táctica del partido, sin embargo no es análoga a la de los problemas del arte militar; en política se puede corregir, pero no manipular a placer la situación: los datos del problema no son nuestro ejército o el del adversario, pero la formación del ejército a costa de los estratos indiferentes y de las mismas formaciones enemigas se forma – y puede formarse tanto de una parte como de la otra – mientras se desarrollan las hostilidades.

138 - Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) - 1922
24 -...El programa del partido comunista contiene una perspectiva de acciones sucesivas relacionadas con sucesivas situaciones, según el proceso de desarrollo que generalmente se les atribuye. Existe pues una estrecha conexión entre las directivas programáticas y las reglas tácticas. Por consiguiente, el estudio de la situación aparece como un elemento integrante para la resolución de los problemas tácticos, dado que el partido había previsto ya en su conciencia y experiencia crítica un cierto desenvolvimiento de las situaciones y, por tanto, había delimitado las posibilidades tácticas correspondientes a la acción a desarrollar en las distintas fases. El examen de la situación permitirá controlar la exactitud del planteamiento programático del partido; el día en que este examen impusiese una revisión sustancial, el problema sería mucho más grave que los que pueden resolverse gracias a una simple conversión táctica, y la inevitable rectificación de la visión programática no podría dejar de tener consecuencias serias sobre la organización y la fuerza del partido. Éste debe esforzarse pues por prever el desarrollo de las situaciones para explicar en ellas ese grado de influencia que le es posible ejercer; pero esperar las situaciones para dejarse indicar e inspirar eclécticamente y sin continuidad por éstas, es un método característico del oportunismo socialdemócrata...
26 - Sin embargo, el partido no puede emplear su voluntad e iniciativa en una dirección caprichosa y en una medida arbitraria. Los límites dentro de los cuales debe y puede fijar la una y la otra le son impuestos precisamente por sus directivas programáticas, como también por la posibilidad y oportunidad de acciones que se deduzcan del examen de las situaciones contingentes.
27 - Del examen de la situación se debe extraer un juicio sobre las fuerzas del partido y sobre la relación entre éstas y las de los movimientos adversarios. Sobre todo, es necesario preocuparse por juzgar la extensión de la capa del proletariado que seguiría al partido si éste emprendiese una acción y trabase una lucha. Se trata de formarse una noción exacta de las influencias y de los impulsos espontáneos que la situación económica determina en el seno de las masas, y de la posibilidad de desarrollo de estos impulsos como resultado de las iniciativas del partido comunista y de la actitud de los otros partidos...
28 - Los elementos integrantes de esta investigación son muy variados. Ellos consisten en el examen de las tendencias efectivas a la constitución y al desarrollo de las organizaciones del proletariado, y en el análisis de las reacciones – incluso psicológicas – que producen en él las condiciones económicas, como también las mismas actitudes e iniciativas sociales y políticas de la clase dominante y de sus partidos. En el campo político, el examen de la situación ha de completarse con el análisis de las posiciones y fuerzas de las distintas clases y partidos respecto al poder del Estado. En este aspecto, se pueden clasificar en fases fundamentales las situaciones en las cuales el partido comunista puede tener que actuar, y que en su sucesión normal lo llevan a reforzarse extendiendo sus efectivos y – al mismo tiempo – a precisar cada vez más los límites de su táctica. Estas fases pueden ser indicadas así: poder feudal absolutista – poder burgués democrático – gobierno socialdemócrata interregno de guerra social en que se vuelven inestables las bases del Estado – poder proletario en la dictadura de los consejos. En cierto sentido, el problema de la táctica no consiste solamente en elegir la buena vía para una acción eficaz, sino también en evitar que la acción del partido rebase sus límites adecuados, replegándose en métodos que corresponden a situaciones superadas, lo que provocaría como consecuencia la detención del proceso de desarrollo del partido y un repliegue en la preparación revolucionaria...
29 -...Por consiguiente el partido y la Internacional deben exponer sistemáticamente el conjunto de las normas tácticas generales, para la aplicación de las cuales podrán llamar a la acción y al sacrificio a las formaciones de sus adherentes y a las capas del proletariado que se colocan en torno a ellos, demostrando cómo tales normas y perspectivas de acción constituyen la vía inevitable para alcanzar la victoria. Es pues una necesidad práctica y organizativa la que conduce a establecer los términos y los límites de la táctica del partido, y no el deseo de teorizar y esquematizar la complejidad de los movimientos que el partido podrá ser llamado a emprender. Es precisamente por estas razones muy concretas que el partido debe adoptar decisiones que parecen restringir sus posibilidades de acción, pero que son las únicas que garantizan la unidad orgánica de su obra en la lucha proletaria.
47 -...La táctica del partido comunista no está dictada por preconceptos teóricos o por preocupaciones éticas y estéticas, sino solo por la real correspondencia de los medios con la meta y la realidad del proceso histórico, según la síntesis dialéctica de doctrina y de acción que es el patrimonio de un movimiento destinado a ser el protagonista de la renovación social más vasta, el conductor de la guerra revolucionaria más grande.

139 - Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) - 1926
I, 3 -...Hay que decir bien alto que, en ciertas situaciones, pasadas, presentes y futuras, el proletariado ha estado, está y estará en su mayoría, necesariamente, sobre una posición no revolucionaria, de inercia y colaboración con el enemigo según los casos; pero que, a pesar de todo, el proletariado continúa siendo siempre y por doquier la clase potencialmente revolucionaria y depositaria del desquite de la revolución, mientras exista en su seno el partido comunista que, sin renunciar jamás a todas las posibilidades de afirmarse y manifestarse de manera coherente, sabe evitar las vías que aparecen más fáciles a los efectos de una popularidad inmediata, pero que lo desviarían de su tarea y privarían al proletariado del punto de apoyo indispensable de su reanudación. Sobre dicho terreno dialéctico y marxista, y jamás sobre el terreno estético y sentimental, debe rechazarse la bestial expresión oportunista de que un partido comunista es libre de adoptar todos los medios y todos los métodos. Al afirmar que el partido, precisamente por ser verdaderamente comunista, es decir, sano en los principios y en la organización, se puede permitir todas las acrobacias en la maniobra política, se olvida que el partido es para nosotros, al mismo tiempo, factor y producto del desarrollo histórico, y que frente a las fuerzas de este último el proletariado se comporta como una materia más plástica aún. Lo que tendrá influencia sobre el proletariado no serán las explicaciones tortuosas que los jefes del partido presentarían para justificar ciertas "maniobras", sino los efectos reales que es necesario saber prever, utilizando sobre todo la experiencia de los errores pasados. Solo si se sabe actuar en el campo de la táctica y rechazar enérgicamente las falsas vías con normas de acción precisas y respetadas, el partido podrá preservarse de las degeneraciones, lo que jamás logrará solamente con credos teóricos y sanciones organizativas...
Construir la táctica comunista según un método no dialéctico, sino formalista, sería estar en contra de Marx y Lenin. Sería un error garrafal afirmar que los medios deben corresponder a los fines no en virtud de su sucesión histórica y dialéctica en el proceso del desarrollo, sino según la semejanza y analogía de los aspectos que los medios y los fines pueden tener desde el punto de vista inmediato y casi diremos ético, psicológico o estético. En materia de táctica, no debe cometerse el error que anarquistas y reformistas cometen en materia de principios, cuando a éstos les parece absurdo que la supresión de las clases y del poder estatal haya que prepararla a través del predominio de la clase y del estado dictatorial proletario, y que la abolición de toda violencia social se realice a través del empleo de la violencia ofensiva y defensiva, violencia revolucionaria con respecto al poder actual y conservador con respecto al poder proletario. Análogamente, se equivocaría quien afirmase que un partido revolucionario deba estar en todo momento por la lucha sin tener en cuenta las fuerzas de amigos y enemigos; que en una huelga, por ejemplo, el comunista no pueda propugnar más que su continuación a ultranza; que un comunista deba rechazar ciertos medios como el disimulo, la astucia, el espionaje, etc, porque carecen de nobleza y son poco simpáticos. La crítica marxista y de Lenin contra el seudorrevolucionarismo superficial que apesta el camino del proletariado constituye el esfuerzo por eliminar esos criterios estúpidos y sentimentales de la resolución de los problemas tácticos. Esta crítica forma parte de manera definitiva de la experiencia del movimiento comunista...
Pero esa crítica al infantilismo no significa que en materia de táctica deban reinar la indeterminación, el caos y la arbitrariedad, y que "todos los medios" sean adecuados para alcanzar nuestros objetivos. Decir que la garantía de la adecuación de los medios a los fines reside en la naturaleza revolucionaria adquirida por el partido y en la contribución que a sus decisiones aportan hombres insignes o grupos que tienen tras de sí una brillante tradición, es un juego de palabras no marxista, por cuanto prescinde de la repercusión que tienen sobre el partido los medios de acción mismos que éste emplea, por el juego dialéctico de causas y efectos, y porque prescinde de nuestra negación de todo valor a las "intenciones" que dictan las iniciativas de individuos y grupos; por otra parte, jamás se puede prescindir de la "sospecha" (en un sentido no injurioso) acerca de dichas intenciones, tal como lo muestran las sangrientas experiencias del pasado.
En su libro sobre el infantilismo, Lenin dice que los medios tácticos deben ser escogidos en función de la realización del objetivo final revolucionario, gracias a una clara visión histórica de la lucha del proletariado y de su desenlace, y que sería absurdo descartar un cierto medio táctico solo porque parezca "feo" o merezca la definición de "compromiso"; por el contrario, hay que establecer si ese medio corresponde o no al fin. Éste es un problema siempre actual y seguirá siendo actual como tarea formidable para la actividad colectiva del partido y de la Internacional Comunista. Respecto al problema de los principios teóricos podemos decir que Marx y Lenin nos han legado una herencia segura, sin querer decir con esto que haya terminado toda tarea de nuevas investigaciones teóricas para el comunismo; sin embargo, no puede decirse lo mismo en el campo táctico, ni siquiera después de la revolución rusa y de la experiencia de los primeros años de vida de la nueva Internacional, la cual ha estado privada prematuramente de Lenin. El problema de la táctica, mucho más amplio que las respuestas simplistas y sentimentales de los "infantiles" debe ser aún mejor iluminado con la contribución de todo el movimiento comunista internacional, y de toda su experiencia pasada y reciente. No se está en contra de Marx y de Lenin cuando se afirma que para la resolución de ese problema se deben buscar reglas de acción, que no son vitales y fundamentales como los principios, pero que deben ser obligatorias tanto para los militantes como para los órganos dirigentes del movimiento, y que contemplen las diferentes posibilidades de desarrollo de las situaciones, para trazar con toda la precisión posible el sentido en que deberá moverse el partido cuando éstas presenten determinados aspectos.
El examen y la comprensión de las situaciones deben ser elementos necesarios para adaptar las decisiones tácticas, pero no en cuanto puedan conducir, según la arbitrariedad de los jefes, a "improvisaciones" y "sorpresas", sino en cuanto indicarán al movimiento que ha llegado la hora de una acción lo más prevista posible. De lo que se trata es de prever lo que deberemos hacer en las distintas hipótesis posibles en el curso de las situaciones objetivas, y no de prever las situaciones, lo que todavía es menos posible con seguridad. Negar la posibilidad y la necesidad de prever las grandes líneas de la táctica, – no de prever las situaciones, cosa posible con una seguridad aún menor, sino de prever qué deberemos hacer en las diversas hipótesis posibles sobre la marcha de las situaciones objetivas – significa negar la tarea del partido y negar la única garantía que podemos dar de que, en cada eventualidad, sus militantes y las masas responderán a las órdenes del centro dirigente.

140 - Las perspectivas de la posguerra en relación con la plataforma del Partido - 1946
Un carácter totalmente central y distintivo de nuestro criterio directivo, contrapuesto, en una lucha de decenios a los de todos los oportunistas y desertores de la lucha de clase, es el de establecer en líneas clarísimas las directrices de acción del partido ante los previsibles y más impresionantes desarrollos de la vida histórica del mundo capitalista que nosotros combatimos. Debe estar totalmente excluido para el partido, y, si éste está a la altura de su función, también para la clase que él personifica, que con el estallido de acontecimientos incluso grandísimos y de cataclismos históricos, centros dirigentes y grupos organizados tengan que descubrir que el dominio de los acontecimientos indiquen la elección de vías y la aceptación de consignas de acción en contraste con las del movimiento sólidamente establecidas y seguidas.
Tal es la condición para que un movimiento revolucionario pueda no solo resurgir, sino evitar sumergirse en las crisis como las del socialnacionalismo de 1914 y del nacionalcomunismo impuesto por Moscú en la fase histórica de la segunda guerra...
La esencia de la tarea práctica del Partido y de su posibilidad de influir en las relaciones de las fuerzas actuantes, y en la sucesión de los acontecimientos está, precisamente, no en la improvisación y en la imaginación de hábiles recursos y maniobras en la medida en que las nuevas situaciones maduran, sino en la estricta continuidad entre sus posiciones críticas y sus consignas de propaganda y de batalla en toda la sucesión y la contraposición de las diversas fases del devenir histórico.

141 - Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera - 1947
Los principios y las doctrinas no existen de por sí como un fundamento que surge y se establece antes de la acción; tanto ésta como aquellos se forman en un proceso paralelo. Son los intereses materiales concurrentes los que empujan prácticamente a la lucha a los grupos sociales, y de la acción suscitada por estos intereses materiales se forma la teoría que deviene patrimonio característico del partido. Si se dejan de lado las relaciones de intereses, los incentivos para la acción y las orientaciones prácticas de ésta, se abandona y se deforma la doctrina del partido.
Pensar que ésta pueda convertirse en algo sagrado e intangible debido a su codificación en un texto programático y por un estrecho encuadramiento organizativo y disciplinario del organismo partido, y que por tanto puedan consentirse múltiples y desvariadas orientaciones y maniobras en la acción táctica, significa no distinguir de una manera marxista cual es el verdadero problema que hay que resolver para conseguir la elección de los métodos de acción...
Hoy es posible, sin extraer de los textos sobre las discusiones de entonces todo el conjunto de los argumentos críticos, concluir que el balance de una táctica demasiado elástica y demasiado maniobrada no solo es un resultado negativo, sino desastrosamente ruinoso...
La causa de estos fracasos debe buscarse en el hecho de que las sucesivas consignas han llovido sobre los partidos y en medio de sus encuadramientos con el carácter de sorpresas imprevistas y sin ninguna preparación de la organización comunista para las distintas eventualidades. Los planes tácticos del partido, por el contrario, incluso previendo una variedad de situaciones y de comportamiento, no pueden y no deben convertirse en un monopolio esotérico de jerarquías supremas, sino que deben estar estrechamente coordinados a la coherencia teórica, a la conciencia política de los militantes, a las tradiciones de desarrollo del movimiento, y deben permear la organización de modo que ésta esté preparada preventivamente y pueda prever cuáles serán las reacciones de la estructura unitaria del partido ante los acontecimientos favorables o desfavorables que surjan en el transcurso de la lucha. Pretender algo más o distinto para el partido, y creer que éste no sufre daños con imprevistos golpes de timón tácticos, no equivale a tener de él un concepto más rígido y revolucionario, sino que abiertamente, como demuestran los cotejos históricos concretos, constituye el clásico proceso definido con el término de oportunismo, por el cual el partido revolucionario o se disuelve y naufraga en la influencia derrotista de la política burguesa, o queda más fácilmente al descubierto y desarmado ante las iniciativas represivas.

142 - Teoría y acción (Reunión de Forlí) - 1952
1 - Dada la situación presente de decaimiento al mínimo de la energía revolucionaria, una tarea práctica es la de examinar el curso histórico de toda la lucha, y es un error definirla como un trabajo de tipo literario o intelectual, contraponiéndola a no se sabe qué inmersión en medio de la acción de las masas.
6 - Por lo tanto, no siendo concebibles bruscos retornos de las masas a una organización útil de ataque revolucionario, el mejor resultado que los próximos tiempos pueden dar es volver a proponer los verdaderos fines y reivindicaciones proletarias y comunistas, y remachar la lección de que es derrotismo toda improvisación táctica que cambie de situación en situación con la pretensión de explotar datos inesperados de las mismas.
7 - El estúpido actualismo-activismo que adapta gestos y movimientos a los datos inmediatos de hoy, verdadero existencialismo de partido, debe ser sustituido por la reconstrucción del sólido puente que une el pasado al futuro, y cuyas grandes líneas se dicta a sí mismo el partido de una vez para siempre, prohibiendo a los militantes, y sobre todo a los jefes, la búsqueda y el descubrimiento tendenciosos de "nuevas vías".
8 - Esta moda, sobre todo cuando difama y abandona el trabajo doctrinal y la restauración teórica (necesaria hoy como lo fue para Lenin en 1914-18), al suponer que la acción y la lucha son todo, recae en la destrucción de la dialéctica y del determinismo marxistas, sustituyendo la inmensa búsqueda histórica de los raros momentos y puntos cruciales sobre los cuales apoyarse por un voluntarismo descabellado, que es de hecho la peor y más crasa adaptación al status quo y a sus míseras perspectivas inmediatas.
11 - Un trabajo semejante es largo y difícil, absorbe años y años; por otra parte, la relación de fuerzas de la situación mundial no puede invertirse antes de decenios. Por lo tanto, todo espíritu estúpido y falsamente revolucionario de aventura rápida debe ser desechado y despreciado en cuanto que es propio de quien no sabe resistir en la posición revolucionaria y, como en tantos ejemplos de la historia de las desviaciones, abandona la vía maestra por los callejones equívocos del éxito a breve plazo.

143 - Consideraciones sobre la orgánica actividad del partido cuando la situación general es históricamente desfavorable - 1965
5 - La relación que existe entre las soluciones tácticas, para que no sean condenadas por los principios doctrinales y teóricos, y el multiforme desarrollo de las situaciones objetivas y en cierto sentido, externas al partido, es ciertamente muy mutable; pero la Izquierda ha mantenido que el partido debe dominarla y preverla anticipadamente, como está desarrollado en las Tesis de Roma sobre la táctica, entendidas como proyecto de tesis para la táctica internacional.











CAP. 2 - ELEMENTO PRIORITARIO DE LA TÁCTICA: AUTONOMÍA ABSOLUTA DEL PARTIDO

144 - La táctica de la Internacional Comunista - 1922
IV -...Nosotros creemos que un plan similar se basa en una contradicción y contiene prácticamente los elementos de un fracaso indefectible. Es indudable que el Partido Comunista debe proponerse utilizar también los movimientos no conscientes de las grandes masas, y no puede dedicarse a una prédica negativa puramente teórica cuando se encuentre en presencia de tendencias generales hacia otras vías de acción que no sean las propias de su doctrina y praxis. Pero esta utilización resulta provechosa si planteándose sobre el terreno en el que se mueven las grandes masas, trabajando también en uno de los dos factores esenciales del éxito revolucionario, se está seguro de no comprometer el otro, no menos indispensable de la existencia y progresivo reforzamiento del partido y de aquel encuadramiento de una parte del proletariado que ya ha sido conducida sobre el terreno en el cual actúan las consignas del partido...
Si un día, tras un periodo de acontecimientos y de luchas más o menos largo, la masa obrera se encontrase finalmente frente a la vaga constatación de que toda tentativa de revuelta es inútil, si no se choca contra la misma máquina del aparato estatal burgués, porque en las fases precedentes hubiese permanecido gravemente comprometida la organización del partido comunista y de los movimientos que lo flanquean (como el encuadramiento sindical y el militar), el proletariado se encontraría desprovisto de las armas mismas de su lucha, de la contribución indispensable de aquella minoría que posee la clara visión de las tareas a afrontar, y que por haberla poseído durante mucho tiempo y mantenido a la vista se ha dado todo un entrenamiento y se ha armado en el amplio sentido de la palabra, ambas cosas indispensables para la victoria de la gran masa.
Nosotros pensamos que esto tendría lugar, demostrándose la esterilidad de todo plan táctico como los que estamos examinando, si el Partido Comunista asumiese prevaleciente y clamorosamente actitudes políticas tales como para anular o cuestionar su carácter intangible de PARTIDO DE OPOSICIÓN RESPECTO AL ESTADO Y A LOS OTROS PARTIDOS POLÍTICOS...
La actitud y la actividad de oposición política del Partido Comunista no son un lujo doctrinal, sino, como veremos, una condición concreta del proceso revolucionario.
Efectivamente, actividad de oposición quiere decir constante predicación de nuestras tesis de la insuficiencia de toda acción de conquista democrática del poder y de toda lucha política que quiera mantenerse en el terreno legal y pacífico, fidelidad a esa actividad de oposición en la crítica continua y en la división de responsabilidades por la obra de los gobiernos y de los partidos legales, formación, ejercitación y entrenamiento de órganos de lucha que solo un partido antilegalitario como el nuestro puede construir, fuera y contra el mecanismo que es el de la defensa burguesa...
Bajo este aspecto, nosotros, fieles a la tradición resplandeciente de la Internacional Comunista, no juzgamos a los partidos políticos con el criterio con el cual es justo juzgar a los organismos económicos sindicales, o sea según el campo de reclutamiento de sus efectivos y la clase sobre la que se realiza dicho reclutamiento, sino con el criterio de su actitud hacia el Estado y su mecanismo representativo. Un partido que se cierra voluntariamente en los confines de la legalidad, o sea, que no concibe otra acción política que la que se puede ejercer sin uso de violencia civil en las instituciones de la constitución democrático burguesa, no es un partido proletario, sino un partido burgués, y en cierto sentido basta, para dar este juicio negativo, el solo hecho de que un movimiento político (como el sindicalista o democrático) aun poniéndose fuera de los límites de la legalidad rechaza aceptar el concepto de la organización estatal de la fuerza revolucionaria proletaria, o sea de la dictadura. Aquí no hay más que la enunciación de la plataforma defendida por nuestro partido: frente único sindical del proletariado, oposición política incesante hacia el gobierno burgués y todos los partidos legales...
V -...La burguesía y sus aliados trabajan para difundir en el proletariado la persuasión de que para su lucha por mejoras no es necesario servirse de medios violentos, y que sus armas se encuentran en el empleo pacífico del aparato democrático representativo y en la órbita de las instituciones legales. Estas conclusiones son muy peligrosas para la suerte de la revolución, porque es verdad que en un cierto momento caerán, pero en ese mismo momento, tras su caída, no se presentará la actitud de las masas para sostener la lucha contra el aparato legal y estatal burgués con los medios de la guerra revolucionaria, ni a proclamar ni a sostener la dictadura de clase, único medio para sofocar a la clase enemiga. La repugnancia y la inexperiencia del proletariado para usar estas armas resolutivas se convertirían en otras tantas ventajas para la burguesía: destruir esta repugnancia subjetiva en el mayor número posible de proletarios para dar al adversario los golpes decisivos, y prepararlo para las exigencias de tal acción, es por el contrario la tarea del partido comunista. Es ilusorio perseguir tal fin con la preparación de la ideología y de la ejercitación para la guerra de clase hasta del último proletario, es indispensable garantizarlo con la formación y la consolidación de un organismo colectivo cuya obra y actitud en dicho campo constituyan el reclamo de la parte más grande posible de los trabajadores, para que poseyendo un punto de referencia y de apoyo, la indefectible desilusión que dispersará mañana las mentiras democráticas sean seguidas por una conversión útil a los métodos de lucha revolucionaria...
La vía de la revolución deviene un círculo vicioso si el proletariado, para constatar que el variopinto telón de la democracia liberal y populachera esconde los férreos bastiones del Estado de clase, deberá proceder hasta el fondo sin pensar en proveerse de medios aptos para demoler el último y decisivo obstáculo, si no en el momento en que desde la fortaleza del dominio burgués saldrán para precipitarse sobre él, armadas hasta los dientes, las feroces formaciones de la reacción. El partido es necesario para la victoria revolucionaria en cuanto que es necesario que mucho antes una minoría del proletariado comience a gritar incesantemente a los demás que es necesario armarse para el choque supremo, armándose ella misma e instruyéndose para la lucha que será inevitable. Precisamente por eso, el Partido para asumir su tarea específica no solo debe predicar y demostrar con razonamientos que la vía pacífica y legal es una vía insidiosa, sino que debe "contener" a la parte más avanzada del proletariado para que no se atormente con la ilusión democrática, encuadrada en formaciones que por una parte comienzan a prepararse para las exigencias técnicas de la lucha confrontándose con las acciones esporádicas de la reacción burguesa, por otra se habitúan a sí mismas y a una amplia parte de las masas circundantes a las exigencias ideológicas y políticas de la acción decisiva con su crítica incesante de los partidos socialdemócratas y a la lucha contra ellos en el interior del sindicato...
Por todas estas razones, nuestro Partido sostiene que no hay que hablar de alianzas en el terreno político con otros partidos, aunque se digan "proletarios", ni de suscripciones de programas que implican una participación del Partido Comunista en la conquista democrática del Estado. Esto no excluye que se puedan plantear y prospectar, como realizables por la presión del proletariado, incluso reivindicaciones que se realizarían por medio de decisiones del poder político del Estado, y que a través de éste los socialdemócratas dicen querer y poder realizar, puesto que con una acción tal no se desarma el grado de iniciativa de lucha directa que el proletariado ha alcanzado.
Por ejemplo, entre nuestras reivindicaciones por el frente único para sostener con la huelga general nacional, está la asistencia a los desocupados por parte de la clase industrial y del Estado, pero nosotros rechazamos toda complicidad con el engaño vulgar de los programas "concretos" de política estatal del partido socialista y de los jefes sindicales reformistas, incluso si estos aceptasen proponerles como programa de un gobierno "obrero" en lugar de aquel que sueñan con los partidos de la clase dominante en digno y fraterno revoltijo.
Entre sostener una medida (que se podría, para parodiar viejos debates, llamar "reforma") desde dentro o desde fuera del Estado, hay una formidable diferencia establecida por el desarrollo de las situaciones: que con la acción directa de las masas desde fuera en caso de que el Estado no pueda o no quiera ceder se llegará a la lucha para derrocarlo, en el caso de que ceda incluso en parte se habrá valorizado y ejercitado el método de la acción antilegalitaria – mientras que con el método de la conquista desde dentro, si también ese falla, según el plan que hoy se sostiene, ya no es posible contar con las fuerzas capaces de asaltar la máquina estatal por haber interrumpido su proceso de agregación en torno a un núcleo independiente.
La acción de las grandes masas en el frente único no puede, pues, realizarse más que en el campo de la acción directa y por acuerdos con los órganos sindicales de cada categoría, localidad y tendencia, y la iniciativa de esta agitación corresponde al Partido Comunista, ya que los otros partidos, sosteniendo la inacción de las masas frente a las provocaciones de la clase dominante y explotadora, y la distracción en el terreno de la legalidad estatal y democrática, demuestran desertar de la causa proletaria y nos permiten impulsar al máximo la lucha para dirigir al proletariado a la acción con la directriz y con los métodos comunistas, defendidos al lado del grupo más humilde de explotados que exige un pedazo de pan o lo defiende de la insaciable avidez patronal, pero contra el mecanismo de las instituciones presentes y contra cualquiera que se coloque en su terreno.

145 - Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) - 1922
30 - Pueden faltar las condiciones para una acción táctica que, al tener el carácter de un asalto al poder burgués con las fuerzas a disposición del partido comunista, puede ser definida como directa (y de la cual se hablarás adelante). Lejos de restringirse a un puro y simple trabajo de proselitismo y de propaganda, el partido puede y debe ejercer entonces una influencia propia sobre los acontecimientos a través de sus relaciones y presiones sobre otros partidos y movimientos políticos y sociales, tendiendo a determinar desarrollos de la situación en un sentido favorable a sus propias finalidades, y de modo de apresurar el momento en que será posible la acción revolucionaria decisiva.
Las iniciativas y actitudes a adoptar en tal caso constituyen un delicado problema en cuya base es necesario establecer la condición de que aquellas no deben de ningún modo estar ni aparecer en contradicción con las exigencias ulteriores de la lucha específica del partido, de acuerdo con el programa que él es el único en defender, y por el cual el proletariado deberá luchar en el momento decisivo. La propaganda del partido no tiene solo un valor teórico, sino que resulta sobre todo de las posiciones cotidianamente asumidas en la lucha proletaria real, y debe poner continuamente en evidencia la necesidad de que el proletariado abrace el programa y los métodos comunistas. Toda actitud que cause o comporte el paso a segundo plano de la afirmación integral de esta propaganda, toda actitud que del logro de determinados resultados contingentes trate de hacer no ya un medio para ir más allá, sino un fin en sí mismo, conduciría a un debilitamiento de la estructura del partido y de su influencia en la preparación revolucionaria de las masas.
36 -...El partido comunista agitará entonces estas mismas reivindicaciones, subrayándolas y precisándolas como bandera de lucha de todo el proletariado, impulsándolo hacia adelante para forzar a los partidos que hablan solo por oportunismo a enrolarse y empeñarse en la vía de la conquista de los mismos. Ya se trate de peticiones económicas, o incluso de carácter político, el partido comunista las propondrá como objetivos de una coalición de los organismos sindicales, y evitará la constitución de comités dirigentes de lucha y de agitación en los cuales él estaría representado y comprometido al flanco de otros partidos políticos. Y esto siempre con el objetivo de mantener la atención de las masas en el programa comunista específico, como también la propia libertad de movimiento para la elección del momento en que se deberá ampliar la plataforma de acción y desbordar a los otros partidos que se han mostrado impotentes y que han sido abandonados por las masas. Así entendido, el frente único sindical ofrece la posibilidad de acciones de conjunto de toda la clase trabajadora. De estas acciones, el método comunista no podrás que salir victorioso, por ser el único susceptible de dar un contenido al movimiento unitario del proletariado, y por estar libre de toda responsabilidad respecto al trabajo de los partidos que exhiben por oportunismo y con intenciones contrarrevolucionarias su apoyo verbal a la causa del proletariado.











CAP. 3 - LA TÁCTICA DEL PARTIDO EN EL CAMPO EUROPEO OCCIDENTAL: LAS TESIS DE ROMA

146 - Tesis sobre la táctica al II Congreso del PC de Italia (Tesis de Roma) - 1922
31 - En la situación histórico-política que corresponde al poder democrático burgués, se verifica en general una división del campo político en dos corrientes o "bloques", de derecha y de izquierda, que se disputan la dirección del Estado. Por lo general, al bloque de izquierda se adhieren más o menos abiertamente los partidos socialdemócratas, coalicionistas por principio. El desarrollo de esta lucha no es indiferente al partido comunista, sea porque ella versa sobre puntos y reivindicaciones que interesan a las masas proletarias, y que concentran su atención, sea porque su desenlace con una victoria de la izquierda puede allanar realmente la vía a la revolución proletaria...
32 - Para preparar ideológica y prácticamente al proletariado para la lucha revolucionaria por la dictadura, una tarea esencial del partido comunista es la crítica despiadada del programa de la izquierda burguesa y de todo programa que quiera extraer la solución de los problemas sociales del marco de las instituciones burguesas democráticas y parlamentarias. En su mayor parte, el contenido de los desacuerdos entre la derecha y la izquierda burguesa conmueve al proletariado solo en virtud de falsificaciones demagógicas, que naturalmente no pueden ser desbaratadas con un puro trabajo de crítica teórica, sino que deben ser atacadas y desenmascaradas en la práctica y al calor de la lucha. En general, las reivindicaciones políticas de la izquierda (que no tienen en absoluto la finalidad de dar un paso adelante para poner el pie sobre un escalón intermedio entre el sistema económico y político capitalista y el sistema proletario) tienden a crear condiciones de mejor funcionamiento y de defensa más eficaz del capitalismo moderno, tanto por su contenido intrínseco como por su tendencia a dar a las masas la ilusión de que las instituciones presentes puedan ser utilizadas para su proceso emancipador. Esto concierne tanto las reivindicaciones de extensión del derecho de voto y de otras garantías y perfeccionamientos del liberalismo, como la lucha anticlerical y todo el conjunto de la política "masónica".
Las reformas legislativas de carácter económico o social no tienen otro valor: o su realización no se verificará, o solo se verificará en la medida en que lleguen a crear (y con la intención de crear) un obstáculo al empuje revolucionario de las masas.
33 - El advenimiento de un gobierno de la izquierda burguesa, o incluso de un gobierno socialdemócrata, pueden ser considerados como un inicio de la lucha definitiva por la dictadura proletaria, pero no en el sentido de que su obra le crearía premisas útiles de carácter económico o político, y menos aún con la esperanza de que concederían al proletariado una mayor libertad de organización, de preparación y de acción revolucionaria. El partido comunista sabe y tiene el deber de proclamar, en virtud de razones críticas y de una sangrienta experiencia, que estos gobiernos solo respetarían la libertad de movimiento del proletariado hasta tanto éste los reconociese y los defendiese como sus propios representantes, mientras que responderían con la más feroz reacción a un asalto de las masas contra la máquina del Estado democrático. Por ende, es en un sentido muy distinto que el advenimiento de estos gobiernos puede ser útil: es decir, en la medida en que su obra permitirá al proletariado deducir de los hechos la experiencia real de que solo la instauración de su dictadura puede provocar una verdadera derrota del capitalismo. Es evidente que dicha experiencia podrá ser utilizada eficazmente solo en la medida en que el partido comunista haya denunciado previamente tal fracaso, y conservado una sólida organización independiente en torno a la cual el proletariado podrá reagruparse cuando esté obligado a abandonar a los grupos y partidos cuya experiencia gubernamental había sostenido en parte.
34 - Por consiguiente, una coalición del partido comunista con partidos de la izquierda burguesa, o de la socialdemocracia, no solo daña la preparación revolucionaria y haría difícil la utilización de una experiencia de gobierno de izquierda, sino que también prácticamente retardaría en general la victoria del bloque de izquierda sobre el de derecha...
35 - Por otra parte, el partido comunista no descuidará el hecho innegable de que las reivindicaciones sobre las que gira la agitación del bloque de izquierda atraen el interés de las masas, y de que – en su formulación – corresponden a menudo a sus exigencias reales. El partido comunista no sostendrá la tesis superficial del rechazo de tales concesiones porque solo la conquista revolucionaria final y total merecería los sacrificios del proletariado; esta proclamación no tendría sentido, dado que – sin lugar a dudas – el proletariado pasaría entonces al séquito de los demócratas y socialdemócratas, quedando bajo su control. Por consiguiente, el partido comunista invitará a los trabajadores a aceptar las concesiones de la izquierda como una experiencia, sobre cuyos resultados expresará claramente con su propaganda todas sus previsiones pesimistas y la necesidad de que el proletariado no ponga en juego su independencia organizativa y política, para no salir arruinado de esta situación. El partido comunista instará a las masas para que exijan de los partidos de la socialdemocracia (que garantizan la posibilidad de realización de las promesas de la izquierda burguesa) que mantengan sus compromisos; y con su crítica independiente e ininterrumpida se preparará a recoger los frutos del resultado negativo de tales experiencias, demostrando cómo toda la burguesía está efectivamente enrolada en un frente único contra el proletariado revolucionario, y cómo los partidos que se dicen obreros, pero que sostienen la coalición con parte de la burguesía, no son más que sus cómplices y agentes.
36 - Las reivindicaciones expuestas por los partidos de izquierda, y particularmente por los socialdemócratas, son a menudo de tal naturaleza que es útil instar al proletariado a moverse directamente para conseguirlas, dado que si la lucha fuese emprendida pondría inmediatamente en evidencia la insuficiencia de los medios con los cuales los socialdemócratas se proponen realizar un programa de medidas benéficas para el proletariado. El partido comunista agitará entonces estas mismas reivindicaciones, subrayándolas y precisándolas como bandera de lucha de todo el proletariado, impulsándolo hacia adelante para forzar a los partidos que hablan solo por oportunismo a enrolarse y empeñarse en la vía de la conquista de los mismos. Ya se trate de peticiones económicas, o incluso de carácter político, el partido comunista las propondrá como objetivos de una coalición de los organismos sindicales, y evitará la constitución de comités dirigentes de lucha y de agitación en los cuales él estaría representado y comprometido al flanco de otros partidos políticos. Y esto siempre con el objetivo de mantener la atención de las masas en el programa comunista específico, como también la propia libertad de movimiento para la elección del momento en que se deberá ampliar la plataforma de acción y desbordar a los otros partidos que se han mostrado impotentes y que han sido abandonados por las masas. Así entendido, el frente único sindical ofrece la posibilidad de acciones de conjunto de toda la clase trabajadora. De estas acciones, el método comunista no podrás que salir victorioso, por ser el único susceptible de dar un contenido al movimiento unitario del proletariado, y por estar libre de toda responsabilidad respecto al trabajo de los partidos que exhiben por oportunismo y con intenciones contrarrevolucionarias su apoyo verbal a la causa del proletariado.
37 - La situación a la que nos referimos puede tomar el aspecto de un asalto de la derecha burguesa contra un gobierno demócrata o socialdemócrata. También en este caso, la actitud del partido comunista no podrá ser la de proclamar su solidaridad con gobiernos semejantes, ya que no se puede presentar al proletariado como una conquista a defender un orden político cuya experiencia ha sido acogida y seguida para acelerar en el proletariado la convicción de que este orden no está hecho a su favor, sino con fines contrarrevolucionarios.
38 - Podrá suceder que el gobierno de izquierda deje a organizaciones de derecha, a bandas blancas burguesas, llevar a cabo sus hazañas contra el proletariado y sus instituciones y no solo no pida el apoyo del proletariado, sino que también pretenda que éste no tenga el derecho a responder con la organización de una resistencia armada. En tal caso, los comunistas demostrarán cómo no puede tratarse más que de una complicidad efectiva, más aún, de una división de funciones entre el gobierno liberal y las fuerzas irregulares reaccionarias... En esta situación, el verdadero y peor enemigo de la preparación revolucionaria es el ala liberal del gobierno: ésta ilusiona al proletariado diciendo que lo defenderá en nombre de la legalidad, para así llegar a encontrarlo inerme y desorganizado, y para poder postrarlo en pleno acuerdo con las bandas blancas, el día en que el proletariado se encontrase por fuerza en la necesidad de luchar contra el aparato legal que preside su explotación.
39 - Otra hipótesis es aquella en que el gobierno y los partidos de izquierda que lo componen invitasen al proletariado a participar en la lucha armada contra el asalto de la derecha. Esta invitación solo puede preparar una trampa, y el partido comunista la acogerá proclamando que las armas en las manos de los proletarios equivale al advenimiento del poder y del Estado proletarios, y la destrucción de la máquina tradicional, burocrática y militar del Estado, ya que ésta no obedecerás las órdenes de un gobierno de izquierda llegado al poder con medios legalitarios cuando éste llamase al pueblo a la lucha armada, y dado que solo la dictadura proletaria podría dar estabilidad a una victoria sobre las bandas blancas. Por consiguiente, no deberá proclamarse ni practicarse ninguna "lealtad" hacia un tal gobierno; y, sobre todo, se deberá indicar a las masas el peligro de que la consolidación de su poder frente al levantamiento de la derecha o a la tentativa de golpe de Estado significase la consolidación del organismo que se opondrá al avance revolucionario del proletariado (cuando éste se imponga como la única vía de escape) si el control de la organización armada estatal permaneciese en manos de los partidos gubernamentales democráticos, es decir, si el proletariado hubiese depuesto las armas sin haberlas empleado en derrocar las actuales formas políticas y estatales, contra todas las fuerzas de la clase burguesa.
40 -...Sin embargo, en otros casos, las exigencias inmediatas y urgentes de la clase trabajadora (tanto de conquista como de defensa) encuentran indiferentes a los partidos de izquierda y a los socialdemócratas. Si no dispone de fuerzas suficientes para llamar directamente a las masas a la lucha por esas conquistas, a causa de la influencia que los socialdemócratas ejercen sobre aquellas, el partido comunista formulará esas reivindicaciones de la lucha proletaria, y para arrancarlas invocará la realización del frente único del proletariado sobre el terreno sindical; al mismo tiempo, no solo evitará ofrecer una alianza a los socialdemócratas, sino que proclamará que éstos traicionan hasta los intereses contingentes e inmediatos de los trabajadores. De este modo, el frente único sindical encontrará en su puesto a los comunistas que militan en los sindicatos y, por otra parte, el partido tendrá la posibilidad de intervenir si la lucha tomase otro carácter, contra el cual inevitablemente se alinearían los socialdemócratas, y algunas veces los sindicalistas y anarquistas. Por el contrario, el rechazo de los otros partidos proletarios a efectuar el frente único sindical por estas reivindicaciones será utilizado por el partido comunista para destruir su influencia, no solo con la crítica y la propaganda que demuestren cómo ese rechazo revela una verdadera complicidad con la burguesía, sino sobre todo con la participación en primera línea en las acciones parciales del proletariado que la situación no dejará de suscitar sobre la base de esos objetivos por los cuales el partido habría propuesto el frente único sindical de todas las organizaciones locales de todas las categorías. El partido comunista obtendrá la demostración concreta de que los dirigentes socialdemócratas, al oponerse a la extensión de las acciones, preparan su derrota...












CAP. 4 - RECHAZO DE BLOQUES, ALIANZAS Y FRENTES ENTRE PARTIDOS

147 - La táctica de la Internacional Comunista - 1922
II -...En cambio la táctica del frente único como está concebida por nosotros comunistas no contiene de hecho estos elementos de renuncia por nuestra parte. Estos quedan solo como un posible peligro: nosotros creemos que este peligro deviene preponderante si la base del frente único es conducida fuera del terreno de la acción directa proletaria y de la organización sindical para invadir el campo parlamentario y gubernamental, y diremos por qué razones, conectadas con el desarrollo lógico de esta táctica.
El frente único proletario no quiere decir el banal comité mixto de representantes de distintas organismos, en favor del cual los comunistas abdican de su independencia y libertad de acción para trocarla por un cierto grado de influencia sobre movimientos de una masa más grande que las que les seguiría si actuasen solos. Es algo muy distinto.
Nosotros proponemos el frente único porque nos sentimos seguros de que la situación es tal que los movimientos conjuntos de todo el proletariado, cuando se plantean problemas que no interesan solamente a una categoría o a una localidad, sino a todas, no pueden efectuarse más que en sentido comunista, es decir, en el mismo sentido que nosotros le daríamos si dependiese de nosotros guiar a todo el proletariado. Nosotros proponemos la defensa de los intereses inmediatos y del enfoque que se ha dado actualmente al proletariado contra los ataques de la patronal, porque esta defensa, que no ha estado nunca en contraste con nuestros principios revolucionarios, no se puede hacer más que preparando y realizando la ofensiva en todos sus desarrollos revolucionarios así como nosotros lo hemos prefigurado...
V - (...) El experimento socialdemócrata en ciertas situaciones debe tener lugar y ser utilizado por los comunistas, pero no se puede pensar en esta "utilización" como en un hecho subitáneo que acaecerá al final del experimento, sino como resultado de una incesante crítica que el Partido Comunista habrá realizado incesantemente, y para la cual es indispensable una precisa separación de responsabilidades.
De aquí nuestro concepto de que el Partido Comunista no puede abandonar nunca su actitud de oposición política hacia el Estado y hacia los otros partidos, considerada como un elemento de su obra de construcción de las condiciones subjetivas de la revolución, que es su misma razón de ser. Un Partido Comunista mezclado con los partidos de la socialdemocracia pacifista y legalitaria en una campaña política parlamentaria o gubernamental ya no asume la tarea del Partido Comunista.

148 - Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia - (Tesis de Lyon) - 1926
Otro error en la cuestión general de la táctica, que con toda claridad lleva netamente a la clásica posición oportunista refutada por Marx y Lenin, es la formulación de que el partido, excepto en el momento de representar el factor de la revolución proletaria total y final, sabiendo que las condiciones de la revolución cambiarán solamente a través de una evolución de las formas políticas y sociales, deba escoger entre las fuerzas en contienda, cuando tengan lugar luchas de clase y de partidos que no sean todavía las que correspondan a su terreno específico, aquella que represente el desarrollo de la situación en un sentido más favorable para la evolución histórica general, y deba apoyarla y coaligarse más o menos abiertamente con ella.
Ante todo, falta el presupuesto de semejante política, porque el esquema típico de una evolución social y política que esté precisada en todos sus detalles, y que equivalga a la mejor preparación del advenimiento final del comunismo, es un concepto que solo los oportunistas han querido atribuir al marxismo y es el fundamento de la difamación por parte de los Kautsky de la revolución rusa y del movimiento comunista actual. Ni siquiera se puede establecer como tesis general que las condiciones más propicias para el trabajo fecundo del partido comunista se encuentren en ciertos tipos de régimen burgués, por ejemplo, en los más democráticos. Si es verdad que las medidas reaccionarias y de "derecha" de los gobiernos burgueses han detenido muchas veces al proletariado, no es menos cierto, y ha sucedido con mucha más frecuencia, que la política liberal y de izquierda de los gobiernos burgueses ha atenuado muchas veces la lucha de clases y ha desviado a la clase obrera de acciones decisivas. Una valoración más exacta y verdaderamente conforme a la ruptura del marxismo con la seducción democrática, evolucionista y progresista, muestra que la burguesía intenta y a menudo logra alternar periódicamente sus métodos y partidos de gobierno según su interés contrarrevolucionario, mientras que toda nuestra experiencia nos demuestra cómo el triunfo del oportunismo ha pasado siempre a través del apasionamiento del proletariado por las vicisitudes sucesivas de la política burguesa.
En segundo lugar, incluso si fuese cierto que ciertas transformaciones a nivel de gobierno en el régimen actual facilitan el desarrollo ulterior de la acción del proletariado, la experiencia muestra con evidencia que esto presupone una condición expresa: la exigencia de un partido que haya advertido a tiempo a las masas de la desilusión que seguiría a lo que le era presentado como un éxito inmediato; y no solo presupone la simple existencia del partido, sino también su capacidad para actuar, incluso antes de la lucha a la que aquí nos referimos, con una autonomía que salte a los ojos del proletariado, el que lo sigue según su actitud concreta y no solo según los esquemas que le fuese cómodo adoptar oficialmente. Por lo tanto, el partido comunista, en presencia de luchas que no pueden desarrollarse aún como la lucha definitiva por la victoria proletaria no será el gerente de transformaciones y realizaciones que no interesan directamente a la clase que representa, y no renunciará a su carácter y a su actitud autónoma para participar en una especie de sociedad de seguros para todos los movimientos políticos supuestamente "renovadores", o para todos los sistemas y gobiernos políticos amenazados por un pretendido "gobierno peor".
A menudo, se avanza falsamente contra las exigencias de esta línea de acción la fórmula de Marx según la cual «los comunistas apoyan todo movimiento dirigido contra las condiciones sociales existentes», así como la doctrina de Lenin contra "la enfermedad infantil del comunismo". La especulación intentada en torno a estas enunciaciones dentro de nuestro movimiento no difiere en su naturaleza íntima de la especulación análoga conducida siempre por parte de los revisionistas y de los centristas a la Berstein o Nenni que, en nombre de Marx y Lenin, han pretendido burlarse de los revolucionarios marxistas.
Ante todo, hay que observar acerca de estas enunciaciones, que ellas tienen un valor histórico contingente, pues se refieren, por parte de Marx, a la Alemania aún no burguesa; y en cuanto a la experiencia bolchevique ilustrada por Lenin en su libro, a la Rusia zarista. Estas bases no son las únicas sobre las cuales se debe fundar la resolución de la cuestión táctica en las condiciones clásicas: proletariado en lucha con una burguesía capitalista plenamente delineada. En segundo lugar, hay que observar que el apoyo del que habla Marx y los "compromisos" de los que habla Lenin (término preferido por Lenin sobre todo por "coquetería" de ese magnífico dialéctico marxista que es el campeón de la verdadera y no formal intransigencia, orientada y dirigida hacia una meta inmutable), son apoyos y compromisos con movimientos aún constreñidos a abrirse camino mediante la insurrección contra las formas pasadas, incluso contra las ideologías y la voluntad eventual de sus jefes; y la intervención del partido comunista se presenta como una intervención en el terreno de la guerra civil: así formula Lenin la cuestión de los campesinos y de las nacionalidades, el episodio de Kornilov y tantos otros casos. Pero, aún al margen de estas dos observaciones sustanciales, el sentido de la crítica que Lenin hace del infantilismo, y el de todos los textos marxistas sobre la agilidad de la política revolucionaria, no está de ningún modo en contradicción con la barrera que los mismos elevan voluntariamente contra el oportunismo, el que es definido, por Engels y después por Lenin, como la "ausencia de principios", o sea, como el olvido del objetivo final.

149 - La plataforma política del Partido comunista internacional - 1945
7 - La clase proletaria italiana no tiene ningún interés, ni particular ni general, ni inmediato ni histórico, en apoyar la política de los grupos y de los partidos que, beneficiándose no de su propia fuerza, sino de la derrota militar del gobierno fascista, personifican hoy el ejercicio del simulacro de poder que el vencedor en armas cree dejar a una estructura estatal italiana. El partido, expresión de los intereses proletarios, debe negarle a estos grupos no sólo la colaboración en el gobierno, sino todo consenso con sus proclamaciones doctrinales comunes, históricas y políticas, que hablan de solidaridad nacional entre las clases, de lucha unida, de partidos burgueses y sedicentes proletarios sobre la consigna de la libertad, de la democracia, de la guerra contra el fascismo y el nazismo.
El rechazo del partido a toda colaboración política no solo se refiere a los órganos del gobierno, sino también a los comités de liberación, y a cualquier otro organismo o combinación semejante, con la misma o distinta base política...
21 - El partido proletario, en Italia como en todo el mundo, debe distinguirse de los amasijos de todos los otros movimientos políticos y, mejor aún, seudo partidos de hoy, en el enfoque histórico fundamental, por la valoración original de la antítesis entre fascismo y democracia como tipos de organización del mundo moderno. El movimiento comunista en su origen (hace unos 100 años) debía y podía, para acelerar todo movimiento contra las condiciones sociales existentes, admitir la alianza con los partidos democráticos, porque éstos tenían entonces una tarea histórica revolucionaria. Hoy tal tarea se ha agotado hace mucho tiempo y esos mismos partidos tienen una función contrarrevolucionaria. El comunismo, a pesar de las derrotas del proletariado en batallas decisivas ha realizado como movimientos pasos gigantescos.
Su característica actual es la de haber roto y denunciado históricamente, desde que el capitalismo llegó a ser imperialista, desde que la primera guerra mundial ha revelado la función anti-revolucionaria de demócratas y socialdemócratas, toda política de acción paralela incluso transitoria con las democracias. En la situación que suceda a estas crisis, el comunismo o bien se retirará de la historia engullido por las arenas movedizas de la democracia progresiva, o actuará y combatirá solo.
En la táctica política el partido proletario revolucionario, en Italia como en todo el mundo resurgirá solo en tanto se distinga de todos los otros y sobre todo del falso comunismo que se reclama al régimen actual de Moscú, por haber desvelado despiadadamente el derrotismo de todas las pretendidas maniobras de penetración y de engaño presentadas como adhesiones transitorias a objetivos comunes con otros partidos y movimientos, y justificadas con el prometer en secreto en el círculo interno de los adherentes que tal maniobra sirve solo para debilitar y enredar al adversario para romper en un cierto momento los acuerdos y las alianzas, pasando a la ofensiva de clase. Tal método se ha demostrado susceptible de conducir al descuartizamiento del partido revolucionario, a la incapacidad de la clase obrera para luchar por sus propios fines, para la dispersión de sus mejores energías asegurando resultados y conquistas que sólo le dan ventajas a sus enemigos.
Como en el "Manifiesto" de hace un siglo, los comunistas rechazan ocultar sus principios y sus fines, y declaran abiertamente que su finalidad no podrá ser alcanzada más que con la caída violenta de todos los ordenamientos sociales existentes hasta ahora. En el marco de la presente historia mundial, si por casualidad hubiese grupos burgueses democráticos que tuviesen una función residual debido a la parcial y eventual supervivencia de exigencias de liberación nacional, de liquidación de islotes atrasados de feudalismo, y de residuos históricos similares, tal función debería llevarse a cabo de la manera más decidida y concluyente, para dar lugar al ulterior ciclo de la crisis burguesa, no con un acomodamiento pasivo y abdicante del movimiento comunista ante postulados que no son los suyos, sino en virtud de una implacable y lacerante oposición de los proletarios comunistas a la insanable debilidad y desidia de los grupos pequeño-burgueses y de los partidos burgueses de izquierda.
Consecuentemente con estas directrices, que tienen validez en todo el campo mundial, un movimiento comunista en Italia debe significar, en la pavorosa situación de disolución de todos los encuadramientos sociales y de todas las orientaciones doctrinales y prácticas de clases y partidos, un violento reclamo a la despiadada clarificación de la situación. Fascistas o antifascistas, monárquicos y republicanos, liberales y socialistas, demócratas y católicos, que a cada momento que pasa se esterilizan en debates carentes de todo sentido teórico, a través de una rivalidad despreciable, con maniobras y chanchullos repugnantes, deberían recibir un desafío despiadado, que les obligase a todos a revelar las posiciones reales de los intereses de clase, nacionales y extranjeros, que de hecho expresan, y a llevar a término, si por casualidad lo tuviesen, su tarea histórica.
Si, en la disgregación y en la fragmentación de todos los intereses colectivos y de grupo, es aún posible en Italia una nueva cristalización de manifiestas fuerzas políticas combatientes, el resurgimiento del partido proletario revolucionario podrá determinar una situación nueva.
Cuando este movimiento, que será el único en proclamar sus finalidades máximas de clase, su totalitarismo de partido, los crudos límites que le separan de los demás, ponga la brújula política en la dirección del Norte revolucionario, todos los demás se verán obligados a confesar su lucha.

150 - Naturaleza, función y táctica del partido revolucionario de la clase obrera - 1947
... De las experiencias prácticas de las crisis oportunistas y de las luchas dirigidas por los grupos marxistas de izquierda contra los revisionismos de la Segunda Internacional y contra la progresiva desviación de la Tercera Internacional, se ha extraído el resultado de que no es posible mantener íntegro el planteamiento programático, la tradición política y la solidez organizativa del partido si éste aplica una táctica que, incluso solamente para las posiciones formales, trae consigo actitudes y consignas aceptables por los movimientos políticos oportunistas.
De igual forma, toda incertidumbre y tolerancia ideológica tiene su reflejo en una táctica y en una acción oportunista.
El partido, por lo tanto, se contra distingue de todos los demás, de los abiertamente enemigos o sedicentemente afines, como también de los que pretenden reclutar sus seguidores en las filas de la clase obrera, ya que su praxis política rechaza las maniobras, las combinaciones, las alianzas, los bloques que tradicionalmente se forman sobre la base de postulados y consignas contingentes comunes a más partidos.
Esta posición del partido tiene un valor esencialmente histórico, y lo distingue en el terreno táctico de cualquier otro, tal y como le distingue su original visión del periodo que actualmente atraviesa la sociedad capitalista.
El partido revolucionario de clase es el único que considera que hoy los postulados económicos, sociales y políticos del liberalismo y de la democracia son antihistóricos, ilusorios y reaccionarios, y que el mundo está en un punto en el que en los grandes países la estructuración liberal desaparece y cede el puesto al sistema fascista más moderno.
Sin embargo, en el periodo en el que la clase capitalista no había iniciado aún su ciclo liberal, debiendo derrocar todavía al viejo poder feudal, o también en aquellos países importantes donde debía recorrer etapas y fases notables de su expansión liberal en los procesos económicos y democrática en la función estatal, era comprensible y admisible una alianza transitoria de los comunistas con los partidos que, en un primer caso, eran abiertamente revolucionarios, antilegalitarios y estaban organizados para la lucha armada, y en un segundo caso asumían todavía una tarea que aseguraba condiciones útiles y realmente "progresivas" para que el régimen capitalista apresurase el ciclo que debe conducir a su caída.
El paso de la táctica comunista entre estas dos épocas históricas no puede ser desmenuzado en una casuística local y nacional, ni desperdigarse en el análisis de la complejas incertidumbres que indudablemente presenta el ciclo del devenir capitalista, sin desembocar en la praxis rechazada por Lenin en "Un paso adelante y dos atrás".
La política del partido proletario es ante todo internacional (y esto lo distingue de todos los demás) ya desde la primera enunciación de su programa y de la primera presentación de la exigencia histórica de su organización efectiva. Como dice el "Manifiesto", los comunistas, apoyan por doquier todo movimiento revolucionario que esté dirigido contra el estado de cosas actual, político y social, poniendo de relieve y haciendo valer, junto a la cuestión de la propiedad, los intereses comunes de todo el proletariado, que son independientes de la nacionalidad.
Y la concepción de la estrategia revolucionaria comunista, en tanto que no estaba corrompida por el estalinismo, es que la táctica internacional de los comunistas se inspira con el objetivo de determinar la ruptura del frente burgués en el país en el que aparezcan las mayores posibilidades, dirigiendo hacia este fin todos los recursos del movimiento.
Consecuentemente, la táctica de las alianzas insurreccionales contra los viejos regímenes se cierra históricamente con el gran acontecimiento de la revolución en Rusia, que eliminó el último e imponente aparato militar con un carácter no capitalista.
Después de tal fase, la posibilidad incluso teórica de la táctica de los bloques debe considerarse denunciada formal y centralmente por el movimiento internacional revolucionario.
La excesiva importancia dada, en los primeros años de la Tercera Internacional, a la aplicación de las posiciones tácticas rusas en los países con un régimen burgués estable, y también en los extraeuropeos y coloniales, fue la primera manifestación de la reaparición del peligro revisionista.
La característica de la segunda guerra imperialista y de sus consecuencias ya evidentes es la influencia segura en cualquier rincón del mundo, incluso en el más atrasado dentro de los tipos de sociedades indígenas, no tanto de las prepotentes formas económicas capitalistas, como del inexorable control político y militar por parte de los grandes centros imperiales del capitalismo; y por ahora de su gigantesca coalición, que incluye al Estado ruso.
Consecuentemente, las tácticas locales no pueden ser más que aspectos de la estrategia general revolucionaria, cuya primera tarea es la restauración de la claridad programática del partido proletario mundial, seguido del tejido de su red organizativa en cada país.
Esta lucha se lleva a cabo dentro de un marco de influencia máxima de los engaños y de las seducciones del oportunismo, que se resumen ideológicamente en la propaganda de la reconquista de la libertad contra el fascismo, y, con una inmediata adherencia, en la práctica política de las coaliciones, de los bloques, de las fusiones y de las reivindicaciones ilusorias presentadas por la colusión de las jerarquías de innumerables partidos, grupos y movimientos.
Solo de un modo será posible que las masas proletarias comprendan la exigencia de la reconstrucción del partido revolucionario, distinto sustancialmente de todos los demás, y es proclamando no como una contingente reacción a las saturnales oportunistas y a las acrobacias de las combinaciones de los politicastros, sino como una directriz fundamental y central, el repudio históricamente irrevocable de la práctica de los acuerdos entre partidos.
Ninguno de los movimientos, en los que participa el partido, debe estar dirigido por un supra-partido u órgano superior y que esté por encima de un grupo de partidos afiliados, ni siquiera en fases transitorias.
En la moderna fase histórica de la política mundial, las masas proletarias podrán movilizarse de nuevo de forma revolucionaria solo llevando a cabo su unidad de clase en la acción de un partido único y compacto en la teoría, en la acción, en la preparación del ataque insurreccional, en la gestión del poder.
Tal solución histórica debe presentarse en cada manifestación del partido, incluso limitada, ante las masas como la única alternativa posible contra la consolidación internacional del dominio económico y político de la burguesía y de su capacidad no definitiva, pero aún hoy enorme, de controlar formidablemente los contrastes y las convulsiones que amenazan la existencia de su régimen.










CAP. 5 - TOTALITARISMO

151 - La plataforma política del Partido Comunista Internacional - 1945
4 - La consigna política central del Partido Comunista Internacional en todos los países (como ya sucedió durante la guerra y la aparente lucha de los regímenes burgueses que se definieron democráticos contra las formas fascistas de gobierno capitalista, también el actual periodo posbélico en el que los Estados vencedores de la guerra heredan y adoptan esta política después de una conversión propagandista, más o menos brusca y más o menos hábil) no será la de esperar, propugnar, reclamar con consignas de agitación la reconstitución del ordenamiento burgués precisamente por el sobrepasado periodo de equilibrio liberal y democrático transitorio. El partido rechaza pues toda política de colaboración con grupos de partidos burgueses y seudo proletarios que agitan el falso y engañoso postulado de sustituir al fascismo con regímenes de "verdadera" democracia. Tal política, ante todo, es ilusoria porque el mundo capitalista para toda la época de su supervivencia ya no podrá ordenarse en formas liberales, sino que estará cada vez más basado en monstruosas unidades estatales, despiadada expresión de la concentración económica de la patronal, y cada vez más armada de una policía represiva de clase; en segundo lugar es derrotista, porque a la consecución de este postulado (incluso cuando por un breve y posterior periodo en cualquier sector secundario del mundo moderno pudiese tener una supervivencia), sacrifica las características vitales más importantes del movimiento en la doctrina, en la autonomía organizativa de clase, en la táctica capaz de preparar y poner en marcha la lucha revolucionaria final, objetivo esencial del partido; en tercer lugar es contrarrevolucionaria en cuanto que avala, ante los ojos del proletariado, ideologías, grupos sociales y partidos sustancialmente escépticos e impotentes para los fines de la misma democracia que profesan en abstracto, y cuya única función y objetivo, plenamente concomitantes con los de los movimientos fascistas, es la de conjurar a cualquier precio la marcha independiente y el asalto directo de las masas explotadas a los fundamentos económicos y jurídicos del sistema burgués.

152 - Las perspectivas de la posguerra en relación con la plataforma del partido - 1946
... Así, las conclusiones a las que podía llegar una crítica marxista libre de influencias y degeneraciones oportunistas, desde los primeros albores del conflicto hoy desaparecido, sobre la vacuidad y la inconsistencia del material de agitación usado por las democracias burguesas y por el falso Estado proletario ruso, y con ellos, por todos los movimientos que se inspiraban y sostenían en ellos, aparecen hoy facilones y banales tras la tremenda decepción sufrida por las masas que habían creído ampliamente en aquellas consignas. La tesis de que la guerra contra los Estados fascistas y la victoria de sus adversarios no devolvería la vida a los superados e infecundos idilios del liberalismo y de la democracia burguesa, sino que sería la afirmación mundial del moderno modo de ser del capitalismo, que es monopolista, imperialista, totalitario y dictatorial, tal tesis es hoy accesible a cualquiera; pero cinco o seis años atrás habría podido ser enunciada y defendida sólo por los grupos de vanguardia revolucionaria que permanecieron estrechamente fieles a las líneas históricas de método de Marx y Lenin.
La fuerza del partido político de clase del proletariado debe surgir de la eficacia de estas anticipaciones, que son al mismo tiempo de crítica y de combate, de la confirmación que extraen en el desarrollo de los hechos, y no del juego de los compromisos, de los acuerdos, de los bloques y de los desbloqueos de los que vive la política parlamentaria y burguesa.
El nuevo partido de clase internacional surgirá con verdadera eficiencia histórica, y ofrecerá a las masas proletarias la posibilidad de una revancha, sólo si sabe comprometer todas sus actitudes futuras en una férrea línea de coherencia a los antecedentes de las batallas clasistas y revolucionarias.
Aún atribuyendo pues la máxima importancia a la crítica de los falsísimos planteamientos que los partidos autoproclamados socialistas y comunistas han dado, durante la guerra, a su interpretación de los acontecimientos, a su propaganda, y a su comportamiento táctico, y reivindicando aquella que habría debido ser la restauración de una visión política clasista en el periodo de guerra, el Partido debe hoy trazar también las líneas interpretativas y tácticas correspondientes a la situación de la llamada paz, acaecida con el cese de las hostilidades...
También aquí se querrá probar a los proletarios que el régimen de la libertad parlamentaria es una conquista que les interesa, un patrimonio histórico que corren el riesgo de perder y que está amenazado, como ayer por el imperialismo teutónico o nipón, mañana por el moscovita.
Frente a esta propaganda y a la invocación del frente único de guerra en nombre de la libertad, a la que se adherirán, entre mil matices pequeño-burgueses, los socialistas del tipo Segunda Internacional (que bajo la tregua temporal se convertirán en antirrusos como lo fueron por otros motivos en la época de Lenin), muchos anarcoides, los distintos demócratas sociales con fondo santurrón y confesional que van infectando todos los países, el Partido proletario de clase responderá con la más resuelta oposición a la guerra, con la denuncia de sus propagandistas y, dondequiera que pueda, con la lucha directa de clase enfocada sobre el despliegue de la vanguardia revolucionaria en cada país.
Esto en coherencia con su específica valoración crítica del desarrollo de la presente fase rica según la cual, mientras el régimen ruso no es un régimen proletario, y el Estado de Moscú se ha convertido en uno de los sectores del imperialismo capitalista, sin embargo su forma centralizada y totalitaria aparece como más moderna que la superada y agonizante de la democracia parlamentaria; y la restauración anacrónica de la democracia en lugar de los regímenes totalitarios dentro de los límites del devenir capitalista, no es un postulado que el proletariado deba defender.
Tal postulado por lo demás es contrario al camino histórico general, y no es realizado en las guerras imperialistas por la victoria militar de los Estados que se declaran defensores del mismo.

153 - El ciclo histórico del dominio político de la burguesía - 1947
Pues a medida que el potencial de la producción industrial se elevaba, que crecían numéricamente los ejércitos del trabajo, que se precisaba la conciencia crítica del proletariado, y que se robustecían sus organizaciones, la clase burguesa dominante, paralelamente a la transformación de su praxis económica de librecambista en intervencionista, tiene necesidad de abandonar su método de aparente tolerancia de las ideas y de las organizaciones políticas por un método de gobierno autoritario y totalitario: en ello estriba el sentido general de la época actual. La nueva orientación de la administración burguesa del mundo se apoya en el hecho innegable de que todas las actividades humanas, como resultado mismo de los progresos de la ciencia y de la técnica, se desarrollan desde la autonomía de las iniciativas aisladas, propia de sociedades menos modernas y complejas, hacia la constitución de redes cada vez más densas de relaciones y de dependencia en todos los campos, redes que van cubriendo gradualmente al mundo entero.
La iniciativa privada ha realizado sus prodigios y ha batido sus récords con las audacias de los primeros navegantes y con las temerarias y feroces empresas de los colonizadores de las regiones más alejadas del mundo. Pero ahora cede el paso ante la preponderancia de los formidables entrelazamientos de las actividades coordinadas, en la producción de las mercancías, en su distribución, en la gestión de los servicios colectivos, en la investigación científica en todos los campos.
Es impensable una autonomía de iniciativa en la sociedad que dispone de la navegación aérea, de la radiodifusión, del cinematógrafo, de la televisión, invenciones para un empleo exclusivamente social.
Así pues, desde hace varios decenios, y con un ritmo cada vez más decidido, incluso la política gubernamental de la clase dominante se desenvuelve hacia formas de estricto control, de dirección unitaria, de estructuración jerárquica fuertemente centralizada. Este estadio y esta forma política moderna, superestructura que nace del fenómeno económico monopolista e imperialista, ya previsto por Lenin desde 1916 cuando se decía que las formas políticas de la más reciente fase capitalista solo pueden ser de tiranía y de opresión esta fase que tiende a sustituir generalmente en el mundo moderno a la del liberalismo democrático clásico, no es otra cosa que el fascismo.
Es un enorme error científico e histórico confundir este surgimiento de una nueva forma política impuesta por los tiempos, consecuencia y condición inevitable de la supervivencia del sistema capitalista de opresión ante la erosión de sus antagonismos internos, con un retorno reaccionario de las fuerzas sociales de las clases feudales que amenazarían con sustituir a las formas democráticas burguesas por una restauración de los despotismos del ’ancien regime’, mientras que la burguesía, desde hace siglos, ha puesto fuera de combate y aniquilado en la mayor parte del mundo a estas fuerzas sociales feudales.
Quien padezca – por poco que sea – la influencia de semejante interpretación y siga – por poco que sea – sus sugestiones y sus preocupaciones, se halla fuera del campo y de la política comunistas.
La nueva forma de administración del mundo moderno por el capitalismo burgués (si y hasta cuando – no lo derroque la revolución del proletariado) aparece en el curso de un proceso que no puede ser descifrado con los métodos banales y escolásticos del crítico filisteo.
El marxismo jamás ha tenido en cuenta la objeción de que el primer ejemplo del poder proletario debía ocurrir en un país industrial avanzado y no en la Rusia zarista y feudal, por cuanto la alternancia de los ciclos de clase es un hecho internacional y función de fuerzas a escala mundial. Dichos ciclos se manifiestan localmente allí donde concurren las condiciones históricas favorables (guerra, derrota, excesiva supervivencia de regímenes decrépitos, buena organización del partido revolucionario, etc.).
Menos aún debe causar asombro el hecho de que las manifestaciones del traspaso del liberalismo al fascismo puedan presentar dialécticamente en cada pueblo las más variadas sucesiones, ya que se trata de un traspaso menos radical, en el cual no es la clase dominante la que cambia: sólo cambia la forma de su dominación.
Desde el punto de vista económico, el fascismo puede definirse pues como una tentativa de autocontrol y de autolimitación del capitalismo, tendente a frenar con una disciplina centralizada los efectos más alarmantes de los fenómenos económicos que tornan incurables las contradicciones del sistema.
Desde el punto de vista social, puede definirse como la tentativa de la burguesía (que había nacido con la filosofía y la sicología de la autonomía y del individualismo absolutos) de darse una conciencia colectiva de clase, y de contraponer sus propias formaciones y encuadramientos políticos y militares a las fuerzas de clase amenazantes que se determinan en la clase proletaria.
Políticamente, el fascismo constituye la fase en que la clase dominante descarta como inútiles los esquemas de la tolerancia liberal, proclama el método de gobierno de un único partido y liquida las viejas jerarquías de sirvientes del capital demasiado gangrenadas por el empleo de los métodos del engaño democrático.
Por último, en el plano ideológico, el fascismo no sólo revela no ser una revolución, mas ni siquiera un recurso universal seguro de la contrarrevolución burguesa, al no renunciar, porque no puede hacerlo, a enarbolar una mitología de valores universales. A pesar de haberlos invertido dialécticamente, se apropia de los postulados liberales de la colaboración de clases; habla de nación y no de clase; proclama la igualdad jurídica de los individuos; y sigue presentando falazmente su propio andamiaje estatal como la emanación del conjunto de la colectividad social...
Así como Lenin estableció, en la diagnosis económica, que es reaccionario todo aquel que se ilusiona con que el capitalismo monopolista y estatal pueda retroceder hacia el capitalismo liberal de las primeras formas clásicas, así hoy debe decirse con claridad que lo es igualmente quienquiera que persiga el espejismo de una reafirmación del método político liberal-democrático contrapuesto al de la dictadura fascista, con la cual (en un cierto punto de la evolución) las fuerzas burguesas aplastan con una táctica frontal las organizaciones autónomas de clase del proletariado.
La doctrina del partido proletario debe establecer como propio eje central la condena de la tesis según la cual, frente a la fase política fascista de la dominación burguesa, se deba dar como consigna el retorno al sistema parlamentario democrático de gobierno. La perspectiva revolucionaria consiste en que la fase burguesa totalitaria agote rápidamente su tarea y sea aplastada por el irrumpir revolucionario de la clase obrera. Ésta, lejos de lloriquear por el irremediable fin de las falaces libertades burguesas, ha de triturar con su fuerza la Libertad de poseer, de oprimir y de explotar, la que siempre ha sido la bandera del mundo burgués desde su primer y heroico nacimiento entre las llamas de la revolución antifeudal, pasando por la fase pacifista de tolerancia liberal, hasta su despiadado desenmascaramiento en la batalla final por la defensa de las instituciones del privilegio y de la explotación patronal.
La guerra en curso ha sido perdida por los fascistas, pero ganado por el fascismo. A pesar del empleo en vastísima escala del camelo democrático, y al haber salvado, aun en esta tremenda crisis, la integridad y la continuidad histórica de sus más potentes unidades estatales, el capitalismo realizará un grandioso esfuerzo ulterior por dominar las fuerzas que lo amenazan. Pondrá en acción un sistema cada vez más ceñido de control de los procesos económicos y de inmovilización de la autonomía de cualquier movimiento social y político que amenace perturbar el orden constituido. Así como los vencedores legitimistas de Napoleón debieron heredar la estructura social y jurídica del nuevo régimen francés los vencedores de los fascistas y nazis, en un proceso más o menos breve y más o menos claro, reconocerán con sus actos, a pesar de negarlo con sus vacías proclamaciones ideológicas, la necesidad de administrar el mundo, tremendamente conmocionado por la segunda guerra imperialista, con los métodos autoritarios y totalitarios que han sido experimentados por primera vez en los Estados vencidos.
Esta verdad fundamental es más que el resultado de difíciles análisis críticos aparentemente paradójicos: se manifiesta cada día mís en el trabajo de organización por el control económico, social y político del mundo.
Antaño individualista, nacional, librecambista y aislacionista, la burguesía celebra hoy sus congresos mundiales, y así como la Santa Alianza trató de detener a la revolución burguesa con una internacional del absolutismo, el mundo capitalista trata de fundar hoy día su Internacional, que no podrá ser más que centralista y totalitaria.
¿Tendrá ésta éxito en su tarea histórica esencial, que en los hechos (y cada vez más declaradamente) es la de reprimir y aniquilar la fuerza revolucionaria de la Internacional del proletariado, a pesar de querer disimularla con la consigna de represión de un resurgir del fascismo?

154 - Tendencias y socialismo - 1947
... El reformismo gradualista, sin embargo, no está muerto en tal fase, puesto que el capitalismo mismo tenía necesidad de él. El capitalismo de los últimos decenios ha presentado características bien conocidas, encuadrado en el "Imperialismo" de Lenin.
Estas nuevas formas económicas de entrelazamiento, de monopolio y de planificación le han conducido a nuevas formas sociales y políticas. La burguesía se ha organizado como clase social, además de como clase política; también se ha propuesto organizar ella misma al movimiento proletario insertándolo en su Estado y en sus planes, y como contrapartida ha introducido en sus programas la gama de las reformas desde hace tanto tiempo invocadas por los jefes gradualistas del proletariado. Con esto la burguesía, transformada en fascista, corporativa, nacional-socialista, ha arrojado fuera más o menos claramente el ordenamiento de libertad individual y de democracia electoral que le había sido indispensable en su advenimiento histórico, que era oxígeno para ella, no concesión para las clases que dominaba o explotaba, ni ambiente útil para la acción de éstas...
El mismo movimiento comunista en Italia, vigoroso, independiente, claro en la teoría y en la táctica, ha podido ser conducido a la esclavitud por aquel totalitarismo soviético que tanto intriga y preocupa a los Saragats y a sus asociados de la Iniciativa, desviándolo de sus planteamientos programáticos hacia la estúpida consigna de luchar por la libertad en Italia. La libertad, este es el sentido del mundo moderno, ya no le sirve a la burguesía, que se moderniza para proceder en la historia estrechando en mallas cada vez más ajustadas a sus individuos, a sus empresas, a sus iniciativas en cualquier ángulo de la tierra. Ha arrojado fuera este medio suyo ahora ya inútil, la libertad individual, ha empuñado nuestro medio, propio de nosotros, revolucionarios proletarios, la socialidad, el clasismo, la organización, arrancándonoslo de las manos. Nuestra respuesta no puede ser la de recoger su arma despuntada y combatir con ella una lucha tan insana y desesperada como la del artesano contra la fábrica mecánica, de la piragua contra la cañonera, del torpedo humano contra la bomba atómica...
Como quiera que sea la superioridad histórica relativa de la versión soviética está en su totalitarismo, progresivo en cuanto que es planificador y centralizador, con cotas brillantes de rendimiento técnico y por no entretenerse con escrúpulos de tolerancias liberales. Y entonces ¿por qué ofenderse del epíteto de totalitario, por qué predicar una democracia para uso externo, y declararla progresiva?. El porqué es puramente demagógico, es la carrera para quien explote mejor el empuje de la campaña común – la más gigantesca mofa de la historia humana – contra el monstruo fascista, modelo para sus vencedores.
La clave que coloca a todos estos señores en su lugar es pues simple: la sucesión no es: fascismo, democracia, socialismo por el contrario es: democracia, fascismo, dictadura del proletariado.

155 - El curso histórico del movimiento de clase del proletariado - 1947
Desde que en su estadio imperialista el capitalismo procura dominar sus contradicciones económicas con una red central de control, y coordinar con un hipertrófico aparato estatal el control de todos los hechos sociales y políticos, para ello modifica su acción con respecto a las organizaciones obreras. Al principio, la burguesía las había condenado; más tarde, las había autorizado y dejado crecer; en este tercer periodo, la burguesía comprende que no puede ni suprimirlas ni dejarlas desarrollarse autónomamente, y se propone encuadrarlas con cualquier medio en su aparato de Estado, en aquel aparato que era exclusivamente político a principios del ciclo y que llega a ser, en la época del imperialismo, político y económico al mismo tiempo: el Estado de los capitalistas y de los patronos se transforma en Estado-capitalista y Estado-patrón. En esta vasta estructura burocrática se crean puestos de dorada prisión para los jefes del movimiento proletario. A través de las mil formas con una aparente función de equilibrio entre las clases, los dirigentes del movimiento obrero cesan de apoyarse sobre sus fuerzas autónomas, y van a ser absorbidos en la burocracia del Estado.
El mismo movimiento de organización económica del proletariado será aprisionado, exactamente con el mismo método inaugurado por el fascismo, es decir, con la tendencia al reconocimiento jurídico de los sindicatos, lo que significa su transformación en órganos del Estado burgués. Estará claro que el plan para vaciar el movimiento obrero, propio del revisionismo reformista (laborismo en Inglaterra, economismo en Rusia, sindicalismo puro en Francia, sindicalismo reformista a la Cabrini-Bonomi y más tarde Rigola-D’Aragona en Italia) coincide en sustancia con el del sindicalismo fascista, el del corporativismo de Mussolini, y el del nacionalsocialismo de Hitler. La única diferencia está en que el primer método corresponde a una fase en la que la burguesía piensa únicamente en la defensiva contra el peligro revolucionario, y el segundo a la fase en la que, por el incremento de la presión proletaria, la burguesía pasa a la ofensiva. En ninguno de ambos casos ella confiesa hacer obra de clase, sino que proclama siempre querer respetar la satisfacción de ciertas exigencias económicas de los trabajadores y realizar una colaboración entre las clases.
En vez de un mundo de libertad, la guerra habrá portado consigo un mundo de mayor opresión. Cuando el nuevo sistema fascista, aportación de la más reciente fase imperialista de la economía burguesa, lanzó una amenaza política y un desafío militar a los países en que la rancia mentira liberal aún podía circular como supervivencia de una fase histórica superada, dicho desafío no dejaba al agonizante liberalismo ninguna alternativa favorable: o los Estados fascistas ganaban la guerra, o la ganaban sus adversarios. No se trató de un conflicto entre dos ideologías o concepciones de la vida social, sino del necesario proceso de llegada de la nueva forma del mundo burgués acentuada, más totalitaria, más autoritaria, más decidida a todo esfuerzo por la conservación y contra la revolución.
Ante esta nueva construcción del mundo capitalista, el movimiento de las clases proletarias sólo podrá reaccionar si comprende que no se puede ni se debe llorar el estadio caduco de la tolerancia liberal, de la independencia soberana de las pequeñas naciones, sino que la historia solo ofrece una vía para eliminar todas las explotaciones, todas las tiranías y las opresiones, y es la vía de la acción revolucionaria de clase, que en todo país, dominador o vasallo, alinee las clases de los trabajadores contra la burguesía local, con completa autonomía de pensamiento, de organización, de comportamiento político y de acciones de combate, y por encima de las fronteras de todos los países, en paz y en guerra, en situaciones consideradas normales o excepcionales, previstas o imprevistas por los esquemas filisteos del oportunismo traidor, una las fuerzas de los trabajadores de todo el mundo en un organismo unitario, cuya acción no se detenga hasta el completo aniquilamiento de las instituciones del capitalismo.











CAP. 6 - ELECCIONISMO - ABSTENCIONISMO - NINGUNA SOLIDARIDAD CON LA DEFENSA DE LA DEMOCRACIA

156 - Tesis de la Izquierda al III Congreso del PC de Italia (Tesis de Lyon) - 1926
III.2 -...Inmediatamente después de la guerra, la posición de la extrema izquierda se concretó en el periódico Il Soviet. Éste fue el primero en plantear y defender las directivas de la revolución rusa, negando las interpretaciones antimarxistas, oportunistas, sindicalistas y anarcoides, planteando correctamente los problemas esenciales de la dictadura proletaria y de la tarea del partido, y sosteniendo desde el primer momento la escisión del Partido Socialista.
Este grupo sostenía el abstencionismo electoral y sus conclusiones fueron rechazadas por el II Congreso de la Internacional. Pero su abstencionismo no partía de errores teóricos antimarxistas de tipo anarcosindicalista, tal como lo prueban las decididas polémicas dirigidas contra la prensa anarquista. La táctica abstencionista era preconizada ante todo en el ambiente político de completa democracia parlamentaria, la cual crea particulares dificultades a la conquista de las masas para volverlas conscientes de la justa consigna de la dictadura, dificultades que creemos insuficientemente valoradas todavía por la Internacional.
En segundo lugar, el abstencionismo no era propuesto como una táctica para todos los tiempos, sino para la situación general, hoy desgraciadamente superada, de la inminencia de grandes luchas y de la puesta en marcha de las más grandes masas proletarias.
Con las elecciones de 1919, el gobierno burgués de Nitti abrió una inmensa brecha a la presión revolucionaria, desvió el impulso del proletariado y la atención del partido explotando las tradiciones de electoralismo desenfrenado. El abstencionismo de "Il Soviet" fue entonces la única reacción justa contra las verdaderas causas del desastre proletario ulterior.
Más tarde, en el Congreso de Bolonia (octubre de 1919) solo la minoría abstencionista planteó correctamente el problema de la escisión de los reformistas, y buscó en vano un acuerdo con parte de los maximalistas, renunciando en este terreno a hacer del abstencionismo una cuestión previa. Después del fracaso de esta tentativa, la fracción abstencionista fue la única que hasta el II Congreso mundial trabajó a escala nacional para la formación del partido comunista.
Fue este grupo, pues, el que representó la orientación espontánea, según las propias experiencias y tradiciones de la Izquierda del proletariado italiano, sobre las directivas que contemporáneamente triunfaban en Rusia con la victoria de Lenin y del bolchevismo.

157 - La plataforma política del Partido comunista internacional - 1945
17 - Al igual que la sustitución de la república por la monarquía no representa un punto de llegada para el incandescente problema social italiano, tampoco puede ser aceptado como tal el de la convocatoria de una asamblea electiva representativa con poderes constituyentes. Ante todo tal asamblea tendrá límites muy restringidos para su influencia, por la permanencia en el territorio (sobre el que debería tener plena soberanía) primero de fuerzas militares de ocupación y después de las fuerzas armadas que serán definidas y predispuestas por la organización de paz que seguirá al conflicto actual y seguirá estando vigente en los Estados satélites. Por tanto, cualquiera que pueda ser la táctica del partido (de participación en la campaña electoral con propaganda escrita y oral; de presentación de candidaturas, de intervención en el seno de la asamblea), ésta se deberá inspirar no sólo en los principios programáticos del partido, sino en la abierta proclamación de que en ningún caso la consulta con el mecanismo electivo puede consentir a las clases explotadas darles adecuada expresión a sus necesidades y a sus intereses y aún menos de llegar a la gestión del poder político. El partido se diferenciará de todos los otros partidos italianos del momento, no sólo porque no se presentará en el mercado de las combinaciones y coaliciones electorales, sino por la posición sustancial de que, mientras que todos los otros proclamarán que el programa político a poner en práctica y a aceptar sin ulterior resistencia será el incógnito que prevalezca en la mayoría numérica de la asamblea, el partido revolucionario rechaza desde el inicio tal abdicación y, en la hipótesis abstracta (pero con una certeza práctica) de que la victoria electoral confirme la supervivencia constitucional de las instituciones capitalistas fundamentales, aun siendo minoría en sentido democrático, continuará su lucha para abatirlos desde el exterior. Sólo la contingencia histórica y el valor de las relaciones de fuerza, y no ya la autoridad de mayorías constitucionales, determinará el alcance de esta lucha, que va según las posibilidades de la dinámica de clase, de la crítica teórica a la propaganda de oposición política, a la incesante agitación anti institucional, al asalto revolucionario armado. Sobre todo el partido desmentirá como contrarrevolucionario a todo movimiento que proclame útil simular para fines de más fácil agitación y de éxito electoral el obsequio preventivo a la soberana validez de la consulta parlamentaria, pretendiendo ser susceptible de pasar desde esta equívoca política – cuyos múltiples experimentos históricos han confirmado todos la corrupción y el desarme de las energías revolucionarias – a un ataque contra el régimen constituido.
En las elecciones locales el partido no puede abstraerse, por consideraciones de intereses contingentes, de la finalidad general de separar las responsabilidades y el enfoque de las fuerzas proletarias de todas las otras, y de continuar en plena coherencia la agitación de sus reivindicaciones históricas generales.
En fases más maduras de la situación, que previsiblemente no pueden desarrollarse si no es a través de estrictas conexiones intereuropeas, el partido se prepara y prepara a las masas para la constitución de los Soviets, órganos representativos sobre base de clase, que son al mismo tiempo órganos de combate, y para la destrucción de todo derecho representativo para las clases sociales económicamente explotadoras.
El partido, en la construcción de los órganos proletarios de todo género, pre y posrrevolucionarios, no hace ninguna distinción entre trabajadores de los dos sexos; la cuestión de la concesión del voto a la mujer en el presente régimen representativo es para el partido una cuestión secundaria, ya que no puede colocarse fuera del terreno crítico de que el ejercicio del derecho de voto es una pura ficción jurídica en un ambiente en el que la disparidad económica crea sumisiones insuperables, una de las cuales es la del sexo femenino, cuya emancipación no es concebible más que en una economía de tipo no personal y no familiar.

158 - Las perspectivas de la posguerra en relación a la Plataforma del Partido - 1946
... La actitud preconizada por nuestro movimiento, en la posible futura tercera guerra imperialista, es la de rechazar, en ambos campos de la gran lucha, toda consigna que tenga el carácter de "defensismo" (término ya bien conocido y adoptado por Lenin en la batalla crítica y política contra el oportunismo del primer ciclo, 1914-18) y contra todo "intermedismo", término con el cual queremos entender la pretensión de indicar como objetivo principal o prejudicial de la fuerza y de los esfuerzos del proletariado revolucionario no el abatimiento de sus opresores de clase, sino la realización de ciertas condiciones en los modos de organizarse de la presente sociedad, que le ofrecerían un terreno más favorable para conquistas ulteriores.
El aspecto "defensista" del oportunismo consiste en afirmar que la clase obrera, en el presente ordenamiento social, aun siendo aquella que las clases superiores dominan y explotan, corre el peligro en cien modos de ver empeorar de forma general sus condiciones si ciertas características del ordenamiento social presente son amenazadas.
Así, decenas de veces hemos visto a las jerarquías derrotistas del proletariado llamarle a abandonar la lucha clasista para correr a defender, coaligado con otras fuerzas sociales y políticas en el campo nacional o en el mundial, los más diversos postulados: la libertad, la democracia, el sistema representativo, la patria, la independencia nacional, el pacifismo unitario, etc., etc., abandonando las tesis marxistas por las que el proletariado, única clase revolucionaria, considera a todas esas formas del mundo burgués como las mejores armaduras de las que de vez en cuando se rodea el privilegio capitalista, y sabe que, en la lucha revolucionaria, nada tiene que perder además de sus cadenas. Este proletariado, transformado en gestor de patrimonios históricos preciosos, en salvador de los fracasados ideales de la política burguesa, es el que el oportunismo "defensista" ha entregado más mísero y esclavo que antes a sus enemigos de clase en las ruinosas crisis acaecidas durante la primera y la segunda guerra imperialista.
Bajo el aspecto complementario del "intermedismo" la corrupción oportunista se presenta ya no solamente con el carácter negativo de la tutela de ventajas de las que la clase obrera gozaba y que podría perder, sino bajo el aspecto más sugestivo de conquistas preliminares que podría realizar – entiéndase con la complaciente y generosa ayuda de una parte más moderna y evolucionada de la burguesía y de sus partidos – colocándose sobre posiciones desde las cuales le será mía fácil dar un salto hacia sus máximas conquistas. El "intermedismo" triunfó en mil formas, sin embargo, desembocando siempre en el método de la colaboración de clase, desde la guerra revolucionaria que llamaba Mussolini a los socialistas italianos en 1914, a la insurrección partisana y a la democracia progresiva, que en la reciente guerra los tránsfugas del comunismo de la III Internacional han creado como sucedáneo de la lucha revolucionaria y de la dictadura del proletariado, con el agravante de camuflar este tráfico ilícito de principios como la aplicación de la táctica elástica que atribuyen a Lenin. Formas no distintas de este método se tienen en las consignas poco comprensibles y vaciadas de contenido de "Europa proletaria", de "Estados Unidos del mundo" y otros sustitutos equívocos similares del postulado programático central de Marx y de Lenin para la conquista armada de todo el poder político por parte del proletariado.
En conclusión, en la posible próxima fractura del frente imperialista mundial, el movimiento político obrero revolucionario podrá afirmarse, resistir y volver a partir para una reconquista histórica sólo cuando sepa despedazar las dos insidias del oportunismo "defensista" según la cual deberían ser quemadas todas las municiones: por un lado del frente para la salvación de la libertad representativa de las democracias occidentales, por el otro, para la salvación del poder proletario y comunista ruso. Al mismo tiempo será una condición para la reanudación clasista el análogo rechazo de todo "intermedismo" que quiera engañar a las masas indicando la vía para su redención revolucionaria ulterior, en una parte del frente afirmando el método del gobierno parlamentario contra el totalitarismo moscovita, y la otra en la extensión del régimen seudo soviético a los países del capitalismo del oeste.

159 - Después de la garibaldata - 1948
... Si por otra parte hubiesen vencido ellos, ni Barbarroja ni bigote gris habrían entrado en Italia. No son los recuentos de las papeletas los que determinan las situaciones, sino los factores económicos que se concretan en posiciones de fuerza, en controles inexorables sobre la producción y el consumo, en policías organizadas y pagadas, en flotas que surcan los mares de sus señores.
Cualquiera que sea elegido para el gobierno de la república, no tendría otra elección más que renunciar o ponerse al servicio del engranaje de las fuerzas capitalistas mundiales que manejan al estado vasallo italiano. En cuanto a hacer "sabotaje", es otra ilusión sobre la tarea de los portaestandartes parlamentarios. Son las esferas de los negocios burgueses y de las altas instancias militares y civiles las que pueden a su merced sabotear a los politicastros de los maletines, no al revés.
El mecanismo electoral ha caído hoy en el campo inexorable del conformismo y del sometimiento de las masas a las influencias de los centros con un altísimo potencial, así como los granitos de limaduras de hierro se adaptan dócilmente según las líneas de fuerza del campo magnético. El elector no está ligado a una confesión ideológica ni a una organización de partido, sino a la sugestión del poder, y en la cabina electoral no resuelve por cierto los grandes problemas de la historia y de la ciencia social, sino que noventa y nueve veces sobre cien lo único que está a su alcance es preguntarse: ¿Quién vencerá? Lo mismo que hace el jugador a la Sisal: y más aún, acierta mejor quien no tiene ninguna competencia en materia de juego, y miente a sus mismas simpatías íntimas.
Este arduo problema de adivinar quien es el más fuerte, lo afronta el candidato respecto al gobierno, el gobernante respecto al campo internacional. Lo afronta el elector respecto al candidato que vota; busca, no aporta, un apoyo personal en la difícil lucha de cada día.
Si se hubiese sabido el 17 de abril que vencería De Gasperi, en lugar del 50% le habrían dado el 90% de los sufragios. A esto llegaba la dialéctica de los frentistas, y todo argumento serio era superado y prostituido frente a la máxima: ¡venceremos! (y podemos pagar, con los dineros de Pantalone, buscavidas, matones y compañeros "independientes"). Mussolini no decía otra cosa, De Gasperi lo decía y lo está haciendo sin recato.
Toda la política y la táctica de los adversarios de los democristianos han sido derrotistas. La larga práctica del oportunismo de los jefes de las organizaciones llamadas de masas ha conducido a una situación en la que ya no es insertable una avanzadilla progresiva, en la lucha sobre el terreno de las elecciones, de un partido que tenga un programa y una actitud de oposición de principio y que proclame a los electores el rechazo de la ilusión de que por vía democrática pueden las clases explotadas llegar al poder.
Hoy el eleccionismo solo es pensado en función de la promesa del poder, de porciones de poder.

160 - Tesis características del partido (Tesis de Florencia) - 1951
III,17 -...Se trataba, por el contrario, de la realización plena del gran acontecimiento histórico contenido en la visión marxista, y tan solo en ella: la concentración económica que, poniendo en total evidencia el carácter social y mundial de la producción capitalista, la impulsaba a unificar su mecanismo; y la consecuencia política y de guerra social derivaba del esperado enfrentamiento final de clase, pero cuyos caracteres correspondían a aquella alternativa en la cual la presión proletaria permanecía sin embargo por debajo del potencial defensivo del Estado capitalista de clase.
Los jefes de la Internacional, al contrario, debido a una grosera confusión histórica con el periodo kerenskiano en Rusia, recayeron no solo en un grave error de interpretación teórica, sino también en un consiguiente e inevitable trastrocamiento de táctica. Se trazó para el proletariado y los partidos comunistas una estrategia defensiva y conservadora, y se les aconsejó formar un frente con todos los grupos burgueses menos aguerridos e iluminados (e incluso por esto menos convincentes como aliados) quienes sostenían que se debía garantizar a los obreros ventajas inmediatas, y no privar a las clases populares del derecho de asociación, de voto, etc. No se comprendió, por un lado, que el fascismo o el nacionalsocialismo nada tenían que ver con una tentativa de retorno a formas de gobierno despóticas y feudales, y ni siquiera con un predominio de supuestos estratos burgueses de derecha opuestos a la clase capitalista más avanzada de la gran industria, o con una tentativa de gobierno autónomo de clases intermedias entre la burguesía y el proletariado, y, por otro lado, que el fascismo, al mismo tiempo que se liberaba de la inmunda máscara parlamentaria, heredaba plenamente el reformismo social seudo marxista, asegurado con una serie de medidas, de intervenciones del Estado de clase en el interés de la conservación del capitalismo, no solo condiciones mínimas de vida, sino también una serie de progresos sociales y asistenciales para las maestranzas y otras clases pobres. Fue dada, pues, la consigna de la lucha por la libertad, la cual fue impartida desde 1926 por el presidente de la Internacional al partido italiano, en cuyas filas la casi totalidad de los militantes quería conducir contra el fascismo, en el poder desde hacía cuatro años, una política autónoma de clase, y no la del bloque con todos los partidos democráticos y hasta monárquicos y católicos para reivindicar con ellos el restablecimiento de las garantías constitucionales y parlamentarias. Los comunistas italianos hubieran querido desde entonces desacreditar el contenido de la oposición al fascismo de todos los partidos medio-burgueses, pequeñoburgueses y seudo-proletarios; y por esto, previeron en vano desde aquel momento que toda la energía revolucionaria naufragaría si se entraba en aquella vía degenerativa que condujo finalmente a los Comités de Liberación Nacional.
La política del partido comunista es, por naturaleza, de ofensiva, y en ningún caso debe luchar por la conservación ilusoria de condiciones propias de las instituciones capitalistas. Si en el periodo anterior a 1871 el proletariado tuvo que luchar al lado de las fuerzas burguesas, no fue para que éstas pudiesen conservar posiciones dadas o evitar la caída de formas históricas adquiridas, sino por el contrario, para que pudiesen destruir y superar formas históricas precedentes. Tanto en la vida económica cotidiana como en la política general y mundial, la clase proletaria, como no tiene nada que perder, no tiene nada que defender, y su tarea es solo ataque y conquista Por lo tanto, al aparecer las manifestaciones de concentración, unidad y totalitarismo capitalista, el partido revolucionario debe ante todo reconocer en ello su victoria ideológica integral, y debe pues preocuparse solamente de la relación efectiva de fuerzas para el enfrentamiento en la guerra civil revolucionaria, relación que hasta hoy han tornado desfavorables, precisa y solamente, las oleadas de degeneración oportunista e inmediatista; debe hacer lo posible para desencadenar el ataque final y, donde no pueda hacerlo, afrontar la derrota, pero no debe pronunciar jamás un imbele y derrotista "vade retro Satana", que equivale a implorar estúpidamente la tolerancia o el perdón del enemigo de clase.
IV, 12 - El partido no es una filiación de la Fracción Abstencionista, a pesar de que ésta haya desempeñado un gran papel en el movimiento hasta la creación del Partido Comunista de Italia en Livorno en 1921. La oposición en el seno del Partido Comunista de Italia y de la Internacional Comunista no se fundó sobre las tesis del abstencionismo, sino sobre otras cuestiones de fondo. El parlamentarismo, siguiendo el desarrollo del Estado capitalista que asumirá manifiestamente la forma de dictadura que el marxismo descubrió en él desde el inicio, va perdiendo importancia progresivamente. Incluso las aparentes supervivencias de las instituciones electorales parlamentarias de las burguesías tradicionales va agotándose cada vez más, quedando solamente una simple fraseología, y poniendo en evidencia en los momentos de crisis social la forma dictatorial del Estado, como última instancia del capitalismo contra la que debe ejercerse la violencia del proletariado revolucionario. El partido, por lo tanto, permaneciendo este estado de cosas y las actuales relaciones de fuerza, se desinteresa de las elecciones democráticas de todo tipo y no desarrolla su actividad en ese campo.

161 - El cadáver todavía camina - 1953
Está claro pues que el problema principal es la eliminación de los socialdemócratas del partido del proletariado, cuestión secundaria es la de si éste deba o no participar en las elecciones, tanto en el pensamiento de entonces de Lenin como en los sucesivos debates y tesis sobre el parlamentarismo del II Congreso, de poco después.
Pero para nosotros hoy está también claro lo que defendimos entonces: que la única vía para conseguir el traspaso de las fuerzas al terreno revolucionario pasaba por un enorme esfuerzo para liquidar, nada más acabar la guerra, la tremenda sugestión democrática y electoralista, que demasiadas saturnales había celebrado ya.
La táctica deseada por Moscú fue seguida por el partido de Livorno, disciplinada e incluso comprometidamente. Pero desgraciadamente, la subordinación de la revolución a las corruptoras instancias de democracia estaba ya en curso internacional y localmente, y el punto de encuentro leninista de los dos problemas, además de su peso relativo, se revelaron insostenibles. El parlamentarismo es como un engranaje que si se agarra a una extremidad la tritura inexorablemente. Su empleo en épocas "reaccionarias" defendido por Lenin era proponible; en épocas de posible ataque revolucionario es una maniobra en la que la contrarrevolución burguesa gana demasiado fácilmente la partida. En diversas situaciones y bajo mil épocas, la historia ha demostrado que no puede encontrarse mejor diversivo contra la revolución que el electoralismo...
Si recordamos estas etapas una vez más, es para establecer el estrecho lazo entre cada afirmación de electoralismo, parlamentarismo, democracia y libertad, con una derrota, un paso atrás del potencial proletario de clase...
Lo mismo decimos de la "histórica batalla" contra la "ley-fraude". La elección no solo es de por sí un fraude sino que lo es más cuanto más se pretende dar, paridad en peso a cada voto personal. Todo el guiso lo hacen en Italia unos pocos miles de cocineros, subcocineros y pinches, que aborregan en lotes y "a medida" a los veinte millones de electores.
¡Si el parlamento sirviese para administrar técnicamente alguna cosa y no solo para atontar a los ciudadanos, sobre cinco años de máxima vida no le dedicaría uno a las elecciones y otro a discutir la ley para su constitución!

162 - La revolución anticapitalista occidental (Reunión de Génova 1953)
12 -...No es posible superar esta situación si no es bajo todos sus aspectos: demostración de que en Rusia no hay construcción de socialismo; que si el Estado ruso combatirá no será por el socialismo, sino por rivalidades imperiales; demostración, sobre todo, de que en Occidente las finalidades democráticas, populares y progresivas no solo no interesan a la clase trabajadora, sino que sirven para mantener en pie un capitalismo podrido.

163 - El fácil escarnio - 1959
...Con el mismo remedio logrado hace tanto tiempo por nosotros, nos dirigimos al punto de lanzar una afrenta a toda superstición actual por el método del recuento de las opiniones personales equiponderadas, y le damos el mismo título de charlatán a quien lo emplea a escala de la sociedad, de la clase, e incluso del partido; porque cuando ese miserable o embrollón habla de clase y de partido como fuerzas que transforman la sociedad, en realidad piensa en ellas como imitables parodias de aquella misma sociedad demo-burguesa, la cual nunca se podrá separar de su sucio cieno.















CONCLUSIÓN

[ - Índice - Parte I - Parte II - Parte III - Parte IV - Parte V - Conclusión - Apéndice - ]





Este largo trabajo, como se ha escrito en la premisa, está dirigido a los compañeros del partido, y constituye un reclamo a las concepciones fundamentales sobre las cuales el partido se ha reconstituido en la segunda posguerra, y sobre las cuales debe continuar moviéndose so pena de degenerar y perecer. Constituye al mismo tiempo una exposición de la línea de pensamiento y de acción sobre la cual tiene intención de continuar moviéndose sin desviarse el grupo que ha sido objeto de "expulsión" de la organización en noviembre de 1973.

Así como en la base de las escisiones organizativas debe haber divergencias de posiciones, hemos intentado exponer en un trabajo sistemático, y por encima de cualquier polémica o acusación, aquellas que nosotros consideramos que son las posiciones características de la Izquierda Comunista desde hace cincuenta años, deduciéndolas no de nuestras "opiniones" sino de nuestros textos fundamentales, de todo aquello que el partido ha afirmado y escrito en su larga y afanosa vida.

No queremos "diálogos" con nadie. Queremos que la organización militante que se adorna con el nombre de Partido Comunista Internacional reivindique claramente como propias en 1974 estas posiciones, que por sí solas constituyen la línea de continuidad a la que todos, jefes y gregarios, deben atenerse. Es sobre la base de la enunciación neta de posiciones sobre la que se continúa o se abandona, es la que nos une o nos separa. "Nuestras" posiciones no hemos podido expresarlas de otro modo más que retomando citas de nuestros textos fundamentales en línea continua desde 1920 a 1970.

Si cuanto está escrito en las páginas precedentes es la base sobre la que se mueve y actúa la organización actual, no tenemos razón para mantenernos separados, y nuestros brazos están a disposición de la organización. Si esto no es así, si cuanto está escrito constituye por casualidad para quien milita bajo la insignia del Programma Comunista una "especie de pantano en donde se bañan los gansos", quiere decir que la historia pone al orden del día la defensa y la reafirmación de estas posiciones por una vía distinta de aquella de la actual formación organizada, en cuanto que esa afirma y defiende otras posiciones que divergen de esta vía. Si es así, la escisión organizativa está plenamente justificada, en cuanto que no consideramos de ningún modo que abandonamos la fidelidad a las posiciones a las que hemos dado nuestra adhesión de una vez para siempre, cuando hemos entrado en el partido. Y consideramos que en el partido se queda quien es fiel a estas posiciones, sale orgánicamente de él quien las abandona, las mistifica, las olvida. A estas consideraciones volvemos a llamar a todos los compañeros. No hay nada más que añadir.

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