Partido Comunista Internacional

Teoría y acción en la doctrina marxista
Informe a la reunión de Roma del 1 de Abril de 1951
[Bollettino Interno, n° 1, 10 de Septiembre 1951]

 

I - La inversión de la praxis en la Teoría marxista
  De la Relación
Introducción
TABLAS I Y II - LA SUCESIÓN DE LOS MODOS DE PRODUCCIÓN
 
Tabla I - Esquema de la falsa teoría de la “curva descendente” de desarrollo histórico del Capitalismo


Tabla II - Interpretación esquemática en el marxismo revolucionario de la sucesión de los regímenes de clase


Diferencias entre las dos concepciones
TABLAS III A VII - ESQUEMA DE LA DINÁMICA SOCIAL SEGÚN LA IDEOLOGÍA DE LA CLASE DOMINANTE

TABLAS III Y IV

  Tabla III - Esquema trascendentalista (Autoritario)


Tabla IV - Esquema demoliberal

TABLAS V, VI Y VII


Tabla V - Esquema voluntarista-inmediatista (Proudhon, Bernstein, Sorel, Gramsci)


Tabla VI - Esquema estalinista


Tabla VII - Esquema fascista
TABLA VIII - ESQUEMA MARXISTA DE LA INVERSIÓN DE LA PRAXIS
TABLA IX - ESQUEMA DEL CENTRALISMO MARXISTA
Conclusion
II - Partido Revolucionario y acción económica
 

I - La inversión de la praxis en la Teoría marxista
 

DE LA RELACIÓN

1. Desórdenes ideológicos en muchos grupos internacionales, que condenan la orientación estalinista y afirman situarse en la línea del marxismo revolucionario. Incertidumbre de dichos grupos respecto a lo que denominan análisis y perspectiva: moderno desarrollo de la sociedad capitalista, posibilidad de recuperación de la lucha revolucionaria del proletariado.

2. Se hace manifiesto para todo el mundo que la interpretación reformista del marxismo ha caído con las grandes guerras, las grandes divisiones internas y el totalitarismo burgués.

3. Entre tanto, debido a que al empeoramiento de las tensiones sociales y políticas se acompaña no la potencia, sino la total degeneración de los partidos ex revolucionarios, surge la cuestión respecto a si no habría que hacer una revisión en la perspectiva marxista y en la leninista que colocaba en el resultado de la primera guerra mundial y de la revolución rusa la explosión en todo el mundo de la lucha proletaria por el poder.
 

Introducción

En la reunión de Roma del 1 de Abril de 1951 el informe sobre La inversión de la praxis en la teoría marxista fue completada con la presentación de ocho tablas gráficas.

Las consideraciones que acompañan sirven para un uso más incisivo. Exponen simbólicamente la justa dinámica social, las ideologías fundamentales con las que el movimiento revolucionario del proletariado ha ajustado las cuentas de forma definitiva en el plano teórico, debiendo todavía ajustarlas sobre el plano de la lucha práctica.

En La ideología alemana, 1845-1846, Vol.1° I escriben Marx y Engels:

     «La conciencia ya no puede ser algo diferente del ser consciente, y el ser de los hombres es el proceso real de su vida. Si en toda ideología los hombres y sus relaciones aparecen invertidos como en una cámara oscura, este fenómeno deriva del proceso histórico de su vida, al igual que la inversión de los objetos sobre la retina deriva de su inmediato proceso físico.
     «Justamente al contrario de lo que sucede en la filosofía alemana, que desciende del cielo hacia la tierra, aquí se procede de la tierra al cielo. Por lo tanto, no se parte de lo que los hombres dicen, se imaginan, se representan, ni de lo que se dice, se piensa, se imagina, sea lo que sea, para llegar desde aquí a los hombres vivos; sino que se parte de los hombres realmente en acción, y sobre la base del proceso material de su vida se explica también el desarrollo de los reflejos y de los ecos ideológicos de este proceso vital. Igualmente, las imágenes nebulosas que se forman en el cerebro del hombre son sublimaciones necesarias de su proceso vital material, empíricamente demostrable y ligado a presupuestos materiales. Como consecuencia, la religión, la metafísica y cualquier otra forma ideológica, y las formas de conciencia que a las mismas corresponden, no conservan ya el aspecto de la autonomía. No tienen historia, no tienen evolución, pero los hombres que desarrollan su producción material y sus relaciones materiales transforman, junto con esta realidad, también su pensamiento y los productos de su pensamiento. No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina conciencia. En el primer modo de juzgar se parte de la conciencia como individuo vivo; en el segundo, que corresponde a la vida real, se parte de los propios y reales individuos vivos, y se considera la conciencia únicamente como su conciencia.
     «Este modo de juzgar no está exento de premisas. Se basa en premisas reales, y no se mueve de ellas ni un momento. Sus premisas son los hombres, pero no aislados y fijados de forma fantasiosa de cualquier manera, sino en su proceso de desarrollo, real y empíricamente verificable, bajo condiciones determinadas. En cuanto se representa este proceso de vida activa, la historia deja de ser una recolección de hechos muertos, hechos tanto abstractos, como entre los empiristas, como acciones imaginarias de sujetos imaginarios, como entre los idealistas».
El materialismo histórico-dialéctico, oponiéndose a las concepciones propias de la Ilustración e idealistas, no ve en la ideología, esto es, en la representación mistificada e invertida de las relaciones reales, el fruto de un error a corregir para abrir los ojos a los ciegos, sino el resultado indispensable de un proceso real, correspondiente a relaciones materiales, las mismas relaciones que la ideología proyecta en su distorsión. Estas distorsiones a su vez se derivan necesariamente de la situación histórica de las fuerzas sociales, que se expresan en la ideología, y que la imponen al conjunto social, siendo siempre la ideología dominante la de la clase dominante. La concepción marxista rechaza igualmente la idea de la Ilustración del "engaño consciente" por parte de los jefes ideológicos ("los astutos sacerdotes"), ya que la misma representación de la ideología – necesariamente fantástica en tanto en cuanto sublimación de un estado de las cosas históricamente caduco – se impone de hecho como programa y superestructura necesaria de factores y cambios sociales necesarios. Así por ejemplo, la ideología burguesa se funda en la libertad realmente conquistada de los trabajadores respecto a los vínculos jurídicos y a los pequeños propietarios feudales: ni la burguesía puede repudiarla, porque se estaría repudiando a sí misma.

Pero al igual que el papel de las clases, así el papel de la ideología sufre la transformación dialéctica antiformismo-reformismo-conformismo, ilustrada en nuestro Tracciato d’impostazione Única (última) clase, el proletariado tiene el papel histórico de eliminarse a sí mismo junto a todas las demás clases. La suya no es por lo tanto una ideología que pueda asumir carácter reformista y conformista, dando lugar a un establecimiento suprahistórico de su dominio, sino que es ciencia revolucionaria, o más bien ya ciencia de la especie, no solo porque el proletariado (como otras clases en el pasado) represente el provenir, sino porque este porvenir sólo podrá dar lugar a una sociedad de especie, privada de clases y de sus conflictos correspondientes, un saldo de calidad de la prehistoria clasista a la plena historia humana.

La oposición del marxismo a las ideologías que en el pasado se han sucedido y que en diverso grado hoy todavía campean es, por lo tanto, rigurosamente histórica y dialéctica, lo que no excluye, sino que al contrario implica, que la ciencia global con la cual el marxismo se identifica pueda por sí misma reconstruir los procesos reales sometidos a la ortopedia ideológica, desvelando cómo la ideología mistifica la realidad que existe prescindiendo de todo "conocimiento" individual o colectivo.
 

Tablas I y II
LA SUCESIÓN DE LOS MODOS DE PRODUCCIÓN
 

Tabla I

COMENTARIO A LA TABLA I

1. En situación de desorden de la ideología, de la organización y de la acción revolucionaria, es una falsa receta basarse en un inevitable y progresivo descenso del capitalismo, que se habría iniciado de forma aguda, descenso al cual espera la revolución proletaria. La curva del capitalismo no tiene sentido descendente (Resumen, 1)

4. Una teoría totalmente equivocada es la denominada de la curva descendente del capitalismo, que lleva a preguntarse equivocadamente porque, mientras el capitalismo declina, la revolución no avanza. La teoría de la curva descendente compara el desarrollo histórico con una curva sinusoide: cada régimen, como el burgués, inicia una fase de salida, toca un máximo y comienza después el declive hasta un mínimo, tras el cual despega otro régimen. Tal visión es la del reformismo gradualista, no existiendo cambios repentinos, sacudidas o saltos (Relación, 4).

La habitual afirmación de que el capitalismo esta en su fase descendente y no puede resurgir contiene dos errores, el fatalista y el gradualista.

El primero es la ilusión de que, habiendo el capitalismo terminado su ascenso, el socialismo llegará por sí mismo, sin agitaciones, sin luchas y sin enfrentamientos armados, sin preparación del partido.

El segundo, expresado en el hecho de que la dirección del movimiento se pliega imperceptiblemente, equivale a admitir que pueda haber elementos de socialismo que penetren progresivamente el tejido capitalista.
 
 

Tabla II

COMENTARIO A LA TABLA II

La visión marxista puede representarse (a efectos de claridad y brevedad) en las diversas ramas de curvas siempre ascendentes hasta esos vértices (en geometría, puntos singulares o cúspides) a los cuales sigue una caída brusca casi vertical, y, desde la base, otra curva histórica de ascenso (Relación, 5).

Marx no ha previsto un ascenso seguido de un declive del capitalismo, sino el despegue actual y dialéctico de la masa de fuerzas productivas que el capita controla, su acumulación y concentración sin límite, y al mismo tiempo la reacción antagonista, constituida por la fuerza dominada que es la clase proletaria. El potencial productivo y económico general aumenta siempre en tanto en cuanto el equilibrio no se rompa, dándose una fase explosiva revolucionaria, en la cual en un apresurado y brevísimo período de tiempo, rompiéndose las antiguas formas de producción, estas caen para darse a continuación una nueva organización, reemprendiendo un ascenso aún más potente.

Conforme a esta, que es la única visión marxista, se ajustan todos los fenómenos de la actual fase imperialista; en economía los trusts, los monopolios, el dirigismo estatal, las nacionalizaciones; en política los estrictos regímenes policiales, fuertes potencias militares, etc. (Relación, 6).

No menos clara es la posición por la cual el partido proletario no debe oponer reivindicaciones gradualistas y de restauración o renacimiento de las formas liberales y tolerantes, en esta moderna situación. El error opuesto del movimiento proletario, y sobre todo de la Tercera Internacional, ha determinado una derrota, con un altísimo potencial capitalista al que no se pudo oponer una tensión revolucionaria adecuada.

La explicación de este segundo hundimiento del movimiento de clase, mas grave que el del social-patriotismo de 1914, lleva a las difíciles cuestiones de la relación entre las presiones económicas y la lucha revolucionaria, entre las masas y el partido que debe guiarlas (Relación, 7).
 

DIFERENCIA ENTRE LAS DOS CONCEPCIONES

La diferencia entre las dos concepciones de las Tablas I y II, en el lenguaje de los geómetras se expresa de la siguiente manera: la primera curva, o curva de los oportunistas (revisionistas tipo Bernstein, estalinistas de tipo emulativo, intelectuales revolucionarios seudo-marxistas) es una curva continua, que en todos sus puntos "admite una tangente", que prácticamente procede mediante variaciones imperceptibles en su intensidad y en su dirección. La segunda curva, con la que se ha querido dar una imagen simplificadora de la tan despreciada "teoría de las catástrofes", presenta en cada época los puntos que en geometría se denominan "cúspides" o "puntos singulares". En dichos puntos la continuidad geométrica, y por tanto la gradualidad histórica desaparece, la curva "no tiene tangentes", o, también, "admite todas las tangentes", como la semana que Lenin no quería dejar pasar.
 
 

Tablas III a VII
ESQUEMAS DE LA DINAMICA SOCIAL SEGÚN LA IDEOLOGIA DE LA CLASE DOMINANTE

Se reproducen a continuación los esquemas de representación de la dinámica social según las ideologías fundamentales (Tablas III a VII) con las que el movimiento revolucionario del proletariado ha debido y debe, en diversos niveles, saldar cuentas (según lo expuesto en la Introducción), para poder oponer a las mismas el Esquema marxista de Inversión de la Praxis (Tabla VIII)

En una Nota a la Relación se precisa la distinción entre los Esquemas de concepciones en clara antítesis con el marxismo (Tabla III y IV) y, aún peor, aberrantes respecto al marxismo mediante la pretensión equívoca de reclamarse no de todos, sino solo de una parte o de algunos de sus postulados de base (Tablas V, VI y VII).
 

TABLAS III y IV

Las Tablas III y IV, a pesar de sus diferencias, se reducen a denominadores comunes.

Para los esquemas trascendentalista y demoliberal, a pesar de que en uno el sentido de la Autoridad del Estado va hacia el Individuo, mientras en el otro el sentido de la Libertad va del Individuo a la Sociedad y el Estado, en ambos es la Idea, (en uno procedente de la Divinidad, en el otro difundida en todos los individuos que componen la colectividad humana) la que condiciona y determina las acciones humanas. En ambos se dirige desde la Conciencia (entendida en el primero como Fe y en el segundo como Racionalidad) a la Voluntad (entendida en ambos como Ética), a la Actividad, Economía y Vida física.
 

Tabla III

COMENTARIO A LA TABLA III

El Esquema trascendentalista (autoritario) es típico de las religiones reveladas y del absolutismo teocrático, recuperado en la moderna sociedad capitalista. Esta concepción apela a una Divinidad que en el mismo acto de la creación ha infundido en los hombres un espíritu, que al encontrarse en todos los individuos, asegura la igualdad "ante Dios" – y por tanto al menos en el mundo ultraterrenal – garantizando un comportamiento inspirado en principios comunes de origen divino. El Estado a su vez, controlando Conciencia y Actividad del individuo, permite la expresión de la vida espiritual y física en su orden jerárquico, que refleja el plan "divino" revelado en las sagradas escrituras.
 

Tabla 4

COMENTARIO A LA TABLA IV

El Esquema demoliberal es común a expresiones ideológicas bastante diferenciadas, tales como la Ilustración con sus varias expresiones (empirismo, sensismo, materialismo mecanicista), la crítica kantiana, el idealismo objetivo y dialéctico de Hegel, el positivismo, el neoidealismo, el inmediatismo libertario (Stirner, Bakunin) y reformista. Se trata de la mas pura absolutización del "principio democrático", basado en el Yo que, bien como individuo, bien como "espíritu del pueblo", "voluntad colectiva", etc., posee en sí, en su fondo, las normas de su comportamiento (lo que puede llevar, como entre los anarquistas, a negar el Estado, como no representativo de la voluntad colectiva, sustituyéndolo por la "opinión social" o parecidas abstracciones que tienen la misma función del Estado "ético" en el pensamiento burgués clásico, del que por otra parte son descendientes directos). Vida ética, Vida económica, Voluntad de actuación en el ambiente externo, son las expresiones de las fuerzas de Conciencia y Racionalidad propias del «espíritu humano» presente en todos los Individuos ("igualdad frente a la ley"). El Estado y las organizaciones sociales en general, son por lo tanto concebidas como proyecciones y al mismo tiempo como garantías de la libertad del individuo, "es la realidad ética de la Idea".
 

TABLAS V, VI y VII

También estas presentan características similares, a pesar de su diversidad.

Para los esquemas voluntarista-inmediatista, gramsciano-estaliniano y fascista los impulsos Físicos y Económicos están en la base de sus construcciones, y por este carácter común se oponen a los esquemas idealistas precedentes. Pero tienen en común con ellos la preferencia y preeminencia que la Voluntad tiene sobre la Actividad por lo que respecta al Individuo y la Clase (para el Fascismo, el Pueblo o la Nación). Otro carácter común a estos tres esquemas voluntaristas (compartido por Proudhon, Sorel, Bernstein, Gramsci, etc., también individualista, y en esto es peor respecto a los otros dos) es la sucesión paralela de Impulsos económicos, Voluntad, Actividad y Conciencia que se dan entre el Partido y el Estado (la Organización para el gramscismo) por una parte, y el Individuo y la Clase (el Individuo y el Pueblo-Nación para al Fascismo) por otra, que comporta la imposibilidad para el Partido de una teoría científica de los fenómenos sociales.
 
 

Tabla V

COMENTARIO A LA TABLA V

Esquema voluntarista-inmediatista, típico de la visión corporativa pequeño-burguesa, y por ello de formas oportunistas (proudhonismo, anarcosindacalismo, obrerismo, ordinovismo, socialismo consejista) y reformistas (laborismo, etc.); evidentemente se incluye en la concepción liberal, de la que representa una variante. Aquí, el Individuo, siempre en la base del proceso, toma conciencia de las condiciones Físicas y Económicas que son sustrato de su existencia; tal toma de Conciencia condiciona la Voluntad, y esta a su vez la Acción. La Organización económica y política resulta de la confluencia de las tomas de conciencia individuales; la Clase es a su vez resultado de la unión y conexión en red de organizaciones inmediatas (es por tanto una noción ajena a todo sentido de dirección histórica, ya no existe clase en sí y para sí en el sentido marxista de la expresión).
 

Tabla VI

COMENTARIO A LA TABLA VI

El esquema estalinista representa la ideología inherente a su contrarrevolución. Igualmente, para ella es el Individuo el que llega a la Conciencia, después sin embargo de que su acción (Actividad) ha sido determinada por la libre "elección", decisión (Voluntad). Es característica la asimilación Partido-Estado: pero a causa de que los Impulsos (intereses) económicos llegan del Individuo a través de la Clase al Estado-Partido, y son utilizados por este pseudo «binomio» para las tareas de decisión y de guía (Voluntad) a los fines de determinar orientaciones prácticos (Actividad) y dirección teóricas (Conciencia) está claro que en el "binomio" el Partido pierde importancia, y subsiste sólo en tanto "ustificación del Estado".
 

Tabla VII

COMENTARIO A LA TABLA VII

El fascismo es ecléctico por definición, no tiene una doctrina propia. Sin embargo, expresa ideológicamente su papel unificador de las fuerzas capitalistas (imperialistas), de realización del programa reformista y de movilización de las "clases medias" en una concepción no por casualidad análoga a la del estalinismo. Como el estalinismo, el fascismo no puede abandonar algunos esenciales postulados ideológicos burgueses, como la igualdad jurídica de los individuos, la "voluntad del pueblo", el carácter "popular" de su dominio. Al sujeto individual como punto de partida le sustituye sin embargo la "Nación", el "Pueblo" y también la "Raza", reconociendo las motivaciones físicas en primera instancia (véase la concepción nacional-socialista de "sangre y suelo"), y se expresa en el Estado. El Individuo se concibe como receptor pasivo de estímulos éticos del Pueblo-Nación, de impulsos voluntaristas y activistas del Estado-Partido.
 
 

TABLA VIII
ESQUEMA DE LA INVERSIÓN DE LA PRAXIS
 
 

Tabla VIII

COMENTARIO A LA TABLA VIII

La justa praxis marxista afirma que la conciencia del individuo y también de la masa, sigue a la acción, y que la acción sigue al empuje del interés económico. Solo en el partido de clase la conciencia y, en determinadas fases, la decisión de acción, precede al enfrentamiento de clase. Pero esta posibilidad es inseparable orgánicamente del juego molecular de los impulsos físicos y económicos básicos (Sumario, 3).

Lo mismo que son descartables las posturas de aquellos grupos que devalúan la tarea y la necesidad del partido en la revolución y caen en posiciones obreristas, o, lo que es peor, tienen dudas sobre el empleo del poder de Estado en la revolución, así deben considerarse erradas aquellas que consideran el partido como reagrupamiento de los elementos conscientes, y no captan sus necesarios lazos con la lucha de clase física y el carácter de producto de la historia, así como el carácter de autor de la misma, que el partido presenta (Relación, 8).

Esta cuestión lleva a restablecer la interpretación del determinismo marxista tal y como ha sido construida originalmente, poniendo en el lugar correcto la conducta del Individuo bajo la acción de los estímulos económicos y la función de organismos colectivos como la clase y el partido (Relación, 9).

También aquí es útil delinear un Esquema que exprese la inversión marxista de la praxis. En el individuo se va de la necesidad física al interés económico, a la acción semiautomática para satisfacerla; sólo después a los actos de voluntad, y en último término a la conciencia y conocimiento teórico. En la clase social el proceso es el mismo, solo que se exaltan de forma enorme todas las fuerzas de dirección coincidente. En el partido, mientras desde la base confluyen todas las influencia individuales y de clase, se forma mediante estas aportaciones la posibilidad y facultad de visión crítica y teórica y de voluntad de acción, que permite trasvasar a los militantes individuales y a los proletarios la explicación de situaciones y procesos históricos, y también las decisiones de acción y de combate (Relación, 10).

De esta manera, mientras el determinismo excluye para el individuo la posibilidad de voluntad y conciencia previa a la acción, la inversión de la praxis lo admite únicamente en el partido como resultado de una elaboración general histórica. Si por consiguiente se atribuyen al partido Voluntad y Conciencia, debe de negarse que las mismas se formen mediante el concurso de la conciencia y de la voluntad de los individuos de un grupo; y que tal grupo pueda considerarse en lo más mínimo por encima de los determinantes físicos, económicos y sociales que operan sobre el conjunto de la clase (Relación, 11).

De esta forma, no tiene ningún sentido el pretendido análisis según el cual se dan todas las condiciones revolucionarias, pero falta una dirección revolucionaria. Es exacto decir que el órgano de dirección es indispensable, pero su surgimiento depende de las mismas condiciones generales de lucha, nunca de la genialidad o del valor de un jefe o de una vanguardia. Esta clarificación de relaciones entre el hecho económico-social y político debe servir de base para ilustrar el problema de las relaciones entre partido revolucionario y acción económica y sindical (Relación, 12).

Solamente en el Esquema Marxista la sucesión de Actividad, Voluntad y Conciencia del Individuo y de la Clase se encuentra completamente invertida en el Partido, cuyo conocimiento de los hechos sociales incluye pasado, presente y futuro, elevándose al nivel de teoría científica, y por tanto con posibilidad de ejercitar una Voluntad y una Acción.

El objetivo del Esquema es únicamente simplificar los conceptos del determinismo económico. En el Individuo (y por tanto también en el proletario individual) no es la Conciencia teórica la que determina la Voluntad de actuar sobre el ambiente externo sino que se produce lo contrario, como muestra el Esquema con flechas directas desde la base hacia arriba: los estímulos de las necesidades físicas determinan, a través del interés económico, una Acción no consciente, y solo mucho después de la acción es cuando se da la crítica y la Teoría por la intervención de otros factores.

El conjunto de los individuos, colocados en las mismas condiciones económicas se comporta de forma análoga (como muestra el Esquema, con flechas directas desde la base hacia arriba), pero la coincidencia de estímulos y de reacciones crea las condiciones para una más clara Voluntad y posterior Conciencia. Estas solamente se definen en el partido de clase, que recoge una parte de sus componentes pero que elabora, analiza y potencia la extensísima experiencia de todos los impulsos, estímulos y reacciones. Únicamente el partido consigue invertir el sentido de la praxis. Posee una Teoría y tiene por lo tanto conocimiento del desarrollo de los acontecimientos: dentro de unos límites, según la situación y las relaciones de fuerza, el partido puede ejercitar Decisiones e iniciativas, e influir sobre la marcha de la lucha (como lo muestra el Esquema en sus flechas dirigidas desde abajo hacia arriba).

Con flechas dirigidas de izquierda a derecha se ha querido representar la influencia del orden tradicional (formas de producción); y con las dirigidas de derecha a izquierda las influencias revolucionarias antagonistas.

La relación dialéctica reside en el hecho de que, en tanto el partido revolucionario es un factor consciente y voluntario de los acontecimientos, es también un resultado de los mismos y del conflicto que contienen entre las antiguas formas de producción y las nuevas fuerzas productivas. Tal función teórica y activa del partido caería sin embargo, si se cortaran sus lazos materiales con la aportación del ambiente social, de la primordial, material y física lucha de clases.
 
 

Tabla IX
ESQUEMA DEL CENTRALISMO MARXISTA

En la reunión n° 2 de Nápoles el 1° de Septiembre de 1951, recordando las ocho Tablas de la reunión n° 1 de Roma, y tras haber señalado los temas fundamentales, fue presentada la Tabla IX sobre el "Esquema del Centralismo Marxista" provista de un escueto pero suficiente comentario tanto sobre su mecanismo como su significado, que asume en sus comparaciones la neta posición de la Izquierda Comunista.
 
 

Tabla IX

COMENTARIO A LA TABLA IX

 1. Los individuos que componen la clase se ven impulsados a actuar en direcciones discordantes. Algunos, consultados y libres para decidir, lo harían a favor de los intereses de la clase contraria, dominante.
 2. Los organizados sindicales tienden a actuar en dirección contraria a los intereses patronales, pero de forma inmediata y sin capacidad de converger a una acción única y único objetivo.
 3. Los militantes en el partido político, resultado del trabajo en el seno de la clase y de las asociaciones, están preparados para la acción en torno a una única resultante revolucionaria.
 4. Los órganos de dirección del partido, emanados de la base, actúan en la dirección revolucionaria, en la continuidad de la teoría, de la organización y de los métodos tácticos.

La posición de la Izquierda consiste en la lucha simultánea contra las dos desviaciones siguientes:
 1. La base es suficiente para decidir la acción del centro, si es consultada democráticamente (obrerismo, laborismo, socialdemocratismo).
 2. El centro superior (comité político o jefe del partido) es suficiente para decidir la acción del partido y la masa (estalinismo, cominformismo), con derecho a descubrir "nuevas formas" y "nuevos caminos".

Ambas desviaciones llevan al mismo resultado: la base ya no es la clase proletaria, sino el pueblo o la nación. De acuerdo con Marx y Lenin, eso desvía la dirección a favor de los intereses de la clase dominante burguesa.
 

CONCLUSIÓN

Las posiciones que hemos expuesto en forma de nueve Tablas corresponden, en forma de textos escritos, a las Tesis de Roma de 1922 y a las Tesis de Lyon de 1926. Son posiciones invariables del marxismo revolucionario, no costumbres que muden en cada cambio de estación. No son expresión de opiniones personales, ni aportan innovaciones a una teoría que pertenece a la clase obrera y ha nacido con ella en su totalidad. No estamos ante documentos de personas, sino ante textos de Partido.
 
 
 
 


II - Partido revolucionario y Acción económica

DEL SUMARIO

2. La segunda crisis histórica internacional oportunista, con la caída de la Tercera Internacional, recupera la "intermediación", basándose en la cual se han querido establecer objetivos políticos generales transitorios entre la dictadura burguesa y la proletaria. Es una concepción equivocada aquella que, para evitar la "intermediación", renuncia a las reivindicaciones económicas particulares de los grupos proletarios.

4. Según todas las tradiciones del marxismo y de la Izquierda italiana e internacional, el trabajo y la lucha en el seno de las asociaciones económicas proletarias es una de las condiciones indispensables para el éxito de la lucha revolucionaria, junto a la presión de las fuerzas productivas contra las relaciones de producción y junto a la correcta continuidad teórica, organizativa y táctica del partido político.

5. Si en las diversas fases del devenir burgués, revolucionaria, reformista, contrarrevolucionaria, la dinámica de la acción sindical ha sufrido profundas variaciones (prohibición, tolerancia, sometimiento), no excluye que sea indispensable orgánicamente tener entre la masa proletaria y la minoría encuadrada en el partido otro estrato de organizaciones, en principio neutras políticamente, pero constitucionalmente accesibles solo a obreros, y que organismos de este género deben extenderse en la fase de aproximación de la revolución.
 

Conviene recordar cual ha sido la postura de la Izquierda comunista italiana a propósito de las cuestiones sindicales, pasando por tanto a examinar lo que ha cambiado en el campo sindical tras la guerra y los totalitarismos.

1. Cuando el partido italiano no se había aun constituido, en el Segundo Congreso de la Internacional de 1920, fueron debatidas dos grandes cuestiones de táctica, acción parlamentaria y acción sindical. Ahora, los representantes de la corriente antieleccionista se alinearon contra la denominada izquierda que propugnaba la escisión sindical y la renuncia a conquistar los sindicatos dirigidos por los oportunistas. Estas corrientes ponían en el fondo el centro de acción revolucionaria en el sindicato y no en el partido, y lo querían purificado de influencias burguesas (Tribunistas holandeses, KAPD alemán, Sindicalistas americanos, escoceses, etc.).

2. La izquierda de entonces combate ásperamente aquellos movimientos análogos a los turineses de L’Ordine Nuovo, que centraban la tarea revolucionaria en el vaciado de los sindicatos a favor del movimiento de los consejos de fábrica, entendiéndoles como red de los órganos económicos y estatales de la revolución proletaria iniciada en pleno capitalismo, confundiendo gravemente entre los momentos y los instrumentos del proceso revolucionario.

3. Las cuestiones parlamentarias y sindicales están en planos muy diferentes. Existe acuerdo respecto a que el parlamento es el órgano del Estado burgués en donde se pretende que están representadas todas las clases de la sociedad, y todos los marxistas revolucionarios están de acuerdo en que sobre ese parlamento no se puede fundar otro poder que el de la burguesía. La cuestión es si el uso de los mandatos parlamentarios pueda servir a efectos de propaganda y agitación, a favor de la insurrección y por la dictadura. Los opositores sostenían que también a estos exclusivos fines produce el efecto opuesto la participación de nuestros representantes en un organismo común con los representantes burgueses.

4. Los sindicatos, bajo cualquier dirección, siendo asociaciones económicas laborales, reúnen siempre elementos de una misma clase. Es muy posible que los proletarios organizados elijan representantes de tendencia no sólo moderada sino incluso burguesa, y que la dirección del sindicato caiga bajo la influencia capitalista. En cualquier caso, nos queda el hecho de que los sindicatos están compuestos exclusivamente de trabajadores y por lo tanto no será nunca posible decir de ellos lo mismo que se dice del parlamento: que solo son susceptibles de una dirección burguesa.

5. En Italia, antes de la formación del Partido Comunista, los socialistas descartaban el trabajo en los sindicatos blancos de los católicos y en los amarillos de los republicanos. Los comunistas después, en presencia de la gran Confederación dirigida principalmente por reformistas, y de la Unión Sindical, dirigida por anarquistas, sin dificultades y de forma unánime acordaron no fundar nuevos sindicatos, y trabajar para conquistar desde el interior los antes mencionados, tendiendo por el contrario hacia su unificación. En el campo internacional, el partido italiano unánimemente sostiene no solo el trabajo en todos los sindicatos nacionales socialdemócratas, sino también la existencia de la Internacional Sindical Roja (Profintern), la cual consideraba como no conquistable la Central de Amsterdam, a causa de su relación con la burguesa Sociedad de Naciones a través de la Oficina Internacional del Trabajo. La Izquierda italiana se opone violentamente a la propuesta de liquidar el Profitern para constituir una Internacional Sindical única, sosteniendo siempre el principio de la unidad y de la conquista interna por los sindicatos y las confederaciones nacionales.

6. a) La actividad proletaria ha determinado una política muy variada de los poderes burgueses en las sucesivas fases históricas. Debido a que las primeras burguesías revolucionarias prohibieron toda asociación económica como intento de reconstituir las corporaciones no liberales del Medievo, y al ser toda huelga violentamente reprimida, la totalidad de los primeros movimientos sindicales presentaron aspectos revolucionarios. Ya entonces, el Manifiesto advertía que todo movimiento económico y social conduce a un movimiento político y tiene una enorme importancia en tanto extensión de la asociación y la coalición proletaria, mientras sus conquistas estrictamente económicas son precarias, y no puede debilitar la explotación de clase.

b) En la época siguiente, comprendiendo la burguesía que le era indispensable aceptar la cuestión social, a fin de conjurar la solución revolucionaria toleró y legalizó los sindicatos, reconociendo su acción y sus reivindicaciones; esto sucede en un período que no contempla guerras y si un relativo bienestar progresivo que se desarrolla hasta 1914.

Durante todo este período, el trabajo en los sindicatos fue elemento primordial para la formación de fuertes partidos socialistas obreros, y se hizo evidente que estos podrían determinar grandes movimientos especialmente mediante el manejo de las filas sindicales.

El hundimiento de la Segunda Internacional demostró que la burguesía se había procurado una influencia decisiva sobre una gran parte de la clase obrera, a través de sus relaciones y compromisos con los jefes sindicales y parlamentarios, quienes prácticamente en todos los lugares dominaban el aparato del partido.

c) En el reinicio del movimiento tras la revolución rusa y el fin de la guerra imperialista se trató de hecho de hacer balance del desastrosos fracaso de la perspectiva sindical y política, intentando llevar al proletariado mundial al terreno revolucionario, eliminando con las escisiones de los partidos a los jefes políticos y parlamentarios traidores, procurando que los nuevos partidos comunistas consiguieran, en las filas de las mas amplias organizaciones proletarias, expulsar a los agentes de la burguesía. Ante los primeros y vigorosos éxitos en muchos países, el capitalismo se encontró en la necesidad, para impedir el avance revolucionario, de golpear con la violencia, y poner fuera de la ley no sólo los partidos sino también los sindicatos en los que estos trabajaban. En cualquier caso, durante los complicados sucesos de estos totalitarismos burgueses nunca se adoptó la abolición del movimiento sindical. Por el contrario, se propugnó y realizó la constitución de una nueva red sindical plenamente controlada por el partido contrarrevolucionario, y, de una u otra manera, proclamada única y unitaria, estrechamente adherida al engranaje administrativo y estatal.

También en donde, tras la segunda guerra mundial y para la formulación política corriente, el totalitarismo capitalista parecer haber sido reemplazado por el liberalismo democrático, la dinámica sindical continúa ininterrumpidamente desenvolviéndose claramente bajo el control estatal y mediante la inserción en los organismos administrativos oficiales. El fascismo, realizador dialéctico de las viejas instancias reformistas, ha desarrollado la del reconocimiento jurídico del sindicato, de manera que pudiera ser titular de contratos colectivos con la patronal hasta el aprisionamiento efectivo de toda la organización sindical en las articulaciones del poder burgués de clase. Este resultado es fundamental para la defensa y la conservación del régimen capitalista, porque la influencia y el uso de las estructuras asociacionistas sindicales es un estadio indispensable para cualquier movimiento revolucionario dirigido por el partido comunista.

7. Estas modificaciones radicales en las relaciones sindicales no se refieren solamente a la estrategia política de las clases enfrentadas y de sus partidos y gobiernos, sino que también están en profunda relación con el carácter modificado de la relación económica que hay entre donante de trabajo y obrero asalariado. En las primeras luchas sindicales, en las que los trabajadores buscaban oponer al monopolio de los medios de producción el de la fuerza de trabajo, la aspereza del enfrentamiento derivaba del hecho de que el proletariado, expoliado de tiempo atrás de cualquier reserva de consumo, no tenía absolutamente mas recurso que el salario cotidiano, y cualquier lucha que se pudiera dar lo llevaba a un conflicto de vida o muerte.

Es indudable que mientras la teoría marxista de la miseria creciente se confirma por el continuo aumento numérico de proletarios y por la imparable expropiación de las últimas reservas de estratos sociales proletarios y medios, centuplicada por guerras, destrucción, inflación monetaria, etc., y mientras en muchos países alcanzan cifras enormes la desocupación e incluso la masacre de proletarios, allá en donde la producción industrial florece, para los obreros ocupados hay toda una gama de medidas reformistas de asistencia y previsión para el asalariado, que crea un nuevo tipo de reserva económica, y que representa una pequeña garantía patrimonial susceptible de pérdida, en cierta manera análoga a la del artesano y del pequeño campesino; el asalariado tiene, por consiguiente, algo que arriesgar, y esto (fenómeno, por otra parte, ya visto por Marx, Engels y Lenin para la denominada aristocracia obrera) lo hace indeciso y también oportunista llegado el momento de la lucha sindical, y peor aún a la hora de la huelga y de la revuelta.

8. Mas allá del problema contingente en este o aquel país de participar en el trabajo de determinados tipos de sindicatos, o, por el contrario, mantenerse fuera de ellos por parte del partido comunista revolucionario, los elementos de la cuestión hasta aquí resumida conducen a la conclusión de que, en cualquier perspectiva de cualquier movimiento revolucionario general, no pueden estar ausentes estos factores fundamentales: 1) un amplio, numeroso proletariado de asalariados puros, 2) un gran movimiento de asociaciones de contenido económico que comprenda la mayor parte del proletariado, 3) un fuerte partido de clase, revolucionario, en el cual milite una minoría de los trabajadores, pero al que el desarrollo de la lucha haya permitido enfrentar de forma efectiva y extensa su propia influencia en el movimiento sindical a de la clase y el poder burgués.

Los factores que han llevado a establecer la necesidad de todas y cada una de estas tres condiciones, una útil combinación de la cual dependerá el éxito de la lucha, han sido dados por la justa formulación de la teoría del materialismo histórico que une la primitiva necesidad económica del individuo a la dinámica de las grandes revoluciones sociales, del enfoque correcto de la revolución proletaria con relación a los problemas de la economía, de la política y del Estado, de las enseñanzas de la historia de todos los movimientos asociativos de la clase obrera, tanto en sus grandezas y en sus victorias como en sus derrotas y corrupciones.

Las líneas generales de una perspectiva sinuosa no excluyen el que se puedan dar las coyunturas mas diversas en las modificaciones, disoluciones, reconstituciones de asociaciones de tipo sindical, de todas aquellas asociaciones que se nos presentan en varios países, ya sea unidas a organizaciones tradicionales que declaraban estar fundadas sobre métodos clasistas, ya sea mas o menos ligadas a los mas variados métodos y objetivos sociales, incluso conservadores.