El Partido Comunista Internacional
El Partido Comunista Internacional N. 48 - Enero 2026
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Indice
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Actualizado el 25 enero de 2026
organo de partido
Lo que distingue a nuestro partido: – la línea de Marx a Lenin a la fundación de la III Internacional y del Partido Comunista de Italia a Livorno 1921, a la lucha de la Izquierda Comunista Italiana contra la degeneración de Moscú, al rechazo de los Frentes Populares y de los bloques partisanos
– La dura obra de restauración de la doctrina y del órgano revolucionario, en contacto con la clase obrera, fuera del politiqueo personal y electorero
Contenido:

– Por la lucha de la clase obrera contra la burguesía en Venezuela por aumento de salarios y pensiones y mejora en condiciones de vida! – Movilización y huelga general contra la guerra!!
– En la decadencia mundial del capital estallan las revueltas sociales
Israelies y palestinos entre ideologías y realidades de clase
Protestas en Francia contra la austeridad
Democracia y fascismo: el doble rostro del capitalismo
México: Las Manifestaciones del 15N y el Choque entre facciones de la Burguesía, imponen un velo para ocultar la lucha de clases
Irán: la sangre de los sublevados será rescatada por la clase obrera a la cabeza del movimiento de lucha
La burguesía se aprovecha del asesinato de Kirk para intensificar la represión contra los trabajadores y consolidar el régimen burgués
– Previsión marxista 1929: Estados Unios contra Europa

POR EL SINDICATO DE CLASE:
– En Italia: El oportunismo sindical divide a la clase obrera. Lucha por la unidad de acción de los sindicatos y de los trabajadores, por un frente único sindical de clase: Efectos y lecciones aprendidas de las huelgas por Gaza
Roma, 25 de octubre: Ante la crisis histórica de la economía capitalista global, los trabajadores deben organizarse para la lucha de clases – Con la unidad de acción del sindicalismo combativo – Para el renacimiento del sindicalismo de clase
La transformación urbana en Estambul
Brasil: trabajadores de petrobras van a la huelga para mejorar el contrato colectivo
Se prepara la represión del movimiento obrero
El gobierno burgués venezolano da una vuelta más a la tuerca y aumenta el sometimiento del movimiento sindical al régimen capitalista

DEL ARCHIVIO DE LA IZQUIERDA
“Compagna”, Órgano del partido comunista de Italia para la propaganda entre las mujeres: Las mujeres comunistas frente al fascismo

VIDA DE PARTIDO: Reunión Internacional, del 27 y 28 de Septiembre de 2025:
Irán en el estudio del partido
La actividad sindical de la sección norteamericana








  Por la lucha de la clase obrera contra la burguesía en Venezuela por aumento de salarios y pensiones y mejora en condiciones de vida
  Movilización y huelga general contra la guerra!

En horas de la madrugada del 3 de enero de 2026 se produjo un ataque militar de EEUU a diferentes instalaciones en la capital de Venezuela y su entorno, resultando estas acciones en la captura y extracción del presidente Nicolás Maduro y su esposa.

Esta agresión militar fue ejecutada con la “justificación” del combate al narcotráfico. Por muchas décadas EEUU nunca procedió a actuar militarmente contra Colombia o México para capturar a ninguno de los capos de la droga. El combate al narcotráfico que ejecuta EEUU es muy acomodaticio y selectivo. Y con esta narrativa se burlaron una vez más de lo que la legalidad burguesa llama el “derecho internacional”, quedando claro que el “derecho” lo impone quien tiene la fuerza para hacerlo.

Pero está claro que el imperialismo gringo desarrolla un conjunto de operaciones enmarcadas en su confrontación con el imperialismo Chino y particularmente enfocadas en tratar de preservar su control e influencia en el continente americano, que además de un mercado para sus productos, representa una fuente importante de materias primas, siendo Venezuela una pieza clave por sus amplias reservas de petróleo y gas y por sus yacimientos mineros de oro, diamantes y diferentes minerales de valor estratégico. Esto quedó confirmado horas después en rueda de prensa, en la que Trump declaró abierta y explícitamente que Estados Unidos “gobernará” y administrará Venezuela de manera temporal hasta que se logre una “transición adecuada” y, en este contexto, EEUU tomará el control de la infraestructura petrolera para “arreglarla”, ya que la considera “totalmente arruinada” tras años de gestión chavista. Trump anunció que las grandes compañías petroleras de Estados Unidos (mencionándolas como “las más grandes del mundo”) entrarán a Venezuela para invertir miles de millones de dólares en la reparación de pozos y refinerías, reactivar la producción a gran escala para “generar dinero para el país” y manejar la exportación, señalando que EEUU venderá “grandes cantidades” de crudo venezolano a otras naciones.

Trump aseguró que la intervención militar y la posterior administración “no le costarán ni un centavo” a los contribuyentes estadounidenses. Según sus palabras, los gastos serán reembolsados con el “dinero que salga de la tierra” (los ingresos petroleros), utilizando el recurso para cubrir los costos de la operación y la reconstrucción. Y aclaró que el embargo petrolero total sobre Venezuela se mantiene vigente y bajo control estricto de su administración, asegurando que no se permitirá que el petróleo beneficie a la estructura del gobierno anterior.

Luego de la captura de Maduro el gobierno de EEUU pasa a comunicarse y negociar con un nuevo interlocutor (Delsy Rodríguez, la vicepresidenta, que ahora toma el cargo de presidente) y afrontar lo referente al control del negocio petrolero y de una posible transición hacia un nuevo gobierno. Queda por verse las reacciones del imperialismo chino, que ha venido exportando capitales a la región y que necesitará proteger sus intereses.

Los trabajadores venezolanos, quienes sobreviven a costa de salarios y pensiones de hambre, o acosados por el desempleo y la informalidad, deben entender que de lo que se trata es de un choque entre dos Estados y gobiernos capitalistas. Los trabajadores de Venezuela y del mundo no pueden movilizarse ni para apoyar la acción imperialista ni para defender al gobierno del chavismo, ni para apoyar cualquiera de las opciones de cambio de gobierno que pueda presentarles la democracia burguesa. Se trata de una pelea entre los enemigos de los trabajadores, entre los que explotan el trabajo asalariado. La única y verdadera salida es la reanudación de la lucha de clases de los trabajadores en Venezuela y el mundo, planteando sus principales reivindicaciones económicas. Los comunistas llamamos a convertir un movimiento de este tipo en la insurrección y la instauración de la Dictadura del Proletariado que ponga en práctica los cambios radicales que necesita la sociedad.

En Venezuela y en todos los países hagamos confluir las luchas en la Huelga General, indefinida y sin servicios mínimos.

Desde los diferentes países la única solidaridad posible, debe ser una solidaridad de clase, una solidaridad con la clase trabajadora venezolana y sus luchas. Los llamados a la “solidaridad con Venezuela” o la “solidaridad con el gobierno venezolano” no son otra cosa que llamamientos reaccionarios a la defensa del capitalismo, de la explotación y de la burguesía.

Ni defensa de la patria, ni alianzas con la burguesía!

La clase obrera no tiene patria!

La única salida a la guerra es la revolución comunista!

Unidad internacional de la clase obrera!

Impulsemos un Frente Único Sindical de Clase que movilice a los trabajadores por sus principales reivindicaciones socio-económicas!







En la decadencia mundial del capital estallan las revueltas sociales

La crisis global de sobreproducción continúa ampliando las contradicciones sociales y de clase y en la periferia del capitalismo la revuelta es la respuesta natural.

En Madagascar, las manifestaciones de las masas comenzaron el 25 de septiembre cuando, tras semanas de apagones, escasez de combustible e inflación de los bienes alimentarios, estudiantes, trabajadores del transporte y sindicatos del sector público salieron a las calles. La represión policial causó decenas de heridos y varios muertos. Pero las protestas aumentaron, las huelgas se extendieron a los puertos y a los servicios públicos, paralizando la economía y obligando el día 29 al presidente Andry Rajoelina a disolver el gobierno.

En la crisis local explotan las contradicciones impuestas desde hace tiempo por la finanza internacional. Años de austeridad y reestructuración de la deuda bajo la supervisión del FMI han anulado las inversiones estatales, privatizado los servicios públicos y ligado la economía a la exportación de materias primas, propiedad de empresas extranjeras. Las “reformas” exigidas por los acreedores han reducido al Estado malgache a un agente de cobro de deudas, exprimiendo a los trabajadores mientras los beneficios de la industria minera y agroalimentaria terminan en el extranjero.

En Nepal, la revuelta ha asumido una forma diferente pero comparte la misma causa. El 4 de septiembre, el gobierno prohibió veintiséis plataformas de redes sociales, desatando revueltas del 8 al 13 de septiembre de estudiantes y trabajadores informales en Katmandú y otras ciudades. Bajo la rebelión contra la censura se esconde una profunda miseria material, en una nación que sobrevive gracias a las remesas de los emigrados (cerca de un tercio del PIB) y con una tasa de desempleo juvenil superior al 20%.

Décadas de ajustes neoliberales y préstamos externos han hecho de Nepal un país dependiente de las importaciones y del crédito extranjero. Los partidos políticos, sean estos “comunistas”, centristas o monárquicos, difieren solo en la retórica y todos aceptan las leyes del capitalismo impuestas por el Banco Mundial y los donantes internacionales. Jóvenes y trabajadores han salido a las calles para rechazar un orden social basado solo en la exportación de la mano de obra humana como mercancía.

En septiembre, también Indonesia fue testigo de la mayor ola de protestas de los últimos diez años, cuando el empeoramiento de las condiciones económicas y los excesos de las élites desataron disturbios en todo el país. Años de inflación post-pandémica, devaluación de la moneda y crecimiento salarial estancado han dejado a millones de trabajadores con dificultades para pagar alimentos, combustible y vivienda, mientras que el desempleo, especialmente entre los jóvenes y trabajadores informales, se ha mantenido alto.

El descontento estalló cuando se supo que los miembros del parlamento recibirían ricas indemnizaciones mensuales por vivienda, muy superiores al salario medio. Se produjeron manifestaciones de masas en Yakarta, Surabaya y otras grandes ciudades. El movimiento de protesta, que unió a obreros industriales, profesores, repartidores de la gig economy y estudiantes, exigió aumentos salariales, el fin de la subcontratación (outsourcing) y de los contratos precarios, una mayor protección laboral, una reforma fiscal y la abolición de los privilegios políticos para las élites.

El gobierno del presidente Prabowo Subianto, apoyado por los conglomerados empresariales indonesios y los inversores extranjeros, respondió con gases lacrimógenos, detenciones de más de 1.000 manifestantes e interrupciones temporales de internet, prometiendo al mismo tiempo reformas menores como la suspensión de los privilegios de los legisladores. Estas concesiones no lograron abordar la contradicción de clase más amplia en el centro de la revuelta: una sociedad en la que el crecimiento económico ha enriquecido a una estrecha minoría, dejando a la clase trabajadora agobiada por la inflación, la inseguridad y la represión estatal.

En Serbia, la revuelta fue provocada por una tragedia. El 2 de octubre, el derrumbe de la marquesina de una estación ferroviaria en Novi Sad causó la muerte de dieciséis trabajadores, un desastre que se convirtió en el símbolo de décadas de corrupción, privatizaciones clientelistas y degradación de las infraestructuras. La clase obrera, aunque todavía fragmentada, gritó repentinamente su voz. Trabajadores del transporte, profesores y jubilados marcharon junto a jóvenes y obreros despedidos, denunciando al gobierno y a los contratistas que se benefician de la corrupción. La economía serbia, ligada al capital europeo con producciones de bajo coste, ha dejado a millones de proletarios en condiciones de precariedad, mientras una minoría se enriquece gracias a la especulación inmobiliaria y a los subsidios a las exportaciones.

El Estado respondió con la policía antidisturbios, la censura de los medios y acusaciones de “injerencia extranjera”. En cambio, la demanda del movimiento “Justicia para los muertos, pan para los vivos” revela un despertar de clase que trasciende el nacionalismo.

Mientras tanto, en Marruecos el movimiento Gen Z 212 estalló en una de las revueltas juveniles más consistentes del norte de África desde 2011. Desde finales de septiembre, las manifestaciones se extendieron de Casablanca a Rabat y Tánger, uniendo a jóvenes, trabajadores precarios y profesores bajo la consigna “dignidad y trabajo”. Las razones son inequívocas: desempleo juvenil cercano al 30%, precios de los alimentos y del combustible por las nubes y una deuda que consume más de una quinta parte del gasto público.

La monarquía marroquí, celebrada por los acreedores occidentales por su “estabilidad”, respondió con la brutalidad típica de los regímenes compradores, deteniendo a cientos de manifestantes, disolviendo los sindicatos estudiantiles y persiguiendo a los organizadores en línea. Las protestas involucraron a los sindicatos del sector público y a algunos sectores de la fuerza de trabajo del transporte, transformando la frustración generacional en una solidaridad de clase embrionaria. También en este caso, el rostro de la rebelión es el de un proletariado sin futuro, que se enfrenta a un orden capitalista que exige obediencia y ofrece solo deudas, vigilancia y represión.

En octubre, los movimientos en Madagascar, Nepal, Serbia, Indonesia y Marruecos permanecían sin resolver. En Madagascar, el gobierno de transición seguía enfrentando huelgas en los sectores de la energía, el transporte y la educación, mientras que las negociaciones con los sindicatos no avanzaban bajo la presión de los acreedores extranjeros. En Nepal, la coalición de gobierno se fragmentó, la prohibición de las redes sociales fue revocada pero las fuerzas de seguridad continúan deteniendo a organizadores estudiantiles y el coste de la vida sigue aumentando. Serbia permanece bajo el estado de emergencia y las prisiones de Marruecos están llenas de jóvenes disidentes.

La prensa burguesa proclama un “retorno al orden”, pero las condiciones de revuelta persisten. Cada revuelta demuestra que donde gobierna el capital, la resistencia es inevitable.

Las luchas en Madagascar, Nepal, Serbia, Indonesia y Marruecos no son tormentas aisladas, sino manifestaciones de un único antagonismo global: el del capital contra el trabajo. Solo a través de una organización internacional disciplinada, más allá de las fronteras y de los parlamentos, el proletariado puede transformar su revuelta en revolución y abolir finalmente las condiciones que en todas partes lo aplastan.

Lo que ahora es necesario es la organización de los trabajadores en sindicatos de clase y el Partido Comunista Internacional, portador del programa marxista clásico, más allá de las ilusiones de la democracia y del nacionalismo, y hacia la abolición del trabajo asalariado.







Israelies y palestinos entre ideologías y realidades de clase

Las ideologías nacionalistas convergentes en todo el mundo se propagan con vehemencia, con el objetivo de inducir a la gente a prepararse para una masacre mutua.

En su manifestación en Israel, estos delirios nacionalistas se basan abiertamente en el racismo, la supremacía judía y el mesianismo con referencias bíblicas.

Promueven la tesis de la responsabilidad colectiva de la población palestina, lo que justificaría un castigo colectivo equitativo. El presidente israelí Herzog, en el periódico Huffington Post del 13 de octubre de 2023, declaró: «Toda la nación palestina es responsable. Es retórica que los civiles no son conscientes ni están involucrados; eso es absolutamente falso: podrían haberse alzado». La diputada del Likud, Tally Gotliv, propuso lanzar una bomba nuclear sobre Gaza: tal vez confiaba en que la bomba se comportaría como el Ángel de la Muerte bíblico en Pésaj, que perdonó a los judíos y solo atacó a sus enemigos. Un rabino israelí declaró que los niños palestinos son los futuros terroristas, por lo que no hay que preocuparse si mueren. Palabras que evocan a Zyklon B…

Tamir Pardo, exjefe del Mossad, hizo una declaración diferente en “Haaretz” el 6 de septiembre de 2023: «Un territorio donde dos personas son juzgadas según dos sistemas legales es un Estado de apartheid».

La supuesta condición “infrahumana” de los palestinos en comparación con la raza judía superior es construido, impuesto y mantenido por el Estado de Israel, que, por ejemplo, no dudó en apoyar, financiar y armar a Hamás durante casi 40 años, con el objetivo de mantener al proletariado palestino subyugado a una dictadura brutal e impedir cualquier posibilidad, por muy improbable que sea dadas las condiciones imperantes, de su afirmación civil y política.

Sin duda, es útil para la burguesía israelí, y para el imperialismo norteamericano del que es vasalla, mantener al proletariado palestino dividido entre Israel, Gaza y Cisjordania, y aún más respecto del proletariado judío israelí.

Las cosas no son diferentes entre los palestinos. En la década de 1980, las proclamas de Hamás, la Yihad Islámica y Fatah calificaron a los judíos de “hijos o hermanos de monos y cerdos”. Unos treinta años después, el asesor de asuntos religiosos del presidente de la Autoridad Nacional Palestina los llamó “humanoides”.

Los comunistas nunca hemos subestimado la importancia de las religiones y las ideologías, pero sabemos que, en esencia, lo que determina los acontecimientos históricos son las relaciones de producción y las relaciones de clase. Todas las aberraciones mencionadas son simplemente un medio utilizado por la burguesía israelí para perseguir sus objetivos, a saber, el fortalecimiento de su Estado, que también sirve al imperialismo del que es vasallo y cuyos intereses protege en Oriente Medio.

Incluso entre los musulmanes, la rivalidad centenaria entre sunitas y chiítas sigue vigente, pero esto no significa que en la práctica no se utilice en función de los intereses de las diversas burguesías.

Los capitalistas reavivan o atenúan las disputas ideológicas y religiosas para ocultar sus verdaderos intereses y a sus verdaderos enemigos. Otro ejemplo es Siria, donde una rama siria de Al Qaeda ha llegado al poder, cambiando de nombre varias veces a lo largo de los años. El odio al “Satanás” estadounidense y al “Satanás” israelí no ha impedido que este grupo reciba armas y financiación de ellos, directamente o a través de Turquía, Qatar y otros. Las alianzas burguesas van y vienen, al igual que las licencias terroristas.

El régimen sirio de Assad, sanguinario como todos los regímenes y Estados burgueses, fue aliado del imperialismo ruso: por esta razón, Estados Unidos, junto con sus sirvientes europeos y de Oriente Medio, hizo todo lo posible por derrocarlo, consiguiéndolo finalmente. Para ello, también se valieron de antiguos enemigos de Al Qaeda, ahora de nuevo buenos aliados y en camino hacia la tolerancia, si bien no hacia la democracia. Los alauitas, los cristianos y los kurdos ya han tenido la oportunidad de experimentar esta “tolerancia”, distribuida con balas de plomo. Los intereses de la burguesía sunita siria, representada por el régimen actual, han llevado a los nietos de Osama bin Laden a establecer buenas relaciones con el imperialismo estadounidense y a buscarlas con Israel.

A los palestinos, obligados a sobrevivir en una especie de cantones separados y formalmente independientes, como los bantustanes sudafricanos, se les ofrece la posibilidad de crear su propio Estado independiente. Incluso si estos cantones no son anexados a Israel y a ese Estado, o si un nuevo gobierno títere reemplaza al antiguo gobierno de la Autoridad Palestina, la situación de los palestinos no cambiará.

El Estado palestino, al igual que el Gran Israel, no son más que espejismos utilizados por las burguesías palestina e israelí para mantener su dominio, desviando el odio sano e instintivo del proletariado hacia la guerra y la sociedad capitalista contra sus hermanos de clase en la otra nación. No hay una solución nacional ni para los palestinos ni para los judíos de Israel. La única solución es la lucha del proletariado judío y palestino unido contra sus respectivas burguesías y sus respectivos Estados o semi-Estados, por la revolución comunista.

A quienes se consideran menos “utópicos” que nosotros, podemos responder fácilmente dónde han ido a parar todas las soluciones ideadas por las políticas de la burguesía y los oportunistas.







Protestas en Francia contra la austeridad

En Francia, las protestas continuaron después de la pandemia del Covid-19, la crisis económica ha persistido, con la consiguiente crisis política. La Burguesía francesa, mientras intenta armarse bajo el pretexto de la guerra Rusia-Ucrania, persigue políticas de austeridad para controlar el crecimiento del déficit y la deuda del presupuesto estatal. Estas medidas se aplican ante todo al gasto público en educación, salud y transporte.

El bloque parlamentario La Renaissance, que defiende abiertamente esta política, está perdiendo terreno, incapaz de aprobar leyes sin recurrir al infame Artículo 49.3, que permite al gobierno aprobar decretos sin votación en la Asamblea Nacional. Los gobiernos son efímeros. En 2024, tras la victoria del Frente Nacional en las elecciones al Parlamento Europeo, Macrón disolvió el parlamento. Tras las elecciones posteriores, se negó a otorgarle al partido mayoritario, La France Insoumise (LFI), la autoridad para formar gobierno, lo que desató protestas. Debido a conflictos de intereses internos entre grupos capitalistas, el parlamento no ha podido aprobar el presupuesto estatal. Tres primeros ministros se han sucedido en los últimos 18 meses.

Esto ha contribuido a que los servicios sociales se empobrezcan, y que se recorten las ayudas de asistencia social. Los presupuestos de educación y sanidad han sido drásticamente reducidos, lo que provoca escasez de profesores y personal, hacinamiento e interrupciones de servicios. El sector del transporte ha sido privatizado. Muchas líneas regionales han cerrado y los precios de los pasajes están aumentando.

Hay una gran protesta contra las leyes y políticas anti-inmigrantes, a raíz de la sórdida demagogia del Frente Nacional que afirma que el país está siendo invadido por inmigrantes.

El problema de la vivienda se ha ido agravando durante años, a medida que la ley de ganancias y alquileres destruye la vivienda pública, reemplazándola por viviendas de lujo y expulsa cada vez más a las comunidades de trabajadores pobres de las ciudades.

Mientras tanto, los capitalistas y rentistas no pagan impuestos, y los evasores fiscales son indultados.

Sin embargo, el ejército y la policía están equipados con las herramientas más modernas, y las empresas militares se jactan de vender armas en todo el mundo. La concentración de empresas que privatizan, monopolizan y devoran todo continúa.

Cuando el ministro Bayrou propuso reducir los días de vacaciones y aumentar la austeridad, los trabajadores salieron a las calles a finales de agosto, tanto a través de sindicatos como individualmente. Esto marcó el inicio de las movilizaciones del otoño pasado, un movimiento popular espontáneo. Los líderes sindicales se mantuvieron a distancia, pero finalmente, aunque con poco empeño, anunciaron las primeras huelgas en la primera semana de septiembre.

Primero, el 8 de septiembre, Bayrou dimitió tras perder el voto de confianza; Macron lo sustituyó por Sébastien Lecornu, exministro de Defensa cercano al Frente Nacional.

Dos días después, comenzó la primera movilización “Bloquons-tout” (Bloqueen todo), inspirada por los chalecos amarillos. Este movimiento, organizado en barrios y con diversas ideologías, desde anarquistas hasta socialistas y socialdemócratas, se declara ajeno a los sindicatos y apartidista. Pretendían adoptar tácticas diferentes a las de los partidos políticos y sindicatos, para crear una fuerza popular capaz de presionar al Estado: bloquear puntos estratégicos en todo el país, como carreteras, intercambiadores y estaciones de tren y metro.

Temprano en la mañana del 10 de septiembre, grupos sindicales y manifestantes ocasionales iniciaron intentos de bloqueo. Pequeños grupos se desplazaban, creando interrupciones breves, mientras que grupos más grandes bloqueaban puntos específicos durante períodos más largos. Mientras tanto, en los barrios habitados por las comunidades, los piquetes bloqueaban mercados, comedores sociales y espacios públicos similares.

La policía intentó reprimir, mientras los manifestantes jugaban al “gato y al ratón” en las ciudades. Algunas concentraciones fueron dispersadas con gases lacrimógenos y bombas sónicas, lo que resultó en numerosos detenidos y heridos, especialmente en París, Marsella y Lyon, más que en épocas recientes. Finalmente, los diversos grupos de cada ciudad formaron comités de acción, coordinándose también con los sindicatos.

Este movimiento popular continuó sus acciones y reuniones en octubre, aunque con menos fuerza. Los grupos vecinales y obreros se intersectan, se comunican y, en ocasiones, se coordinan.

Todo esto, claramente, tiene sus límites: tanto la base social confusa como la falta de organización y la falta de dirección política, permiten que las ilusiones reformistas, populistas y radicales prevalezcan sobre las reivindicaciones de clase. La base individual y el mecanismo asambleario hacen que cualquier decisión sobre la acción sea muy lenta o imposible, mientras que todo permanece descentralizado y espontáneo.

El 18 de septiembre continuó por este camino. Sin embargo, las huelgas y piquetes organizados por los sindicatos convergieron, atrayendo a una multitud más sindicalizada y clasista. Los bloqueos comenzaron por la mañana con huelgas y ocupaciones de centros de trabajo, con la participación de un número creciente de otros sindicatos, y se transformaron en manifestaciones y marchas conjuntas por la tarde. La policía respondió de la misma manera, con el uso generalizado de gas pimienta, bombas sónicas y arrestos.

Si bien la huelga demostró que la clase trabajadora está reaccionando al empeoramiento de las condiciones, la debilidad del movimiento sindical también es evidente. Surgió una división entre las bases sindicales y la dirección sobre si la carta enviada al ministro debía considerarse un ultimátum. La voluntad de los trabajadores de actuar, chocó con el enfoque conciliador y reformista de los líderes, y el movimiento corre el riesgo de verse sofocado por la dinámica interna del propio sindicato. Si bien el éxito de las huelgas demuestra la importancia de la organización y las reivindicaciones de la clase trabajadora, el reformismo y la transformación de las organizaciones existentes en sindicatos dirigidos por el régimen en Europa, plantean un serio desafío a la lucha de clases. Tras el fracaso de las conversaciones con Lecornu, se declaró una nueva huelga el 2 de octubre. Las reivindicaciones sindicales, sumadas a las protestas europeas desatadas por la captura de la flotilla Sumud por parte del ejército israelí en ruta a Palestina, lograron que un segmento significativo de la clase trabajadora saliera a las calles en toda Francia, aunque con una participación no tan masiva como la del 18 de septiembre.

Sin embargo, el gobierno se ha negado a ceder y está intentando reprimir violentamente cualquier oposición.

Para resistir al capitalismo opresor, la clase trabajadora inevitablemente lidera un levantamiento social; por ello, debe organizarse dentro de su estructura defensiva, en sindicatos combativos de clase. Pero para que la lucha dé resultados hacia su liberación, necesita la guía del partido comunista revolucionario: sin un programa histórico y científico impersonal, las revueltas ni siquiera pueden garantizar la satisfacción de las demandas de las masas trabajadoras.







Democracia y fascismo: el doble rostro del capitalismo
Cuando incluso los burgueses se ven obligados a estar de acuerdo con nosotros


Informe presentado en la Reunión General de septiembre de 2023

Ambas teorías burguesas opuestas, la democrática y la autoritaria, destacan su antítesis: el fascismo y el antifascismo. Sin embargo, nosotros, comunistas de izquierda siempre hemos sostenido que el antifascismo constituye una falsa oposición al fascismo y, de hecho, una colaboración dentro de los partidos burgueses en la guerra común contra el proletariado.

Mientras que los miembros de la burguesía niegan la continuidad entre el fascismo y la democracia en su propaganda diaria, algunos, en estudios más especializados dirigidos a un público más restringido, la admiten. Este es el caso del texto de 2010 «El Estado Fascista», de Sabino Cassese, exministro del gobierno italiano y exjuez del Tribunal Constitucional. En este texto encontramos gran confirmación de nuestras posturas, aunque esto ciertamente no se corresponde con la intención de este burgués y democrático jurista.

Leamos:

«El fascismo buscó caracterizarse por su oposición a otros regímenes. Se autoproclamó antiliberal, antiparlamentario, anticlerical, antiburgués, anticapitalista y anticomunista. Pero aceptó llegar a un acuerdo con dos instituciones de la Italia liberal: el rey y el Senado, además con la Iglesia, con el capitalismo y con la burguesía. También se ocupó del mantenimiento y la racionalización del edificio liberal: rediseñó el sistema financiero público y la regulación del empleo público, completó la construcción del sistema escolar, reorganizó las profesiones, adoptó nuevos códigos (...) La organización corporativa completó este intento de integrar a la sociedad dentro del Estado. A pesar de su fracaso operativo, tuvo un notable éxito funcional al abrir un canal de regimentación (...) El Estado fascista aceptó los conflictos dentro de las corporaciones, estableció administraciones paralelas, introdujo la planificación sectorial, dividió instituciones y órganos, pluralizando y fragmentando así la máquina estatal y estableciendo nuevas burocracias (la estatal, la de las instituciones, la de los sindicatos, la del partido) (...)

«El Estado fascista se autoproclamó antiliberal y totalitario. Enfatizó la ruptura entre el régimen liberal y el fascismo. Enfatizó la llamada revolución fascista. Sin embargo, gobernó en gran medida utilizando instituciones prefascistas. El Estatuto Albertino permaneció vigente, aunque modificado en muchas partes. La Corona y el Senado Real siguieron existiendo, aunque debilitados. El Edicto Real de 1848 sobre la prensa se mantuvo, aunque sufrió profundas modificaciones (...) Al presentar las Leyes para la Defensa del Estado a la Cámara de Diputados y al Senado del Reino, en 1925-1928, Alfredo Rocco siempre pudo demostrar su conexión con la legislación prefascista e ilustrar el elemento de continuidad estatutaria (...) Esta continuidad de las instituciones va acompañada de la continuidad del personal técnico y político».

Es interesante lo que Mussolini le dijo a Ottavio Dinale, según este último, unos días antes del 25 de julio de 1943: «Si pudieras imaginar el esfuerzo que me costó encontrar un equilibrio posible que evitara las colisiones entre los poderes antagónicos que se rozan, celosos y desconfiados entre sí: Gobierno, Partido, Monarquía, Vaticano, Ejército, Milicia, prefectos, funcionarios federales, ministros, los jefes de las Confederaciones y de los enormes intereses monopolistas, etc., etc. Tu comprendes perfectamente, son las indigestiones del totalitarismo, en el cual no logró fundirse aquel eje hereditario que tuve que aceptar en el 22 sin beneficio de inventario».

En el capitalismo, cualquier tipo de gobierno es un comité de empresa de la burguesía, y se caracteriza por tanto por una mediación constante entre los intereses de sus diversos sectores: aun cuando está convencido de que el General, no es más que el sargento.

El término “totalitarismo”, empleado por el propio Mussolini y posteriormente por muchos historiadores, carece de sentido. Otros, como Cassese, lo atribuyen no al fascismo italiano, sino únicamente al nazismo. Este término expresa el deseo de la burguesía de confinar la lucha de clases, y todo lo relacionado con la producción y la economía, dentro de su Estado y su partido único. Es un resurgimiento del sueño de los jacobinos y Napoleón, que en su momento era el sueño de una burguesía revolucionaria.

Incluso en la Alemania nazi, no tiene sentido hablar de totalitarismo, aunque en este caso estuvieron más cerca que otros de realizar esta utopía burguesa. Los sindicatos siguieron existiendo incluso en la Alemania nazi: evidentemente, la lucha de clases podía controlarse estrictamente, pero no abolirse, y los sindicatos, para ello, eran una herramienta de la que ni siquiera la burguesía alemana de la época podía prescindir.

Cassese habla entonces de «medidas para afrontar la crisis económica. En este sentido, existe un fuerte paralelismo con decisiones tomadas fuera de Italia, especialmente en el sector bancario y las empresas públicas. La ley bancaria italiana de 1936 guarda muchas similitudes con la Ley Glass-Steagall estadounidense. El Instituto para la Reconstrucción Industrial (IRI) no es exclusivo de Italia, ya que existen grupos industriales públicos similares en otros países, como España».

De nuevo: «Así como existe una continuidad entre el Estado liberal-autoritario prefascista, también la hay entre el Estado del período fascista y el Estado democrático posfascista. Dos tercios de las normas recogidas en un código de leyes administrativas de 1954 se adoptaron durante el período fascista (...) Algunos de estos conjuntos de normas incluso incluyen normas prefascistas, por lo que su codificación durante el período fascista actúa como un puente entre el prefascismo y el posfascismo (...) La continuidad está asegurada no solo por la permanencia de las normas, sino también por la del personal: una gran mayoría del personal directivo del sector público de la era democrática, proviene de las filas de la burocracia formada durante el período fascista (...) La idea del fascismo como un paréntesis, de una ruptura clara entre el período fascista y la República Italiana, es, por lo tanto, errónea. O, más bien, corresponde más a una necesidad de los contemporáneos de establecer una distancia entre el fascismo y ellos mismos, que a la realidad de los hechos».

Luego, en el capítulo 2: «Definir el “Estado fascista” es difícil porque, más allá de su proclamada naturaleza totalitaria, sus raíces están profundamente arraigadas en la Italia liberal y sus instituciones sobrevivieron a la caída del fascismo; porque algunas de sus instituciones no difieren de las creadas en los mismos años en otras partes del mundo (...) El fascismo (...) aspiraba a ser totalitario, porque proclamaba “todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”; pero toleraba, y en ocasiones creaba, organismos intermedios. El “Estado fascista” fue, por lo tanto, capaz de combinar una gran variedad de legados ideológicos y conectar con la doctrina social católica conservadora. Explotó todos los elementos autoritarios del Estado existente, introduciendo nuevos elementos de naturaleza cesariana y totalitaria».

Mussolini, en el aparte sobre “fascismo” de la Enciclopedia Treccani de 1932, escribió: “El Estado puede resolver las dramáticas contradicciones del capitalismo. Lo que se llama crisis solo puede ser resuelto por el Estado, dentro del Estado (...) Si el liberalismo se refiere al individuo, el fascismo se refiere al Estado “. La primera frase es, sin duda, compartida por los socialdemócratas y los progresistas en general.

Pasemos al Capítulo 3: «La legislación sobre libertad y estatus personal se completó en 1926 con el nuevo texto consolidado de las leyes de seguridad pública. Este mantuvo la misma estructura que el texto consolidado de Crispi de 1889, con la adición del Título I, sobre medidas policiales. Por un lado, amplió el alcance de la seguridad pública; por otro, incluyó normas más restrictivas sobre el derecho de reunión, el entretenimiento, la imprenta y los extranjeros, y actualizó las normas sobre residencia forzosa, que se habían convertido en confinamiento policial, ampliando su alcance».

Así, el fascismo «multiplicó las organizaciones estatales-sociales (corporativas, juveniles, paramilitares, culturales, recreativas, etc.) (...) Pretendía dominar la economía con una técnica similar a la utilizada en el terreno político: reduciendo los conflictos y transportándolos a la esfera estatal, donde podían mantenerse bajo control (...) La dominación estatal de la política, la sociedad y la economía nunca fue completa: la burocracia, la escuela, la religión escaparon, de diferentes maneras, al control fascista».

El fascismo carecía de ideología propia; se caracterizaba por un pragmatismo y un eclecticismo carentes de principios y fundamentos teóricos. Mussolini escribió en “Il Popolo d’Italia” el 22 de noviembre de 1921: «Nuestra reticencia a limitarnos a un programa (...) “El haber tomado de los otros partidos aquello que nos gusta y nos beneficia, y el haber rechazado lo que no nos agrada y nos perjudica (…) constituyen otras tantas pruebas de nuestra mentalidad relativista.”

El fascismo tomó fragmentos de ideologías que consideró útiles donde quiera que los encontró, saqueando a Sorel, el liberalismo, el socialismo y la doctrina social de la Iglesia. Los dos principales intentos de fundamentar ideológicamente el fascismo fueron los de Giovanni Gentile y Alfredo Rocco. Este último tuvo mayor impacto debido a su concepción de la continuidad del Estado y a una mayor dosis de pragmatismo, aunque aún reivindicaba la novedad de la «revolución fascista».

Una “revolución” trágica y a la vez absurda, cuya farsa se asemeja a las obras contemporáneas de periodistas convertidos en historiadores, que hablan de un “golpe de Estado de Mussolini”. Un golpe de Estado sumamente inusual, dado que no hubo asalto ni conquista, sino que el Estado mismo se dejó conquistar amistosamente, extendiendo una alfombra roja ante los fascistas. En cuanto a la filosofía de Gentile, para el fascismo, esta fue el mejor traje para los domingos y las ocasiones importantes, algo que no se usa en la vida cotidianamente.

Rocco, en la Ley sobre las Sociedades Secretas, escribe: «El Estado nacional, es decir, el Estado fascista, ha emprendido una lucha contra todas las fuerzas de desorganización que se habían anidado en el Estado y que día a día erosionaban y destruían su soberanía (...) El Estado debe dominar (...) todas las fuerzas existentes en el país, y no se puede admitir, como desgraciadamente se ha admitido durante mucho tiempo, la existencia de organizaciones poderosas, como la Confederación del Trabajo, como las Asociaciones de empleados de ferrocarriles, correos y telégrafos, de marinos y conductores de tranvías, o finalmente, como la Francmasonería, que son los dueños efectivos de la vida de la nación».

Pero el real decreto Pelloux de 1899 ya permitía al Ministro del Interior disolver asociaciones «destinadas a subvertir por la fuerza el orden social o la constitución del Estado». Cassese escribe en el capítulo 4: «Las leyes fascistas sobre asociaciones de 1924, 1925, 1926 y 1930 se injertan sobre esta base». A continuación, afirma con acierto que «las leyes fascistas sobre seguridad pública utilizan herramientas propias de la Italia liberal, pero las amplían», y que «el punto de partida del análisis debe ser el texto consolidado de las leyes de seguridad pública de 1889 (precedido y preparado por las leyes de 1859, 1865 y 1871), cuya estructura básica será respetada por los textos consolidados paralelos del período fascista, los de 1926 y 1931».

También se mencionan con razón las leyes excepcionales del período prefascista, como la Ley de Pica de 1863 contra el bandidaje y otras posteriores. Continuamos: «Las principales intervenciones del fascismo en materia policial fueron las de 1923 y 1926. En 1923, se creó la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional para contribuir a la seguridad pública y al mantenimiento del orden público. Estaba bajo las órdenes del jefe de gobierno. Desempeñaba funciones policiales normales y pronto se convirtió en un apéndice del ejército (...) En 1926, se adoptaron dos medidas importantes: el texto consolidado de las leyes de seguridad pública y la ley de defensa del Estado. El texto consolidado se basaba en el de 1889. Pero se otorgaron mayores poderes a la autoridad de seguridad pública (...) El Código Penal Rocco de 1930, aunque de carácter autoritario y con penas más severas, codificó normas fascistas y prefascistas, consolidando orientaciones que también habían madurado en la Italia liberal, mientras que el texto consolidado de las leyes de seguridad pública de 1931 constituyó, en esencia, solo una mejora del texto anterior de 1926».

El jurista burgués cita entonces a Rocco y su “Ley sobre la Facultad del Ejecutivo para Promulgar Disposiciones Legales”: «La ley “no pretende tanto innovar como regular”, según su presentador. Llegó incluso a afirmar: ’somos las vestales del derecho constitucional, somos los guardianes del Estado y los defensores de los principios fundamentales de nuestro derecho público’; ’queremos gobernar con la ley, dentro de la ley’; “el proyecto de ley pretende (...) no disminuir, sino aumentar las funciones y la autoridad del Parlamento”».


El corporativismo

En 1930, Mussolini declaró: «El Estado fascista es corporativo o no es fascista». Bottai, en un discurso ante la Cámara de Diputados el 15 de marzo de 1928, declaró: «“La relación entre el Estado fascista y el Estado corporativo es de identidad”. El Estado corporativo introduce grupos profesionales en su estructura (coordinados ya embrionariamente mediante la labor de diversos movimientos sindicales), perfeccionando la rudimentaria relación individuo-Estado mediante la subordinación sucesiva del interés económico del individuo (el ciudadano productor) al de la categoría económica (la asociación profesional) y, finalmente, al de la economía nacional (el Estado)».

En el Consejo Nacional de Corporaciones, el 14 de noviembre de 1933, Mussolini afirmó: «El corporativismo es la economía disciplinada, y por tanto también controlada (...) El corporativismo supera al socialismo y supera al liberalismo, crea una nueva síntesis».

Cassese comenta:

«El rasgo más característico del régimen fascista, y que parece distinguirlo claramente del Estado prefascista, es el del orden corporativo. Sin embargo, este también tiene precedentes en la Italia liberal-autoritaria (...) El corporativismo, en cambio, no formaba parte del legado cultural del fascismo, sino de la tradición socialcristiana (...)

«El primer organismo verdaderamente corporativo, el Consejo Nacional de Corporaciones, establecido en 1930, nació con dificultades, pues era visto con recelo por los industriales, quienes temían que sofocara la iniciativa privada. (...) De 1930 a 1934, fue ignorado o funcionó como un mero órgano para registrar las decisiones tomadas en otros ámbitos. En 1934, fue efectivamente suplantado por el Comité Corporativo Central. En 1939, se reformó, en función del establecimiento de la Cámara de Fasces y Corporaciones. (...) Se encomendó a las Corporaciones la regulación colectiva de la representación económica, la disciplina unitaria de la producción, la determinación de las tarifas para los servicios y prestaciones económicas, la fijación de los precios de los bienes de consumo ofrecidos al público en condiciones privilegiadas, y el experimento de intentar conciliar los conflictos colectivos de trabajo. (...)

«Esta compleja máquina canalizaba y regimentaba, pero producía muy poco: de 1933 a 1940 sólo se estipularon 30 convenios económicos colectivos y hasta 1940 sólo se dictaron 14 normas económicas corporativas (...)

«El orden corporativo desaparecerá en la posguerra, pero la representación de los intereses permanecerá en el Consejo Nacional de Economía y Trabajo, así como los órganos que se llamaban privilegiados, la planificación sectorial, el accionariado estatal permanecerán y se fortalecerán (...)

En el capítulo 6, Cassese afirma que el corporativismo «se desarrolló en el componente nacionalista, mediante el cual la forma económica perfecta estaba asegurada por cárteles nacionales inter empresariales, monopolistas en sus sectores. Estos podían permitir que el régimen competitivo se desplazara del interior de la nación al exterior. Fuerzas políticas opuestas, como la católica y la socialista, contribuyeron a estos desarrollos: las primeras por su origen interclasista, las segundas porque favorecían el “capitalismo organizado”».

Obviamente, el socialismo al que se refiere aquí es el reformista, que es en sí mismo interclasista, independientemente de lo que afirme el autor.

«Puede decirse que la variante mayoritaria es la confesional, desarrollada dentro de las doctrinas sociales del catolicismo, con una clara impronta solidaria»

«La competencia de otras ideas, de tipo productivista, fordista, autárquico, aseguró un ulterior empuje hacia el corporativismo (...) transformándose de vez en cuando en una palanca sindical para abrir las puertas de la industria a los trabajadores, en una herramienta empresarial para evitar las huelgas obreras, en una herramienta estatal para planificar la economía, en un dispositivo para asegurar la protección estatal a las empresas (...)

«El corporativismo es un fenómeno global que no se consolidó necesariamente en los estados fascistas (consideremos (...) las “comunidades de trabajadores y usuarios” mencionadas en el artículo 43 de la Constitución italiana). Además, los proyectos de representación orgánica o de intereses, así como las propuestas corporativistas, estuvieron presentes en Italia incluso en la era prefascista y, como se ha señalado, en la era posfascista. El fascismo, en muchos aspectos, simplemente desarrolló plenamente ideas previas.»

El propio Bottai, en su obra de 1942 “El orden corporativo: principios, implementación, reformas”, reconoce que «las corporaciones, que surgieron para regular directamente la producción, han llevado a cabo poca actividad en esta dirección, que, en todo caso, casi nunca ha sido deliberativa o normativa, sino mayoritariamente consultiva».

Volviendo a Cassese: «A lo largo de veinte años se alternaron diferentes interpretaciones del corporativismo, desde la estatista a la Rocco, a la participativa à la Bottai, a la defensiva y radical de los sindicalistas, a la utópica à la Spirito».

Como ya lo hemos dicho, las palabras de Cassese no son nuestras, pero es significativo que el jurista burgués, democrático y liberal coincida sustancialmente con nuestros análisis.


Sindicatos y corporaciones

Cassese escribe en el capítulo 3:

Ya en 1920, Alfredo Rocco había defendido que los sindicatos debían considerarse organismos estatales e instrumentos de colaboración. Debían constituirse en organismos mixtos (las futuras corporaciones) para desempeñar, además de funciones de arbitraje, ciertas funciones públicas. Preparándose para la ley de 1925 que permitía la rescisión de los convenios colectivos de trabajo, en 1926 se aprobó una ley que disponía el reconocimiento legal de los sindicatos que representaran a una décima parte de los trabajadores. Sin embargo, solo se podía reconocer un sindicato, que adquirió personalidad jurídica, estipuló acuerdos vinculantes para todo el sector y quedó sujeto a la supervisión pública (...) Al año siguiente, la Carta del Trabajo proclamó la libre organización sindical, pero con un solo sindicato reconocido, con derecho a representar y proteger a los trabajadores.

«El edificio corporativo se completó con mucha lentitud. En 1926, se creó el Ministerio de Corporaciones (aunque inmediatamente se observó que era un organismo burocrático, no corporativo). En 1930, se creó el Comité Corporativo Central, pero sin corporaciones, que se establecieron en 1934. Estas eran 22 (...) Estaban compuestas por personas designadas por los sindicatos obreros y patronales, para cada categoría, con la aprobación del jefe de gobierno, así como por expertos y delegados del Partido Fascista. Sus tareas eran la regulación colectiva de las relaciones laborales y la “disciplina unitaria de la producción”. En 1939, se creó la Cámara de Fascistas y Corporaciones, que sustituyó a la Cámara de Diputados, compuesta ex officio por miembros del Consejo Nacional del Partido Nacional Fascista y del Consejo Nacional de Corporaciones (...)

«A partir de 1928, el Partido Nacional Fascista fue reconocido como institución pública auxiliar del Estado. Ese mismo año, se organizó el Gran Consejo del Fascismo, para asegurar la “identificación del Estado con el régimen”, como órgano tanto del partido como del Estado».

Giovanni Gentile, en “Educazione Fascista”, escribió: «Con la ley del Gran Consejo, la Revolución completa su transformación y se disuelve plenamente en el Estado. El Partido deja definitivamente de ser partido y, por lo tanto, envía a su Secretario al Consejo de Ministros. Como organización de la gran mayoría nacional o de las masas políticamente significativas del pueblo italiano, se convierte en la Nación».

En la reunión del Gran Consejo del Fascismo del 15 de marzo de 1923, Michele Bianchi, “cuadrumviro” de la Marcha sobre Roma y antiguo sindicalista revolucionario, afirmó que «el fascismo no podía ignorar el sindicalismo (...) abandonar el movimiento sindical habría significado entregarlo inevitablemente a manos extranjeras, o peor aún, a sus adversarios». En la reunión del Gran Consejo de octubre de 1925, el fenómeno sindical se definió como «un aspecto necesario e indispensable de la vida moderna».

Del cuarto capítulo del texto de Cassese: «Alfredo Rocco, al presentar a la Cámara de Diputados el proyecto de ley de 1926 sobre la regulación legal de las relaciones colectivas de trabajo, afirmó: “El sindicato debe estar necesariamente sujeto al control estatal. El sindicato es un órgano del Estado, participa en las funciones estatales e incluso ejerce derechos inherentes a la soberanía, como el derecho a imponer y recaudar impuestos por la fuerza”. Añadió que cuando la guerra, el Estado tuvo que asumir funciones económicas, el experimento fue desastroso por haber sido confiado a burócratas inexpertos. “Pues bien, puede que llegue el día en que la nación vuelva a verse llamada a organizarse como una fuerza unificada para un gran esfuerzo. Ese día, los sindicatos nos proporcionarán hombres técnicamente capacitados. Esta es otra gran tarea para los sindicatos”. Desde esta perspectiva, la ley de 1926 exigía que los líderes sindicales presentaran “garantías de capacidad, moralidad y una sólida fe nacional” y que sus miembros poseyeran el requisito de “buena conducta política, desde una perspectiva nacional».

Alfredo Rocco estaría orgulloso de los sindicatos actuales CGIL, CISL, UIL y otros, de “firme fe nacional”, y dispuestos a proporcionar carne de cañón, así como carniceros, para las guerras patrióticas e imperialistas por venir.







México:
Las manifestaciones del 15n y el choque entre facciones de la burguesía, imponen un velo para ocultar la lucha de clases

Las multitudinarias manifestaciones que tuvieron lugar en México el 15 de noviembre del año pasado, presentadas por la mayoría de los medios de prensa y las redes sociales como una espontánea reacción de la “Generación Z” y “la ciudadanía” contra la corrupción y la violencia del gobierno de turno, ocultan una dinámica política mucho más profunda: el agudo choque entre distintos sectores de la burguesía mexicana y los partidos y movimientos que los representan, por el control del aparato estatal y las cuotas de poder. Los comunistas nos distanciamos en el análisis de estas situaciones, de la narrativa dominante para enfocar el conflicto desde la perspectiva de la lucha de clases, la única lente capaz de interpretar cabalmente las crisis políticas en una sociedad capitalista.

Originalmente organizada por un movimiento llamado Generation Z Mexico, que convocó a protestas y marchas en todo el país como respuesta a la creciente inseguridad económica, la corrupción del Estado y la muerte del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo. A pesar de las proclamas iniciales de que se trataba de un movimiento exclusivamente juvenil, se hizo evidente que muchas de las generaciones mayores también se movilizaron, incluyendo las facciones conservadoras de derecha de la burguesía como el PRI, el PAN e incluso elementos del movimiento sinarquista (afín al nazismo). La prensa burguesa ha tenido una claridad superficial sobre las causas que provocaron estos eventos y la movilización de masas que trajo al campo de batalla a diferentes estratos de la sociedad de clases, dejando un saldo de 140 heridos (100 de los cuales son policías) y muchos arrestados.

Esta explosión interclasista de masas, es en sí misma es una consecuencia del continuo deterioro de las condiciones económicas tanto para los trabajadores como para la pequeña burguesía que enfrenta la proletarización. Todo esto se complementa con el problema del narcotráfico (un negocio del que se lucra la burguesía y que financia a todos los grupos que alternativamente controlan el gobierno), que no es más que el síntoma de la producción capitalista en un país subordinado al imperialismo estadounidense y al cual el circo burgués ha envuelto con una niebla mistificadora.


Antecedentes: Conflicto inter-burgués por el control del gobierno

El actual contexto político en México, con el partido Morena en el gobierno, se caracteriza por el ascenso al poder de una facción de la burguesía que enarbola un discurso nacionalista, soberanista y de “izquierda” (que resume su programa en la llamada Cuarta Transformación o 4T), ganando reconocimiento entre los electores sobre la base del descontento histórico contra la corrupción y contra los efectos sociales de las políticas neoliberales de los gobiernos anteriores (PRI, PAN). El establishment burgués tradicional, representado por los partidos que hoy son de oposición (PAN, PRI, PRD, Movimiento Ciudadano) y sus élites empresariales asociadas, fue desplazado del control directo del Estado, pero conserva un inmenso poder económico.

El rechazo a la política de seguridad (“Abrazos, no balazos”) y el manejo de la violencia y la corrupción por parte del gobierno actual son el combustible retórico utilizado por esta burguesía desplazada para plantear su oposición democrático burguesa. Con este discurso apartan a las masas asalariadas de la exigencia de sus reivindicaciones naturales (aumento de salarios y pensiones, reducción de la jornada de trabajo, mejora de la higiene y seguridad en los puestos de trabajo, etc.). El asesinato de un alcalde que clamaba por una “mano dura” contra la delincuencia fue utilizado como un evento catalizador de indignación, oportunamente explotado para movilizar a una parte de la población. No obstante, tanto la facción gobernante como la opositora, a pesar de sus diferencias discursivas, son defensores acérrimos del capitalismo y garantes de los negocios de las empresas nacionales y transnacionales, basando su acumulación en la explotación del trabajo asalariado en México.


La Situación del Proletariado, salarios bajos y alto desempleo

Mientras la prensa se centra en la disputa política de las élites, la situación real de la clase trabajadora y los sectores oprimidos permanece sin solución. A pesar de los aumentos al salario mínimo, el costo de la vida y la inflación erosionan el poder adquisitivo de manera constante. El salario promedio se mantiene bajo, la precarización laboral y la informalidad persisten como realidades estructurales y los derechos laborales previstos en la legislación burguesa, así como las pensiones son objeto de ataques y reformas regresivas.

Las reivindicaciones fundamentales del proletariado no son el foco de la protesta que ocupa los titulares de la prensa y las publicaciones en las redes sociales. La mayoría de las centrales y federaciones sindicales en México, históricamente atadas a los intereses del Estado y bajo control de diferentes partidos con participación en el parlamento, mantienen una posición de subordinación a los patronos y desmovilización de los trabajadores. El silencio o el apoyo al gobierno de turno, por parte de las centrales sindicales, demuestran la falta de una voz y un perfil propio de la clase trabajadora ante el conflicto entre sectores burgueses y el reto de levantar un movimiento independiente de clase, proletario, liberado de la polarización burguesa que hoy los coloca ante la falsa disyuntiva de estar a favor del gobierno o a favor de la oposición (ambos burgueses).

A pesar de la política de incrementos nominales de la que tanto se vanagloria el gobierno, la situación del poder adquisitivo sigue siendo una pugna central para la clase trabajadora. Ya desde la llegada de López Obrador (AMLO) a la presidencia de México, los anuncios de llevar los salarios a montos superiores al de la Canasta Básica Indispensable (CBI), a lo largo de un programa gradual, fueron incumplidos. Los incrementos salariales fueron presentados mediáticamente como los más altos ejecutados en más de tres décadas, pero lo cierto es que están muy lejos de alcanzar el monto de la CBI. Por ejemplo, cuando AMLO subió a la presidencia en diciembre de 2018, declaró un aumento al salario mínimo diario de $88,36 pesos a $102,68 pesos y a $176,72 pesos en la zona fronteriza de México y EEUU. Pero en realidad, el aumento salarial fue batallado por todos los patronos negando y retrasando a los trabajadores el aumento o quitando dinero en otros conceptos, como el aguinaldo en algunas ocasiones. Toda la política salarial implementada por López Obrador fue concertada con el empresariado, representado por COPARMEX. Y Claudia Sheinbaum ha mantenido esta política de aumentos nominales abiertamente rezagados en relación con la CBI. De hecho, ya desde la administración de Obrador se rompió con el uso de la CBI como referencia para los ajustes salariales y se asumió como parámetro de referencia la línea de pobreza monitoreada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), lo cual también fue concertado con el empresariado.

Para que un hogar urbano de cuatro integrantes no sea considerado pobre por ingresos, necesitaría un ingreso total aproximado de 18.259,84 pesos mejicanos mensuales. Un solo salario mínimo cubre aproximadamente la mitad de esta necesidad familiar. Estas cifran dejan clara la hipocresía del gobierno burgués mejicano que manifiesta que su política salarial se basa en “Aumentos significativos y constantes”, “Salario digno”, “Ruptura del mito de que los aumentos salariales aumentan el desempleo y disparan la inflación” y “Recuperación histórica del poder adquisitivo”. Pero la política salarial de las 4T no ha dejado de ser concertada con el empresariado y de mantenerse armónica con las necesidades de la explotación del trabajo asalariado y la dinamización del mercado, para facilitar la circulación de las mercancías, aumentando la demanda interna que necesita la burguesía.

Las diferencias con las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto corresponden con el crecimiento de las inversiones trasnacionales. México ha alcanzado cifras récord de inversión extranjera. En 2024 se reportó un máximo histórico, y al tercer trimestre de 2025, la cifra superó los 40.000 millones de dólares, un aumento del 15% respecto al año anterior. Esto es el resultado del fenómeno del nearshoring, que consiste en la estrategia de reubicación por la cual las empresas trasladan parte de su producción, manufactura o servicios a países geográficamente cercanos a su mercado principal. En el contexto de México, esto se refiere principalmente a empresas de Estados Unidos (y en menor medida, Canadá) que han movido sus operaciones de producción, tradicionalmente ubicadas en mercados distantes como Asia (específicamente China), hacia territorio mexicano. La presidenta Sheinbaum ha enfatizado que el nearshoring “es una oportunidad que debe aprovecharse con un enfoque de desarrollo, asegurando que las nuevas empresas que se instalen ofrezcan empleos de calidad y salarios dignos”; pero la verdad es que, igual que en el pasado, las empresas que se han asentado en México siguen apoyándose en varios factores de reducción de costos, siendo los bajos salarios el factor principal. Por otro lado en los municipios norteños, más próximos al territorio estadounidense el gobierno de Sheinbaum, siempre en consenso con el empresariado y continuando con lo adelantado por Obrador, asumió aumentos salariales más significativos, pero no por razones de “justicia social”, sino con el objetivo de cerrar la brecha con los municipios condados del lado estadounidense de la frontera y asegurar mano de obra disponible para las empresas asentadas en el norte de México.

El gobierno burgués de Sheinbaum habla de una “reducción histórica de la pobreza multidimensional y un aumento significativo en la cobertura de la canasta básica”, pero además de que las estadísticas dicen lo contrario y el mismo gobierno ha caído en contradicción al asumir programas sociales de apoyo a población en condiciones de pobreza, que prácticamente no serían necesario si el salario alcanzara para cubrir todas las necesidades de una familia de trabajadores. De hecho los “logros” que pregona el gobierno sobre la reducción de la pobreza no pueden asociarse solo a la política salarial sino que también está fuertemente ligada a los llamados “programas de bienestar”, que contemplan transferencias monetarias del gobierno, a través de pensiones a adultos mayores, a mujeres de 60 – 64 años (principalmente indígenas), a niños y adultos (hasta 64 años) con discapacidad y a hijos de padres o madres solteros (hasta los 3 años de edad). Mucho populismo, mucha propaganda y muy poco impacto en la situación real de las familias trabajadoras.

Ahora bien, la informalidad y precarización de los empleos es un fenómeno estructural que afecta a una parte importante de la población trabajadora. Y este es el mayor atolladero de la política salarial del gobierno mejicano, ya que solo a una pequeña parte de la población trabajadora se aplican los salarios que pomposamente anuncian en los medios, quedando fuera de alcance los desempleados, los sub-ocupados (aquellos que tienen la necesidad y disponibilidad de trabajar más horas de las que su empleo actual les permite) y los trabajadores informales. De esta manera, además de que el salario mínimo es sumamente bajo y no permite cubrir el costo de la canasta básica, este salario aplica apenas a un máximo aproximado del 35% de los asalariados.

Veamos cómo está compuesto el resto del universo de los trabajadores mexicanos y esto tiene que ver con las estadísticas de desempleo, sub-ocupación e informalidad.

Las cifras estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) muestran un mercado laboral con una baja tasa de desempleo abierto, pero la verdadera magnitud del desempleo queda oculta detrás de la sub-ocupación y la informalidad.


Desglose General
Indicador Hombres Mujeres Total Nacional
Tasa de Desempleo (TD) 2,9% 3,1% 3,0% (Sep 2025)
Tasa de Informalidad
Laboral (TIL)
55,0% 55,9% 55,4% (3T 2025)
Tasa de Subocupación - - 7,5% (Oct 2025)

La tasa nacional de desempleo se ha mantenido relativamente baja, oscilando alrededor del 2,5% al 3,0% en 2025. Sin embargo, la tasa ha mostrado una ligera tendencia al alza en la segunda mitad de 2025. Pero lo que más destaca es que más de la mitad de los trabajadores mexicanos (33,1 millones de personas) continúan en la informalidad, sin acceso a seguridad social ni prestaciones sociales, una cifra que se mantiene “muy alta” y que representa una característica estructural en la economía mejicana. La tasa de informalidad es ligeramente superior para las mujeres. Por otro lado, alrededor de 3,7 millones de personas están sub-ocupadas.

La población joven es el grupo etario más vulnerable en el mercado laboral mexicano. Las personas de 15 a 29 años experimentan tasas de desempleo significativamente más altas que el promedio nacional, alcanzando cerca del 7,1%, casi el doble que la tasa general. La falta de experiencia previa sigue siendo un obstáculo importante para quienes buscan su primer empleo. Ocho de cada 10 jóvenes reportan dificultades para encontrar trabajo, a menudo debido a la falta de experiencia solicitada por los empleadores o salarios insatisfactorios. Esto se refleja en la alta proporción de desempleados concentrados en el rango de 15 a 24 años, representando alrededor del 33% de todas las personas desempleadas en México, lo que demuestra una alta concentración de este flagelo en este grupo demográfico de los trabajadores. Casi siete de cada 10 jóvenes (67%) que trabajan lo hacen en la informalidad, un nivel 12 puntos porcentuales superior al promedio nacional. Esto implica falta de acceso a seguridad social, prestaciones y estabilidad laboral. Datos de 2024 indicaron que, incluso entre los egresados universitarios, solo el 30,7% lograba empleos acordes a su formación, evidenciando una desconexión entre el sistema educativo y las demandas del mercado laboral. Además están los llamados Jóvenes “NINIS”, que es aquel estrato de trabajadores juveniles que no estudian ni trabajan, que asciende a cerca de 4,8 millones. Las mujeres jóvenes representan una proporción mucho mayor en esta categoría de los NINIS, debido a factores de género como las responsabilidades de cuidado en el hogar. 

El crecimiento de la población trabajadora joven, que afluye constantemente al mercado de fuerza de trabajo, es importante y la gran mayoría van directo a la tragedia y la frustración del desempleo, la sub-ocupación y la informalidad, ante un mercado laboral que los somete a la explotación y les paga con hambre y necesidades insatisfechas. Este segmento de los trabajadores asalariados, jóvenes de edades entre 15 y 29 años, es el que hacen coincidir con lo que llaman la “Generación Z”. Pero esa “Generación Z” no es otra cosa que el estrato más joven de la clase de los trabajadores asalariados, agobiada por los bajos salarios, la precariedad y la incertidumbre laboral, sin organizaciones sindicales que canalicen su frustración y descontento y sometidos a la manipulación de las fracciones burguesas y oportunistas que hoy se disputan el control del gobierno. Es cierto que en todo el mundo la juventud representa un estrato social que da un impulso excepcional en cualquier conflicto social, pero la observación del comportamiento de este estrato social no debe verse desde la óptica policlasista y genérica, sino desde la óptica de clase, visualizando a la juventud trabajadora, la juventud proletaria, la juventud como parte de la clase obrera y sus luchas.

La demagoga de turno, la presidenta Claudia Sheinbaum, ha anunciado que continuará e integrará el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” en la Constitución, sumando a más beneficiarios para ofrecer capacitación laboral; pero está claro que esto es solo es una distracción que no resolverá la situación del desempleo encubierto (sub-ocupación e informalidad) que agobia a la clase obrera mejicana en general y a la juventud en particular.

Resulta ocioso por lo tanto hablar de las cifras que presentan el gobierno y organismos como la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI) en relación con la “reducción de la pobreza”.

En México no hay ni habrá un salario que permita cubrir todas las necesidades de los trabajadores y tampoco habrá puestos de trabajo formales, estables y sanos para todas las personas en edad de trabajar. Esta situación no cambiará mientras México y el mundo se encuentren sometidos al régimen capitalista. De hecho, para ser más contundentes, los trabajadores no se liberarán (a sí mismos y a toda la sociedad) si no imponen la eliminación de la explotación del trabajo asalariado, que es la base de la sociedad actual y de la acumulación de riquezas por parte de una minoría: la burguesía, los capitalistas.


La migración y el narcotráfico: espacios económicos que también explotan a los trabajadores

La migración ha ofrecido históricamente una válvula de alivio para los trabajadores latinoamericanos en busca de salarios más altos y beneficios, y para el Estado burgués mexicano, que ahora tiene que lidiar con una masa menor de trabajadores desocupados; también se beneficia de las remesas, que constituyeron el 3,6% del PIB mexicano en 2024. Aquellos que no pueden migrar o encontrar trabajo con salarios suficientes recurren a los cárteles como lumpenproletariado y pasan a explotar, en su mayor parte, a sus antiguos hermanos de clase (el proletariado) y a la pequeña burguesía. Cárteles como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) han extendido sus operaciones más allá de los tratos ilícitos de drogas, secuestros, extorsión y trata de personas. Durante las últimas décadas, estos “hombres de negocios” se han abierto camino hacia formas más aceptables de acumulación de capital, como la industria petrolera y agrícola.

El reciente asesinato del alcalde de Uruapan en el estado de Michoacán, Carlos Manzo, muestra la respuesta de brutalidad que caracteriza los tratos de los cárteles con quienes se les oponen. De hecho, solo en 2024, más de 30 candidatos fueron asesinados durante la campaña electoral, el episodio de violencia más alto desde 2018. Carlos Manzo, elegido en 2024, había adoptado una postura de línea dura contra los cárteles, afectando a la burguesía agrícola local fuertemente presente en Michoacán, que está sujeta al control de los cárteles sobre los productos agrícolas. Esto se suma al aumento de la competencia de los grandes capitales agrícolas, tanto extranjeros como nacionales, tras la eliminación de los subsidios proporcionados por el Estado bajo AMLO, que incluían préstamos favorables a agricultores a tasas de interés bajas y fertilizante gratuito, o transferencias de efectivo que beneficiaban al pequeño productor de menos de 10 hectáreas. SEGALMEX, una agencia bajo la administración de AMLO, también fingía ayudar al productor comprando maíz por encima de los precios de mercado, pero se ha demostrado que ha operado como un vehículo de corrupción beneficiando a los manejadores burocráticos que malversan el dinero con las pocas compañías en colusión para ganar los contratos. De hecho, el sector agrícola exigió al Estado mexicano en 2023, bajo AMLO, garantizar el precio del maíz, el trigo y el sorgo en respuesta a la caída de precios en el mercado internacional que los obligaba a vender con pérdidas. Es decir, pedían un subsidio para una firma de capital de bajo rendimiento. Sin embargo, esta ha sido una tendencia continua que comenzó con el acuerdo del TLCAN en 1994, que eliminó los aranceles para las importaciones agrícolas estadounidenses baratas que hacen uso de métodos más productivos gracias a sus capitales.

Unos días antes, fue asesinado un representante de estas empresas agrícolas que también pretendía lanzar una defensa contra los cárteles. El gobierno federal de Sheinbaum estaba siendo presionado incluso por el alcalde para dar una respuesta adecuada pidiendo guardaespaldas antes de su asesinato. Sin embargo, la administración de Sheinbaum continúa con la estrategia de su predecesor de “abrazos…”, en combinación con una respuesta militar para abordar la situación. Estados Unidos ha estado involucrado en el “combate” al cártel desde el establecimiento de la Iniciativa Mérida en 2007 bajo la administración de Bush, que ha incluido 3,5 mil millones de dólares en ayuda del gobierno de EEUU para reforzar las fuerzas de seguridad mexicanas mediante la compra de equipo militar. Durante el sexenio de Felipe Calderón, ocurrió la tasa más alta de homicidios bajo esta estrategia de orientación más militar.

Sin embargo, a pesar de las redadas ocasionales que se televisan, la actividad de los cárteles no muestra signos de desaceleración. Pero como muchos mexicanos saben, los vínculos entre la burguesía y sus representantes con los cárteles han sido un pilar en la política mexicana desde al menos la década de 1970. Así, la violencia que administran los cárteles afecta a todas las capas de la sociedad, con la violencia más brutal ocurriendo entre cárteles rivales y desbordándose hacia los trabajadores y partes de la pequeña burguesía.

Históricamente, la burguesía bajo la administración panista de Vicente Fox pretendió lidiar con estos apéndices de la sociedad capitalista intentando en vano, y con poca intención de cumplir, la supresión violenta de los cárteles. Sin embargo, esto se hizo en vano, pues por cada cabeza cortada de un cártel surgían más en su lugar, como una hidra. La razón de esto no reside en las formas inmediatas de organización del cártel, o en la “cabeza” por así decirlo, sino en los cimientos económicos y sociales de la sociedad de clases que alimentan su desarrollo, fomentado por el lucrativo mercado de drogas ilícitas que tanto gustan a los estadounidenses, y que encuentra una abundante oferta de mano de obra en los trabajadores pauperizados. Si los cárteles no pueden evitar emular los tratos de los capitalistas, es porque tienen sus cimientos en las mismas premisas de esta sociedad de clases: mercados, ganancias y trabajo asalariado.


Las Manifestaciones del 15N: las masas utilizadas para la confrontación interburguesa

Las movilizaciones del 15 de noviembre se convirtieron en un escenario de confrontación directa entre las facciones burguesas.

 - Partidos de Oposición (Burguesía y politiqueros desplazados): Explotaron la protesta, buscando capitalizar el descontento social para mostrar músculo político. Su discurso se centró en la defensa de las “instituciones democráticas” (que supuestamente están amenazadas por el gobierno en turno) y en la denuncia de la ineficacia gubernamental ante la violencia y la corrupción. Su objetivo real es debilitar la administración actual y recuperar el control del Estado en las próximas elecciones.

 - Gobierno (Burguesía y oportunistas en el poder): Respondió descalificando la protesta como un movimiento orquestado por sus opositores, los “conservadores” y “neoliberales” que perdieron sus privilegios. El gobierno minimiza la magnitud y las causas de fondo del descontento, reforzando su narrativa de confrontación binaria entre un pueblo “bueno” y una oligarquía “corrupta,” mientras continúa implementando políticas de apoyo a grandes empresas y proyectos de infraestructura clave para su facción. A través de medios a su servicio impulsa el discurso de la amenaza de una “revolución de color” o de un golpe de Estado apoyado por Estados Unidos. Les interesa y conviene presentar estos eventos como un ataque del bloque conservador de la burguesía, representados por el PRI y el PAN, que son actores políticos actualmente pequeños y poco influyentes como el rostro de esta movilización.

En el marco del choque interburgués, se ha impulsado la narrativa de la amenaza de una intervención militar estadounidense, que buscaría colocar en México un gobierno a su servicio. Pero es necesario investigar: ¿por qué sería necesaria la intervención estadounidense en México en esta etapa? Ya están tan ligados económicamente los capitales en ambos lados de la frontera que no pueden prescindir el uno del otro. México ya está capitulando ante las demandas de Estados Unidos (como aumentar el control de la frontera de Guatemala para apoyar la disminución de la inmigración de Latinoamérica) y, en este momento, el mejor curso para el capitalismo latinoamericano es ponerse la máscara del populismo de izquierda para poner las energías del proletariado al servicio del capital. MORENA es el mejor estado de cosas para el capital en este momento, incluso si eso significa que una sección de la burguesía se les oponga. Además, si bien podría ser útil para algunos sectores del capital que se beneficiarían de las industrias minera y petrolera, vendría al costo de una posible inestabilidad social en un país que es crucial para el proceso de producción de bienes intermedios que alimentan a las industrias estadounidenses, particularmente en el sector automotriz. Es decir, el capital financiero estadounidense ya tiene a la nación mexicana bajo su puño cerrado. Las amenazas recientes de los Estados Unidos, después del ataque a Venezuela, a los países latinoamericanos, incluidos a Colombia y México, sirven para amenazar a los burgueses latinoamericanos, para que se alineen al imperialismo Estadounidense contra el Chino. Además, no se puede negar que en el futuro los EEUU usarán la justificación de la lucha contra el narcotráfico para asistir la burguesía Mexicana contra el proletariado mexicano en caso que no pueda hacerlo con sus propias fuerzas.

Estas protestas de calle y la campaña mediática dominante, establecieron toda una estela de humo para confundir una vez más a los trabajadores, que han sido históricamente mantenidos apartados de la conciencia de sus verdaderas reivindicaciones y sus verdaderos enemigos. Los verdaderos problemas sociales que atormentan a la clase obrera mejicana, sometida a altas tasas de explotación del trabajo asalariado, que abulta las cuentas de los grandes consorcios capitalistas, quedan esta vez invisibles y ocultos tras los reclamos contra la corrupción y la violencia delictiva (que, por cierto, tienen su origen en el capitalismo) y detrás de las figuras policlasistas de “pueblo”, “ciudadanos” o “generación Z”.

Incluso sin saberlo, las masas salieron a las calles por la rabia acumulada ante décadas de bajos salarios y desempleo, ante necesidades insatisfechas que los salarios no les permiten atender, mientras una pequeña élite de empresarios, de politiqueros y mafiosos viven en la abundancia, el lujo y la impunidad. Y es sobre ese descontento de la clase obrera explotada, no del “pueblo” o de los “ciudadanos” o de la “generación Z” o de los “influencer”, que se montaron los diferentes politiqueros para propiciar movilizaciones, con consignas que ocultan los problemas de fondo de los trabajadores mejicanos.


La Evolución de la Situación Actual

La situación tiende a una polarización creciente en el panorama político mexicano. El choque entre las élites se intensifica a medida que se acercan los procesos electorales. Las manifestaciones como las del 15N se repetirán, sirviendo como termómetro del estado de la disputa burguesa y como mecanismo de presión y desestabilización. Es un juego de ajedrez donde las fichas son la clase obrera y aquellas capas de la población cuyas condiciones de vida se han desmejorado, movilizadas bajo consignas que reflejan los intereses económicos y políticos de sus verdaderos promotores: los capitalistas y sus conexiones con el imperialismo. El factor principal a observar es si la clase trabajadora logra superar su desorganización, confusión política y subordinación para irrumpir en la escena con sus propias demandas de clase y fuera del control de los bandos burgueses que protagonizan la actual polarización política.

Los trabajadores que asistieron estas manifestaciones respondieron con su odio de clase contra las condiciones existentes, a pesar de los clamores de paz de Sheinbaum. Una vez más, se hizo evidente que el Estado burgués no ofrece ninguna solución significativa a sus problemas económicos y sociales a pesar del liderazgo del populismo de izquierda del movimiento 4T de MORENA. Consignas como “PRI, PAN, MORENA, la misma chingadera” expresaron este sentimiento. Sin embargo, al carecer de un movimiento obrero independiente y de su partido comunista internacional, la movilización quedó abierta a los intereses interclasistas de la burguesía y apartada de sus intereses de clase. Al igual que otras manifestaciones espontáneas en el pasado, esta transcurrió sin traer consigo un fortalecimiento del movimiento de los trabajadores. La administración de Sheinbaum, en respuesta a los acontecimientos, ha arrestado a sospechosos asociados con el asesinato del alcalde Carlos Manzo como una forma de apaciguar a las masas. Ha ofrecido “chivos expiatorios” para aplacar el descontento sin presionar realmente a los cárteles de la droga, pero, principalmente, sin dar respuesta al clamor oculto por los medios de comunicación y las redes sociales: la necesidad de un aumento significativo de los salarios y de puestos de trabajo estables para la amplia masa de desempleados y aquellos ocupados en la llamada informalidad. Sin embargo, estas estratagemas solo pueden apaciguar a las masas por un tiempo, ya que muchos trabajadores se inquietan ante el empeoramiento de la situación económica mientras el capitalismo global se precipita hacia su próxima crisis.

En una reanudación de la lucha de clases en México, con una multiplicación, coordinación e integración de las movilizaciones y las huelgas, el movimiento obrero deberá conformar para esto un amplio y participativo Frente Único Sindical de Clase, con presencia local, regional y nacional, que integre a trabajadores formales e informales, activos y desempleados, del sector público y del sector privado, a trabajadores de todas las nacionalidades y sexos, que impulse la unidad de acción y plantearse como principales reivindicaciones:
     - Aumento significativo y general de los salarios y las pensiones. No es suficiente que el aumento supere la tasa de inflación, sino que debe ser un monto que le permita a las familias trabajadoras atender todas sus necesidades.
     - Pago de salarios completos a los trabajadores desempleados.
     - Reducción de la jornada de trabajo y de la edad de jubilación. En educación: reducción del número de alumnos por profesor y por aula. En salud: reducción del número de pacientes por enfermeras y por salas. Todas estas medidas permitirían liberar puestos de trabajo.
     - Contra el trabajo en horas extras.
     - Por condiciones de higiene y seguridad en los puestos de trabajo.
     - Por servicios que liberen a la mujer de las ataduras de la economía familiar.

Ninguna de estas serán soluciones definitivas y la clase obrera deberá luchar constantemente por éstas y otras reivindicaciones, hasta que lleve sus luchas a un nivel superior, al nivel de la lucha revolucionaria, contra la burguesía y el capitalismo, por la Dictadura del Proletariado y el Comunismo.


Desmontando la “Generación Z” y reafirmando la Relevancia de la Lucha de Clases

La etiqueta de la “Generación Z” se ha convertido en una muletilla mediática y sociológica utilizada globalmente para explicar levantamientos de poblaciones en diferentes partes del mundo (Chile, Hong Kong, Líbano, etc.). Esta explicación generacional es una forma de ocultar la verdadera causa de estas crisis sociales y políticas. Al reducir las protestas a un fenómeno etario o cultural, se niega la existencia de contradicciones materiales y se desdibuja el motor histórico del cambio social: la lucha de clases. Y en el capitalismo esta lucha de clase se resume en la confrontación entre la burguesía y el proletariado.

Tanto en México como en el mundo, las crisis políticas y las manifestaciones masivas son la expresión de contradicciones irresolubles dentro del sistema capitalista. Incluso cuando el proletariado (la clase trabajadora) no se presenta en la escena con un perfil nítidamente de clase, y su acción está dominada por la confusión política, la desorganización, la división y la subordinación a movimientos policlasistas, pequeño-burgueses o democrático-burgueses, la interpretación fundamental no debe desviarse.

Todas las crisis políticas que se presentan en la sociedad capitalista, sin excepción, deben ser interpretadas desde el punto de vista de la lucha de clases: la pugna entre la burguesía (dueños de los medios de producción) y el proletariado (quienes venden su fuerza de trabajo) o, de manera más clara, la pugna entre los defensores de la conservación del capitalismo (que abarca a los oportunistas que hablan de socialismo democrático, 4ta Transformación, Socialismo del Siglo XXI, etc.) y los defensores de la transformación social comunista, la toma del poder y la implantación de la Dictadura del Proletariado. Las protestas del 15N en México no son la excepción; son, en esencia, un capítulo más en el choque de facciones de la burguesía que utiliza el descontento de las masas asalariadas y oprimidas, como arma en su disputa por el control del Estado burgués, dejando intacta la estructura de explotación de la clase trabajadora.

La clase obrera mexicana, igual que en todo el mundo, deberá encontrar su propio camino, fuera del control de la burguesía y el oportunismo, hacia la lucha reivindicativa, al margen del parlamentarismo, organizada en verdaderos sindicatos de clase que impulsen la huelga general, abriendo camino para la acción revolucionaria, que solo puede ser conducida hasta sus últimas consecuencias por el partido comunista internacional







Irán:
La sangre de los sublevados será rescatada por la clase obrera a la cabeza del movimiento de lucha

La revuelta en Irán ha sido aplastada con sangre por el régimen teocrático al cual, desde hace 47 años, la burguesía iraní se ha encomendado para tutelar sus intereses contra la clase obrera.

Manifestaciones con decenas de miles de jóvenes, mujeres, trabajadores, estudiantes, comerciantes de los bazares coreando la muerte de Jamenei, en decenas de ciudades y en la mayor parte de las provincias del país -con enfrentamientos durísimos en los que las fuerzas represivas fueron en algunos casos superadas y muchos de sus esbirros asesinados- no han sido suficientes. Por más que esté debilitado, el régimen mantiene una base social suficiente para resistir los embates de las revueltas cada vez más duras.

Esta base social tiene por cimientos la red de intereses de las fuerzas militares y paramilitares engordadas con la renta petrolera y las demás actividades capitalistas, sostenidas por los imperialismos chino y ruso.

Se trata de un poder estatal, militar, entrelazado con el económico, cada vez más centralizado, característica propia del capitalismo en su fase senil, putrescente, a la que corresponde la verdadera naturaleza de los regímenes políticos capitalistas, que es el fascismo, cubierta por las casacas ideológicas vestidas según las oportunidades: desde la túnica de los ayatolás, al falso socialismo bolivariano, a la democracia, al falso socialismo chino.

Incluso en Irán, hasta que no sea la clase obrera la que se movilice, organizada en sindicatos de clase, con un movimiento de huelgas generalizado que supere las divisiones entre empresas, categorías, localidades y que bloquee a ultranza la economía capitalista nacional, las revueltas continuarán rompiéndose como olas contra el dique del régimen, haciendo en vano el enorme sacrificio de vidas de jóvenes, mujeres, proletarios.

Las potencias imperialistas que sostienen al régimen de los Ayatolás y aquellas que fingen adversarlo están unidas por el interés de que la clase obrera iraní permanezca oprimida y que no tome la cabeza del movimiento de lucha.

Por esto, USA e Israel sostienen a la oposición monárquica y lanzan grandes proclamas de apoyo a los sublevados: ¡saben que de este modo debilitan la revuelta, porque apuntalan la narrativa del régimen según la cual esta sería fruto de una conspiración extranjera, no de las condiciones de vida cada vez peores y de la negación de toda libertad civil, sindical, política! Cuanto más Trump hace proclamas en apoyo a los sublevados, mejor puede el verdugo ahorcar y la policía fusilar en las calles.

El imperialismo estadounidense no tiene ciertamente interés en un derrocamiento del régimen dirigido por la clase obrera, que correría el riesgo de incendiar de lucha de clases a toda el área del Medio Oriente. De hecho, ningún régimen de la zona ha expresado la más mínima solidaridad con los sublevados: ¡tiemblan de terror ante la posibilidad de que estalle la revuelta social contra ellos!

Para los USA es, en cambio, deseable llegar a un “cambio” que conserve íntegro el aparato represivo -del cual es parte esencial el clero chiita- encargado de mantener aterrorizado y oprimido al proletariado iraní, con un movimiento de revuelta desangrado y en el que predominen los partidos más reaccionarios, y que solo desvíe el petróleo, el gas y las rentas lejos de China.

Un diseño análogo a lo realizado en Venezuela, con el régimen del falso socialismo bolivariano que, sin oponer resistencia, ha entregado a su Jefe y tomado nuevos acuerdos sobre el petróleo, mientras la policía y bandas armadas paramilitares continúan custodiando las calles de Caracas.

La clase obrera, en Irán como en todo el mundo, no tiene aliados en ningún régimen, ya sea este democrático o autoritario, porque, por encima de estas máscaras, todos son regímenes capitalistas. Su único aliado está en los trabajadores de todos los países, en la unidad internacional de la clase trabajadora, y la única salida política no es la democracia, que -como demuestra la política de todos los Estados capitalistas europeos y de los USA- es solo una pérfida mistificación de su naturaleza, sino que esta salida es el socialismo, en el programa comunista de superación del capitalismo.

Como en todo el mundo, la clase obrera iraní necesita volver a conectarse con el partido de la revolución internacional comunista, barriendo la confusión ideológica de un siglo de contrarrevolución, con sus falsificaciones del comunismo, empezando por la estalinista, que en Irán, ¡en nombre de un falso anti-imperialismo, llevó en 1979 al Tudeh a la suicida táctica de frente único con Jomeini!

¡Hoy, los epígonos de aquella política son los mismos que -también en Italia- arrojan fango sobre la revuelta iraní y absuelven al verdugo! El antiimperialismo sin anticapitalismo -que señala como imperialista solo al bando de Estados aliados de los EEUU y no al de las potencias capitalistas, mundiales y regionales, adversarias, con China a la cabeza- es solo propaganda mistificadora para empujar a los trabajadores hacia la tercera guerra mundial.

La lucha de la clase trabajadora en Irán es de importancia crucial para los trabajadores de todo el mundo porque su victoria asestaría un duro golpe a la maquinaria de la guerra imperialista que en el Medio Oriente se alimenta de la contraposición entre Israel e Irán, con el régimen israelí que reprime la oposición interna con el espantapájaros del enemigo externo y con el régimen de los Ayatolás que, mientras aplasta a las minorías étnicas en su interior, explota la opresión de los palestinos solo para extender las garras de su política imperialista hasta el Mediterráneo.

¡Por la lucha de la clase obrera en Irán y su extensión a todo el Medio Oriente!

¡Por la unidad internacional de los trabajadores de todos los países, incluidos iraníes, israelíes y palestinos!

¡Contra todos los nacionalismos, contra la guerra imperialista: el primer enemigo de los trabajadores es el propio régimen burgués!







La burguesía se aprovecha del asesinato de Kirk para intensificar la represión contra los trabajadores y consolidar el régimen burgués

La crisis creciente del capitalismo global, obliga a la clase dominante a tratar de impedir la reacción de la clase obrera y despejar cualquier obstáculo a su poder. La burguesía debe impedir que los trabajadores se organicen y adquieran conciencia política como clase.

En Estados Unidos, el asesinato de Charlie Kirk, figura prominente de la propaganda derechista del capital, ha desatado un frenesí mediático que recuerda a los días posteriores a los atentados terroristas del 11 de septiembre, o a la era del “macartismo”.

Kirk era famoso por haber propagado una forma de racismo conocida como cristo-nacionalismo, gracias a interminables debates en sus actividades. Lo que finalmente lo expuso al disparo de un joven personalmente molesto. Este no estaba afiliado a ninguna fe política, mucho menos comunista, sino que se dedicaba al pasatiempo estadounidense del tiro al blanco, completamente individualista y nihilista, quién esta vez fue protagonista de un atentado a una figura destacada de la política burguesa, en lugar de escolares, compañeros de trabajo, personas de otras razas o religiones u otros.

El asesinato guarda algunas similitudes con el caso de Luigi Mangioni, quien asesinó al ejecutivo de seguros de United Healthcare Group en diciembre de 2024. Los resultados fueron los mismos: el director ejecutivo fue rápidamente reemplazado, y el vacío de retórica fascista será llenado por otro propagandista similar.

Es una necesidad del capitalismo en todos los países aumentar drásticamente el poder del gobierno y del poder ejecutivo. Muchos de estos objetivos ya se han logrado, como la toma del control de las instituciones legislativas y judiciales.

Pero los objetivos son los mismos que los de la propaganda “izquierdista” del capital: intentar llenar el vacío de conciencia de clase entre los trabajadores, haciéndolos cómplices de los ideales de la burguesía nacional, en la que los trabajadores son reducidos a poco más que esclavos. Las primeras víctimas son los inmigrantes, las minorías raciales, de género, sexuales y de otro tipo, seguidas de cerca por la propia élite trabajadora blanca, cuando es necesario.

Siguiendo la línea de administraciones anteriores, el gobierno actual consolida el poder del Estado burgués, lo que incluye la purga de instituciones gubernamentales y la instalación de leales, el uso de la fobia antisemita para obligar a las universidades a ajustarse a las exigencias políticas actuales del capital e incluso el despliegue del ejército en las ciudades.

Cualquier contraataque lanzado por la oposición al actual gobierno desde las filas de la burguesía y sus partidarios, resulta inevitablemente comprometido e impotente, ya que se coloca dentro de los límites estructurales de la política burguesa y se remonta al mismo problema que intenta resolver mediante sus frentes populares y luchas antifascistas, campañas electorales, maniobras legales y posturas moralistas.

Al priorizar la “defensa de la democracia republicana” dentro del marco existente y apoyarse implícitamente en organizaciones políticas vinculadas al Partido Demócrata, cualquier movimiento de oposición de este tipo, termina subordinando la agenda revolucionaria del proletariado a la preservación del Estado burgués.

Para alcanzar el objetivo histórico de la clase trabajadora, incluso el objetivo mínimo que proponen hoy -”derrotar la agenda autoritaria impulsada por multimillonarios”-, es necesario desmantelar y destruir todo el espectro del poder burgués, el mismo poder que nos infunde patriotismo sagrado y respeto por la ley y el orden burgués, pero que nos empuja a callejones sin salida oportunistas que solo refuerzan y profundizan la miseria en la que se encuentran los trabajadores.

La única fuerza revolucionaria capaz de responder es el proletariado, que se hace consciente al unirse a su partido en su misión histórica de derrocar al capital. Esta ofensiva política a largo plazo solo puede funcionar cuando el Partido Comunista transmite su pensamiento y directrices a través de los órganos de lucha del proletariado, los sindicatos combativos y coordinados, que los trabajadores ahora intentan revivir mediante una batalla dentro y fuera de los sindicatos hoy comprometidos.

Solo rompiendo completamente todos los vínculos con el aparato político burgués, e intensificando la coordinación y organización de clase, propiciando huelgas más amplias y generales, y hasta ganando a los trabajadores del ejército y otros organismos represivos del Estado para la causa del proletariado, será posible que la clase obrera tome el poder. Solo entonces podrán eliminarse los ciclos letales del capitalismo, la sociedad de clases y la represión, y reemplazarse por un sistema racional y sin clases, de producción, gobierno y administración que no se base en la explotación del hombre.







Previsión marxista 1929: Estados Unios contra Europa

Esto escribimos en 1929 en las conclusiones de “Elementos de economía marxista”, diez años antes de la Segunda Guerra Mundial, y que leemos hoy mientras se prepara la Tercera.

«La acumulación capitalista en Estados Unidos, a partir de la guerra civil de 1861, que produjo una enorme deuda pública, impuestos y el nacimiento de la más vil aristocracia financiera, alcanzó niveles vertiginosos a través de la guerra mundial y el periodo que la siguió. Los Estados Unidos, saturados de proletarios y amenazados por un desempleo masivo, comenzaron a rechazar a los inmigrantes asiáticos y europeos. Inevitablemente obligados a descargar enormes masas de productos en el extranjero, y tal vez mañana, por razones de política interna, parte del pletórico ejército industrial de reserva que se está formando allí, habiendo llegado demasiado tarde al reparto del dominio colonial, intentarán ciertamente colonizar la propia Europa, abatiendo su aparato productivo y provocando así un nuevo y más grande conflicto».







POR EL SINDICATO DE CLASE

En Italia:
  EL OPORTUNISMO SINDICAL DIVIDE A LA CLASE OBRERA
  Lucha por la unidad de acción de los sindicatos y de los trabajadores, por un frente único sindical de clase


Efectos y lecciones aprendidas de las huelgas por Gaza

El movimiento de masas contra el genocidio y la guerra en Gaza, desde finales de agosto hasta principios de octubre, aceleró el proceso que nuestro partido había previsto y defendido desde finales de la década de 1970: el declive del sindicalismo colaboracionista y apoyado por el régimen y el renacimiento del movimiento sindical clasista fuera y en contra de él.

La CGIL confirmó su condición de sindicato apoyado por el régimen al negarse a llevar la lucha contra la guerra al nivel de los sindicatos, algo que el sindicalismo de base, en particular la USB, había deseado y podido hacer.

La dirección de la CGIL reaccionó de forma descontrolada ante el éxito de la USB al canalizar el movimiento antibélico interclasista mediante una huelga general, elevándolo al nivel de una lucha de la clase trabajadora.

Primero, intentó sabotear la huelga general de los sindicatos de base del lunes 22 de septiembre convocando una huelga alternativa para el viernes 19 de septiembre, ¡un día hábil antes! Ante la consternación y la ira de una parte significativa de sus afiliados -principalmente el personal escolar, que se declaró en huelga masiva el 22 de septiembre con los sindicatos de base-, la dirección nacional de la CGIL tomó medidas y, tras una propuesta lanzada en Génova por los dirigentes locales de la USB y la CGIL, acordó convocar una huelga general conjunta con todos los sindicatos de base para el 3 de octubre. Incluso se celebró una rueda de prensa en la Cámara de Diputados, a la que asistieron los dirigentes de la USB y la CGIL.

La huelga del 3 de octubre fue un éxito en general, considerando que se trató de una huelga política contra la guerra, en un período histórico de grave atraso político y sindical entre la clase trabajadora. Tuvo una buena participación en algunos sectores, como la educación, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INPS) y los puertos; pero fue baja en la industria manufacturera y en los sectores más obreros. Las manifestaciones contaron con la asistencia de grandes multitudes, incluyendo trabajadores no organizados e incluso no trabajadores, pero en su mayoría lideradas por organizaciones sindicales de la clase trabajadora.

Es importante reiterar y establecer los hechos más destacados de las huelgas generales del 22 de septiembre y el 3 de octubre:
     1) Por primera vez en todo el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, se celebraron dos huelgas generales, ambas exitosas, en tan solo 11 días; esto demostró que no es imposible llevar a cabo una huelga general que dure más de las 24 horas habituales, si los sindicatos están dispuestos a convocar a los trabajadores a hacerlo;
     2) Por primera vez, el mayor sindicato italiano, controlado por el régimen, se vio obligado a seguir la iniciativa de los sindicatos de base;
     3) Fueron los sindicatos de base quienes sabían y querían interactuar con el movimiento contra la guerra, apoyarlo, fortalecerlo y dirigirlo a través de la huelga, no los sindicatos controlados por el régimen – ni la CISL ni la UIL, obviamente, pero ni siquiera la CGIL;
     4) El 3 de octubre se celebró por primera vez una huelga general al margen de las leyes anti-huelga (146/19990 y 83/2000, promovidas por la CGIL, la CISL y la UIL, y aprobadas por el PCI y el DS), demostrando una vez más que, si los sindicatos están dispuestos, estas leyes pueden ser revocadas mediante la lucha;
     5) La convergencia de sindicatos en una misma huelga, similar a lo ocurrido en Francia en los últimos años, tiene un efecto multiplicador en la afiliación y por lo tanto, en la fuerza de la huelga; a medida que la huelga se fortalece, la masa de trabajadores tiende a virar hacia métodos, reivindicaciones y organizaciones sindicales más combativas, fortaleciendo así el sindicalismo de clase y debilitando el sindicalismo colaboracionista y partidario del régimen.


Después del 3 de octubre

La presión clasista por la unidad de acción fue frenada por los sindicatos respaldados por el régimen y el oportunismo de la dirigencia y corrientes sindicales.

Tras el auge de las movilizaciones del 3 y 4 de octubre, el movimiento contra la guerra en Gaza decayó.

La dirección de la USB, con razón, se propuso canalizar, en la medida de lo posible, las energías expresadas en ese movimiento hacia una lucha más estrictamente sindical, sin dejar de destacar su conexión con la cuestión de la guerra. Esto se hizo principalmente promoviendo acciones contra la nueva ley presupuestaria, que aboga por el rearme, manteniendo el lema, bien definido y ampliamente utilizado desde el comienzo de la guerra en Ucrania: “¡Depongan las armas, suban los salarios!”.

Pero esta conducta y ambición sindicales se ven obstaculizadas por el deseo de la dirección de la USB, idéntico al de la CGIL, de dar marcha atrás el 3 de octubre, intentando relegar la huelga conjunta a un evento excepcional que no debe repetirse.

Tras la presentación del proyecto de ley de presupuesto por parte del gobierno el 17 de octubre, el 21 de octubre la CUB, inicialmente en solitario, notificó a la Comisión de Garantía la proclamación de una huelga general para el 28 de noviembre. Pero dos días después, el 23 de octubre, la CUB escribió una carta que se hizo pública, la envió a todos los sindicatos de base, incluida la CGIL, aclarando que se había “fijado” esa fecha para evitar las restricciones impuestas por la legislación anti-huelga y para poner a disposición de todos los sindicatos aquella jornada de huelga, invocando una mayor participación y convergencia de sindicatos en aquella fecha, exigiendo el mayor consenso sindical posible sobre esa fecha; insistiendo en la necesidad de dar continuidad a las huelgas del 22 de septiembre y del 3 de octubre y, más acertadamente que nunca; subrayando la imperativa respuesta unida, especialmente dado el inicio de procedimientos disciplinarios por parte de la Comisión de Garantía contra los sindicatos que habían promovido la huelga del 3 de octubre al margen de la legislación anti-huelga.

El mismo día 23 de octubre, el Ejecutivo Nacional de la USB decidió declarar la huelga el 28 de noviembre, sin proponer, sin embargo, ninguna acción unida a la CGIL. Esta decisión fue ratificada posteriormente en la asamblea nacional de delegados de la USB el 1 de noviembre, celebrada en el Teatro Italia de Roma, donde varios dirigentes de la USB se manifestaron en contra de la idea de una nueva huelga conjunta con la CGIL.

Esto a pesar de la iniciativa no sólo de la CUB sino también de la Confederación Cobas, que el 29 de octubre publicó un comunicado con un título muy claro: “¡Hagamos lo mismo que el 3 de octubre! Cobas llama a la CGIL y a los sindicatos de base a una huelga conjunta el 28 de noviembre contra la Ley de Presupuesto”.

Ese mismo día, 29 de octubre, se publicó un llamamiento interno de la USB -“Por una táctica sindical ganadora”- que defendía la importancia de proponer una huelga conjunta a la dirección de la CGIL para ganar más influencia sobre el sector militante de la base de la CGIL -aquellos que habían acogido favorablemente la huelga conjunta o se habían declarado en huelga con los sindicatos de base el 22 de septiembre-, enfrentándolos a su dirección, aunque, como era previsible, ésta rechazó la propuesta. Nuestros compañeros colaboraron en la redacción del llamamiento, que reprodujimos y a continuación distribuimos en la asamblea del Teatro Italia.

La acertada estrategia sindical se confirmó con la publicación de un llamamiento similar el 31 de octubre, iniciado por militantes de la CGIL, titulado “Llamamiento a la Huelga Conjunta de Todos los Sindicatos”, que recogió cientos de firmas de dicho sindicato y decenas de las de los sindicatos de base.

El 6 de noviembre, el colectivo de fábrica GKN de Florencia, cuyos trabajadores mayoritariamente son miembros de la CGIL, se pronunció a favor de una nueva huelga como la del 3 de octubre. Escribieron: “Declaración sobre la necesidad de un nuevo 3 de octubre y sobre la próxima huelga general el 28 de noviembre”.

Pero ese mismo día, reunida en Florencia, la Asamblea General Confederal Nacional de la CGIL confirmó la decisión -que circulaba desde finales de octubre- de convocar una huelga general para el 12 de diciembre. La observación obvia de que se trataba de una huelga tardía era irrelevante, dado que el proceso de aprobación de la ley de presupuestos estaría a punto de finalizar para esa fecha: ¡lo importante era no ir a la huelga con los sindicatos de base! Cabe destacar también que el año anterior la situación fue la contraria: fue la dirección de la USB la que convocó una huelga general, en solitario, para el 12 de diciembre, en lugar de hacerlo con la CGIL el 29 de noviembre, así como con todos los demás sindicatos de base que, antes de la CGIL, habían programado una huelga general para ese día.

Cabe destacar también que el año pasado, solo un pequeño grupo de sindicatos de base -Confederazione Cobas, Adl Cobas y Sial Cobas- expresó explícitamente su deseo de “hacer lo mismo que en Francia”, es decir, de unirse a la CGIL. Mientras tanto, la CUB se limitó a fijar una fecha en la que sabía que probablemente iría a la huelga, debido a las restricciones impuestas por las leyes anti-huelga, pero sin declarar explícitamente su ambición de lograrlo. Este año, sin embargo, la dirección de la CUB ha adoptó explícitamente esta postura, otro efecto positivo de las huelgas del 22 de septiembre y el 3 de octubre.

En la asamblea general de la CGIL del 6 de noviembre, tres miembros del ala minoritaria “Le Radici del Sindacato” presentaron una agenda alternativa que concluía: “La Asamblea General de la CGIL considera esencial convocar una huelga general para el próximo viernes 28 de noviembre de 2025”. Esta postura clara no fue compartida ni siquiera dentro de esa ala minoritaria, dado que seis de sus delegados votaron a favor del documento mayoritario, limitándose a presentar una contribución titulada “Uniendo las luchas por la paz, la democracia y la justicia social”. A pesar de su título, el documento se cuidó de no abordar la cuestión de una huelga conjunta: uniendo las luchas, ¡pero sin mencionar la huelga conjunta! Esta división interna dentro del ala “Le Radici del Sindacato” refleja la fría fusión de posiciones que se produjo en el XIX congreso de la CGIL entre el ala opositora “Riconquistamos tutto” y el ala más moderada “Democracia y trabajo”, que en el congreso anterior no había presentado un documento alternativo al de la mayoría.

El otro grupo minoritario, llamado “Le giornate di marzo”, con su único representante en la Asamblea General, compitió en oportunismo con los antiguos miembros de “Democracia y Trabajo”, presentando una declaración de voto en la que especificaba que se abstendría en la cuestión de una huelga general, ya fuera conjunta o separada, porque “la cuestión... no es la fecha... Una huelga ritual que se suma a otra huelga ritual convocada por otros sindicatos no cambia la esencia”. Como si, para organizar una huelga “no ritual”, la convergencia de los sindicatos, y hacerlo a tiempo, no fuera útil; de hecho, ¡esencial!

Siguiendo con el tema de los homenajes hipócritas “de palabra” a la unidad de lucha de los trabajadores, para mejor negarla en la práctica, “Sinistra Sindacale”, el periódico del sector “de izquierda” en la CGIL, llamado “Lavoro e Società”, el que apoya a la mayoría, se apresuró a aclarar en su número del 27 de octubre en el artículo de portada titulado “Trabajemos por la unidad”: «A menudo, las plazas únicas [las del 3 de octubre; ed.], incluso entre entidades sindicales profundamente diferentes, no han inaugurado una temporada de unidad diferente entre la CGIL y el sindicalismo de base. Quienes, incluso dentro de nuestras filas, plantean la posibilidad de una convergencia entre historias sindicales tan diferentes no han percibido lo que ocurrió en aquellos días en importantes segmentos de la sociedad italiana (y más allá), en torno a una situación tan dramática como irresuelta.

En la Asamblea General de la FILT Liguria del 3 de noviembre, también se manifestaron en contra de la unidad de acción de la CGIL con los sindicatos de base el secretario regional de la FILT CGIL Liguria, de su facción del Partido Demócrata, el secretario nacional de organización de la FILT CGIL y el secretario de la FILT CGIL La Spezia, del partido más izquierdista del parlamento, la Alianza de Izquierda Verde (AVS). El secretario nacional de organización de la FILT CGIL se ha pronunciado no solo contra las nuevas acciones conjuntas con los sindicatos de base, sino también contra la huelga del 3 de octubre, criticando así tanto a la dirección de la Cámara de Trabajo de la CGIL de Génova, que había iniciado la propuesta de huelga general unitaria, junto con la dirigencia local de la USB, y la dirigencia de la confederación nacional de la CGIL.

Estas críticas marcan el inicio de las maniobras para el próximo congreso de la CGIL, el vigésimo, que se celebrará en el 2026. Las críticas a la actual secretaría de la confederación, encabezada por Landini, han sido formuladas no solo por la dirección de la FILT, sino también por la de la FLAI (agroindustria), la SLC (comunicaciones), la SPI (jubilados) y la secretaría de la confederación de Emilia Romagna.


El enfoque erróneo de las huelgas separadas

El 11 de noviembre, el exlíder de la USB, Pierpaolo Leonardi, publicó un artículo que explicaba claramente el enfoque erróneo de la dirigencia. Afirma: «La USB ha convocado una huelga general... basada en... una plataforma de lucha clara, detallada y radical... La diferencia [con la CGIL; ed.]... no radica en la fecha, sino en la plataforma... Si las plataformas son tan diferentes que no pueden converger el mismo día, es natural que esto no suceda». La extraordinaria unidad del 3 de octubre solo fue posible porque la tragedia del genocidio en curso contra el pueblo palestino exigió una huelga política, al margen de las normas y reglas habituales.

Los dirigentes de la CGIL reiteraron lo que ya habían declarado sobre la huelga conjunta del 3 de octubre: un caso excepcional y, sobre todo, ¡que no debe repetirse! La tesis -plataformas diferentes, huelgas separadas- expresa a la perfección la postura idealista y anti-materialista de los dirigentes de la USB respecto a la lucha de la clase asalariada. Según este enfoque, la radicalización de los trabajadores se produce mediante un proceso en el que la “conciencia” es lo primero: el trabajador primero comprende, elige la plataforma más radical y luego se organiza y participa en la huelga con el sindicato que la apoya.

El proceso en la vida social real se desarrolla de forma diferente. Incluso si los trabajadores consideran una plataforma más justa, no la adoptarán si no se sienten lo suficientemente fuertes, y lo mismo ocurre con el sindicato con el que se organizan: si no sienten la fuerza suficiente, la mayoría, pragmáticamente, recurre a sindicatos colaboracionistas.

La convergencia de los sindicatos de base con la CGIL en la huelga no tiene el efecto de fortalecer la posición de ese sindicato de régimen entre los trabajadores, sino de multiplicar la participación en la huelga y por lo tanto, su fuerza. En una huelga fuerte -no por parte de una pequeña minoría como las que organiza con demasiada frecuencia la dirección de la USB, la última el 12 de diciembre del 2024-, la masa de trabajadores tiende a abrazar las demandas más radicales y las organizaciones sindicales más combativas.

La postura anti-materialista de la dirección de la USB perjudica principalmente a la propia USB y al sindicalismo de clase en general, frenando su desarrollo, a pesar de que la dirección de los acontecimientos derivada de la crisis económica global del capitalismo apunta en esa dirección.

La acertada dirección del sindicato y la unidad de acción de los trabajadores se ven aún más resaltadas por las relaciones entre los principales sindicatos del régimen -CGIL, CISL y UIL- y, por lo tanto, dentro de la unidad sindical colaboracionista, dado el actual ataque a las condiciones laborales.

La CGIL no ha firmado las renovaciones de los contratos en el sector público a nivel central y local, en sanidad, educación y bomberos. En todos estos casos, se ha encontrado sola en el marco del sindicalismo colaboracionista -es decir, con respecto a la CISL y la UIL- y en connivencia con la USB, que es admitida a las negociaciones en las funciones centrales y los bomberos por superar el umbral mínimo establecido por ley para ser considerada representativa.

Incluso en lo que respecta a la huelga general, tras cuatro años en que la CGIL la convocó sin la CISL pero con la UIL, este año también fue abandonada por esta última. Para un número cada vez mayor de miembros de la CGIL, resulta perfectamente lógico buscar la unidad de acción con la USB y los sindicatos de base, tanto por razones sectoriales como confederales, que afectan a toda la clase trabajadora.

Pero esta obviedad choca con la dirección y el aparato de la CGIL, firmemente atados al régimen del Capital y no pueden aceptar tal unidad de acción, que muchos dirigentes califican con razón de antinatural. Landini, cuando aún era secretario general de la Fiom-Cgil, calificó de “locura” la perspectiva de romper la unidad sindical con la Fim-Cisl y la UIlm. Esto ocurrió en un momento en que estos dos sindicatos no solo se negaron a la huelga con la CGIL, sino que también habían firmado dos convenios nacionales metalúrgicos por separado. Landini finalmente aceptó esto, firmando un nuevo convenio metalúrgico unificado en 2016. Por esa rendición y derrota, Landini fue recompensado con la secretaría general de la confederación, que ha ocupado desde 2019, a través de dos congresos, el 18º y el 19º. Lo que resulta antinatural para el aparato y la dirección del mayor sindicato italiano controlado por el régimen -es decir, la unidad de acción con el sindicalismo de base- no lo es en absoluto para los trabajadores militantes que lo integran. Por ello, el enfoque defendido por nuestro partido en los sindicatos de base -desafiar a la dirección de la CGIL proponiendo una huelga conjunta que, al responder a las necesidades concretas de la lucha obrera, encuentra apoyo mucho más allá de los límites organizativos de los sindicatos de base- aprovecha este conflicto irreconciliable, lo que podría llevar a una escisión entre la base militante de la CGIL y dicho sindicato, y a un avance en el fortalecimiento del sindicalismo de clase.


Organizar la lucha por la unidad de acción en los sindicatos

La firma del nuevo convenio colectivo nacional para los trabajadores metalúrgicos es una prueba de cómo la condición de la CGIL como sindicato controlado por el régimen es tan irreversible que perjudica no solo al movimiento obrero, sino incluso a las movilizaciones que ha impulsado. No profundizaremos aquí en los fundamentos del convenio colectivo, que ha suscitado fuertes reacciones negativas entre los trabajadores y fue aprobado por el Comité Central de la Fiom con 6 abstenciones (de la zona “Le Radici del Sindacato”) y 8 en contra (de la zona “Le giornate di marzo”, la Fiom de Génova y el delegado de RSU de Electrolux en Susegana, perteneciente a la zona “Le Radici del Sindacato”). El consenso en las zonas minoritarias fue curiosamente inverso en comparación con las votaciones de la Asamblea General del 6 de noviembre.

Sin embargo, cabe destacar que el convenio se firmó el 22 de noviembre, tras 17 meses de negociaciones, 40 horas de huelga (una media de un día de huelga cada tres meses), a diferencia de seis días de la huelga general de los sindicatos de base del 28 de noviembre y 20 días de la huelga de la CGIL del 12 de diciembre. Dado que cinco días de huelga en 17 meses no pudieron haber minado la voluntad de lucha de los trabajadores en huelga, y que aún existía, esta debería haberse canalizado hacia la huelga general, fortaleciéndola y aprovechándola, bloqueando las fábricas metalúrgicas con mayor fuerza y reanudando las negociaciones para lograr un equilibrio de poder más favorable.

Unir las luchas obreras para fortalecerse mutuamente es la esencia del sindicalismo de clase, y es una idea que no es del todo ajena ni siquiera a la CGIL. De hecho, en la asamblea general de la FILT CGIL Liguria del 3 de noviembre, dos delegados de los trabajadores de autobuses, tranvías y ferrocarriles de Génova recomendaron canalizar el conflicto nacional de los conductores de tranvía hacia una huelga general, lo que cuestiona el ya de por sí exiguo aumento salarial resultante de la renovación del contrato de marzo 2025.

Pero este plan de intereses generales de clase, la conexión y unificación de luchas parciales y sectoriales que implica, no formaba parte de las preocupaciones ni de los cálculos de la dirección de la FIOM. O, peor aún, para evitar alimentar la huelga general de los sindicatos de base del 28 de noviembre, bajo el pretexto de la urgencia, acordó debilitar la huelga general de la CGIL y el propio conflicto metalúrgico.

El martes siguiente, 25 de noviembre, se celebró una asamblea virtual autoconvocada, organizada por militantes de la CGIL que habían promovido la convocatoria de una nueva huelga unitaria como la del 3 de octubre. Participaron alrededor de noventa trabajadores y militantes sindicales, principalmente de la CGIL, pero también de la USB, la Confederazione Cobas, la CUB, la CISL y la UIL. Nuestro compañero intervino, reiterando la necesidad de una lucha de base entre todos los sindicatos para impulsar a las direcciones sindicales a seguir el camino de la unidad sindical, mediante una campaña transversal que fortalezca mutuamente a los grupos que la impulsan dentro de cada sindicato. La asamblea se volvió a convocar tras las dos huelgas, con el compromiso de trabajar de forma sostenida en la dirección indicada, lanzando el lema: ¡BASTA DE HUELGAS SEPARADAS!


Roma, 25 de octubre
Ante la crisis histórica de la economía capitalista global, los trabajadores deben organizarse para la lucha de clases – con la unidad de acción del sindicalismo combativo – para el renacimiento del sindicalismo de clase

La crisis económica del capitalismo continúa su largo camino. En Italia, la producción industrial lleva más de dos años en declive. En todos los llamados países occidentales —es decir, aquellos con una industrialización más avanzada—, la crisis de sobreproducción comenzó a manifestarse a mediados de la década de 1970.

La expansión y la transferencia parcial de la producción industrial a las jóvenes economías capitalistas de Asia, que se convirtieron en las "fábricas del mundo", han frenado durante tres décadas —junto con los bajos salarios de la clase trabajadora en esos países— la caída de la tasa de ganancia (el rendimiento de la inversión), que, junto con la sobreproducción, condena a la economía capitalista a la catástrofe. Pero China ha seguido el camino inevitable de todo capitalismo y ahora también se hunde en la sobreproducción, obligada a inundar el mercado mundial con cada vez más bienes exportados.

Son estos gigantescos factores económicos, incontrolables para cualquiera, los que empujan al capitalismo hacia la única solución a su crisis: la guerra. La destrucción de la inmensa cantidad de bienes que obstruyen el mercado —incluida la mercancía de la fuerza de trabajo— es la única forma insensata de supervivencia del capitalismo, necesaria para reiniciar un nuevo ciclo de acumulación antihistórico e inhumano, así como solo la Segunda Guerra Mundial le permitió superar la crisis en la que se encontraba sumido desde principios del siglo XX y posibilitó el llamado auge económico de las tres décadas siguientes.

El capitalismo marcha hacia la barbarie de una nueva guerra mundial, tanto espontáneamente como mediante la acción consciente de los regímenes burgueses nacionales, ya sean democráticos o abiertamente autoritarios.

Espontáneamente, porque la sobreproducción exacerba la competencia económica internacional, provocando su escalada hacia una guerra comercial —por ejemplo, mediante aranceles— y hacia un conflicto militar, con guerras locales cada vez más duras, prolongadas y frecuentes, que miden la maduración del nuevo conflicto global entre imperialismos.

Conscientemente, porque todos los regímenes burgueses fomentan el nacionalismo y se lanzan a la industria bélica, para prepararse militarmente para la guerra, para atrapar a los trabajadores y conducirlos al frente fratricida mañana, junto con el proletariado de otros países. Finalmente, como paliativo a la sobreproducción: si ya no se venden coches, que el Estado compre y venda armas, hundiéndolo en una profunda deuda; será el proletariado — según las intenciones del régimen del Capital — quien pagará el precio con la máxima explotación y con su vida.

Este escenario — predicho solo por el marxismo revolucionario y que lo confirma frente a toda teoría reformista o conservadora del capitalismo — expone la impotencia de la izquierda burguesa, moderada o radical, que en todos los países balbucea la letanía de "modelos de desarrollo diferentes". ¡Como si el capitalismo pudiera administrarse de forma distinta a como dictan sus leyes económicas!

En este escenario, cualquier nuevo plan presupuestario tenderá a ser peor que los anteriores, porque se trata de una crisis estructural que ninguna nueva política económica puede abordar. Así, entre otras medidas antiobreras, esta ley presupuestaria eleva en tres meses más la ya muy elevada pensión de jubilación hasta los 67 años, proporcionando así un ahorro anual de 3.000 millones de euros al Estado burgués, ¡mientras se prepara para gastar 3.500 millones de euros adicionales en rearme en 2026!

No se debe llamar a los trabajadores a luchar por reformas imposibles — desviando y disipando la fuerza de su lucha en el electoralismo y falsas alternativas parlamentarias — sino a defender sus intereses económicos básicos e inmediatos, conscientes de que satisfacerlos se vuelve cada vez más incompatible con el capitalismo a medida que avanza su crisis, y que esta lucha, por lo tanto, implica una confrontación con todo el régimen político capitalista y, por supuesto, con la patronal.

Hoy, la CGIL convoca una manifestación nacional contra la nueva ley de presupuestos, en defensa de los salarios, las pensiones, la sanidad y la educación, contra la precariedad laboral y contra el rearme. Todos estos son objetivos válidos, a los que debe añadirse la exigencia de una reducción general de la jornada laboral manteniendo el mismo salario.

Pero lograr estas reivindicaciones requiere una lucha muy dura, es decir, un fuerte movimiento huelguístico que culmine en una huelga general de varios días sin plazo fijo. Esto, por supuesto, requiere la voluntad de lucha de los trabajadores. Esto — siempre que no se haya visto diluido por la efímera prosperidad capitalista que, sin embargo, se desvanece — debe reconstruirse recuperando la confianza de los trabajadores combativos tras décadas de sindicalismo colaboracionista por parte de la CISL, la UIL e incluso la CGIL, desde la "política del sacrificio" de Lama en 1978, pasando por la "política de ingresos" de Trentin en 1992, hasta la aceptación de la reforma de las pensiones de Dini (1995), y la increíble huelga de tres horas contra el ataque del gobierno de Monti a las pensiones en 2012 (la ley "Fornero").

Un paso decisivo en esta dirección sería romper la unidad sindical colaboracionista con la CISL y la UIL y sustituirla por la unidad de acción, de lucha y del sindicalismo de base. Un ejemplo histórico de cómo esto es posible y cómo puede conducir a una huelga fuerte y exitosa fue la huelga general unificada de todos los sindicatos de base, incluida la CGIL, el 3 de octubre contra la guerra en Gaza.

Este ejemplo no debe quedar aislado, olvidado, limitado al gravísimo problema de la guerra; más bien, debe convertirse en la línea de conducta permanente, incluso en las luchas más estrictamente sindicales. Los combativos trabajadores afiliados a la CGIL, y las facciones minoritarias conflictivas que aún la integran, deben luchar para que esta línea de conducta prevalezca dentro del sindicato. Esto también fortalecerá a quienes, dentro de los sindicatos de base, luchan contra el oportunismo de la dirección, siempre hostil a la unidad de acción en la huelga con la CGIL.

La huelga general del 3 de octubre, además de la unidad de acción entre los sindicatos de base y la CGIL, fue una lección por otras dos razones importantes:

- Tuvo éxito, especialmente en algunos sectores del sector público, como la huelga del 22 de septiembre, promovida por los sindicatos de base, demostrando la posibilidad de huelgas generales de varios días, algo que nunca había sucedido en Italia en todo el período posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Esto se llevó a cabo a pesar de que la Comisión de Garantía lo declaró ilegítimo, demostrando que, si los sindicatos así lo desean, pueden revocar las leyes antihuelga (146/1990 y 83/2000) promovidas por los sindicatos CGIL-CISL-UIL, que atacan específicamente las huelgas de base e impiden que tantos trabajadores se declaren en huelga de forma efectiva. Las sanciones que la Comisión de Garantía pretende imponer a la USB y a la CGIL son una razón más para responder con una huelga unida.

Los dramáticos acontecimientos bélicos de los últimos años son el preludio de un agravamiento inminente e igualmente dramático de la crisis económica mundial del capitalismo moribundo. Incluso a nivel sindical, crucial para la clase trabajadora, se acerca la hora de las pruebas decisivas. La unidad de acción de la CGIL con el sindicalismo de base es uno de los campos de pruebas desde donde, a través de una ruptura con el aparato irreversiblemente comprometido con la unidad sindical colaboracionista con la CISL y la UIL, puede surgir el futuro sindicato de clase, necesario para organizar las luchas reales que esperan a la clase obrera.

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La transformación urbana en Estambul

En este periodo de creciente crisis económica y explotación en Turquía, la intervención del capital sobre el derecho a la vida se ha manifestado esta vez a través de la cuestión de la vivienda.

En el barrio Topağacı del distrito Ümraniye en Estambul, la población lleva más de un mes custodiando el barrio. En el marco de la transformación urbana, algunas áreas han sido declaradas de nuevo asentamiento. Desde noviembre de 2023 también incluyen algunos asentamientos existentes, como el de Topağacı.

La transformación urbana en el barrio comenzó en 2018. Con el pretexto del terremoto y de la mejora de la calidad de las viviendas se elaboró un plan para la zona. Sin embargo, por una serie de irregularidades y por los cambios de administración y gestión, los trabajos quedaron inconclusos o nunca se iniciaron. Al final, en marzo de 2024 el barrio fue declarado área de nuevo asentamiento y las demoliciones se aceleraron. Los habitantes del barrio comenzaron una resistencia contra el proyecto de “recalificación urbana”.

El Municipio, el 24 de julio y el 21 de agosto, entró en el barrio para proceder a la demolición, pero tuvo que enfrentar las reacciones organizadas por la población. En consecuencia el Municipio, bajo la protección de la policía, entró en las casas y cortó el agua, la electricidad y el gas.

En agosto, los residentes del barrio fundaron un colectivo de resistencia.

En Turquía, la transformación urbana es uno de los sectores más grandes y rentables para el capital. Con el pretexto de la reurbanización, se construyen barrios inhabitables, como Fikirtepe, con edificios precarios e inestables. En el capitalismo, las ganancias y la renta van antes que la seguridad de los habitantes. Recordamos el derrumbe de los pilares en el terremoto del 6 de febrero en el Hotel ISIAS, el complejo Manolya, el condominio Eser...

Las viviendas que algunos trabajadores lograron comprar con mil esfuerzos siguen siendo objeto de ganancia para el capital, que puede confiscarlas con una sola firma. La inseguridad en la vida de los trabajadores aumenta constantemente. Si el sistema capitalista persiste, el problema actual solo empeorará. Incluso la disponibilidad de vivienda está a merced de las manos “invisibles” del mercado capitalista.

El viejo Engels escribió: «La expansión de las grandes ciudades modernas confiere un valor artificial y a menudo extraordinariamente creciente al terreno en determinadas zonas, sobre todo las situadas en sus centros; los edificios que ya se levantan sobre ellas, en lugar de aumentar este valor, lo disminuyen, porque ya no se corresponden con las condiciones del mercado; tales edificios son demolidos y sustituidos por otros. Esto sucede en particular con las viviendas de los trabajadores situadas en posición central; aunque superpobladas, sus alquileres no pueden nunca superar un cierto límite o solo muy lentamente. Estos son demolidos y en su lugar se construyen tiendas, grandes almacenes y edificios públicos».

La burguesía se orienta hacia la producción de viviendas caras, más rentables. En consecuencia la disponibilidad de viviendas populares disminuye, hasta agotarse. El monstruo del capital expulsa a los obreros incluso de sus casas y les vende casas pequeñas a precios elevados.

Nosotros, a diferencia de los socialistas burgueses, no proponemos reformas. La carencia de viviendas es inevitable en el capitalismo. Las medidas parlamentarias que buscan resolver el problema son solo engaños para la clase obrera. Se tendrá una solución permanente solo con la abolición del orden capitalista. El camino para alcanzar este objetivo pasa por la organización, en los barrios proletarios como en los lugares de trabajo, en sindicatos de clase y bajo la guía del Partido Comunista Internacional.

¡En la sociedad comunista, eliminado el monstruo del capital, nadie tendrá problemas de vivienda!

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Brasil:
Trabajadores de petrobras van a la huelga para mejorar el contrato colectivo

La huelga nacional de los trabajadores petroleros de Brasil (PETROBRAS) estalló a la medianoche del lunes 15 de diciembre de 2025. Lo que comenzó como una advertencia tras tres meses de negociaciones infructuosas, se transformó en una huelga por tiempo indefinido, que se extendió por 16 días. La empresa estatal presentó cinco contrapropuestas de Convenio Colectivo de Trabajo (CCT), que no fueron aceptadas por la Federación Unificada de Trabajadores del Petróleo (FUP) y la Federación Nacional de Trabajadores del Petróleo (FNP), ni por los sindicatos afiliados a estas federaciones, por no satisfacer plenamente las demandas de los trabajadores activos y jubilados, aunque al final la presión del Estado cumplió su función y la huelga finalizó oficialmente el 31 de diciembre de 2025. La decisión de suspenderla se tomó en las asambleas de la noche del 30 de diciembre, tras evaluar el aislamiento del movimiento y la fuerte presión judicial.

La huelga se ejecutó a lo largo de toda la cadena productiva en el gigante sudamericano. Según reportes de la Federación Única de los Petroleros (FUP) y la Federación Nacional de los Petroleros (FNP), la huelga paralizó o afectó significativamente: 28 plataformas de producción marítima, con especial énfasis en la Cuenca de Campos (el corazón de la extracción brasileña), 9 refinerías en estados clave como São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais, 16 terminales operacionales y plantas de biodiesel y Oficinas administrativas en el Edificio Sede (Edisen) en Río de Janeiro. La huelga alcanzó una adhesión masiva, de miles de trabajadores, incorporándose incluso relevos de tripulación en alta mar. La huelga unió en la acción a todos los trabajadores: Operadores de Refinería (Responsables de la transformación del crudo), Plataformistas (Trabajadores de las unidades de exploración y producción offshore o en el mar), Logísticos (Personal encargado del transporte y almacenamiento de combustible) y Administrativos (Personal de soporte en las sedes corporativas). Visto de otra manera, a la huelga se integraron Trabajadores Petroleros Directos (Personal técnico, operativo y administrativo contratado directamente por Petrobras y sus subsidiarias), Trabajadores Activos (Quienes operan actualmente en plataformas, refinerías, terminales y oficinas) y Jubilados y Pensionados (Ex-trabajadores que están organizados sindicalmente porque sus condiciones de retiro dependen directamente de la solvencia del fondo de pensiones y de los beneficios del Convenio Colectivo de Trabajo). En resumen la huelga fue una expresión de unidad de clase de los trabajadores de PETROBRAS. La unidad entre la patronal FUP y la relativamente independiente FNP también fue un hito importante para propiciar la unidad de clase en esta lucha, independientemente de que esta unidad se produjera como resultado de la presión de las bases de los trabajadores y aunque particularmente la FUT trató desde el principio de detener la huelga.

Las demandas centrales de los trabajadores incluyeron:
     - Déficit de los Fondos de Pensión: Una solución definitiva al déficit de la Fundación Petrobras de Seguridad Social (Petros). Los trabajadores denuncian descuentos “punitivos” en sus nóminas que afectan a jubilados y pensionados.
     - Reajuste Salarial: El movimiento exigió un aumento del 9,8%, mientras que la última oferta de la empresa se estancó en un 5,66%.
     - Condiciones de Trabajo: Garantías en materia de seguridad, reposición de personal (concursos públicos) para evitar la sobrecarga de trabajo y el fin de los descuentos unilaterales por días de huelga anteriores.
     - Igualdad: Equiparación de derechos entre trabajadores propios y subcontratados.

Aunque Petrobras activó sus equipos de esquiroles (personal gerencial y de supervisión) para mantener las operaciones y aseguró en sus comunicados oficiales que garantizaban “la producción y el suministro al mercado interno”, incidentes como el cierre preventivo de la plataforma P-40 debido a un escape de gas estuvo vinculado con la falta de personal especializado durante la huelga.

Durante el conflicto, el gobierno burgués de Lula mostró su cinismo e hipocresía, llamando al diálogo entre las partes, mientras la administración de PETROBRAS, bajo su mando, es la que ha endurecido sus posiciones en las negociaciones y ha impulsado los recortes de costos que los sindicatos rechazan. Y, como era de esperarse, el gobierno burgués no intervino directamente para forzar un acuerdo favorable a los trabajadores. Independientemente de su discurso, el gobierno es un agente operativo de la burguesía y tiene claro que la prioridad es garantizar la máxima ganancia y la operación de PETROBRAS con bajos costos, a costa del deterioro de los salarios, las condiciones de trabajo y las condiciones de vida de los trabajadores. En el parlamento la mayoría de los representantes de diferentes partidos manifestaron más abiertamente sus posiciones a favor de que PETROBRAS continúe operando a toda costa, dejando claro que nunca los trabajadores encontrarán amigos en el parlamento.

El 27 de diciembre del 2025 el Tribunal Superior del Trabajo (TST) actuó como un brazo del Estado para asfixiar la protesta, imponiendo la obligatoriedad de mantener al 80% de la plantilla laborando y amenazando con multas confiscatorias. Esta judicialización, combinada con la falta de un comando de base que sostuviera la huelga frente a la legalidad burguesa, llevó a la suspensión de la medida el 30 de diciembre.


Una unidad sindical frágil

Los trabajadores petroleros en Brasil están organizados en 18 sindicatos en el país, los cuales están distribuidos por regiones geográficas. Estos sindicatos se agrupan en dos federaciones nacionales con perfiles y alineaciones políticas distintas.

La Federación Única de los Petroleros (FUP), es la federación más antigua e histórica. Agrupa a la mayoría de los sindicatos (aunque son de menor tamaño individual en comparación con los de la otra federación). Está vinculada a la Central Única de los Trabajadores (CUT) y dirigida por sectores afines al Partido de los Trabajadores (PT) y al gobierno de Lula.

Federación Nacional de los Petroleros (FNP), agrupa a un número menor de sindicatos, pero de gran importancia estratégica. Incluye al Sindicato de Río de Janeiro, que por sí solo representa el 40% del personal de Petrobras y más del 30% de la producción nacional. Se caracteriza por mantener una posición de mayor independencia frente al gobierno y la empresa.

Esta división fue evidente durante la huelga de diciembre de 2025, donde la FUP presionó para aceptar las propuestas de la empresa y finalizar el movimiento, mientras que sectores de la FNP buscaron mantener la huelga y la autonomía de las bases.

Precisamente, la división del movimiento se dio por la alineación política: los sindicatos de la FUP (alineados con el gobierno de Lula) fueron los primeros en retirarse, mientras que los de la FNP (Federación Nacional de los Petroleros), con el sindicato de Río de Janeiro a la vanguardia, fueron los últimos en suspender la huelga la noche del 30 de diciembre. De hecho la burocracia sindical de la FUP intentó finalizar la huelga el 22 de diciembre y logró que un par de sindicatos abandonaran la acción el 23 de diciembre. En contraste con esto, mientras estos sindicatos menores abandonaban la lucha, las asambleas en los sindicatos más grandes y estratégicos (como el de Río de Janeiro, que representa el 40% del personal) derrotaron las propuestas de los directivos patronales el día 23 y mantuvieron la huelga hasta finales de mes.

De esta manera la aparente “unidad de acción” siempre fue frágil y fue el resultado de una lucha interna entre mantener la huelga hasta conquistar las reivindicaciones planteadas o detenerla y complacer a los capitalistas de PETROBRAS y el gobierno.


El oportunismo siempre enseña el camino errado

El oportunismo no se limita solo a frenar las luchas y conciliar con el patrón. Algunas de sus vertientes reivindican posiciones de lucha sindical, pero insertando reivindicaciones que no obedecen a verdaderos intereses de clase de los asalariados. No faltaron las posiciones oportunistas de organizaciones que se autoproclaman de “izquierda” que pretendieron orientar este movimiento hacia el rechazo a la política de privatizaciones que impulsa el gobierno en el negocio petrolero y en otras áreas de la economía. Así mismo siempre están presentes las posiciones nacionalistas de la llamada “izquierda” que influye en el movimiento sindical, que plantea la lucha por la soberanía de la producción petrolera, alimentando la ilusión democrática burguesa de que esto redundará en el bienestar de las masas. Y todas estas posturas se conectan con esa defensa de un “socialismo democrático”, “pluripartidista”, “respetuoso de la propiedad privada” y todos esos maquillajes con los que venden la continuidad de la explotación capitalista.

Pero en las asambleas de trabajadores todos los reclamos se centraron en la defensa del salario y las pensiones. Ya sea en el marco de empresas estatales o privadas, los trabajadores se deben unir para enfrentar a los patronos capitalistas (públicos o privados, nacionales o trasnacionales) y exigir reivindicaciones económicas.


Reivindicaciones conquistadas

Tras el cese de la huelga el 31 de diciembre de 2025, el balance de las reivindicaciones conquistadas muestra un avance parcial y limitado, condicionado por la presión judicial del Tribunal Superior del Trabajo (TST) y la política de las direcciones sindicales que forzaron el fin del conflicto.

A continuación se detallan los resultados específicos:
     - Pago de días de huelga: Se logró que el 50% de los días parados fueran abonados por la empresa, mientras que el otro 50% será descontado o compensado por los trabajadores.
     - Garantías contra represalias: Petrobras se comprometió a no aplicar castigos, sanciones ni traslados punitivos contra los trabajadores que participaron en el movimiento de fuerza.
     - Compensación por helitransporte (Plataformas): Se obtuvo un avance parcial en la demanda sobre los retrasos en helicópteros que hacían perder vuelos comerciales a los trabajadores. La empresa aceptó el pago de una "pequeña cuota financiera" como compensación cuando el retraso sea responsabilidad de Petrobras, aunque no se logró el pago integral del pasaje solicitado originalmente.
     - Seguridad y condiciones operativas: Se establecieron compromisos para revisar protocolos de seguridad tras incidentes ocurridos durante la huelga, como el escape de gas en la plataforma P-40.

Demandas no conquistadas o pendientes:
     - Igualdad de escalas para contratados: No se logró la equiparación de la escala de descanso (14x21) para el personal tercerizado; estos trabajadores mantienen actualmente la escala 14x14, con una semana menos de descanso que los efectivos.
     - Reajuste Salarial y Petros: Aunque se aceptó la última contraoferta para finalizar el conflicto, el reajuste quedó lejos del 9,8% exigido inicialmente, predominando la oferta de la empresa (cercana al 5,66%). La solución definitiva al déficit de la fundación Petros sigue sin una resolución que detenga los descuentos que afectan a jubilados.


Por el sindicato de clase

Desde una perspectiva de clase, este resultado fue insuficiente. La falta de una unidad de acción efectiva, que podría haberse expresado en un Comando Nacional de Huelga, respaldado por asambleas activas de la base trabajadora, debilitaron la capacidad de negociación frente al Estado y la patronal.

Los trabajadores petroleros y los trabajadores en general deben aprender de esta experiencia y alcanzar el convencimiento de que: a) la huelga es la principal arma de lucha de la clase obrera y debe declararse desde un principio como indefinida y sin servicios mínimos; una huelga en la que el 80% de la plantilla sigue laborando, es una caricatura de huelga, por eso los trabajadores deben prepararse para derrotar las restricciones legales que impondrá el Estado a una huelga combativa, b) que el movimiento de lucha debe integrar a trabajadores activos y de contratos temporales (también llamados “tercerizados”), trabajadores jubilados y pensionados y, en general, trabajadores de todos los departamentos, de todas las áreas operativas, de todos los puestos o centros de trabajo, de todos los oficios, c) que las asambleas deben tomar la dirección de las luchas, aprobar acciones y comisiones y que la directiva del sindicato se someta a ellas, d) que donde existen más de un sindicato o federación sindical, el movimiento los debe integrar en las asambleas, de manera que actúen unidos y coordinados, e) que el movimiento no se quede encerrado en los centros de trabajo y promueva el crecimiento de la lucha promoviendo la ampliación de la huelga hacia trabajadores de diferentes sectores económicos, empresas e instituciones, que confluyan en una posible huelga general por aumento de salarios y pensiones y otras reivindicaciones generales de toda la clase obrera. Esta última fase de desarrollo de las luchas de los trabajadores, es crucial y mucho más cuando los patronos como PETROBRAS y el gobierno se mantienen intransigentes ante las exigencias obreras. Pero este es un paso, el paso de impulsar la HUELGA GENERAL, que no ha sido asumido todavía por los trabajadores en sus luchas particulares y aisladas, en parte porque todavía no entienden su importancia y en parte porque las directivas traidoras de los sindicatos se empeñan en frenar la lucha de clase, la unidad de la clase obrera en la acción, para conquistar reivindicaciones económicas. Expandir la huelga hacia otros sectores de los trabajadores brasileños, igualmente agobiados por bajos salarios, habría dado mayor fuerza al movimiento y lo habría puesto en mejores condiciones para enfrentar las medidas judiciales y la presión del gobierno y los patronos.

Pero, miremos el vaso medio lleno y no medio vacío, la unidad de acción de la clase obrera se irá abriendo camino como una necesidad material en las luchas reivindicativas venideras y esta jornada de huelga de los trabajadores de PETROBRAS es una bengala en la dirección correcta. Es importante el debate y el balance entre los trabajadores y su acercamiento a la idea de la necesidad de verdaderos sindicatos de clase.

* * *


Se prepara la represión del movimiento obrero

El crecimiento capitalista de las últimas décadas ha hecho que las condiciones de los trabajadores sean, en promedio, mejoradas. Existen desigualdades entre países y dentro de ellos, pero alguna migaja la clase patronal ha sido obligada a dejar caer de su suculento banquete y, a nivel general, ha permitido pequeñas mejoras. En los últimos años esto está desapareciendo, tanto en los países de capitalismo maduro como en aquellos que han impulsado la economía mundial, China en primer lugar.

En los momentos de crisis el ataque patronal a la clase obrera se vuelve evidente. Pero los trabajadores llegan a él desarmados por culpa de la traición de los sindicatos del régimen y, en algunos países, porque todavía tienen algo que perder además de sus propias cadenas.

El sindicato es el instrumento fundamental en el cual los trabajadores se pueden organizar para defender sus intereses de clase, que son opuestos a los de sus explotadores. Desgraciadamente, entre muchos trabajadores ronda un sentimiento de repulsión hacia el sindicato, asociado a la conducta traidora de los sindicatos del régimen. Pero esto puede cambiar de modo repentino, cuando las condiciones materiales obliguen a los trabajadores a la lucha.

Lo sabe también la burguesía que busca no encontrarse desprevenida. Prepara, y en ciertos casos ya lleva a cabo, la más brutal represión. En Italia por ejemplo es ley el “Decreto seguridad” en el que se endurecen las penas para quien lucha.

Sobre esta cuestión ha sido publicada la duodécima edición del Índice de los Derechos Globales de la Confederación Sindical Internacional (ITUC), un estudio anual sobre las violaciones de los derechos de los trabajadores a nivel mundial.

La ITUC es una congregación de bonzos contrarrevolucionarios al servicio del capital. Fue constituida en Viena el 1° de noviembre de 2006 por la fusión entre la Confederación Internacional de los Sindicatos Libres (ICFTU) y la Confederación Mundial del Trabajo (WCL). Tiene tres principales organizaciones regionales: para Asia-Pacífico, para las Américas y para África; colabora con la Confederación Europea de Sindicatos (CES), también a través del Consejo Regional Paneuropeo. Sostiene representar aproximadamente 207 millones de trabajadores a través de sus 331 organizaciones afiliadas en 163 países.

Cabe señalar que entre los afiliados figura el sudafricano COSATU, que tuvo responsabilidad en la masacre de 34 trabajadores de la mina de Marikana en agosto de 2012: aunque se afilió a la FSM en 2012 mantuvo la adhesión a la ITUC. Desde Italia adhieren CGIL, CISL y UIL, lo cual lo dice todo.

Se lee en el informe:

«En el 45% de los países han sido reportadas violaciones de los derechos a la libertad de expresión y de reunión, en aumento respecto al 43% de 2024. En Benín algunos trabajadores fueron arrestados durante las celebraciones del Primero de Mayo. En la Federación Rusa permanecen en vigor draconianas restricciones asociadas al Covid, que confieren a las autoridades el poder de prohibir las reuniones sindicales. El derecho de huelga fue violado en el 87% de los países. En Camerún un obrero temporal fue asesinado por la policía durante una manifestación de trabajadores del azúcar para obtener mejores salarios y condiciones de seguridad. En Irak la policía atacó e hirió a trabajadores petroleros en huelga durante una protesta por su estatus. El derecho al registro legal de los sindicatos fue obstaculizado en el 74% de los países, el nivel peor desde el inicio del Índice. En Pakistán un tribunal declaró ilegales 62 sindicatos, violando los derechos de millones de trabajadores del sector público. El derecho a la negociación colectiva fue limitado en el 80% de los países. En Francia casi cuatro contratos colectivos de cada diez fueron impuestos unilateralmente por los empleadores. En Suecia Tesla sorteó completamente las negociaciones, sustituyendo a los trabajadores en huelga con esquiroles. Las autoridades de 71 países (47%) han arrestado o encarcelado trabajadores. El presidente de un sindicato en Camboya fue condenado por denunciar online el arresto de un trabajador de un casino. Activistas de Hong Kong, incluyendo dos líderes sindicales, fueron condenados por participar en un proceso electoral democrático para el consejo municipal. A los trabajadores de tres países de cada cuatro les fue negado el derecho a la libertad de asociación y de organización. En Malasia, la empresa global de empaques Amcor despidió injustamente a un secretario sindical en el marco de su campaña de represión sindical. Amazon respondió a la creación de su primer sindicato en Canadá cerrando sus almacenes en Quebec, con la pérdida de 2.000 puestos de trabajo. Los trabajadores han sufrido violencias en el 26% de los países. Bandidos armados atacaron la casa de un líder sindical en Haití, obligándolo a huir con su familia. Matones forzaron a cinco sindicalistas a dejar un evento del Primero de Mayo en una mina de litio en Zimbabue. Sindicalistas pagaron con la vida su activismo en Camerún, Colombia, Guatemala, Perú y Sudáfrica, asesinados por defender los derechos de los trabajadores. Los 10 países peores para los trabajadores en 2025 fueron: Bangladés, Bielorrusia, Ecuador, Egipto, Eswatini, Myanmar, Nigeria, Filipinas, Túnez y Turquía. La policía turca durante una manifestación del Primero de Mayo 2024 en Estambul arrestó a decenas de personas. Turquía permanece entre los 10 países peores para los trabajadores».

Siempre según el informe en 2025, aunque Europa permanezca, en promedio, como la región menos represiva para los trabajadores, en los últimos cuatro años se ha registrado un constante empeoramiento. Casi tres cuartos de los Países europeos violaron el derecho de huelga y casi un tercio de ellos arrestó o detuvo trabajadores. La posición de Georgia empeoró de 3 a 4, y la de Italia de 1 a 2 a causa de las acciones draconianas de los respectivos gobiernos dirigidas a minar los derechos de los trabajadores y de las protestas. Las autoridades de Bélgica, Finlandia y Francia continuaron reprimiendo a trabajadores en huelga, mientras los gobiernos de Albania, Hungría, Moldavia, Montenegro y Reino Unido abusaron de los poderes legales ampliando excesivamente la definición de “servicios mínimos” para limitar el derecho de huelga. En Grecia, Hungría, Serbia, Suiza y Turquía, las empresas minaron activamente la actividad sindical en detrimento de los trabajadores. Este clima anti-obrero vio también el surgimiento de “sindicatos amarillos” dominados por los empleadores en Armenia, Grecia, Países Bajos, Moldavia y Macedonia del Norte.

Para la CGIL, «el nuevo Global Rights Index 2025 de la Confederación Sindical Internacional (ITUC) lanza una alarma clara y preocupante: los derechos de los trabajadores están en caída libre en todo el mundo. Italia es un caso emblemático de deriva autoritaria, resultado directo de las políticas neoliberales y autoritarias adoptadas por el gobierno guiado por Giorgia Meloni, que ha emprendido un camino de sistemática represión de las libertades sindicales y de los derechos colectivos. El ataque a los sindicatos, con una criminalización creciente de las movilizaciones y una retórica deslegitimante hacia las organizaciones sindicales comparativamente más representativas».

La CGIL, que ha abandonado desde hace tiempo el arma de la huelga y el contacto con la clase obrera, debe aprender de un informe redactado por otros que los llamados derechos se desvanecen, y le achaca la culpa al gobierno “de derecha”.

En el capitalismo no existen derechos reales y duraderos para la clase de los proletarios, que para mantenerlos debe continuamente luchar. También imputar la represión antisindical solo al gobierno de turno es oportunismo: el responsable es el capital, cualquiera sea su gobierno.

Este informe de anti-proletarios de profesión, por otro lado decididamente parcial, confirma que la represión aumenta con el incremento de las luchas, así como, al contrario, puede no haber represión solo cuando las luchas languidecen.

Hoy, aunque ha habido un despertar de combatividad obrera, su movimiento internacional es todavía débil, por tanto la represión verdadera solo se prepara. Urge por tanto que los trabajadores se organicen para reconstruir sindicatos de clase a fin de que lleguen preparados: primero para defender sus propias condiciones a pesar de la inevitable represión, luego para contraatacar con la toma del poder, guiados por el partido comunista internacional.









El gobierno burgués venezolano da una vuelta más a la tuerca y aumenta el sometimiento del movimiento sindical al régimen capitalista

Durante el último cuatrimestre del año 2025 el gobierno venezolano lanzó el llamamiento a una Constituyente o Congreso Obrero. El planteamiento fue ambiguo en cuanto a que si trataba una Constituyente o un Congreso y en cuanto a si se limitaba a convocar a los activistas del chavismo organizados en torno a la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores de la Ciudad, el Campo y la Pesca (CBST) o si la convocatoria iba dirigida a todos los trabajadores.

A mediados de noviembre de 2025 un conjunto de organismos y corrientes sindicales firmaron comunicados por separado, rechazando el llamado a una constituyente sindical por parte del gobierno. Por un lado se pronunciaron 8 de las federaciones sindicales del Magisterio, que agrupan a maestros y profesores. Otro comunicado, con una más amplia lista de firmantes (incluidas las federaciones magisteriales) entre sindicatos y grupos que hacen vida en el movimiento sindical. Y ya el 12 de diciembre circuló “ACUERDO UNITARIO DE LOS TRABAJADORES”, manifiesto firmado por todas las centrales sindicales y corrientes sindicales opositoras al gobierno, en el que presentan un pliego de exigencias reivindicativas de los trabajadores, incluyendo el rechazo a la Constituyente Sindical y donde esbozan un tímido plan de acción que contempla la conformación de comisiones coordinadoras, la realización de asambleas de trabajadores y realizar acciones legales y denuncias, sin usar en el texto las palabras “huelga” o “movilización” (aunque se planteó convocar a una marcha de trabajadoresnpara el 15 de enero del 2026, que es el día del maestro. Se trata de una miríada de organizaciones sindicales que están fuera del control político del gobierno y que se definen como el “verdadero sindicalismo: autónomo, democrático, clasista y protestatario”. También se produjeron pronunciamientos de partidos de la “izquierda” opositora al gobierno, calificando el llamamiento del gobierno como un ataque al “sindicalismo autónomo”.

Todos estos comunicados de rechazo coincidieron en que cualquier reforma de los sindicatos es problema del movimiento sindical y que el gobierno no debía meterse en eso y señalando que el gobierno estaba atacando la autonomía sindical, la cual había que defender. En general estas manifestaciones de rechazo abundaron en argumentos constitucionales y legales y en la reivindicación de las políticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Pero estas organizaciones (con muy pocas excepciones), que se autodenominan “autónomas” por tener una orientación política crítica y contraria al gobierno, no han demostrado en su historia ser tan autónomas como dicen, frente a los patronos. Reiteradamente estas organizaciones han puesto las reivindicaciones básicas de los trabajadores en un segundo plano, para exigir la defensa de la constitución (que el chavismo ha planteado reformar), la crítica a los resultados de las elecciones presidenciales del 2024 y la defensa de la democracia (la alternativa burguesa a la tendencia fascista de la que acusan (con razón) al gobierno de los chavistas). Algunas de estas organizaciones incluso plantean la lucha por un “plan obrero y popular”, que forma parte de su clásico llamado a la lucha por un “gobierno obrero”, detrás de cuya consigna, además de plantear el famoso “socialismo democrático” y la defensa de la soberanía, se esconde el más profundo compromiso con el parlamentarismo.


Antes de la llegada del “chavismo” ya los sindicatos estaban sometidos al Estado Burgués

Desde las primeras manifestaciones de organización de los trabajadores en Venezuela, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando todavía el Estado era controlado por los terratenientes, ya superada parcialmente la organización en gremios y cofradías de artesanos, comenzó a proyectar su perfil el proletariado en los sectores de ferrocarriles, puertos y minería. Comienzan a hacerse sentir las ideas del socialismo utópico y la influencia de los acontecimientos de Chicago en 1886 (movilizaciones por la exigencia de una jornada de trabajo de ocho horas), así como la entrada de las posiciones anarquistas y la constitución de la Sección de la Internacional Comunista (1893), creada en reunión de 14 trabajadores de habla alemana que habían llegado a Venezuela como refugiados, después de la derrota de la Comuna de Paris.

De esta manera el siglo XIX cerró con la conformación de la “sociedad de Obreros del Porvenir” que, en 1996, junto con las organizaciones mutualistas Alianza del Trabajo, Alianza Filantrópica, Centro Popular y Liceo Pedagógico, sería promotora del primer Congreso Obrero, nucleando principalmente a artesanos e individuos provenientes de sectores medios de la población. Y de esta manera, aunque estas organizaciones estaban marcadas por el mutualismo y el policlasismo, fueron las organizaciones en las que se agruparon los trabajadores para asumir sus luchas a comienzos del siglo XX cuando la organización de sindicatos estaba prohibida y eran perseguidos por la policía.

Con el crecimiento de las operaciones de compañías trasnacionales, principalmente vinculadas a la explotación petrolera, el movimiento obrero en la primera mitad del siglo XX fue asumiendo huelgas importantes y fue tomando la forma un movimiento sindical que se plantó frente al patrón en luchas reivindicativas importantes. Pero en la medida que se consolidó la legalización de los sindicatos, también se consolidó su sometimiento al Estado burgués, lo cual alcanzará su pleno desarrollo en la segunda mitad del siglo XX, con el derrocamiento del dictador Pérez Jiménez (1958) y el relanzamiento de la democracia parlamentaria. Se consolida la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV) como la organización sindical con mayor número de afiliados y controlada inicialmente por los partidos del llamado “Pacto de Punto Fijo” (AD, COPEI, URD), que se desarrolló como un sindicato del régimen, sometida y alineada con el Estado burgués. En paralelo surgieron algunas otras centrales que hicieron oposición a la CTV, pero sin romper con el legalismo y la defensa de la democracia burguesa.

En resumen, durante el siglo XX en Venezuela surgieron los sindicatos en condiciones de ilegalidad, de persecución y de dura represión, pasando rápidamente a su legalización y a su consolidación como sindicatos del régimen, corporaciones encargadas de garantizar la paz laboral y el sometimiento a las instituciones de la democracia burguesa. Esta evolución es explicable por la influencia de los procesos posteriores a la primera y segunda guerra mundiales, con la consolidación de muchas democracias burguesas que influyeron con su legislación laboral y su política de legalización de los sindicatos. Incluso algunas huelgas destacadas del siglo XX (trabajadores petroleros, textileros y siderúrgicos) no cambiaron esta tendencia al dominio de sindicatos del régimen, sometidos al Estado, patronales, garantes de la paz laboral (incluso haciendo uso de la violencia de pandillas de “cabilleros” contra activistas obreros que intentaban agitar y propiciar las luchas). De esta manera, no se puede hablar de autonomía del movimiento sindical venezolano antes de 1999, cuando Hugo Chávez y su movimiento bolivariano ganó las elecciones presidenciales y dio inicio a un largo período de control del poder por esta fracción burguesa conocida como “chavismo”.


Las nuevas Corporaciones sindicales del Siglo XXI: Instrumentos del Estado burgués para el control del movimiento obrero

Una vez que el chavismo controló el gobierno y logró concretar la realización de una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución y una vez que fue poniendo bajo su control diferentes movimientos que, creyendo su discurso de redención social policlasista, surgieron y se movían sin obedecer a un centro político y organizativo (aunque influenciables por el carismático liderazgo oportunista de Chávez), uno de los retos clave fue tomar el control de la CTV, en correspondencia con el viejo reclamo sostenido por parte de la “izquierda” y dirigentes sindicales de tendencia “clasista” de democratizar esa central y de considerarla parte del “establishment” que debía ser desplazado.

El referéndum sindical de Venezuela o Consulta sobre la Renovación de la dirigencia sindical, fue un evento comicial que se realizó en Venezuela el domingo 3 de diciembre del año 2000, con el fin de consultar a la población sobre la conveniencia o no de reemplazar a los dirigentes de los sindicatos del país. Fue el tercer referéndum nacional convocado desde 1999 tras el referéndum sobre la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente de 1999 y el referéndum aprobatorio de la Constitución de 1999, por iniciativa del presidente Hugo Chávez y fue rechazado por sectores opositores, partidos tradicionales y sindicatos adversos a su gobierno.​ Finalmente, con una abstención situada en 76,50 % del censo, el referéndum fue aprobado con 62 % de los votos a favor.

Tras el triunfo del “Sí” en el referéndum consultivo del 2000, las elecciones sindicales para renovar la directiva de la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y otras organizaciones sindicales se programaron y celebraron meses después, en septiembre de 2001.

El Consejo Nacional Electoral (CNE), institución representante de uno de los poderes del Estado burgués creado a raíz de la nueva Constitución (el “poder electoral”), anunció en abril de 2001 que el calendario electoral para los sindicatos se desarrollaría entre julio y septiembre de ese año, culminando en la fecha definitiva de las elecciones. Según la Constitución venezolana aprobada en 1999, el CNE puede organizar las elecciones sindicales y tiene atribuciones para supervisar y organizar su registro electoral. Sin embargo, los sindicatos pueden realizar sus elecciones internas por sí mismos, pero deben notificar al CNE y cumplir con ciertos requisitos, como notificar la convocatoria al Poder Electoral y entregar los resultados para su publicación oficial en la Gaceta Electoral. Por lo tanto, los sindicatos no pueden realizar elecciones totalmente al margen del CNE si desean que sean reconocidos por los patronos o el gobierno al sentarse en una mesa de negociación o suscribir algún acuerdo.

En las elecciones sindicales del 2001 el chavismo fue derrotado por las fuerzas políticas que tradicionalmente habían controlado la CTV (principalmente el partido Acción Democrática (AD)) y la CTV se mantuvo bajo el control de la oposición. Ante esta circunstancia el gobierno fue realizando varios ensayos de construcción de una Central Sindical, paralela a la CTV, y su primer gran intento fue la Unión Nacional de Trabajadores (UNT, o también conocida como UNETE), que se constituyó formalmente en el año 2003.

Fue así como surgió la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores de la Ciudad, el Campo y la Pesca (CBST-CCP), en noviembre de 2011. Fue fundada por iniciativa del entonces presidente Hugo Chávez Frías, en el marco del Primer Encuentro de Trabajadores de la Ciudad, el Campo y del Mar, con el objetivo de “unificar al sector obrero venezolano bajo los principios de la Revolución Bolivariana”. La organización se anunció como una “plataforma anti-imperialista y defensora de la soberanía nacional”. Es decir que desde el nacimiento de la CBST estamos hablando de sindicalismo amarillo, tanto en el proceso de su constitución como desde el punto de vista de su línea política, de abierto sometimiento a los designios del gobierno, vale decir: a los designios del Estado burgués.

La CBST pasó a ser la principal central sindical en Venezuela, aunque no se cuenta con estadísticas sobre número de afiliados. Las diferentes centrales tradicionales (de las cuales la principal es la CTV) disminuyeron drásticamente el número de afiliados, aunque algunas (como la CUTV) nunca tuvieron muchos afiliados.

La CBST también desplazó a la UNT, que inicialmente respaldó las políticas del gobierno. El gobierno venezolano dejó de impulsar la UNT y creó la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST-CCP) por varias razones clave: a) No garantizaba la alineación política y el control requerido, ya que la UNT, aunque inicialmente alineada con el gobierno de Chávez, desarrolló divisiones internas y cierto nivel de contradicciones en algunas de sus facciones, lo que generó fricciones y planteó la necesidad de una central sindical completamente leal y subordinada al gobierno burgués de los chavistas, y lo que esto implicaba para alcanzar un control más directo sobre la base obrera; b) Fracaso de la UNT en la Unificación sindical, ya que se consumió en sus propias luchas internas y de burocracias, entre los sectores sindicales afines al chavismo; c) Coyuntura internacional: Ante la posibilidad de que la UNT fuera expulsada de la Federación Sindical Mundial (FSM) por su rompimiento con el gobierno en ciertas de sus facciones, la CBST-CCP se posicionó como la representante legítima del movimiento obrero venezolano ante instancias internacionales afines.

Sin embargo, la principal fortaleza de la CBST es el respaldo logístico, financiero y político que recibe del gobierno de los chavistas. Sin embargo ninguna de las centrales y federaciones sindicales venezolanas cuenta con una capacidad de movilización significativa, destacando su esfuerzo en sentido contrario, el de la desmovilización, división y desorganización de los trabajadores ante la necesidad de las luchas reivindicativas, principalmente por el aumento significativo de salarios y pensiones.

Pero lo principal en esta cuestión es que no se trata tanto del número de afiliados que alcance a nuclear una central o federación sindical, sino del curso real que toma en la lucha de clases, del objetivo real que persigue, de su política: de si esa política representa a las masas asalariadas, sirve a las masas asalariadas (incluidos jubilados y desempleados), es decir, si sirve para liberarlas del capitalismo, o si representa los intereses de una minoría (la aristocracia obrera, la pequeña burguesía), que promueve la conciliación con el capitalismo, para defender su pequeño mundo de privilegios, hechos de las migajas que les lanza el patrón. Esta costra traidora es la base social del oportunismo en todo el mundo. Por otro lado, el número de afiliados de los sindicatos no representa el número real de activistas dispuestos a reunirse, organizarse y moverse bajo los lineamientos de las directivas sindicales. Por eso la “fortaleza” de los sindicatos actuales deriva del apoyo del Estado y el gobierno, de su reconocimiento legal y, principalmente, de su control por los partidos tanto de la llamada “derecha”, como de la llamada “izquierda” (oportunista, reformista), ambas corrientes burguesas, que convierten al movimiento obrero en correa de trasmisión de la política burguesa en el movimiento obrero. No son diferentes las “coaliciones sindicales”, que no mueven a nadie, pero que básicamente se ocupan de dar proyección mediática a las posiciones de las corrientes burguesas que pugnan por el control del movimiento sindical y su sometimiento a los patronos capitalistas, los firmantes de “comunicados conjuntos” y “acuerdos unitarios”.


La “participación protagónica” de los trabajadores: servilismo hacia el patrón

En paralelo con el surgimiento de la CBST el chavismo impulsó dos ensayos político-organizativos dirigidos contra el movimiento sindical y, bajo las banderas de la “participación protagónica”, por el sometimiento de los trabajadores a los intereses de las empresas y de la economía nacional. Estas iniciativas fueron los Consejos de Trabajadores y los Consejos Productivos de Trabajadores (CPT). Ambas figuras contaron con el respectivo soporte legal promovido por el gobierno burgués.

La figura de los Consejos de Trabajadores fue introducida por primera vez en la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT) del 30 de abril de 2012. Como era de esperar la izquierda oportunista, en sus diferentes expresiones, apoyo está política del gobierno burgués como una oportunidad para promover el supuesto “control obrero”. Activistas sindicales y hasta gerentes de empresas del Estado, algunos identificados con las posiciones de Gramsci, comenzaron a constituir estos organismos y a integrarlos a la gestión empresarial. En algunos casos los patronos lograron acuerdos reivindicativos con los trabajadores entendiéndose con Consejos de Trabajadores y sin reconocer a las directivas sindicales. Pero la figura de los Consejos de Trabajadores no se arraigó entre los asalariados y los sindicalistas del chavismo no los asumieron con suficiente empeño, en parte porque los vieron como una amenaza a sus cuotas de poder dentro de los sindicatos.

Como era de esperar, los Consejos de Trabajadores y su rimbombante “control obrero”, resultaron ser instrumentos de los patronos capitalistas (estatales o privados) para frenar los conflictos, garantizar la continuidad operativa de las empresas y el sometimiento de los trabajadores asalariados a bajos salarios, condiciones inseguras en los ambientes de trabajo y altas tasas de plusvalía (es decir, de explotación).

Los CPT surgieron posteriormente, a través del Decreto Presidencial N° 2.535, publicado en Gaceta Oficial N° 41.026 el 8 de noviembre de 2016. Más tarde, fueron elevados a rango de ley constitucional mediante la Ley Constitucional de los Consejos Productivos de Trabajadoras y Trabajadores, publicada en Gaceta Oficial el 6 de febrero de 2018. De esta manera el chavismo reconocía el fracaso de su política de promoción de los Consejos de Trabajadores y presentó a los CPT como una de las respuestas a las sanciones norteamericanas en el plano de la producción. De allí que los CPT tienen un enfoque específico y operativo, centrado en la gestión de la actividad productiva y la distribución de bienes y servicios dentro de la empresa y sus funciones principales incluyen “la supervisión, evaluación e impulso de la producción, la prevención del “sabotaje”, el desvío de insumos y productos, y la denuncia de actividades que afecten el proceso productivo ante las autoridades competentes”.

Con estos organismos se pretendió también organizar el esquirolaje en caso de surgimiento de huelgas o paros de los trabajadores de las empresas al reclamar reivindicaciones.

La CBST ha llevado sobre sus hombros la carga de impulsar estos organismos, cuestión que también ha sido asumida por los directivos de muchas empresas. Sin embargo dada la apatía de los trabajadores y el rechazo a la mayoría de los dirigentes sindicales, estos organismos no han pasado de ser núcleos de simpatizantes del chavismo y de fomento del clientelismo y la corrupción, que asisten a marchas de apoyo al gobierno y a actos en los directivos empresariales y funcionarios públicos necesitan mostrarse ante los medios y redes sociales rodeados de la clase obrera.


Hoy

Una posición sindical realmente autónoma o aproximada a posiciones de clase, es casi inexistente. Las pocas expresiones de combatividad en el movimiento sindical, terminan encuadradas dentro del discurso y la táctica de los oportunistas.

La capacidad de movilización de las centrales y federaciones sindicales, tanto pro-gobierno, como de oposición, es muy poca. Por supuesto que el sector sindical pro-gobierno es favorecido por el respaldo logístico del Ejecutivo y los directivos y gerentes del patrón y eso les permite realizar acciones de calle con mayor impacto mediático (aunque esta capacidad ha disminuido mucho). La única “fortaleza” de estas centrales es que son las corporaciones legalizadas y reconocidas por el gobierno, que no permite que surjan nuevos sindicatos a menos que estén bajo su control. En federaciones sindicales como la del sector de los trabajadores petroleros, petroquímicos y gas (adscrita a la CBST) la directiva tiene mucho tiempo sin realizar elecciones, frente a la amenaza de que otros grupos, posiblemente también oportunistas, pero un poco más dispuestos a la lucha, desplacen a la dirigencia del PSUV, lo cual puede afectar temporalmente el control que ejerce el gobierno y las empresas del sector. Esta es una situación que se repite en varias federaciones, como la de las empresas básicas de Guayana y tiene que ver con el desprestigio que han alcanzado los dirigentes del chavismo. De esta manera el chavismo llegó planteando la “democratización del movimiento sindical”, pero hoy es el principal freno a toda participación de los trabajadores desde las bases. Pero ninguna de las corrientes que se oponen al chavismo en el movimiento sindical representa una alternativa para la reanudación de la lucha de clases por parte del proletariado.

De esta manera, los críticos a la “Constituyente Sindical” hablan de una amenaza a la “autonomía sindical”, cuando realmente las centrales y federaciones sindicales a las que ellos pertenecen han sido sindicatos del régimen durante el período histórico previo a la llegada de los chavistas al poder. La mayoría de ellos son representantes del corporativismo sindical dominante previo a la llegada del chavismo al gobierno en 1999 (CTV (principalmente de los socialdemócratas), CODESA (de los socialcristianos), CUTV (del Partido Comunista de Venezuela, estalinista), ASI (un ala de tecnócratas del “sindicalismo”, socialcristianos y otros), UNETE, CODESA, CGT y múltiples federaciones, frentes y comités, vinculados o no a estas centrales, ya que hay algunas federaciones “independientes”.

Pese a sus tímidas acciones el gobierno tomó varias acciones represivas contra este sector, dentro de las que destaca la detención del presidente de la CTV y la persecución y hostigamiento a varios directivos de estas organizaciones sindicales, de manera de amedrentarlos y detener cualquier iniciativa que entorpeciera sus planes cuando se aproximaba la fecha de la Constituyente Sindical.


La Constituyente Sindical convocada por el chavismo

Sin siquiera cuidar las apariencias, el gobierno burgués venezolano, a través de su Ministro del Trabajo y del propio presidente Maduro, convocó a una “Constituyente Sindical” y a un Congreso Obrero que se realizó el 15 de diciembre. La convocatoria planteó reformar a la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST), que es el ejemplo más reciente de “sindicalismo amarillo”, que se ha desarrollado desde las alturas del gobierno burgués.

Los objetivos más divulgados inicialmente se resumieron en “la refundación y transformación del movimiento obrero venezolano, centrando el debate en cuatro ejes fundamentales: producción, organización de los trabajadores, defensa de la patria e internacionalización de la clase obrera”.

Aunque el chavismo ha venido fortaleciendo el control de las diferentes instituciones del Estado y ha aumentado la centralización del ejercicio del poder, la coyuntura de las maniobras militares de EEUU en el Caribe han sido usadas por el gobierno para lanzarse en una táctica que busca a) reconquistar parte de su base social, b) prepararse para enfrentar un posible estallido social o estallido obrero y multiplicación de conflictos, c) promover el nacionalismo como excusa para organizar a los campesinos, a los trabajadores y a las masas oprimidas en general, en torno a la defensa de la patria, las milicias, etc., alineando a diferentes organizaciones de masas de campesinos, trabajadores, estudiantes, jóvenes, mujeres, etc., con la defensa de la patria y con la buena marcha de la producción nacional, d) mantener a toda costa su política de “salario cero” (que no solo acaba con el ingreso directo de los asalariados, sino con un conjunto de beneficios asociados al salario (monto de pago por despido, monto de pago por horas extras, monto de pago por vacaciones, monto de pago por “aguinaldos” y otras primas cuya base de cálculo es el monto del salario) y el pago de bonos, establecidos a capricho por el gobierno, que se ha empeñado en que no hay que hablar de salarios sino de “Ingreso integral”, siendo esta una política que está en la base de la alta tasa de explotación de los trabajadores, que explica la ganancia empresarial y que se pretende ofrecer como atractivo al capital trasnacional para que invierta y haga negocios en Venezuela.

El sometimiento de la clase obrera a la burguesía, planteado desde la convocatoria al evento y durante su realización, queda expresado en afirmaciones como “los trabajadores están en la capital venezolana para defender la soberanía y la paz de Venezuela, enviando un mensaje al Gobierno de Estados Unidos: ¡Somos leales siempre, traidores nunca!”, “el congreso viene a reforzar la fibra patria ante las amenazas externas del imperio Yankee”, “se debatirán cuatro temas fundamentales los cuales son: Productividad sin depender de nadie; organizacional para definir nuevas formas de organización sindical y de la Central Bolivariana; defensa en pro de incluirse a la Milicia Bolivariana Obrera para la defensa de la patria y de las empresas; y la internacionalización para crear cooperaciones con otros países y alertar sobre las agresiones que sufre Venezuela”. Como era de esperarse, la Constituyente Sindical convocada por el gobierno no abrió ningún espacio para posiciones de clase del proletariado.

El Coordinador General de la CBST declaró a los medios que “Por primera vez en Venezuela se realiza una jornada de debate tan amplio y completo (…) Se hicieron rutas en los motores productivos, rutas que tienen que ver con la cadena productiva, rutas con mejorar la producción y garantizar una economía sustentable, soberana e independiente que no dependa de nadie”. Además indicó que “en torno al tema económico, se realizaron propuestas para mejorar y superar el tema de los elementos burocráticos y de corrupción que obstaculizan que las empresas puedan funcionar a máxima capacidad”. Así mismo: “…otras de las propuestas más relevantes de este Congreso fue avanzar hacia la gran transformación de las estructuras sindicales, con el propósito de convertir a la Central Bolivariana en una organización consolidada para el nuevo modelo socialista”. Esto es lo que los oportunistas del chavismo llaman “anti-imperialismo” (¿?). El presidente Nicolás Maduro, que hizo presencia en el acto, manifestó que “se ha levantado una inmensa fuerza obrera como columna vital de la estabilidad, del desarrollo económico y de la paz garantizada del país”. Estos tramposos, que dicen ser constructores de un “nuevo modelo de socialismo”, le dicen a la burguesía y el imperialismo que pueden estar tranquilos, que tienen control sobre la clase obrera, que pueden hacer negocios en Venezuela, sin verse afectados por huelgas y conflictos, que se les garantizará mano de obra barata, que pueden entenderse con un gobierno estable y cohesionado.

Como era de esperarse, este evento fue realmente un acto en el que los asistentes se presentaron para dar respaldo público y mediático al gobierno y donde la agenda, las propuestas y los acuerdos, pre-elaborados, fueron las presentadas por el “camarada presidente obrero”. No faltaron los anuncios sobre profundización de la democracia y sobre la necesidad de mantener la unidad frente al acoso imperialista, unidad que se materializa en el sometimiento a los planes y políticas de la burguesía, para la marcha de sus negocios y el sostenimiento de sus ganancias. De allí que, como parte de la agenda prioritaria, el presidente Maduro dictó a los asistentes “instrucciones para la revisión y actualización de los planes de defensa de los cuerpos combatientes de la clase obrera”. Y, con esa humildad falsa de todos los títeres de la burguesía, que los coloca para la dirección de su Estado y su gobierno, Maduro manifestó en ese acto: “Soy simplemente un hombre de la clase obrera (…) Mi misión principal en la vida es construir el poder más grande, que no es el poder de un presidente, es el poder del pueblo en la calle, gobernando, dirigiendo”, pero hay un solo poder que se mantiene, el poder de la burguesía; y la misión principal del chavismo es mantener ese poder, sin inestabilidad política, cerrando todos los caminos de la clase obrera y el movimiento sindical hacia la reanudación de la lucha de clase.

En ningún momento se trató temas referidos a la lucha reivindicativa de los trabajadores, ni un tema tan relevante como el salario, lo cual confirma el enfoque totalmente patronal y miserable de los organizadores y de los asistentes.

Luego de estos anuncios, el evento finalizó con la convocatoria oficial del presidente Nicolás Maduro a la Segunda Plenaria del Congreso Constituyente de la Clase Obrera, la cual se desarrollaría durante la primera semana de enero de 2026 y que finalmente no se cumplió, luego de asimilar el impacto del ataque militar de EEUU, el 3 de enero.

Toda la agenda y los anuncios de la llamada “Constituyente Sindical” en Venezuela, impulsada por el chavismo, dejan claros los perfiles de un sindicalismo sometido al Estado burgués, que reivindica los llamados de los capitalistas a la defensa de la patria, del mercado, de la economía nacional, de la continuidad operativa de las empresas, de la aceptación pasiva de salarios de hambre y la burla de los bonos. Una reminiscencia del corporativismo y el sindicalismo impulsados por el fascismo italiano.

El respaldo de la Constituyente o Congreso Sindical del chavismo a la conformación de milicias obreras para enfrentar una eventual invasión estadounidense, es contraria a la posición de clase del proletariado que, ante todo conflicto entre Estados capitalistas (como EEUU y Venezuela), plantea rechazar la recluta de soldados y voltear las armas contra la burguesía de cada país, verdadero enemigo de la clase obrera. La defensa de la patria es la defensa del mercado y de la explotación del trabajo asalariado. La defensa de la patria es la defensa de los negocios de la burguesía y las trasnacionales y de sus grandes riquezas. Todo sindicato o directivo sindical que reivindique la defensa de la patria, es un traidor a la clase obrera.

Estas mismas posiciones oportunistas y de traición a los trabajadores, las conseguiremos dentro del campo de las centrales sindicales, federaciones, sindicatos y corrientes sindicales adscritas al campo de los que se autodenominan “sindicalismo autónomo” y se oponen al gobierno de los chavistas desde una posición de clase también burguesa.


Por el sindicato de clase

La transformación que necesita el movimiento sindical venezolano y mundial no tiene nada que ver con la política burguesa, expresada por el gobierno de los chavistas y por la fauna de oportunistas que se autocalifican como “sindicalismo autónomo”, sino a partir de un retorno a las verdaderas posiciones de clase de los trabajadores. La condición patronal y de subordinación de los sindicatos al Estado burgués no es algo que se resolverá en un congreso o constituyente o coalición de bonzos sindicales. Todas las manifestaciones de sindicalismo patronal y amarillo, que hoy dominan en el movimiento obrero tendrán que ser arrasadas por una reanudación de la lucha de clase de los trabajadores, que asuman sus luchas reivindicativas con o sin el acompañamiento de las directivas sindicales, que multipliquen a tal nivel sus movilizaciones, protestas y huelgas, que, ya sea la conquista de los sindicatos actuales (incluso a la fuerza), o la construcción de nuevos sindicatos de clase desde fuera y contra los sindicatos del régimen, se impondrá como una necesidad práctica del movimiento obrero para rescatar la huelga como forma de lucha, pasando por encima de todas las restricciones que hoy colocan las leyes en todos los países y concluyendo en la huelga general. Solo este enérgico proceso traerá de nuevo a la clase obrera y a sus sindicatos de clase a la palestra pública, como verdadera clase beligerante y autónoma, que enfrenta a la burguesía, sus gobiernos y sus partidos.

A través de las diferentes Constituciones Nacionales y de las diferentes leyes del trabajo se ha ido cercando a la clase obrera para impedir que confronte con eficacia al patrón en sus luchas reivindicativas. El derecho a Huelga, por ejemplo, consagrado en diferentes constituciones, es la negación de la huelga como forma de lucha de los asalariados. Por eso, defender la huelga como un derecho, es defender toda la legalidad burguesa que impide a los trabajadores utilizar todas sus fuerzas para arrancar reivindicaciones económicas a los capitalistas. En todo caso los trabajadores solo podrán imponer su derecho a la huelga por la fuerza que da la movilización masiva, unitaria y de base.

La única alternativa es que la clase obrera, asimilando su rica experiencia histórica, organice los sindicatos de clase. El sindicalismo de clase busca y tiende a organizar en su seno a los trabajadores asalariados dispuestos a defender los intereses colectivos frente al patrón y al Estado, a través de los movimientos y de las luchas reivindicativas, independientemente del color de su piel o de la nacionalidad, o de su condición de contratado temporal o fijo, o incluso de su parcialidad política. Los sindicatos de clase, organizados con criterio territorial y no por centros de trabajo, deben agrupar a trabajadores de todos los oficios, incluyendo a los desempleados.

El sindicalismo de clase basa su actividad reivindicativa y las denuncias de su propaganda en el choque irreconciliable de intereses materiales que se produce cotidianamente entre el trabajo asalariado y el capital, entre la clase proletaria y la clase empresarial. De allí que no puede cumplir un papel de consecuente instrumento de lucha de los asalariados un sindicato que en sus estatutos se declare defensor del sistema democrático, de la patria y de la economía nacional, pues con estos postulados se autoliquida como instrumento de lucha y se somete inexorablemente al patrón y al Estado.

Los trabajadores asalariados industriales y mineros, del sector comercio y servicios y del sector agrícola, tienen por delante la tarea de unirse y organizarse por la base. Por la constitución de Comités Obreros de Base por barrio, parroquia, municipio o localidad, siempre y cuando se facilite la reunión de los trabajadores. Los Comités Obreros de Base se pueden organizar por empresas (principalmente donde los sindicatos no promueven la lucha reivindicativa de los trabajadores) pero la prioridad se debe poner en organizarse y reunirse fuera de la empresa. Por la Constitución de un Frente Único Sindical de Clase, con amplia participación de base y presencia local, regional y nacional. Esta es una forma de avanzar hacia la organización de los trabajadores en verdaderos sindicatos de clase en todos los países. Esto es lo que deben hacer todos los luchadores obreros hoy, para no cruzarnos de brazos esperando la reanudación de la lucha de clase. Pero en ningún momento es aceptable la constitución de frentes sindicales, sin participación de las bases obreras, agrupando a un puñado de dirigentes y de representaciones de partidos. El voluntarismo y el activismo son malos consejeros.

En consecuencia la lucha debe orientarse hacia la organización de SINDICATOS DE CLASE, que deben ser organismos abiertos a todos los trabajadores, capaces de luchar no solo por reivindicaciones en una sola empresa, sino por reivindicaciones de todos los trabajadores. En este sentido, todo movimiento de acción sindical de los trabajadores debe basarse en la siguiente línea de acción:

La huelga es el principal instrumento de presión de la clase obrera tanto para oponerse al empeoramiento de sus condiciones de vida y de trabajo como para conseguir mejoras y reivindicaciones ante los patronos. Podemos constatar que durante la huelga se hace efectiva la abolición de la competencia entre los trabajadores asalariados y que reina el compañerismo.

Un movimiento clasista debe luchar por propagar y expandir la huelga a todas las empresas y a todos los sectores, y en el futuro, a todos los países, no encerrándose en los muros del centro de trabajo o del sector económico.

Las huelgas que se sometan a la legislación vigente en cada momento y en cada país ya nacen castradas, e impotentes para defender de un modo efectivo los intereses de los trabajadores. Los servicios mínimos son el esquirolaje legalizado, quien lo acepta está ahogando la huelga. Por eso se debe ser muy insistente en: a) Tender a romper con los límites legales en el uso de la huelga y la manifestación. Esto implica Huelga sin Pre-aviso; b) Rechazar totalmente los servicios mínimos al momento de lanzarse a una huelga, y c) Extender tendencialmente la agitación, la propaganda y la huelga a las demás empresas o sectores, a través de grandes piquetes informativos. Para dar estos pasos el movimiento debe contar con amplia participación de base y mucho debate en las asambleas, de donde surjan verdaderos compromisos de lucha y la fuerza suficiente para poner estas acciones en práctica.

El movimiento huelgario debe oponerse a todo tipo de arbitrajes, o de comisiones paritarias (como las tripartitas) con o sin árbitro, en las relaciones de fuerza entre el capital y el trabajo asalariado, entre el sindicato de clase y el patrón, ya sean agentes directos del gobierno burgués o los llamados “hombres buenos” o “notables”, porque las comisiones paritarias y árbitros sólo tienen por objetivo maniatar a los trabajadores, haciéndoles creer que las instituciones burguesas están por encima de los intereses de las clases.

Todo movimiento sindical debe organizar su fondo pro-huelga que le permita a los trabajadores afrontar en mejores condiciones fuertes períodos de lucha. Las finanzas deben ser controladas directamente por los trabajadores sin injerencia del patrón ni del Estado.

Organizar asambleas, reuniones, encuentros y talleres de trabajo, donde asistan trabajadores de diferentes ramas, incluyendo los desempleados. En estas reuniones se deben intercambiar experiencias, hacer balances políticos de las luchas y acordar acciones de solidaridad con compañeros en conflicto. Los trabajadores, para convocar o desconvocar una huelga, deben proponer, defender y, cuando sea posible, imponer las votaciones a mano alzada. Con este método, todos los trabajadores se ven las caras. Todos saben lo que propone cada quien. De este modo se hace presión sobre los indecisos a la hora de convocar o desconvocar la huelga. Es así como el movimiento organizado puede saber con quién puede contar y con quién no.

Oposición y rechazo al voto secreto y los referéndums, al estilo de la democracia burguesa, al momento de decidir la convocatoria a huelga o su continuidad, ya que estos métodos sólo sirven para proteger y enmascarar a los esquiroles, a los dirigentes vacilantes, a los agentes del patrón.

En la propaganda de los movimientos huelgarios la petición de solidaridad de los núcleos de proletarios debe estar enfocada y dirigida no a los ciudadanos en general, sino a los demás obreros; no al pueblo en general, sino a la clase obrera. Hacer los llamamientos de solidaridad como clase al resto de la propia clase. Si la propaganda de los movimientos huelgarios se dirige al “usuario” o “la comunidad” en lugar de al proletario, se desclasa el mensaje a los trabajadores asalariados no implicados directamente en los conflictos. La información y la propaganda de un núcleo de la clase obrera en lucha, tanto en huelgas como en cualquier otra acción reivindicativa de la clase obrera, deben realizarse directa y exclusivamente por los organismos que convocan la huelga o lucha en cuestión. Esta tarea de gran importancia político-social no puede y no debe dejarse en manos de los medios de comunicación.

Las comisiones negociadoras deben ser portavoces de las decisiones tomadas en las asambleas del sindicato de clase y el movimiento huelguístico organizado, siendo elegibles y revocables todos sus miembros en todo momento.

Es en torno a este enfoque de la lucha económica y sindical que se debe impulsar, por la base, la unidad del movimiento de los trabajadores en todo el mundo. A los trabajadores críticos y a los activistas sindicales no comprometidos con el viejo y el nuevo oportunismo, les llamamos a combatir desde ya el sindicalismo patronal y a impulsar, cada vez que sea posible, los métodos de lucha y organización de la clase obrera. Este combate, que no será breve, deberá ser parte de la reanudación de la lucha de clases, condición indispensable para el surgimiento y consolidación de verdaderos sindicatos de clase.

La historia ha confirmado que estas tareas tendrán una realización victoriosa en la medida en que el Partido Comunista Internacional tome la dirección del proletariado y de sus organizaciones económicas. Llamamos a todos los trabajadores y trabajadoras críticas y combativas a adherirse al Partido Comunista Internacional, a realizar propaganda revolucionaria y a trabajar por la reanudación de la lucha de clase, hacia el derrocamiento del capitalismo y la instauración de la Dictadura del Proletariado, única vía para acabar con la apropiación privada de los productos del trabajo asociado y con los resortes que la impulsan (el trabajo asalariado, el mercado y la moneda).









“COMPAGNA”
Órgano del Partido Comunista de Italia para la propaganda entre las mujeres


Las mujeres comunistas frente al fascismo

El periódico Compagna aparece a principios de 1922, cuando ya está derrotada la ola revolucionaria del bienio rojo en Italia y paulatinamente se debilita aquel asalto revolucionario del proletariado en toda Europa que se había desplegado ante el impulso de la revolución en Rusia de Octubre. 1922 es el año del llamamiento del fascismo al gobierno en Italia, con respeto de todos los crismas de la democracia: el 28 de octubre tiene lugar la escenográfica “Marcha sobre Roma” de las camisas negras. Los hechos son inmediatamente reseñados en el periódico y claramente interpretados como demuestra la nota “Cómo ocurrió la escalada al poder” ya en el número 18 del 12 de noviembre.

Desde los primeros números en el periódico se expresa la conciencia del momento histórico que se está viviendo. Se lee en Compagna número 2 en “Viva el Segundo Congreso del PCd’I”: «Las dificultades que se interponen a nuestra obra son muchísimas y formidables, nuestro trabajo es la suma de una paciente y dura lucha y de una obstinada perseverante voluntad,

los días futuros pondrán a prueba de fuego nuestra militancia y nuestra estructura organizativa».

Existe la conciencia de que solo permaneciendo ancladas al partido y a su periódico es posible no ser arrastradas por los acontecimientos y continuar la lucha por la emancipación del proletariado femenino. Se lee en el mismo número en “Compagna” y “La defensa de las trabajadoras” este llamamiento: «¡Mujeres trabajadoras! “Compagna” que surge en un momento tormentoso y lleno de oscuras amenazas, debe tener vuestro entusiasta consentimiento, porque es el único periódico de clase, del proletariado femenino de Italia, y será arma segura y poderosa de propaganda para la acción revolucionaria».

En el partido y en las camaradas de la redacción es lúcido el análisis de los acontecimientos y del fascismo, un fenómeno entonces relativamente nuevo, su interpretación y las coherentes directrices comunistas. La transformación de la forma del gobierno del Estado barría con todas las ilusiones sobre la convivencia civil que la burguesía se había dado en el siglo XIX, sostenidas por los partidos liberales y por el reformismo socialdemócrata, desmintiéndose toda mentira sobre la sacralidad de la legalidad, de los ordenamientos y de las libertades constitucionales.

Es notable destacar que, al menos en este primer año 1922 del periódico al cual aquí nos referimos, no se hace la más mínima alusión a la posibilidad de una convergencia de fuerzas antifascistas fuera de las del comunismo anticapitalista, y a la hipótesis de una tercera vía intermedia entre la dictadura de la burguesía y la dictadura del proletariado. La democracia nunca es planteada como una posible alternativa histórica y su restablecimiento como un objetivo táctico del movimiento obrero.


La conquista del poder

En el número 12, del 18 de agosto, en “La conquista del poder” se da la rigurosa lectura marxista del fenómeno fascismo, situado dentro de la histórica lucha entre las clases, y de su relación con las necesidades defensivas de la clase dominante y con sus instituciones: «Entre dos clases que se baten en una guerra que debe decidir sus vidas, es inevitable el empleo de la violencia».

* * *

La sociedad actual está dividida en dos clases irreconciliablemente adversas la una a la otra, entre ellas en continuo conflicto y de las cuales la una domina y oprime a la otra. La burguesía ha conseguido y mantiene su dominio sobre el proletariado en cuanto se ha apoderado y dispone de una fuerza armada organizada a su servicio, del Estado, que es precisamente «una particular fuerza represiva con la que una clase mantiene sometida a otra». Con este aparato de dominio, constituido de poderosos órganos, tales como el ejército, la policía, la magistratura, la burocracia, la clase dominante mantiene a raya a la clase sometida, pero dando al Estado una definición muy diferente y atribuyéndole otras funciones muy distintas.

* * *

En el Estado –a firman la burguesía y sus sostenedores – es expresada y puesta en ejecución la voluntad de la mayoría de los ciudadanos; el Estado, en interés de toda la sociedad, provee el mantenimiento del orden y la tutela de la ley. La clase dominante, encubriendo, o mejor dicho, enmascarando, su Estado con apariencias engañosas, se esfuerza por convertirlo en objeto de respeto sagrado y universal por parte de la población: toda la labor educativa de la infancia, la juventud y el pueblo tiende a inculcar en el espíritu de cada persona el respeto, la obediencia y la sumisión a la autoridad, al orden establecido, al Estado, proclamado como expresión y voluntad de toda la sociedad. Incluso cuando asume la forma más democrática, para las masas explotadas solo puede ser una fuerza situada fuera y por encima de ellas, por la cual cada uno es dominado sin ningún interés propio real, ninguna forma de participación o consenso que lo justifique.

El Estado es la condición y el instrumento de dominio de la clase que está en el poder, también cuando, revistiendo la apariencia más democrática llama «una vez cada tantos años a la clase sometida a decidir qué exponentes de la clase dominante deben en el parlamento representar a los sometidos y pisoteados»: la estructura del Estado, su funcionamiento crean naturalmente mil restricciones y obstáculos que impiden a los trabajadores la participación activa en la democracia, la cual, mentirosa y simuladora, a hurtadillas pone a un lado a los pobres y proclama la soberanía del pueblo.

La vanguardia proletaria, constituida por los obreros más conscientes, se da cuenta de la mentira contenida en la democracia, del hipócrita disfraz con que el Estado burgués trata de hacerse aceptable a las multitudes sometidas; y tiende a construirse una propia organización armada, con la cual derribar y sustituir al Estado burgués. Frente a la audacia de esta vanguardia consciente y combativa el Estado democrático tira la máscara y se muestra en toda su violencia represiva. Al esfuerzo realizado por los revolucionarios para concentrar todas las fuerzas de destrucción contra el poder del Estado, los partidos burgueses, también los más democráticos, contraponen la intensificación de las medidas represivas contra el proletariado revolucionario, el refuerzo de la maquinaria estatal. Y cuando los métodos y las formas “legales” de represión se muestran insuficientes la burguesía y sus sostenedores recurren a otros métodos y a otras formas; tales como el armamento de las bandas fascistas que aparentemente actúan por fuera del Estado, pero efectivamente no son disímiles en el origen, en las funciones y en los fines, ni se pueden disociar de todas las otras formas de represión consagradas por la ley burguesa. Los fascistas pueden armados y encolumnados asaltar y ocupar pueblos y ciudades, oficinas públicas y casas privadas en cuanto el Estado burgués les permite, cuando directamente no les proporciona medios, aquel armamento, aquellas invasiones y aquellas hazañas que sin embargo la ley burguesa en su enunciación aparentemente universal prohíbe; en cuanto el Estado les asegura la impunidad, pone, aunque a hurtadillas, sus hazañas entre los actos lícitos, consentidos por la autoridad estatal.

* * *

Cada acto realizado por los obreros que minan el Estado burgués es impedido y castigado; cada revuelta obrera fue siempre y es despiadadamente sometida; contra los proletarios que se armasen, que encuadrados intentasen recorrer las calles de una ciudad, de forzar las puertas de un edificio público y privado, el Estado haría y hace uso de su fuerza armada, del fusil y de la ametralladora; también en los días en que la clase obrera celebra sus pacíficas manifestaciones proletarias (Primero de Mayo, 7 de noviembre, etc.) los autos blindados corren por las calles de las ciudades obreras, en las cuales a los obreros les está prohibido reunirse.

Los fascistas, armados de revólver, de fusiles, de bombas, vistiendo un uniforme, hacen sus despliegues militares por las calles de las mismas ciudades; a millares, así armados y en formación de columnas, se transportan de una a otra localidad, ocupan los pueblos con los métodos usados por los ejércitos regulares en las guerras de conquista; y tienen libertad de acción.

El fascismo actúa en cuanto el Estado se lo consiente; es más bien una de las tantas formas represivas de las que el Estado se sirve; forma excepcional surgida en un momento en que el Estado estaba excepcionalmente amenazado por la ola revolucionaria proletaria que siguió a la guerra y que habría podido y pareció quebrar el aparato estatal burgués. En estos años de lucha más intensa y casi decisiva entre las dos clases adversas, el verdadero oficio, la verdadera naturaleza de la maquinaria estatal han aparecido con mayor evidencia, y consecuentemente más imperiosa se ha mostrado la necesidad para el proletariado revolucionario de romper esta maquinaria y de sustituirla con una propia y a su servicio. Romperla y sustituirla, no ya solamente conquistarla apoderándose del Estado cual es hoy, a través de un ministerio constituido de hombres suyos; porque la maquinaria estatal burguesa en su actual estructura no puede ser dominada por pocos hombres que se asuman su “gobierno”: el ejército, la burocracia, la policía, la magistratura burgueses no pueden servir sino a la burguesía de la que emanan, con la que se identifican; la pretensión de gobernarlos cuales son hoy es absurda y no puede producir sino la guerra civil y el caos.

* * *

La dura realidad, de hoy muestra también claramente con cuánta hipocresía se reprocha el empleo de la violencia al proletariado revolucionario. La atribución exclusiva de los métodos violentos a los revolucionarios, es uno de los argumentos de los sostenedores del orden y de la vida civilizada, intentan denigrar, y especialmente a las mujeres, a los revolucionarios los cuales son pintados con los tintes más sombríos y presentados como unos asesinos, unos incendiarios, unos saqueadores, unos sedientos de sangre y de matanza. Cuando como hoy la lucha está empeñada, la verdad emerge de los hechos mismos: entre dos clases que se baten en una guerra que debe decidir que en su vida es inevitable el empleo de la violencia; que en quien domina es fuerza represiva, organizada, violencia sistemática, permanente, legalizada; y cuando ocurre desemboca en sistemas y en formas excepcionales y brutalmente sanguinarias; en quien es dominado, es violencia reprimida, subversiva, heroica porque expuesta a todos los peligros, sujeta a todas las sanciones; en nuestro caso iluminada por la idealidad revolucionaria proletaria, que mira sí a conquistar violentamente el poder, pero no para sustituir a uno otro violento dominio: para llegar (como veremos mejor en otro artículo) mediante la temporal creación del Estado proletario a la dictadura del proletariado, a la abolición de las clases, al cese de la guerra de clase, y consecuentemente a la abolición de todo poder dominante y represivo, a la abolición del Estado.

Camilla Ravera



El Movimiento Femenino Comunista en Italia
Llamamiento a las mujeres

Existen “solo dos vías”, la burguesa y la comunista, esto se vuelve a afirmar en Compagna n.14, del 10 de septiembre, en la rúbrica “El movimiento femenino comunista en Italia”, a la voz “De la Toscana, Llamamiento a las mujeres”: «¡No imprecar y llamar a los fascistas gente cruel. No. Los fascistas tienen razón. Ellos defienden con todos los medios su vida [de los burgueses] contra vosotros, que todavía no habéis llegado al grado de saber defender la vuestra»!

* * *

A todas las mujeres trabajadoras nos dirigimos. Vosotras habréis ciertamente observado los últimos hechos ocurridos en la Romaña y en la Toscana. Habréis ciertamente observado cuántos hijos del pueblo y también alguna mujer ha sido herida y muerta. Vosotras pensáis ciertamente, y estáis en lo cierto, que también mañana, quizá pasado mañana también vuestro hijo, también vuestro marido, o vuestro hermano, o vuestro padre, o vosotras mismas podréis caer víctimas del revólver fascista. E imprecáis, y llamáis a los fascistas gente cruel y sin corazón.

No. Los fascistas tienen razón. Ellos defienden con todos los medios su vida contra vosotros que todavía no habéis llegado al grado de saber defender la vuestra. Ellos defienden sus palacios, sus automóviles, las joyas de sus mujeres, su dulce posibilidad de viajar, de frecuentar los teatros, las fiestas, de estudiar, de divertirse en todos los modos, contra vosotros que con vuestro trabajo debéis procurarles todas estas comodidades, sin protestar nunca por vuestra miseria.

Nosotros queremos convenceros de esta verdad; que vuestros hombres y vosotras mismas tendréis siempre el peligro de la muerte violenta sobre vuestra cabeza, hasta que no os pongáis resueltamente en una de las dos vías que solas pueden reconducirnos a una vida tranquila.

Una de estas vías os la indican los fascistas y los grandes señores, amos vuestros, que los empujan y los sostienen con la fuerza. Es la que os reconduce a la vida de treinta años atrás, cuando cada uno de nosotros hacía su propio deber, es decir trabajaba por dieciséis horas al día, con una paga mínima, no se ocupaba de política, y no se aventuraba nunca a rebelarse a su propio amo, que era casi un Dios, ante el cual se temblaba. Esta vía conduce verdaderamente a la paz. Vosotras no tendréis más las bastonadas y las revolveradas fascistas, pero moriréis junto a vuestros hombres de hambre y de miseria, conduciréis una vida más penosa aún de la que ahora conducís, veréis a vuestros hijos morir de privaciones y de todas las enfermedades que la miseria y la ignorancia, su hija primogénita, traen. En compensación, es verdad, pocos propietarios de talleres y de tierras tendrán una vida bella llena de toda comodidad y de toda cosa superflua. Y es verdaderamente una gran alegría saber que hay quien goza de todo lo posible por obra nuestra porque nosotros trabajamos hasta morir y no nos lamentamos nunca de no tener nada después de tanto fatigar.

La otra os la indicamos nosotros: es la vía de la rebelión resuelta, desesperada, a todo este cúmulo de atrocidades y de horrores, de la defensa, realizada con todos los medios, de vuestro derecho a la vida completa, de la voluntad indomable de dar la vuelta al actual estado de cosas y reconstruir la sociedad sobre una única base: la del trabajo, con una única ley: «aquel, hombre o mujer, que sin impedimentos físicos no trabaja en un trabajo socialmente útil no tiene derecho a nada, ni siquiera al pan».

En esta nueva sociedad vuestros hijos no morirán ni por mano de los fascistas ni por causa de la miseria y de sus privaciones.

En esta nueva sociedad vuestros hijos serán educados e instruidos como ahora lo están solo los hijos de quien tiene dinero para gastar. En esta nueva sociedad vosotras, mujeres, seréis libres de la esclavitud de la casa, trabajaréis en un trabajo que os será remunerado, ganaréis por vosotras vuestra vida, no dependeréis más económicamente de vuestros hombres, o maridos o hijos que sean.

La vía es fatigosa pero la meta está llena de luz.

Coraje hermanas. Venid con nosotros resueltamente con toda vuestra desesperación en el ánimo, con la voluntad firme de lograr, usando todos los medios, a costa de cualquier sacrificio, y la vía se volverá inmediatamente más breve, el número de los mártires que la cubrirán inmediatamente menor, la meta inmediatamente más fulgurante y más cercana.

Las mujeres comunistas de la Toscana



La camarada Faraggiana agredida por los fascistas

Las violencias de los fascistas no perdonan a las proletarias, y a las colaboradoras del periódico en particular. En el número 18, del 12 de noviembre, una escueta nota de 13 líneas refiere de la agresión a una de ellas.

* * *

El día 30 de octubre en la estación con sus niñas la camarada Faraggiana de Forlì esperaba el tren de las 16:30 para Bolonia. De repente los fascistas movilizados la rodearon y la obligaron a beber un vaso de aceite de ricino. No valieron los gritos de las niñas asustadas, nuestra camarada debió beberlo porque los energúmenos fueron sin piedad.

En las esquinas de la calle los carteles fascistas dicen: Somos generosos con los adversarios inermes.



El miedo

No se oculta la aspereza de la situación para la clase obrera. Esto, entre otras cosas, se escribe en el número 14 del 10 de septiembre. Lo que en realidad solo distingue al fascismo de los métodos del “políticamente correcto” democrático es la truculenta ostentación de su verdadera intrínseca naturaleza de dominio. Cuando la burguesía está obligada a mostrar los músculos significa que está en dificultades y siente el peligro.

* * *

No es raro el caso de que algunas ligas rojas pasen al fascismo. ¿Es la convicción la que las hace actuar? No: ¡es el miedo! El miedo al ejército extra legal que se ha envuelto en un uniforme coreográfico compuesto de todos los elementos aptos para esparcir el terror: camisa negra, flequillos sobre los ojos, calaveras, puñales, bastones y demás, del ejército extra-legal que se ha vuelto siempre más fuerte y feroz por el apoyo directo del Estado por un lado, y por el indirecto del miedo que infunde por el otro (...)

Es nuestro deber y nuestra alegría el congratularnos con aquella parte de proletariado consciente que durante estos dos años de tribulaciones, y en especial en la última huelga, ha dado ejemplos admirables de resistencia invicta y de heroísmo en tantas ciudades y pueblos de Italia (...)



No desarmar, no frenar, vigilar y prepararse

Todas las camaradas de la redacción sufrirán amenazas, arrestos, cárcel, y confinamiento en los años sucesivos. La regular cadencia de las publicaciones de aquí en adelante no podrá ser mantenida más. Continúan de hecho bajo el gobierno de Mussolini las vejaciones contra el periódico, tanto de los fascistas como de las instituciones burguesas.

En el número 18 del 12 de noviembre se avisa a los lectores que, a causa de la ocupación de la tipografía por parte de la fuerza pública, el periódico saldrá con un número reducido de páginas.

Sin embargo, a continuación del aviso, inmediatamente abajo se vuelve a imprimir, en “No hay diferencia”, «entre la tiranía militarista y la blandura democrática».

* * *

La Tipografía del “ORDINE NUOVO” donde se publicaba “COMPAGNA” ha sido ocupada por la fuerza pública. Nuestro periódico que ya estaba listo para ir a máquina no ha podido ser impreso.

“COMPAGNA” saldrá sin embargo igualmente, pero por ahora en formato muy reducido.

Esperamos con el próximo número retomar la normal publicación.


NO HAY DIFERENCIA

No hay diferencia para los obreros y los campesinos, para los trabajadores manuales e intelectuales, entre la tiranía militar y la adulación democrática, que ahora se viste con la camisa negra del escuadrón. Lo que se quiere suprimir es la lucha de clases, es la lucha de los trabajadores por la defensa de su vida, por la conquista de su libertad y de su justificación [¿afirmación?]. Suprimida la lucha de clases, aprisionada la clase en el cuadro del Estado nacional, no hay para los trabajadores otra cosa que la esclavitud. «¡Por la lucha de clases!» es el grito que el Partido Comunista lanza hoy a los trabajadores.

Puede ser, más bien es casi cierto que, superada la crisis actual, la reacción enfurecerá de modo más áspero contra todos aquellos que alrededor de esta bandera, que nosotros levantamos con orgullo, tengan el coraje de reunirse. Los comunistas, que están orgullosos de haber estado por dos años, bajo los golpes más ásperos de la tempestad, mantenidos íntegros y salvos, el Partido de la clase obrera, saben cuál es su puesto.


RESISTENCIA

(...) Los comunistas que, con ojo vigilante, frío y sereno miden la envergadura de los acontecimientos, remontan a sus causas, evalúan sus efectos, saben afrontar el momento grave con la máxima resistencia. Es la hora grave y terrible en la que hay que alcanzar de nuestra confianza la fuerza a la resistencia. En la hora del desaliento y del terror aquel que tiene la calma domina la situación. Los comunistas deben poseer esta calma para alcanzar de ella la fuerza a la lucha y a la resistencia.

Del garrote fascista saldrán nuevas corrientes revolucionarias. Las mujeres proletarias, que tan duramente sufren los contragolpes de la reacción, apretémonos alrededor de nuestras organizaciones, sepamos que cada conciencia clasista, cada sentimiento de rebelión aislado, no tiene valor, pues él adquiere fuerza solo en la unión y en la disciplina de las fuerzas proletarias.








VIDA DE PARTIDO
REUNION INTERNACIONAL DEL PARTIDO
27 y 28 de septiembre de 2025


La oligarquía internacional de los capitalistas, sedienta de sangre, amenaza y desafía a la clase obrera: ¡Proletarios de todos los países, uníos!

La clase obrera se encuentra hoy amenazada por los preparativos de guerra de los centros mundiales del capital, una nueva masacre deseada y planificada con el fin de conjurar la insurrección internacional de los proletarios, suscitada por la defensa de sus vidas ante los efectos de la precipitación de la crisis del presente régimen económico, inmolado ante la ganancia. No sabemos si la clase trabajadora, tras un siglo de contrarrevolución, tendrá tiempo para reconstruir sus órganos económicos y vincularse a su partido revolucionario marxista, y tener así la fuerza para impedir el estallido de la guerra mundial. Aun si no lo lograra, gritará su oposición al rearme, al militarismo y al nacionalismo, afirmando que para ella la guerra es de los burgueses y capitalistas, y que los asalariados solo son forzados a ella por el poder de los Estados. Bajo esta condición será posible, en el curso de la guerra, transformarla en fraternización proletaria internacional y en guerra civil revolucionaria por el comunismo. A tan grande y crucial resultado dedicamos nuestras hoy cuantitativamente minúsculas fuerzas de partido.

* * *

Por acuerdos previos y tras la convocatoria del Centro, celebramos la reunión general periódica, por teleconferencia, los días 27 y 28 de septiembre, con una amplia representación de todas nuestras secciones. Aseguramos a quienes no nos conocen que el partido no celebra reuniones de tipo congresual, donde individuos o grupos se dediquen a debatir interpretaciones opuestas de la doctrina o a revelar sus correcciones o actualizaciones. El partido comunista es un conductor eléctrico, necesariamente aislado del ambiente burgués para evitar dispersiones, pero en contacto con la viviente clase obrera, cuya función es transmitir el alto potencial de pasión comunista y de ciencia desde un gran pasado a disposición del futuro, espontáneo e inevitable, asalto revolucionario internacional, que liberará al mundo de la montaña de estiércol que la moribunda clase burguesa va horriblemente acumulando.

Primero escuchamos los informes sobre la vida de las secciones y los resultados de nuestras diversas actividades. Se presentó una actualización sobre las publicaciones impresas que se han ido sumando a nuestra biblioteca, y sobre el crecimiento y la cada vez mejor estructuración del sitio web. Los compañeros que se ocupan de ello informaron exhaustivamente sobre el trabajo de propaganda y proselitismo, en los diversos ámbitos y canales, y sobre sus resultados. Se presentó la situación financiera. Dimos el espacio necesario para informar sobre los estudios en curso, nuevos o de profundización, y sobre la actividad sindical que desarrollamos en los países donde estamos presentes. Luego pasamos a escuchar los informes sobre los diferentes temas de estudio.

De las exposiciones realizadas presentamos aquí un primer resumen:
     - Irán en el estudio del partido.
     - Actividad sindical en los Estados Unidos.


Irán en el estudio del partido

En los años 50, la economía y la política giraban en torno a la nacionalización de la Anglo Iranian Oil Company (AIOC), a través de la cual la burguesía naciente iraní, en una sociedad aún semifeudal y predominantemente agrícola, buscaba la autonomía del capitalismo inglés y estadounidense, con el apoyo o el beneplácito del otro imperialismo salido vencedor de la segunda carnicería mundial: la URSS.

Ya en aquellos años y en aquellas condiciones económicas atrasadas, aunque el desarrollo de un capitalismo autónomo podría haber representado un factor progresivo y de desarrollo también para la clase trabajadora, la burguesía local y sus partidos políticos estaban subordinados al apoyo y a las decisiones de una u otra potencia.

Por un lado, la monarquía temía una reacción británica y las consecuencias económicas de la nacionalización de la AIOC; por otro lado, gran parte de la sociedad iraní, pequeña burguesía terrateniente, industrial y comercial, esperaba recibir una parte de la renta del petróleo. Se difundió el nacionalismo también entre las clases pobres que identificaron al enemigo en el “extranjero”. Protestaron contra la monarquía en apoyo del partido nacionalista de Mohammad Mossadeq que, junto al clero chiita del ayatolá Kashani, eran favorables a la nacionalización y más cercanos a los intereses de la naciente burguesía local.

Mossadeq, con el apoyo del clero de Kashani y fuerte también del respaldo del Tudeh, el partido estalinista iraní, será elegido Primer ministro en 1951, año en que la nacionalización de la Compañía fue aprobada por el parlamento casi por unanimidad.

Los entusiasmos fueron pronto desmentidos: tanto porque el capitalismo iraní no disponía de capitales, medios de transporte y conocimientos técnicos adecuados, como por la dura reacción no solo del Reino Unido sino también de EEUU, que temían la expansión de la URSS en el Medio Oriente.

Se abrió la “crisis de Abadán (1951-1954)”, una acción de desgaste económico en la que los británicos detuvieron la producción de petróleo iraní, desplazada a países como Arabia, bajaron los precios, prohibieron la exportación de bienes de consumo esenciales (entre ellos azúcar y hierro) hacia Irán y congelaron las cuentas corrientes de Irán en los bancos británicos.

El ayatolá Kashani le dio la espalda a Mossadeq, con el pretexto de la renuencia del gobierno a transformar Irán en un Estado islámico. EEUU intervino al lado de Gran Bretaña, al precio de que la AIOC sería acompañada por las mayores compañías petroleras estadounidenses.

En 1953 un sangriento golpe de Estado, organizado por EEUU y sostenido por las fuerzas monárquicas y el clero, devolvió al Sah al país, marioneta de los intereses del capitalismo occidental.

A pesar de la caída de Mossadeq, Irán mantuvo sin embargo la nacionalización, y en 1954 la exportación se reanudó pero por parte del llamado “Consorcio para Irán” liderado por British Petroleum, Gulf Oil, Shell, Esso, Mobil, Texaco y Chevron. Enrico Mattei en los años siguientes intentará también con la AGIP participar en el banquete, pero fue excluido.

De hecho, ganó el imperialismo americano que obtendría el 40% del producto.

Algunos datos sobre la sociedad del período son proporcionados por un pequeño artículo extraído de Programma Comunista de 1958: «De los 300 mil presentes en las industrias, el obrero iraní que gana más (3 mil riales al mes, 24 mil liras italianas) gasta hasta el 75% en comida, el 20% en alojamiento, y el resto en ropa, higiene, instrucción y otros diversos... Una élite de propietarios, que ha sostenido el retorno al trono del Sah, representa el 0,1% de la población y posee el 56% de las tierras cultivables. El 2% de la población rural posee de 6 a 20 hectáreas de tierra, el 13,6% de 1 a 6 hectáreas, el 22% menos de una hectárea. Luego están los jornaleros agrícolas, los cuales constituyen el 60% de la población rural, masa de desheredados que ganan lo suficiente para alimentarse con una taza de té, una tortilla y un vaso de leche cuajada. Y, por último, pero no menos importante: 100 mil funcionarios y empleados, sobre unos 18 millones de almas, esparcidas en un territorio vasto como 5 Italias y media».

Un artículo nuestro de septiembre de 1953, escrito pocas semanas después del Golpe de Estado, describe la situación.

«Sobre una masa de población de poco más de 19 millones de personas, casi 15 millones se dedican a la agricultura, aún momificada en los moldes feudales. La gran extensión del territorio estepario hace que esté difundida la actividad pastoril, y gran parte de la población es aún nómada. Para encontrar en la historia de Europa una fase histórica del mismo nivel hay que retroceder milenios...»

«Todos los Países “semicoloniales” del mundo están hoy atormentados por los impulsos paralelos y contradictorios de un confuso movimiento de emancipación de la burguesía nacional y de la imposibilidad para esta última de seguir el paso con las solas fuerzas propias el nivel técnico y las exigencias económicas del aparato industrial heredado de la burguesía colonizadora o a ella violentamente arrancado...».

«Había sido la realización del sueño de la burguesía nacional de eliminar toda injerencia y participación extranjera en la dirección y en los beneficios del único, modernísimo y potentísimo complejo industrial de Irán, lo que soldó al viejo ministro las fuerzas dispares y contradictorias de la sociedad persa actual. Los terratenientes esperaban de las mayores entradas del Estado el abandono de los proyectos de reforma agraria; los sectores comerciales e industriales contaban con gozar los frutos indivisos de la industria petrolera y de aquellas de todos modos ligadas a ella; el proletariado desahogaba en la lucha contra “el extranjero”, la inquietud, el malestar y el instinto de revuelta de una clase atrozmente explotada...».

«El bloque alrededor de Mossadeq se deshizo apenas superada la fase inmediata de la nacionalización... Resurgían los antagonismos de interés entre terratenientes y comerciantes-industriales...»

«El éxito político no fue seguido por una mejora económica, no entendemos decir de las poblaciones pobres de Persia, pero tampoco de las clases privilegiadas y de la burocracia estatal...»

«Una revolución burguesa que no produzca dinero no tiene razón de existir. La revolución de Mossadeq se reveló un mal negocio desde el principio. Pronto o tarde, la coalición antibritánica, que al tiempo de la expulsión de los ingleses de Abadán, iba desde la Corte al Tudeh articulándose en el partido de Mossadeq, debía disolverse miserablemente, así como ocurre con las sociedades comerciales fracasadas...»

«Quien realmente ha sentido la derrota, en las carnes y en las ilusiones, ha sido el proletariado local e internacional que, bajo la influencia nefasta del estalinismo, verdaderamente ha creído, y aún cree que el dispositivo de fuerza mundial del imperialismo se pueda socavar en la periferia, con acciones que si bien insinúan los métodos revolucionarios de lucha, se desarrollan en la ausencia de una concomitante batalla contra los centros europeos y americanos del imperialismo...».

«Indudablemente, no estamos en el último acto del drama: Occidente, y en particular Inglaterra, pueden marcar un punto a su favor en el golpe de Estado del Sha, pero la crisis de Persia no está por ello resuelta, como no está resuelta sino que está en sus primeros comienzos, la crisis de todos los Países semicoloniales y coloniales. Bruscos retornos atrás, situaciones cada vez más caóticas, antagonismos y contra-reacciones permanecen siempre posibles dejando la puerta abierta a nuevas crisis, nuevos giros y nuevas soluciones de emergencia, dominados sin embargo por el mismo problema, por la misma desproporción entre las fuerzas de la burguesía nativa y las gigantescas inversiones de capital, el altísimo grado de especialización técnica y la capacidad de competir en el mercado mundial, que los grandes complejos industriales fundados en la explotación de las materias primas autóctonas presuponen.

«La burguesía nacional de estos Países no puede, a la larga, evitar arrojarse de nuevo en los brazos del capital extranjero: no ella, sino la clase trabajadora nativa, es la víctima de las convulsiones que la industrialización de los Países semicoloniales determina. Muy difícil es por tanto la tarea del partido marxista. Nosotros combatimos abiertamente las mentiras humanitarias de los colonizadores capitalistas, pero precisamente porque nos proponemos denunciar la opresión y la explotación de las poblaciones de color, no podemos simpatizar con las burguesías nacientes nativas que miran a heredar el rol del opresor blanco.

«Las luchas y las revueltas nacionales en las colonias nos interesan sobre todo porque, en condiciones de descalabro de los centros mundiales imperialistas y de reanudación revolucionaria, los movimientos nacional-populares en los países atrasados confluirán, aunque sea en vista de objetivos particulares, en la operación de estrangulamiento de las centrales imperialistas blancas conducida por el proletariado metropolitano...».

«Pero las masas oprimidas de Persia tienen por siempre una tarea revolucionaria que cumplir. El momento llegará».


La actividad sindical de la sección norteamericana

El grupo de trabajo sobre actividad sindical continúa celebrando reuniones mensuales cada tercer viernes del mes.

Nuestros camaradas de la sección norteamericana denuncian el empeoramiento de la situación, con la expansión sistemática del ejército industrial de parados a raíz de despidos masivos (que ya en julio fueron 800.000 en el año, el nivel más alto desde el inicio de la pandemia del COVID, con un aumento del 75% respecto al año pasado), con la intensificada extracción de plusvalía, con la disparada de los precios al consumidor, del 24,6% desde agosto de 2020, que ha dejado al 67% de los trabajadores sin ninguna reserva, con las medidas de austeridad y la ostentada violencia del Estado.

Arrollado por su violenta crisis, el capitalismo administra paliativos que ofrecen solo un aparente alivio mientras desvían la energía obrera de la lucha de clases, proporcionando un sostén a los más ilusorios programas reformistas de los partidos oportunistas.

En estas condiciones se han producido revueltas espontáneas contra las redadas de Inmigración.

El “Labor Day” (Día del Trabajo), festividad decretada por la burguesía cada primer lunes de septiembre para hacer creer a los trabajadores que son celebrados, fue hecho oficial a nivel federal después de la violenta revuelta de 1894 en Chicago a raíz de la huelga de la Compañía Pullman. Ya era utilizado en estados individuales para controlar el masivo descontento que había llevado a la huelga del Primero de Mayo de 1886. Hoy es una jornada dedicada a picnics y desfiles organizados en gran parte por la AFL-CIO y el Partido Demócrata, con los pocos trabajadores que efectivamente tienen el día libre. Los camaradas han intervenido igualmente en 7 manifestaciones en 4 ciudades y 2 Estados.

En Vancouver, en el Estado de Washington, y en Portland, en Oregón, intervenimos en la marcha “Workers over billionaires” (Los trabajadores antes que los multimillonarios), sostenida por la AFL local y los sindicatos. Entramos en contacto con trabajadores en huelga desde hace 17 días, dirigidos por los oportunistas. Allí distribuimos nuestro volante “Workers beware!” (¡Atención Trabajadores!), que alerta a los trabajadores del peligro de que los actuales dirigentes los alejen de la verdadera lucha de clases. Vendimos algunos periódicos del partido en inglés y en español.

En Kalama, en el Estado de Washington, además de los periódicos del partido distribuimos, en representación de la Coordinadora para Acciones Solidarias de Clase, volantes sobre la defensa de los trabajadores inmigrantes.

Intervinimos en el Labor Day con nuestro periódico también en Kittanning, en Pensilvania, en una concentración de trabajadores.

En Portland, fuera del centro de detención local de Inmigración, hay un prolongado plantón organizado principalmente por jóvenes proletarios, donde se han producido enfrentamientos con la policía y las fuerzas de la guardia nacional. Recientemente el gobierno federal ha pedido la movilización del ejército en varias ciudades con el pretexto de la criminalidad.

Después de la aprobación que recibieron varias resoluciones en defensa de los inmigrantes, propuestas por el Class Struggle Action Network (CSAN) dentro de su red de influencia, el Comité Sindical para la Defensa de los Inmigrantes (LCDI) del Pacífico Noroeste les extendió una invitación de colaboración. El LCDI está compuesto principalmente por trabajadores militantes sindicales. Hubo un consenso general sobre la necesidad de organizarse según criterios de clase y una saludable desconfianza hacia los partidos de la democracia burguesa y hacia la ilusión de que puedan defender los derechos en el capitalismo.

Durante una vigilia por Gaza pudimos pronunciar un discurso improvisado sobre el derrotismo revolucionario, sobre la necesidad de que la clase obrera israelí y palestina se unan en una lucha común; y mientras tanto concentrarse en el trabajo en los sindicatos para reconstituir órganos de clase, único ámbito para reconstituir el ejército del trabajo que pueda frenar la maquinaria de guerra del capital. Se subrayó la necesidad de un único partido comunista internacional y del derrocamiento revolucionario del régimen capitalista.

En los distritos escolares se reportan recortes presupuestarios de hasta el 50%. En el Estado de Washington es ilegal hacer huelga en el sector público. Pero la agitación entre los trabajadores es tal que ni siquiera los representantes sindicales oficiales excluyen hacer huelga. Los camaradas están preparando un volante a favor de la huelga.

Teniendo dos de nuestros camaradas en el sector de la educación, recientemente propusimos, en colaboración con el CSAN, un comité para la lucha de clases, fuera de los sindicatos, puesto que en el sector existe una multiplicidad de sindicatos o muchos trabajadores no están organizados. El comité está uniendo a todos los trabajadores y sindicatos que operan en el sector, incluyendo al personal auxiliar en las escuelas.

A pesar de ser ilegal, los auxiliares escolares hicieron huelga igualmente retrasando la apertura del año escolar. De hecho, en 38 escuelas los relativamente mejor pagados maestros se negaron a cruzar los piquetes. Estos últimos, a pesar de ganar 67.000 - 87.000 dólares al año, no logran seguir el ritmo del aumento del costo de vida. También los trabajadores del comedor, organizados por el sindicato de camioneros, participaron activamente en la huelga.

Nuestra sección del partido intervino distribuyendo un volante nuestro, además del apoyo a la huelga y por el comité, también el de la campaña de defensa de los trabajadores inmigrantes del CSAN.