Partido Comunista Internacional
El Partido Comunista N. 20 - enero 2021
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actualizado el 10 de enero de 2021

órgano del partido comunista internacional
Lo que distingue a nuestro partido: – la línea de Marx a Lenin a la fundación de la III Internacional y del Partido Comunista de Italia a Livorno 1921, a la lucha de la Izquierda Comunista Italiana contra la degeneración de Moscú, al rechazo de los Frentes Populares y de los bloques partisanos – la dura obra de restauración de la doctrina y del órgano revolucionario, en contacto con la clase obrera, fuera del politiqueo personal y electorero
Contenido:
America 2020: los gobiernos cambiaron, la burguesia continua en el poder
Ni las nacionalizaciones ni los impuestos patrimoniales son para la defensa de la clase trabajadora
Historia de Covid‑19 y epidemias anteriores. El Comunismo liberará a la ciencia, encadenada hoy al Capital
La catastrófica trayectoria del Capitalismo mundial
Vida de Partido:
Reunión en videoconferencia, 29 a 31 de mayo de 2020: La cuestión militar: En Rusia desde el 1º de mayo hasta el fallido golpe de Kornilov. Historia de la nación India - La guerra de Bengala. Luchas y organización de las clases en China (1919 22).
Reunión en videoconferencia, 25‑27 de septiembre 2020: La revolución húngara. Recapitulación del trabajo del Partido sobre la teoría de las crisis. Orígenes del PCCh: la situación en el Lejano Oriente entre 1921 y 1922. El informe de los compañeros venezolanos.

 

 

 

 

 


America 2020
Los gobiernos cambiaron, la burguesia continua en el poder

En el continente americano 2020 fue un año de recuperación política de la burguesía. Pese a que vimos en el último trimestre de 2019 cómo la agitación social copaba la escena política en Chile, Bolivia, Ecuador, Colombia y Perú principalmente, en el 2020 esa agitación política fue encausada hacia las salidas electorales.

En la región las masas fueron conducidas a las urnas electorales para elegir nuevos gobiernos o parlamentos o gobiernos locales y así se canalizaron las energías del descontento social. Ciertamente que la agitación social fue capitalizada por la pequeña burguesía y los partidos y movimientos oportunistas, con programas y exigencias reivindicativas que no contravienen la dominación burguesa ni la explotación del trabajo asalariado y que solo expresan la reacción ante algunas de las expresiones sociales de la crisis capitalista y la reacción de los sectores del empresariado local que se ve sometido por las grandes trasnacionales y por la recesión económica en general. La clase obrera estuvo presente en todos los escenarios de lucha desde el sur hasta el norte de américa, pero los partidos oportunistas lograron opacar y desviar sus reivindicaciones y ponerla a marchar tras las banderas de “más democracia”, “reforma constitucional”, “cambios de gobiernos y de parlamentos a través de elecciones”, “defensa de la patria y mejora de la economía nacional”, proyectando la ilusión de que ese es el camino para liberar a las masas asalariadas de los flagelos del desempleo y la caída del salario real.

Para los partidos y movimientos reformistas los resultados electorales en Argentina, Bolivia, donde el Movimiento al Socialismo (MAS) recuperó el gobierno, Chile, donde se aprobó en referéndum la activación de una reforma constitucional, Colombia y Brasil, donde los resultados electorales fueron desfavorables para el partido de gobierno, la resistencia del Chavismo en el gobierno en Venezuela ante las presiones del gobierno norteamericano, etc., indican que hay una recuperación de lo que ellos definen como movimientos de “izquierda” o “revolucionarios”. Realmente estos resultados electorales solo indican que la burguesía logró conducir a las masas hacia el redil electoral, incluso bajo la careta gatopardiana de los oportunistas que se autoproclaman de “izquierda” y “socialistas”, incluyendo a los gobiernos de Cuba y Nicaragua y, con un discurso más moderado, al gobierno de Mexico. En Estados Unidos la agitación social igualmente fue deformada como una confrontación entre racistas y anti‑racistas y la solución política también fue electoral y los demócratas lograron una victoria escuálida sobre los republicanos, que los coloca en el control del gobierno pero no del parlamento. Pero en EEUU, sin la cobertura mediática de las manifestaciones de la población negra, pudimos observar la participación de los trabajadores norteamericanos en diferentes escenarios de lucha, incluso cuando cínicamente el gobierno pretendió usar la pandemia como justificación para prohibir las concentraciones públicas. En junio se produjo la huelga y manifestación de los estibadores del Sindicato Internacional de Trabajadores Portuarios de Estibadores y del Sindicato de Trabajadores de Almacenes y la negativa del Sindicato de Trabajadores del Transporte a llevar a las cárceles, en los autobuses, a manifestantes detenidos. Las huelgas debidas al Covid en EEUU fueron la forma más eficaz de proteger a los trabajadores de la pandemia al obligar a las distintas estructuras gubernamentales a actuar. Los trabajadores de los almacenes de Amazon obtuvieron salarios más altos, protecciones proporcionadas por el patrón y mejores prácticas de higiene. Los trabajadores agrícolas de Yakima, Washington, la mayoría de ellos inmigrantes de América Latina, consiguieron un salario más alto y obligaron a sus jefes a reconocer su sindicato, “Trabajadores Unidos por la Justicia”. Los maestros de Chicago lograron evitar que se reanudaran las clases presenciales simplemente votando a favor de la huelga. Estas medidas de protección de la vida fueron impuestas por los propios trabajadores norteamericanos, contra una burguesía y un Estado capitalista que no se preocupa en nada por la vida de los trabajadores.

En todos estos resultados políticos, favorables a la burguesía, los sindicatos del régimen demostraron su condición de organizaciones patronales y traidoras, que han sido fundamentales para mantener la división, desorganización y desmovilización de los trabajadores y que han apoyado el camino electoral que anula la lucha de clases del proletariado.

En Perú, en cuestión de días salió del gobierno el Presidente Vizcarra, que fue reemplazado por Merino y que a las pocas horas tuvo que dar paso a Francisco Sagasti. La agitación de las masas en las calles fue el telón de fondo de estos cambios, que solo fueron reacomodos de los voceros de la burguesía en el gobierno y el parlamento. Los trabajadores ya venían moviéndose con protestas desde abril contra los despidos masivos, amparados en la llamada “suspensión perfecta”, que no era sino arrojar a los trabajadores al receso laboral sin pago, que fue una medida tomada por el gobierno de Vizcarra, además de otorgarle a los empresarios millones de soles para que “reactivaran la economía”. Pero toda la movilización de los trabajadores ha sido encausada por los sindicatos del régimen, junto a los llamados “movimientos sociales”, hacia consignas y reivindicaciones sin contenido de clase, que desvían las energías del proletariado hacia frentes de lucha que no afectan la dominación burguesa como son la lucha contra la corrupción y la exigencia de un referéndum para aprobar la reforma de la actual Constitución del Perú. De esta manera los sindicatos peruanos, junto a los diferentes partidos oportunistas y movimientos sociales y a toda la distorsionante plataforma mediática, cierran el paso al desarrollo de la lucha de clase del proletariado.

En Guatemala también el descontento de las masas fue encausado hacia el “rechazo a la corrupción” y la exigencia de cambio de gobierno. En Venezuela gobierno y oposición empujaron a las masas hacia la falsa salida del voto para elegir un nuevo parlamento y algunos grupos, principalmente de orientación trotskista, llamaron al “voto nulo” e incluso hasta a la abstención, pero no por argumentos revolucionarios, sino porque las autoridades electorales no les permitieron presentarse con sus candidatos para competir por puestos en el parlamento. Al final en Venezuela el chavismo retomó el control del parlamento, además de haber construido alianzas políticas con sectores de la oposición, mientras las pocas muestras de organización de base de los trabajadores, son silenciadas y reprimidas.

Pese a la fuerza política y mediática demostrada por los partidos oportunistas y la pequeña burguesía y al trabajo destructivo y traidor de los sindicatos actuales, los trabajadores han ido encontrando el camino de la lucha independiente por sus propias reivindicaciones: exigencia de aumento salarial, reclamo de condiciones y equipos para higiene y seguridad en el trabajo, rechazo a la represión y al encarcelamiento de los dirigentes obreros, libertad de organización sindical, de realización de asambleas y de elecciones internas. Es cierto que todas estas luchas han terminado bajo el control de los sindicatos actuales y su conciliación con los patronos y que los partidos parlamentarios han utilizado el descontento obrero para ponerlo al servicio de sus campañas electorales; pero el hecho relevante es que estas protestas y luchas cada vez se multiplican más, pese a que son señaladas por los diferentes gobiernos como acciones ilegales y hasta “terroristas” y “desestabilizadoras”.

El logro político de la burguesía en el 2020 fue sin embargo coyuntural y efímero; la crisis económica no ha tocado fondo y no va a ser fácil detener las tendencias al aumento del desempleo y a la caída del salario real. A esto se suma la aplicación cada vez más sistemática de la represión a las protestas y conflictos laborales, amparadas en decretos en los que se declaran situaciones de excepción, justificadas por el “control” a la pandemia del Covid 19 o por la defensa de la economía nacional.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), de la ONU, estima que la economía de Latinoamérica cerró el año 2020 con una contracción de 7,7%, la mayor caída en 120 años. Y aunque los economistas burgueses y los demagogos pronostican una leve recuperación en el 2021, por una flexibilización de los controles contra el COVID 19, son muchas las barreras que tendrán que confrontar los gobiernos burgueses, con Bancos Centrales debilitados y devaluación monetaria. Materias primas como el Cobre, la Plata y la Soja han mostrado un incremento de precios a finales del 2020, pero con la excepción de China la mayoría de las grandes economías están reduciendo sus consumos y este incremento de precios es en parte un reflejo de la debilitación del dólar; además, en el caso de la Soja la sequía ha reducido la producción y esto podría prolongarse en el 2021. El comportamiento de los precios del petróleo, ganado en pié, café, arroz es, por el contrario, a la baja. Todo esto solo confirma el complejo panorama que tienen que afrontar los gobiernos burgueses en la región y cómo el peso de las medidas anti‑crisis será depositado sobre los trabajadores, afectando también al campesinado y a sectores de la pequeña burguesía.

Todo aumento nominal del salario por debajo de la tasa de inflación acumulada es en la práctica una rebaja salarial, una caída del salario real, un empujón hacia el hambre y la miseria de los trabajadores y trabajadoras. Y eso es lo que está haciendo la burguesía y sus gobiernos, desde el sur en Argentina, con un supuesto gobierno de izquierda, pasando por Venezuela, donde el gobierno se auto‑proclama socialista y lleva el salario mínimo a un valor cercano a cero, hasta Canadá y EEUU. Y la baja del salario real va de la mano con la rebaja de las pensiones y jubilaciones y de la cobertura de su salud. De esta manera las masas asalariadas han quedado a la intemperie, pero no ante los desajustes del clima, sino ante el impacto de la crisis capitalista y los desafueros y la violencia de los diferentes gobiernos que administran los intereses de la burguesía.

Después de años de confusión y desorientación política, cada vez más comienza a observarse movimientos de trabajadores que concentran sus exigencias en el reclamo de aumento salarial, de mejores condiciones de higiene y seguridad en el trabajo y de rechazo a la represión contra las luchas obreras y sus dirigentes; y aunque todavía no se trata de expresiones dominantes en los movimientos de lucha de los trabajadores, la misma marcha de la crisis económica contribuirá con la agudización de la contradicción capital – trabajo y la multiplicación de las luchas de los asalariados. Evidentemente que aun con la agudización de la crisis económica y de la multiplicación de los conflictos reivindicativos, no será suficiente para configurar una situación revolucionaria: hará falta la dirección política que representa el partido comunista internacional. La recuperación de las luchas de la clase obrera y su liberación del sometimiento político de los partidos oportunistas, de la pequeña burguesía y de los sindicatos actuales, será el principal signo de avance inmediato hacia una situación revolucionaria. El conflicto entre el proletariado y la burguesía es una lucha a vida o muerte, una guerra incesante, y para que el proletariado sobreviva debe moverse unido como clase. Los buenos deseos de la burguesía y sus dramas electorales no la salvarán. El gran salto hacia adelante que debe asumir en lo inmediato el movimiento obrero es el de desechar las ilusiones democrático-burguesas, abandonar la idea de que se podrá superar los flagelos y sufrimientos generados por el capitalismo, a través del voto, de los cambios de gobierno o de parlamentarios. El movimiento obrero deberá romper con estas ilusiones y concentrarse en desarrollar luchas independientes y unitarias por sus verdaderas reivindicaciones, apartadas del electoralismo. Y en este contexto el partido comunista internacional está consciente del reto de ampliar la propaganda revolucionaria y de sumar a todos quienes asumen la voluntad de adherir al programa transformador del proletariado y el compromiso de militar en nuestro partido, para encausar la lucha de clases hacia la revolución mundial, la dictadura del proletariado y el comunismo.

 

 

 

 

 


Ni las nacionalizaciones ni los impuestos patrimoiales son para la defensa de la clase trabajadora

La sana visión de la lucha sindical choca con diversos obstáculos que impiden su afirmación. Entre ellos se encuentra la deletérea proposición de reivindicaciones que poco o nada tienen que ver con el transcurso hacia el sindicato de clase, por lo que sí pueden constituir una peligrosa dispersión de fuerzas.

Estos incluyen la nacionalización de empresas en crisis, consigna agitada por el oportunismo tanto estalinista como trotskista, y este último pretende distinguirse, empeorándolo, al agregar la coletilla “bajo el control de los trabajadores”. Otra reivindicación espuria es la exigencia del impuesto patrimonial sobre las grandes riquezas que, según los promotores – entre los que hay que añadir la “Asamblea Nacional de Trabajadores de Combativos” de Bolonia el 27 de septiembre “para relanzar la unidad de clase” – sería una forma de “hacer que los patrones paguen la crisis”.

La nacionalización contiene el peligro de encerrar trabajadores en el horizonte de la empresa y en el nacionalismo.

Por otra parte, con respecto al programa del comunismo, ciertamente está mal cuando se agita con estas consignas antes de la conquista del poder político por la clase obrera y no después, una de las medidas económicas y políticas de transición hacia el socialismo. Dentro del capitalismo, estas medidas no hacen más que ayudarlo a ser más consistente, efectivo e infame. Un capitalismo nacionalizado, bajo la dictadura burguesa, es más perfectamente capitalista, no un poco menos.

La afirmación, repetida varias veces por los dirigentes nacionales trotkistas – por ejemplo en Génova el 17 de febrero 2020, durante la concentración antimilitarista promovida por los estibadores de la CALP y el sábado 30 de octubre 2020 en la asamblea de trabajadores del Whirlpool en Nápoles – según los cuales la reivindicación de las nacionalizaciones entraría en la tradición del movimiento obrero internacional, considerando que se remonta solo a la contrarrevolución estalinista.

Esta medida, además, contó con la aprobación de la doctrina económica imperante y una amplia aplicación práctica en los años posteriores a la gran crisis entre las dos guerras por parte de todo tipo de regímenes burgueses: democráticos, estalinistas, fascistas, nazis, luego maoístas, etc. etc.

Incluso en la demanda del llamado impuesto patrimonial vemos aspectos engañosos para el movimiento obrero. Pedir que el que cobre impuestos a los capitalistas sea el Estado de clase de la burguesía nos parece una paradoja detrás de la cual no se puede esconder más que una trampa. De hecho, la gran burguesía, cuando se ve obligada, históricamente ya ha demostrado que accede a un pequeño derramamiento de sangre para mantener su régimen económico y su poder político.

Según los proponentes, este impuesto patrimonial, según consta en un panfleto distribuido a la movilización nacional por el frente único de clases el 24 de octubre pasado, haría posible “reactivar la salud, la educación pública, el transporte y los servicios sociales”. La utopía de tal reivindicación es clara. Los recursos así recaudados no serían más que una transferencia de dinero dentro de la propia clase dominante: la plusvalía arrancada a los proletarios pasaría de las manos de los capitalistas individuales al Estado burgués, que no es otro que el capitalista colectivo. No hay garantía de que tal impulso a las finanzas públicas se destine a fines sociales y no al beneficio exclusivo del capitalismo.

La única forma en que parte del gasto Estatal pueda beneficiar a los intereses proletarios es que se organicen y luchen por la satisfacción de sus necesidades – más salarios, menos horas de trabajo, gratuidad de beneficios sociales – y no mediante ilusorias políticas de la máquinas estatal de la clase dominante. La burguesía, en grave crisis histórica, podría verse inducida a aceptar voluntariamente la adopción de una similar “suma global”, descargada principalmente sobre la pequeña burguesía y las aristocracias obreras. Daría un ejemplo de “solidaridad cívica” y “patriotismo” ante la clase obrera, antes de proceder pronto a reducir los salarios y aumentar la explotación en obras de construcción, en las fábricas, en el campo, en nombre de la unidad nacional y por el “bien del país”.

Además, en los últimos tiempos en muchos Estados europeos la cuestión de un impuesto patrimonial sobre la riqueza no es en absoluto ajena a los círculos burgueses. En Francia se habla con insistencia en los medios de comunicación, mientras que en España acaba de aprobarse una ley patrimonial por parte del gobierno del “socialista” Pedro Sánchez el 24 de octubre.

Leímos en el diario El País al día siguiente: “Las recaudaciones estimadas son de 14 millones de euros para el 2021 y 346 millones para el 2020”. En esencia, los impuestos adicionales y los patrimoniales generarán ingresos insignificantes en comparación con los 222 mil millones de ingresos fiscales totales del Estado español. En 2022, cuando el capital social alcance el pico del gravamen sobre las grandes fortunas, cubrirá menos del 0,2% de los ingresos fiscales totales. Podemos dar por sentado que después de esta maniobra superficial llegará el momento de hostigar más y con mayor ferocidad a la masa de los salarios proletarios.

Por estas razones, el movimiento obrero no tiene que enseñar al Estado en manos de la burguesía enemiga lo que debe hacer, sino que es necesario concentrarse en las reivindicaciones económicas que, unificando a todo el proletariado, se proponen mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.

En América Latina han sido particularmente destacados los movimientos trotkistas, con influencia sindical, en países como Argentina y Brasil, moviendo a los trabajadores tras las banderas de la nacionalización de empresas y el mal llamado “control obrero”, pero en general, se trata de consignas impulsadas por el oportunismo en toda la región. En Venezuela incluso el mismo gobierno, administrador de los intereses de la burguesía, se puso a la cabeza de nacionalizaciones y de entrega de empresas “bajo el control de los trabajadores”, con un discurso falsamente revolucionario que escondía una acción del Estado burgués para salvar a empresas quebradas y compensar con auxilios financieros a los burgueses dueños de esas empresas. Todas las nacionalizaciones y el llamado “control obrero” en Venezuela, facilitaron los negocios de la burguesía, la acumulación de capitales y el sometimiento de los trabajadores a la sobre-explotación.

Hoy en Venezuela, cuando el Capitalismo de Estado Burgués necesita quitarse el peso muerto de empresas improductivas que son apetecidas por el capital privado, se ha implantado una llamada “Ley Anti‑Bloqueo” que le permitirá pasar a manos de privados muchas empresas y actividades paralizadas, inyectando capitales con los que no cuenta debido a la caída brutal de los ingresos petroleros estatales. Y de nuevo diferentes movimientos oportunistas en Venezuela han llamado a los trabajadores a enfrentar esta Ley y a oponerse a las privatizaciones que se ampararán en este instrumento legal bajo la figura de “alianzas”, “convenios”, “contratos”, etc. Salen a la palestra los llamados a la defensa de la soberanía nacional, la defensa de la economía nacional, la defensa de la patria y también la crítica a la “degeneración” de la falsa revolución que han proclamado por años los oportunistas que controlan el gobierno en Venezuela. Por ejemplo hemos visto como los trabajadores de la cadena estatal de tiendas de insumos agropecuarios AGROPATRIA, ahora tienen como nuevo patrón a una empresa privada.

El desarrollo de un sano y combativo movimiento sindical y de organizaciones de base de los trabajadores, pasa por la ruptura con este tipo de posiciones oportunistas de la falsa izquierda. Y por tanto es importante:
     Enfocarse en la lucha por aumento salarial, por reducción de la jornada de trabajo, mejora de las condiciones y medio ambiente de trabajo, contra los despidos, contra la represión a las luchas obreras, impulsando pliegos unitarios de reivindicaciones que unan a toda la clase local, regional, nacional e internacionalmente.
     Retomar la huelga indefinida, sin servicios mínimos, sin dejarla circunscrita a una sola empresa.
     Retomar la práctica de las asambleas para debatir cada situación y acordar acciones de lucha, agitación y propaganda para sumar a la mayor cantidad de trabajadores activos, jubilados, pensionados o desempleados, sin distingo de afiliación sindical, raza o nacionalidad.
     Asumir la lucha contra los patronos sin establecer diferencias de fondo entre patronos estatales y patronos del sector privado nacional o trasnacional, entendiendo que todos representan los intereses del capital y su sed de ganancias derivadas de la explotación del trabajo asalariado.
     Apartarse de las campañas electorales y los “busca votos”, entendiendo que toda mejora contingente de los trabajadores, será el resultado de la lucha de calle, de la organización independiente de base, apartada del electoralismo y el parlamentarismo.

Recorriendo todo el camino de la lucha y de su poderosa organización, la clase obrera, dirigida por su partido, tomará todo el poder para sí misma y luego procederá real y rápidamente con la histórica y programática “expropiación de los expropiadores”.

 

 

 

 

 


Historia de Covid‑19 y epidemias anteriores
El comunismo liberará a la ciencia, encadenada hoy al capital

Es instructivo pasar revista a las epidemias pasadas de los siglos XX y XXI. Algunas especies de animales salvajes son vectores de agentes patógenos que pueden transmitirse a otros animales, al ganado en las granjas y luego a los humanos. Los animales domésticos y de granja comparten la mayor cantidad de virus con los humanos y, como los cerdos, son ocho veces más portadores que los mamíferos salvajes. La actividad de los hombres entra así en contacto con virus que su sistema inmunológico desconoce. Los virus Ébola, Sida y Covid‑19 prosperaron en animales antes de infectar a los humanos.

La influenza es una enfermedad viral transmitida a los humanos por los animales, infecta principalmente a aves y pollos de corral, y el paso a los humanos a menudo ocurre a través de los cerdos. Es causada por un virus de ARN que se caracteriza por una capacidad significativa para mutar e integrar el material genético de diferentes virus. Algunos de los virus de la influenza humana se derivan de virus mutantes, cuyos genes son la recombinación en cerdos y pollos, de virus animales o de influenzas anteriores. Circulan por un período de tiempo que va de un año a una década y desaparecen, pueden reaparecer en invierno en países templados y durante todo el año en países tropicales y subtropicales. La influenza, de los tipos A (la más virulenta y con riesgo de pandemia), B, C, D, suele causar entre 290.000 y 650.000 muertes al año en todo el mundo, en su mayoría niños y ancianos que padecen enfermedades crónicas. En Francia, según el Instituto Pasteur, cada año se registran entre 10.000 y 15.000 muertes por la influenza estacional, con 2‑8 millones de contagiados y una mortalidad del 0,1%.

Los coronavirus, mutantes muy comunes, identificados en 1965, pertenecen a una gran familia de virus con un ARN que codifica de 7 a 10 proteínas. Con las púas de sus coronas, se adhieren a las células a través de un receptor específico para penetrar y multiplicarse. Están muy extendidos en aves y mamíferos y algunos pueden transmitirse a los humanos, siendo la tercera causa más común de infección del tracto respiratorio superior. Algunos son muy comunes, otros muy virulentos porque, como todos los virus de ARN, tienen una variabilidad genética considerable con las recombinaciones. Las variantes más patógenas atacan las células pulmonares provocando asfixia y comprometiendo las células de las paredes de los vasos.

La demencial densidad humana en la monstruosa y malsana metrópolis del capital, la cría intensiva de animales, la histeria del convulsivo, inútil e irracional movimiento de mercancías y seres humanos impuesto por la híper-globalización del sistema de producción capitalista son el cóctel explosivo para la difusión de estas enfermedades. Las principales epidemias no siempre se originaron en China, como dicen algunos por interés. Salvo que la China del siglo XXI está produciendo virus hoy en el contexto de la explosión de sus actividades industriales y de un desarrollo urbano inconmensurable, con condiciones de trabajo y vivienda insalubres, exactamente como en los otros grandes capitalismos de los siglos XVII‑XIX.

Las epidemias ocurrieron en la Inglaterra del siglo XVIII, donde el capitalismo fue el primero en desarrollar y plantar monocultivos forrajeros para la cría de ganado, que se infectó con ganado importado de Europa.

La epidemia de peste bovina en África en 1890 se originó en Europa, que entonces estaba experimentando un gran crecimiento en la agricultura; la llevaron al África oriental los italianos, luego se extendió a Sudáfrica (también exterminó las manadas del “supremacista blanco” Cecil Rhodes). Al matar entre el 80% y el 90% del ganado, provocó una hambruna sin precedentes en las sociedades predominantemente pastoriles del África subsahariana, también creó un hábitat para la mosca tsetsé, lo que limitó la repoblación de la región.

La enfermedad de Lyme, causada por una bacteria transmitida por garrapatas, antes de llegar a Europa se había extendido en América del Norte, donde diezmó a los animales antes de pasar a los humanos.

La influenza de 1917‑19 se denominó gripe española porque sólo España, no involucrada en el conflicto mundial, hizo pública la noticia, mientras que otros gobiernos impusieron la desinformación y el secreto militar: se prohibió hablar de ello y se tomaron medidas de protección. ¡Por la seguridad del capital mundial, no habían muerto suficientes proletarios en los frentes de guerra!

Había dejado Kansas en 1917, donde se concentraban la cría intensiva de cerdos y aves de corral. Su extensión a un tercio de la población mundial fue acelerada por la guerra y el movimiento de tropas. Mató al menos a 40 millones de hombres, muchos en India y China, en su mayoría adultos jóvenes. Finalmente desapareció, de forma inexplicable. La alta tasa de mortalidad se debió también a la desnutrición, las malas condiciones de vida de los soldados y la población, con infecciones bacterianas secundarias, y afectó principalmente a la población más pobre. Hoy sabemos que la mayoría de las muertes no fueron por el virus sino por una neumonía bacteriana, ahora combatida con antibióticos y una vacuna. Ese virus fue identificado en 1931 en cerdos: el virus A H1N1, que circulará en humanos hasta 1957‑58.

La pandemia de la gripe “asiática” de 1956‑58, causada por la recombinación en el virus A H2N2, de varios otros, incluido el H1N1, en patos salvajes en el suroeste de China, fue responsable de la muerte de más de dos millones de seres humanos en todo el mundo, de los cuales 15.000 en Francia.

El virus circuló durante once años para llegar finalmente a la tercera pandemia de influenza del siglo XX: la de “Hong Kong”, desde el verano de 1968 hasta la primavera de 1970. El virus A H2N2, que entre tanto había causado epidemias de influenza estacional, fue reemplazado por el virus A H3N2. Salió del centro de China en febrero de 1968 y se diseminó a través del transporte aéreo que se había vuelto más accesible en ese momento, causando un millón de muertes, de las cuales 50.000 en Estados Unidos (otoño de 1969) y 40.000 (invierno de 1969‑70) en Francia. Incluso entonces, los hospitales fueron sobrepasados. Sin embargo, la prensa internacional se mantuvo mesurada y tranquilizadora, el término “pandemia” ni siquiera salió, y pasó casi desapercibido para la población.

Se inició entonces la práctica de la vacunación masiva y se fortalecieron las redes internacionales de alerta e investigación.

Fue con las crisis económicas de los años 75‑82 y con el lanzamiento de planes de austeridad a nivel global, que obligaron a una reducción del gasto sanitario en muchos países, que se pasó de la falta de información a la hiperinformación sobre riesgos infecciosos. A partir de los años ochenta, luego de la gran crisis económica, que convenció a las burguesías mundiales a las políticas de austeridad del pseudoliberalismo económico, se inició también la difusión de información sobre epidemias, como el sida y el escándalo de la sangre contaminada. La discreción de los medios se convirtió en su contrario, denunciando a los dirigentes infieles, expertos de todo tipo se han sucedido desde entonces en las pantallas, muchas veces peleándose entre ellos, se dan continuas lecciones de higiene ... El catastrofismo se convierte en una especie de espectáculo con el que se domestica a la población.

La enfermedad “de las vacas locas” a fines de la década de 1980‑1990, que comenzó en Gran Bretaña, fue causada por rumiantes alimentados con harina de animales enfermos. La presencia de una proteína anormal, el prión, por simple contacto con los tejidos cerebrales provoca una degeneración neurológica irreversible. La transmisión a los humanos fue muy baja pero el “escándalo” sacó a la luz los oscuros caminos de las cadenas de producción de carne.

El SARS, o síndrome respiratorio agudo severo, se produjo en 2002‑2003 con un nuevo virus, el coronavirus. Apareció en China en 1997, se originó en los murciélagos y luego pasó a la civeta y luego a los humanos. La epidemia afectó a 30 países pero mató solo a 800 humanos, y ninguno en Europa. Luego desapareció inexplicablemente en agosto de 2003.

La influenza aviar H5N1, una variante del virus A, infectó a patos salvajes y animales domésticos, pollos y cerdos en 2004, pero es difícil de transmitir a los humanos. En 1983, esa epizoosis se desató en Pensilvania, lo que obligó al sacrificio de 17 millones de pollos. Y en 2004 se extendió desde el sudeste asiático al resto del mundo. La OMS pensó que era posible que pudiera causar una pandemia humana con hasta 100 millones de muertes. Esto no sucedió.

La pandemia de la influenza con el virus A H1N1 pdm09 de 2009 se conoce como gripe porcina. Este virus apareció por primera vez en México en una granja, una variante del H1N1 que reunía segmentos virales de cuatro virus de diferentes orígenes: cerdo norteamericano, cerdo aislado en Europa y en Asia, aviar e influenza humana. Las publicaciones oficiales predijeron la posibilidad de una mortalidad extrema. Los gobiernos ordenaron la vacunación generalizada de la población. La gripe, que comenzó en verano, terminó repentinamente en diciembre con la llegada de la gripe estacional.

Observamos aquí que la gripe estacional de principios de 2020 con los virus H3N2 y B habituales no circuló en presencia de Covid‑19.

En 2014‑2016, la epidemia del virus del Ébola con fiebre hemorrágica, transmitido por murciélagos, infectó primero a chimpancés y luego a humanos. Los primeros casos aparecieron en 1976 en Congo, pero la epidemia se produjo en 2014‑2016 en Congo y en África Occidental en 2018. La tasa de mortalidad fue alarmante: 50% según la OMS. En 2015, hubo 20.000 infectados y 9.000 muertes.

En 2010, soldados nepaleses de las Naciones Unidas llevaron la epidemia de cólera a Haití. A finales de 2012, el coronavirus Mers, el síndrome respiratorio del Medio Oriente, proveniente de Arabia Saudita, una zoonosis originada en murciélagos y luego transmitida a los camellos, permanecía misteriosamente localizada.

En 2013, el nuevo virus H7N9 infectó aves y pollos en granjas intensivas, mató solo a 250 humanos y permaneció localizado en China.

Finalmente, el Covid 19 aún está en curso. Como en el caso de la gripe española, el virus pudo propagarse rápidamente debido al aumento de la circulación de los humanos. Apareció en Wuhan, China continental, en diciembre de 2019. El origen estaría en las grandes colonias de murciélagos de la región, luego pasó al pangolín, una carne apreciada en China. Wuhan es una región cálida y húmeda, altamente urbanizada e industrializada. La agroindustria con su ganadería intensiva presiona contra los atestados barrios periurbanos: concentraciones de animales que favorecen mutaciones y propagación de virus. Por tanto, es posible que las variantes virales hayan pasado a la especie humana. La mortalidad fue muy alta al principio porque los casos examinados ya eran muy graves, luego pasó del 5,6% al 0,5%. La enfermedad se ha extendido al resto de Asia y al mundo a través del movimiento de los humanos. En el 80% de los casos los síntomas son moderados y la mortalidad afecta principalmente a personas muy mayores, con patologías o en estado de pobreza. El organismo responde a la enfermedad, que puede pasar desapercibida sobre todo en los jóvenes, con una reacción inmunitaria; en algunos casos esta respuesta es desproporcionada y está dirigida contra las células de la mucosa respiratoria que transfieren oxígeno a la sangre. El Covid‑19 también daña las paredes vasculares. En este punto, la enfermedad ya no es viral sino autoinmune. Pero muchos elementos siguen siendo incomprensibles. ¿Por qué las epidemias a veces permanecen localizadas?, ¿por qué cesan?, estas son preguntas que la ciencia aún no ha respondido.

Caminando de cabeza

La carrera por la ganancia impulsa al mundo dominado por el modo de producción capitalista y su irracionalidad, sumergiendo a la misma inteligencia y el instinto de supervivencia de la especie. Esto genera la difusión – ampliada por la propaganda burguesa – de una desconfianza generalizada hacia la ciencia y de apertura a lo irracional y esotérico de la “nueva era”. Nos postramos ante una “anti-ciencia”, una oposición a los métodos de estudio e investigación, la ignorancia perezosa y el individualismo de la pequeña burguesía, que hace alarde de su pesimismo, una sensación de impotencia, inutilidad y muerte, casi resignada a su ruina inminente y ausencia de futuro. Un “hombre” siempre “pecador” del que la “naturaleza” estaría a punto de deshacerse rápidamente.

Incluso a la guerra en Irak se intentó dar un fin “ecológico”, la destrucción de “armas químicas”.

Detrás de estos sentimientos, el régimen del capital esconde su incapacidad para prever y preparar planes de respuesta para emergencias totalmente predecibles. ¡Serían gastos innecesarios!

En el plano social, mientras tanto, los Estados aprovechan para prohibir las reuniones sindicales y las huelgas, pero nunca el trabajo en los espacios confinados de fábricas, obras de construcción, almacenes.

En detrimento de la enfermedad hay que sumar la obediencia de los dirigentes, incluidos los gestores sanitarios, no a la salud de los hombres sino a la del capital, sediento de ganancias y ahora tomado por la garganta por la crisis económica, cuyo abismo se ha profundizado enormemente por el colapso del consumo, a pesar de que las fábricas están excluidas de poder detenerlas. Los obreros deben arriesgar su vida, como soldados en el frente, en la despiadada guerra económica y comercial entre las diversas burguesías del mundo.

¡Porque el gran miedo de la burguesía no es al Covid sino a la revuelta que puede montar en todo el mundo!

Sólo el proletariado mundial, armado con sus organizaciones económicas y su partido de clase, es capaz de preparar su dictadura, que hará posible la destrucción del modo de producción capitalista, siempre mortal y criminal, y dará vida a la sociedad comunista – cuyas bases están presentes desde hace más de un siglo – con su fuerza vital y su Ciencia finalmente libre, puesta al servicio de toda la humanidad.

 

 

 

 

 


La catastrófica trayectoria del capitalismo mundial
Informe presentado en las reuniones generales de mayo y septiembre 2020

El curso del capitalismo es caótico y catastrófico; regularmente, en ciclos de 7 a 10 años, después de un período de expansión eufórica, llega una crisis comercial y financiera, que puede durar de uno a varios años. Y de ciclo en ciclo se agravan las contradicciones internas del modo de producción capitalista, conduciendo a una crisis sistémica, como la de 1848 y la de 1929. Estas crisis abren la posibilidad de la transición a la sociedad comunista que solo el proletariado puede realizar. Todas estas crisis tienen el mismo origen: el antagonismo entre el carácter social de las fuerzas productivas y las relaciones burguesas de producción – capital y trabajo asalariado – que se han vuelto demasiado estrechas para estas mismas fuerzas productivas.

Desde 1973 se han producido cinco grandes crisis de sobreproducción, la última, la de 2008‑2009, que aún no se ha superado. Esta crisis, la primera de la posguerra con deflación, sin la enérgica intervención de los bancos centrales y los Estados, habría desembocado en una crisis sistémica, con una contracción de la producción industrial, en dos o tres años, en más del 50%, acompañada de una caída en los precios, un colapso en el precio de los bienes raíces y valores – acciones, bonos y deudas de todo tipo – una explosión de incumplimientos, una interrupción completa del crédito, con la demanda de pagos en efectivo, y un aumento en el precio de dinero: en una palabra, una clásica crisis de sobreproducción con deflación.

Los bancos centrales, la FED, el BCE, etc., tanto al comprar bonos del tesoro y obligaciones corporativas por cientos de miles de millones, como al prestar sumas igualmente grandes a los bancos, han salvado al sistema financiero al restaurar la circulación de los capitales y del crédito: ningún banco quería prestar más dinero, paralizando así el mercado interbancario. Esto permitió que subiera el precio de los títulos valores y salvó de la quiebra a muchas empresas financieras e industriales. Esta acción se complementó con la intervención de los Estados, que no dudaron en endeudarse para salvar – en interés de la burguesía – al capital industrial y financiero, como hizo en su momento el Estado francés durante la gran crisis europea de 1848. En estas condiciones, ya no es el momento de hablar de liberalismo y de limitar la intervención estatal; por el contrario, se trata de intervenir lo más enérgicamente posible y garantizar las deudas. Esto significa que la gran burguesía pide al Estado que salve su modo de producción pasando factura al proletariado y a la pequeña burguesía, ¡como hizo el gobierno republicano de izquierda de 1848! Nada nuevo bajo el sol del capitalismo, ¡siempre la aplicación de viejas recetas! En este sentido, volver a leer “La Lucha de clases en Francia: 1848‑1850” de Marx es muy instructivo.

Con dificultad, la producción finalmente se reinició, con un inicio bastante vigoroso en 2010‑2011, sin embargo poder llenar el vacío producido por la caída precedente, sin mencionar los innumerables fracasos industriales que siguieron. Con esta recuperación, los precios de los títulos, acciones, bonos de deuda, vivienda, etc. empezaron a subir de nuevo.

Este episodio fue seguido en Europa por una recesión en 2012‑2014 y una desaceleración en los Estados Unidos, luego en 2015‑2016 una nueva recesión golpeó a China y varios países asiáticos, así como a Estados Unidos.

Finalmente, la recuperación de la producción industrial se observó en los principales países industrializados a partir de 2017, una recuperación que continuó a lo largo de 2018, pero con una fuerte desaceleración a partir de la segunda mitad del año.

EEUU ALEMANIA JAPON
INDUSTRIA
2009/2007 -14,5% 2009/2008 -17,4% 2009/2007 -23,3%
2012/2008 -0,7%
2018/2007 4,0% 2018/2008 8,2% 2018/2007 -10,9%
2019/2007 4,8% 2019/2008 3,2% 2019/2007 -13,0%
2020/2008 -9,6% 2020/2007 -22,8%
MANUFACTURA
2009/2007 -17,9% 2009/2008 -17,2% 2009/2007 -24,5%
2018/2008 -3,7%
2019/2007 -3,9% 2019/2008 2,3% 2019/2007 -13,6%
Por un momento, la alta burguesía de los países imperialistas y sus economistas creyeron haber visto el final del túnel. La FED, después de cesar la flexibilización cuantitativa en junio de 2014, comenzó a subir las tasas de interés y sus dirigentes esperaban volver gradualmente a la normalidad reduciendo los pasivos de la banca, o la gigantesca cantidad de cheques en su poder. De este lado del Atlántico, el BCE anunció que equilibraría el presupuesto a finales de 2018. Pero burgueses y economistas pronto tuvieron que rendirse tras la fuerte desaceleración del crecimiento de la producción industrial en la segunda mitad de 2018 y el regreso de la recesión en 2019. A finales de 2019, los ejecutivos de los bancos centrales e instituciones financieras internacionales, FMI, Banco de Pagos Internacionales, Banco Mundial, OCDE, etc. ¡tenían que admitir que no habían salido en absoluto de la crisis de 2008‑2009! La FED no solo tuvo que dar marcha atrás para detener el aumento en la tasa de interés de referencia, sino que a fines de 2019, el BCE y la FED anunciaron en coro que estaban listos para usar de nuevo la “flexibilización cuantitativa”.

Todo esto confirma nuestras previsiones, que no habíamos salido de la crisis de 2008‑2009, que las intervenciones de los bancos centrales solo habían diluido la crisis en el tiempo y solo habían pospuesto su explosión.

Para un análisis más profundo de la situación económica actual, comencemos por examinar la tendencia de la producción industrial en los principales países imperialistas y en algunos países emergentes.

Mientras tanto, la epidemia de coronavirus se ha extendido, lo que ha llevado a la mayoría de los Estados a cerrar sus fronteras o mantener a la población en casa desde mediados de marzo hasta finales de abril 2020. El resultado fue una fuerte caída de la producción industrial en estos dos meses y un agravamiento de la crisis.

En mayo de 1968, Francia quedó paralizada por una huelga general que duró más de un mes, pero la producción industrial de ese año aumentó un 4,1% como si nada hubiera pasado. El capitalismo mundial todavía estaba en auge. Hoy una epidemia agrava una situación económica y social catastrófica, también por la incompetencia de los gobernantes que no saben qué hacer al día siguiente. Son la expresión de un modo de producción y de clase totalmente parasitario y obsoleto.


La producción industrial

Como el confinamiento sanitario provocó una fuerte caída en la producción en marzo y abril, lo que aprieta el resto de la curva, para mostrar que la recesión había comenzado a principios de 2019, informamos las curvas de producción industrial en dos partes: una curva antes de la epidemia y la otra durante la epidemia.

Empezaremos con los Estados Unidos. En la reunión se exhibieron dos gráficos, uno de producción industrial y otro de manufactura. La producción industrial combina minería y manufactura. El problema es que Estados Unidos ha sobreestimado el peso de la industria minera, lo que sesga los resultados. De hecho, desde la década de 2000, la producción de petróleo y gas a partir de esquisto ha crecido fuertemente, tanto que hoy la producción de petróleo de Estados Unidos ha superado a la de Arabia Saudita y Rusia, provocando una guerra de precios con Arabia Saudita dos veces. Esta última está tratando de eliminar a algunos de los productores estadounidenses jugando con sus costos de producción mucho más bajos. Hasta ahora no ha tenido éxito. Pero la crisis económica amenaza con arruinar a los tres competidores.

El crecimiento de la producción alcanzó su punto máximo en agosto-septiembre de 2018, luego se desacelera significativamente y se vuelve negativo entre julio y septiembre de 2019. La desaceleración y el declive son más evidentes en la industria manufacturera.

En términos de producción anual, Estados Unidos superó en 2019 en un 4,8% el máximo de 2007. El capitalismo estadounidense habría salido así de la recesión de 2008‑2009 de los últimos años. Pero si observamos solo los índices de la manufactura y de la construcción, obtenemos respectivamente -3,9% y -48% (el último índice se remonta a 2017; desde entonces, la ONU ha dejado de proporcionar índices para la construcción). El camino aún es largo. Y esto solo puede explicarse por la sobreponderación de la industria minera en el cálculo de los índices de producción industrial.

Los últimos datos del año en curso indican que el confinamiento sanitario ha provocado una caída espectacular de la producción: casi el -17% para los meses de marzo y abril. Luego hubo una recuperación relativa, pero que se estabilizó en -7% con respecto al año anterior. ¿Podría la fuerte caída de marzo y abril provocar un aparente repunte, a pesar de que hemos estado en una recesión mundial desde principios de 2019? Si lo hace, será solo temporal, durará unos meses como máximo, pero las posibilidades son escasas.

En cuanto a Japón, la desaceleración en 2018, luego la recesión en 2019‑2020 parece muy evidente. Por otro lado, Japón, como todos los demás países imperialistas excepto China, Corea y Alemania, nunca ha recuperado el nivel de producción industrial que había alcanzado antes de la crisis de 2008‑2009: la producción cayó un 23% en 2009 siguió cayendo un -11% en 2018 y un -13% en 2019. En estas condiciones, la crisis no tiene salida. Mientras tanto, el BoJ, el banco central de Japón, nunca ha dejado de flexibilizar cuantitativamente.

A continuación mostramos la caída de la curva debido a Covid‑19, lo que nos permite predecir, sobre la base de los primeros ocho meses, ¡una caída en la producción industrial para todo el año de alrededor del 23%! Vuelven al punto de partida, al 2009, cuando la producción descendió hasta el -23,3% respecto a 2007. Alemania es uno de los grandes países que ha superado el máximo pre‑crisis. Después de una disminución anual de la producción del 17,4% en 2009, la producción volvió a aumentar hasta 2018 para superar el máximo de 2008 de 8,2%. Pero con la recesión de 2019, este exceso se redujo a 3,2%. El año en curso no solo borrará estas ganancias, sino que se puede esperar un retroceso de alrededor del -10%.

Alemania, el único país del mundo, exporta el 40% de su PIB: los demás exportan entre el 10% y el 20%. Por tanto, es particularmente sensible a la más mínima recesión mundial, y principalmente en Europa y América del Norte. Como todos los países europeos, realiza la mitad de su comercio con Europa, el 58% de sus exportaciones, mientras que Estados Unidos absorbe el 8,6%. China ocupa el tercer lugar con un 7,1%, seguida de Suiza en el cuarto lugar con un 4,2%. Alemania es, por tanto, un termómetro del capitalismo mundial: si uno estornuda, el otro se resfría.

Como muestra el gráfico, la desaceleración ya en 2018, luego la recesión en 2019‑2020 son muy evidentes. La caída por el virus es espectacular: -30%. La epidemia no provocó la recesión, pero la empeoró mucho. Y no hay salida.

Los otros países imperialistas europeos, Inglaterra, Francia, Italia, Bélgica, España y Portugal, muestran todos la misma tendencia: una fuerte desaceleración a partir de la segunda mitad de 2018, luego la recesión en 2019‑2020. Aquí mostramos solo las curvas de Inglaterra e Italia que indican el ritmo de todos los demás, y resumiremos la situación de los demás países en una tabla. La tendencia general es clara.

Inglaterra, el viejo León tiene ritmos proporcionales a su edad; si su crecimiento es débil, sus caídas de producción también son pequeñas en comparación con otros capitalismos más jóvenes.

Italia también experimentó una desaceleración de la producción en la segunda mitad de 2018, para volverse constantemente negativa a partir de 2019, incluso si la contracción del año anterior, ya en recesión, se mantuvo modesta, alrededor del 1%, pero con un pico negativo de -4 en diciembre de 2019, que sumó -5% en diciembre de 2018. La caída de la producción por la pandemia, -43%, es particularmente espectacular, pero con recuperación, dado que en agosto la caída es solo del 0,1% Sin embargo, para todo el año podemos esperar una contracción de la producción de casi el 32% respecto al máximo de 2007. ¡Una regresión notable incluso en comparación con 2019, cuando ya estaba en el -18%!

El Reino Unido no es una excepción, dado que la producción cayó un 24% en abril y luego volvió a subir al -6% con respecto al año anterior.

En la siguiente tabla, solo Bélgica es una excepción. Esto a pesar del hecho de que el antiguo capitalismo valón se ha convertido en gran parte en un desierto industrial. En esto corre el riesgo de convertirse Europa si no da a luz a la sociedad comunista, de la que está preñada, llevando a cabo su revolución.

PRODUCCION INDUSTRIAL
Datos OCDE 2009/2007 2012-14/2007 2018/2007 2019/2007
INGLATERRA -11,1% -11,3% -5,7% -6,6%
FRANCIA -15,1% -12,6% -8,2% -8,1%
ITALIA -21,9% -23,6% -17,8% -18,7%
BELGICA -10,8% 0,0% 8,6% 13,8%
ESPAÑA -22,0% -28,8% -21,5% -21,0%
PORTUGAL -25,1% -29,8% -22,6% -24,4%

Todos, excepto Bélgica, están muy por debajo del máximo alcanzado en 2007 (2000 para Inglaterra, que ha estado en recesión desde entonces). La tercera columna corresponde a la segunda recesión de 2012‑2014: para algunos países la situación empeoró drásticamente, casi -30% para Portugal, -29% para España, -24% para Italia. Luego, la producción se recuperó ligeramente, pero se mantuvo por debajo del máximo. La situación se ha vuelto a deteriorar desde 2019: los incrementos van del -6,6% para Inglaterra al -24,4% para Portugal. También hay una demarcación entre los países del Norte y los del Sur, que son los más afectados por la crisis de sobreproducción. La situación se revertirá con el agravamiento de la crisis, porque los países que han experimentado la recuperación más fuerte de la posguerra, como Alemania, serán los que más sufrirán.

 

 

 

 

  


Historia de la nación India - La guerra de Bengala

El compañero continuó la serie de informes sobre la historia del gran país asiático.

Como se describió en informes anteriores, la burguesía india, arrojando al basurero todas las tonterías estéticas de la no violencia gandhiana, llevó a la India capitalista a varias guerras, resultado no solo de las crecientes tensiones presentes en el subcontinente sino de los continuos y frágiles equilibrios, dependientes de las cambiantes relaciones de fuerza, entre los grandes países imperialistas y los jóvenes capitalismos regionales. Desde la guerra fronteriza con China en 1962 que, como hemos descrito, vio la clara victoria de Beijing, degradando a la India a un papel regional, hasta la segunda guerra de Cachemira de 1965, con la victoria India, la mayor batalla entre tropas blindadas desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Es en este escenario donde va encuadrado el nuevo conflicto con Islamabad que vio nacer el Estado independiente de Bangladesh.

Cuando en 1947 nacieron dos Estados soberanos, la India de mayoría hindú y el Pakistán musulmán, este último estaba formado por dos territorios separados por 1.500 kilómetros de territorio indio: Pakistán occidental, el actual Pakistán y el Pakistán oriental, el Bangladesh de hoy.

Esta última región, la parte oriental de Bengala, como el Punjab, había sufrido la dolorosa partición del territorio con devastadoras consecuencias para las poblaciones de la minoría religiosa. Mientras el Capital dictaba sus leyes, pesaban antiguos factores de clase y de casta, que fueron la base de la gestión del rescate, los nuevos asentamientos y del trato recibido en los años siguientes.

Más de veinte años después de la independencia en Pakistán Oriental, cientos de miles de personas todavía se vieron obligadas a vivir en condiciones precarias de emergencia.

En el Pakistán Occidental la burocracia civil y militar estaba en manos de la etnia panjabí y, en menor medida, de los muhajir, o musulmanes que, habiendo huido de las provincias unidas de la India, se habían asentado en Sindh tras la división del subcontinente.

Con el pasar de los años, la estable dictadura militar había sancionado la conquista total del poder político por parte de los panjabi, que trataba al Pakistán oriental como una colonia interna, cuyos productos agrícolas se vendían en el mercado internacional para obtener una valiosa moneda que financiaba el proceso de industrialización de la parte occidental del país. Aunque estaba más poblado, Pakistán Oriental recibió solo un tercio de los fondos de los presupuestos estatales. En el ejército, una institución clave de la república islámica, los oficiales de origen bengalí eran solo el 5%, de los cuales muy pocos ocupaban puestos de mando.

En el curso de los años, el resentimiento de la etnia bengalí, también por la grave crisis económica, había encontrado expresión en la Liga Awami, un partido nacionalista nacido después de la partición.

En noviembre de 1970, un ciclón tropical azotó Bengala Oriental causando medio millón de muertes. La total incapacidad de Islamabad para manejar la emergencia condujo primero a una gran manifestación y finalmente a una huelga general, bien controlada por la burguesa Liga Awami.

Ese mismo año, el presidente de Pakistán y comandante del ejército Yahya Khan, para calmar las crecientes tensiones, también presentes en la parte occidental del país, introdujo el sistema democrático. El 7 de diciembre se celebraron las primeras elecciones en el país después de los veintitrés años anteriores, el día después de la independencia. Contrariamente a lo esperado, la farsa electoral la ganó la Liga Bengalí que obtuvo la mayoría absoluta de escaños, 160 de 300, con 13 millones de votos, todos obtenidos en la zona oriental del país. El segundo fue atestiguado por el Partido Popular de Pakistán, de Ali Bhutto, quien inmediatamente se declaró opuesto a un gobierno dirigido por orientales.

El presidente Khan, para ganar tiempo, abrió negociaciones mientras preparaba una operación militar a gran escala, dirigida al exterminio de la potencial clase dirigente bengalí y la masacre o expulsión de la minoría hindú, que había permanecido en Bengala Oriental después de la independencia.

El 25 de marzo de 1971 fue declarada la ley marcial y se arrestó al líder de la liga Awami, Mujibhur Rahman. Siguió un genocidio perpetrado por la fuerza armada pakistaní, por milicias extremistas religiosas, en colaboración con los bihari, una población de lengua urdu que, originaria de la región india de Bihar y de Bengala Occidental, había encontrado refugio durante la partición en el Pakistán oriental. Las principales ciudades de la región fueron ocupadas por el ejército y todas las protestas fueron sofocadas.

No hubo intervención de la diplomacia occidental para denunciar la feroz represión de Islamabad y para evitar lo que parecía ser el comienzo de una larga y sangrienta guerra civil. La dictadura militar paquistaní, además de aliada de Occidente, estaba en ese momento inmersa en una delicada mediación entre Estados Unidos y China, un papel que a los grandes imperialismos les parecía más importante que el genocidio en curso.


Millones de bengalíes buscaron refugio en India

En el Pakistán oriental se formó una resistencia que llevó a cabo acciones de guerrilla a través de la formación guerrillera Mukti Bahini (Ejército de Liberación), compuesta principalmente por deserciones del ejército regular y una participación creciente de civiles, hasta involucrar a unos 100.000 hombres, entrenados y armados, sin demasiados secretos, de Nueva Delhi. La guerrilla intentó provocar el mayor número de víctimas con incursiones y emboscadas, golpeando las principales actividades económicas, líneas ferroviarias, centrales eléctricas y redes de comunicación. El objetivo era impedir que el ejército paquistaní penetrara en Bengala.

La participación de la India fue evidente y las fuerzas aéreas de Islamabad lanzaron un ataque preventivo sobre algunas bases militares el 3 de diciembre de 1971, fecha que marca el inicio de la nueva guerra indo‑pakistaní, determinante para el destino de la guerra civil en el Pakistán oriental.

Poco tiempo antes, Delhi había firmado un tratado de cooperación con Moscú que, además de incluir una serie de acuerdos importantes desde el punto de vista económico, suponía el compromiso de intervenir en caso de ataque por parte de un tercer país. Un acuerdo buscado por la burguesía india para evitar el apoyo chino al enemigo paquistaní. No es casualidad que Gandhi esperara diciembre para intervenir directamente, cuando la nieve bloqueó los pasos del Himalaya desde donde podría haber llegado la respuesta de Pekín.

Tres cuerpos indios invadieron Pakistán Oriental, ocupando rápidamente el territorio, apoyados por formaciones guerrileras bengalíes y tropas irregulares. El ejército de Delhi reportó una serie de victorias, por tierra y por mar, también en occidente, en respuesta a las ofensivas paquistaníes en este frente, en un intento de obligar al ejército indio a retirarse de Pakistán Oriental. La fuerza aérea india, con algunas incursiones, rápidamente ganó el control de los cielos.

Estados Unidos, que había apoyado política y materialmente a Pakistán, cuando la derrota parecía segura, envió al portaaviones USS Enterprise a la Bahía de Bengala, como una amenaza atómica para la India. Rusia no esperó para enviar un submarino nuclear al Océano Índico para ayudar a Nueva Delhi.

Las fuerzas paquistaníes, debilitadas por los continuos ataques de la guerrilla y aplastadas por el ejército indio y en evidente inferioridad numérica, se rindieron el 16 de diciembre de 1971. Más de noventa mil soldados se rindieron a las fuerzas indias, la guerra terminó. Fue el mayor número de prisioneros, refugiados y, probablemente muertos, desde la Segunda Guerra Mundial. Nació así sobre sangre la República Popular de Bangladesh.

Finalmente, el camarada demostró la continuidad de nuestras valoraciones releyendo algunos extractos de artículos de nuestra prensa de la época donde criticamos y desenmascaramos, una vez más, a los diversos falsificadores del Comunismo.


Luchas y organización de las clases en China (1919‑22)

El movimiento del 4 de mayo de 1919, de carácter nacionalista, fue precedido por una serie de acciones reivindicativas de la clase obrera en China que prepararon su entrada en la escena política, potencialmente ya autónoma respecto a las otras clases sociales. En la base de esta intensificación de las huelgas en comparación con el período precedente, estuvo el empeoramiento de las condiciones de los trabajadores al final de la Primera Guerra Mundial. La guerra es considerada la edad de oro para el capitalismo nacional chino, la burguesía supo aprovechar la falta temporal de competencia de las industrias occidentales para extender sus actividades y aumentar sus ganancias. Por el contrario, para la clase obrera este período significó un empeoramiento de las condiciones, con alargamiento de la jornada laboral y repetidos intentos de rebajar los salarios. Además, a partir de 1914 hubo un aumento constante de los precios, especialmente de algunos alimentos básicos como el arroz.

Las huelgas de 1919‑1921 lograron resultados significativos con los salarios que aumentaron significativamente de un mínimo del 10% a picos del 40%.

Una huelga particularmente importante tuvo lugar en Hong Kong entre enero y marzo de 1922 que involucró a los trabajadores marítimos y se extendió a otros sectores obreros. Su victoriosa conclusión, que con la solidaridad de todo el proletariado de la metrópoli había paralizado toda la vida económica, dio paso a una ola de huelgas que afectó a todos los principales centros industriales de China.

La huelga había puesto en evidencia dos aspectos fundamentales sobre el curso de la lucha de clases en China. En primer lugar, su conclusión victoriosa fue posible porque la lucha no quedó confinada a la categoría de los marineros, sino que, en apoyo de la lucha, todo el proletariado de Hong Kong y los hermanos de clase de los otros centros industriales chinos, que habían brindado apoyo económico e implementaron toda una serie de iniciativas de solidaridad. El evento había demostrado claramente que una huelga a ultranza, sin un término preestablecido y generalizado, podría haber ganado a los patronos, y en este caso también al poderoso imperialismo británico.

El otro aspecto que emergió fue la conducta de la burguesía china que, aunque interesada en una mayor autonomía y en golpear los intereses extranjeros en China, seguía ligada a las potencias imperialistas por lazos económicos pero, sobre todo, por la necesidad de reprimir al proletariado en lucha que podría haber abrumado no solo las intrusiones del imperialismo sino de todo el orden burgués. De ahí su actitud contradictoria, de clase obligada a navegar entre la aspiración a su propio desarrollo nacional independiente y el miedo a no poder controlar más aquellas fuerzas sociales que, puestas en marcha en la lucha por la liberación de los extranjeros, luego no se detendrían. Poderosas enseñanzas para un proletariado joven no dispuesto a retirarse ante la lucha de clases.

Pero aún quedaba un largo camino por recorrer para esa joven clase obrera. Las primeras importantes luchas de posguerra fueron conducidas principalmente por corporaciones formadas por obreros y elementos patronales, la clase obrera china todavía tenía que formar sus propias organizaciones clasistas. En el umbral de la década de 1920, las primeras organizaciones obreras sufrieron el retraso del desarrollo capitalista, todavía vinculado al pasado corporativo y a formas tradicionales como los gremios, asociaciones regionales y las sociedades secretas. Aunque estas organizaciones estaban en declive, conservaron cierta influencia sobre la joven clase obrera, especialmente los trabajadores calificados.

Esta tendencia ganó un enorme impulso a partir de 1912 con el establecimiento de la República, que abrió la posibilidad de progreso económico y político a la burguesía china. Esta buscaba ligar a la clase obrera al desarrollo industrial del país mediante la formación de organizaciones industriales mixtas. Sus principales actividades se centraron en la formación profesional de los miembros para ofrecer mano de obra calificada a las empresas.

De estas organizaciones empezaron a diferenciarse algunas auténticamente proletarias, como por ejemplo los mecánicos en Shanghai y Guangdong, los marinos en Hong Kong y los trabajadores ferroviarios en el centro de China. Estas organizaciones aún estaban estructuradas en base a la profesión, y entre las principales actividades aún existía la educación y la ayuda mutualista, pero estaban separadas del componente patronal, eran dirigidas por elementos proletarios y realizaban reclamos. Poco después, con la gran ola de huelgas que golpeará a China a partir de 1921 pero sobre todo en 1922, estas organizaciones se convertirán en verdaderos sindicatos clasistas.

La situación favorable para las luchas obreras surgida tras las victoriosas huelgas de principios de 1922, llevó a la convocatoria en Cantón, el 1 de mayo de ese año, del primer congreso nacional de sindicatos, abierto a todas las organizaciones sindicales, exclusiones de partido u orientación política. La iniciativa fue promovida por el Partido Comunista de China, que en su congreso fundacional en julio de 1921 señaló como una prioridad la necesidad de apoyar las luchas económicas de la clase obrera y la creación de sindicatos obreros.

Los delegados fueron 160 provenientes de 12 ciudades, en representación de más de 100 sindicatos y cerca de 300.000 afiliados. Diferentes tendencias compitieron por la dirección de la clase obrera. Se pudieron identificar al menos cuatro: además de los comunistas, estaban los anarquistas, que todavía tenían cierta influencia en la región del Cantón, los partidarios del corporativismo, con varios tipos de organización de promoción industrial, y finalmente el Kuomintang, que en Cantón había forjado vínculos con sectores obreros. En el congreso entraron en conflicto con estas tendencias, pero se alcanzaron resoluciones compartidas, incluida la exigencia de la jornada de ocho horas. Algunas de las principales resoluciones del congreso fueron decididamente una victoria de la orientación sindical comunista: la organización sobre una base industrial y no profesional, la huelga de solidaridad y la lucha contra los elementos desviados del movimiento sindical, contra quienes apoyaban la acción de los patronos.

Con el primer congreso de sindicatos, por primera vez todas las organizaciones obreras entraron en contacto entre sí, las consignas se difundieron a gran escala y se estableció el principio de una federación pan‑china de sindicatos que encontrará su completa afirmación tres años despues. El congreso de sindicatos dio testimonio de la creciente fuerza del proletariado chino, que pronto conquistó sobre el terreno un papel en el ejército proletario internacional.

El contenido del informe sobre la guerra en curso en Libia proporcionó el material para la nota que publicamos en el número 402 de este periódico, al que nos referimos aquí.

 

 

 

 


Una bella e intensa reunión internacional del partido

Reunión en videoconferencia, 29 a 31 de mayo de 2020


La cuestión militar
En Rusia desde el 1º de mayo hasta el fallido golpe de Kornilov

Todas las manifestaciones por el 1º de mayo de 1917 exigían el fin de la guerra, la paz, el pan y la reducción de la jornada laboral para mujeres y niños, especialmente después de que se filtrara la nota del ministro Millyukov, dirigida a los gobiernos de la Entente, sobre el cumplimiento de acuerdos previos para la continuación de la guerra.

Kerensky, prosiguiendo con su peligroso doble juego, para apaciguar a las masas en agitación, forma un nuevo gobierno asumiendo el cargo de ministro de guerra, reemplaza a algunos ministros, nombra al general Brusilov como el nuevo jefe del ejército. Le encomienda la tarea de restaurar la vieja y dura disciplina militar, traslada al frente o disuelve las unidades más politizadas y organiza una rápida y decisiva operación en Galicia, donde escaseaban las fuerzas alemanas, para obtener una fácil victoria y ganar prestigio interno y con aliados.

Estas decisiones producen un posterior desplazamiento de los soldados y de la mayoría de los proletarios hacia las directrices bolcheviques contra la guerra, la transferencia de todos los poderes a los Soviets, el control de la producción y distribución, especialmente de la industria y la agricultura, la reforma agraria según lo expresado por el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado. La organización militar bolchevique aumenta la influencia entre las tropas.

El 3 de junio se inaugura en Petrogrado el primer Congreso de los Soviets de Rusia, que duró 3 semanas y convocó una manifestación pública a favor de la campaña en Galicia. La organización militar bolchevique para el mismo día organiza una manifestación pacífica contra la guerra en Galicia: esta fue más numerosa que la del Soviet para corroborar la distancia irremediable entre las dos posiciones enfrentadas.

El 18 de junio comenzó la apresurada campaña de Brusilov, que contó con el apoyo de unidades de artillería que se mantuvieron leales al gobierno. Contaba con poco apoyo de las demás tropas, debido a la intensa propaganda bolchevique y las pésimas condiciones de los suministros de material de guerra, onerosamente suministrados por Francia.

El plan preveía un fuerte bombardeo inicial sobre Lviv, la principal línea de ataque, apoyado por dos ataques laterales simultáneos. No obstante en el papel Brusilov tenía una ventaja numérica discreta, el plan se atascó de inmediato porque las fuerzas laterales aún no estaban listas y bien desplegadas en el momento del ataque y no intervinieron según lo planeado. No obstante, hubo un éxito inicial de las tropas de asalto especiales rusas debido a las deficientes defensas alemanas y austríacas, pero las deserciones masivas de soldados rusos comenzaron de inmediato.

A principios de julio comienzan en Petrogrado manifestaciones espontáneas de soldados y civiles contra la guerra y por la toma del poder por parte de los Soviets y el 4 de julio se realiza una impresionante manifestación con dos tiroteos que alcanzan a más de 400 manifestantes. La ciudad es declarada en estado de sitio y es emitida la orden de arresto contra Lenin y los principales dirigentes bolcheviques, muchos de los cuales pasan a la clandestinidad.

Gracias al eficiente sistema de transporte, los refuerzos del ejército alemán logran organizar una eficaz contraofensiva que genera el total desorden de la punta avanzada rusa: los soldados ya no combaten y abandonan las posiciones en masa, quieren volver a casa y repartirse las tierras cultivables.

Brusilov ordena disparar a los fugitivos. El 9 de julio, el frente ruso colapsó por completo y retrocedió 240 kilómetros.

El jefe de gobierno dimite y Kerensky forma otro, en el que los bolcheviques no están representados porque sus dirigentes están presos o en clandestinidad. Nombra al general Kornilov, representante del ala rusa más reaccionaria rusa, como nuevo comandante del ejército. Los dos entran en conflicto entre sí para tomar el control del poder.

En condiciones de semiclandestinidad, se celebra en Petrogrado el sexto congreso del partido bolchevique, que ahora cuenta con 240.000 miembros en 162 organizaciones. El poder se está escapando del control de los socialistas revolucionarios y los mencheviques para caer en manos de la burguesía contrarrevolucionaria. La dirección central de los soviéticos no ha tomado el poder y ya no es posible una transferencia pacífica a los Soviets, pero es necesario preparar la lucha revolucionaria.

En Moscú, Kerensky celebra una gran Conferencia de Estado invitando a representantes de todas las organizaciones económicas, políticas y militares, excepto a los bolcheviques, para discutir los programas futuros para Rusia. Mientras tanto, 400.000 están en huelga en la ciudad organizados por los bolcheviques.

En esos días Kornilov, apoyado por las fuerzas contrarrevolucionarias rusas, y con la ayuda de las potencias de la Entente, a través de sus embajadores, para continuar la guerra, se pone al descubierto presentándose como el hombre fuerte capaz de salvar Rusia, restaurar el orden en la sociedad y en el ejército, restaurar a un Romanov al poder y destruir a todos los Soviet. Desde el cuartel general de Mogilev organiza una conspiración para instaurar su propia dictadura militar.

La desastrosa batalla terrestre de Riga, una ciudad clave en el Báltico, termina debido a tres factores concomitantes: Kornilov, quizas intencionalmente, no ha preparado ninguna organización válida para defender la ciudad; los soldados rusos, mal equipados y armados, y entre los que la presencia bolchevique es fuerte, no oponen resistencia, en masa se niegan a combatir y se retiran del fuerte ante el avance alemán; aquí se aplica por primera vez una nueva táctica militar para transformar la guerra estática de trincheras en una guerra de rápido movimiento.

Esto se basó en 4 puntos básicos. Primero la sorpresa: a diferencia de antes, todos los movimientos de tropas tenían que ocultarse lo más posible para evitar que el enemigo se organizara contra el ataque. Segundo: la concentración de fuego breve pero intenso solo en algunos puntos esenciales, mientras que antes de los grandes bombardeos, incluso de días, no tuvo grandes efectos y se tornó impracticable el terreno para el avance de tropas y de los medios mecánicos. Tercero: infiltración de tropas especiales de asalto, especialmente entrenadas y armadas para este nuevo tipo de combate cuerpo a cuerpo; divididos en pequeños grupos independientes, se lanzan sobre puntos específicos del frente tratando de penetrar lo más profundamente posible, ignorando la protección de los flancos, tarea reservada para la segunda oleada de asalto. Cuarto: la velocidad se convierte en la prerrogativa esencial de la maniobra; el avance lo determina ahora la unidad más rápida y no la más lenta, que en cualquier caso debe evitar quedarse atrás.

Con esta táctica, el 20 de agosto, tras un muy preciso lanzamiento de dos horas de 20.000 granadas de gas asfixiantes, que desarticulan las baterías rusas, se inicia el bombardeo de tres horas de los cañones de largo alcance sobre objetivos identificados por reconocimiento aéreo. A las 9, 10 horas los escuadrones de asalto atraviesan las barreras abiertas por los ingenieros en las vallas de la ribera del río Dvina al norte de la ciudad y con botes cruzan rápidamente el río protegidos por las cortinas de humo y por el fuego preciso del bombardeo de artillería sobre las primeras trincheras rusas. Al mismo tiempo, los ingenieros lanzaron tres puentes sobre el río para el cruce del grueso de las tropas alemanas. Esa misma noche está clara la ventaja total sobre los desconcertados rusos que, contra mínimas pérdidas alemanas, se rinden con un gran número de caídos y prisioneros. Durante los dos días siguientes, los rusos se retiraron decenas de kilómetros mientras los alemanes desfilan por el centro de Riga.

La conquista de Riga marca el fin de todas las ilusiones rusas de continuar y de ganar la guerra; los generales se dan cuenta de que ya no tienen ningún control sobre las tropas.

El 23 de agosto, Kornilov, distrayendo del frente a importantes tropas cosacas que aún se creían leales, incluida la división salvaje musulmana, ordena al general Krymov que marche sobre Petrogrado y lo ponga bajo sitio para prevenir una revuelta bolchevique. Emite un edicto en el que se autoproclama salvador de la patria contra los planes bolcheviques de entregar Rusia a los alemanes y pide a Kerensky plenos poderes.

Estos no solo se lo niegan, sino que es acusado de alta traición y se emite una orden de arresto. Finalmente, Kerensky entiende que él mismo es el primer objetivo de Kornilov y para poder defenderse debe encomendar la defensa de la ciudad a las fuerzas revolucionarias que siguen las directivas del Soviet y las unidades de la Guardia Roja. Por lo tanto, se ve obligado a permitir que el Soviet arme a los trabajadores, vuelva a legalizar la Guardia Roja, disuelta después de los acontecimientos de julio, y libere a los bolcheviques encarcelados, incluido Trotsky. Se constituyó entonces el Comité Militar Revolucionario, que organizó a 25.000 hombres para la defensa de la ciudad mientras los trabajadores de las fábricas militares reanudaban la producción de fusiles y armas diversas.

La acción decisiva contra las tropas de Krymov la llevan a cabo los ferroviarios, que reducen la velocidad y desvían los trenes con los cosacos hacia otros destinos, mientras los saboteadores bolcheviques quitan las vías y los empleados del telégrafo entregan los despachos de Kornilov al Comité de Petrogrado. La acción decisiva final son los numerosos escuadrones de emisarios de los Soviet caucásicos que han pasado a la Guardia Roja y se han ido, se encuentran con las tropas en los trenes, están trabajando para convencer para el fin de la guerra, el regreso a casa y la repartición de la tierra cultivable. A los pocos días, las tropas se dispersan, ya no obedecen a los oficiales. Krymov, regresado al cuartel general con algunos fieles, se suicida.

 

 

 

  


La reunión internacional del partido anuncia el Comunismo contra las mentiras e infamias de la difícil hora actual
Reunión en videoconferencia, 25‑27 de septiembre 2020
 
 

Sesión del sábado
- Introducción del centro del partido
El PCd’I y la guerra civil en Italia
La actividad sindical del partido
Orígenes del Partido Comunista Chino
La sucesión de modos de producción
El malestar social en Etiopía
Informe de los compañeros venezolanos
Sobre el concepto de dictadura del proletariado
Sesión del domingo
Curso de la crisis económica
La cuestión militar - después de febrero de 2017
La revuelta racial en EE. UU.
La revolución húngara de 1919
Rosa Luxemburgo en la prensa del partido
La formación de la nación india


Poder encontrarse en las reuniones generales, para la mayoría de los compañeros, que se conocen, conectan y armonizan cada vez más nuestro trabajo internacional, es un logro muy pequeño en sus dimensiones, pero ciertamente importante, quizás determinante, en la guerra social de la clase obrera por el Comunismo.

Los materialistas marxistas – que sabemos lo poco que valen los individuos y nuestra persona – somos conscientes, sin embargo, de la fuerza de las doctrinas sociales y de la presencia activa de los partidos en la lucha de clases y, en particular, del papel del partido comunista, conciencia crítica de la clase obrera y sus destinos, y órgano dirigente en el necesario y resolutivo enfrentamiento revolucionario.

El partido, anticipación del futuro comunista dentro de la sociedad burguesa, es tanto un órgano de batalla como la forma más elevada de convivencia humana. Nuestro trabajo en las salas de las reuniones generales y en las filas del partido en general, es la mejor manera de dirigir nuestra indignación individual, nuestra voluntad y energías hacia la gran causa del comunismo.

A más de un siglo de distancia nos consideramos los continuadores de la gloriosa tradición de ese partido mundial que fue la Tercera Internacional en sus primeros años, que ya había sido la Asociación Internacional culminada en la Comuna de París, órganos mundiales de esa clase obrera que siempre se ha autoproclamado sin patria, desde la Liga de los Comunistas, incluso antes de que el Manifiesto de Marx y Engels lo describiera como tal. Trabajamos en la reconstrucción de ese partido mundial que la clase necesita con urgencia y que ella misma vendrá a buscar para alimentarlo ampliamente con sus fuerzas generosas. Sin duda, es una inmensa tarea que tenemos por delante, a la que se opondrá la burguesía de todos los países, con todos los instrumentos de fuerza y ​​corrupción ideal y teórica de los que hace un amplio uso.

Pero los comunistas somos favorecidos en este propósito porque tenemos, únicamente, una conciencia verdadera, realista, científica, de las leyes históricas que describen el choque concreto entre clases y sub‑clases opuestas, y en buena medida podemos predecir los eventos y sus reacciones en respuesta a las actitudes que el partido asumirá sucesivamente.

Respecto a las expresiones políticas de las clases burguesas, también tenemos la gran ventaja de que, así como es unitario nuestro objetivo comunista y no está dividido en una oposición interna de clase e intereses de clases, así mismo nuestro partido puede ser unitario, en su programa y en su funcionamiento interno.

Este programa del comunismo ortodoxo irradiará en la sociedad y en el mundo, impulsado por una necesidad social e histórica objetiva y madura. Ofrecemos nuestra milicia a ese programa, que es pre‑existente a nosotros, al cual nos aferramos al poner a su disposición nuestros sentimientos y nuestras fuerzas.

Este dato material excluye, por tanto – salvo en el caso de una degeneración grave – que exista un conflicto de opiniones en el partido que no se pueda curar con el estudio y la profundización de ese programa pre‑existente y de nuestra tradición de partido, más que centenaria y coherente, que sólo tuvo discontinuidades en los difíciles ciclos de la guerra social internacional de la clase proletaria.

Gracias a esta impersonalidad del programa, dentro del partido hemos podido liberarnos de todos los prejuicios del juego democrático y la solución mayoritaria de conflictos, que son inevitables en los movimientos, en el pensamiento y en la psicología enferma de los burgueses. Las tesis del partido ya están escritas. Y podrá formularlas y confirmarlas aún mejor, cuando sea necesario en el futuro, solo a través del trabajo ordenado y convergente de sus militantes.

Incluso en esta reunión general pudimos, por tanto, dedicar plenamente sus diez horas, en dos sesiones, solo a nuestro trabajo comunista unánime, sin una inútil pérdida de tiempo.

Hay que reconocer una vez más el gran compromiso de los compañeros que han hecho todo lo posible en la organización de la reunión y los encargados de los numerosos informes, difíciles estudios en los que se han aplicado desde hace mucho tiempo, todos admirables por dar respuesta a las valoraciones y tesis de nuestra escuela y todo lo necesario para corroborar el bagaje de certezas y orientación del partido, destinado a dirigir mañana la ola mundial de los trabajadores insurgentes para la última revolución política de la historia.


La revolución húngara

En esta reunión comenzamos a presentar el capítulo sobre la contrarrevolución y la traición del Partido Socialdemócrata Húngaro.

El compañero comenzó recordando la política vacilante y débil de los socialdemócratas hacia las clases aristocráticas y burguesas. Con el pretexto de que la religión debía ser considerada “un asunto privado”, impidieron el disciplinamiento del clero y la burguesía, mientras que los sacerdotes en las aldeas incitaban, sin ser molestados, a los campesinos a matar de hambre a las ciudades y a la contrarrevolución.

alvo unos pocos ministros del gobierno anterior que habían sido admitidos en los mejores sanatorios, los aristócratas, los oficiales y en general los burgueses de sentimientos contrarrevolucionarios, vagaban libremente por todo el país, porque el comisario de justicia, un socialdemócrata, se había opuesto a cualquier ofensa a la libertad personal.

Además de la inmundicia heredada del capitalismo que se manifiesta en todas las revoluciones, la corrupción también tuvo una causa especial: como consecuencia de la aplicación “moderada” de la dictadura proletaria preconizada por los socialdemócratas, los elementos ávidos de rapiña de la burguesía y sobre todo de la la pequeña burguesía se habían infiltrado en varias instituciones soviéticas.

Los socialdemócratas encontraron demasiado radicales las disposiciones económicas y las sabotearon donde pudieron, gracias también a la masa de ex empleados estatales y de los parásitos burgueses que quedaron por “razones humanitarias” en el aparato público de la administración y de compras. Proporcionar alimentos a la capital se hizo cada vez más difícil.

Las supervivencias de la ideología democrática impidieron la aplicación de medidas decisivas contra el campesinado renuente. Solo se hicieron enérgicas requisiciones de alimentos en lugares donde los propietarios campesinos habían organizado contrarrevoluciones armadas. Estos, cada vez más frecuentes, fueron fácilmente reprimidos.

Las fuerzas contrarrevolucionarias que se habían levantado contra la República Soviética de Hungría se enumeraron entonces: en Viena, ya el 12 de abril de 1919, se formó el Comité Anti‑Bolchevique (Antibolsevista Comitét - ABC). Formaba parte de un grupo de viejos políticos húngaros exiliados, casi todos pertenecientes a la antigua aristocracia filo‑monárquica, entre ellos el máximo exponente era el Conde Istavàn Bethlen, quien había declarado que estaba dispuesto a colaborar activamente en la causa de la eliminación del bolchevismo en Hungría, consintiendo también a una eventual ocupación aliada de Budapest (siempre que no fueran los rumanos o los checos quienes la llevaran a cabo), y garantizar la formación de un gobierno democrático de coalición, abierto también a socialdemócratas moderados como Garami.

Además, el Comité Anti‑Bolcevique incluía a los Condes: Pál Teleky, Zichy, György Szmrecsány, Tivadar Batthyàny y Marton Lovàszy, que desde la época de Kàroly habían intentado unir las fuerzas contrarrevolucionarias de la gran burguesía y los terratenientes. Estos contaron con el apoyo de una parte de los oficiales guiados por Gyula Gömbös, quien luego se convirtió en presidente del consejo de ministros. La dirigencia de la reacción clerical y los prelados se apresuraron a apoyarlos.

El Comité, favorecido por los líderes militares franceses, constituyó un gobierno contrarrevolucionario en Arad (Rumanía) y llevó a cabo actividades ilegales en Austria (robo a la embajada de Hungría en Viena) y acciones guerrilleras a lo largo de la frontera (intento de penetración en Hungría de un grupo armado en el puesto fronterizo de Bruck an der Leitha).

A este Comité se une la Asociación Húngara de Defensa Nacional, que fue fundada como una asociación de veteranos el 30 de noviembre de 1918 y fue presidida por Gyula Gömbös, un ex capitán del ejército. El 22 de febrero de 1919 fue declarada ilegal por el gobierno de Berinkey junto con el PCU. Traslada su cuartel general a Szeged, donde elabora un programa político declaradamente antisemita y proto-fascista conocido como la “Idea de Szeged”, convirtiéndose en uno de los núcleos en torno a los cuales se forman las fuerzas armadas contrarrevolucionarias del almirante Horthy.

La contrarrevolución de la gran burguesía se había dotado de una organización propia llamada los Ebredö Magyarok (los húngaros que se despiertan) –la cual desempeñó un papel destacado en la caída de la dictadura del proletariado en el régimen de terror blanco de Horty. También incluía a la llamada inteligencia, o funcionarios fugitivos de los territorios ocupados por la Entente, los estudiantes y la pequeña burguesía. Ya estaban activos, como se mencionó, con el gobierno de Kàroly al que reprochavan las “exageraciones de la democracia”.

La socialdemocracia austriaca también apoyó fielmente a los contrarrevolucionarios húngaros, a quienes garantizó el derecho de asilo durante la dictadura del proletariado y la plena libertad de acción. Además de esto, los socialdemócratas austriacos estaban comprometidos a desviar a la clase obrera austriaca de las simpatías que comenzaba a mostrar hacia la revolución proletaria.

Luego pasamos a describir el intento de golpe de Estado del 24 de junio de 1919, cuando los contrarrevolucionarios tomaron posesión de los monitores danubianos, barcos fluviales blindados, y con ellos, junto con 300 alumnos oficiales de la antigua academia militar, intentaron con armas tomar Budapest. Comenzaron a bombardear el Hotel Hungaria, cuartel general del gobierno de los Consejos. Este intento pronto fue aplastado, pero dejó a muchos camaradas muertos en el suelo. El Consejo de Gobierno indultó a los 300 cadetes de oficiales rebeldes, condenándolos únicamente a la educación social correctiva. El tribunal revolucionario condenó a muerte a los trece oficiales organizadores de la revuelta, pero también ellos fueron perdonados por la injerencia de las Misiones y de “nuestro” Teniente Coronel Romanelli. Kun estigmatiza y condena los hechos acaecidos en la reunión del Comité Ejecutivo Central del 25 de junio e insta a que se aplique con firmeza su resolución: “Considerando que la aplicación de la dictadura, además de no llevar a la razón a los burgueses, les anima en sus intentos contrarrevolucionarios, el Comité Ejecutivo Central decide reforzar la dictadura de la manera más completa y decisiva y pide al gobierno de los Consejos que, si es necesario, la contrarrevolución burguesa sea sofocada en sangre”.

Por último, se leyó el artículo con el elocuente título “El complot burgués-socialista contra la Hungría soviética” que apareció en “Il Lavoratore”, el órgano de Trieste del PDd’I, el 20 de septiembre de 1921.


Recapitulación del trabajo del Partido sobre la teoría de las crisis

El camarada consideró oportuno – antes de adentrarse en el estudio de las Teorías del Plusvalor – ofrecer una visión del riguroso trabajo que el Partido ha continuado sobre el argumento después de la Segunda Guerra Mundial, no para mostrar al exterior una “biblioteca de marxología” sino en la continuidad de la lucha entre las clases a nivel teórico. El relator, al presentar a los compañeros una breve explicación de los textos, siguió el plan de “El Capital”, obra que describe y al mismo tiempo condena a la clase enemiga.

Analizamos, por tanto, los “Elementos de la economía marxista”, de 1928, en los que se da el desarrollo del Libro I de “El Capital”, desde el descubrimiento de la génesis del valor del trabajo, hasta su medición como tiempo de trabajo medio socialmente necesario y la definición de plusvalía como trabajo no pagado y hasta el desenlace necesario en el comunismo, superación dialéctica de las contradicciones que el capitalismo acumula frente a sí mismo.

“¿Volcán de producción o pantano del mercado?”, de 1954, aborda el problema de si es posible estudiar los fenómenos de la economía utilizando modelos matemáticos, dimensiones numéricas y si por tanto es posible identificar sus leyes cuantitativas de funcionamiento, útiles para predecir el curso futuro, la trayectoria que conducirá inevitablemente a la catástrofe a la bestia triunfante de hoy.

Una de las soluciones más explotadas de los burgueses para “salir de la crisis” sería el retorno a la “buena” producción (de ganancia, claro) y dejar de lado la “mala” especulación; los malestares del anciano enfermo se atribuirían a las maniobras monetarias de un grupo de banqueros inescrupulosos. Sobre esta materia el Partido ha completado un trabajo que casi podría decirse definitivo: “Libertad, igualdad, soberanía popular, son la otra cara de la moneda en la que está escrito: mercancías, trabajo asalariado, dinero”, de 1968.

Con un salto del Libro Primero al Tercer de “El Capital” es bueno enlazar a este texto los estudios que se encuentran en Il Partito Comunista desde los números 329, de 2008, al 349, de 2011.

El capitalismo es siempre definido como un sistema eficiente, un modo de producción racional que utiliza científicamente los recursos materiales de la sociedad; los disturbios que periódicamente lo devastan serían sólo pequeños o grandes incidentes en el transcurso de los cuales siempre retomaría su curso principal. En “Ardua sistematización del programa revolucionario comunista entre el miasma de la putrefacción burguesa y la pestilencia oportunista”, de 1960, se propone una lectura muy importante de “El Capital” contra todos los traidores que quisieran reducirlo a una simple descripción de la sociedad actual sin haber ya en sí mismo el programa del futuro comunista: se parte del nivel empresarial y se estudia el movimiento de este capital único; luego se pasa al capital social y su movimiento general; se termina con la abolición del capital en el comunismo.

“De la ineludible crisis agónica del capitalismo a la dispersión del oportunismo cómplice y renegado”, de 1964, se centra en cambio (utilizando los tres ejemplos clásicos de Marx) en la rotación del capital; cómo su velocidad afecta la cantidad de capital a anticipar (y a tener disponible en cada ciclo) para poder continuar la producción también en el ciclo siguiente. Los párrafos dedicados a la “liberación del capital” muestran el fenómeno del despilfarro de las fuerzas productivas. Los estudios “Leemos en el camino histórico marcado por los programas la antítesis entre revolucionarios proletarios y siervos alquilados del capital”, de 1961, y “El programa comunista que golpeó a mediados del siglo XIX anuncia la muerte a la cobardía de hoy”, de 1962, realizan un análisis despiadado de este despilfarro, primero en la producción inmediata luego en la circulación, para la transformación del dinero en mercancía y viceversa, el tiempo social inmolado en el altar de la ganancia.

Llegando al tema central del trabajo que deberá realizar el compañero, es necesario comenzar con la ley fundamental de la economía capitalista, la caída tendencial de la tasa de ganancia. “Recapitulación del trabajo del partido sobre la ley marxista de la caída tendencial de la tasa de ganancia”, 1967, y “La declinación histórica de la tasa de ganancia en el registro metódico de cincuenta años del partido para la verificación de las leyes de Marx”, de 1996, examinan la ley como tal y las contratendencias que hacen que esa caída sea tendencial pero históricamente irreversible.

Entonces, ¿cuál es la teoría marxista de la crisis? Cuanto más desarrolla el capitalismo las fuerzas productivas, más revoluciona y disciplina las energías de trabajo, más, a través de la ciencia, somete a la naturaleza a las necesidades de producción, en la misma medida acumula frente a sí mismo los obstáculos a superar para su conservación. Su misión histórica, su vertiente histórica y socialmente útil, su progreso es precisamente la causa de la reducción de sus posibilidades de supervivencia. Es el capitalismo mismo, su funcionamiento, que es un proceso contradictorio, crítico, en el que toda causa se convierte entonces en una consecuencia, en una espiral que estalla en una crisis.

El informe terminó con una larga cita de la introducción que, en las páginas de Prometeo, precedía a los capítulos sobre la cuestión de la propiedad en el capitalismo, brindándonos un vínculo entre pasado, presente y futuro, confirmando que el estudio en curso sobre la sucesión de los modos de producción era necesario para la comprensión del moderno mecanismo de explotación del hombre por el hombre, cuyo funcionamiento está condicionado por su imposibilidad de resolver las contradicciones heredadas de todos los sistemas sociales clasistas anteriores.


Orígenes del PCdCh
la situación en el Lejano Oriente entre 1921 y 1922

En el III Congreso de la Internacional Comunista, en referencia a la situación en los países del Oriente, se reafirmó el correcto enfoque de la lucha revolucionaria ya afirmada en el II Congreso. En las “Tesis sobre la situación mundial y sobre las tareas del Komintern” se reiteraron los puntos firmes que deberían haber guiado la lucha revolucionaria en los países atrasados.

En primer lugar, se afirmó la impotencia de la burguesía indígena para emprender la lucha revolucionaria porque estaba ligada por intereses económicos al capital extranjero, un lazo material poderoso que la hacía dócil en las confrontaciones al imperialismo extranjero e incapaz de librar una verdadera lucha anti‑imperialista, a lo que se sumaba el temor de no poder frenar un movimiento social que seguramente también habría roto su dominio de clase.

El segundo punto fue el papel del proletariado como guía del movimiento revolucionario campesino. Esto tiene un doble significado, ya que por un lado se afirma que incluso en los países atrasados ​​el proletariado, aunque todavía débil en número, es la única clase capaz de liderar el movimiento revolucionario y llevarlo a la victoria, por otro, se identifica en las masas campesinas el principal aliado en la lucha revolucionaria.

Finalmente, se afirma como punto firme de la revolución comunista mundial el vínculo necesario entre la lucha revolucionaria en las colonias y semi‑colonias, que vio al joven proletariado indígena a la cabeza de enormes masas campesinas, con la revolución monoclasista del proletariado de los países capitalistas desarrollados.

En 1921, si bien en el III Congreso de la Internacional habían emergido los primeros signos de peligro hacia una degeneración oportunista en cuanto a la táctica contra los viejos partidos de la Segunda Internacional, prontamente denunciadas por la Izquierda, la línea general no se desvió del correcto enfoque marxista. Solo cuando triunfe la contrarrevolución en Moscú, la Internacional se convertirá en un instrumento de la política exterior del Estado ruso.

Entre 1921 y 1922, mientras en Occidente las tentativas revolucionarias del proletariado habían sido derrotadas, la Rusia soviética había logrado sobrevivir a los ataques de los ejércitos blancos y de los ejércitos extranjeros y se preparaba para concluir victoriosa la guerra civil. El avance del Ejército Rojo hacia el Este permitió a Rusia una proyección hacia el Pacífico y una acción más incisiva hacia China, que ahora, a diferencia de los primeros años del gobierno revolucionario, podría ir más allá de las proclamaciones de principio.

El interés de los bolcheviques hacia China tenía en consideración el contexto del país, la falta de un fuerte poder central, dividido entre varios “señores de la guerra”, y la división del país en las esferas de influencia de los imperialistas que manipulaban a las camarillas militaristas opuestas entre si.

Se pensaba que el Estado soviético podría cosechar ventajas explotando estos antagonismos. Pero esto no estuvo exento de riesgos, podría surgir un contraste entre la persecución de una política revolucionaria, que debería haberse apoyado en el proletariado y en las masas revolucionarias autóctonas, y los intereses del Estado ruso que, en busca de un aliado en Oriente, habría endurecido acuerdos con el otorgamiento de ayudas a jefes militares. El expediente se servirse de una camarilla militar contra otra, si pudiera dar resultados inmediatos, corría el riesgo de poner en peligro el desarrollo del movimiento revolucionario, ya que, aunque temporalmente en guerra entre sí, cualquier facción habría llegado a un acuerdo con el adversario, interno o externo, para volverse contra el proletariado y las masas campesinas para mantener el dominio de clase.

En cualquier caso, las rivalidades entre los señores de la guerra en China no fueron sino el producto del mayor enfrentamiento inter-imperialista por la repartición de los Países del Pacífico. La Primera Guerra Mundial había producido una reorganización del orden político en Europa, dejando la situación en el área del Pacífico casi sin cambios. En realidad, las mismas consecuencias de la guerra en Europa, que había determinado nuevas relaciones de fuerza entre imperialismos, y la falta de una redefinición de las relaciones en el Pacífico, hicieron inevitable la lucha por una nueva repartición.

El antagonismo más agudo en el período inmediato de la posguerra contrapuso a los Estados Unidos y Gran Bretaña por la supremacía de los mares. Gran Bretaña apoyó a Japón, un posible aliado contra los Estados Unidos. Por su parte, Japón, ya hostil a la política estadounidense de “Puertas abiertas”, cuyo propósito era impedir cualquier monopolio sobre China, estaba alarmado por el fortalecimiento naval estadounidense en el Pacífico y temía su presión para establecer una base en la costa china. Los Estados Unidos, temiendo una posible alianza entre Gran Bretaña y Japón, propuso una tregua armamentista durante unos años: en julio de 1921 se anunció la celebración de una conferencia sobre desarme y sobre los problemas del Pacífico a realizarse en Washington.

Con vistas a la Conferencia, la Internacional Comunista había emitido una serie de Tesis en las que se denunciaban los rapaces intereses de las potencias capitalistas y la imposibilidad de su composición. Según la Internacional, ningún acuerdo podía eliminar la base de las rivalidades entre las potencias presentes en Washington, a lo que se sumó el surgimiento del conflicto con los países derrotados, pero también con los pueblos coloniales y, finalmente, con la Rusia soviética, “que representa una brecha en el sistema de Estados capitalistas”. La Internacional afirmó que los acuerdos de Washington no atenuarían las contradicciones entre los imperialismos, al contrario, Versalles antes, Washington ahora, apresuró el acercamiento de una próxima guerra.

En cualquier caso, las potencias que habían acordado, más que los enemigos imperiales temían a su propio proletariado, que aún no estaba domesticado y apoyaba a la Rusia soviética, que en 1922 aún no se había convertido en baluarte de la contrarrevolución mundial.

Las potencias del capital habían excluido a Rusia de la Conferencia de Washington, impidiéndole utilizar la herramienta diplomática. Rusia todavía no era un Estado como los demás, en el poder estaban los comunistas que orientaban la política exterior hacia el objetivo de la revolución mundial. La respuesta a los acuerdos entre los bandidos imperialistas fue un llamado a las armas a todos los explotados en el Lejano Oriente: en enero de 1922, por iniciativa del Ejecutivo de la Internacional Comunista, se reunió en Moscú un Congreso de Organizaciones Revolucionarias del Lejano Oriente.


El informe de los compañeros venezolanos

La situación de la clase trabajadora en Venezuela en los últimos meses ha visto intentos de movilización principalmente en cinco categorías.

1 - Salud - Existe un gran descontento por las malas condiciones de seguridad y trabajo en general. En el sector, a escala nacional el 45% de todo el personal, médicos, camilleros y enfermeras, están afectados por Covid‑19. En hospitales y centros de salud hasta la fecha, 275 trabajadores han muerto a causa de Covid‑19. El sindicato de enfermeras es uno de los más avanzados en reivindicación y lucha. La situación ya era grave antes de la pandemia debido a la precariedad económica. Las infracciones contractuales son frecuentes. A pesar de la ausencia de discusión antes de la firma del nuevo contrato, una de las demandas más urgentes en la actualidad es, además de la garantía laboral, el derecho la seguridad e prevención sanitaria en los ambientes de trabajo.

El sindicato en las discusiones sobre el contrato está pidiendo un aumento salarial a 1.000 dólares por mes y la revisión de otras cláusulas contractuales.

El miércoles 4 de noviembre se convocó a una movilización nacional de los trabajadores de la salud con la exigencia central de subir los salarios y mejorar las condiciones de vida y de trabajo. Docentes, trabajadores de telecomunicaciones, electricidad y petroquímica también confirmaron su participación en este evento.

2 - También entre los trabajadores de la educación hay un estado de descontento generalizado. Los sindicatos, liderados por organizaciones oportunistas y vinculados a la oposición burguesa, al inicio del año escolar, con el fin de reclutar trabajadores, solicitaron un aumento mensual de 1.200 dólares en la contratación colectiva. El gobierno, en respuesta a las demandas salariales, pagó la decimotercera parte, equivalente a un mes de trabajo, equivalente a sólo 795.000 bolívares, menos de 2 dólares al tipo de cambio vigente al momento de redactar este informe.

3 - Otros trabajadores, como los empleados en el sistema judicial y otros funcionarios públicos, han solicitado aumentos salariales al Estado, además de protestar por irregularidades en el pago de salarios. Ellos también piden un aumento salarial de 1.200 dólares. En esta categoría se distribuyó un volante promovido por nuestros compañeros. En otros sectores de la administración pública, los sindicatos han amenazado con huelgas nacionales, ante las insoportables condiciones económicas.

El 6 de octubre, los trabajadores del sector público, especialmente los escolares y los trabajadores de la salud, comenzaron a presionar a sus sindicatos para que realizaran manifestaciones destinadas a mejorar los salarios y la seguridad sanitaria.

El 26 de octubre, trabajadores de los sectores de salud, educación y tribunalicios, de manera organizada, realizaron acciones de calle a nivel nacional, exigiendo salarios de entre 1.000 y 1.200 dólares mensuales, lo que se convirtió en una demanda generalizada para otras categorías. Octubre 2020 estuvo marcado no solo por las protestas callejeras de los trabajadores del sector público, sino también de la población en general que demanda mejoras en los servicios básicos como agua, luz, gas doméstico, servicio de internet y medicinas, entre otros. El Estado intentó responder con represión contra los manifestantes.

4 - Los trabajadores de la industria petrolera también se han quejado de la miseria salarial, agravada por la crisis económica nacional y la pandemia. El 22 de agosto, los empleados de la refinería El Palito, en el occidente del país, paralizaron su trabajo durante varias horas. El motivo de esta protesta fue no haber recibido un bono de 150 dólares, que se pagó a los trabajadores de la empresa Marina Petróleos. Esta huelga fue coordinada con otras empresas petroleras del oriente del país. La protesta surgió desde las bases y no fue promovida por el sindicato. Los trabajadores no llegaron a solicitar un aumento salarial y se concentraron en exigir el pago del bono. Pero los trabajadores del sector petrolero también pidieron la discusión y la firma del nuevo contrato colectivo, con aumentos sustanciales de salarios, cláusulas de protección frente a la hiperbólica inflación y medidas de protección de la salud.

5. Los jubilados y pensionados – que no pueden ser chantajeados con la amenaza de despido – en los últimos meses han jugado un papel decisivo en la organización de las movilizaciones de los trabajadores activos. También piden pensiones y asistencia sanitaria suficientes para garantizar una vejez digna.

Es importante subrayar que en Venezuela, a pesar del clima electoral para las elecciones de noviembre 2020, los trabajadores se han mantenido al margen de esta burla y han concentrado sus fuerzas en reclamar mejores salarios, condiciones laborales y de vida.

Esto a pesar que el proletariado a nivel de fábrica ha reducido considerablemente su fuerza combativa, tanto por la represión policial contra los trabajadores industriales, como por la enorme emigración a otros países de América Latina, y porque han cerrado muchas fábricas en el sector público y privado. Se demuestra así que un régimen dictatorial no es suficiente para detener la lucha de clases.

(El informe continúa con el próximo número)