Partido Comunista Internacional
El Partido Comunista N. 21 - abril 2021
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actualizado el 29 de marzo de 2021

órgano del partido comunista internacional
Lo que distingue a nuestro partido: – la línea de Marx a Lenin a la fundación de la III Internacional y del Partido Comunista de Italia a Livorno 1921, a la lucha de la Izquierda Comunista Italiana contra la degeneración de Moscú, al rechazo de los Frentes Populares y de los bloques partisanos – la dura obra de restauración de la doctrina y del órgano revolucionario, en contacto con la clase obrera, fuera del politiqueo personal y electorero
Contenido:
Trasnocho innecesario
– Salario y moneda: las insignias del capitalismo cubano. El "ordenamiento" de la economia cubana: tarea capitalista
– 8 de marzo: Dia internacional de las trabajadoras: Por la liberacion de las mujeres! Por el comunismo!
Venezuela: Unidad de todos los trabajadores por aumento salarial
Capitalismo, salud y vacunas
En el nuevo industrialismo de Etiopía, las luchas sociales: entre la herencia ancestral y las clases del capitalismo moderno: La compleja situación social
La catastrófica trayectoria del capitalismo mundial: La gigantesca Cina - El comercio internacional
Una falsa "huelga general" para no preparar una real
 
Vida de Partido:
La reunión internacional del partido anuncia el Comunismo contra las mentiras e infamias de la difícil hora actual - 25 a 27 de septiembre de 2020 (Continuación del último y final del informe): El trabajo en los sindicatos – Lucha de Clases en Etiopía – El concepto de dictadura en Marx; La Dictadura democrática de los obreros y los campesinos – Curso de la crisis económica – La cuestión militar: En Rusia, marzo ’17, - Oposición a la guerra en otros países – La revuelta de los negros en Estados Unidos – Cómo juzgó el partido la fallida revolución en Alemania – La formación de la nación india – El PCd’I y la guerra civil en Italia.

 

 


Trasnocho innecesario

“Izquierda trasnochada”, así llama el Presidente del Gobierno Burgués venezolano al Partido Comunista de Venezuela (PCV) y a varios grupos y militantes del movimiento oportunista que tomó el control del gobierno venezolano desde 1999. Las críticas del PCV, grupos como “Marea Socialista” y otros afines al llamado “chavismo”, se han orientado a indicar que el gobierno de Maduro “giró a la derecha”, se comprometió con políticas neoliberales, mantiene acuerdos con la llamada “oposición de derecha” y se apartó de las líneas programáticas preconizadas por su fallecido caudillo Hugo Chávez. En Venezuela el apelativo de “Izquierda Trasnochada” fue utilizado por partidos de la derecha al referirse a los partidos que se autoproclamaban de izquierda y que se lanzaron a la lucha guerrillera en los años sesenta; pero también era el término utilizado por la izquierda oportunista que, desde los años setenta, se sumaba al parlamentarismo, a la defensa de la democracia y al anti‑comunismo.

Cuando el chavismo ganó las elecciones presidenciales en 1999 y cuando más adelante Chávez se autoproclamó socialista, no lo llamaron izquierdista trasnochado, porque había mucho dinero para hacer negocios y muchos empresarios manifestaron su aceptación del “socialismo del siglo XXI”, que les traía grandes beneficios. La división entre “izquierda” y “derecha”, entre “pro‑imperialistas” y “anti‑imperialistas”, entre “patriotas” y “apátridas”, entre “socialistas” y “neoliberales”, se ha mantenido como la gran mentira que le permite a las fracciones políticas de burgueses y pequeño-burgueses continuar su pugna por el control del Estado capitalista y los negocios que de ello se derivan. Ahora Maduro llama “izquierda trasnochada” al PCV, Marea Socialista y a otros grupos e individualidades que cuestionan las medidas neoliberales de su gobierno. Maduro no hace nada diferente de lo ya hecho por los Stalin, los Tito, los Hoxha, los Castro y toda la gama de oportunistas que se proclamaron de “izquierda”, “marxistas”, “socialistas” y hasta “comunistas” y que en algún momento, estando en el poder, les tocó enfrentar las críticas de otros grupos y movimientos de su misma naturaleza oportunista.

Igual que ayer, se repite la historia: esa “izquierda trasnochada”, señalada por Maduro, es tan oportunista, tan anti‑comunista, tan anti‑proletaria, como Maduro y los chavistas que hoy controlan el gobierno en Venezuela. La llamada “derecha radical”, la que apoya una intervención militar norteamericana y el bloqueo financiero, la “derecha moderada”, que está de acuerdo con tomar la vía electoral para conquistar el gobierno, el chavismo (PSUV) y los partidos y movimientos que respaldan al gobierno, y los partidos y movimientos que se reivindican “de izquierda” y “chavistas consecuentes” y que critican al gobierno de Maduro, todos son expresiones políticas de las fracciones burguesas y pequeñoburguesas que pugnan por el control del gobierno, con programas sin contenido anti‑capitalista. Todos estos movimientos en pugna por el control del gobierno y el Estado integran el partido único del Capital, el partido que dirige la dictadura de clase de la burguesía sobre el proletariado.

Particularmente el Partido Comunista de Venezuela (PCV), que es el partido más antiguo, fundado en 1931, ha sido un partido oportunista desde su fundación, surgiendo bajo la influencia contrarrevolucionaria del estalinismo. De comunista solo tiene el nombre. Básicamente es un movimiento que pregona el nacionalismo y, aunque pregona la defensa de las reivindicaciones de los trabajadores, su práctica sindical no ha sido diferente a la de las corporaciones sindicales dominantes, como la Central Bolivariana y Socialista de Trabajadores. Este partido ha protagonizado recientemente la crítica al gobierno burgués venezolano en materia de políticas salariales y en relación a la apertura al capital trasnacional. Pero el PCV ha medrado en el gobierno de los bolivarianos, se ha comido cada migaja que le han lanzado y ha respaldado el programa de capitalismo de Estado proclamado por Hugo Chávez. Ahora, cuando crece el descontento de las masas por los efectos de los ajustes económicos y la reducción del gasto social por parte del gobierno, se hace a un lado para prepararse para cualquier nueva alianza que se derive de cambios en el gobierno.
La historia no es muy diferente en el caso de movimientos como “Marea Socialista”, diferentes grupos trotkistas, y demás agrupaciones nacionalistas, ecologistas, indigenistas, etc.

Ninguno de estos movimientos representa una expresión de la reacción del proletariado ante la crisis capitalista y las medidas gubernamentales. Todos se integran en programas nacionalistas, en enfoques legalistas y constitucionales, en defensa de la democracia y de los postulados políticos de la democracia burguesa. Representan la reacción de una parte de la pequeña burguesía que se ve afectada por la caída de los ingresos petroleros y por la pérdida de la capacidad del Estado burgués de concentrar renta y divisas, de la cual se beneficiaban directa o indirectamente. No podrán ser una opción revolucionaria porque son defensores de la propiedad privada y del policlasismo. Son todos negadores de la dictadura del proletariado como única opción contrapuesta a la dictadura de la burguesía y al capitalismo y son defensores del electoralismo, de la maniobra parlamentaria y de todos los programas que dan oxígeno y continuidad a la explotación capitalista.

Pero lo que pasa en Venezuela es lo que pasa en todas las democracias burguesas del mundo, con sus variantes y especificidades: Demócratas y Republicanos, Liberales y Conservadores, izquierda y derecha. Cada agrupación trata de mantener una imagen diferente ante el electorado, porque de eso depende su sobrevivencia como opción de gobierno, pero todos representan alternativas para la continuidad de la burguesía en el poder.

En Venezuela el “Polo Patriótico”, ese frente de diferentes partidos y movimientos, agrupados en torno al chavismo y su gobierno burgués bolivariano, ha venido manifestando contradicciones internas que se mostraron en las elecciones parlamentarias a finales del 2020. Ese Polo Patriótico es el equivalente a los Liberales o los Demócratas o el “progresismo” en otros países; es la alternativa electoral de los reformistas que se autoproclaman de izquierda. Ya algunos de los partidos que conforman este frente, han comenzado a desarrollar una línea crítica contra el gobierno burgués de los bolivarianos. Algunos de estos movimientos de ruptura con el Polo Patriótico fueron decapitados, como fue el caso de los partidos Podemos, Patria Para Todos y Tupamaros a los que se les cambiaron sus juntas directivas para colocar dirigentes alineados con la alianza con el chavismo (PSUV). A Marea Socialista no la dejaron inscribirse para participar en las elecciones. La dirigencia del chavismo (PSUV), gracias al control del gobierno y demás instituciones del poder del Estado, le cerró el paso en las elecciones parlamentarias a una posible captación de votantes descontentos por parte de estos partidos que tendían a romper con el Polo Patriótico. Solo el PCV logró conseguir una silla en el parlamento, que quedó controlado por el voto mayoritario del chavismo y con una bancada de oposición de derecha en minoría. Pero nada deben esperar los trabajadores de la Asamblea Nacional de ninguno de sus integrantes.

La posición correcta de la clase obrera organizada, debe ser apartarse de todas estas organizaciones oportunistas y moverse hacia la lucha unitaria por sus reivindicaciones inmediatas (salario, jordana de trabajo, condiciones de higiene y seguridad, enfrentamiento a la represión) y confluyendo en un gran movimiento anticapitalista y revolucionario, a nivel local, nacional e internacional.

Mientras tanto, no hace falta que se trasnochen, ni los oportunistas en el gobierno venezolano, ni los oportunistas que los cuestionan. Que aprovechen de dormir y descansar. Ya bastantes horas de insomnio los atormentarán, cuando no puedan contener la reanudación de la lucha de clase del proletariado, cuando no puedan encausar el descontento obrero hacia la represa electoral, cuando sean abandonados los sindicatos actuales y reemplazados por verdaderos sindicatos de clase, dispuestos a llevar las luchas de los trabajadores hasta sus últimas consecuencias, cuando las masas de los asalariados no se dejen manipular por los llamados a la defensa de la patria y de la economía nacional. Entonces si tendrán razones para trasnocharse tanto “izquierda” como derecha, cuando, ya sin la careta del “marxismo-leninismo”, tengan que mostrar abiertamente sus posiciones anti‑comunistas, anti‑prolerarias y contrarrevolucionarias.

 

 

 

 


Salario y moneda: las insignias del capitalismo cubano
El “ordenamiento” de la economía cubana: tarea capitalista

El 1º de enero de 2021, celebraron los oportunistas el 62 aniversario de la llamada “revolución cubana”, un referente de todos los partidos y movimientos oportunistas que se autoproclaman socialistas, pero que no pasan de ser una mascarada de las alternativas políticas con las que cuenta la burguesía para dar continuidad a la explotación capitalista.

En esta oportunidad el gobierno burgués de Cuba anunció que “En concordancia con el nuevo contexto económico del país a partir del primero de enero de 2021, el Ministerio de Finanzas y Precios modificó la escala salarial del país, fijando el salario mínimo en dos mil 100 pesos cubanos”. Así mismo, Miguel Díaz‑Canel, presidente cubano, anunció que Cuba unificará sus dos monedas en curso, el peso cubano (CUP) y el peso convertible (CUC), a partir del 1 de enero de 2021: “Se considera que están creadas las condiciones que permiten anunciar el inicio de la tarea a partir del 1 de enero de 2021 con una tasa de cambio única de 24 pesos cubanos por un dólar”, dijo Díaz‑Canel.

Estos anuncios, hace tiempo esperados y anunciados en televisión por Díaz‑Canel, acompañado por el ex‑mandatario y dirigente del partido “comunista” de Cuba, Raúl Castro, forman parte de un conjunto de tareas indicadas por la dirigencia cubana, enmarcadas en la llamada “tarea de ordenamiento”. “Reiteramos la trascendencia e importancia de esta tarea que pondrá al país en mejores condiciones para llevar a cabo las transformaciones que demanda la actualización de nuestro modelo económico y social sobre la base de garantizar a todos los cubanos la mayor igualdad de derechos y oportunidades”, declaró Díaz‑Canel.

En materia monetaria la “tarea de ordenamiento”, consiste en la desaparición del CUC, creado en 1994, y el establecimiento de una sola tasa de cambio.

Con estas medidas el gobierno burgués cubano sincera el avance del proceso de devaluación de la moneda y la existencia de un proceso inflacionario, como el atravesado actualmente por muchos países capitalistas. El hecho de que se estableciera una tasa de cambio inicial aparentemente baja (24 pesos por dólar) no impedirá el ascenso de la onda inflacionaria y de la tasa de cambio. De hecho, luego del anuncio gubernamental se observó que en el mercado negro alcanzó precios de hasta 45 CUP o pesos cubanos por dólar.

Si bien el gobierno ha establecido que la población debe hacer sus transacciones en efectivo únicamente en CUP (Pesos cubanos) y ha dado apertura al uso de tarjetas de crédito en dólares a quienes reciben remesas de familiares en el extranjero, en la práctica se está imponiendo el pago en Dólares o Euros en efectivo, especialmente para todos los servicios y necesidades de un turista extranjero; y es en estos espacios del mercado donde prosperará la devaluación real del peso cubano.

En correspondencia con esta política monetaria se fijó la nueva escala o tabla salarial que tiene como salario mínimo 2.100 pesos (87,5 dólares al cambio oficial y 46,67 dólares según el valor en la calle). En el nuevo tabulador salarial el monto va aumentando según lo que el gobierno determina como grados de complejidad del trabajo y según el número de horas que se trabaja en la semana. De manera que los 2.100 pesos aplican para el grupo de complejidad I, pero siempre y cuando cumplan con una jornada de 44 horas semanales; ya que si los trabajadores cumplen una jornada de 40 horas semanales, su salario será de 1.910 pesos.

Las ocupaciones de trabajadores de servicios se ubicarán desde el grupo I al VI (de dos mil 100/mil 910 pesos hasta dos mil 660/dos mil 415 pesos); las de trabajadores administrativos, desde el grupo III al VII (de dos mil 300/dos mil 090, hasta dos mil 810/ dos mil 555 pesos); y los operarios, desde el grupo II al VIII (de dos mil 200/dos mil, hasta dos mil 960/ dos mil 690 pesos). Evidentemente que la mayor parte de la población asalariada quedará comprendida entre los grupos salariales I y VI.

En el caso de los cargos técnicos, estarán desde el grupo VII al XXV (de dos mil 810/ dos mil 555 pesos hasta seis mil 610/ seis mil 010 pesos); y los cargos de cuadros desde el grupo XVII hasta el XXXII (de cuatro mil 610/ cuatro mil 190 hasta nueve mil 510/ ocho mil 645 pesos).

Luego hay un conjunto de disposiciones para diferentes especificidades de situaciones laborales que complementan los 32 grupos salariales.

Pero la tarea del ordenamiento no solo se limita a establecer un tipo de cambio único y una escala salarial. El gobierno cubano anunció eliminación de subsidios y sinceración de precios. En primer lugar, “la eliminación gradual de subsidios excesivos y gratuidades indebidas”. “La política es subsidiar a las personas y no los productos, para evitar el igualitarismo que a veces tenemos en la sociedad”. En segundo lugar, “mantener el salario como fuente principal para financiar el consumo de los trabajadores y su familia, y eliminar las distorsiones salariales para estimular la incorporación al empleo y la promoción a cargos de dirección”. Es decir, el gobierno cubano abandona el control de precios de bienes y servicios que según ellos, estimulaba un supuesto igualitarismo, y pone de relieve lo que todos los trabajadores saben: que solo cuentan con su salario para afrontar el costo de la vida. Por supuesto que el gobierno manifestó que el salario mínimo establecido permite cubrir el costo de la canasta de bienes y servicios de referencia (CBSR=1.528 pesos). Pero lo que no dice el gobierno es que con estas medidas económicas el monto de la CBSR se moverá rápidamente y pondrá a los trabajadores con un salario muy débil para poder cubrir sus necesidades y las de sus familias. Y en un ambiente de desmovilización de los trabajadores y represión, los cambios en el salario seguirán dependiendo de decisiones centralizadas por el gobierno cubano.

Igual que otros gobiernos oportunistas, que se declaran de “izquierda” y “socialistas”, el gobierno cubano asegura que no se trata de un ajuste neoliberal. Pero es evidente que el gobierno burgués cubano busca salir adelante en el marco de la crisis económica, con un sector turístico venido a menos, con pérdida del respaldo económico de Venezuela, con por lo menos un 40% de las empresas estatales operando a pérdidas. El gobierno cubano apuesta a aumentar la apertura al mercado mundial, a dar viabilidad a algunas oportunidades de exportación de mercancías y a abaratar los costos de operación de trasnacionales que se instalen en Cuba, principalmente los costos de mano de obra, que en la región es una de las más económicas, superando solo los salarios en Venezuela.

Se desatan los demonios de la especulación, el acaparamiento y el desabastecimiento de mercancías. Solo el precio del pan de 80 gramos que cada cubano recibe por la tarjeta de racionamiento se multiplicó 20 veces a partir de enero. Los 11.2 millones de cubanos residentes reciben diariamente ese pan, sean comunistas u opositores, vanguardia laboral o desempleado, a un precio que era de 5 centavos de pesos cubanos (CUP), un costo ínfimo si se expresa en dólares. Ahora, como parte de los ajustes económicos anunciados por el presidente Miguel Díaz‑Canel, el pan costará un peso, o sea, 4 centavos de dólar, según información publicada en la Gaceta Oficial. También subieron los precios los servicios básicos (agua, gas, electricidad, transporte), los notariales y así como los impuestos.

Una de las consecuencias inmediatas de estas medidas, será una inflación estimada de tres dígitos, lo cual también ha sido reconocido por el gobierno cubano en sus anuncios.

En un intento por contener un proceso inflacionario, los precios de los productos agropecuarios serán regulados por los gobiernos municipales y por el provincial de La Habana; pero sabemos que estos controles caerán a merced de la dinámica del mercado.

El salario mínimo en Cuba pasó de 400 a 2.100 pesos cubanos (de 17 a 87 dólares). En promedio el aumento salarial fue de 450% y 500% en el caso de las pensiones.

Pero los trabajadores se verán acosados por la inflación y la caída del salario real y en la calle se agudizará la disputa por la adquisición de dólares en efectivo y es de esperar que aumenten las transacciones en esta moneda para la adquisición de productos de primera necesidad. El mercado negro de divisas queda con “licencia para matar” y serán los trabajadores asalariados los principales afectados.

Al igual que en todo el mundo capitalista, las políticas salariales cubanas están orientadas a proteger las ganancias de los empresarios públicos y privados. Aunque es previsible que el gobierno cubano implemente nuevos ajustes salariales y aplique algunas medidas de control de precios de algunas mercancías y servicios, la tendencia a la caída del salario real y al crecimiento del desempleo se mantendrá. En Cuba veremos las mismas políticas anti‑obreras que aplican diferentes gobiernos burgueses en el mundo. Veremos también la flexibilización de la jornada de trabajo, el trabajo eventual, el trabajo por hora, el trabajo en horas extras y todas las modalidades laborales que permiten a los capitalistas economizar en sus pagos en salarios. El gobierno cubano busca hacer a Cuba atractiva para la inversión trasnacional, a costa de la sobre-explotación de los trabajadores.

Ni los asalariados cubanos, ni los asalariados en todo el mundo, deben dejarse engañar por este falso socialismo. El proletariado cubano más temprano que tarde, deberá reaccionar reanudando su lucha de clase y la acción unitaria por la mejora de su salario y las condiciones de trabajo, rompiendo con los llamados a la defensa de la “patria socialista”.

 

 

 

 


8 de Marzo de 2021
DÍA INTERNACIONAL DE LAS TRABAJADORAS
¡POR LA LIBERACIÓN DE LAS MUJERES!
¡POR EL COMUNISMO!

El Día Internacional de las Obreras es una tradición que se remonta a 1911. Propuesto por Clara Zetkin al Secretariado Internacional de la Mujer, de la Internacional Socialista, como una oportunidad para reivindicar los derechos de las trabajadoras.

Más de un siglo después, el Día de la Mujer ha sido completamente despojado de su contenido revolucionario. ¡Bajo la difusión de las ideas burguesas y pequeñoburguesas, el 8 de marzo se ha convertido en una exhibición de anécdotas, donde se celebra el éxito de algunas mujeres “excepcionales”, para calentar los corazones de los moralistas liberales! Los medios burgueses nos bombardean con retratos de mujeres que se han afianzado en círculos tradicionalmente masculinos, hasta el punto de ocupar posiciones dirigentes. Intentan entusiasmarnos con la “paridad numérica” ​​en gobiernos y parlamentos.

En realidad, las victorias de la burguesía no lo son en absoluto para todas las mujeres y mucho menos para las de la clase obrera. Estas burguesas “excepcionales” sólo han ganado el mismo poder que sus homólogos masculinos en la explotación de la fuerza de trabajo, de mujeres y hombres. El hecho de que unas pocas privilegiadas hayan logrado “abrirse paso” no conduce a una mejora en las condiciones de las mujeres en general. De hecho, los salarios de las trabajadoras son siempre inferiores a los de los hombres y ocupan puestos de trabajo más precarios.

Las organizaciones de la clase obrera deben, por tanto, defender las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras, ya que sus malas condiciones influyen en las de todo el proletariado. Desde el comienzo de la gran industria los capitalistas han utilizado a las mujeres para reducir los salarios en detrimento de todos los trabajadores.

Solo a través del sindicato es que las mujeres han podido mejorar su situación y obtener el mismo trato que los hombres. La unidad de todo el proletariado y la lucha revolucionaria es, por tanto, esencial para la emancipación de la mujer – y de toda la humanidad.
 
La pandemia actual solo ha empeorado el problema. Las mujeres de todo el mundo son responsables de la educación, el cuidado de los niños, de garantizar la supervivencia de toda la familia y de ocuparse del cuidado sus miembros ancianos.

La pandemia demuestra una vez más la necesidad de la reivindicación comunista de casi dos siglos de antiguedad: las tareas domésticas pueden y deben socializarse.

Pero la emancipación de la mujer no será posible sin la destrucción de la familia burguesa, en la que la mujer desempeña el papel de esclava. La familia es una herramienta fundamental para la defensa del sistema capitalista y de la propiedad privada de los medios de producción.

El movimiento feminista se presenta a sí mismo como interclasista. Pero la lucha de las mujeres no debe ser controlada por la burguesía y sus representantes. Las reformas mínimas otorgadas por los capitalistas con la mano izquierda pronto son reconsideradas por la mano derecha en cuanto juzgan que la situación económica o social no se los permite.

El primer enemigo de las mujeres no son los hombres: sino el capital, que las explota doblemente, como lo hace con el sobre-trabajo de todos los obreros. El feminismo burgués vuelve sus armas contra los hombres en general en lugar de incitar a las trabajadoras a unirse contra la clase capitalista.

Camaradas, trabajadores, ¡es hora de restablecer el carácter comunista y revolucionario del Día Internacional de las Trabajadoras!
     ¡Los trabajadores siempre han estado a la vanguardia de las luchas revolucionarias, como lo han demostrado las heroicas experiencias de la Comuna de París y de la Revolución Rusa!
     La lucha revolucionaria debe continuar hasta la victoria final: la dictadura del proletariado.
     ¡Sólo la revolución proletaria puede asegurar verdaderamente la emancipación del capital de las mujeres proletarias y de toda la humanidad!
 

 

 

 


Venezuela:
Unidad de todos los trabajadores por aumento salarial

El gobierno burgués en Venezuela anunció un aumento del salario mínimo, vigente a partir del primero de marzo, por un monto de 1.800.000 bolívares mensuales. La denominada Cesta Ticket también se colocó en 1.800.000 bolívares mensuales. Las pensiones se igualaron al salario mínimo. Estamos hablando de 0,95 dólares mensuales y, si se suma la Cesta Ticket, para alcanzar el monto de lo que el gobierno llama “salario integral”, serían 1,9 dólares mensuales. En el tabulador salarial de los empleados públicos el salario más alto sería de 2,89 dólares (3,84 dólares si se le suma la Cesta Ticket). En ese tabulador el obrero con el mayor salario cobraría 1,68 dólares mensuales (2,63 dólares si se le suma la Cesta Ticket).

La Canasta Alimentaria se estima en 282 dólares mensuales, un monto inalcanzable para un obrero calificado o no calificado. En el sector de petróleo y petroquímica los demagogos del sindicalismo patronal promueven en mensajes de texto un supuesto acuerdo con el patrón para establecer un salario básico de 16,7 dólares mensuales y una Cesta Ticket de 43,62 dólares mensuales más un “bono de guerra económica” de 8,35 dólares mensuales, para un ingreso total de 68,67 dólares mensuales (24% del costo de los alimentos requeridos por una familia). En el sector privado también se vienen cancelando salarios más altos que los previstos en el tabulador aplicado al sector público, pero igual se presenta la amplia brecha entre el monto del salario y el costo de la vida.

El aparato productivo presenta un porcentaje de paralización superior al 70% como efecto del decaimiento de la actividad petrolera, que ha sido el motor de la economía venezolana, de la caída del consumo y de la capacidad de compra y por los efectos coyunturales de las medidas de prevención del Covid 19 y el desabastecimiento de combustible. Esta parálisis económica impulsa el desempleo y la reducción de la población económicamente activa. Aunque entre febrero y marzo la Tasa de Cambio estuvo en torno a 1.800.000 bolívares por dólar, la inflación no se detiene y el salario real seguirá cayendo.

El gobierno impulsa los salarios reales hacia abajo para apoyar a los capitalistas nacionales y trasnacionales que tratan de mantener y ampliar sus márgenes de ganancias.

Ante toda esta situación los trabajadores tratan de reaccionar y comienzan a convocarse concentraciones y movilizaciones para protestar y exigir mejores salarios. Todavía esta reacción de los trabajadores es débil por la falta de organización de base y por la acción traidora y desmovilizadora de los sindicatos actuales.

Para salir adelante los trabajadores deben organizar comités de obreros de base y confluir en sindicatos de clase, al margen de los sindicatos actuales, uniendo sus luchas por aumento salarial. Deben desarrollarse formas creativas de protesta dentro del contexto de las restricciones del Covid 19 y de la represión del gobierno. Y todas estas acciones de lucha deben ir confluyendo en la huelga indefinida y sin servicios mínimos de los trabajadores de todos los oficios y categorías en todas ramas de actividad económica. Deben impulsarse las reuniones y asambleas de trabajadores dentro y fuera de los centros de trabajo. No hay otro camino para los trabajadores asalariados sometidos a la explotación capitalista. En este camino es importante mantenerse apartados de los llamados de los electoreros y busca votos de todos los colores.

UNIDAD DE ACCION DE TODOS LOS TRABAJADORES POR UN AUMENTO GENERAL DE SALARIOS!!!

 

 

 

 


Capitalismo, salud y vacunas

En el artículo anterior sobre la pandemia publicado en este diario repetimos cómo el capitalismo, en sus articulaciones nacionales, en competencia entre ellos, no pudo ofrecer otra cosa que soluciones limitadas, parciales y conflictivas; denunciamos su incapacidad para manejar la epidemia en términos de su tratamiento, la disponibilidad de ingresos de pacientes a hospitales equipados y el fracaso sustancial de la organización supranacional que debería haber dado indicaciones vinculantes para todos los Estados.

De la misma manera en que se desarrolla la crisis capitalista, a pesar de una serie de aparatos de control nacionales e internacionales, y la feroz competencia entre Estados y áreas económicas amplifica su dimensión, la pandemia pone en evidencia la incapacidad de los Estados para la colaboración internacional. Pero esto es el capitalismo, no la buena o la mala voluntad de los gobiernos: nada más puede esperar la humanidad de este mundo.

Sobre una situación de creciente dificultad para los capitalismos nacionales y supranacionales se ha precipitado una epidemia mundial inesperada, más letal que las anteriores. El mundo del capital se ha encontrado en una doble fase crítica, por un lado por los efectos negativos en muchos sectores de la producción y el consumo de las mercancías, y por otro por el avance inexorable de su intrínseca crisis de sobreproducción.

Para los burgueses, la posibilidad de una pandemia no era una perspectiva remota: en una serie de documentos producidos en congresos internacionales, comenzando con el Foro Económico Mundial en Davos en 2015, la pandemia era una perspectiva prevista. En enero de 2019 el mismo Foro abordó el tema, correlacionándolo con el mecanismo mundial de globalización que ha demolido cualquier separación entre áreas, con muchas estimaciones económicas de costos y pérdidas económicas, advirtiendo que este era un riesgo que las “empresas” (¡y no la humanidad!) no podían permitirse el lujo de ignorar y señalando las líneas de acción. Incluso se apresuraron a aprovecharlo para aumentar la facturación: una colaboración supranacional entre agencias nacionales e internacionales, entre ministerios de salud, entre empresas de transporte marítimo y aéreo para potenciar las estructuras logísticas, el fortalecimiento de los stocks de medicamentos, la financiación de la investigación médica para el desarrollo de las vacunas, en relación a las cuales se indicaron las necesarias revisiones a la legislación en términos de los tiempos de experimentación y aceleración de los protocolos de canal libre para la comercialización. Todo para evitar el bloqueo de los comercios, garantizando las rutas comerciales y la movilidad de las personas.

Esas indicaciones se vieron desbordadas por la pandemia, que se desarrolló en menos de doce meses después, con la saturación de plazas hospitalarias, con una tendencia pandémica exponencial y no lineal, como se predijo. Está en la naturaleza del capitalismo mirar solo a la realización inmediata de las ganancias y no preparar nada que no lo prometa en poco tiempo: en los primeros lugares del ranking de las acciones no esenciales y que se pueden posponer está la salud de los trabajadores, de los cuales siempre habrá abundancia.

Las actividades manufactureras y agrícolas no se detuvieron en el período pandémico. La cara del “trabajo inteligente”, es solo para algunos de los trabajadores, no en la producción material de mercancías: a estos el capital ha impedido cualquier protección real.

Pero el mercado, donde las mercancías obtienen valor y plusvalía, se ha reducido significativamente, tanto el comercio minorista, reemplazado solo en parte por la distribución a gran escala, como también otros sectores estratégicos, el mercado del automóvil, la construcción naval civil, el petróleo, etc.

Después de un año de pandemia, los efectos sociales son graves. El peso de las consecuencias se descargará sobre el proletariado, pero también sobre la pequeña y mediana burguesía, que vive del comercio y el turismo. Los gobiernos tampoco son capaces de contrarrestar el miedo al futuro que invade a las sociedades y el miedo empuja a la clase media a no comprar y mantener reservas. La incapacidad para volver a un pasado “normal” y la falta de perspectivas para el futuro propaga sentimientos de ira impotencia que corren el riesgo de estallar en manifestaciones de malestar, si no en revueltas. Y esto es transversal a todo el cuerpo social.

Si, como se ha dicho, las “potencias fuertes” supranacionales habían previsto la pandemia, ciertamente no la provocaron ni aumentaron sus efectos, porque nadie sabe con qué propósito o voluntad perversa de dominación y sumisión de la “gente”. De hecho, el evento, aunque esperado por años en el mundo del capital, ha producido una serie de reacciones improvisadas, descoordinadas, dictadas por el no saber qué hacer, empeñados en tomar iniciativas que habían sido explícitamente excluidas por el daño que hubieran provocado. Y han surgido las temidas consecuencias, hasta la caída del PIB mundial. No damos ningún crédito a las teorías de la conspiración y a la negativa a creer en la gravedad del contagio.

Por supuesto, esto no significa que sectores específicos del capital no estén aprovechando todas las oportunidades que se derivan de la pandemia para su propio beneficio. Nos sorprenderíamos de lo contrario. Lo coherente con estos negocios es mantener la falta de preparación de las estructuras médico hospitalarias en la presunción de poder intervenir “en el momento”, según la ideología del “just in time” (justo a tiempo) que, para ahorrar en los inventarios de los almacenes, pretende producir “bajo demanda”, cuando surja la necesidad.

Finalmente, gracias al gran progreso de las fuerzas productivas, técnico, de las herramientas y del conocimiento, con un enorme esfuerzo financiero, que solo el apoyo de los Estados ha permitido, en un tiempo irrazonablemente corto las empresas farmacéuticas han alcanzado la producción de la vacuna. Los tiempos de control clínico se han reducido y, en cuanto a los datos de los resultados de las pruebas, se confía en los fabricantes. ¿Cuánto habría sido suficiente, en otras circunstancias, para bloquear la distribución?

Pero para expresar claramente la opinión sobre la vacuna, es necesario situarse en un plano superior al de la situación contingente y hacer una clara distinción entre mercancía y necesidad humana. En el capitalismo todo es una mercancía, todo está subordinado al mercado. Este es el hiato fundamental del capitalismo, que lo hace antihumano. Ciertamente se nos suministrará una vacuna capitalista. Pero eso es lo menos peor que podemos conseguir.

Pero también es cierto que es el capitalismo el que necesita del intercambio entre productores y consumidores. Y cuando el intercambio está en condiciones de necesidad, es entonces cuando el capital anticipado para estudio, producción y distribución, rinde la máxima ganancia. También es cierta la naturaleza falsa, corruptora y mistificadora del capitalismo y de los Estados que son su baluarte político. Y es cierto que las empresas farmacéuticas obtendrán enormes beneficios. Todo según la necesidad del capital.

¡Porque la cuestión no es “rechazar” los productos del capitalismo, sino derrocarlo! 

 

 

 

 


En el nuevo industrialismo de Etiopía las luchas sociales entre la herecia ancestral y las clases del capitalismo moderno

Un país de capitalismo joven, cuya economía está experimentando ritmos de crecimiento sostenidos, no puede evitar planificar una política energética para satisfacer las necesidades de la industria nacional. Para Etiopía, la posibilidad de resolver gran parte del problema radica en la construcción de la gigantesca presa a lo largo del curso del Nilo Azul, no lejos de la frontera con Sudán. La “Gran Presa del Renacimiento Etíope”, conocida por las siglas Gerd, podrá producir 6.500 megavatios cuando entre en funcionamiento, duplicando la producción eléctrica del país. Es un objetivo que el gobierno de Addis Abeba ha estado apuntando durante algún tiempo, tanto que ya en la década de 1960 el negus Haile Selassié había abrazado un proyecto similar, esperando la ayuda de Estados Unidos. Ahora que los puestos de trabajo superan el 70%, el viejo sueño está al alcance de la mano.

Para alimentar la central eléctrica es necesario llenar la cuenca con más de 70 mil millones de metros cúbicos de agua (¡un cubo de 4 kilómetros a cada lado!) transportando todo o parte del flujo del Nilo Azul que desemboca en Etiopía. El problema sería: ¿a cuánta producción agrícola anual renunciar para tener una determinada cantidad de electricidad? Una vez determinadas las necesidades generales de alimentos y de energía, identificar los momentos oportunos para llenar el gran lago sería un cálculo fácil.

Pero hay “un pequeño inconveniente”. El régimen del capital, con su anacrónica segmentación de la ecúmene, el conjunto de las tierras habitadas, en Estados nacionales, imposibilita cualquier solución. Dadas las actuales relaciones de producción, era inevitable que surgiera una disputa entre Etiopía y los otros dos países bañados por el Nilo aguas abajo de la presa, Sudán y Egipto, que dependen de el para el abastecimiento de agua y la agricultura. El llenado de la cuenca llevará varios años. Los expertos del gobierno de El Cairo anticipan escenarios fuertemente negativos para la economía egipcia; cuanto más catastróficos, más rápidos serán los tiempos de llenado. Si sucede en diez años, Egipto deberá renunciar al 14% del agua y al 18% de la tierra cultivable. En siete años se perderá el 22% del agua y el 33% de la tierra. Si entonces los tiempos de entrada en funcionamiento a plena capacidad de la presa se redujeran a solo cinco años, el 50% de las tierras agrícolas egipcias desaparecerían.

Si esta perspectiva se hiciera realidad, aunque solo fuera en parte, sería insostenible para un país de más de 100 millones de habitantes, ya asolado por la crisis económica mundial y lidiando con un desempleo masivo: podría encontrarse con la pérdida de más de 1,2 millones de puestos de trabajo en la agricultura. El presidente al‑Sisi amenaza con represalias militares contra Etiopía mientras promete a los egipcios que no sufrirán de sed.

Por su parte, El Cairo cuenta con el apoyo de Sudán, que se ha acercado a Arabia Saudí y a los Emiratos Árabes Unidos, estrechos aliados de Egipto, después de la caída en el 2019 del régimen vinculado a la Hermandad Musulmana del expresidente Omar al‑Bashir. A mediados de julio 2020, la propaganda cruzada de estos capitalismos rivales amenazaba con invadir la costa occidental del Mar Rojo.

Pero el momento de la guerra no es propicio para ninguno, y los tres países bordeados por el Nilo han prometido volver a la mesa de negociaciones. El gobierno de Addis Abeba, no demasiado creíble, aseguró que las fuertes lluvias estacionales habían impulsado un abundante e inusual flujo de agua hacia la cuenca, como revelarían las imágenes de los satélites. Al mismo tiempo, el gobierno etíope enviaba un mensaje claro a El Cairo y a Jartum ostentando sus vínculos con Turquía, país que apoya a los Hermanos Musulmanes y archienemigo de Egipto en la guerra de Libia. También a mediados de julio, el ministro de Relaciones Exteriores turco, Mevlüt Çavuşoğlu, voló a Addis Abeba para reunirse con el ex presidente etíope Mulatu Teshome Wirtu, reafirmando las relaciones económicas y políticas con Etiopía, que es el segundo socio comercial de Turquía después de China.


La compleja situación social

El arma del nacionalismo es utilizada por el gobierno etíope para distraer las tensiones internas, desviadas por la clase dominante en los conflictos interétnicos. Etiopía, en la que se hablan más de 90 idiomas, tiene que lidiar con una contraposición histórica entre los dos componentes étnicos principales: los amhara, políticamente hegemónicos durante muchos siglos, y los oromo (la “galla” de la literatura italiana y europea de la época colonial), que son un tercio de la población, de un país que con 110 millones de habitantes, es el segundo más poblado de África.

A finales del siglo XIX el negus neghesti Menelik II, expresión de las antiguas clases nobles etíopes, había llevado a cabo una política de expansión militar partiendo del norte, con un claro predominio amhara, hacia las tierras habitadas por los oromo. El objetivo era fortalecer una superestructura estatal muy frágil, expresión de una base económica todavía en gran parte feudal, para dar vida a una especie de absolutismo ilustrado tardío destinado a proteger al país de los apetitos voraces de las potencias coloniales.

En 1889, año de la fundación oficial de Addis Abeba, Menelik se hizo coronar emperador de Etiopía, sellando la victoria definitiva que llegó después de una década de guerras incesantes contra los reinos débiles y fragmentados de los Oromo. La elección del lugar donde nacería la nueva capital tenía el propósito de imponer una dominación que también pretendía hacer uso de una base racial. La dominación política de los Amhara fue una constante del Estado etíope durante más de un siglo, a excepción del breve intervalo de la dominación colonial italiana, que hizo todo lo posible para favorecer al componente Oromo y las demás minorías para contrarrestar la guerrilla patriótica del arbegnuoch que se opuso a las tropas de ocupación.

Este predominio político de los Amhara persistió durante el régimen estalinista del Derg, que gobernó el país entre 1974 y 1991 y que, en un intento de centralizarlo, contrarrestó las tendencias centrífugas debido al atraso económico y la consiguiente fragilidad del organismo estatal. Además de combatir los impulsos irredentistas de los Oromos, el poder central también luchó contra las aspiraciones independentistas de los Tigres, que más tarde desembocaron en la secesión de Eritrea en 1993.

En la década de 1990, con el cambio de régimen político, el gobierno intentó calmar las tensiones étnicas mediante la elevación de los idiomas oromótico y tigrinya al rango de idiomas oficiales (a los que también se les agregó recientemente el somalí, hablado en Ogaden, y en Afar, la lengua de los llamados dancali de la época colonial), sin todavía poder sofocar por poco tiempo los conflictos de nacionalidad.

Un primer levantamiento oromo, provocado por los planes de expansión residencial de la ciudad de Addis Abeba hacia el campo circundante, se produjo en 2016, lo que provocó incidentes y feroces represiones que, según algunas fuentes, causaron alrededor de 500 muertes. Pero la fiebre de la inversión inmobiliaria en un país en rápido crecimiento, marcado por un impetuoso proceso de urbanización de las masas campesinas, no conoce tregua.

En los últimos meses, el conflicto étnico, alimentado por escuadrones de la muerte paraestatales al servicio de la expansión de la construcción urbana por un lado, y por el otro por las organizaciones políticas del irredentismo interclasista de los oromo, ha experimentado un resurgimiento a pesar de que en 2018 se llegó a un acuerdo firmado entre el gobierno y el Frente de Liberación Oromo, que le valió al Primer Ministro Abiy Ahmed, también de la etnia Oromo, la concesión del Premio Nobel de la Paz.

A finales de junio, el asesinato en Addis Abeba de un conocido cantante de etnia Oromo, con una larga trayectoria como milicia irredentista y varios años de prisión, fue la chispa de una nueva ola de violencia que provocó más de 200 víctimas. Los disturbios adquirieron un carácter de rivalidad racial entre los “semíticos” amhara y los “cusíticos” oromo. También hubo episodios de violencia contra los símbolos del dominio de los negus y de la antigua nobleza etíope: cerca de Harar fue demolida una estatua de ras Makonnen, un hombre de confianza de Menelik II y padre del último negus Haile Selassié.

Mientras tanto, la tensión ha vuelto a crecer en la región de Tigray, donde el idioma mayoritario es el tigrinya, donde se arraiga una intolerancia tradicional hacia el poder central, identificado con la preeminencia de la etnia amhara.

La población de Tigray se ha visto afectada por una serie de hambrunas que han sembrado muerte y miseria. Dos de ellos, en 1958 y en el bienio 1984‑85, dejaron morir de hambre a cientos de miles sin que el Estado etíope tomara medidas efectivas para impedirlo. Una nueva crisis alimentaria que comenzó en 2019 corre el riesgo de reiterar ese trágico guión.

El actual gobierno se formó en 2018, marcando un punto de inflexión tras una fase que duró un cuarto de siglo, a partir de 1991, es decir, desde la eliminación de lo que quedaba del régimen “marxista” del Derg (desde 1987 ya había cambiado de nombre), cuando el Frente Popular para la Liberación de Tigray adquirió un peso decisivo en la política etíope.

El Frente Popular para la Liberación de Tigray, el partido más importante de la burguesía local y que monopoliza la asamblea regional, muestra signos de intolerancia hacia los intentos de fortalecer el poder central y hacia la actitud del jefe de gobierno cada vez más inclinado a un una suerte de “bonapartismo” por encima de las diferencias étnicas. La fricción ha aumentado tras la decisión de Addis Abeba de posponer las elecciones políticas por motivo de la pandemia de Covid‑19. Un hecho que ha frustrado la expectativa de los autonomistas de Tigrinya de reemplazar al gobierno de Abiy Ahmed con un nuevo grupo que moderará la centralización de poderes que ha reducido la influencia de los notables locales.

En los últimos meses, la intolerancia hacia el poder central se ha manifestado en todas las principales ciudades de la región con desfiles militares de las fuerzas autonomistas de Tigrinya. En confirmación de la actitud de insubordinación hacia Addis Abeba, el 9 de septiembre se celebraron elecciones regionales, aunque declaradas ilegales por el gobierno. El Frente de Liberación Popular de Tigray obtuvo el 98% de los votos, un plebiscito que dice mucho sobre la magnitud del enfrentamiento en curso, así como sobre la credibilidad del régimen democrático.

Las tensiones “étnicas” empezaron a reavivarse en los primeros días de noviembre 2020. El día 2 del mes, un grupo perteneciente a una milicia oromo atacó una escuela en el pueblo de la región de Benishangul-Gumuz, matando a 54 amhara. El mismo día en Tigray, un ataque a una base del ejército cerca de Makalle provocó la muerte de algunos soldados e inició un nuevo enfrentamiento militar.

El gobierno federal de Addis Abeba, después de haber suspendido los vuelos aéreos con la capital de Tigrinya Makallè y con las ciudades de Axum y Shiré e interrumpido las comunicaciones a través de Internet, se embarcó el 4 de noviembre en una ofensiva militar en Tigray. El 28 de noviembre, tras la toma militar de Mekele por tropas federales, el primer ministro etíope, Abiy Ahmed, anunció el final de la ofensiva armada, si bien organismos como la ONU advirtieron de que aún había hostilidades y denunciaron la difícil situación de la población civil por no poder recibir ayuda humanitaria. Aunque no hay cifras oficiales, se habla de un saldo de muertos y miles de desplazados, refugiados y migrantes.
Sin embargo, quedan algunas certezas para nosotros: la cuestión nacional en Etiopía, en medio de masacres y deportaciones masivas, vuelve a demostrar ser un instrumento de dominación en manos de la clase burguesa, mientras el naciente industrialismo en el país levanta un nuevo ejército de proletarios que envuelve a multitudes de trabajadores independientemente de su grupo étnico de origen.

 

 

 

 


La catastrófica trayectoria del capitalismo mondial
Informe a la Reunión General de mayo y septiembre 2020


La gigantesca China

Pasemos a una pieza clave del rompecabezas global: China. El problema con China es que los índices de producción industrial no son utilizables porque están muy sobreestimados. Ninguna institución, ni la ONU ni la OCDE los toma en consideración. Debemos hacer referencia a los datos físicos, en particular a la producción total de energía y, sobre todo, a los consumos energéticos de la industria, que son los más fiables, aunque China los entregue a cuenta gotas.

En la curva de la producción de energía se puede ver la recesión de 1997‑98, que corresponde a la crisis asiática, que provocó una crisis financiera en Rusia y obligó al Estado ruso a suspender los pagos. Luego llegó a los países de América Latina, en particular México, Brasil y, sobre todo, Argentina, que luego atravesaron una grave crisis financiera y comercial. Luego, entre 2000 y 2007, se produjo una fuerte subida de la curva, a la par de una enorme afluencia de capitales, especialmente de Estados Unidos, Japón, Alemania hacia China, el nuevo Dorado de las multinacionales. En 2008‑2009, en lugar de una recesión, tenemos una fuerte desaceleración, seguida de la recuperación en 2010‑11, luego una fuerte desaceleración con una contracción de la producción en 2015‑16. Seguido, como en el resto del mundo, por la recuperación económica de 2017‑18. Sin embargo, los datos de 2019 no están disponibles, aunque ya estamos a finales de septiembre de 2020.

Aquí tenemos la curva correspondiente al consumo de energía de la industria. Lamentablemente, solo comenzamos a partir de 2011; si tuviéramos los datos de 2007, podríamos haber visto los efectos de la recesión de 2008‑2009. En ese momento, el gobierno chino intervino enérgicamente abriendo el grifo del crédito, lo que provocó una alta especulación e inflación, especialmente en los productos agrícolas. Para que la industria vuelva a moverse, invirtió $ 1 billón en enormes obras de infraestructura. Sin embargo, esto no evitó la fuerte desaceleración después de 2011 y la recesión de 2015‑16. Esto muestra los límites del capitalismo de Estado. 

La desaceleración de la producción industrial también es visible en la producción de energía eléctrica, aunque es objeto de mucha especulación por parte de las distintas regiones administrativas de China porque les interesa inflar las cifras hacia el gobierno central. En la siguiente tabla, mostramos esta desaceleración, que presagia una formidable crisis de sobreproducción, es claramente evidente.

2011-2017 (Estadísticas de Anuarios de China)
  1966 1973 2007 2014 2019
Twh 78.000 166.800 3.180.564 5.432.100 7.085.496
Na   7 34 7 5
Incr.   11,5% 9,1% 7,9% 3,9%

La primera fila muestra la cantidad de energía eléctrica producida en teravatios hora (1000 millardos de vatios hora). La segunda fila muestra el número de años entre las dos fechas. Cada fecha corresponde al máximo alcanzado antes de una crisis de sobreproducción. La tercera línea muestra el aumento anual promedio. De 1966 a 1973, la producción de electricidad aumentó cada año, en promedio, en un 11,5%. De 1973 a 2007, la tasa de crecimiento todavía muy fuerte cayó al 9,1%. De 2007 a 2014, el crecimiento se redujo aún más al 7,9%. En el último ciclo con 3.9% nos acercamos a los ritmos asmáticos de los viejos capitalismos occidentales, presagiando una formidable crisis de sobreproducción.

Entonces, tenemos la tendencia de los últimos 37 meses en la construcción de viviendas y producción de cemento. La construcción, tema de mucha especulación, es un buen termómetro de la fase del ciclo en el que nos encontramos: en 2017‑18, lejos de registrar una recuperación económica, estuvo en recesión. La situación se confirma con la producción de cemento.



Desafortunadamente, las Naciones Unidas dejaron de proporcionar estos datos a mediados de 2018. Y están parando gradualmente todo su trabajo estadístico. No se ha indicado el motivo; ¿tal vez ya no reciben los fondos necesarios? En cualquier caso significa que la burguesía ya no está interesada en esta información porque ya no controla nada, tanto en el pasado como en el futuro. Que China está en recesión lo confirman otros datos. China ha superado a Estados Unidos en muchas áreas. No solo en el ensamblaje de computadoras y teléfonos móviles: por ejemplo, se ha convertido en el mercado automotriz más grande del mundo, muy por delante de EE. UU. Pero en 2019, las ventas de automóviles de China cayeron un 13% en comparación con 2018, lo que a su vez fue menor que en 2017. Menos ventas significan sobreproducción. A nivel mundial, las ventas de automóviles en 2019 fueron un 6% más bajas que en 2018. Para teléfonos móviles, China es uno de los principales mercados del mundo, las ventas cayeron un 11%.

Para concluir el 2019 en China hemos expuesto el índice “PMI” (basado en entrevistas con gerentes de compras de una selección de empresas): si el índice está por debajo de 50, la producción está en recesión, por encima de 50 está en crecimiento. El índice se mantuvo por debajo de 50 durante la mayor parte de 2019.

Para 2020 tenemos muy poco que informar porque el Instituto Chino ha sido muy tacaño con los datos: nada sobre hormigón, vivienda, etc. Tenemos la producción de carbón, que todavía es muy utilizado por la industria china y cuyo uso, por razones de seguridad nacional, se ha reforzado recientemente. La producción cae de mayo a agosto, así como en enero y febrero, en el punto álgido de la epidemia. En realidad hay una recuperación tras el final del distanciamiento sanitario, pero para volver a caer más tarde.

Muchos países emergentes, como México, Brasil o Argentina, están en recesión y están muy endeudados. De 2008 a 2014 actuaron como una locomotora atrayendo capitales de los viejos países imperialistas que no encontraban formas de invertir. Pero 2014‑15 marcó el final de este ciclo: con la recuperación estadounidense y las tasas de interés comenzaron a subir y el flujo de capital se revirtió.

Conclusión: el mundo entero se encamina hacia la recesión.


El comercio internacional

El comercio internacional es otro indicador importante de la situación económica mundial. Desde enero de 2017 hasta enero de 2018, las exportaciones de mercancías de los principales países industrializados mostraron constante crecimiento. Luego, la curva se invierte: las exportaciones se desaceleran durante todo 2018, luego, a partir de octubre de 2018, los aumentos se vuelven fuertemente negativos. En 2019, el comercio mundial disminuyó un 3% en términos de valor, mientras que en el año anterior había aumentado un 10%. El comercio de materias primas y productos energéticos registró el mayor descenso de valor (-7,5%), en gran parte por la caída de los precios.


En el gráfico se puede observar que los incrementos son casi todos negativos durante 2019, pero en 2020, como consecuencia de la pandemia, hay una caída vertiginosa entre marzo y junio: en abril y mayo la caída llegó al 44%, luego se recuperaron en junio y julio con -18% y -16% en comparación con junio y julio de 2019, que sin embargo ya estaban en regresión.

Si comparamos esta curva con la de 2008‑2009, vemos que la caída fue de la misma magnitud, pero luego durante un período de tiempo mucho más largo, de octubre de 2008 a diciembre de 2009. Entonces, la crisis actual, continuación de la anterior, está lejos de terminar y es de esperan la recaída.

(Continúa en el próximo número)

 

 

 

 

 


Una falsa “Huelga General” para no preparar una real

El domingo 29 de noviembre de 2020 se celebró por videoconferencia la tercera Asamblea Nacional de Trabajadores Combativos (ALC), después de la primera del 12 de julio y la segunda del 27 de septiembre. El número de participantes, un máximo de 200, disminuyó algo respecto a la anterior, que se celebró de manera presencial. Cerca de cincuenta fueron las intervenciones.
Las principales fuerzas sindicales presentes y promotoras de la ALC son cuatro: SI Cobas, el Sindicato de Base General (Sgb), el Slai Cobas por el Sindicato de Clase, un grupo de delegados del área de oposición en CGIL, llamada “Reconquistemos todo”, en su mayoría miembros del PCL, un partido trotskista.

Deben aclararse las relaciones de fuerza entre estos 4 grupos:
– SI Cobas domina, declarando cerca de 20 mil integrantes, la mayoría de ellos en el sector de la logística;
– A una distancia considerable, en términos de consistencia numérica, el SGB, que nació de una escisión del Usb en febrero de 2016 y que recientemente sufrió la pérdida de una parte de sus delegados y miembros – aproximadamente entre un tercio y la mitad de sus fuerzas – se fusionó con la Cub;
– Luego está el pequeño Slai Cobas por el Sindicato de Clase, apreciable por la línea reivindicativa sindical – escribimos sobre la situación en la acería de Taranto – pero que actúa en parte confundiendo el ámbito sindical y partidista, lo que se ha confirmado por su participación en el inter-grupo político denominado “Pacto de Acción Anticapitalista por un Frente Único de Clase”, junto al SI Cobas y el PCL, pero no al SGB;
– Por último, podemos ubicar al grupo de delegados de la minoría de la CGIL adheridos al PCL que, a diferencia de los tres mencionados anteriormente, no dirigen una organización sindical sino que son minoría de la minoría. Sin embargo, a pesar de ser quizás el grupo más débil de los cuatro enumerados anteriormente, traen consigo el valor de estar dentro de un área más grande de oposición sindical, que se declara de clase y que forma parte del más grande sindicato del régimen de Italia. Aunque numéricamente débiles, ofrecen por tanto una vía de potencial expansión para una organización que realmente se orienta en la dirección de la unidad de acción de los trabajadores.

Además de estos 4 grupos, debe considerarse el llamado Frente de la Juventud Comunista, un cuerpo político juvenil estalinista, formado en gran parte por estudiantes y por tanto presente en la ALC con pocos trabajadores. Sin embargo, ofrece el apoyo de los jóvenes encuadrados en las iniciativas de la ALC: en algunas ciudades ha liderado entre un tercio y la mitad de los participantes en las hasta ahora muy débiles manifestaciones puestas en marcha. En virtud de esta contribución y su participación en el llamado Pacto de Acción Anticapitalista, se confía a la FGC, no de manera formal, siendo un grupo político, sino sustancial – un papel de primer plano también dentro de la ALC.

El dato esencial de la asamblea del 29 de noviembre de 2020 fue que las cuatro fuerzas sindicales antes mencionadas estaban divididas sobre la decisión de fijar o no para la fecha del 29 de enero 2020 nada menos que una huelga general: los dirigentes de SI Cobas y Slai Cobas por el Sindicato de Clase empujaron en esa dirección; SGB y los delegados de la CGIL adheridos al partido trotskista se han cohibido, considerando que era necesario fortalecer primero la ALC.

De la rápida revisión anterior, queda claro que la influencia de la ALC en la clase trabajadora apenas difiere de la de su principal fuerza sindical, el SI Cobas, que todavía es un sindicato pequeño, desconocido para la mayoría de la clase obrera.

Este estado de las fuerzas debe sugerir una conducta prudente, buscando al menos la más amplia participación interna en la asamblea, con la intención de promover una movilización.

Los dirigentes del SI Cobas, en cambio, pensaron bien, seguros de la “victoria”, dadas las relaciones de fuerzas internas de la ALC, en recurrir al voto para “resolver” la cuestión. La huelga del 29 de enero quedó así aprobada con el 85% de los votantes: en el siguiente comunicado declararon la decisión tomada por la “inmensa mayoría de los participantes”. En realidad, además de ser inoportuna, como sancionó la escisión interna en la asamblea, la votación estuvo desprovista de los mínimos requisitos de seriedad, realizada de manera caótica por vía telemática y por lo menos un tercio de los participantes no estaban presentes, dado que la moción mayoritaria recogió en total 94 votos, contra los 16 de la minoría.

Entonces el SI Cobas se prepara para organizar una huelga “general” de la que, aparte de él mismo, solo están convencidos los dirigentes de Slai Cobas por el Sindicato de Clase y los grupos minoritarios de la ALC, exigiendo traer de mala gana al Sgb y a los delegados de la minoría de la CGIL del PCL.

Estos últimos, siendo la minoría de la minoría de la CGIL, tendrán grandes dificultades para promover una huelga en sus puestos de trabajo, no apoyada ni por la CGIL ni por la minoría interna y que será claramente minoría incluso en el sindicalismo de base. Sin embargo, sacan lo mejor de una mala situación, mostrando su oportunismo político.

Dentro del área de oposición de la CGIL, denominada “Reconquistamos todo”, habían conducido una justa batalla para participar en la asamblea del 27 de septiembre – escribimos al respecto en Il Partido Comunista en septiembre – realizada, sin embargo, con argumentos parcialmente equivocados y con tonos excesivamente ásperos.

Ahora que la ALC, con la decisión de la huelga del 29 de enero y con la divulgación de sus métodos de vida internos, confirma la veracidad de algunas de las críticas – compartidas y adelantadas por nosotros mismos – realizadas por la mayoría del área de oposición de RT para justificar – cierto que erróneamente – la falta de participación en este organismo, los militantes sindicales del PCL deben pretender que todo está bien, para no restar valor a su batalla, desarrollada con desproporcionado entusiasmo dentro del área de oposición en la CGIL.

A esto hay que agregar que este partido es parte – como se mencionó – del llamado Pacto de Acción Anticapitalista, junto a los dirigentes del SI Cobas y del Slai Cobas por el Sindicato de Clase, la FGC y otros grupitos. Este frente político – que hemos definido como un “pequeño monstruo intergrupal” – fue el impulsor de la ALC, con su primera asamblea nacional, en Bolonia el 12 de julio 2020.

En los meses siguientes, hasta la segunda asamblea nacional del 27 de septiembre, los promotores intentaron caracterizar a la ALC como un organismo independiente del Pacto de Acción, con el fin de despejar dudas sobre su naturaleza como mero instrumento de ese proyecto político, y la participación de la Sgb ayudó a dar crédito a esta hipótesis. Por otro lado, hay que señalar – como ya hemos comentado varias veces – que incluso Adl Cobas, que siempre ha estado de la mano de las huelgas, con SI Cobas, se ha mantenido alejado de ALC.

El forzamiento impuesto por los dirigentes del SI Cobas al recurrir a una votación el 29 de noviembre para imponer una huelga “general” que, salvo imprevistos e improbables hechos, prácticamente no tiene posibilidades de éxito, y en cambio se muestran los métodos de vida dentro del ALC, cómo en los grupos políticos que encabezan el Pacto de Acción, no tienen intención de renunciar al uso de todos los medios para lograr que la ALC desempeñe el papel de apéndice de ese frente político. Y esta es la segunda razón que explica el “todo va bien” de los delegados del PCL con respecto a la ALC.

La SGB no parece muy convencida de la huelga “general” del 29 de enero. Siendo la única fuerza sindical de las cuatro reseñadas anteriormente que no se adhiere al llamado Pacto de Acción, su conducta ofrece la contraprueba del estado de las relaciones internas dentro de la ALC y de los métodos de gestión de sus promotores y dirigentes.

Uno de nuestros compañeros intervino en la asamblea del 29 de noviembre en nombre de la Coordinadora de Trabajadores y Trabajadoras Autoconvocados por la Unidad de la Clase (CLA) manifestando que aún no se dan las condiciones para organizar una verdadera huelga general, lo que resultaría en un ritual de huelga de una minoría del sindicalismo de base, y que una acción más seria y concreta, susceptible de fortalecer el sindicalismo de clase, hubiera sido promover la unificación de disputas de las categorías interesadas en renovaciones de contratos: metalúrgicos, logísticos, empleados públicos, multiservicios, ferroviarios, marinos y telecomunicaciones.

Este objetivo, que en sí mismo no es nada fácil de alcanzar, se habría perseguido:
– mediante el intento de incorporar a todas las organizaciones del sindicalismo conflictivo en esta acción unitaria, impulsando una campaña preventiva en este sentido, para dar tiempo a luchar dentro de cada organización sindical para que se adhiera a la movilización;
– Dada la debilidad del sindicalismo combativo en todas estas categorías, a excepción de la logística, hubiera sido oportuno contar con una huelga del sindicalismo del régimen en una de ellas, a la que la huelga nacional en la logística y las de las otras categorías deben agregarse.

A otro de nuestros compañeros se le impidió intervenir con medios indecentes. De esta forma la asamblea nacional no se dio cuenta de que en Roma se habían alzado muchas voces en contra de la inclusión del impuesto patrimonial entre las reivindicaciones de la asamblea. Lo remediamos parcialmente enviando su discurso en forma escrita en el chat de la asamblea.

La mayoría de la asamblea no tomó en consideración las posiciones expresadas por la CLA, ni hubo escrúpulos en la división interna de la asamblea. Surgió el oportunismo en salsa movimentista-grupista, que prevalece en este organismo, con su estrecha visión del movimiento obrero y su forma caporalesca de dirigir las organizaciones sindicales.

La huelga general se presentó como “un paso adelante” hacia “posteriores movilizaciones”, reducida a una especie de instrumento de propaganda que tendría la facultad de “poner en movimiento” a la clase trabajadora. Nada más que la habitual acción idealista de la dirigencia del sindicalismo de base desde hace décadas. Aparte de la pretensión de “pasar la página” del sindicalismo de clase, como pomposamente han proclamado por los dirigentes del SI Cobas después de la asamblea del 27 de septiembre 2020.

Las “huelgas generales” en el papel, pero ultra-minoritarias en los hechos, no hacen más que marcar pasos hacia atrás, no hacia adelante, degradando y haciendo perder a los trabajadores y delegados el sentido de esta suprema arma de lucha.

Hasta la fecha, por tanto, la constitución de la ALC ha conducido a un paso más atrás respecto a la ya mala situación de los años pasados, cuando la “huelga general” era proclamada con meses de antelación, en pleno verano, por un cartel formado por una parte del sindicalismo de base – Cub, Si Cobas, Sgb, Adl Cobas, Usi – en competencia con la otra – Usb y la Confederación Cobas – alienándose de esta manera cualquier posibilidad de incorporar a los grupos de oposición sindical dentro de la CGIL. Por tanto, será una huelga aún más minoritaria y más degradante, que el arma de la huelga general como aquellas organizadas en años anteriores.

El sábado siguiente, 5 de diciembre, tuvo lugar la ALC del Lazio. Uno de nuestros compañeros también intervino en esta ocasión, explicando, entre otros puntos, que una huelga general no puede ser ordenada “por decreto”, establecida en frío, con excesiva anticipación, sino que debe ser el resultado de un movimiento creciente de lucha de los trabajadores, o una pronta respuesta a un episodio político-social que conmueva y emocione profundamente a las masas proletarias, haciéndolas dispuestas y listas para la movilización.

En la asamblea del 5 de diciembre surgió una decisión organizativa que en sí misma dice mucho sobre la forma en que es dirigido este organismo por sus promotores y dirigentes. Las mociones y resoluciones que serán propuestas en la “mesa de la presidencia” – este es el nombre altisonante que se le da al órgano ejecutivo local y nacional de la ALC – no pueden ser discutidas y elaboradas colectivamente, por ejemplo a través de un grupo de correspondencia interna, pero toda propuesta de modificación por parte de los participantes en la ALC deberá ser enviada de manera privada al autor del documento, y a un miembro de la misma “mesa de la presidencia”, no poniendo de tal modo en conocimiento de la asamblea las diferentes posiciones sobre el fondo de los puntos en discusión.

Nada inesperado. Se confirma el diagnóstico y la directriz de nuestro partido, según el cual la unidad de acción del sindicalismo combativo se opone a la mayoría de las direcciones actuales y sólo se puede perseguir unificando y coordinando los esfuerzos de las respectivas bases, de los militantes, de los delegados y de los afiliados. Para eso se creó la CLA, que no es sorprendente que no cuente con el apoyo de ninguna dirigencia sindical.

 

 

 

 




VIDA DE PARTIDO

La reunión internacional del partido anuncia el Comunismo contra las mentiras e infamias de la difícil hora actual

Continuación del último y final del informe de la Reunión General de los días 25-26-27 de septiembre 2020


El trabajo en los sindicatos

La actividad sindical del partido entre junio y septiembre del año 2020 se desarrolló principalmente en dos espacios: la Coordinadora de Trabajadores y Trabajadoras Autoconvocados por la Unidad de la Clase (CLA) y la Unión Sindical de Base.

El último día de la anterior Reunión General, el domingo 31 de mayo, también se celebró por videoconferencia una asamblea nacional de la CLA. Esta confirmó los compromisos de la Coordinadora en tres frentes: intervención en las movilizaciones promovidas por los sindicatos, promoviendo la unidad de acción de los trabajadores y el sindicalismo combativo; la lucha dentro de las organizaciones sindicales para que cresca la conciencia sobre la necesidad de superar las divisiones en la acción entre los sindicatos; la promoción de una campaña sobre el tema de la salud y de la seguridad en los puestos de trabajo y en el territorio, en la que se pretende involucrar a todas las organizaciones del sindicalismo combativo [leer aquí]. Otro ámbito de trabajo propuesto fue el de la salud, que hasta el momento no ha sido objeto de un seguimiento continuo y orgánico.

Después de estas directivas se desarrolló la sucesiva actividad de la Coordinadora.
El 12 de junio, los compañeros del instituto de salud privado Maugeri en Tradate (Varese) publicaron un comunicado de solidaridad [leer aquí] con los trabajadores en lucha en San Raffaele de Milán, el mas grande hospital privado de la capital lombarda, donde la Unión Sindical Italiana y el Sindicato General de Base encuadran a la mayoría de los trabajadores sindicalizados.

El SGB nació en febrero de 2016 de una escisión de la USB, por lo que el comunicado de los compañeros de Tradate, delegados de la USB, tuvo un valor aún mayor, encaminado a superar la desconfianza y las divisiones entre las distintas siglas del sindicalismo de base: en los meses siguientes, los delegados de la SGB de San Raffaele se unieron a la CUB. El comunicado fue firmado a nombre del “Colectivo USB Maugeri por el Sindicato de Clase adherente a la CLA”.

El comunicado también fue importante para la lucha interna de la USB contra la conducta de su dirigencia, encaminada a ignorar las acciones de las otras organizaciones sindicales de base.

Esto se confirmó a menos de un mes más tarde – el 2 de julio – cuando la USB, en solitario, proclamó una huelga nacional de trabajadores de la salud pública y privada. Los compañeros de Tradate primero pelearon internamente en la Coordinación Nacional USB Salud contra esta decisión, luego redactaron un comunicado, que fue publicado a nombre de la CLA, titulado “Sobre la huelga salud convocada por la USB para el 2 de julio” [leer aquí].

Anteriormente, el 27 de junio, la CLA había organizado una nueva asamblea nacional, esta vez presencial, en Florencia [leer aquí]. Uno de nuestros compañeros presentó el informe introductorio en nombre de la Coordinadora [leer aquí]. Otro compañero nuestro intervino destacando los límites de la reivindicación de una salud pública, donde no se complementa con los objetivos materiales que interesan a los trabajadores – gratuidad y disponibilidad de la asistencia sanitaria – y relató la experiencia de la lucha los trabajadores de los hospitales en 1978.
En la asamblea se registró la participación de nuevos trabajadores y delegados de Pisa, Viareggio, Brescia y Vicenza.
En los días siguientes, nuestro compañero fue entrevistado por una emisora ​​de radio de Brescia, para presentar a la CLA y dar un breve informe de la asamblea.

El 11 de julio, los compañeros de Tradate publicaron un nuevo número de su boletín sindical interno, dedicado íntegramente a la crítica a la propuesta de renovación contractual del sistema sanitario privado de Aris Aiop que los sindicatos del régimen iban a firmar [leer aquí].

Al día siguiente, domingo 12 de julio, uno de nuestros compañeros intervino en la primera asamblea nacional de Trabajadores Combativos – celebrada en Bolonia – reiterando, a los fines de la unidad de acción de los trabajadores, la necesidad de la construcción de un organismo puramente sindical, ajeno a el frentismo entre partidos y grupos políticos, y que se comprometa con la unidad de acción de todas las organizaciones del sindicalismo combativo. Esta intervención se hizo conscientes de que el organismo que se estaba formando en esa asamblea tenía que ser, en las intenciones de sus promotores, una especie de apéndice a un frente político que se reunió el día anterior en la misma sala de la SI Cobas en Bolonia.

En esa asamblea intervino, con argumentos críticos casi totalmente coincidentes con los expresados – en nombre de la CLA – nuestro compañero, el ex dirigente nacional de la USB Lavoro Privato, Bellavita, con quien en los meses anteriores se había buscado en vano, construir una batalla interna dentro de este sindicato, finalmente abandonada por él [leer aquí].

Dada la valoración unánime de las características de la Asamblea de Trabajadores Combativos, y el compromiso de Bellavita, tras dejar la USB en abril, en el intento de construir una “intersindical de base” a partir de la integración de Adl Cobas, Sial Cobas y Sgb, se les propuso una reunión con el grupo de trabajo de la CLA para una discusión sobre la situación del sindicalismo combativo. El resultado fue la decisión unánime de la CLA de elaborar un llamamiento destinado a promover – en la hipótesis en la que, como en años pasados, algunos dirigentes del sindicalismo de base habían proclamado una huelga general para el otoño – un apoyo unificado de todo el sindicalismo combativo en las movilizaciones [leer aquí].

Aunque estaban convencidos de que no estaban dadas las condiciones para convocar a los trabajadores a una huelga general, la situación de agravada fragmentación entre las diversas fuerzas del sindicalismo de base parecía poder impulsar el fortalecimiento de la batalla por la unidad de acción del sindicalismo combativo, a través del instrumento de la agitación por la acción unitaria, en el caso de que una parte de las organizaciones sindicales hubiera proclamado, como es habitual cada año, la máxima movilización de la clase obrera.

Sin embargo, este no fue el caso, ya que ninguna de las fuerzas sindicales involucradas en el intento de construir la intersindical apoyó el llamamiento – excepto el pequeño Adl de Varese – y tampoco el grupo de delegados metalmecánicos que habían seguido a Bellavita desde Fiom en la USB y que permaneció allí a pesar de su lanzamiento. Así que el llamamiento no fue más allá del número de adhesiones que iniciativas similares habían tenido en los últimos años.

A finales de año, la huelga general fue convocada por un solo sindicato de base: la Cub para el 23 de octubre 2020.

Se rompió así el cartel sindical formado por la Cub, SI Cobas, Sgb, Adl Cobas y Usi, que en los últimos años había impulsado la huelga general, sin involucrar, es decir, en competencia con la Usb y la Confederación Cobas, hecho ante el que la dirigencia de estas dos organizaciones no pudo ocultar su complacencia, colocándose en el mismo nivel de competencia entre siglas y maniobrando la palanca de las acciones de lucha “separadas y en competencia”, es decir, dividiendo y dañando el ya débil movimiento de lucha obrera de estos años.

Ese cartel sindical vio alejarse a Cub y Sgb, tras el paso de una parte importante de los delegados del segundo al primero; el SI Cobas por su parte ha puesto en marcha la supuesta “iniciativa unitaria” de la Asamblea de Trabajadores Combativos (ALC), a la que no se ha sumado la Cub y a la que en cambio se ha sumado la Sgb; ni siquiera ADL Cobas, como se mencionó, se adhirió a la ALC, considerándola un instrumento del llamado Pacto de Acción Anticapitalista, y, como es habitual, se limitó a impulsar junto a SI Cobas la huelga nacional en la categoría en la que ambos sindicatos están más arraigados, la logística, fijada para el mismo día en que la Cub había proclamado la huelga general, el 23 de octubre.

Tras la asamblea del 12 de julio, la dirigencia del SI Cobas se esforzó por independizar la ALC del Pacto de Acción. Esto se reflejó parcialmente en el texto de la convocatoria de la segunda asamblea nacional de Trabajadores Combativos, celebrada en Bolonia el 27 de septiembre, en la que el discurso redactado por uno de nuestros compañeros en nombre de la CLA se distribuyó en forma impresa a unos 300 presentes [leer aquí].

En las semanas anteriores a esta segunda asamblea, nuestros camaradas siguieron las actividades de la ALC de Lazio, la más activa de las pocas ALC locales realmente establecidas (Veneto, Lombardía, Piamonte). Sobre la base del cambio de conducta de la dirigencia del SI Cobas y de la actividad de la ALC de Roma, se consideró oportuno participar en este organismo luchando para que se encaminara por los caminos correctos útiles para construir la unidad de acción de los trabajadores: su mantenimiento sobre el terreno sindical; su intento de involucrar a todas las organizaciones del sindicalismo combativo; sus métodos de vida interna que lo independizaron del llamado Pacto de Acción.

Estas son características propias de la CLA, excepto por supuesto la tercera, ya que no le concierne de ninguna manera, dado que la dirigencia del SI Cobas se ha entregado a la construcción primero, en febrero de 2020, del Pacto de Acción, luego, en julio, de la ALC, luego de haber abandonado a la CLA, en la que siempre había participado y solo con el propósito de buscar apoyo a la iniciativa de su organización.

No hubo falta por nuestra parte de conciencia de cómo la conducta cambiante de la dirigencia del SI Cobas fue fundamental para ampliar la participación en la ALC, mientras se mantenía el control por parte del Pacto de Acción. Sin embargo, el control de cada organismo sindical por parte de la dirigencia oportunista solo está garantizado por el uso de métodos coercitivos, lo que lo conduce a un inevitable raquitismo.

Por otro lado, la participación de la SGB, fuerza sindical que no participa en el llamado Pacto de Acción, fácilmente habría resultado ser la prueba de fuego de la conducta de los promotores y dirigentes de la ALC.


Lucha de clases en Etiopía

 
El informe está publicado en este número con el título “En el nuevo industrialismo de Etiopía, las luchas sociales: entre la herencia ancestral y las clases del capitalismo moderno”.


El concepto de dictadura en Marx
La dictadura democrática de los obreros y los campesinos

Sobre la dictadura del proletariado, examinada a través de los escritos y discursos de Lenin hasta 1922, ahora retrocedemos varios pasos para examinar el concepto de “dictadura democrática revolucionaria de obreros y campesinos”. Esta forma concierne a una fase superada en los países de capitalismo maduro, pero que a principios del siglo XX aún involucraba a países como Rusia, donde la revolución burguesa o no se produjo o no alcanzó sus consecuencias extremas, con la inevitable recuperación de la contrarrevolución.

Hemos dicho que con 1871 y la Comuna de París terminó la era de las alianzas del proletariado con otras clases en Europa, ante las revoluciones burguesas, antifeudales y antiabsolutistas. Ciertamente no nos convertiremos en sofistas si reiteramos que para nosotros los materialistas no hay una verdad “absoluta”, sino que la verdad es siempre concreta. 1871 es el punto de llegada de un desarrollo del capitalismo mundial que en su apogeo, en Europa Occidental y América del Norte, ya está maduro para la revolución socialista, ya que la revolución burguesa derrotó indiscutiblemente al mundo precedente. Los proletarios de estos países pueden, por tanto, plantearse el problema de tomar el poder exclusivamente en sus propias manos y de dirigir al proletariado y la revolución comunista mundial.

Este punto de llegada, y de salida, estaba lejano en gran parte del mundo, incluida Rusia, todavía semifeudal y con un capitalismo poco desarrollado. En tales condiciones era posible para el partido del proletariado, pensar en alianzas temporales con otras clases en vista de una revolución burguesa completa, una vez completada y consolidada, en la cual tales clases se convertirían en enemigos mortales. Lo que había sido 1848 para Europa Occidental, para Rusia fue febrero de 1917.

Lenin no aceptaba la concepción de los populistas, para los cuales Rusia habría podido saltar la fase capitalista, y reiteró que el capitalismo ya existía en Rusia, pero débil y con una superestructura estatal de tipo feudal. El análisis del capitalismo hecho por Marx, a diferencia de lo que pensaban los populistas, también era válido para Rusia.

Trotsky, en su “1905” escribe: “la revolución mató nuestra “originalidad”. Los mencheviques acusaron a Lenin de ser poco marxista, ya que se ocupaba por la revolución burguesa y no exclusivamente por la socialista, y los socialistas-revolucionarios, herederos de los populistas, lo acusaron de ser demasiado marxista, sin tomar en consideración la posibilidad de llegar al socialismo a través del mir campesino, saltando a pasos iguales la fase capitalista”.

El concepto de dictadura democrática revolucionaria de los obreros y los campesinos generó entonces tergiversaciones, de buena fe o no, cuyo resultado fue la entrada en el pantano de la contrarrevolución. Un error fue el de Trotsky, que vio en las tesis de abril de 1917 una inversión de las posiciones anteriores de Lenin, sin ver la continuidad con las tesis ya expuestas a partir de 1902‑1903. Ciertamente peor fue la interpretación estalinista que preveía la posibilidad y la “decisión” de pasar inmediatamente a la “construcción” del socialismo.

No menos perniciosa fue la consigna, en la III Internacional, de los “gobiernos obreros”, derivada de la dictadura democrática revolucionaria de Lenin, pero utilizada para crear alianzas con partidos “simpatizantes”, cuyo resultado fue la imposibilidad de ejercer la dictadura proletaria, es decir, la dictadura del partido comunista, y el triunfo de la contrarrevolución. No importa si estas alianzas y fusiones, impuestas a los partidos comunistas por la Internacional, fueron inicialmente errores cometidos de buena fe. Respecto a las fusiones impuestas con partidos “afines” hemos dicho, y repetimos, que también nuestro gran Lenin cayó aquí en un error.

En el texto de Lenin “Dos tácticas de la socialdemocracia”, de 1905, se habla de la necesidad de una revolución democrática rusa y de un gobierno revolucionario provisional en el que el partido, bajo determinadas condiciones, pueda participar, sabiendo que esta revolución fortalecerá el dominio de la burguesía: “La victoria definitiva de la revolución sobre el zarismo es la dictadura democrática revolucionaria de los obreros y de los campesinos (...) Sin embargo, obviamente no será una dictadura socialista, sino una dictadura democrática, que no podrá afectar (sin que la revolución haya pasado por varias etapas intermedias) los cimientos del capitalismo (...) Nada aumentará más la energía revolucionaria del proletariado mundial, nada acortará tanto su camino hacia la victoria completa como esta victoria decisiva de la revolución que comenzó en Rusia (...) La victoria total de la revolución actual marcará el fin de la revolución democrática y el comienzo de una lucha decidida va por la revolución socialista (...) La consigna de la dictadura “democrática” expresa precisamente este carácter históricamente limitado de la revolución actual”.

En 1917, las “Tesis de abril” de Lenin no se apartaron de la táctica de 1905, a pesar de la opinión contraria de Trotsky y de los estalinistas. Lenin reconoce en el Soviet la forma adoptada ahora, pero también en 1905, por la “dictadura democrática revolucionaria de los obreros y los campesinos”. Los bolcheviques eran una pequeña minoría. Se creó un dualismo de poderes entre el Soviet de Petrogrado y el gobierno provisional del príncipe Lvov, designado por los principales partidos de la Duma, una asamblea representativa con escasos poderes. En mayo, el socialista revolucionario Kerensky reemplazó a Lvov.

Leemos en “Comunismo” n. 21:

“Las revoluciones en la historia (...) son tres: revolución antifeudal dirigida por la burguesía con la alianza de la pequeña burguesía – revolución democrática dirigida por el proletariado y la pequeña burguesía – revolución socialista dirigida en todo el mundo solo por el proletariado. Lenin nos dice que en este esquema la revolución rusa terminó la primera fase y se detuvo entre la primera y la segunda. La tarea del partido es llevar la revolución a la segunda etapa, pero el salto a la tercera aún no está maduro. El dualismo de poder expresado entre el gobierno de Lvov y el Soviet, no es, por lo tanto, entre dictadura burguesa y dictadura del proletariado, sino entre dictadura burguesa y dictadura democrática revolucionaria de obreros y campesinos (...) En una situación de este tipo sería una locura para el partido tratar de derrocar al gobierno de Lvov, porque tiene la confianza de los soviets. Las condiciones históricas y sociales, pero también políticas, no están maduras en abril para la toma del poder por los bolcheviques, que sería la dictadura del proletariado”.

“El 12 de julio se restableció la pena de muerte en el frente contra los desertores, las sentencias tuvieron ejecución inmediata, como se esperaba. El partido aprendió de los acontecimientos de julio lecciones decisivas para el futuro de la revolución. De inmediato se comprendió el repentino cambio de fase, el cambio de la situación histórica. La necesidad de pasar de la consigna del paso pacífico de todo el poder a la “dictadura democrática revolucionaria” a la posterior, ya prevista, del enfrentamiento directo con la burguesía y la pequeña burguesía (...) En Rusia se había quemado en seis meses una fase histórico-política que en Europa había durado unos cincuenta años, la llamada fase de desarrollo “gradual y pacífico” de la democracia liberal-burguesa (...) Pero si era el proletariado el que tomaba el poder, sólo podía tomarlo por si mismo, incluso si estaba aliado con los campesinos pobres. Esto significa que la Dictadura Democrática Revolucionaria del proletariado y de los campesinado se desarrollaría en la forma política más favorable a la revolución mundial de la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres y sin tierra; mientras que las tareas económicas a realizar en Rusia se mantuvieron sin cambios: desarrollo del capitalismo. ¿Cambiar la táctica? ¡No, cambia la fase histórica!”.

El 25 de agosto Kornilov, comandante del ejército, intenta un golpe de Estado marchando sobre Petrogrado para aplastar la revolución: fue derrotado y arrestado gracias a la reacción espontánea de obreros, soldados y marineros, apoyados por comités revolucionarios de autodefensa y por unidades de guardias rojos dirigidos por los bolcheviques. Esa especie de frente único contra Kornilov es la última expresión y manifestación, en la revolución rusa, de la Dictadura democrática revolucionaria de obreros y campesinos. Cuando en los años siguientes, en la Internacional, los frentes únicos políticos se vuelvan a proponer en áreas no de doble revolución sino ya plenamente capitalistas, el resultado será inevitablemente el debilitamiento y luego la desnaturalización del partido.

Volvamos al “Comunismo” n. 21:

“Que el partido se aliase con los partidos pequeñoburgueses para rechazar un verdadero intento contrarrevolucionario de las viejas clases derrocadas por la revolución de febrero, estaba previsto a finales de 1848. Lo extraño, si queremos lo inesperado, fue que después de julio los mencheviques y los social revolucionarios siempre tuvieron la fuerza para oponerse a la reacción, tuvieron una “oleada” revolucionaria. Esta es la excepción. Lenin utiliza esta inercia positiva para volver a proponer la táctica de la fase histórica anterior a julio, que representa el desarrollo normal de la revolución nacional rusa”.

En la lucha victoriosa contra Kornilov todavía estamos en la Dictadura democrática revolucionaria de los obreros y los campesinos.

En la Rusia de 1917 estaba a la orden del día la revolución burguesa democrática y radical, no la proletaria y socialista, para la que faltaba un capitalismo plenamente desplegado. El compromiso propuesto por Lenin en los días posteriores al intento de golpe de Estado no fue aceptado por la pequeña burguesía, incapaz de llevar a cabo su propia revolución. Al proletariado, y su Partido Comunista, tocó la gigantesca tarea de completar la revolución burguesa, bajo su propia dirección y dictadura. Esto es, para crear las condiciones para un desarrollo futuro, esperado como lo más cercano, hacia el socialismo; y todo ello a la espera de pasar el testigo y la dirección de la revolución mundial al proletariado occidental (empezando por el alemán), una vez que tomara el poder en los países capitalistas más avanzados.

Esto no sucedió, y el destino de la primera revolución proletaria victoriosa de la historia así quedó sellado. Ya lo hemos dicho, y lo reiteramos, que así como los grandes hombres, los héroes, no hacen historia, tampoco la hacen los traidores.


Curso de la crisis económica
 

El informe “La trayectoria catastrófica del capitalismo mundial”, comenzó en el número anterior y continua en este.


La cuestión militar
En Rusia, marzo 1917 - Oposición a la guerra en otros países

El intento fallido de Kornilov, en agosto-septiembre de 1917, y la disolución de las fuerzas cosacas de Krimov, llevaron a la extensión de las revueltas y la requisa de las tierras de los terratenientes en el campo. Siempre severamente reprimidas por las tropas gubernamentales, las masas fueron empujadas hacia el programa bolchevique.

En un intento por mantener la mayoría en la próxima Asamblea Constituyente, el Gobierno convoca una Conferencia Democrática privilegiando la representación de las cooperativas y de las asociaciones locales, donde los SR están en mayoría. La intención es contrarrestar la indicación bolchevique de dar todo el poder a los Soviét. Termina de manera confusa con la indicación de formar un Pre‑parlamento. Los bolcheviques participan inicialmente en él, contrariamente a las indicaciones de Lenin de dirigir directamente a las masas a la insurrección.

En las elecciones de los Soviet de principios de octubre, el equilibrio de poder se invierte, los bolcheviques son mayoría, especialmente en Moscú y Petrogrado. Progresivamente, los bolcheviques toman el control de la mayor parte de los Soviet de toda Rusia con la consigna de todo el poder a los Soviet.

En el informe se dio lectura a algunas cartas de Lenin sobre el análisis de la situación y sobre el sentimiento de las masas después de la aventura de Kornilov, ahora más favorable al cambio político en Rusia. Se imponía una clara y rápida acción porque: “no tomar el poder hoy significa perder la revolución”.

7 de octubre: los bolcheviques abandonan el Pre‑parlamento. Kerensky forma un nuevo gobierno y ordena trasladar las unidades militares más revolucionarias de Petrogrado al frente.

En Petrogrado, se constituye el Comité Militar Revolucionario (CMR) formado por el comando militar de la región y de la organización militar bolchevique, que funcionará como Estado Mayor de la revolución, sujeto a la dirección política del Comité Ejecutivo del Soviet de la ciudad.

22 de octubre: el CMR, en respuesta al intento de Kerensky de alejar a las tropas más politizadas de Petrogrado, nombra a sus comisionados en todas las unidades militares, asumiendo de hecho el control de casi todas las fuerzas armadas de la ciudad y la región.

23 de octubre: el CC bolchevique establece la fecha de la insurrección que, según Lenin, debe tener lugar antes del inicio del Congreso de los Soviets de toda Rusia porque, un gran organismo formado por diferentes tendencias políticas, no habría podido asumir una decisión clara e inmediata, y enfrentarla con un hecho consumado.

28 de octubre: los bolcheviques de Petrogrado inician la organización de la insurrección y encomiendan su dirección a un triunvirato formado por confiables representantes del partido que tengan alguna experiencia militar, aunque ninguno de ellos sea experto en el comando de grandes unidades, heterogéneas y diversamente armadas.
Las organizaciones militares bolcheviques comandan un máximo de 150.000 soldados hombres en 62 ciudades, incluidas unas 25.000 en Petrogrado y 12.000 en Moscú. Dispponen de un armamento ligero con algunas ametralladoras, organizados en escuadrones de 10 hombres, pelotones de 4 escuadras, compañías de 3 pelotones y batallones de 3 compañías. Las fábricas más importantes ya tienen sus organizaciones armadas sumariamente entrenadas.
Sabemos por Trotsky que aunque la mayoría de los obreros y de la guarnición están a favor de la insurrección, una pequeña minoría formada por cadetes y oficiales se opone, no se los puede convencer y que hay que derrotarlos militarmente.

31 de octubre: en el palacio Smolny, sede de los Soviets, los delegados de los regimientos de la región de Petrogrado aprueban la insurrección armada. El CMR difunde un manifiesto denunciando al Gobierno Provisional y al comando general de la guarnición de haberse convertido en instrumentos de la contrarrevolución y exhorta a los soldados de la capital a defender el orden revolucionario y obedecer únicamente las órdenes del Comité Militar Revolucionario.

4 de noviembre: la manifestación de obreros y soldados durante la Jornada del Soviet de Petrogrado confirma la adhesión de las vanguardias revolucionarias a las consignas bolcheviques.

5 de noviembre: la vigorosa intervención de Trotsky en la asamblea de los soldados de la fortaleza-prisión de Pedro y Pablo produce su adhesión al CMR poniendo a su disposición el arsenal interno y los cañones que controlan la ciudad: esto sanciona la ruptura total con la cúspide militar que apoya a Kerensky y al Gobierno Provisional.

Durante la noche ordena al crucero Aurora que se embarque en un viaje de entrenamiento para sacar a la tripulación de la capital, abrir puentes sobre el Neva para separar los barrios obreros del resto de la ciudad y hacerlos tripular por cadetes aún leales a él, aislar los teléfonos de Smolny, apoderarse de todos los periódicos bolcheviques y arrestar a los miembros del CMR.

Esa misma mañana, el CMR ordena a dos de sus regimientos reabrir con armas las imprentas incautadas y secuestrar al Aurora, seguir al mando de la ciudad y defender la revolución. El comando de las operaciones militares lo asume el triunvirato que da las últimas disposiciones. Las fuerzas leales a Kerensky comienzan a disolverse. Lenin, de incognito, se traslada a Smolny.

El 7 de noviembre el informe hizo referencia a la cronología de los hechos militares más significativos, que comenzaron a las 2 de la mañana cuando la Guardia Roja ocupó las dos principales estaciones de ferrocarril de Petrogrado, y que terminaron a las 11 de la noche, cuando los cañones de la fortaleza de Pedro y Pablo dispararon sobre el Palacio de Invierno. Posteriormente comienzan los asaltos de las fuerzas del CMR que aniquilan cualquier resistencia restante y detienen a los miembros del Gobierno Provisional aún presentes.

En ese mismo momento comienza el segundo Congreso Panruso de los Soviets, ahora con mayoría bolchevique y de la izquierda de los SR, que aprueba el llamamiento de Lenin dirigido “A los obreros, soldados y campesinos” por un armisticio inmediato, por el libre paso de tierras a los soviets, para el control de la producción y el suministro de pan a las ciudades y lo necesario al campo. Todo el poder estará a cargo de los Soviets.

Poco a poco llegan noticias de la insurrección de Moscú y de las otras ciudades.

8 de noviembre: tras la insurrección casi incruenta, el CMR asume el control y la dirección de las funciones primarias y necesidades de Petrogrado. Mientras tanto, la contrarrevolución se organiza rápidamente mediante la creación de su propio Comité por la Salvación del País, desconoce al segundo Congreso de los Soviets y se presenta como heredera del caído Gobierno Provisional. Recibe apoyo de la vieja burocracia estatal, de los servicios y de parte de los socialistas moderados.

Kerensky, refugiado en el Cuartel General de Pskov, llega a un acuerdo con Krasnov, comandante de la caballería cosaca, para lanzar un ataque contra Petrogrado.

Por la noche, Lenin presentó al Congreso panruso los decretos detallados sobre la paz, la abolición de la diplomacia secreta, la abolición de la propiedad privada de la tierra sin compensación y la administración de los bienes eclesiásticos transferidos a los soviets campesinos.

En Moscú, el CMR local alerta a sus formaciones militares y corta todo contacto con las oposiciones.

9 de noviembre: el gobierno soviético telegrafía sus propuestas de paz a todos los países en guerra.

Los 700 cosacos de Krasnov se encuentran a 45 kilómetros de Petrogrado; los primeros enfrentamientos armados comienzan en Moscú. Otras ciudades están controladas por el Soviet.

10 de noviembre: los cosacos de Krasnov toman la residencia imperial de Tsarskoe Selo, cerca de Petrogrado, controlada por 16.000 soldados; pero se declaran neutrales, signo de la disolución del ejército. El CMR organiza las defensas de Petrogrado encomendadas a la Guardia Roja y a los obreros.

En Moscú, los junkers ocupan el Kremlin, la oficina central de correos, el telégrafo y los teléfonos, pero son rechazados al día siguiente por una contraofensiva del CMR.

Krasnov no recibe los refuerzos necesarios para el ataque a la ciudad y permanece en la residencia imperial, de la que se retirará en los próximos días por temor a un cerco.

13 de noviembre: en Moscú el CMR retoma la iniciativa militar apoyada por la adhesión de los representantes de 6 ejércitos rusos en la zona, que se alinearon con los soviéts.

14 de noviembre: negociaciones con Krasnov para la rendición de Kerensky, que logra escapar. Los marineros bolcheviques se infiltran entre los cosacos, debilitando su moral y disciplina. Por la tarde, las tropas del soviet conquistan el último puesto de avanzada cosaco; Krasnov y el Estado Mayor de Kerensky son arrestados.

En Moscú los bolcheviques, después de haber conquistado las fortalezas de los junkers, comienzan a bombardear el Kremlin, su último refugio.

15 de noviembre: el general Alekseev, ex comandante en jefe zarista, comienza a organizar fuerzas antibolcheviques en los territorios cosacos.

16 de noviembre: comienza en Moscú el asalto final al Kremlin conquistado por los bolcheviques.

18 de noviembre: Lenin, como presidente del Consejo de los Comisarios del Pueblo, anuncia la victoria definitiva de la revolución en Petrogrado y Moscú.

20 de noviembre: mensaje radial a todas las potencias beligerantes con propuesta de armisticio inmediato. El gobierno bolchevique ordena al general Duchonin entablar negociaciones a tal efecto con los mandos alemanes y suspender toda acción militar.

22 de noviembre: el bolchevique Krylenko reemplaza a Duchonin porque se niega a tratar con los alemanes. Este último libera a varios generales detenidos, incluidos Kornilov y Denichin. Una turba enfurecida de soldados bolcheviques arrastra fuera del tren a Duchonin y lo masacra a golpes de fusil y bayoneta.

En nuestra reunión, por razones de tiempo, no pudimos exhibir 3 mapas que describen operaciones militares: se incluirán en la publicación del texto ampliado.


La revuelta de los negros en Estados Unidos

El actual “Black Lives Matter” hoy en día atrae la atención más que cualquier otro movimiento social o de los trabajadores en los Estados Unidos y, hasta cierto punto, en todas partes. El BLM, como movimiento por los derechos civiles, nació en 2013, en respuesta a la tremendamente larga lista de asesinatos perpetrados por el Estado burgués y de sus sostenedores contra los negros durante el curso de cientos de años.

La nueva ola de movilizaciones comenzó en Minneapolis para extenderse rápidamente al resto de Estados Unidos y a varias ciudades del mundo. El verano pasado vio una sucesión interminable de protestas, mayores en las grandes ciudades, con devastación a gran escala y respuesta violenta de la policía y el ejército.

En un principio, nacido espontáneamente, el movimiento adquirió un cierto carácter de clase, y hubo una momentánea pérdida del control de la situación por parte del Estado burgués. Sin embargo, a partir de los propios líderes del movimiento, ese carácter se desvaneció rápidamente para dar paso a lo que siempre ha sido la verdadera naturaleza de BLM: un movimiento interclasista, por lo tanto burgués, más que proletario. La clase obrera negra ha tenido un gran peso en el movimiento, al igual que la clase obrera en su conjunto, pero los comunistas sabemos que una mayoría estadística de trabajadores no es suficiente para que un movimiento sea una expresión de él como clase. La revuelta de esa minoría racial tan perseguida durante tanto tiempo se ha movido más allá del terreno de clases, con un guiño a ese mismo orden social que está en el origen de las inequidades que BLM quisiera erradicar: el Estado burgués y las ilusiones de la democracia liberal.

Al ser un movimiento descentralizado, confuso, sin programa y sin dirección de partido, sus reivindicaciones e indicaciones, a veces delirantes, a menudo divergen entre sí. Sin embargo, entre las peticiones más recurrentes: la crítica al régimen de Trump (sobre todo en la medida en que se iba a sustituir, a través de la farsa electoral, por el candidato del ala “demócrata” del partido único del Capital), la reforma del sistema judicial, sanciones más severas para los agentes de policía violentos, frenar el racismo generalizado, reducir los fondos a los departamentos de policía locales, apoyar a las pequeñas empresas y de propiedad de negros y cosas así.

Aquí se pierde la naturaleza de clase de la violencia racista, ya que los afroamericanos pertenecientes a la clase media o la clase de los patronos, no son menos susceptibles a ella que los proletarios de color. También debe destacarse que un capitalista negro tiene el mismo interés en proteger su propiedad que cualquier otro de su clase.

Esta ideología, prevaleciente en el BLM, solo puede empujar al proletariado de todas las razas hacia la trampa del interclasismo y del progresismo populista. Esas reivindicaciones de naturaleza pequeñoburguesa manifiestan el interés en preservar las relaciones sociales actuales.

El inevitable descontento, sea social o racial, se hunde aquí en el pantano electoral y lo confirma el hecho de que el Partido Demócrata tiene como objetivo, por nada nuevo, el de traer a casa el mayor número de “votos negros”. El “Azul” contra el “tirano” Trump, culpable de dar voz y protección a los supremacistas blancos. Mientras tanto, las multinacionales de los medios y el comercio, Apple, Nike, Adidas y otras, ondean la bandera del progresismo anti‑racista, a cambio de buenos negocios y recientemente han prometido inversiones en comunidades afroamericanas.

Las reivindicaciones populistas del movimiento también atrajeron a muchos jóvenes blancos, pequeñoburgueses y proletarios, dispuestos a expresar su solidaridad con la causa del antirracismo y su descontento por el panorama general estadounidense de hoy.

Al encubrimiento reformista se le ha sumado una multiplicidad de partidos, organizaciones y nebulosas antifascistas. Como lo demuestran las protestas convocadas por el BLM, la auto‑proclamada “izquierda comunista” en Estados Unidos evidentemente ha alcanzado tales niveles de desapego de la realidad, así como niveles mínimos de organización política, que cualquier explosión social, espontánea y casual, es vista en una perspectiva más exagerada en una falta total de espíritu crítico: una característica que la acerca más al progresismo burgués que al marxismo.

Todo mientras el tambor del sindicalismo de clase no suena.

Incluso la reivindicación “radical” de abolición de los departamentos de policía, presupone que los matones del capital, y el capital mismo, pueden ser tratados por separado: los agentes de policía no son más que el brazo armado del Estado, necesario para hacer cumplir las leyes que garantizan la reproducción de las relaciones sociales capitalistas. Sin el aparato represivo del Estado, la acumulación de capital sería imposible, la burguesía nunca podría disciplinar a la fuerza de trabajo del proletariado. No basta con abolir la policía o crear barrios autónomos para llevar a la revolución, ni menos ambas cosas. Mientras exista una sociedad dividida en dos grandes clases antagónicas, es necesario un aparato a disposición de la clase que reina sobre la otra, de un Estado. La necesidad de obtener cada vez más plusvalía del proletariado implica una resistencia a ser contenida por medios cada vez más violentos.

La pobreza del proletariado afroamericano, violentamente golpeado primero por la actual crisis económica del capitalismo mundial y luego por la pandemia de Covid‑19 – que en los Estados Unidos ha visto a un tercio de sus víctimas entre la población negra – ha experimentado un aumento en el desempleo, ya históricamente muy alto. Hay una falta de servicios esenciales, especialmente en el sector salud y de la vivienda. La violencia racista contribuye al mantenimiento de la sociedad de clases.

Por todas estas razones, el BLM tiene muy poco que ofrecer al proletariado negro, salvo “fantasía y extravagancia”.

La violencia del Estado es proporcional al empobrecimiento generalizado de los proletarios. Especialmente los negros y latinos. La crisis del Covid‑19 ha traído más sufrimiento. El propio George Floyd había perdido su trabajo allí: muchos negros trabajan en sectores que están obligados a cerrar o sujetos a restricciones, sectores en los que, por lo general, ya ganan muy poco. Como resultado, mientras les asignan un “estímulo" de 1.200 dólares erogados en abril, que probablemente sería una bendición para los trabajadores peor pagados, la mayoría de las otras medidas de apoyo han sido de mucha menos ayuda, como el aumento de las prestaciones por desempleo y los subsidios relacionados con los ingresos del año anterior. Y por el momento es poco probable que haya más asignaciones de tipo “estímulos”. Los estratos sociales más pobres – que habitan en las zonas más contaminadas, densamente pobladas y con alta criminalidad – también tienden a no tener acceso a una atención médica decente y a precios asequibles: por lo tanto, están sujetos a un mayor estrés y problemas de salud que los predisponen a las complicaciones del Covid‑19. Ningún aspecto de esta explotación puede reducirse a la casualidad.

Ciertamente, la mayoría de la clase obrera está compuesta por blancos. Pero la particular explotación y opresión de una parte del proletariado conlleva graves implicaciones de carácter racista, de las que son víctimas los trabajadores de las comunidades de color. Esto es producto de una serie de motivaciones económicas y sociales que consienten a un racismo estructural, herramienta indispensable del Estado burgués. En el denso tejido de las comunidades urbanas y los lugares de trabajo, la fuerza de trabajo está compuesta de manera desproporcionada por proletarios de color. Miembros de pleno derecho de la clase obrera, están diseñados para soportar el peso de un capitalismo que busca minimizar el costo de la fuerza de trabajo.

Estos trabajadores no siempre sufren en silencio. En junio 2020 se reportaron 600 huelgas, de una hora o un día, muchas de ellas por motivos relacionados con la “salud y seguridad”, exigiendo protección ante la pandemia de Covid‑19. Este tipo de huelga “semi‑política” es poco común en Estados Unidos, incluso cuando el Partido Demócrata ha intentado aprovechar la ventaja electoral, puede verse como un despertar positivo de la clase.

También es posible que algunas de esas 600 huelgas se llevaran a cabo junto con los patronos, en solidaridad racial.

Los camaradas estadounidenses del partido también llevaron su propaganda entre los componentes del proletariado negro e hispano, a estos últimos en español.

Un grupo de camaradas estadounidenses ya se ha comprometido en un estudio sobre la cuestión de los negros dentro del movimiento proletario en Estados Unidos. Este estudio pretende ser una investigación sobre la cuestión racial, a partir de los escritos del Partido y del movimiento obrero a lo largo de su historia. El esquema actual se ve así: Del esclavismo a la esclavitud asalariada – Los negros en el movimiento sindical: de los Caballeros del Trabajo a la IWW – Los negros y el movimiento socialista: el Partido Socialista del Trabajo y los partidos socialistas – La Hermandad de Sangre Africana y el comunismo norteamericano – El Congreso del Trabajo de los Negros Norteamericanos y la reivindicación de una República de los Nativos – La Liga Comunista de Lucha y las Cámaras de Trabajo Negras – La llamada Liberación Negra.


Cómo juzgó el partido la fallida revolución en Alemania

En la última Reunión General, el compañero presentó la segunda parte del informe iniciado en la reunión general anterior.

En 1960 “Il Programma Comunista”, después de haber publicado en los números 6 y 7 del mismo año “Las posiciones de Rosa Luxemburg y Vladimir Lenin en la batalla contra la traición oportunista y por la nueva Internacional”, escribe en el n. 21 “En defensa de Luxemburgo”. Se trata de un artículo destinado a subrayar cómo la memoria del legado de Luxemburg suele estar encaminada a especular sobre “errores teóricos”, para distraer a los proletarios de las páginas más esenciales de la inflexible azotadora de los “innovadores” del marxismo.

“El despertar del interés por la muy olvidada y tan grande revolucionaria polaca, sería saludado con alegría si no se escondieran detrás mezquinas especulaciones. En general, se descuida la gigantesca contribución de Luxemburgo a la lucha contra el revisionismo, el reformismo y el cretinismo parlamentario, y la “Rosa Roja” se contrapone a Lenin en la visión de las tareas históricas del Partido: lo que alguna vez fue la piedra angular de la vida de esta militante revolucionaria de excepción y la contribución permanente de su actividad teórica a la vida del movimiento proletario, para eternizar y absolutizar una controversia con Lenin sobre el problema de la “democracia interna” cuyos desarrollos, si los trágicos acontecimientos de 1919 no le hubieran cortado su vida, la de Karl Liebknecht y Leo Jogiches, ya nadie puede predecir cómo habrían sido en el marco de la III Internacional Comunista”.

En 1969, en el n. 5 “Il Programma Comunista” publicó: “1919‑69: El proletario revolucionario grita: era, soy, seré”, lanzando una muy justa y dura crítica contra los “conmemoradores de hoy”, que se atreven a transformar a aquella que para Lenin era un “águila” y que nunca había dejado de ser una revolucionaria, en una piadosa “paloma”, voz de de pacificación entre clases y entre Estados.

“La vida de Luxemburgo se consumió enteramente en la lucha por la revolución, contra las reformas y cuya polémica con Lenin puede ser juzgada críticamente solo por revolucionarios, ya que una controversia entre grandes revolucionarios nunca se puso al servicio de las banderas gastadas y ensangrentadas de los “principios eternos” democráticos y burgueses”.

Il Programma Comunista también publicó numerosas citas y pasajes de Rosa, entre los cuales en la reunión recordamos los siguientes. En 1963 en el no. 9, “La vía maestra”, de 1918:

“El partido de Lenin es el único que ha entendido la ley y el deber de un partido verdaderamente revolucionario, y que, con la consigna: Todo el poder en manos de los obreros y de los campesinos pobres, ha asegurado el desarrollo de la revolución. Los bolcheviques resolvieron así la famosa cuestión de la “mayoría del pueblo” que, desde tiempos inmemoriales, pesaba como una piedra en el pecho de los socialdemócratas. Discípulos encarnados del cretinismo parlamentario, se limitaron a trasladar a la revolución la sabiduría doméstica de la guardería parlamentaria: “Para dejar pasar algo, primero hay que tener la mayoría”. Por tanto, incluso en la revolución: primero conquistamos la “mayoría”. Pero la verdadera dialéctica de las revoluciones desecha esta sabiduría de topo: el camino no pasa por la mayoría hasta la táctica revolucionaria, sino por la táctica revolucionaria hasta la mayoría. Sólo un Partido que sabe guiar, es decir, empujar hacia adelante, conquista en la tormenta a la masa de sus adherentes. La decisión con la que Lenin y sus compañeros, en el momento crucial, lanzaron la única consigna animadora: ¡Todo el poder a manos del proletariado y del campesinado pobre!, los transformó, casi de la noche a la mañana, de una minoría “ilegal” perseguida y calumniada, cuyos dirigentes, como Marat, tuvieron que esconderse en los sótanos, en dueños absolutos (...).

“Todo lo que en una época histórica un partido puede dar en coraje, fuerza de acción, previsión y coherencia revolucionaria, Lenin, Trotsky y compañeros lo dieron en su totalidad. Todo el honor revolucionario y la capacidad de acción que le faltaron a la socialdemocracia en Occidente, se han condensado en los bolcheviques. Su insurrección de octubre no solo fue la salvación efectiva de la revolución rusa: también salvó el honor del socialismo internacional”.

En 1963, en el n. 13, “Cretinismo democrático”, del 20 de noviembre de 1918:

“Entre los agentes confesos o disfrazados de la clase dominante, la consigna de la Asamblea Nacional se entiende por sí sola (...) Pretenden ahorrarle a la revolución el uso de la fuerza, la guerra civil con todos sus terrores. ¡Ilusión pequeñoburguesa! Se imaginan el curso de la poderosa revolución social, frente a la cual la humanidad se coloca como una especie de encuentro entre las diferentes clases para una discusión agradable, tranquila y “digna”, que encuentra su conclusión en un voto. Creen que la clase capitalista, habiendo constatado que está en minoría, declarará, con un suspiro, como un partido parlamentario disciplinado: “¡Nada que hacer! Veo que nos han ganado los votos: ¡que así sea! Estamos de acuerdo, y le pasamos a los trabajadores todas nuestras tierras, nuestras fábricas, nuestras minas, nuestras cajas fuertes a prueba de bombas, nuestras hermosas ganancias…”.

“Estos marxistas plenos de profundidad han olvidado el ABC del socialismo. Han olvidado que la burguesía no es un partido parlamentario sino una clase dirigente en posesión de todas las herramientas del dominio económico y social”.

En 1963, en el n. 14, “Parlamentarismo o lucha revolucionaria”, de noviembre de 1919:

“Nada valía la mayoría parlamentaria para la defensa de las revoluciones burguesas. Sin embargo, ¿cuál fue la oposición entre la burguesía y el feudalismo frente al gigantesco abismo que se abre hoy entre el trabajo y el capital? ¿Cuál fue la conciencia de clase de los combatientes de los dos campos enfrentados en 1649 y 1789 frente al odio mortal e inextinguible que se enciende hoy entre el proletariado y la clase capitalista? No en vano Carlos Marx iluminó con su linterna científica los resortes más secretos del mecanismo económico y político de la sociedad burguesa. No en vano todo su comportamiento, hasta las formas más sublimes de sentimiento y de pensamiento, apareció de manera sensacional, como emanación del hecho fundamental de que extrae su vida, como un vampiro, de la sangre del proletariado!”

“Es la última gran batalla, cuyo propósito es el mantenimiento o la abolición de la explotación; es un punto de inflexión en la historia de la humanidad, una lucha en la que no puede haber lagunas, ni compromisos, ni piedad. Y esta lucha, que por la amplitud de sus tareas supera todo lo conocido hasta ahora, debería lograr lo que ninguna lucha de clases, ninguna revolución ha logrado: disolver la lucha mortal entre dos mundos en un dulce murmullo de batallas oratorias en el parlamento y de decisiones tomadas por mayoría.

“El parlamentarismo fue para el proletariado una arena de la lucha de clases mientras duró el día a día de la sociedad burguesa: fue la tribuna desde la que las masas, reunidas en torno a la bandera del socialismo, podían entrenarse en el combate. Hoy estamos en medio de la revolución proletaria, y se trata de golpear con el hacha el árbol de la explotación capitalista. El parlamento burgués, como la dominación de clase de la burguesía de la que es el objetivo político esencial, ha perdido su derecho a existir. Ahora entra en escena la más abierta, la más desnuda de las luchas de clases. El capital y el trabajo no tienen nada más que decirse, nada más que hacer que entablar un despiadado combate cuerpo a cuerpo, para que la lucha decida quiénes serán arrojados al suelo”.

En 1968, en el n. 14, “Reforma o revolución”, 1899:

“Es completamente falso y contrario a la historia imaginar el trabajo por reformas como la revolución prolongada y la revolución como una reforma condensada. Una transformación social y una reforma legal no son elementos distintos por su duración sino por su contenido”.

“Todo el secreto de las transformaciones históricas, mediante el uso del poder político, radica precisamente en la transformación de simples cambios cuantitativos en una cualidad nueva o, para hablar en términos concretos, en el paso de un período histórico, de una determinada forma de sociedad a otra”.

Por tanto, quien se pronuncia a favor de la vía de las reformas legales en vez de la conquista del poder y de la revolución social, y contra ellas, no elige en realidad una vía más tranquila, más segura y más lenta, que conduce al mismo fin, sino que elige un fin diferente, es decir, en lugar de la instauración de una nueva sociedad, modificaciones puramente superficiales de la vieja sociedad. Es así que, partiendo de las consideraciones políticas del revisionismo, llegamos a la misma conclusión de sus teorías económicas; es decir, apuntan, en el fondo, no a la realización del orden socialista sino únicamente a la restauración del orden capitalista, no a la supresión de los asalariados, sino a la mayor o menor dosis de explotación, a la supresión de los abusos del capitalismo, pero no del capitalismo mismo (...)

“Las relaciones de producción de la sociedad capitalista se acercan cada vez más a las relaciones de producción de la sociedad socialista, pero por el contrario, sus relaciones políticas y jurídicas erigen un muro cada vez más alto entre la sociedad capitalista y la sociedad socialista. Este muro no solo no es afectado, sino que al contrario se fortalece, consolida, potenciado con el desarrollo de las reformas sociales y la democracia. Lo que podrá destruirlo es, por tanto, únicamente el golpe de ariete de la revolución, es decir, la conquista del poder político por parte del proletariado”.

En 1971, en el n. 23, “Continuidad de la programación práctica”:

“Nuestro programa sería sólo un miserable pedazo de papel si no pudiera servirnos en cada eventualidad y en cada momento de la lucha y servirnos precisamente con su aplicación y no con su omisión”.

“En realidad, si nuestro programa da la fórmula del desarrollo histórico de la sociedad del capitalismo al socialismo, debe, en consecuencia, formular fases transitorias de este desarrollo, presentarlas en sus rasgos generales: debe, por tanto, poder indicar al proletariado, en cualquier momento, la actitud a adoptar para acercarse al socialismo. De ello se deduce que para el proletariado, en general, no puede haber un momento en el que se vea obligado a abandonar su programa, o un momento en el que, por el contrario, este programa lo abandone”.

“El orden reina en Berlín” es el último escrito de Rosa, que apareció en el periódico Die Rote Fahne el 14 de enero de 1919: “¡El orden reina en Berlín! ¡Oh, estúpidos matones! vuestro orden está construido sobre arena. Mañana la revolución se levantará de nuevo con fragor y en vuestro terror, anunciará a toques de trompeta: “¡ERA, SOY, SERÉ!”.

Este grito, esta certeza, la retomamos. Esta es la única forma de recordar a Carlo y a Rosa. Solo así se levantarán los muertos de ayer y resucitarán los mueros de mañana. “Viviremos o no, vivirá nuestro programa”.


La formación de la nación india

El camarada continuó la serie de informes sobre la historia de la India describiendo los acontecimientos hasta las elecciones de 1977 que vieron el éxito del partido Janata.

La independencia de Bangladesh en 1971 desenmascaró definitivamente a la India capitalista, que hacía tiempo había abandonado la letanía fantasiosa de la no violencia y veía desvanecerse definitivamente el utópico proyecto del no alineamiento que en los planes de la burguesía india habría favorecido al capitalismo nacional.

El 16 de diciembre de 1971, con la rendición de las tropas paquistaníes, se estableció la hegemonía regional de la India, incluso a costa de los Estados rivales vecinos más pequeños.

El propio Bangladesh pronto manifestó tendencias anti‑indias. Aunque el ejército se retiró rápidamente, numerosos hombres de negocios y comerciantes indios viajaron a la fértil Bangladesh, explotando a la población local.

Pocos años después de la independencia, se construyó la presa de Farakka en el Ganges, en el territorio indio cercano a la frontera; pronto será evidente cómo este monumento de la India capitalista, útil para regimentar las aguas del gran río, habrá cambiado radicalmente la red hidrográfica de la zona, llevando al hambre a miles de familias campesinas, obligadas a emigrar a los barrios marginales de las grandes ciudades, Calcuta y Dhaka.

En marzo de 1972 se llevaron a cabo elecciones en los Estados. Una vez más triunfó el partido de Gandhi, también gracias al prestigio de la victoria militar. Como en el pasado, Indira se encontró prometiendo y planeando una serie de reformas, pero al frente de un partido que seguía condicionado por las clases retrógradas, particularmente en las campañas interminables, y dentro del Congreso.

La euforia de la victoria sobre el enemigo paquistaní se desvaneció rápidamente. Además de los considerables costos de la guerra, de 1972 a 1975 las desfavorables lluvias monzónicas dañaron la agricultura. El Estado fue incapaz de hacerle frente, incluso al comienzo de la fase descendente del capitalismo global. En 1973 se produjo un mayor deterioro cuando el precio del petróleo crudo se cuadruplicó.

Las condiciones de vida de la mayoría de la población india seguían siendo precarias. Las reformas sociales fueron solo un vago recuerdo electoral. El intento de iniciar una nueva fase de redistribución de la tierra terminó en un fracaso; lo mismo ocurre con la nacionalización del comercio mayorista de trigo y su distribución a precios controlados.

El enésimo fracaso de la política reformista reflejaba la disputa sobre las reformas agrarias. Era evidente que las clases agrarias dominantes seguían ejerciendo una influencia considerable en el partido gobernante y sobre toda la burocracia estatal.

El capitalismo indio no despegó y la miseria creció. Casi la mitad de la población no podía satisfacer sus necesidades alimentarias básicas. La abolición legal de las castas no había afectado la condición del campesino paria indio. Las tan anunciadas reformas fueron un fracaso, la mayoría de los campesinos seguía teniendo tierra insuficiente o carecía de ella, mientras que las grandes propiedades seguían conducidas con métodos de producción arcaicos.

Las escasas ayudas internacionales acabaron en empresas capaces de invertir en maquinaria, fertilizantes, obras y equipos para riego y en sistemas de conservación. A medida que avanzaban las pocas granjas modernas, las condiciones de millones de campesinos pobres empeoraban, sobre todo porque la tierra subía de precio y se volvía inaccesible para ellos.

El monzón siguió siendo el árbitro del destino de millones de indios y en las temporadas desfavorables la producción de cereales disminuyó significativamente. Una tragedia del moderno, desgarrado e impredecible mundo burgués: los conflictos existentes entre los distintos Estados de la Unión impidieron que las crecidas del Ganges, Bramaputra, Nurmanda y otros ríos menores, se canalizaran hacia las regiones semiáridas.

En este escenario, las clases dominantes indias, aunque en pugna por el control de las instituciones estatales, actuaron unidas contra su enemigo común, el proletariado, que en mayo de 1974 levantó la cabeza y se impuso en una impresionante huelga general de los ferroviarios. Fue convocada por la exigencia de aumentos salariales y cumplimiento de las ocho horas. Duró tres semanas y atrajo a la lucha a más de 1,7 millones de trabajadores de todas las razas, religiones y castas. Episodios de solidaridad obrera se multiplicaron en varias ciudades de India, algunas fábricas se sumaron a la huelga relanzando reivindicaciones de categorías.

Ante el peligro, la burguesía india no tardó en reagruparse y reprimir con dureza el movimiento. Más de 30.000 huelguistas fueron encarcelados y la policía fue culpable de varios asesinatos de trabajadores y sindicalistas.

Había sido durante al menos una década que los trabajadores del ferrocarril lucharon con determinación reivindicando mejores condiciones de vida y de trabajo; una lucha manejada por los numerosos sindicatos oficiales, expresión de todos los partidos de gobierno y de oposición, que por lo tanto, por naturaleza, no tendían a la unidad de acción. Los resultados obtenidos fueron decepcionantes por la actitud de las centrales sindicales, algunas de las cuales estaban dispuestas a apagar las llamas de la lucha y marginar a los trabajadores más combativos.

La furia de los trabajadores ferroviarios provocó una rebelión abierta contra estos sindicatos que primero fueron disputados abiertamente y luego abandonados. Fueron las siguientes estructuras sindicales de base, creadas en muy poco tiempo, las que permitieron a los trabajadores expresarse con energía y determinación.

La represión fue dura, una amarga derrota para todo el movimiento obrero indio, que luchó por recuperarse. Sin embargo, también fue una lección valiosa, que mostró al joven proletariado indio cuál era la forma correcta de defenderse de los ataques de los patronos y su Estado: organizaciones dedicadas a la lucha más intransigente y solidaria con los hermanos de clase.

Mientras la huelga de los trabajadores ferroviarios aún estaba en curso, un artefacto nuclear fue detonado en el desierto de Rajasthan el 18 de mayo de 1974. Con esto, que llamaron “La sonrisa de Buda”, India se convirtió en la sexta potencia nuclear después de Estados Unidos, China, Inglaterra, Francia y Rusia, aunque en el pasado siempre había clamado por el desarme nuclear general. Fue una respuesta obvia a la amenaza nuclear de la enemiga China.

Pero la prueba nuclear no pudo hacer olvidar la cuestión agraria no resuelta y la miseria de millones de campesinos, a lo que se sumó un animado movimiento obrero para intimidar a la clase dominante india.

En junio de 1975, el Tribunal Superior de Allahabad invalidó la elección de Gandhi de 4 años, acusándola de irregularidades y le prohibió cualquier cargo durante seis años, encontrando el apoyo de una rama interna del Congreso. Gandhi reaccionó usando poderes extraordinarios. Todos los opositores políticos fueron encarcelados, incluidos los congresistas. El autodenominado Partido Comunista de la India, apoyado por Moscú, fue excluido de la persecución. Los activistas sindicales se vieron particularmente afectados. Se impuso una censura total a los medios de información.

En esa acalorada lucha entre burgueses, eran las clases subordinadas, aquellas hacia las cuales de hecho se había proclamado el régimen de emergencia, las que más sufrían. Los habitantes pobres fueron sacados a la fuerza del barrio musulmán, en la vieja Delhi, alrededor de la gran mezquita, y se intentó imponer una política insensata de control de la natalidad.

En esta inestabilidad política, Gandhi se vio obligada a convocar nuevas elecciones. Se suspendió el estado de emergencia y parte de los presos políticos quedó en libertad. Las fuerzas burguesas, hostiles a la primera ministra, se presentaron en un frente común anti Congreso, el Partido Janata. La clase dominante india, débil y dividida, estaba tratando de tapar una emergencia social cada vez más profunda. Las políticas de reforma social impulsadas durante la emergencia habían asustado a los conservadores, la suspensión de sus libertades democráticas había asustado a los burgueses, pero sobre todo las reformas sociales habían llegado solo a sectores limitados de las interminables masas indias, cada vez más empobrecidas por el desarrollo del capitalismo y su desarrollo retrasado.


El PCd’I y la guerra civil en Italia

El informe expuso algunos episodios de guerra civil que tuvo lugar durante las elecciones políticas de mayo de 1921. Las llamadas “fuerzas constitucionales” burguesas se presentaron unidas en “Bloques Nacionales”, en los que también fueron acogidos los fascistas. Si es cierto que el fascismo nunca había sido un movimiento ilegal, ahora era reconocido hecho y de derecho.

Se hizo relevante por un lado el heroísmo del proletariado italiano, por el otro la connivencia entre el fascismo y el Estado burgués, y la abierta traición del Partido Socialista.

La exposición comenzó con un informe sobre los acontecimientos en Pordenone, el “bastión del bolchevismo friulano”.

Una advertencia de que pronto habría una invasión fascista en la ciudad, se pudo confirmar a partir del hecho de que la policía había buscado y confiscado minuciozamente las armas de los proletarios: como siempre, el Estado burgués se preocupaba de que los fascistas no encontraran resistencia. Ya se habían realizado provocaciones fascistas en los pueblos de la provincia, donde el proletariado había resistido bien. Pero el objetivo de la burguesía era la conquista de Pordenone.

En la mañana del 10 de mayo, grupos de estudiantes de Udine llevaron a cabo actos de provocación a la espera de la llegada de los escuadrones. Los trabajadores abandonaron inmediatamente su trabajo para prepararse para la defensa y recibieron con lanzamiento de piedras al primer camión de fascistas, que abandonó la ciudad; un segundo camión evitó acercarse. Durante un tiroteo, los fascistas mataron a uno de sus compañeros; esa muerte se atribuyó a una emboscada comunista, una excusa ante la vasta obra de terror contra la “barbarie roja”.

Por la tarde, los proletarios se mantuvieron como jefes de la plaza poniendo en fuga a grupos de fascistas y enfrentando los puestos militares. Mientras tanto, se estaban concentrando enormes fuerzas fascistas.

El alcalde socialista, en lugar de organizar la defensa, se dirigió a las autoridades de Seguridad Pública pidiendo su “protección” y convenció a la mayoría de los obreros para que regresaran a casa. Los comunistas y proletarios más conscientes se replegaron sobre el barrio obrero de Torre y se prepararon para la defensa armada.

Las fuerzas del orden dieron libre entrada a la ciudad a los fascistas, quienes iniciaron su labor de devastación en detrimento del cabildo, de la Cámara del Trabajo, de las casas de los exponentes políticos, pasando luego a la paliza indiscriminada a todos aquellos que fuesen reconocidos como obreros.

La acción derrotista del alcalde socialista dejó a la ciudad indefensa: Pordenone fue ocupada sin resistencia. En Torre, sin embargo, esa noche el proletariado no había dormido y se había preparado para resistir.

Se cavaron zanjas, se levantaron barricadas, los caminos de acceso se cerraron con vallas y caballos de Frisia (estructuras defensivas). A echar una mano acudieron proletarios y campesinos de la localidad limítrofe. Durante todo el día los ataques fascistas fueron repelidos. Solo con la intervención de grupos de caballería, tropas alpinas y de carabinieri, fue posible conquistar el barrio proletario.

La derrota militar no doblegó al proletariado de Pordenone que durante diez días se declaró en huelga de manera compacta, obteniendo la liberación casi total de los detenidos, con las grotescas acusaciones de guerra civil, devastación y pillaje.

También se recordó cómo los proletarios de Pordenone, en la loca esperanza de su defensa a través de las instituciones burguesas, eligieron entonces a su primer diputado socialista, el abogado Ellero, quien inmediatamente se puso manos a la obra proponiendo el infame “pacto de pacificación” con los fascistas.

A partir del 4 de junio de 1921, todos los periódicos de Italia informaron de la noticia de un delito consumado en una pequeña fracción del municipio de Pistoia. Un fascista, un tal Urbani, que no circulaba desde hacía un par de meses. La familia no se esforzó mucho en buscarlo, ni tampoco la policía que detuvo a un menor de edad, mentalmente discapacitado, a quien, bajo tortura, se le hizo confesar un terrible crimen. El tal Urbani, por engaño, habría sido atraído a la sede del Partido Comunista y envenenado allí, luego sumergida su cabeza en una caldera hirviendo y luego despedazado y arrojado a un pozo.

Al día siguiente el país fue ocupado por el ejército y la fuerza pública, que registraron las casas durante días en busca de pruebas. Cerca de treinta proletarios comunistas fueron arrestados y durante más de dos meses sometidos, en vano, a violentos interrogatorios. El Procurador del rey de Pistoia insistió entonces en que se levantara la ocupación militar: así los fascistas podrían intervenir para sembrar destrucción, terror y muerte. Este era el objetivo del democrático Magistrado que amenazaba con la destrucción del pueblo: ancianos y enfermos, mujeres y niños, bajo la pesadilla de la muerte, se habían refugiado en graneros y en el bosque. Incluso en Pistoia, camaradas y proletarios fueron golpeados para vengar el asesinato.

Después de otros dos meses, no surgió ninguna prueba contra los comunistas arrestados que, a pesar de la violencia, se negaron a confesar; de hecho vino la retractación del joven discapacitado, que tenía las marcas de la tortura en su cuerpo. El fascista envenenado, hervido y descuartizado reapareció el 1 de agosto, vivo y bien: luego de los cuatro meses que había pasado en Bolonia; la familia lo sabía, los fascistas lo sabían, la policía lo sabía.

El proletariado pistoiano se llenó de orgullo, se declaró en huelga por la liberación de los detenidos que al día siguiente una gran multitud vitoreó la salida de la cárcel.

Mañana se cumplirá la venganza del proletariado, contra la burguesía y sus instituciones, solo si ha aprendido la lección de cómo la clase dominante asume la guerra social y cómo sabe combinar a su favor el garrote fascista y el engaño democrático y legal.

Entonces no fue para el traicionero Partido de la Socialdemocracia en Italia. En las elecciones de mayo, pese al despliegue del terror fascista, el fraude y los diversos engaños, el Partido Socialista, que había basado toda su actividad en la acción democrático-electoral, volvió a ser el más votado con más de 1.600.000 preferencias, conquistando 123 escaños.

En el entusiasmo de la orgía electoral el “¡Avanti!” titulaba: “Los proletarios de Italia han enterrado la reacción fascista con una avalancha de votos rojos”. Pero bajo los triunfantes titulares de primera plana, diariamente informaba sobre listas de proletarios asesinados, casas del pueblo y cámaras de trabajo incendiadas. La “avalancha de tarjetas rojas” no impidió que los fascistas desataran olas de terror aún más violentas. 

Típicos entre junio y julio de 1921 son los que en Lunigiana culminaron con el asalto a la ciudad de Sarzana. Durante algún tiempo, varios pueblos circundantes habían sufrido ataques fascistas en los que subversivos y simples proletarios habían encontrado la muerte.

La noche del 12 de junio fue saqueada la cooperativa socialista. Al día siguiente llegó a la ciudad un camión cargado de fascistas, golpeando y disparando a todos. Así fue asesinado el padre de uno de nuestros camaradas: después del homicidio los fascistas volvieron al camión y tomaron tranquilamente el camino de regreso sin que interviniera la policía.

Después de una tregua que duró aproximadamente un mes, se reanudaron las violentas incursiones contra las localidades de Lunigiana. Precisamente en esos días, mientras el fascismo sembraba la muerte, los delegados del PSI desarrollaban el infame “pacto de pacificación” con los asesinos del proletariado.

El 18 de julio, los proletarios de Sarzana estaban en armas y listos para luchar. Llegaron refuerzos de La Spezia. Hubo una batalla, los fascistas se pusieron en fuga y los que no pudieron escapar permanecieron en el territorio. Según “La Stampa” el saldo fue de siete muertos y varios heridos. En ese momento, los carabinieri arrestaron a unos quince fascistas para salvarlos del linchamiento.

Tres días después, 600 camisas negras de toda la Toscana se habían concentrado para marchar sobre la ciudad con las primeras luces del amanecer. Pero en Sarzana los proletarios estaban despiertos, esperando y armados. Cuando los fascistas llegaron a la estación del tren se encontraron frente a una pequeña patrulla de carabinieri: quince hombres frente a seiscientos. Se advirtió a los fascistas que no entraran en la ciudad ya que la población estaba en alerta.

En aquel momento sucedió que, en la conmoción, el bando fascista disparó uno o más tiros de fusil y un cabo de los carabinieri resultó herido. La respuesta de los carabinieri al fuego fue instintiva. Esto causó la confusión entre los seiscientos héroes de camisa negra. La mitad se agolpó de terror frente a la estación, otros huyeron al campo donde los campesinos armados los persiguieron y fueron interceptados y asesinados. El “Corriere della Sera” del 22 de julio tituló: “Salvajes agresiones comunistas - Episodios espantosos de caza a los fascistas”.

Incluso los atrincherados dentro de la estación seguramente habrían tenido un mal final si no hubieran sido rescatados por la policía, que preparó un tren especial para llevarselos rápidamente. Desde el tren que partía, los héroes de camisa negra abrieron fuego contra hogares y personas, hiriendo y matando. Pero los obreros y campesinos respondieron rápidamente al fuego. Los fascistas dejaron unos quince muertos y unos cincuenta heridos.

La historiografía de todas las tendencias políticas contó entonces la historia de las fuerzas del orden que en Sarzana habrían defendido al proletariado enfrentándose con armas a las bandas fascistas. Nada más falso. Los disparos de algunos carabinieri contra los fascistas no fueron más que una respuesta impulsiva al asesinato de un compañero de armas, y el miedo, de 15 frente a 600 hombres armados.

Ejército, policía y carabineros no tardaron en ponerse del lado de los fascistas, procediendo de inmediato al rastreo y detención en el campo, de los proletarios y campesinos que se encontraban en posesión de armas.

En este sentido, es vergonzoso lo que se informó en el “Avanti!” del 23 de julio: “En el campo hay grupos de comunistas armados y la fuerza pública procede con detenciones, que son numerosas [...] ya que es sobre todo en el campo donde merodean los comunistas armados”. Por nuestra parte escribimos con orgullo en “Il Communista” del 31: “La violencia que de ahora en adelante será llevada a cabo por las masas será definida como “violencia comunista” [...] Que los comunistas sean perseguidos y golpeados es cuestión de lógica férrea y rigurosa, para fascistas y socialistas [...] Todo acto violento nos será imputado. A partir de ahora, agradecemos a nuestros enemigos que obligaran al verdadero proletariado revolucionario a unirse bajo nuestra bandera”.

Ocho días después se firmó el “Pacto de Pacificación” entre el Consejo Nacional de los Fascistas, el Partido Socialista y la CGL, con la intención, declarada, de formar un frente único nacional anticomunista.