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Muchos grupos y partidos que intervienen en el movimiento obrero venezolano pretenden que éste levante la consigna “¡Contra el saqueo y la entrega de nuestros Recursos Energéticos y Mineros a las potencias imperialistas!”. Pretenden con este tipo de consignas que los trabajadores se movilicen en defensa de la patria y la soberanía nacional. Este tipo de llamamientos son completamente reaccionarios y apartan al movimiento obrero tanto de las luchas reivindicativas inmediatas como de la lucha revolucionaria dirigida a acabar con la explotación capitalista.
Considerando los diferentes ingresos que reciben los trabajadores (la suma de salarios y bonos), apenas se cubre en el mejor de los casos el 30% del monto de la Canasta Alimentaria y el 15% de la Cesta Básica. ¡Y eso en el caso de quienes cuentan con un empleo formal! Pero la situación es mucho más grave para los trabajadores por cuenta propia, los trabajadores informales, los desempleados y los trabajadores jubilados o pensionados. La situación de miseria y de necesidades insatisfechas embarga a todas las familias trabajadoras, incluidas aquellas que en un tiempo pasado se sentían de “clase media” por recibir salarios más elevados debido a su condición profesional o de oficios especializados y que ahora se han venido a menos en sus condiciones de vida.
La mayor parte de los ingresos de los trabajadores está compuesta por bonos y el salario nominal se ha quedado congelado en un monto que tiende a cero si se compara con su equivalente en dólares.
Esta es la verdadera fuente de riqueza de los capitalistas en Venezuela y ha sido el gobierno burgués el que ha favorecido esta situación, implantando decretos y resoluciones antiobreras o simplemente poniendo al Ministerio del Trabajo y a los tribunales al servicio de los patronos. Es sobre la base del saqueo del salario que se han amasado grandes fortunas dentro y fuera del país.
Las centrales y federaciones sindicales, tanto la oficialista, CBST, como las que se autodenominan del “sindicalismo autónomo”, han sido cómplices del gobierno y los patronos y se ocultan tras discursos demagógicos, manteniendo a los trabajadores desmovilizados y divididos.
Esa mentira de que “el petróleo (o el gas, el oro, el hierro, la bauxita, etc.) es nuestro”, es una de las banderas de los oportunistas de todos los colores. Los trabajadores asalariados solo son dueños de su fuerza de trabajo y los capitalistas se apropian de una parte cada vez más grande de los productos del trabajo asalariado, ya sea en los servicios y la administración pública o en la actividad privada en diferentes negocios. Ningún gobierno de la democracia burguesa, ninguna Ley, van a cambiar el régimen de explotación del trabajo asalariado.
A los trabajadores no les interesa si la composición accionaria de las empresas que explotan y comercializan el petróleo, el gas, el oro, el hierro, la bauxita, el carbón, etc., es mayoritariamente privada y transnacional o mayoritariamente estatal. No importa si el patrón es público o privado, nacional o transnacional, los trabajadores deben exigir incremento salarial para afrontar el costo de la vida, aumento de las pensiones, reducción de la jornada de trabajo, eliminación de los sobretiempos, pago de salario a los desempleados, higiene y seguridad en los puestos de trabajo, etc.
Los trabajadores venezolanos se deben movilizar en todo el país, integrándose por la base, sin importar a que sindicato se encuentran afiliados. La lucha debe avanzar hasta confluir en una Huelga General por aumento salarial y la organización debe evolucionar hacia la constitución de un Frente Único Sindical de Clase, fundamentado en asambleas locales y regionales de trabajadores formales, informales, desempleados y pensionados.
Pero este movimiento no podrá avanzar si se distrae tras consignas que llamen a la defensa de la patria, de la soberanía o contra la privatización de empresas estatales. El movimiento de los trabajadores debe concentrarse en la exigencia de aumento salarial, contra los despidos y por reivindicaciones socio económicas. En el caso de los trabajadores sindicalizados, deben realizar asambleas y presionar a las directivas de los sindicatos para que asuman la lucha y para que impulsen el Frente Único Sindical de Clase.
Ningún gobierno entregará a los trabajadores lo que requieren para afrontar
el costo de la vida, si no se le somete a la presión de la movilización y la huelga.
¡Por un Frente Único Sindical de Clase que una a todos los trabajadores en la lucha reivindicativa!
¡Acumular fuerzas para realizar una Huelga General, indefinida y sin servicios mínimos!
Entre los escenarios que habíamos hipotetizado sobre la evolución de las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, parece que con la incursión militar y el secuestro del presidente Maduro el 3 de enero, se ha materializado el escenario intermedio: ataques contra objetivos individuales vinculados al narcotráfico, pero sin recurrir a una intervención militar abierta, desplegando tropas sobre el terreno, como se hizo en Irak. El imperialismo estadounidense necesita avanzar rápidamente en la delimitación de su zona geográfica de influencia frente a otros imperialismos, especialmente China, y en el control de las ricas reservas minerales de Venezuela.
La importancia del petróleo venezolano para Estados Unidos es de mediano y largo plazo, más que a corto plazo, ya que se requieren inversiones masivas para restaurar la infraestructura. A corto plazo, Estados Unidos captará una mayor proporción de la producción venezolana. Para finales de 2025, el 27% del petróleo venezolano se vendió a Estados Unidos, el resto a China y otros países. Las grandes petroleras a las que Trump ha instado a invertir en Venezuela saben que, durante el resto de esta década, dedicarán recursos a rehabilitar la infraestructura de producción sin obtener ganancias. Según los nuevos acuerdos comerciales entre Estados Unidos y Venezuela, la producción de petróleo podría alcanzar los 1.200.000 barriles en 2026 y seguir aumentando entre 2027 y 2028.
Pero, por muy hambrientos que estén los tiburones petroleros globales, necesitan seguridad, garantías y certeza jurídica de que no perderán sus inversiones. En realidad, la tranquilidad que requieren es de naturaleza política y militar. Trump lo sabe, tanto así que mantiene su despliegue militar en el Caribe. Pero habrá quienes esperen a ver cómo evoluciona el conflicto con China, para ver cómo podría afectar las inversiones en Venezuela.
Cabe destacar que durante décadas se ha desarrollado una simbiosis entre Estados Unidos y Venezuela en el sector petrolero; las refinerías del sur de Estados Unidos (principalmente en Texas) fueron diseñadas para procesar el petróleo pesado y sulfuroso de Venezuela y México. Dado que el petróleo de esquisto que produce actualmente Estados Unidos es muy ligero, las plantas del Golfo deben mezclarlo con crudo pesado.
En la nueva situación, Estados Unidos pretende pasar del control del petróleo venezolano mediante sanciones a un dominio operativo y financiero con el apoyo del chavismo gobernante, lo que sitúa a Venezuela en un estatus equivalente a un protectorado. Y si bien el chavismo podría ser reemplazado por un nuevo actor político, ha desarrollado fuertes vínculos con la burguesía venezolana y controla todas las instituciones: la “transición” podría llevar años. Y el gobierno estadounidense sabe que actualmente no hay un partido capaz de reemplazar al chavismo sin el apoyo de las tropas sobre el terreno, como intentó hacerlo en Irak.
En cuestión de días, si no horas, tanto el gobierno de Estados Unidos como el de Venezuela han avanzado rápidamente en una serie de medidas destinadas a fomentar la penetración de compañías petroleras occidentales como parte de un plan de inversión propuesto por Washington. Este plan incluye garantías de seguridad (el gobierno estadounidense apoyará y protegerá los activos de las compañías), el control de los ingresos por la venta de petróleo, que se depositarán en cuentas controladas por el Tesoro estadounidense en bancos internacionales, y el uso obligatorio de tecnología estadounidense (futuras inversiones de capital destinadas a la compra de plataformas, oleoductos y equipos fabricados exclusivamente en Estados Unidos). Los primeros ingresos por las ventas ya se han depositado en Qatar (aproximadamente 300 millones de dólares) y desde allí se transferirán al Banco Central de Venezuela, que a su vez los distribuirá entre cinco bancos privados que pondrán los fondos a disposición de empresas de sectores económicos prioritarios.
Se estima que, en 2026, Venezuela podría recibir aproximadamente 12.000 millones de dólares en ingresos por ventas (que aumentarían no tanto por el aumento de la producción, sino por la aplicación de precios de mercado en lugar de los del mercado negro, que se han venido aplicando debido a las sanciones estadounidenses), la liberación de fondos retenidos por el FMI y otros créditos. Esto impulsaría significativamente la economía venezolana en 2026.
Estas concesiones de Washington y Caracas fueron tan rápidas y coordinadas que quedó claro que el plan había sido cuidadosamente diseñado por ambas partes y acordado muchos meses antes de la acción militar del 3 de enero. Las sanciones eran un obstáculo no solo para el Gobierno venezolano, el Banco Central y empresas como PDVSA y otras, sino también para las propias multinacionales: ahora Chevron podría superar los 200.000 barriles diarios a finales de 2026.
El gobierno de Estados Unidos ha reanudado la concesión de visas de entrada a venezolanos y está coordinando la reapertura de su embajada en Caracas. También ha liberado fondos venezolanos en poder del FMI y los ha reintegrado al sistema SWIFT, del que habían sido excluidos debido a las sanciones. El fondo fiduciario que pronto creará Estados Unidos se denomina “Tratado de Custodia Tripartita”, un acuerdo entre los gobiernos de Estados Unidos, Venezuela y Catar. Su Comité de Gestión está compuesto por un representante del Tesoro de Estados Unidos, representantes de 14 compañías petroleras y el gobierno venezolano, que, por lo tanto, no puede disponer de sus activos. A través de este fondo fiduciario, Estados Unidos emitirá una criptomoneda, cuyo objetivo es mantener una paridad constante de 1:1 con el dólar, garantizada por la Reserva Federal: se denomina “dólar digital”, pero también “dólar-bolívar digital”.
Mientras tanto, el gobierno burgués venezolano, que aún se proclama chavista, en perfecta sintonía con Estados Unidos, ha presentado ante la Asamblea Nacional una reforma a la Ley de Hidrocarburos para flexibilizar el control estatal y atraer inversión extranjera. El llamado “modelo Chevron” será legalmente reconocido, lo que permitirá a las empresas extranjeras un control operativo mucho más amplio, mayor autonomía en la gestión de los yacimientos petrolíferos y la comercialización del crudo, superará las cláusulas actuales que rigen las empresas mixtas controladas por PDVSA y brindará seguridad jurídica a las empresas.
Parte de los ingresos petroleros se destinaría a la asistencia social, la sanidad, los servicios públicos y la reconstrucción de infraestructuras, la red eléctrica y el tejido industrial. También se revisará la ley de precios, previa consulta con las empresas (como ya se ha hecho en la práctica), principalmente para bienes y servicios de consumo.
La carga fiscal y las regalías petroleras se reducirán del 30% actual, y la participación estatal en empresas mixtas se hará inferior al del 51%. También se han simplificado los trámites administrativos y se está llevando a cabo una revisión de los códigos civil, comercial y penal. La ley minera se está reformando para atraer una importante inversión internacional en la minería de oro, carbón, hierro y bauxita.
Pero, aunque se habla menos de ello, la reforma laboral está en el aire: eliminará la retroactividad de las prestaciones sociales, eliminará los obstáculos a la subcontratación y la precariedad laboral, y abordará las demandas de los empleadores desde hace tiempo. En cuanto a los salarios y las pensiones, mientras se reconsidera el marco legal, el gobierno anuncia bonificaciones especiales.
La intención del gobierno estadounidense es restablecer los niveles históricos de producción (entre 3 y 3,5 millones de barriles diarios) para reducir el precio del petróleo a cerca de 50 dólares. Sin embargo, empresas como Wood Mackenzie y la Universidad de Columbia advierten que los 2 millones de barriles diarios solo se alcanzarán en el 2030, y que alcanzar los 3,5 millones de barriles diarios tomará una década. Trump ha declarado que las grandes petroleras deberían invertir al menos 100.000 millones de dólares. Los expertos coinciden: se necesitarán 10.000 millones de dólares anuales durante los próximos 10 años.
Mientras el imperialismo estadounidense continúa con esta agresiva operación, no hemos observado ninguna reacción decisiva del imperialismo chino ni del ruso. Rusia ha declarado que sus empresas seguirán operando con normalidad en Venezuela. El gobierno venezolano ha declarado que mantendrá relaciones diplomáticas y comerciales con China y otros países.
Metamorfosis
de la democracia burguesa
Mientras tanto, el gobierno chavista ha garantizado el funcionamiento de las instituciones y la paz laboral. El gobierno promueve manifestaciones contra el secuestro de Maduro y su esposa. La liberación de aproximadamente 200 de los más de 800 presos detenidos desde el período post-electoral de 2024 ha comenzado lentamente; los líderes sindicales permanecen en prisión. Para Estados Unidos es importante que Venezuela mantenga la paz social y que nada perturbe las operaciones de las compañías petroleras.
Bajo el estado de emergencia nacional declarado por el gobierno, se han realizado varias detenciones, en casos aislados y poco claros, por cargos de “incitar al odio y la traición” y “apoyar el ataque estadounidense contra Venezuela”. Sin embargo, el gobierno ha moderado la represión, sin reducir el despliegue de las fuerzas policiales en las calles.
La burguesía y los partidos que se enmarcan en el espectro democrático burgués han planteado diversos escenarios, que van desde el mantenimiento del chavismo, el “socialismo del siglo XXI”, con el reemplazo de ciertas figuras, hasta una “transición democrática” a través de un gobierno de emergencia nacional liderado por políticos de oposición.
El imperialismo estadounidense impondrá la solución que le permita alcanzar sus objetivos con el menor gasto posible y, sobre todo, sin tener que desplegar tropas sobre el terreno. En el contexto del conflicto inter-imperialista global, Venezuela es solo un peón, en un teatro de operaciones de mayor envergadura.
Obviamente, hablamos de la evolución de la situación en el marco de la democracia burguesa y el capitalismo. A pesar de sus posibles facetas fascistas o formalmente electorales, no tienen nada que ver con escenarios revolucionarios. Tampoco son progresistas ni retrógrados con respecto al sistema burgués de naciones y Estados.
Para el movimiento obrero, sea cual sea el rumbo que tome la transición política en Venezuela, significará un cambio entre los administradores de los intereses de la burguesía y el imperialismo, las nuevas caras de los enemigos de clase del proletariado. Bajo el capitalismo, cualquier tipo de gobierno es el comité de gestión de la clase burguesa, encargado de defender los intereses generales del capital nacional. Incluso cuando algunos líderes se creen generales, en realidad no son más que sargentos. Mientras la derecha y la izquierda reformista sueñan con una “transición democrática”, el movimiento obrero debe romper esta maraña de confusión y retomar el camino que abandonó hace un siglo: el programa de la revolución.
El
patriotismo en crisis
En Venezuela, también, la mentira de defender la nación, la patria y la soberanía ha quedado rotundamente expuesta. Era, en cualquier caso, un mito burgués, monstruosamente abrazado por sindicatos y partidos falsamente de izquierda. El chavismo, ya un acérrimo defensor de la ideología bolivariana y del patriotismo, a pesar de la indignación por el secuestro de Maduro y su esposa el 3 de enero, se postró inmediatamente ante las groseras pretensiones diarias de Trump. Sin embargo, todos los líderes del chavismo habían jurado, antes del ataque estadounidense, que «ante cualquier agresión imperialista, el gobierno venezolano no entregará ni un solo barril de petróleo a Estados Unidos», lo cual ya era una mentira, dado que nunca habían actuado contra Chevron, las sanciones y el bloqueo económico.
Ahora afirman cínicamente que no hay problema en extender los acuerdos petroleros con Estados Unidos, que es una relación normal entre los dos países, como si el presidente legítimo en ejercicio no estuviera preso en Nueva York y como si los muertos en Fuerte Tiuna no hubieran muerto bajo los bombardeos de los marines.
El pueblo venezolano, educado en la ideología de defensa de la patria desde la primaria y en el chavismo, bastión bolivariano, habría esperado una respuesta opuesta a su actual complacencia diplomática hacia Estados Unidos. Sin embargo, el gobierno actual, aún chavista, ha declarado que mantiene relaciones comerciales y suministra petróleo a Estados Unidos porque “practica la diplomacia bolivariana de paz”. A cambio, se planea la reapertura de la embajada estadounidense en Caracas.
La narrativa patriótica se derrumba no solo en el chavismo, sino también en la oposición, patriota y devota de los intereses nacionales. La oposición desarrolla sus argumentos en dos frentes: la unidad con el chavismo, “porque por encima de líneas partidistas, todos somos venezolanos”, y no objeta las concesiones petroleras a Estados Unidos; y, por otro lado, el frente que aprueba la invasión estadounidense para “combatir el narcotráfico”. Así, incluso la llamada “oposición democrática” han arriado sus banderas de defensa de la patria, tanto quienes permanecen a la sombra del chavismo como quienes adulan descaradamente a Trump. Los chavistas ridiculizan a la oposición por el menosprecio de Trump a la líder opositora María Corina Machado; la oposición democrática ridiculiza a los chavistas por su servilismo a las órdenes de Trump. Mientras tanto, Trump se reúne con Delsy Rodríguez y María Corina Machado y les lee la cartilla. Ambas facciones de políticos burgueses se esfuerzan por demostrar al imperialismo estadounidense que son la opción más fiable para defender sus intereses en Venezuela. Esta es la realidad caricaturesca del patriotismo venezolano.
Los trabajadores, aturdidos por la propaganda de ambos frentes burgueses, adoctrinados durante décadas para defender su país, se encuentran de repente ante un teatro del absurdo, un escenario que desmiente todas las razones utilizadas para distanciarlos de la lucha por sus verdaderos intereses de clase.
Pero la propaganda patriótica ya resuena al sur del Río Grande. Las burguesías nacionales se ven amenazadas por el imperialismo estadounidense y, para defender sus negocios, que prosperan únicamente mediante la brutal explotación de los asalariados, los llaman a sacrificarse. Los gobiernos latinoamericanos están en alerta máxima, pero dispuestos a negociar con el imperialismo su parte del pastel, dentro de ese espacio económico al que llaman patria.
Sea cual sea el resultado de este reparto imperialista, lo único que le espera a la clase obrera es la explotación, mientras que las riquezas naturales de los distintos países engrosarán las cuentas bancarias de los capitalistas nacionales y extranjeros. Con una mayor o menor penetración del capital privado y extranjero en los distintos sectores de la economía, la clase obrera debe identificar claramente a su enemigo de clase. No le importa si la composición accionaria de las empresas es mayoritariamente estatal o privada, es una ilusión que su situación vaya a mejorar con la llegada de las multinacionales y los capitales occidentales: estos buitres compiten entre sí basándose exclusivamente en la miseria de los trabajadores asalariados. Ninguna conquista, ninguna reivindicación, será concedida sin una lucha decidida.
La
clase obrera no tiene patria
La clase obrera y todos los sectores oprimidos por el capital son la carne de cañón que será enviada al frente bajo las banderas nacionales. La postura comunista es contraria a la guerra imperialista; la clase obrera no tiene patria que defender; por el contrario, se entregará al derrotismo revolucionario, volviendo sus soldados y armas contra la burguesía y sus gobiernos en todos los países.
Junto con los políticos burgueses y la falsa izquierda, las centrales y federaciones sindicales han mantenido un silencio cómplice y no han promovido ninguna movilización obrera, lo que las coloca del lado de los enemigos de la clase obrera. Solo unas pocas excepciones han propuesto la lucha, aunque con fines nacionalistas, legalistas, democráticos y burgueses.
Además, en Venezuela, ninguna de las potencias imperialistas (Estados Unidos, China, Rusia, Irán, etc.) está realmente interesada en impedir el narcotráfico, en el derecho internacional, en el respeto a la democracia ni los derechos humanos. Todas se mueven por intereses económicos, por el control de la producción y comercialización de petróleo, gas, oro, etc., cada una buscando la mayor tajada del pastel. Y esta pugna incluye a la burguesía venezolana, ya sea representada por el chavismo, por la “oposición democrática” o por la infame “izquierda” que habla de “socialismo democrático”, de un “plan obrero y popular” e incluso de la “defensa de la Constitución”.
Es ilusorio pensar que los imperialismos se sentarán a consensuar cómo dividir el mundo. La Tercera Guerra Mundial es inevitable. El ataque estadounidense a Venezuela el 3 de enero y las amenazas a México, Colombia, Cuba y Groenlandia son el pistoletazo de salida de un imperialismo para arrebatar la iniciativa a sus rivales – China, Rusia, etc. – trazando líneas de demarcación en torno a lo que considera sus propios dominios. La repartición del mundo, de los mercados, de las materias primas, de las zonas estratégicamente valiosas, de las monedas y el capital, solo ocurrirá como resultado de la confrontación y la medición de fuerzas, con toda la destrucción y la muerte que ello conlleva.
También en Venezuela, sea cual sea la situación, la clase obrera debe organizarse por sí misma y luchar por sus reivindicaciones, empezando por aumentos significativos de salarios y pensiones. La unificación del movimiento obrero en una huelga general, por tiempo indefinido y sin servicios básicos, será la mejor expresión de la unidad de acción de los trabajadores asalariados. Esta reanudación de la lucha de clases chocará con todo el espectro de partidos burgueses y los líderes del sindicalismo traidor del régimen.
La
transformación de la lucha económica en lucha política, en lucha
del proletariado por la toma del poder, dependerá del grado de
influencia que logre alcanzar el partido revolucionario.
El capitalismo corre hacia la guerra porque tiene una necesidad desesperada de ella para sobrevivir. La guerra es para él una necesidad económica, social y política.
Económica: porque, afligido por la crisis de sobreproducción, cada capitalismo nacional disputa los mercados a los demás, produce y vende armas en lugar de las otras mercancías que cada vez menos logra vender y en preparación del tercer conflicto imperialista mundial, en el cual destruir la masa enorme de mercancías que atascan el mercado –entre ellas la mercancía fuerza de trabajo– y hacer reiniciar así un nuevo ciclo de acumulación capitalista.
Social y política: porque la crisis económica empeora las condiciones de vida de los trabajadores de todo el mundo, empujándolos a la lucha y a la revolución. Por encima de las contiendas por mercados y beneficios, todas las burguesías nacionales están objetiva y subjetivamente unidas por el interés de que los proletarios se maten entre sí en la guerra imperialista para impedir que hagan la revolución.
La burguesía, es tan consciente de la necesidad de la guerra para defender su dominio político y sus privilegios sociales, como lo es del hecho de que los proletarios odian la guerra y quieren la paz. Con todos los medios debe por tanto convencer y obligar a los trabajadores a combatir y matar a otros trabajadores, cada uno bajo una bandera nacional tras la cual esconder la sola y única verdadera bandera de la burguesía internacional: la de la ganancia.
Por esto la guerra es siempre explicada por las propagandas de los regímenes nacionales como responsabilidad de una parte de los Estados capitalistas, naturalmente descritos como el mal absoluto. En realidad, bajo todas las camisetas ideológicas que visten con el único propósito de ocultar su naturaleza a los ojos de los trabajadores, todos los regímenes nacionales son dictaduras de la burguesía contra el proletariado. La vestidura democrática de los regímenes de Occidente no es menos falsa que la túnica de los Ayatolás, o de los “socialismos” de los regímenes chino y venezolano.
A los trabajadores solo debe interesarles que la guerra imperialista es contra ellos, desde cualquier parte del frente en que se encuentren, y que, si no son capaces de impedir su inicio con un fuerte movimiento de huelgas, el modo mejor de morir lo menos posible en la guerra es perderla cuanto antes. Los trabajadores no tienen ninguna patria que defender porque aquella que se les describe como tal no es otra cosa que el régimen que los explota y oprime.
La guerra de los trabajadores no es nacional, es una lucha social, en defensa de sus propias condiciones de vida, y es internacional precisamente porque es anti-nacional, en cuanto identifica como primer enemigo al propio régimen burgués, lo opuesto de cuanto hace cada burguesía nacional que indica siempre a los trabajadores un enemigo externo. La clase dominante se prepara para el choque con la clase obrera con nuevas vueltas de tuerca de su dispositivo represivo, legal y policial.
Por esto la huelga internacional de los portuarios de hoy, promovida en Italia por la Usb, es de gran importancia, porque indica la oposición a la guerra con la unidad internacional de los trabajadores.
Ello a condición de no caer en las trampas de la burguesía: luchar contra el genocidio y la guerra en Gaza no significa estar a favor del frente de Estados burgueses anti-USA que especulan con la sangre de los proletarios palestinos en defensa exclusiva de sus ganancias. Si se sustituye la consigna “el enemigo de los proletarios está en su propio país” con el anti-americanismo, se termina por no apoyar las luchas y revueltas proletarias en esos países falsamente definidos como anti-imperialistas –como Irán– porque ellas reforzarían al imperialismo de USA y se encaminarían directo hacia la máquina de la guerra imperialista.
El estalinismo, la peor oleada oportunista anticomunista, además de haber
engañado durante 80 años a los trabajadores de todo el mundo con el falso
socialismo ruso, ha puesto siempre falsos objetivos intermedios antes de la
revolución, sustituyendo el anti-capitalismo con el anti-fascismo, el
anti-americanismo, el anti-sionismo… Esta nefasta tradición política
contrarrevolucionaria debe ser erradicada definitivamente, recuperando el
auténtico comunismo revolucionario.
La guerra imperialista entre Estados podrá ser detenida solo por la lucha de clases hasta el derrocamiento del capitalismo
Las amenazas estadounidenses e israelíes han desembocado finalmente en una guerra abierta, que se augura más extensa y duradera que la de doce días del pasado junio. Ya están involucrados directamente diez Estados del Medio Oriente: desde el Mar Rojo (Yemen), al Golfo Pérsico, a Jordania, hasta el Líbano. También las burguesías de Alemania, Reino Unido y Francia, en una declaración conjunta, han dicho que están listas para “acciones defensivas” para salvaguardar sus sucios intereses en el área, y París ya ha enviado una nave militar a Chipre y desplegado su portaaviones en el Mediterráneo.
Al mismo tiempo, dos días antes del 28 de febrero, Pakistán declaró la guerra a Afganistán, ambos colindantes con Irán al oriente, acusándolo de ser una “colonia de la India” y bombardeando la capital Kabul. Con el conflicto olvidado en Sudán, la guerra involucra una franja territorial de más de 5 mil kilómetros, desde el África oriental, al Mediterráneo, al subcontinente indio.
Los Estados Unidos desde hace tiempo ya no son la primera potencia industrial mundial pero lo son todavía en el plano militar. Mientras gozan de esta ventaja buscan explotarla, con guerras preventivas, para ganar posiciones de fuerza militares –en las rutas comerciales y en el control de los recursos – en perjuicio de los competidores europeos, de Rusia y, primero entre todos, del imperialismo chino, que los acosa, en preparación del enfrentamiento en la tercera guerra mundial.
Por encima de la repartición de las esferas de influencia –es decir de los beneficios obtenidos de la explotación de la clase obrera de todos los países– las diferentes burguesías nacionales, aliadas o enemigas, amasan ganancias con la guerra. Los gigantes capitalistas rusos de la energía Gazprom Neft y Rosneft, así como las industrias chinas de armas Norinco y Avic y la petrolera Petrochina han marcado vistosas alzas de sus cotizaciones gracias a la nueva guerra. Más en general, los estrechos vínculos financieros y comerciales de China con Rusia, Irán, Israel y los Estados Unidos confirman que la guerra es un negocio para todas las burguesías.
Para pagar las contiendas entre las bandas de oligarcas capitalistas están como siempre los civiles inermes, primeros entre todos los proletarios. El verdadero contenido político de la guerra imperialista es que se realiza contra el proletariado de todos los países y a beneficio de la burguesía internacional. También los trabajadores europeos y americanos que –por ahora– no terminan bajo las bombas, verán empeorar sus condiciones de vida con el aumento de los precios y de los gastos militares.
La cuestión de la energía nuclear iraní o de la seguridad de Israel son solo un pretexto. Lo que empuja a los Estados a la guerra y al rearme es la crisis económica mundial de sobreproducción: las mercancías no se venden en casa y se exportan cada vez más a duras penas en los mercados saturados, disputados por los competidores; la masa de los capitales financieros ficticios se multiplica hasta la explosión próxima de la enésima burbuja especulativa; la guerra comercial se agrava con los aranceles usados para relanzar la lánguida producción interna.
La carrera del rearme es en el capitalismo inevitable: solo la economía de guerra, las devastantes destrucciones que le seguirán y la sucesiva reconstrucción podrán dar nueva juventud al capitalismo moribundo.
El derrocamiento del régimen de los Ayatolás, que dura desde hace 47 años, en socorro al pueblo iraní, es también un pretexto. La represión brutal de la revuelta con decenas de miles de iraníes asesinados, torturados o arrestados se consumó hace casi dos meses. USA e Israel intervienen ahora que el trabajo sucio ha sido cumplido. Las proclamas de apoyo a los amotinados por parte de USA y de Israel durante las manifestaciones de inicio de enero eran útiles solamente al régimen iraní, que podía mejor señalarlos en inteligencia con fuerzas extranjeras y masacrarlos. Los bombardeos de hoy compactan las fuerzas de oposición en torno al nacionalismo y por lo tanto en torno al régimen y aíslan a los trabajadores, que instintivamente sienten no tener que defender ninguna patria sino solo sus propios intereses de clase y que, luchando por ellos, ponen en práctica el derrotismo proletario anti-burgués, anti-nacional, internacionalista, revolucionario.
Las burguesías que se proclaman inconciliablemente enemigas están unidas por el interés de que el proletariado iraní sea aplastado, desangrado y permanezca oprimido.
Los trabajadores iraníes no deben dejarse engañar por los cambios de vestimenta del régimen burgués, como sucedió desgraciadamente en 1979 con la caída del Sha y la subida al poder de los Ayatolás, principalmente por responsabilidad de los falsos partidos obreros, ante todo del Tudeh, el partido del oportunismo estalinista en Irán. Tomemos lo que escribió el sindicato de clase de los tranviarios de Teherán –el Sherkat-e Vahed– en su saludo al 53° congreso de la CGT francesa en 2023: «Cuando están en juego los beneficios de los capitalistas (...) no hay ninguna diferencia sustancial entre los Estados capitalistas del mundo (…) No esperamos nada de los Estados y de las potencias capitalistas que persiguen solo sus propios intereses. Contamos solo con la fuerza de la clase obrera en Irán y con el apoyo de los movimientos obreros en el mundo. ¡Viva la solidaridad internacional de los trabajadores!» (Teherán, 27 de marzo de 2023).
Teocracia, democracia, fascismo son solo vestiduras con las que enmascarar la dictadura del Capital sobre la clase asalariada. Las condiciones de los trabajadores no pueden mejorar en un capitalismo siempre más agonizante y lanzado hacia la guerra. El combativo y valiente proletariado iraní deberá enfrentar a la propia burguesía y a sus representantes políticos, en chaqueta o bata, extendiendo y unificando las huelgas en defensa del salario, bloqueando la producción, dando el ejemplo a los trabajadores de toda el área medioriental. Aunque sea largo y difícil, este es el único camino que tiene la clase trabajadora para no resbalar en el abismo hacia el cual la anti-histórica sociedad del capital está por precipitar a la humanidad entera.
Las perspectivas “realistas” y “concretas”, nacionalistas y reformistas, sirven solo para obstaculizar la lucha de clases y conducen a la desilusión, a la derrota, a nuevas represiones. Las propagandas nacionalistas, de derecha y de izquierda, referentes a los intereses de esta o aquella burguesía, occidental u oriental, desde hace más de cien años repiten el mismo escenario de guerra y miseria, sin resolver ninguna de las disputas y contradicciones imperialistas, ni en el Medio Oriente ni en otros lugares.
¡La humanidad no debe ser liberada de los Mullah, de Putin, de Trump, del “terrorismo”, sino del Capital!
La
única fuerza que puede hundir la de los agonizantes imperialismos es
la de la clase obrera internacional, organizada en sindicatos de
clase y dirigida por su partido comunista revolucionario.
- ¡Contra la guerra entre Estados por la guerra entre las clases!!
- ¡El enemigo de los proletarios es el propio régimen burgués!
- ¡Los trabajadores no tienen patria!
Las trabajadoras en el mundo del capital, en el Este y en el Oeste, en el Norte y en el Sur del Mundo, continúan sometidas a la opresión del antiguo orden patriarcal en su actual forma capitalista. Trabajan por salarios más bajos y en condiciones peores respecto a sus compañeros de clase varones, deben trabajar en casa además de en la fábrica o en la oficina, son a menudo sujetas a violencias físicas y emocionales, ¡e incluso asesinadas!
El patriarcado surgió con la primera sociedad de clases y ha continuado existiendo, aunque cambiando y evolucionando, en todos los sucesivos modos de producción. Un capitalismo sin patriarcado nunca ha existido y nunca existirá.
Las mujeres estarán en primera línea en el movimiento por el comunismo encaminado a barrer el legado del patriarcado. Las trabajadoras ocuparán el espacio que les corresponde también en el movimiento sindical. Sin la participación de las mujeres la revolución de redención del capitalismo es inimaginable.
La verdadera liberación para las mujeres tendrá inicio en la intensificación de la lucha de clases y en la dictadura revolucionaria del proletariado. Solo en el comunismo la personalidad de las mujeres se desplegará plenamente, en una sociedad en la que las diferencias de género no serán más motivo de discriminación y explotación.
En este 8 de Marzo 2026 volvemos a repetir lo que es denunciado por el marxismo desde su nacimiento y en todos los textos del partido comunista: las mujeres sufren porque están atrapadas en las garras de la familia burguesa y de la propiedad privada capitalista. Coherentes con el pensamiento de los comunistas de siempre indicamos la vía de la liberación: ¡destruir el presente orden social!
Pero las mujeres no esperan pasivas ese día, son partícipes de la única verdadera lucha, al lado y en las organizaciones de la clase obrera, que llevará a su emancipación, anticipando así las condiciones de una vida plena para sí mismas. En el sindicato de clase se baten por las reivindicaciones de las asalariadas.
El estilo de vida del capitalismo, incluso el más moderno, las priva incluso de la posibilidad de amar, las empuja hacia la soledad en relaciones basadas en el egoísmo. Las relaciones mercantiles, hoy difundidas en los medios, que influencian nuestra mente y ligan nuestra felicidad al consumo, hacen que falten incluso las pequeñas redes de solidaridad del pasado.
El caso Epstein revela la cultura de la violación propia de todos los ambientes burgueses, desde las empresas a las universidades, a todos los niveles, las perversiones generadas por su sentir y vivir. Para las mujeres de las clases inferiores el ascenso social es a menudo posible solo ensuciándose tanto como los burgueses, y solo para encontrarse en una prisión más grande.
Ciertamente ha sido un progreso el ingreso de las mujeres en el mundo del trabajo. Pero se encuentran a menudo como mano de obra de bajo costo, soportan el acoso y las violencias de los dirigentes y son cargadas con tareas gravosas y descalificadas. Durante las crisis las mujeres son condenadas al desempleo en mayor medida que los hombres.
El capitalismo está hoy activamente desencadenando una gran guerra mundial. Como en cada guerra también las mujeres serán directamente golpeadas: a trabajar en la retaguardia, a perder a sus hijos. En las grandes deportaciones de poblaciones, si logran sobrevivir a lo largo de las peligrosas rutas migratorias, deberán intentar vivir en tierras desconocidas, expuestas a la discriminación y a la violencia.
¡Ha llegado la hora de que la clase obrera se sacuda el peso del capitalismo que pesa sobre sus espaldas, liberando a la historia de su hedor!
Hay un solo modo para las mujeres de salvarse de los bajos salarios, de ser invisibles con su trabajo doméstico, de terminar siendo víctimas de asesinatos: destruir el capitalismo. Las mujeres, desde hace miles de años depositarias invisibles de la solidaridad de especie, serán inspiradoras del movimiento. ¡No hay otro camino! Mientras el mundo entero entrega sus venas vitales en las manos del monstruo capitalista, las mujeres, que crean y mantienen la vida, a pesar de todo, ¡darán su indispensable contribución para derrotar a aquellos que producen destrucción y muerte!
¡Abatir el capitalismo para sepultar el patriarcado y dar vida al futuro de la humanidad!