El Partido Comunista Internacional
El Partido Comunista Internacional N. 49 - Marzo de 2026
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Indice
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Actualizado el 21
marzo de 2026
organo de partido
Lo que distingue a nuestro partido: – la línea de Marx a Lenin a la fundación de la III Internacional y del Partido Comunista de Italia a Livorno 1921, a la lucha de la Izquierda Comunista Italiana contra la degeneración de Moscú, al rechazo de los Frentes Populares y de los bloques partisanos
– La dura obra de restauración de la doctrina y del órgano revolucionario, en contacto con la clase obrera, fuera del politiqueo personal y electorero
Contenido:

 – Irán: Contra la guerra entre naciones. por la lucha entre clases
 – En Irán, el levantamiento obrero, liderado por su partido, será anticapitalista, no anti-imperialista ni democrático
 – Implicaciones de la guerra en Irán
 – Elon Musk: Una marioneta de miles de millones de dólares
 – 8 de Marzo: ¡Contra el capitalismo y su orden patriarcal! ¡Viva la lucha de clases! ¡Viva la jornada internacional de las trabajadoras!
 – “Consejo de paz”: la guerra una importante inversión industrial e inmobiliaria para el capitalismo, y el exterminio de trabajadores que no se necesitan.
 – Darfur: una guerra olvidada
 – De satanas al capital
 – Proisraelí y antisemita (a veces al mismo tiempo)
 – El estado democrático-fascista de los EEUU
 – El misticismo cuántico

POR EL SINDICATO DE CLASE:
 – Argentina: Ofensiva del capital y traición de las centrales sindicales para imponer la reforma laboral. Por un frente único sindical de clase y la huelga general indefinida
 – Venezuela: Contra el saqueo de los salarios y las pensiones
 – Minneapolis: ¡Hacia una verdadera huelga general!
– ¡Contra la guerra imperialista! ¡Los proletarios no tienen patria! Volante para la huelga de los portuarios del 6 de febrero
– Para la clase obrera no hay amnistía.
 
DEL ARCHIVIO DE LA IZQUIERDA
 – “Compagna” órgano del Partido Comunista de Italia para la propaganda entre las mujeres: - La necesaria vitalidad de las mujeres en los sindicatos

VIDA DE PARTIDO:
- REUNIÓN INTERNACIONAL, del 27 y 28 de septiembre de 2025.
  – De la Okhrana del zar al espionaje electrónico burgués
  – La Internacional de los Sindicatos Rojos
  – El capitalismo alemán - Fuerza y fragilidad

- REUNIÓN INTERNACIONAL, del 24 y 25 de enero de 2026.
  – La cuestión agraria: El capitalismo
  – Función histórica del partido y las formas de relación en su interior
  – Sobre la orientación sindical del partido en Italia
  – El Irán moderno: La monarquía Pahlavi 
  – Venezuela: En el enfrentamiento entre capitalismos, la clase obrera no tiene un bando que preferir.






Irán
Contra la guerra entre Naciones
Por la lucha entre Clases

La guerra imperialista entre Estados podrá ser detenida solo por la lucha de clases hasta el derrocamiento del capitalismo

Las amenazas estadounidenses e israelíes han desembocado finalmente en una guerra abierta, que se augura más extensa y duradera que la de doce días del pasado junio. Ya están involucrados directamente diez Estados del Medio Oriente: desde el Mar Rojo (Yemen), al Golfo Pérsico, a Jordania, hasta el Líbano. También las burguesías de Alemania, Reino Unido y Francia, en una declaración conjunta, han dicho que están listas para “acciones defensivas” para salvaguardar sus sucios intereses en el área, y París ya ha enviado una nave militar a Chipre y desplegado su portaaviones en el Mediterráneo.

Al mismo tiempo, dos días antes del 28 de febrero, Pakistán declaró la guerra a Afganistán, ambos colindantes con Irán al oriente, acusándolo de ser una “colonia de la India” y bombardeando la capital Kabul. Con el conflicto olvidado en Sudán, la guerra involucra una franja territorial de más de 5 mil kilómetros, desde el África oriental, al Mediterráneo, al subcontinente indio.

Los Estados Unidos desde hace tiempo ya no son la primera potencia industrial mundial pero lo son todavía en el plano militar. Mientras gozan de esta ventaja buscan explotarla, con guerras preventivas, para ganar posiciones de fuerza militares – en las rutas comerciales y en el control de los recursos – en perjuicio de los competidores europeos, de Rusia y, primero entre todos, del imperialismo chino, que los acosa, en preparación del enfrentamiento en la tercera guerra mundial.

Por encima de la repartición de las esferas de influencia – es decir de los beneficios obtenidos de la explotación de la clase obrera de todos los países – las diferentes burguesías nacionales, aliadas o enemigas, amasan ganancias con la guerra. Los gigantes capitalistas rusos de la energía Gazprom Neft y Rosneft, así como las industrias chinas de armas Norinco y Avic y la petrolera Petrochina han marcado vistosas alzas de sus cotizaciones gracias a la nueva guerra. Más en general, los estrechos vínculos financieros y comerciales de China con Rusia, Irán, Israel y los Estados Unidos confirman que la guerra es un negocio para todas las burguesías.

Para pagar las contiendas entre las bandas de oligarcas capitalistas están como siempre los civiles inermes, primeros entre todos los proletarios. El verdadero contenido político de la guerra imperialista es que se realiza contra el proletariado de todos los países y a beneficio de la burguesía internacional. También los trabajadores europeos y americanos que – por ahora – no terminan bajo las bombas, verán empeorar sus condiciones de vida con el aumento de los precios y de los gastos militares.

La cuestión de la energía nuclear iraní o de la seguridad de Israel son solo un pretexto. Lo que empuja a los Estados a la guerra y al rearme es la crisis económica mundial de sobreproducción: las mercancías no se venden en casa y se exportan cada vez más a duras penas en los mercados saturados, disputados por los competidores; la masa de los capitales financieros ficticios se multiplica hasta la explosión próxima de la enésima burbuja especulativa; la guerra comercial se agrava con los aranceles usados para relanzar la lánguida producción interna.

La carrera del rearme es en el capitalismo inevitable: solo la economía de guerra, las devastantes destrucciones que le seguirán y la sucesiva reconstrucción podrán dar nueva juventud al capitalismo moribundo.

El derrocamiento del régimen de los Ayatolás, que dura desde hace 47 años, en socorro al pueblo iraní, es también un pretexto. La represión brutal de la revuelta con decenas de miles de iraníes asesinados, torturados o arrestados se consumó hace casi dos meses. USA e Israel intervienen ahora que el trabajo sucio ha sido cumplido. Las proclamas de apoyo a los amotinados por parte de USA y de Israel durante las manifestaciones de inicio de enero eran útiles solamente al régimen iraní, que podía mejor señalarlos en inteligencia con fuerzas extranjeras y masacrarlos. Los bombardeos de hoy compactan las fuerzas de oposición en torno al nacionalismo y por lo tanto en torno al régimen y aíslan a los trabajadores, que instintivamente sienten no tener que defender ninguna patria sino solo sus propios intereses de clase y que, luchando por ellos, ponen en práctica el derrotismo proletario anti-burgués, anti-nacional, internacionalista, revolucionario.

Las burguesías que se proclaman inconciliablemente enemigas están unidas por el interés de que el proletariado iraní sea aplastado, desangrado y permanezca oprimido.

Los trabajadores iraníes no deben dejarse engañar por los cambios de vestimenta del régimen burgués, como sucedió desgraciadamente en 1979 con la caída del Sha y la subida al poder de los Ayatolás, principalmente por responsabilidad de los falsos partidos obreros, ante todo del Tudeh, el partido del oportunismo estalinista en Irán. Tomemos lo que escribió el sindicato de clase de los tranviarios de Teherán – el Sherkat-e Vahed – en su saludo al 53° congreso de la CGT francesa en 2023: «Cuando están en juego los beneficios de los capitalistas (...) no hay ninguna diferencia sustancial entre los Estados capitalistas del mundo (…) No esperamos nada de los Estados y de las potencias capitalistas que persiguen solo sus propios intereses. Contamos solo con la fuerza de la clase obrera en Irán y con el apoyo de los movimientos obreros en el mundo. ¡Viva la solidaridad internacional de los trabajadores!» (Teherán, 27 de marzo de 2023).

Teocracia, democracia, fascismo son solo vestiduras con las que enmascarar la dictadura del Capital sobre la clase asalariada. Las condiciones de los trabajadores no pueden mejorar en un capitalismo siempre más agonizante y lanzado hacia la guerra. El combativo y valiente proletariado iraní deberá enfrentar a la propia burguesía y a sus representantes políticos, en chaqueta o bata, extendiendo y unificando las huelgas en defensa del salario, bloqueando la producción, dando el ejemplo a los trabajadores de toda el área medioriental. Aunque sea largo y difícil, este es el único camino que tiene la clase trabajadora para no resbalar en el abismo hacia el cual la anti-histórica sociedad del capital está por precipitar a la humanidad entera.

Las perspectivas “realistas” y “concretas”, nacionalistas y reformistas, sirven solo para obstaculizar la lucha de clases y conducen a la desilusión, a la derrota, a nuevas represiones. Las propagandas nacionalistas, de derecha y de izquierda, referentes a los intereses de esta o aquella burguesía, occidental u oriental, desde hace más de cien años repiten el mismo escenario de guerra y miseria, sin resolver ninguna de las disputas y contradicciones imperialistas, ni en el Medio Oriente ni en otros lugares.

¡La humanidad no debe ser liberada de los Mullah, de Putin, de Trump, del “terrorismo”, sino del Capital!

La única fuerza que puede hundir la de los agonizantes imperialismos es la de la clase obrera internacional, organizada en sindicatos de clase y dirigida por su partido comunista revolucionario.

  - ¡Contra la guerra entre Estados por la guerra entre las clases!!
  - ¡El enemigo de los proletarios es el propio régimen burgués!
  - ¡Los trabajadores no tienen patria!






En Irán, el levantamiento obrero, liderado por su partido, será anticapitalista, no anti‑imperialista ni democrático

El régimen teocrático, al que la burguesía iraní ha confiado la protección de sus intereses frente a la clase trabajadora durante 47 años, reprimió brutalmente el levantamiento en Irán.

Las manifestaciones, con decenas de miles de jóvenes, mujeres, obreros, estudiantes y comerciantes que clamaban por la muerte de Jamenei en decenas de ciudades y en la mayoría de las provincias del país – y que culminaron en feroces enfrentamientos en los que, en algunos casos, las fuerzas represivas fueron superadas y muchos de sus secuaces murieron – resultaron insuficientes. Aunque debilitado, el régimen mantiene una base social suficiente para resistir los embates de levantamientos cada vez más violentos.

Esta base social se sustenta en la red de intereses de las fuerzas militares y paramilitares, enriquecida por los ingresos petroleros y otras actividades capitalistas, y apoyada por el imperialismo chino y ruso.

El poder estatal y militar, entrelazado con el poder económico y cada vez más centralizado – una característica del capitalismo en su fase senil y putrefacta – corresponde a la verdadera naturaleza de los regímenes políticos capitalistas, el fascismo, disfrazado con vestimentas ideológicas apropiadas, desde la túnica del ayatolá hasta el falso socialismo bolivariano, la democracia y el falso socialismo chino.

Incluso en Irán, hasta que la clase obrera no se movilice, organizada en sindicatos de clase, con un movimiento de huelga generalizado que trascienda las divisiones entre empresas, categorías, localidades y bloquee a ultranza la economía capitalista nacional, las revueltas seguirán chocando como olas contra la represa del régimen indefinidamente, desperdiciando el enorme sacrificio de las vidas de jóvenes, mujeres y proletarios.

Las potencias imperialistas que apoyan al régimen del ayatolá y las que parecen oponerse a él, están unidas por su interés en asegurar que la clase obrera iraní permanezca oprimida y no tome la iniciativa en la lucha.

Por eso Estados Unidos e Israel apoyan a la oposición monárquica y emiten ruidosas declaraciones de respaldo a los rebeldes. Saben que al hacerlo, debilitan la revuelta, pues refuerzan la narrativa del régimen de que es el resultado de una conspiración extranjera, y no del empeoramiento progresivo de las condiciones de vida ni de la negación de todas las libertades civiles, sindicales y políticas. Cuanto más Trump proclame su apoyo a los rebeldes y amenace al régimen, mejor podrá el verdugo ejecutar a los culpables y la policía disparar en las calles.

El imperialismo estadounidense, sin duda, no desea que la clase trabajadora derroque al régimen; la lucha de clases correría el riesgo de extenderse por todo Oriente Medio. De hecho, ningún régimen de la región ha expresado la más mínima solidaridad con los rebeldes, temen que estalle un levantamiento social en su contra.

Estados Unidos buscará un “cambio” que preserve el aparato represivo – del cual el clero chiíta es parte esencial – responsable de mantener al proletariado iraní aterrorizado y oprimido, con una revuelta debilitada dominada por los partidos más reaccionarios, que no hacen más que romper los estrechos lazos económicos con China.

Un plan similar al que se llevó a cabo en Venezuela, con el régimen de falso socialismo y corte bolivariano que, sin resistencia, entregó a su líder y firmó nuevos acuerdos petroleros, mientras la policía y las bandas paramilitares siguen patrullando las calles de Caracas.

La clase trabajadora, en Irán como en todo el mundo, no tiene aliados en ningún régimen, sea democrático o autoritario, porque, bajo estas máscaras, todos son regímenes capitalistas. Su único aliado son los trabajadores de todos los países, en la unidad internacional de la clase trabajadora. La única solución política no es la democracia, que – como demuestran las políticas de todos los estados capitalistas de Europa y Estados Unidos – no es más que una pérfida mistificación de su naturaleza, la alternativa es el socialismo, el programa comunista para vencer al capitalismo.

Como en todo el mundo, la clase obrera iraní necesita reconectarse con el partido de la revolución comunista internacional, barriendo la confusión ideológica de un siglo de contrarrevolución, con sus falsificaciones del comunismo, comenzando con la del Stalinismo, que en Irán, en nombre de un falso antiimperialismo, llevó al Partido Comunista Iraní, el Tudeh, a la táctica suicida de un frente unido con Jomeini en 1979.

Hoy, los seguidores de esa política son los mismos que – incluso en Italia – difaman la revuelta iraní y absuelven al verdugo. El antiimperialismo sin anticapitalismo – que define como imperialista solo la alineación de estados aliados a Estados Unidos, y no la de las potencias capitalistas opositoras, globales y regionales, lideradas por China – no es más que propaganda engañosa para empujar a los trabajadores hacia la Tercera Guerra Mundial.

La lucha de la clase obrera en Irán es de vital importancia para los trabajadores de todo el mundo, pues su victoria asestaría un duro golpe a la maquinaria bélica imperialista, que en Oriente Medio se alimenta de la oposición entre Israel e Irán. El régimen israelí reprime la oposición interna con la amenaza de un enemigo externo, mientras que el régimen del ayatolá (Irán), al tiempo que aplasta a las minorías étnicas dentro de sus fronteras, explota la opresión de los palestinos para extender las garras de su política imperialista hasta el Mediterráneo.

¡Por la lucha de la clase obrera en Irán y su extensión por todo Oriente Medio!

¡Por la unidad internacional de los trabajadores de todos los países, incluidos Irán, Israel y Palestina!

¡Contra todos los nacionalismos, contra la guerra imperialista: el primer enemigo de los trabajadores es su propio régimen burgués!



Implicaciones de la guerra en Irán

La guerra en Irán es una etapa más de un proceso destinado a desembocar en una tercera guerra mundial. Las estrategias de los distintos imperialismos no siempre son claras, ni siquiera para los propios capitalistas.

Los imperialismos chino y ruso están en dificultades: no tienen la fuerza para oponerse al imperialismo estadounidense, militarmente más fuerte, por lo que por el momento parecen no hacer nada, más allá de las declaraciones circunstanciales. Naturalmente, seguirán armando a Irán y ayudándolo con la información proporcionada por sus satélites: Irán es demasiado importante para China y Rusia, económica, militar y estratégicamente. Dejar dicho país en manos del imperialismo competidor sería un duro golpe para ambos. La dificultad reside en hacer eso sin desequilibrarse demasiado. Ciertamente no han olvidado lo que sucedió durante la guerra de Estados Unidos, y de la OTAN, contra Serbia en 1999: China proporcionaba a Serbia información sobre los movimientos de las tropas de la OTAN, y he aquí que “por error” la embajada china en Belgrado fue alcanzada por tres misiles estadounidenses.

También el imperialismo militarmente más fuerte, el estadounidense, tiene sus problemas: si tuviera que librar dos o tres guerras simultáneamente, tendría notables dificultades. Parece que el Pentágono no está en absoluto entusiasmado con la guerra contra Irán, ya que, si esta se prolongara, los misiles y los diversos equipos militares serían insuficientes para sostener una eventual nueva guerra.

Los distintos Estados europeos se sienten tentados a llevar adelante una política imperialista propia pero, al no tener fuerza para ello, oscilan entre servir al amo de siempre, Estados Unidos, y tomar tímidamente distancia de él: saben que corren el riesgo, como el Arlequín sirviente de dos amos, de recibir palos del viejo y del nuevo, ya sea China o cualquier otro. Enmascaran, por tanto, su impotencia con palabras de “democracia” y de “derecho internacional”.

La estrategia de la actual administración estadounidense tiene, sin embargo, sus condicionantes: no es la iniciativa de un loco, como la pintan las aturdidas burguesías europeas. Los capitalistas estadounidenses querrían replicar lo hecho en Venezuela: apoyar a un poder, nuevo o viejo, que obedezca sus órdenes y que, entre otras cosas, venda o no venda el petróleo según sus intereses. Es presumible que esto no será fácil.

Mientras tanto, podrían armar a algunas minorías étnicas y religiosas, como los kurdos, los baluchis, los árabes, y quizás también los azeríes. Un intento similar parece ya en curso con los kurdos, quienes quizás recuerdan cómo fueron utilizados y luego desechados por EE. UU. en Siria, cuando ya no les fueron útiles. No está dicho que tal intento fracase: los dirigentes burgueses kurdos siempre se han vendido a las burguesías de otros países, para combatir a su propio Estado anfitrión o a los grupos kurdos rivales, comportándose de hecho como milicias mercenarias. Pero hoy, probablemente, la traición estadounidense es demasiado reciente como para ser ignorada. Esta estrategia sería, en cualquier caso, útil para EE. UU.: Irán no sería destruido sino, de hecho, aunque no formalmente, dividido en varias zonas de influencia, como ya ocurrió en Irak y en Siria, obligado a abdicar de sus pretensiones de imperialismo regional.

El Estado de Israel, por cuenta de los estadounidenses, controlaría todo el Medio y Cercano Oriente. La propaganda sobre la “Gran Israel” y similares exaltaciones religiosas y de supremacismo judío son funcionales a las ambiciones del imperialismo estadounidense, del cual el israelí es solo el vasallo más importante y fiel ejecutor de órdenes. Es el heredero de Eichmann y no de los millones de judíos exterminados por el nazismo.

Con el control de Oriente Medio, los capitalistas estadounidenses se moverían desde posiciones de fuerza contra su principal enemigo, que es China: la guerra contra Irán es ante todo una guerra contra China.

Es también una guerra contra Rusia y contra los Estados europeos, que terminarían todos debilitados: sería el triunfo del imperialismo estadounidense. Puede ser que suceda así, y que EE. UU. salga aún dominador del próximo conflicto mundial, aunque no podemos excluir que sea China quien prevalezca.

Pero todas estas estrategias, más o menos realistas, del imperialismo, que es fase superior del capitalismo y no una categoría moral, tienen un punto débil que consiste en la aparición de ese “convidado de piedra” que es el proletariado. Mientras este permanezca casi inmóvil, petrificado, el capitalismo puede llevar a cabo todas las guerras y matanzas que quiera, como todos vemos. Cuando el “convidado de piedra” se mueve y se presenta ante el poder de la burguesía, como en la historia ya ha sucedido y volverá a suceder, esta última está acabada.

Obviamente, para que la burguesía esté perdida es necesario que el proletariado no se presente desorganizado, como masa de individuos, sino encuadrado en su sindicato de clase, y dirigido por su Partido Comunista. Esta es la única posibilidad de evitar una guerra mundial, y el proletariado no puede dejar de perseguirla.

Por tanto, reiteramos nuestras consignas de siempre: Pan y paz – Guerra o revolución - Los proletarios no tienen patria - El enemigo está en casa.







Elon Musk - Una marioneta de miles de millones de dólares

Los accionistas de la empresa de coches eléctricos Tesla han aprobado el paquete retributivo de 1.000 millardos de dólares en acciones para su director ejecutivo Elon Musk, una cifra sin precedentes. El pago añadirá el 12% de las acciones al actual 13% en su posesión. Esto podría convertir a Musk en el primero en alcanzar los 1.000 millardos de patrimonio personal. Para tener una idea de la medida, basta pensar que es superior al PIB de Suiza y que solo 19 países en el mundo superan los 1.000 millardos.

Según los datos de Oxfam, la riqueza de 3.000 capitalistas desde 2015 hasta hoy ha aumentado en 6.500 millardos de dólares, lo que equivale al 14,6% del PIB global. El 1% más rico del mundo ha aumentado su propia riqueza en casi 34 billones de dólares, una cifra que podría eliminar 22 veces la pobreza del mundo. Esta pequeña camarilla de hombres posee más que el 95% más pobre de la población de todo el planeta.

El suceso ha provocado una ola de indignación en la opinión pública e, hipócritamente, en los burgueses de izquierda, que se demoran en condenar las distorsiones y los excesos del capitalismo como si naciesen de la avidez humana y no de sus leyes estructurales. El objetivo es desorientar a los trabajadores e ilusionarlos con que esta sociedad pueda ser reformada o ajustada con decisiones responsables sanas, leyes sabias, jefes honestos....

Lo que, en cambio, nuestra doctrina afirma desde hace siglos es que no hay ninguna sorpresa en este fenómeno.

Mientras tanto, nos burlamos de las orgías de personalismo, según las cuales se hace creer que quienes mueven la economía y la historia son los Grandes Hombres. Sin embargo, estos hombrecillos, los patrones del vapor, se muestran en un evidente estado de confusión, tanto que suscitan la sonrisa, si no la piedad. Porque no es Elon quien posee los mil millardos, sino que son los mil millardos, que tienen el diablo en el cuerpo, los que lo poseen a él. Elon no tiene ninguna posibilidad real de elección, es una marioneta movida por infinitos hilos, como se ve claramente por sus comportamientos.

Marx, y también Lenin, demuestran cómo en el capitalismo la competencia entre concentraciones empresariales impersonales conduce necesariamente al monopolio, donde sobreviven en el mercado aquellas con capacidades técnicas superiores, capaces de colocar mercancías a precios inferiores, absorbiendo gradualmente a las más pequeñas que no logran mantener el ritmo. Los grandes capitales en la guerra por los beneficios se comen a los pequeños, hasta llevar a los vencedores a invertir cada vez más en ramas productivas o financieras y dominar con poderosos trusts sectores económicos enteros.

La concentración de riqueza sin precedentes en la historia -ya esté a nombre de un particular, de una sociedad anónima, del Estado, de la Iglesia o de un monasterio, no cambia nada mientras funcione como Capital- es una tendencia económica imparable a nivel planetario, y no puede ser atribuida a decisiones políticas de este o aquel gobierno, de derecha o izquierda que sea. Las diversas recetas reformistas, constitucionales, la “democracia desde abajo” o la de los “productores” son solo ilusiones conservadoras, del todo ineficaces para frenar las consecuencias devastadoras de la volcánica y catastrófica economía del capital.

Después del baño de sangre de la Segunda Guerra Mundial, única respuesta posible a la crisis de 1929 y que permitió a la economía reactivarse solo durante las tres décadas siguientes, 80 años de leyes y reformas, de compromisos entre las clases, alimentados por partidos burgueses y sindicatos de régimen, no han eliminado crisis económicas cada vez más vastas, de deuda y de finanzas. Y para la clase obrera: muertes en el trabajo, atención médica empobrecida, diferencias sociales cada vez más profundas y, como presenciamos hoy, desarrollo del gasto en armas para guerras cada vez más frecuentes, con el tercer conflicto mundial en preparación.

El reformismo, necesario en la fase inicial del capitalismo, ha cerrado su breve ciclo, sepultado bajo los golpes de la crisis económica de sobreproducción, que nos sitúa, como hace 100 años, frente a una encrucijada: o guerra y pobreza creciente o revolución mundial y comunismo. El capital se está precipitando en una derrota histórica.

La clase trabajadora en todo el mundo reaviva de tanto en tanto las luchas por mejores condiciones de vida.

Lo que aún falta es el desarrollo del Partido de clase revolucionario que pueda unir a la clase trabajadora y sus luchas en un nivel superior y extenso, con su preciso programa político revolucionario.






8 de Marzo
¡Contra el capitalismo y su orden patriarcal!
¡Viva la lucha de clases!
¡Viva la Jornada internacional de las trabajadoras!

Las trabajadoras en el mundo del capital, en el Este y en el Oeste, en el Norte y en el Sur del Mundo, continúan sometidas a la opresión del antiguo orden patriarcal en su actual forma capitalista. Trabajan por salarios más bajos y en condiciones peores respecto a sus compañeros de clase varones, deben trabajar en casa además de en la fábrica o en la oficina, son a menudo sujetas a violencias físicas y emocionales, ¡e incluso asesinadas!

El patriarcado surgió con la primera sociedad de clases y ha continuado existiendo, aunque cambiando y evolucionando, en todos los sucesivos modos de producción. Un capitalismo sin patriarcado nunca ha existido y nunca existirá.

Las mujeres estarán en primera línea en el movimiento por el comunismo encaminado a barrer el legado del patriarcado. Las trabajadoras ocuparán el espacio que les corresponde también en el movimiento sindical. Sin la participación de las mujeres la revolución de redención del capitalismo es inimaginable.

La verdadera liberación para las mujeres tendrá inicio en la intensificación de la lucha de clases y en la dictadura revolucionaria del proletariado. Solo en el comunismo la personalidad de las mujeres se desplegará plenamente, en una sociedad en la que las diferencias de género no serán más motivo de discriminación y explotación.

En este 8 de Marzo 2026 volvemos a repetir lo que es denunciado por el marxismo desde su nacimiento y en todos los textos del partido comunista: las mujeres sufren porque están atrapadas en las garras de la familia burguesa y de la propiedad privada capitalista. Coherentes con el pensamiento de los comunistas de siempre indicamos la vía de la liberación: ¡destruir el presente orden social!

Pero las mujeres no esperan pasivas ese día, son partícipes de la única verdadera lucha, al lado y en las organizaciones de la clase obrera, que llevará a su emancipación, anticipando así las condiciones de una vida plena para sí mismas. En el sindicato de clase se baten por las reivindicaciones de las asalariadas.

El estilo de vida del capitalismo, incluso el más moderno, las priva incluso de la posibilidad de amar, las empuja hacia la soledad en relaciones basadas en el egoísmo. Las relaciones mercantiles, hoy difundidas en los medios, que influencian nuestra mente y ligan nuestra felicidad al consumo, hacen que falten incluso las pequeñas redes de solidaridad del pasado.

El caso Epstein revela la cultura de la violación propia de todos los ambientes burgueses, desde las empresas a las universidades, a todos los niveles, las perversiones generadas por su sentir y vivir. Para las mujeres de las clases inferiores el ascenso social es a menudo posible solo ensuciándose tanto como los burgueses, y solo para encontrarse en una prisión más grande.

Ciertamente ha sido un progreso el ingreso de las mujeres en el mundo del trabajo. Pero se encuentran a menudo como mano de obra de bajo costo, soportan el acoso y las violencias de los dirigentes y son cargadas con tareas gravosas y descalificadas. Durante las crisis las mujeres son condenadas al desempleo en mayor medida que los hombres.

El capitalismo está hoy activamente desencadenando una gran guerra mundial. Como en cada guerra también las mujeres serán directamente golpeadas: a trabajar en la retaguardia, a perder a sus hijos. En las grandes deportaciones de poblaciones, si logran sobrevivir a lo largo de las peligrosas rutas migratorias, deberán intentar vivir en tierras desconocidas, expuestas a la discriminación y a la violencia.

¡Ha llegado la hora de que la clase obrera se sacuda el peso del capitalismo que pesa sobre sus espaldas, liberando a la historia de su hedor!

Hay un solo modo para las mujeres de salvarse de los bajos salarios, de ser invisibles con su trabajo doméstico, de terminar siendo víctimas de asesinatos: destruir el capitalismo. Las mujeres, desde hace miles de años depositarias invisibles de la solidaridad de especie, serán inspiradoras del movimiento. ¡No hay otro camino! Mientras el mundo entero entrega sus venas vitales en las manos del monstruo capitalista, las mujeres, que crean y mantienen la vida, a pesar de todo, ¡darán su indispensable contribución para derrotar a aquellos que producen destrucción y muerte!

¡Abatir el capitalismo para sepultar el patriarcado y dar vida al futuro de la humanidad!







“Consejo de paz”
La guerra una importante inversión industrial e inmobiliaria para el capitalismo, y el exterminio de trabajadores que no se necesitan

Trump lo describió como “el consejo de paz más prestigioso jamás reunido”. El Consejo de Paz es una asociación internacional, establecida el 22 de enero en Davos durante el Foro Económico Mundial. Sus objetivos son, como se indicó, gestionar la reconstrucción y la estabilidad en la Franja de Gaza -supervisando su administración interina mediante una fuerza multinacional armada para el mantenimiento de la paz- y promover la paz en otras zonas de conflicto, siguiendo un enfoque empresarial similar.

El Donald, el hombre de paja promotor de la iniciativa, ostenta la presidencia y plenos poderes: derecho de veto, elección de miembros y su propio sucesor. El estatuto del Consejo ha sido firmado por 20 Estados (a los que se han sumado ocho más), entre ellos Argentina, Hungría, Egipto, Qatar, Turquía, Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Pakistán, Vietnam y, por supuesto, Estados Unidos.

Además del Presidente y la Junta Directiva, la estructura incluye:

una Junta Ejecutiva, compuesta por figuras financieras y políticas, como el ex Primer Ministro británico Tony Blair, el Secretario de Estado estadounidense Mark Rubbio, el Enviado Especial de Estados Unidos para Oriente Medio Steve Witkoff y el Presidente del Banco Mundial Ajay Banga;

el Consejo Ejecutivo de Gaza, responsable de dirigir el Comité Nacional de Administración de Gaza (CNAG), previsto en la segunda fase del plan de paz.

Para mantener su membresía más allá de tres años, cada Estado participante debe aportar mil millones de dólares. En la primera sesión celebrada en Washington el 19 de febrero, Estados Unidos prometió diez mil millones de dólares para la reconstrucción de Gaza, además de los siete mil millones aportados por los demás miembros.

Esta banda de tiburones marca, de hecho, una mayor separación de Estados Unidos de la ONU, si bien surgió de una resolución de las Naciones Unidas (nº 2083 de noviembre de 2025), se ha establecido como una entidad externa, una alternativa a la ONU. Las burguesías de España, Francia, Alemania y el Reino Unido se han negado hasta ahora a ser miembros. Sin embargo, la burguesía italiana y otros 19 países, entre ellos India, Finlandia, Polonia y México (además de la propia Alemania, con su ministro de Asuntos Exteriores, Johan Wadephul), participaron en la primera reunión el 19 de febrero como “observadores”, una posición ambigua adoptada por quienes no desean quedar excluidos del reparto de los beneficios. La UE, a pesar de la negativa de von der Leyen, también envió a la comisaria para el Mediterráneo, Dubravka Suica, como observadora, lo que provocó críticas de España y Francia y una división en el seno de la UE (algo que no sorprende a nadie).

En la reunión, Trump declaró su intención de involucrar a China y Rusia en un futuro próximo. La postura de ambas grandes potencias estará determinada por sus intereses imperiales. Mientras tanto, en la ONU, sus delegados se abstuvieron en la votación de la Resolución 2083, al no vetarla aprobaron de facto la creación del Consejo.

Estas maniobras turbias entre saqueadores son la forma que adopta la guerra entre los centros imperiales y burgueses, que se reparten la inversión y la reconstrucción. Revelan, sin hipocresía, la verdadera naturaleza de todos los Estados, grandes y pequeños, en defensa de los beneficios de sus respectivas oligarquías y en contra de la clase trabajadora.

La población de la Franja de Gaza, que sigue sufriendo ataques del ejército y la fuerza aérea israelíes, y muriendo de frío y hambre, sin medicinas ni escuelas para sus hijos, obligada a vivir en tiendas de campaña entre escombros y cadáveres sin enterrar, no está invitada al banquete de quienes pretenden transformar esa devastación en un complejo turístico de lujo.

El proletariado palestino no está con Hamás, Partido burgués mercenario al servicio de los Estados de la región, quienes no tienen ningún interés en la situación de los palestinos. Tampoco está con la OLP, que también está subordinada al Estado de Israel. Se verá obligado a organizarse para defender sus condiciones de vida, buscando la solidaridad de todo el proletariado de Oriente Medio, incluido el de Israel, que no tiene nada que ganar con la crueldad de su propia burguesía y cuyos efectos nocivos ya sufre gravemente.

Trump y su Junta Directiva, así como la ONU y los BRICS, actúan con los mismos objetivos, poniendo de manifiesto, sin hipocresía, la naturaleza depredadora de todos los capitalismos, desmitificando las falsas ideologías de la defensa de la democracia, los “ideales” de libertad e igualdad y el “desarrollo multipolar”. Una “cueva de ladrones”, como Lenin declaró de la antigua Sociedad de Naciones, que en efecto fue la versión antigua de estas “fraternidades” actuales.

Debemos reconocer la virtud de la sinceridad en el estilo declamatorio de Trump; ninguna máscara ideológica puede ocultar ya la verdad.

Una intención declarada de prevalecer sobre los adversarios por cualquier medio, con el único propósito de acumular ganancias. Pero el ricachón Trump es simplemente producto de las condiciones materiales. Es el capitalismo el que, habiendo llegado a esta etapa, encuentra cada vez más difícil adoptar una apariencia democrática o falsamente socialista, revelando su esencia y realidad fascista y dictatorial. Bajo cualquier régimen constitucional y legal, las relaciones de producción son las mismas, independientemente de la forma de gobierno. Quienes se benefician de las guerras son unos pocos grupos financieros e industriales que, en todos los casos, ostentan firmemente el poder.

El proletariado, tanto en Oriente como en Occidente, permanece subyugado. Tras haber pagado por el rearme y derramado su sangre en la guerra burguesa, los supervivientes tendrán que cargar con el peso de la reconstrucción, con una mayor explotación y recortes al estado de bienestar. Esta es la necesidad de la guerra imperialista: revitalizar las ganancias de unos pocos a costa de todo el proletariado.

Y es solo el proletariado quien tiene la fuerza para cambiar el curso de esta nefasta historia. Ante el rápido avance de los acontecimientos hacia una tercera guerra imperialista, los trabajadores de todos los países no se aliarán con ninguno de los grandes bandidos burgueses, ni con sus pequeños o medianos estados satélites.

Solo tienen que defender a su clase, no el fantasma de ninguna democracia. No será la hipocresía de un régimen menos severo lo que los salvará, sino únicamente su propia organización autónoma de la lucha. Sindicatos cada vez más combativos, ampliados y unidos bajo el liderazgo del auténtico Partido Comunista.

Entonces nos libraremos de todas las Juntas Directivas, esas camarillas de carniceros profesionales.






Darfur una guerra olvidada

Los medios burgueses exponen a diario las masacres en Gaza y Ucrania, calificándolas de nacionales, raciales y religiosas, mientras que los marxistas las definimos como imperialistas, cuyo objetivo es el control estratégico de territorios y recursos, mediante la inversión de enormes medios económicos, garantizados siempre por los Estados burgueses.

En muchos países, grandes masas se han movilizado contra el exterminio en Gaza. Ahí, las principales burguesías imperialistas han acordado una aparente tregua, que, sin embargo, se cobra víctimas a diario, con el ejército israelí por un lado y Hamás por el otro, imperturbables en la matanza de palestinos.

Sobre el conflicto en Sudán, sin embargo, guardan silencio.

El país obtuvo su independencia en diciembre de 1956 con la retirada de las fuerzas británicas y egipcias que lo ocupaban desde 1898, fecha de la histórica Batalla de Omdurmán, que marcó el fin de la Revuelta Mahdista, liderada por rebeldes sudaneses (apodados “derviches”), seguidores de Muhammad Ahmad (el “Mahdi”). La República de Sudán se vio inmediatamente amenazada por las rivalidades entre las provincias del norte y del sur. Las marcadas diferencias en el desarrollo social y los antagonismos raciales dividen a las poblaciones de las provincias del norte, compuestas por árabes musulmanes y nubios, de las provincias del sur, compuestas por grupos étnicos negros que viven principalmente en Ecuatoria y el Alto Nilo. Desde entonces, una serie de golpes de Estado han cambiado el liderazgo, pero no han resuelto ningún problema, y ​​mucho menos los de las tres provincias del sur.

Del Programma Comunista n.° 19 de 1971, leemos: «El Partido Umma, que representaba los intereses de los terratenientes del Sur, y el Partido Unionista, que representaba los intereses de la burguesía del Norte, se alternaron en el gobierno, sirviendo a su vez a los intereses de las potencias imperialistas que pronto se redujeron a tres: Estados Unidos, Alemania y la URSS. En mayo de 1969, con la llegada al poder de Gaafar Muhammad an-Numeiry y Awadallah, parecía que la balanza se inclinaría definitivamente a favor de la URSS; la ruptura de relaciones con Estados Unidos y Alemania, acusados ​​de instigar el separatismo sureño, el acercamiento a la RAU de Nasser y las relaciones diplomáticas y comerciales establecidas con los países del área de Moscú y con China, parecieron confirmar este cambio. El propio Partido Comunista Sudanés de Mahjub apoyó a Numeiry, aunque de forma «crítica», y la orgía diplomática llevó al presidente de la nueva República, Awdallah, a declarar que «nuestro socialismo es específicamente Sudanes, y será sobre la base de nuestras propias tradiciones que construiremos el nuevo Sudán”, mientras que Numeiry se declaró “un socialista moderado que cree en el nacionalismo árabe”. Pronto, sin embargo, la inconsistencia no solo de otro “camino nacional al socialismo”, sino del propio “camino” hacia el desarrollo económico y social del país se reveló con toda su crudeza, con la incompetencia política de la burguesía sudanesa y el fracaso de la política exterior de Moscú. Las famosas “minas” explotaron repetidamente».

De hecho, Sudán tendrá un futuro de inestabilidad. Varias guerras han seguido causando muerte, hambruna y destrucción. La conocida como Segunda Guerra Civil, de 1983 a 2005, causó aproximadamente 1,9 millones de muertos y más de 4 millones de refugiados.

Después de ulteriores conflictos, entre el 9 y el 15 de enero de 2011, se celebró un referéndum en Sudán del Sur para la secesión del Norte y la creación de un Estado independiente. El referéndum ya formaba parte del Acuerdo de Naivasha de 2005 entre el gobierno de Jartum y el Ejército/Movimiento de Liberación del Pueblo Sudanés (SPLA/M). Además se celebró un referéndum simultáneo en la provincia de Abyei para decidir si se integraría en Sudán del Sur o permanecería dentro de Sudán. No obstante, la región permaneció en disputa y, de hecho, sujeta a un condominio.

El 7 de febrero de 2011, el presidente sudanés Omar Hassan Ahmad al-Bashir, al formalizar los resultados del referéndum, proclamó la creación del Estado de Sudán del Sur, convirtiéndose así en el 54º Estado de África. El 9 de julio, tras un período de prueba, se proclamó la independencia de Sudán del Sur, que fue inmediatamente reconocida por el gobierno de Jartum.

Sin embargo, el nuevo y pequeño Estado volvió rápidamente a la guerra, que se libró entre 2013 y 2018 entre fuerzas leales al presidente Salva Kiir y aquellas vinculadas al vicepresidente Riek Machar. Esta guerra causó al menos 400.000 muertes y obligó a 4 millones de personas, de una población de poco más de 12 millones, a huir de sus hogares.

Lo que se libra hoy en Sudán es una guerra donde las burguesías imperialistas regionales, compiten por los recursos de un país rico en oro y materias primas.

Egipto y Eritrea apoyan al Ejército Sudanés (SAF) del general Al-Burhan y a su gobierno con sede en Puerto Sudán, mientras que Etiopía, en conflicto con Egipto por la presa de la GERD, apoya a Hemedti (RSF), lugarteniente de Burhan en la anterior junta militar, junto con la República Centroafricana y Chad.

Los Emiratos Árabes Unidos, uno de los mayores importadores de oro de las minas de Darfur, envían armas a través de la República Centroafricana y Chad, a las Fuerzas de Defensa de Sudán (FDS), que han recibido apoyo económico y militar, incluyendo entrenamiento y apoyo logístico. A cambio, han participado en operaciones contra los rebeldes hutíes en Yemen.

Irán, partidario de los hutíes, suministra drones a las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS), lideradas por al-Burhan, para contrarrestar la influencia emiratí y expandir su presencia en la región del Mar Rojo.

Arabia Saudita, que compite con los Emiratos por la hegemonía sobre el Mar Rojo, se presenta oficialmente como mediador entre los contendientes, pero en realidad mantiene estrechas relaciones con las FAS, en parte por agradecimiento al apoyo recibido de los mercenarios sudaneses en la guerra contra los rebeldes hutíes.

Rusia también es muy activa sobre el terreno. En 2017, logró llegar a un acuerdo para la construcción de una base naval en la costa sudanesa del Mar Rojo, pero se había topado con varios obstáculos a lo largo de los años. Mientras escribíamos esto, el embajador ruso en Jartum, Andrei Chernovol, anunció que la construcción se había suspendido debido al deterioro de la seguridad interna en Sudán.

China también está involucrada, habiendo invertido 3.000 millones de dólares en yacimientos petrolíferos y oleoductos que transportan crudo desde el norte de Sudán hasta Puerto Sudán, según diversas fuentes, convirtiéndose así en un importante socio comercial de Sudán.

Finalmente, Estados Unidos, aunque se declara neutral, pretende contrarrestar la creciente influencia de Rusia, China e Irán en la región.

En resumen, hay una maraña de intereses burgueses, donde ninguna de las grandes potencias mundiales está ausente, salvo Europa, desprovista de poder por su debilidad actual en lo económico y militar.

El 12 de septiembre, Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos anunciaron un plan para poner fin al conflicto, solicitando una tregua de tres meses seguida de un alto el fuego y un proceso de transición política.

Pero el 26 de octubre, con la toma de la ciudad de El-Fasher, las Fuerzas de Defensa de Sudán (FDS) recuperaron el control de toda la región occidental de Darfur, manteniendo también el control sobre amplias zonas del sur del país, mientras que el ejército sudanés controla las regiones norte, este y centro a lo largo del Nilo y el Mar Rojo. Las FDS continuaron sus masacres, asesinando a cientos de civiles, demostrando que las cuentas se resuelven por la fuerza de las armas, no con el papeleo inútil de improbables “hojas de ruta”, y siempre a expensas de la clase trabajadora pobre.

El sitio web del ISPI, con fecha del 22 de abril de 2025, afirma: «La guerra en Sudán ha generado una crisis humanitaria que ha demostrado ser extremadamente grave en lo inmediato. De una población que, antes del inicio de la guerra, superaba los 45 millones de personas, 30 millones están identificados por las Naciones Unidas como necesitados de asistencia humanitaria y casi 25 millones están expuestos a altos niveles de inseguridad alimentaria, mientras que se ha confirmado la hambruna en algunas zonas de Darfur y las Montañas Nuba. Unos 12,6 millones de personas se han visto obligadas a desplazarse por el conflicto, de ellas, 3,8 millones han buscado refugio en países vecinos, especialmente Egipto (1,5 millones), Sudán del Sur (1 millón, en su mayoría sur-sudaneses obligados a regresar al país del que habían huido previamente) y Chad (más de 770.000).

Un llamamiento ilusorio de los misioneros combonianos que trabajan allí apareció en “Avvenire” del 21 de octubre: «Italia debe sacar a los civiles del infierno de Darfur». «En la ciudad de El Fasher, sitiada durante 18 meses, 260.000 personas están en riesgo de hambruna. Los suministros de alimento para animales distribuidos a la población también se han agotado. El Fasher es la capital del infierno. La mitad de ellos, 130.000, son niños (...) Un velo de silencio ha caído sobre un conflicto civil ignorado por los medios de comunicación y la comunidad internacional, que ha causado la mayor crisis humanitaria del planeta, con 14 millones de desplazados y refugiados además de 26 millones de personas en riesgo de hambruna».

Esta es la visión que el capitalismo reserva para el proletariado mundial: ¡Explotarlos en el trabajo o condenarlos a muerte!

La perversa guerra por el reparto de las materias primas del rico subsuelo de Sudán, ha causado cientos de miles de víctimas y las peores atrocidades a lo largo de los años. Escribimos sobre ello en 2019 en el número 396 de nuestro periódico italiano. Las milicias yanyawid progubernamentales participaban en el separatismo de las poblaciones animistas y cristianas de la región de Darfur, con el apoyo de Estados Unidos e Israel. El terrorismo de las Fuerzas de Seguridad Revolucionarias se utilizó para intentar frenar un movimiento que había alterado el antiguo equilibrio político del país y que ya había llevado a la destitución del presidente Omar al-Bashir, vinculado a la Hermandad Musulmana, pero que también mantenía buenas relaciones con Rusia y China, en abril pasado.

El modo de producción capitalista ya no tiene nada que ofrecer al proletariado y a los desposeídos del mundo salvo sufrimiento y muerte, mientras intenta sobrevivir a su propia autodestrucción. La única salvación es su aniquilación mediante la revolución proletaria






De Satanas al Capital

En la tradición hebrea, cristiana e islámica, Satanás es el adversario, definido etimológicamente, también como “el enemigo del género humano”.

Recientemente lo presenciamos en una estación de esquí suiza: un incendio en un local donde se celebraba la Nochevieja causó aproximadamente 40 muertos y un centenar de heridos, casi todos jóvenes.

En un lenguaje menos bíblico, estos sucesos se definen como accidentes, desgracias imprevisibles.

En realidad, estos sucesos, además de no ser atribuibles al Diablo, pueden preverse, no se deben al destino ni a la casualidad, sino a determinaciones muy específicas y ampliamente conocidas, que ocurren por necesidad, siguiendo sus propias leyes materiales.

El local en cuestión, en Crans Montana, era un sótano, con un techo inflamable y, aparentemente, sin sistema de protección contra incendios; además, solo tenía una estrecha escalera como salida. Las responsabilidades de esos “héroes” de la burguesía -los empresarios- son iguales a las del Estado, que, evidentemente, no ha ejercido los controles que le corresponderían. La burguesía se queja a diario de la “burocracia” y los controles estatales que impiden el libre desarrollo de la actividad empresarial.

En 2017, se produjo otro “accidente” en Londres, donde un rascacielos de 24 plantas, la Torre Grenfell, se incendió, causando 72 muertos y 74 heridos. En este caso, la casualidad tampoco tuvo nada que ver, el edificio había sido renovado unos años antes con un coste de unos diez millones de euros, pero con un revestimiento exterior que no era a prueba de fuego, se “ahorraron” seis mil euros en materiales.

Solo ha pasado un mes desde el gran incendio en Hong Kong que afectó a un grupo de siete rascacielos en renovación y causó cientos de muertos. En este caso, la causa también fue el uso de materiales inflamables, la malla exterior del andamio y los paneles de poliestireno que protegían las ventanas no cumplían con las normas. Pero la norma del capitalismo es el lucro.

Sucesos similares son innumerables en todas partes, al igual que los innumerables “accidentes” laborales, que causan de tres a cuatro muertes al día solo en Italia, las medidas preventivas son caras y, por lo tanto, reducen las ganancias.

Es una guerra permanente del capital contra la especie humana. Encuentra su máxima expresión en la guerra imperialista, que, sin otra razón que el conflicto entre capitalismos estatales, genera millones de muertes.

El verdadero “enemigo de la raza humana” es el Capitalismo. Una “divinidad” -en realidad, una relación histórico-social, política y de clase, es decir, entre hombres- que exige sacrificios humanos diarios.

Los comunistas luchamos contra los sacerdotes de esta divinidad, es decir, las clases dirigentes políticas, económicas, militares, eclesiásticas e intelectuales burguesas. Luchemos contra estos servidores del Mal hasta el asesinato violento de este Dios sanguinario que es el Capitalismo.







Proisraelí y antisemita
(a veces al mismo tiempo)

Los gobiernos israelíes consideran antisemita a cualquiera que critique al Estado de Israel, o incluso a su gobierno. Además, algunas corrientes de la ortodoxia judía condenan la existencia misma del Estado de Israel, al que consideran blasfemo, y la bandera nacional, “un trapo inmundo”, ya que en la Biblia el único Rey es Dios, y no se reconoce ningún otro poder. Es difícil llamar antisemitas a los judíos.

El antisionismo es un término más ambiguo, el sionismo es una ideología nacional y, como tal, historicizada por los comunistas. No se diferencia esencialmente de otros nacionalismos, al igual que el Estado de Israel no se diferencia de todos los demás Estados, es una ideología burguesa al servicio de un Estado burgués.

El Estado de Israel y sus diversos gobiernos se ven fortalecidos por los ataques antisemitas que ocurren en diversas partes del mundo donde viven judíos. De esta manera, el Estado de Israel puede consolidarse como la patria de los judíos de todo el mundo y su único defensor. Las diferencias de clase desaparecen, quedando solo el “judaísmo”, del cual el Estado de Israel es el brazo secular. El antisemitismo y el Estado de Israel se legitiman y refuerzan mutuamente.

Además, casi todos los partidos fascistas y similares en todo el mundo son proisraelíes. Esto no es nada nuevo, si nos fijamos en Italia, el Movimiento Social Italiano (M.S.I.) neofascista siempre ha sido proisraelí, en nombre de su alineamiento compartido con el imperialismo estadounidense. Una minoría pro palestina se retiró para fundar Ordine Nuovo, que posteriormente regresó.

En la sociedad burguesa, el nacionalismo y el racismo son inevitables. El antisemitismo siempre está presente en todos los partidos, incluso si se mantiene en secreto. Así, tenemos partidos fascistas y similares que son simultáneamente proisraelíes y antisemitas, dejando temporalmente de lado este segundo aspecto. Los judíos, no solo los israelíes, deberían desconfiar de estos “amigos” de camisa negra, no de sus enemigos. El proletariado, judío, árabe y del mundo entero, solo tienen enemigos entre la burguesía, ya sea que vistan camisas negras o se declaren progresistas y socialistas. Los “amigos del pueblo” ya no existen. El proletariado solo puede contar consigo mismo y su partido






El Estado democrático‑fascista de los EEUU

Mientras el actual partido capitalista en el poder en los Estados Unidos continúa su ofensiva sin frenos contra el nivel de vida del proletariado nacional y elimina cualquier barrera a la especulación financiera desenfrenada para sostener la tasa de ganancia, la anarquía económica crece. Por lo tanto, corresponderá a su homólogo, el Partido Demócrata, prepararse para la futura labor de recoger los pedazos, para poner nuevamente en funcionamiento el capital tras el próximo colapso, y probablemente conducir la guerra contra China.

Entretanto, ya hoy este partido se está dedicando a su clásico trabajo sucio de corromper a las masas proletarias en fermento con la pestilente ideología democrática populista y el activismo interclasista. Con esta demagogia pretende asegurar su regreso al gobierno, imponiendo una renovada disciplina patriótica a la clase trabajadora bajo la habitual invocación de la “defensa de la democracia”.

En nombre de la Democracia, se disponen a construir un frente popular compuesto por líderes sindicales oportunistas, exponentes socialdemócratas, ONG y multimillonarios “liberales”, con el “noble objetivo” de preservar la democracia estadounidense del autoritarismo, reafirmar el “estado de derecho” contra la ilegalidad, preservar un imaginario capitalismo pequeño-burgués puro frente al oligopolio. En realidad, esto solo significa garantizar y reparar el Estado burgués tras el colapso, de modo que la acumulación de capital pueda continuar sin pausa en su próximo ciclo evolutivo.

Pero no podemos olvidar que fue bajo los demócratas donde se ejerció la más despiadada política económica fascista contra la clase obrera estadounidense. Recordemos que bajo los demócratas, la huelga de los ferroviarios de 2022 fue sofocada antes de que pudiera comenzar. Bajo los demócratas, la Reserva Federal organizó en 2022 su ataque inicial más brutal contra la clase obrera, debilitando el “mercado laboral” mediante el aumento de las tasas de interés para generar más desempleo y reducir los salarios de los trabajadores y el poder de negociación de los contratos. Bajo los demócratas, el excedente exprimido de los trabajadores se utilizó para comprar más bombas para alimentar las guerras por delegación de los títeres del imperialismo estadounidense en Ucrania y en Gaza. Bajo los demócratas, Obama se ganó el título de “Deporter in Chief” (Jefe de los deportadores).

Al igual que en el siglo pasado, fue bajo el gobierno de los demócratas cuando se forjó una alianza con el ala oportunista del movimiento sindical para empujar a los trabajadores a morir en ambas guerras mundiales, libradas en defensa de los intereses de los capitalistas estadounidenses y no como una cruzada para “salvar la democracia” y “oponerse al fascismo”, justificaciones que servían para encubrir la verdadera motivación imperialista de la guerra por todas las partes.

El problema es este: ¡no es solo el fascismo contra lo que debemos luchar, sino el capitalismo! ¡Es el capitalismo el que crea el fascismo, a través de su democracia, cada vez que es necesario! ¡Y no olvidemos que este proceso también funciona a la inversa! Los demócratas son los peores enemigos de la clase obrera, porque son los que más engañan a los trabajadores, fingiendo ser sus protectores frente a la ostentosa agresión de sus compinches republicanos, ¡solo para apuñalar juntos a la clase obrera por la espalda una y otra vez!

¡Para los trabajadores sería mejor una dictadura republicana que destruyera por completo a los demócratas, porque sin los demócratas la burguesía no tendría ningún medio para desviar al proletariado del camino de la revolución! Los trabajadores deben abandonar toda confianza en los demócratas y darse cuenta de que ambos partidos forman parte de una dictadura despiadada de la clase capitalista.

¡Ambos son fascistas y, lo que es peor aún, ambos son demócratas! Juntos conforman el insidioso y dinámico Estado de dos caras de la dictadura de la clase capitalista en Estados Unidos, ¡que nunca ha servido ni servirá jamás a los intereses de la clase obrera! Solo el Partido Comunista Internacional representa los verdaderos intereses de la clase obrera, y ningún otro partido de las clases enemigas






El misticismo cuántico

La física moderna se encuentra en una encrucijada entre el materialismo científico y las desviaciones idealistas, en particular en la mecánica cuántica y la cosmología. Aunque la teoría cuántica sigue siendo nuestra descripción más precisa de los fenómenos a escala atómica, su interpretación se ha convertido en un campo de batalla entre científicos materialistas, que defienden la realidad objetiva, y defensores del misticismo, que distorsionan las extrañezas cuánticas en fantasías metafísicas. La interpretación de Copenhague según la cual “la observación crea la realidad” (Heisenberg, Bohr) ha abierto la puerta a abusos subjetivistas, con figuras como Eugene Wigner que han propuesto que “la conciencia colapsa la función de onda”, una noción que el físico Asher Peres ha ridiculizado como “solipsismo cuántico”. Estas distorsiones idealistas ignoran que las probabilidades cuánticas describen procesos materiales objetivos, no milagros dependientes del observador. Como replicó David Mermin: “La luna existe incluso cuando nadie la mira”.

Esta crisis epistemológica se profundiza con la hipótesis del multiverso de la teoría de cuerdas, que físicos destacados como George Ellis condenan como pseudociencia por haber abandonado la falsabilidad. Aunque la teoría cuántica de campos describe con éxito las interacciones entre las partículas, su éxito matemático ha sido secuestrado por los anti-materialistas. Lee Smolin advierte que «la física se está convirtiendo en un juego de invenciones matemáticas elegantes y fantasiosas, desconectadas del experimento», citando los 10^500 “universos posibles” de la teoría de cuerdas como “decadencia académica”. La mecánica cuántica relacional de Carlo Rovelli ofrece una alternativa materialista: los estados cuánticos describen relaciones físicas reales entre los sistemas, no productos del observador.

La tarea de los marxistas es defender la física como estudio de la realidad material objetiva contra tanto los místicos cuánticos como los charlatanes del multiverso. Como sostenía Einstein: “La naturaleza tiene una estructura real que podemos descubrir, no inventar”.

Aunque las interpretaciones varíen (Copenhague, muchos mundos, de Broglie-Bohm), las predicciones medibles de la teoría cuántica describen un mundo que se comporta según leyes físicas constantes, aunque probabilísticas. Físicos como Sabine Hossenfelder y Sean Carroll rechazan especulaciones metafísicas como la teoría del multiverso o el colapso basado en la conciencia. Ellos sostienen que estas ideas, aunque matemáticamente interesantes, son in-verificables e inútiles. «La física no trata sobre las creencias, sino sobre modelos que hacen predicciones y pueden ser verificados. Todo lo demás pertenece a la metafísica, no a la ciencia».

Esto hace eco de la advertencia de Lenin contra el deslizamiento del materialismo al idealismo filosófico disfrazado de ciencia. Identificó el papel de Mach y de sus seguidores al sembrar confusión entre lo que la ciencia mide y lo que presume. Lenin defendió la visión materialista según la cual el mundo existe independientemente del observador y puede ser aproximado, aunque no perfectamente, a través de la investigación científica. La mecánica cuántica no lo desmiente. Se limita a extender nuestra comprensión de la causalidad y de las mediciones. El mundo sigue siendo conocible y material aunque no sea completamente determinista.

Vasto es lo desconocido, no por ser sobrenatural, sino simplemente porque aún no ha sido explicado materialmente.

Del mismo modo, las neurociencias rechazan decididamente el dualismo mente-cuerpo. Se ha demostrado ahora que los procesos cognitivos, desde la memoria hasta la autoconciencia, están vinculados a la actividad neural. Los daños en la corteza prefrontal alteran la personalidad. La estimulación eléctrica del lóbulo temporal puede inducir vívidas experiencias religiosas. El procesamiento visual, el lenguaje, las emociones e incluso la toma de decisiones pueden mapearse sobre estructuras cerebrales observables. Como afirma Patricia Churchland: «La conciencia, la toma de decisiones morales, las emociones: todos estos son productos de la neurobiología. No es necesaria ninguna “alma” adicional».

Esto es exactamente lo que Lenin sostenía contra los machistas: las sensaciones no son el dato de partida a partir del cual construimos la realidad, sino el producto de la interacción material entre el mundo y el cuerpo. Las modernas técnicas de “imagen” (fMRI, EEG, optogenética) demuestran que la percepción no es el punto de partida del conocimiento, sino su reflejo, un reflejo moldeado por la experiencia previa, el lenguaje y el desarrollo social. Además de Hegel, también puede jubilarse Kant.

Esta base material de la conciencia significa que el misticismo, la espiritualidad cuántica y el panpsichismo se reducen a reliquias ideológicas. Las afirmaciones de que la conciencia es primaria o de que la mente existe más allá del cuerpo no están respaldadas por un solo experimento reproducible. Al contrario, el mapeo empírico de la cognición a la estructura cerebral reafirma la posición leninista de que la conciencia es un producto de la materia organizada en una forma histórica específica, primero a través de la naturaleza, luego a través del trabajo y finalmente a través de la clase.

Es sobre estas bases que el determinismo materialista de Marx rechaza la noción idealista del “libre albedrío” como ilusión metafísica, fundando en cambio la acción humana sobre las leyes objetivas del desarrollo histórico. Como el partido ya ha afirmado: «La concepción materialista de la historia demuestra que la existencia social determina la conciencia, y no al revés» (“Los fundamentos del comunismo revolucionario”, 1957). No existe la “libertad” de la que hablan los burgueses, un escape abstracto e individualista de las condiciones materiales, porque toda la actividad humana, incluido el pensamiento, está condicionada por el movimiento dialéctico de las fuerzas productivas y por la lucha de clases.

Este determinismo no es fatalismo. Es a través de la comprensión científica de estas leyes materiales que el proletariado, organizado en el partido revolucionario, se convierte en el agente activo de la realización del comunismo. El partido no es una fuerza externa que impone la utopía, sino el mecanismo mismo a través del cual la clase obrera realiza conscientemente su papel histórico, la única verdadera “libertad” posible.






POR EL SINDICATO DE CLASE


Argentina
Ofensiva del capital y traición de las centrales sindicales para imponer la reforma laboral


Por un frente único sindical de clase y la huelga general indefinida

La historia de la humanidad, como bien señalaron Marx y Engels, es la historia de la lucha de clases. Hoy, en Argentina, esa lucha se manifiesta en su forma más cruda y cínica. El gobierno de Javier Milei, actuando como el comité ejecutivo de los empresarios y las trasnacionales, ha consolidado su mayor victoria política con la sanción de la “Ley de Modernización Laboral” por el Senado el pasado 27 de febrero de 2026.

Esta reforma, aprobada con 42 votos a favor frente a 28 en contra gracias a la complicidad de sectores de la UCR y gobernadores provinciales, no es una “modernización”, sino un mecanismo de ingeniería social para profundizar la extracción de plusvalía. El capital tiene un “impulso vital” por succionar cada gota de trabajo excedente, y esta ley le otorga los instrumentos legales para hacerlo.


Los Pilares de la Explotación: Plusvalía Absoluta y Relativa

La reforma quitará a los capitalistas los límites legales para la reducción del salario y para su pago en especie, mediante cambios estructurales en la Ley de Contrato de Trabajo (LCT):

Destaca el retorno a la Jornada de 12 Horas con la que, a través del eufemismo del “banco de horas”, se legalizan jornadas de hasta 12 horas diarias. Al eliminar el pago de horas extras con recargos tradicionales (50% o 100%), la burguesía se apropia de una mayor masa de trabajo excedente sin costo adicional. La plusvalía que se apropia el capitalista, crece de forma lineal, al no pagar un monto adicional por las 4 horas adicionales de trabajo por encima de las 8 horas diarias. Un ejemplo de la aplicación de esta nueva norma es que: Si una semana hay mucha producción, trabajas 12 horas diarias (60 horas semanales). Esas 20 horas extra no se te pagan con recargo; simplemente la semana siguiente, si hay poco trabajo, te piden que no vayas.

Con la nueva Ley el capital busca llevar a toda la clase obrera argentina al rasero del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM), convirtiendo el piso en un techo. Aunque el SMVM sigue existiendo, el gobierno de Milei lo ha mantenido sistemáticamente por debajo de la línea de indigencia. Al no eliminarlo, el Estado mantiene una apariencia de "justicia social" mientras, en la práctica, permite que el salario caiga por debajo del valor de reproducción de la fuerza de trabajo. La reforma introduce la figura del "salario dinámico". Esto permite que una parte de la remuneración quede sujeta a objetivos de productividad o mérito individual establecidos por la empresa. De manera tal que, aunque existe un "piso", la presión por alcanzar el componente variable aumenta la intensidad del trabajo (plusvalía relativa). El capitalista ya no paga solo por el tiempo, sino por un rendimiento extenuante para que el trabajador sume al salario bonos o “incentivos”, que apenas le permitirán cubrir sus gastos básicos. Además se habilita el pago en especies, alimentos o cualquier moneda extranjera, permitiendo que el capital se beneficie de los contextos inflacionarios. Además, se excluyen los bonos, primas por diferentes conceptos y viáticos, del cálculo de jubilaciones, aguinaldos e indemnizaciones.

La nueva Ley elimina la vigencia automática de los convenios colectivos de trabajo vencidos. Esto obliga a los sindicatos a negociar desde cero el nuevo contrato, permitiendo que las empresas dejen correr el tiempo hasta que los trabajadores pierdan reivindicaciones conquistadas en contratos anteriores. La reforma establece que un convenio por empresa prevalece sobre el convenio de actividad (nacional), incluso si el de empresa es menos beneficioso para el trabajador. Históricamente, en Argentina, cuando un Convenio Colectivo de Trabajo (CCT) vencía, sus cláusulas seguían vigentes hasta que se firmara uno nuevo. Esto obligaba al patrón a negociar sobre la base de lo ya conquistado. Con la nueva Ley, al vencer el plazo del convenio, las cláusulas obligacionales dejan de tener efecto automático. El sindicato ya no negocia desde el piso del convenio anterior, sino que se ve forzado a renegociar bajo la amenaza de que, si no acepta las nuevas condiciones del empresario, los trabajadores pierdan beneficios que ya tenían asegurados. Los convenios por empresa prevalecen ahora por encima de convenios nacionales por ramas de actividad económica. Esto estimula la división del movimiento obrero al plantearse la lucha reivindicativa, al empujarla hacia luchas aisladas por empresa, lo cual, aunque es una práctica resultante de la conducción de oportunistas y traidores en la dirección de los sindicatos, ahora queda reforzado por la relevancia que da la Ley a los contratos por empresa.

Al eliminar multas y abaratar el despido, el capital reduce el “riesgo laboral” y esto le permite al patrón gestionar una rotación de personal más barata.

La nueva Ley reduce o limita las licencias o permisos remunerados para reducir lo que el gobierno llama “costo de inactividad”. Destacan los siguientes casos:
Maternidad: Se mantiene la licencia de 90 días, pero se permite que la persona gestante elija trabajar hasta 10 días antes del parto (antes el mínimo era 30), trasladando el descanso al post-parto. Esto presionará a las mujeres a trabajar hasta el último momento por miedo a represalias.
Enfermedad e Infortunios: Se introdujo una distinción entre enfermedades “no voluntarias” y lesiones por actividades “voluntarias” (ej. lastimarse jugando fútbol). En estos últimos casos, el empleador puede reducir el pago de la licencia al 75% del básico.
Vacaciones: Se permite el fraccionamiento en periodos de 7 días, facilitando que el empleador interrumpa el descanso si la producción lo requiere.


La Bancarrota de la Dirigencia Sindical y la Falsa Huelga

El pasado jueves 19 de febrero, la clase obrera argentina vivió una jornada que dejó al desnudo la bancarrota de la dirigencia sindical, patronal y traidora, que por décadas ha operado al servicio del capital, aunque declare lo contrario. Si bien el acatamiento de los trabajadores fue masivo -demostrando su gran descontento y voluntad de lucha-, la conducción de la CGT y demás centrales, se enfocó en el freno de la movilización y extensión de la huelga de la clase obrera.

Presenciamos una falsa huelga: un paro dominguero, mediático y teatral. La CGT no llamó a los trabajadores a marchar hacia el Congreso, permitiendo que el gobierno de Milei y sus fuerzas represivas cercaran el parlamento mientras los “representantes del pueblo” negociaban sus propias prebendas y cuotas sindicales. Esta actitud no es un error de cálculo, es una traición consciente. El oportunismo de los partidos parlamentarios “dialoguistas” solo sirve para darle un barniz de legalidad al robo de reivindicaciones históricas. Esta conducta de las centrales sindicales argentinas no es nueva y ha sido la constante durante el gobierno de Milei. Las huelgas generales o paros nacionales convocados por la CGT no solo no han contemplado la movilización obrera sino que han sido inofensivas para el capital ya que respetan los servicios mínimos (manteniendo la mayor parte de la plantilla de trabajadores laborando) y no se han extendido más allá de unas pocas horas. Además la CGT se ha encargado de que las acciones de lucha se realicen por separado y no se concentren en un solo movimiento de lucha del proletariado. Tampoco han programado acciones continuas y se han cuidado de que el movimiento no trate estos temas en asambleas que permitan que los trabajadores se incorporen desde la base a la dirección de las acciones de protesta. Es por eso que el jueves 19 de febrero no fue diferente: una falsa huelga más, inofensiva para el capital. Solo algunos grupos de trabajadores trataron de darle un carácter más combativo al “Paro” con piquetes de agitación y cierre de calles.

Mientras los “representantes del pueblo” negociaban prebendas en el Congreso, el Ministerio de Seguridad aplicaba el “Protocolo Anti-Piquetes”. El despliegue de gas pimienta, camiones hidrantes y balas de goma contra los sectores combativos es la otra cara de la reforma: un plan integral para garantizar la tasa de ganancia mediante la sobre-explotación y la represión directa. Se registraron decenas de detenidos, incluidos delegados sindicales y militantes de izquierda. El gobierno estableció “zonas de trabajo” limitadas para periodistas, advirtiendo que quienes salieran de ellas no tendrían protección ante el uso de la fuerza pública.


El Camino a Seguir: Frente Único Sindical de Clase

Basta de huelgas aisladas, que funcionan como válvulas de escape. La sanción de esta ley anti-obrera exige una reorganización profunda del movimiento obrero desde abajo:

1. Pliego reivindicativo clasista: Los trabajadores deben unirse en torno a un pliego reivindicativo apartado de las consignas nacionalistas, de defensa de la patria, de defensa de la economía nacional, del electoralismo y el parlamentarismo. La principal exigencia debe ser el aumento significativo de salarios y pensiones y el pago de un salario completo a los desempleados. Los aumentos salariales enfocados en compensar la inflación del último año siempre son insuficientes y por lo tanto se deben exigir salarios que cubran completamente los diferentes gastos requeridos por las familias trabajadoras para atender integralmente sus necesidades de subsistencia. Debe exigirse, como complemento al salario, la reducción de la jornada de trabajo y de la edad de jubilación. En sectores como educación y salud se debe reducir el número de alumnos por profesor y el número de pacientes atendidos por enfermeras. Así mismo, se debe luchar por la mejora de las condiciones de higiene y seguridad en los puestos de trabajo. En vez de reclamar el pago “justo” de horas extras, los trabajadores deberán exigir la eliminación del trabajo en horas extras. El trabajador opta por trabajar horas extras porque el salario no le alcanza. Aceptar el trabajo en horas extras conduce a abandonar o limitar la lucha por aumento salarial e, indirectamente, quita fuerzas a la lucha por la reducción de la jornada de trabajo.

2. Confluencia en un Frente Único Sindical de Clase: Superar la división impuesta por las cúpulas traidoras de las centrales sindicales, integrando a los trabajadores sin importar su afiliación sindical. Trabajadores ocupados, desocupados y precarios, así como a jubilados y pensionados deben unir fuerzas. En vez de limitar la organización a las fronteras de las fábricas, promover la organización local que integre a toda la clase de los asalariados. El Frente Único Sindical de Clase deberá ser también un espacio para la lucha contra el oportunismo y la traición presente en el movimiento obrero y en la dirección de las centrales sindicales actuales.

3. Huelga General Indefinida: Sin servicios mínimos y extendida a todas las áreas de la economía. El único lenguaje que entiende el capital es la paralización total de la producción. Si el movimiento obrero no retoma las huelgas y las integra en una contundente huelga general, no podrá conquistar mejoras salariales significativas y la burguesía no se detendrá en su ofensiva de anulación de reivindicaciones conquistadas en el pasado. La legislación argentina impone los “servicios esenciales” que exigen guardias mínimas del 75%.

4. Abandono de la Ilusión Parlamentarista: Tanto el parlamento como la presidencia son instituciones burguesas que defienden al capital.

¡La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos!
¡La flexibilización laboral solo se detendrá con la huelga!







Venezuela
Contra el saqueo de los salarios y las pensiones
¡Movilización y Huelga General por aumento significativo de salarios y pensiones!

Muchos grupos y partidos que intervienen en el movimiento obrero venezolano pretenden que éste levante la consigna “¡Contra el saqueo y la entrega de nuestros Recursos Energéticos y Mineros a las potencias imperialistas!”. Pretenden con este tipo de consignas que los trabajadores se movilicen en defensa de la patria y la soberanía nacional. Este tipo de llamamientos son completamente reaccionarios y apartan al movimiento obrero tanto de las luchas reivindicativas inmediatas como de la lucha revolucionaria dirigida a acabar con la explotación capitalista.

Considerando los diferentes ingresos que reciben los trabajadores (la suma de salarios y bonos), apenas se cubre en el mejor de los casos el 30% del monto de la Canasta Alimentaria y el 15% de la Cesta Básica. ¡Y eso en el caso de quienes cuentan con un empleo formal! Pero la situación es mucho más grave para los trabajadores por cuenta propia, los trabajadores informales, los desempleados y los trabajadores jubilados o pensionados. La situación de miseria y de necesidades insatisfechas embarga a todas las familias trabajadoras, incluidas aquellas que en un tiempo pasado se sentían de “clase media” por recibir salarios más elevados debido a su condición profesional o de oficios especializados y que ahora se han venido a menos en sus condiciones de vida.

La mayor parte de los ingresos de los trabajadores está compuesta por bonos y el salario nominal se ha quedado congelado en un monto que tiende a cero si se compara con su equivalente en dólares. 

Esta es la verdadera fuente de riqueza de los capitalistas en Venezuela y ha sido el gobierno burgués el que ha favorecido esta situación, implantando decretos y resoluciones antiobreras o simplemente poniendo al Ministerio del Trabajo y a los tribunales al servicio de los patronos. Es sobre la base del saqueo del salario que se han amasado grandes fortunas dentro y fuera del país.

Las centrales y federaciones sindicales, tanto la oficialista, CBST, como las que se autodenominan del “sindicalismo autónomo”, han sido cómplices del gobierno y los patronos y se ocultan tras discursos demagógicos, manteniendo a los trabajadores desmovilizados y divididos.

Esa mentira de que “el petróleo (o el gas, el oro, el hierro, la bauxita, etc.) es nuestro”, es una de las banderas de los oportunistas de todos los colores. Los trabajadores asalariados solo son dueños de su fuerza de trabajo y los capitalistas se apropian de una parte cada vez más grande de los productos del trabajo asalariado, ya sea en los servicios y la administración pública o en la actividad privada en diferentes negocios. Ningún gobierno de la democracia burguesa, ninguna Ley, van a cambiar el régimen de explotación del trabajo asalariado.

A los trabajadores no les interesa si la composición accionaria de las empresas que explotan y comercializan el petróleo, el gas, el oro, el hierro, la bauxita, el carbón, etc., es mayoritariamente privada y transnacional o mayoritariamente estatal. No importa si el patrón es público o privado, nacional o transnacional, los trabajadores deben exigir incremento salarial para afrontar el costo de la vida, aumento de las pensiones, reducción de la jornada de trabajo, eliminación de los sobretiempos, pago de salario a los desempleados, higiene y seguridad en los puestos de trabajo, etc.

Los trabajadores venezolanos se deben movilizar en todo el país, integrándose por la base, sin importar a que sindicato se encuentran afiliados. La lucha debe avanzar hasta confluir en una Huelga General por aumento salarial y la organización debe evolucionar hacia la constitución de un Frente Único Sindical de Clase, fundamentado en asambleas locales y regionales de trabajadores formales, informales, desempleados y pensionados.

Pero este movimiento no podrá avanzar si se distrae tras consignas que llamen a la defensa de la patria, de la soberanía o contra la privatización de empresas estatales. El movimiento de los trabajadores debe concentrarse en la exigencia de aumento salarial, contra los despidos y por reivindicaciones socio económicas. En el caso de los trabajadores sindicalizados, deben realizar asambleas y presionar a las directivas de los sindicatos para que asuman la lucha y para que impulsen el Frente Único Sindical de Clase.

Ningún gobierno entregará a los trabajadores lo que requieren para afrontar el costo de la vida, si no se le somete a la presión de la movilización y la huelga.

¡Por un aumento general de salarios y pensiones que alcancen para comida, salud y servicios!
¡Por un Frente Único Sindical de Clase que una a todos los trabajadores en la lucha reivindicativa!
¡Acumular fuerzas para realizar una Huelga General, indefinida y sin servicios mínimos!






Minponealis, 30 de enero
¡Hacia una verdadera huelga general!

¡Debemos luchar por una verdadera huelga general! Una huelga por tiempo indefinido que bloquee la producción, paralice las ganancias y demuestre el poder de un movimiento obrero unido. Esta es el arma más poderosa de los trabajadores para defenderse de los ataques al nivel de vida y resistir las violentas deportaciones masivas. La huelga general involucrará a camareros y conductores de autobús, trabajadores nativos e inmigrantes, sindicalizados y no sindicalizados.

Si bien exaltamos el espíritu combativo de los trabajadores de todos los Estados Unidos y nos sentimos animados por su voluntad de participar en acciones colectivas, no nos conformaremos con ninguna acción sustituta de lo que es una huelga general. Una huelga general no es un “bloqueo de la economía” de un día promovido por políticos capitalistas o por los patrones a través de llamados a no hacer compras, a no ir a la escuela o al trabajo, o por comerciantes que cierran las tiendas por un día, sin pagar a los trabajadores.

Una huelga general está compuesta por trabajadores, mano a mano, que enfrentan a los patrones y al Estado mediante una suspensión colectiva del trabajo bajo la guía de organizaciones declaradamente defensoras de los trabajadores. No puede provenir de redes descentralizadas de individuos no comprometidos colectivamente con la huelga.

Los grupos interclasistas que guían estas acciones buscan canalizar la rabia genuina hacia el voto por el Partido Demócrata, fortaleciendo el capitalismo y postergando la organización de la defensa combativa y organizada de los trabajadores.

Tanto los Demócratas como los Republicanos utilizan el ICE y las expulsiones para regular el mercado de trabajo, abriendo y cerrando cíclicamente las fronteras con el fin de garantizar la explotación de los trabajadores precarios con salarios bajos, reduciendo al mismo tiempo los salarios de los trabajadores autóctonos. ¡Inmigrantes y autóctonos deben unirse por encima de las fronteras en la defensa común de los salarios y las condiciones de vida!

Cuando los sindicatos actuales dicen a los trabajadores que no pueden violar la cláusula de no huelga prevista en sus contratos, como durante las protestas en Minneapolis, socavan precisamente la actitud necesaria para una verdadera huelga general. Los conflictos laborales comunes sin huelga por tiempo indefinido, en los que se involucran amplios sectores de la clase obrera, canalizan la justa rabia y el sufrimiento de los trabajadores hacia acciones simbólicas temporales tras demandas por las que no se lucha realmente, ni el capitalismo cederá jamás algo sin una lucha extrema. En el mejor de los casos se obtiene una reforma temporal, que puede ser fácilmente revocada cuando la tensión de clase se aplaca. Decir a los trabajadores que sigan a los grupos vinculados al Partido Demócrata es canalizar las energías de la clase hacia la colaboración de clases y abandonar lo que realmente da poder a los trabajadores: la huelga.

No basta simplemente con invocar “más organización” y “más números”. Debemos restaurar el significado y el poder de la huelga general con un cambio radical de táctica.

Debemos abandonar el frente único desde arriba con grupos políticos y activistas interclasistas, que desvían la lucha, y comprometernos con un frente único desde abajo, que combine todas las organizaciones defensoras de los trabajadores hacia la acción común de huelga.

Esto significa formar grupos de lucha de clase o comités en los puestos de trabajo, dentro o fuera de los sindicatos existentes, entre los trabajadores organizados y los no organizados, comprometidos a aumentar el vigor de la lucha para obtener las reivindicaciones obreras inmediatas, sin dudar en emprender acciones que infrinjan las asfixiantes reglas del Consejo Nacional de Relaciones Laborales, diseñadas para impedir que la clase obrera despliegue plenamente la fuerza de sus huelgas. En los contratos debemos rechazar el respeto de la cláusula de no huelga, y organizarnos para una acción colectiva que supere las fronteras de los oficios, los sindicatos y las nacionalidades. Organicémonos en convergencia para el 1° de mayo de 2028 junto a los sindicatos que ya han tomado esta decisión u organizando mucho antes una verdadera huelga general.

De este frente unido debe nacer la agregación de los comités de fábrica, de los sindicatos y de los trabajadores en un único sindicato de clase que incluya a todos los trabajadores contra el sistema del salario. Solo la unidad internacional de los trabajadores, organizados en estos sindicatos de clase y guiados por el partido comunista, puede destruir el sistema capitalista, que produce ICE, prisiones, deportaciones y pobreza.

¡Por una verdadera huelga general, dirigida por las organizaciones de los trabajadores, en la que confluyera toda acción colectiva de masas!
¡Contra los frentes unidos con grupos capitalistas interclasistas!
¡Por el sindicato de clase!







¡Contra la guerra imperialista!
¡Los proletarios no tienen patria!


Volante para la huelga de los portuarios del 6 de febrero

El capitalismo corre hacia la guerra porque tiene una necesidad desesperada de ella para sobrevivir. La guerra es para él una necesidad económica, social y política.

Económica: porque, afligido por la crisis de sobreproducción, cada capitalismo nacional disputa los mercados a los demás, produce y vende armas en lugar de las otras mercancías que cada vez menos logra vender y en preparación del tercer conflicto imperialista mundial, en el cual destruir la masa enorme de mercancías que atascan el mercado – entre ellas la mercancía fuerza de trabajo – y hacer reiniciar así un nuevo ciclo de acumulación capitalista.

Social y política: porque la crisis económica empeora las condiciones de vida de los trabajadores de todo el mundo, empujándolos a la lucha y a la revolución. Por encima de las contiendas por mercados y beneficios, todas las burguesías nacionales están objetiva y subjetivamente unidas por el interés de que los proletarios se maten entre sí en la guerra imperialista para impedir que hagan la revolución.

La burguesía, es tan consciente de la necesidad de la guerra para defender su dominio político y sus privilegios sociales, como lo es del hecho de que los proletarios odian la guerra y quieren la paz. Con todos los medios debe por tanto convencer y obligar a los trabajadores a combatir y matar a otros trabajadores, cada uno bajo una bandera nacional tras la cual esconder la sola y única verdadera bandera de la burguesía internacional: la de la ganancia.

Por esto la guerra es siempre explicada por las propagandas de los regímenes nacionales como responsabilidad de una parte de los Estados capitalistas, naturalmente descritos como el mal absoluto. En realidad, bajo todas las camisetas ideológicas que visten con el único propósito de ocultar su naturaleza a los ojos de los trabajadores, todos los regímenes nacionales son dictaduras de la burguesía contra el proletariado. La vestidura democrática de los regímenes de Occidente no es menos falsa que la túnica de los Ayatolás, o de los “socialismos” de los regímenes chino y venezolano.

A los trabajadores solo debe interesarles que la guerra imperialista es contra ellos, desde cualquier parte del frente en que se encuentren, y que, si no son capaces de impedir su inicio con un fuerte movimiento de huelgas, el modo mejor de morir lo menos posible en la guerra es perderla cuanto antes. Los trabajadores no tienen ninguna patria que defender porque aquella que se les describe como tal no es otra cosa que el régimen que los explota y oprime.

La guerra de los trabajadores no es nacional, es una lucha social, en defensa de sus propias condiciones de vida, y es internacional precisamente porque es anti-nacional, en cuanto identifica como primer enemigo al propio régimen burgués, lo opuesto de cuanto hace cada burguesía nacional que indica siempre a los trabajadores un enemigo externo. La clase dominante se prepara para el choque con la clase obrera con nuevas vueltas de tuerca de su dispositivo represivo, legal y policial.

Por esto la huelga internacional de los portuarios de hoy, promovida en Italia por la Usb, es de gran importancia, porque indica la oposición a la guerra con la unidad internacional de los trabajadores.

Ello a condición de no caer en las trampas de la burguesía: luchar contra el genocidio y la guerra en Gaza no significa estar a favor del frente de Estados burgueses anti-USA que especulan con la sangre de los proletarios palestinos en defensa exclusiva de sus ganancias. Si se sustituye la consigna “el enemigo de los proletarios está en su propio país” con el anti-americanismo, se termina por no apoyar las luchas y revueltas proletarias en esos países falsamente definidos como anti-imperialistas – como Irán – porque ellas reforzarían al imperialismo de USA y se encaminarían directo hacia la máquina de la guerra imperialista.

El estalinismo, la peor oleada oportunista anticomunista, además de haber engañado durante 80 años a los trabajadores de todo el mundo con el falso socialismo ruso, ha puesto siempre falsos objetivos intermedios antes de la revolución, sustituyendo el anti-capitalismo con el anti-fascismo, el anti-americanismo, el anti-sionismo… Esta nefasta tradición política contrarrevolucionaria debe ser erradicada definitivamente, recuperando el auténtico comunismo revolucionario.






Para la clase obrera no hay amnistia

Los grupos burgueses y los politiqueros de oficio se reparten perdones y exoneraciones de penas, sentencias y responsabilidades establecidas por los tribunales, cada vez que la agudización de sus pugnas los lleva a plantearse los pactos sociales, la reconciliación y la paz de la nación. Pero para la clase obrera no hay perdón. En Venezuela el Parlamento aprobó una Ley de Amnistía que ha servido de base para poner en libertad a muchos presos o para dejar sin efecto medidas cautelares aplicadas a diferentes personas, en el marco de la confrontación política interburguesa por la disputa del control del gobierno y los negocios. Pero mucho antes de aplicar esta Ley el gobierno fue liberando a connotados dirigentes opositores, mientras los familiares de gente humilde detenida, como toda “carne de cañón” que es movilizada a la guerra por la burguesía, han permanecido día y noche apostados a las puertas de diferentes centros carcelarios, de donde a cuentagotas han ido saliendo parte de estos “tontos útiles”, usados y desechados por los frentes políticos que han hecho oposición a la camarilla chavista, igual de burguesa, que controla el gobierno. Y también con dificultad han sido liberados algunos sindicalistas y siguen muchos trabajadores esperando por ser liberados (varios de ellos con sentencias de más de 10 años de prisión), luego de haber sido acusados y sentenciados, con el apoyo de la Ley Contra el Odio y la Ley Contra el Terrorismo. La lista de trabajadores presos es larga, destacando trabajadores siderúrgicos y de las empresas básicas de Guayana y petroleros de oriente y de Falcón.

Ahora está de moda la amnistía, pero irónicamente incluso en esos mismos tribunales donde hoy el poder burgués aprueba perdones y liberaciones, los trabajadores son sometidos al terrorismo laboral, los despiden sin explicación, los someten a ambientes de trabajo incómodos, insalubres y estresantes, les imponen jornadas de trabajo extendidas a capricho y les niegan un salario que medianamente les permita satisfacer sus necesidades básicas. La organización sindical de los trabajadores tribunalicios fue anulada y desarticulada y los trabajadores han quedado dispersos y los reclamos reivindicativos individuales son desoídos y castigados. Pero los trabajadores tribunalicios son apenas una pequeña muestra de los trabajadores venezolanos en general.

Aún ante este duro panorama, mientras los oportunistas insisten en distraer a los trabajadores llamándolos a defender “la soberanía nacional, la Constitución y la democracia”, el camino de la lucha reivindicativa por mejorar el salario, las pensiones y las condiciones de trabajo, conduce directamente a levantar las banderas de la Huelga General. La huelga como forma de lucha de los trabajadores por excelencia, será calificada siempre como acción contraria a la sana convivencia ciudadana y la clase obrera siempre será perseguida como delincuente por exigir reivindicaciones que mejoren sus condiciones de vida y de trabajo. Por eso no habrá amnistía ni perdón para el movimiento obrero que asuma la huelga indefinida y sin servicios mínimos. Pero la burguesía y su régimen de explotación no son invencibles, pese al poder y la fuerza militar-policial-judicial que hoy ostentan, El proletariado reanudará su lucha de clase, multiplicará y unificará sus luchas, y se cumplirá su destino de ser el sepulturero del capitalismo. Por eso, más temprano que tarde, el movimiento de los trabajadores tomará conciencia de su fuerza y de cómo potenciarla a través de la unidad en la acción y de su organización en verdaderos sindicatos de clase que se planten firmes frente a los patronos y su ambición explotadora y rechacen los discursos patrióticos, nacionalistas y electoralistas que apartan al movimiento de su verdadero camino hacia la emancipación del régimen de explotación del trabajo asalariado. A lo largo de las múltiples luchas reivindicativas planteadas en el futuro, el movimiento de los trabajadores deberá escribir en su bandera la consigna revolucionaria: “supresión del sistema del trabajo asalariado”, es decir, supresión del sistema capitalista.






DEL ARCHIVIO DE LA IZQUIERDA



“COMPAGNA”
órgano del Partido Comunista de Italia para la propaganda entre las mujeres

- La necesaria vitalidad de las mujeres en los sindicatos


(viene del número anterior)

En el número 4 del 16 de abril de 1922 se reproducen las “Conclusiones de la Conferencia Nacional” del partido respecto a las tareas de las mujeres comunistas en Italia; se lee en el punto 2/a: «La tarea primordial de las mujeres comunistas es la de organizar sindicalmente y de asimilar en las filas del partido político a las mujeres obreras». En el punto 3: «La propaganda entre las mujeres obreras se desarrolla directamente en los sindicatos donde éstas están organizadas, y el proceso de asimilación de las mujeres trabajadoras en el partido se ve facilitado por las propias razones por las cuales las obreras luchan en el sindicato económico».

También son claras las indicaciones en “El Congreso de la Internacional Sindical Roja en Moscú”, reproducidas en el periódico número 13 del 27 de agosto: «Allí donde reina el capitalismo, grandes masas de mujeres se ven obligadas a trabajar para ganarse el pan. Su número aumenta cada día; se encuentran en todos los campos de la producción, incluso en aquellos hasta ahora inaccesibles para ellas (...) En la lucha revolucionaria de los sindicatos contra el capitalismo, la colaboración activa e intensa de la obrera tiene un valor enorme y debería ser reconocida como absolutamente indispensable. La colaboración constante de hombres y mujeres en el movimiento sindical constituye el mejor modo para desarrollar su conciencia de clase y hacerlas verdaderamente aptas para participar en la lucha revolucionaria (...) Hay que insistir en que las mujeres proletarias tomen parte activa en la vida sindical bajo todas sus formas y que participen en todos los cargos directivos de los Sindicatos (Consejos de obreros, Comisiones de propaganda, dirección, etc.)».

En “Compagna”, donde son frecuentes los artículos que tratan sobre el sindicato, puntualmente se informa sobre situaciones contingentes de enfrentamiento entre la patronal y la clase trabajadora. En el número 9 del 25 de junio con “La huelga de los metalúrgicos”, en el 10, del 9 de julio, en “Por el retorno de la lucha de clases - por la acción general de defensa y de reivindicación - ¡por el frente único proletario!” se describen las razones de la derrota sufrida en 1920 por la clase obrera «que tuvo su causa en la ausencia de un partido revolucionario en Italia que pudiera conducir al proletariado a la victoria».

Considerado que «la doctrina comunista no hace depender los éxitos de la clase proletaria de la voluntad de los individuos, ni tiende al logro de un “esquema social preestablecido”, sino que estudia los desarrollos inevitables de la economía burguesa, nosotros los comunistas sabemos que una batalla perdida no equivale a la derrota del comunismo y nos deja una gran cosecha de experiencia para las luchas sucesivas». Se invita por tanto a continuar la lucha ampliando el frente obrero, y sobre todo se exhorta a eliminar la influencia colaboracionista del partido socialdemócrata para recuperar posiciones de clase en el sindicato: «La ofensiva reaccionaria [el fascismo] se ha desencadenado porque los obreros y los campesinos no han sabido aprovechar las posiciones que habían alcanzado para dar un supremo ataque al Estado. Pero a esas posiciones habían llegado porque durante años y años se habían mantenido fieles a los principios de la lucha de clases y habían combatido sin tregua al enemigo. Renegar de esta táctica hoy, significaría perderlo todo definitivamente y, sobre todo, perder toda posibilidad de reivindicación».

Igualmente se tratan muchos aspectos de lucha específicos de las condiciones de las obreras; por ejemplo, en el número 10 en “Desocupación y trabajo femenin, se denuncia la contraposición entre mano de obra masculina y femenina con el fin del interés burgués de bajar los salarios. Del mismo tenor, “El salario ínfimo femenino” en el número 6 del 13 de mayo, explica bien las condiciones salariales de las obreras. Claro y directo sobre el mismo tema es “Bajo salarios” en el número 19 del 3 de diciembre.

El partido se compromete a llegar a todo tipo de trabajadora. Estos son algunos títulos: “Las trabajadoras del hogar” (n.4), “Para la organización de las empleadas del servicio doméstico” (n.9), “La propaganda entre las trabajadoras del campo” (n.13). Se reproducen puntualmente todos los episodios de lucha protagonizados por obreras en los sectores donde la mano de obra es casi exclusivamente femenina: el textil, la moda, el tabaco, las arroceras. Se profundizan las condiciones efectivas de trabajo en los diferentes sectores: en el número 4 del 16 de abril, “Aspecto de la explotación del trabajo femenino en la industria del vestido”.

La táctica sindical del partido está en el periódico claramente expuesta tanto en la teoría como en la orientación práctica. Los artículos reflejan y explican los motivos del frente único sindical y dan las indicaciones prácticas: en el número 7 del 28 de mayo, “La alianza del trabajo”, “Entonces y hoy”; en el 9 del 25 de junio, “Para la defensa de los derechos del proletariado femenino”. En el número 12 se lee "A propósito de las organizaciones sindicales femeninas”; todos ellos claros artículos de planteamiento sindical en antítesis a los métodos y engaños de la Federación de Ámsterdam, con la cual se excluye toda posibilidad de colaboración por parte de la Internacional Sindical Roja.



El bajo salario femenino
Compagna, n.6, 18 de mayo de 1922


Es una vergüenza a la cual nos hemos acostumbrado, la de saber que una mujer, puesta a trabajar en las mismas condiciones que un hombre, será menos remunerada. En el taller de aparatos Thompson de la fábrica de pólvora de Angoulême, el personal femenino recibía en 1918 un salario inferior del 10 al 20 por ciento al del personal masculino que hacía exactamente el mismo trabajo. Las tarifas n.º 1 y n.º 2, diferentes según la antigüedad de los obreros, comprendían una cifra especial para cada sexo. Según la tarifa n.º 1 las mujeres recibían 60 céntimos, entonces, los hombres 75; según la tarifa n.º 2 las mujeres recibían 67 céntimos, y los hombres 91.

En los talleres donde trabajaban cuadrillas mixtas pagadas a destajo, el salario de las mujeres era igual al de los hombres por el motivo de que, tratándose de una remuneración global dada a toda la cuadrilla, no se podía hacer distinción para las mujeres. Pero en las cuadrillas compuestas íntegramente por mujeres, que hacían exactamente el mismo trabajo que las cuadrillas de hombres, el salario era reducido. Habría bastado que un hombre entrara en la cuadrilla, para que la recompensa subiera para todos.

La administración aplicaba íntegramente la ley del salario bajo femenino sin buscar justificación alguna. «El trabajo de las mujeres debe ser menos pagado porque es trabajo de mujeres».

Las declaraciones de las dueñas de los talleres femeninos son a este respecto más instructivas que las de los ingenieros de las fábricas de pólvora. A las obreras a las que pagan mal, les dan una explicación: «No sería justo que vosotras ganarais tanto como un hombre. Vosotras tenéis un utensilio más, que puede rendiros mucho».

En efecto, para muchas mujeres el trabajo sexual, como compensador del precio inicuo del trabajo, es una necesidad. No se trata de prostitución declarada y visible, de la prostitución que se dirige cada día a un hombre diferente, sino de la dificultad en que la mujer se encuentra de mantenerse casta. Necesita, como ella dice, encontrar una ayuda. No la aceptarán en un buen puesto si su modo de vestir no es atractivo. La ocupación se da siempre a la que se presenta bien, que es joven, que tiene rostro simpático, que viste de un modo bastante elegante, aunque le sea difícil mantener esa elegancia con la paga que se le dará. Se pretende que el personal haga honor a la casa y por eso la paga del empleado debe contener el precio del planchado de un suficiente número de cuellos, pero la de la muchacha no corresponde al valor de los vestidos que el patrón desea que ella lleve. Si ella vistiera como se lo permite su salario, sería despedida por descuido en el atuendo. La diferencia no puede ser cubierta más que por la vida en familia o por un amigo.

Cuando un patrón despide a un empleado al que daba 400 liras al mes para tomar a una muchacha, da a ésta 300 liras. Y el director de una empresa declara: «Incluso cuando se les paga muy caras, las mujeres terminan siendo siempre más baratas que los hombres: cuando ganan 200 liras al mes, ya están contentas».

Una declaración semejante reconduce a la idea unánimemente aceptada de que el salario de la mujer no es su única reserva. Adolescente, es ayudada por la familia; mujer, se ayuda con la sexualidad.

Pero cuando vemos mercancías expuestas, no se acostumbra a aplicarles etiquetas así redactadas: «Hecho por un hombre: L.1,50». «Hecho por una mujer: L.1,25».

El odio a las mujeres que reina en las corporaciones que están invadidas por la mano de obra femenina ha hecho admitir por los propios obreros que el derecho de la mujer a tener un salario igual al de los hombres no es sostenible, porque su trabajo no es equivalente al del hombre, porque ella no tiene la vieja habilidad corporativa del hombre, porque se necesita personal especial para reparar los errores de sus manos novatas.

No se puede decir, sin embargo, que los viejos oficios masculinos actúen de modo necio cuando intentan alejar a la mujer del trabajo. Si la esposa, la hermana, la hija del obrero van al taller, ¿quién se quedará en casa? Pero todo esto tiende a mantener a la obrera en el salario reducido.

Los hombres pueden reivindicar la supresión del salariado. Para las mujeres, el propio salario total es todavía una conquista lejana. Ellas están aún en la condición de mal pagadas.



Desempleo y trabajo femenino
Compagna, n.º 10, 9 de julio de 1922

Quizá aún más que los hombres, las mujeres proletarias resienten la crisis industrial y la reacción que, aprovechando la crisis, los capitalistas han desatado. Antes de la guerra y antes de que el desempleo hubiera asumido las graves formas actuales, la mujer estaba casi exclusivamente dedicada a trabajos femeninos, que los largos horarios volvían pesados y agotadores. Entonces, la familia proletaria obtenía su sustento, en su mayor parte, del salario percibido por el hombre, cabeza de familia, y la mujer aportaba su contribución al presupuesto familiar ya sea con el llamado trabajo de casa: lavado, confección de vestidos, ropa blanca, etc. para los miembros de la familia, especialmente si esta era numerosa, ya sea con el trabajo a domicilio por cuenta de terceros, y solo en algún caso con el trabajo asalariado e industrial.

Este estado de cosas ahora está totalmente cambiado y el peso de la familia recae en muchos hogares proletarios totalmente sobre la mujer. En efecto, por efecto del desempleo, miles y miles de obreros se hallan en la imposibilidad no solo de proveer a su hogar, sino también de proveer a ellos mismos y a sus más elementales necesidades. En consecuencia, de este estado de cosas, le toca a la mujer buscar, fuera del círculo familiar, con sus débiles fuerzas, el modo de proveer a la familia, al menos lo estrictamente necesario para no morirse de hambre. Y así vemos que la mujer, con tal de ganar un mendrugo de pan, se adapta a los trabajos más fatigosos y mal pagados, doblegándose mayormente a la explotación capitalista y sin darse cuenta de hacer así el juego a los industriales, haciendo competencia a la mano de obra masculina.

El industrial, siempre dispuesto cuando, muy raramente, la mujer intenta reafirmar sus derechos, a gritar que el reino de la mujer debe ser exclusivamente el hogar, que la mujer está creada para la familia, etc., se preocupa en cambio muy poco del hecho de que actualmente sea la mujer, en lugar del hombre, quien deba en gran parte, con su trabajo, proveer a las necesidades de la familia. Cuando él gana más, ¿qué más da?

Observando las distintas industrias, podemos ver que las menos afectadas y las que trabajan incluso ahora a pleno rendimiento son precisamente las que emplean, en su mayor parte, al elemento femenino. La industria textil, por ejemplo, trabaja a plena capacidad, pero esas obreras han sufrido unas rebajas de salarios verdaderamente desastrosas: ¡muchas obreras trabajan incluso por 30 céntimos la hora! Y no vale para justificar la rebaja de los salarios la afirmación de los industriales de querer intentar reducir el precio de los productos; lo saben las obreras textiles que el precio de las telas por ellas producidas no ha bajado ni siquiera en la misma medida en que han bajado las materias primas. ¡Ni hablar de disminución de los precios!

En otros establecimientos los capitalistas, mientras arrojan a la calle a la mano de obra masculina, intentan sustituirla con mano de obra femenina, precisamente porque esta es más sumisa y más fácil de doblegar.

Se necesita por ello que las mujeres proletarias dejen de ser la mayoría del ejército de reserva del capitalismo industrial. Ellas, que saben realizar sacrificios admirables en el reducido círculo de la familia, que saben encontrar en sí mismas, en el afecto por sus seres queridos, una fuerza sobrehumana que las hace resistir las mayores fatigas, deben encontrar también, y con mayor razón, la fuerza de resistir a la ofensiva industrial y a la reacción.

La fuerza moral que se necesita para realizar estos sacrificios, estos esfuerzos por la propia familia, las mujeres proletarias deben saber hallarla en provecho de una familia más grande, a la cual también ellas pertenecen: la clase obrera. Solo uniendo sus fuerzas a las fuerzas de los hombres, de los proletarios, animándolos a resistir y a luchar, resistiendo y luchando también ellas, podrán esperar sustraer un día a ellas y a sus hijos de la explotación y del hambre.

Teresa Noce



Por la defensa de los derechos del proletariado femenino
Compagna, n.º 9, 25 de junio de 1922

En el Congreso de la Internacional de Ámsterdam, el Comité Ejecutivo propuso que las obreras fueran organizadas separadamente de los obreros.

Entre la euforia general y la indiferencia de los congresistas, que consideraban cosa superflua ocuparse y perder tiempo discutiendo lo que puede interesar a las mujeres obreras, la discusión de tal propuesta y de los problemas femeninos fue aplazada al próximo Congreso.

Nosotros sostenemos que solo la unión de todas las fuerzas obreras, que solo el frente único de todos los proletarios podrá impedir la destrucción de la clase obrera como clase, y solo la lucha general de todas estas fuerzas logrará frenar el desencadenamiento de la reacción fascista e industrial. Precisamente porque nosotros creemos solo en la fuerza del proletariado unido, somos contrarios a la constitución de organismos sindicales femeninos.

¿Qué utilidad obtendrían las mujeres trabajadoras de la creación de estos organismos? Servirían solamente para hacer que la obrera permanezca cada vez más en una condición de inferioridad respecto al obrero, tanto en la diferencia de los salarios como en las mejoras morales.

Las mujeres, con los bajos salarios, hacen una amplia competencia a la mano de obra masculina; con la crisis y el desempleo que arrecian, esta competencia se acrecienta creando una lucha continua entre explotados de diferente sexo. Con la división de las fuerzas proletarias, creando organismos sindicales femeninos, esta lucha entre obreros y obreras se acentuará, obteniendo así los resultados deseados por los industriales: ya no lucha de una clase contra el capital, sino lucha entre explotados de diferente sexo.

¿Qué ha hecho y qué pretende hacer la Internacional de Ámsterdam para eliminar esta situación? En la realidad, constatamos que nada han hecho en favor de las condiciones del proletariado femenino.

Ninguna lucha se ha entablado para que los salarios de las obreras fueran iguales a los de los obreros. Después de la guerra, las obreras fueron despedidas en masa para dar lugar a los desmovilizados. En ciertos casos, fueron luego readmitidas con los salarios disminuidos.

Las organizaciones sindicales de la F.S.I. [Federación Sindical Internacional] de Ámsterdam nada han hecho para defender los derechos más elementales de las obreras; nada contra la inferioridad de los salarios femeninos y contra la supresión de las ocho horas, pues debemos reconocerlo: en las industrias y en los talleres donde la mano de obra está formada en mayoría por el proletariado femenino se verificaron los primeros casos de supresión de las ocho horas.

Dondequiera, las organizaciones adheridas a Ámsterdam admiten los salarios inferiores para las obreras, tolerando para estas – después de haberlas, durante la guerra, empujadas a los talleres y a las fábricas a producir los instrumentos fratricidas – sus despidos como la cosa más natural de este mundo.

¿Qué trabajo, en cambio, está desarrollando la Internacional de los Sindicatos Rojos? El Congreso de la Internacional de los Sindicatos Rojos votó la siguiente resolución sobre la participación de la obrera en el movimiento sindical revolucionario: «Los adheridos a la Internacional de los Sindicatos Rojos deben esforzarse en ganar a las obreras para su movimiento. La creación de organizaciones sindicales especiales para las obreras no puede ser admitida».

El proletariado es uno. Sus organizaciones deben estar formadas por rama de industria y no por el sexo de los trabajadores.

La Oficina Ejecutiva de la Internacional de los Sindicatos Rojos invita a los compañeros a aplicar esta resolución iniciando enérgicamente una campaña:


1. Contra la constitución de sindicatos especiales para las obreras;
2. Por la admisión de las mujeres en los sindicatos que aún no lo consienten;
3. Por el principio: Igual salario por igual trabajo.
4. Contra todas las restricciones a la protección legal del trabajo femenino;
5. Por la eficaz protección de la madre y del niño.

Es necesario, por tanto, dar a conocer a las asalariadas y a todas las explotadas del capitalismo estas reivindicaciones y conquistarlas para nuestro movimiento.

Los sindicatos revolucionarios y los adheridos a la Internacional de los Sindicatos Rojos deben prestar a su acción entre las obreras un mayor cuidado que en el pasado. Ya es hora de ponerse a la organización metódica de las obreras y de confiar dicha tarea a militantes dotados de un profundo sentido de responsabilidad. Es necesario que las organizaciones sindicales que siguen las directrices comunistas se ocupen seriamente de estas cuestiones. Las compañeras y los compañeros trabajen asiduamente en aquellas organizaciones dirigidas por reformistas para dar a conocer a las masas obreras qué es lo que pretenden hacer los comunistas para tutelar los intereses de las trabajadoras.

Si trabajamos bien y con voluntad, no tardaremos en obtener también en este campo óptimos resultados.

Todos al trabajo, pues, para atraer hacia nuestras filas las grandes falanges de las trabajadoras, hoy más que nunca infamemente vejadas y sometidas en las fábricas a un régimen de esclavitud.

Rina Piccolato







VIDA DE PARTIDO

REUNION INTERNACIONAL DEL PARTIDO
Del 27 y 28 de septiembre de 2025



De la Okhrana del zar al espionaje electrónico burgués

El moderno Estado burgués utiliza una vigilancia electrónica omnipresente, archivos de datos y algoritmos que aceleran una recopilación de información que anteriormente requería la intervención de muchos agentes. El fin es mantener la eficiencia del Estado en la defensa de los intereses de la burguesía. Pero el propósito principal de esta vigilancia capilar es, en el fondo, solo intimidar a los trabajadores y disuadirlos de la acción. Pero es inevitable que los comunistas y los organizadores sindicales, para no comprometer su trabajo, se vean obligados -y ya lo están en muchos países- a adoptar las correspondientes medidas defensivas.

Los comunistas, mientras y donde sea posible, aprovecharán la legalidad burguesa y operarán abiertamente para difundir su programa y contribuir a la organización sindical. Sabemos, sin embargo, que con la intensificación de la lucha de clases, será necesario adoptar en todas partes actitudes defensivas, tanto del partido como de la clase. Cuando las relaciones de fuerza en la sociedad se inviertan a favor de la revolución, los comunistas y la clase obrera deberán saber utilizar las mismas armas del Estado capitalista para volverlas contra él para la supresión del poder de la clase burguesa.

Victor Serge, en su folleto de 1926, “Lo que todos deberían saber sobre la represión del Estado”, describe en detalle los métodos de la policía secreta Okhrana del régimen zarista en Rusia y las contramedidas de los comunistas. La Okhrana era una policía política del Zar para el control de los sindicatos y de los bolcheviques, así como de otros “enemigos del Estado”, como los anarquistas y los socialistas revolucionarios de la época. Pero también era utilizada para mantener bajo control a los propios funcionarios del Imperio.

La Okhrana fue instituida en 1881. El 13 de marzo de ese año, el Zar Alejandro II había sido asesinado en un atentado de populistas. La policía operaba científicamente, recopilando sistemáticamente datos y observaciones útiles para sus objetivos. Reclutaba hombres de talento y eruditos que comprendieran la teoría y la historia de los movimientos revolucionarios, para infiltrarlos de forma encubierta dentro de los partidos subversivos durante el tiempo suficiente para vigilar, informar, mantener expedientes personales detallados, y tramar manipulaciones y provocaciones. La Okhrana realizaba además una vigilancia externa con seguimientos e interceptando la correspondencia. Agentes bien pagados reportaban meticulosamente sus observaciones y cruzaban los informes en expedientes sobre los diversos perfiles.

El jefe de la policía, Zubatov, extendió la vigilancia por toda Rusia y, desde 1911, por Europa, escuchando las conversaciones telefónicas incluso de los ministros del gobierno.

El “servicio secreto”, sobre todo después de 1905, no desmantelaba inmediatamente las organizaciones revolucionarias apenas descubiertas, sino que dejaba que el movimiento se desarrollara e infiltraba provocadores para liquidarlas en un segundo momento descabezando su cúpula.

Obviamente, todo esto no bastó para impedir la Revolución de Octubre en 1917.

En el cuartel general de la Okhrana en Petrogrado, los bolcheviques encontraron una habitación secreta que contenía 35.000 nombres de provocadores y una copia de una “Directiva sobre los servicios secretos”, un “ABC de la provocación”, que muestra cómo la manipulación psicológica, la coacción económica, la perfilación y la explotación de las vulnerabilidades personales eran utilizadas para coartar a los revolucionarios débiles de carácter, a los desilusionados, a los indigentes, a los exiliados, en particular a los prisioneros, y cómo la policía secreta mantenía su cobertura mediante arrestos y liberaciones orquestadas para hacerlos creíbles.

Serge fue testigo de la derrota de la Okhrana y de sus agentes, y de cómo la revolución tuvo éxito, definiéndola como “invencible” contra tales métodos. Todas las violaciones y decodificaciones de la correspondencia, y las maniobras para contrarrestar las tácticas revolucionarias -similares a los análisis forenses, biométricos y al procesamiento automático de datos de hoy- al final resultaron impotentes para frenar el descontento de los obreros explotados y de los campesinos y soldados hambrientos durante la Gran Guerra, y no lograron descabezar a los bolcheviques, a pesar de los arrestos y los exilios.

La fuerza de la propaganda revolucionaria deriva del mensaje del partido que entra en sintonía con las quejas generalizadas de los trabajadores; posee una resistencia intrínseca si está arraigada en su experiencia vivida, la cual no puede ser fácilmente quebrada por la violencia, el engaño y la coacción. Finalmente, el terror suscitado por las policías políticas no es nada en comparación con el terror de la pobreza, el hambre y los horrores de la guerra imperialista.

Ciertamente, siempre existirán los infiltrados, los corruptos y los traidores en el partido y en los sindicatos. Pero las organizaciones de la clase obrera aprenderán a defenderse. En el partido, la mejor defensa es aplicar en todos los aspectos de su vida la justa práctica comunista: centralización, disciplina, discreción, relaciones estrechas, correctas y fraternas entre camaradas, y la proscripción de toda veleidad, improvisación o personalismo. A la provocación urdida desde el exterior, que se presenta a menudo bajo una ostentosa reivindicación de la ortodoxia doctrinaria, se debe hacer frente no con procesos o cediendo a un clima de sospecha, sino con el sano trabajo de partido, conocido y claro para todos.

Serge imparte buenos consejos: comunicar solo lo que es necesario: «la falta de precaución de los revolucionarios siempre ha sido la mejor ayuda para la policía» y advierte contra las estúpidas afectaciones: «la mayor virtud de un revolucionario es la sencillez y el desprecio por todas las poses, incluidas las “revolucionarias” y sobre todo las “conspirativas”».

Pero en la época prerrevolucionaria, finalmente, escribe Serge, el partido se defiende por el gran número de nuevos acólitos entusiastas que repentinamente se ofrecen a sus órdenes, en una gran masa desconocida para cualquier registro, ya sea en papel o electrónico, de las policías.

De hecho, si no también formalmente en sus mentirosas democracias, el partido comunista ya es ilegal y sus códigos y constituciones ya tienen preparadas las normas que lo sancionan. Normas penales que actualmente, en una minoría de los países del mundo, la burguesía aún no considera necesario llamar a los tribunales para que se apliquen. Más que la ilegalidad legal, rige para el partido la ilegalidad económica: nunca se concedería a los comunistas el acceso a los medios de comunicación de masas, que cuestan millones y están férreamente controlados por las logias de capitalistas.

La amenaza de la persecución legal está, por tanto, siempre pendiente, y el partido sabe que le espera tan pronto como la lucha de clases progrese y amague con emanciparse de las cadenas del oportunismo político y sindical.

Por lo demás, el riguroso respeto a la ley ya es un obstáculo para la actividad de los revolucionarios y de los sindicatos. Debido a las limitaciones al derecho de huelga, impuestas también en todas las democracias, para que un sindicato obrero pueda luchar con éxito ya se ve obligado a emprender acciones que la ley considera ilícitas.

En los tiempos de Serge, como hoy, los movimientos sindicales tuvieron que enfrentar no solo a las fuerzas del orden oficiales. [38] En Italia, durante el fascismo, las Casas del Trabajo fueron incendiadas por los escuadristas, protegidos por la policía. En los Estados Unidos proliferaban agencias privadas, como la Pinkerton, que empleaban informantes, provocadores e incluso agentes armados para socavar la organización de los trabajadores.

Esto no quita que un sindicato de trabajadores, allí donde se hayan quitado derechos o nunca se hayan concedido, encuentre necesario reivindicarlos y luchar por obtenerlos. La demanda de reunirse, organizarse y manifestarse chocará con la estructura del poder capitalista.

Con mayor razón para el partido. Por ejemplo, la propaganda dentro de las fuerzas armadas, que no es permitida por la ley en ninguna parte, es reivindicada y considerada necesaria por el partido.

Mientras que el Partido Socialista Italiano se dejó sorprender por el ataque de las bandas y luego del gobierno fascista, de manera coherente con su doctrina progresista, legalista y parlamentaria, el Partido Comunista de Italia disponía de su propia red clandestina eficiente.

Los modernos servicios de inteligencia han evolucionado notablemente en las tácticas de vigilancia e infiltración experimentadas por la Okhrana, utilizando la digitalización de todos los aspectos de la vida. Los informadores son ahora tanto físicos como digitales, mientras que las operaciones psicológicas, incluida la difusión de desinformación, son ejecutadas por organizaciones estructuradas. Al seguimiento físico se asocia la localización de los teléfonos móviles y la grabación de las llamadas telefónicas; en internet se conocen las conexiones, las búsquedas, la navegación y las actividades en las redes sociales, las transacciones bancarias... Una densa red de cámaras cubre cada cruce en las ciudades y en los campos....

Algunas empresas internacionales han hecho de toda esta masa de información una mercancía que recopilan y venden a los Estados. Se ha demostrado ampliamente que diversos gobiernos han utilizado el famoso “spyware” Pegasus para violar teléfonos móviles y vigilar a periodistas, abogados, opositores políticos, activistas, grupos de diversos tipos y sindicatos.

En definitiva, incluso en las naciones más ricas y democráticas del planeta, técnicamente todo está listo para la imposición, en un abrir y cerrar de ojos, de la ley marcial y la suspensión de las llamadas libertades civiles, así como para el recurso a los métodos clásicos “low-tech” de secuestros, golpes, violencia sexual y torturas, tal como en los tiempos de Serge.

Aquí el camarada relator, proveniente de los Estados Unidos, recordó cuando los trabajadores en Homestead, en 1892, hicieron huelga ilegalmente y enfrentaron las balas y las bombas de los Pinkerton: no se preocuparon por la ilegalidad ni por la clandestinidad entonces porque luchaban a cara descubierta y en masa, obteniendo el apoyo de muchos ciudadanos. Recordó la huelga de los carteros de 1970, a quienes se les negaba incluso el derecho de huelga: no retrocedieron ni siquiera ante el despliegue de la Guardia Nacional y el estado de emergencia nacional declarado por el presidente Nixon. Paralizaron el servicio postal nacional hasta obtener, si bien no todavía el derecho de huelga, sí la negociación colectiva y aumentos salariales.

En todo el mundo, la policía y el ejército reprimen las huelgas y las revueltas proletarias arrestando, encarcelando o deportando. Sin embargo, la lucha resiste; huelgas incluso ilegales obtienen resultados con el movimiento enfrentando incluso a fuerzas policiales fuertemente armadas. En los casos en que los sindicatos han sido dispersados, surgen otros nuevos, aún más curtidos y combativos.

También la defensa del partido reside en el despertar del instinto de clase, en los lazos de solidaridad, en la revuelta de masas de los trabajadores y en su actividad espontánea. Por otra parte, esta se verá favorecida por la dirección consciente del partido. Esta dinámica social, en condiciones favorables, culminará en la insurrección y en la guerra civil contra la guerra imperialista y contra el Estado.

El capitalismo se está autodestruyendo. A pesar de todos sus sofisticados aparatos de vigilancia y de la brutalidad de sus guerras y sus prisiones, no puede escapar a la inevitabilidad histórica del conflicto de clase. Las mismas tecnologías desarrolladas bajo el capitalismo para maximizar el beneficio, y que permiten hoy el control dictatorial sobre la clase obrera, crean también las condiciones para su colapso y su disolución violenta. Todas las policías secretas del mundo correrán la misma suerte que la Okhrana, a pesar de toda su “cientificidad” y sus viles provocaciones, siendo impotentes contra las fuerzas de la revolución social y la marea internacional creciente del proletariado.

Las investigaciones en nuestro ámbito de conocimiento se ven hoy muy facilitadas por las herramientas informáticas. Esto no quita la dificultad del aprendizaje: como recordaba Engels, “el marxismo es una ciencia y, como todas las ciencias, debe ser estudiado”. No haremos una escolástica, inmutable y sin vida, sino una escuela sí, donde el campo de estudio se profundiza y amplía continuamente por el estudio mismo, frente al infinito devenir del mundo material natural y social. Un aprendizaje que atraviesa los modos de producción del pasado y llega hasta la Revolución y el Comunismo.



La Internacional de los Sindicatos Rojos

El 20 de abril de 1922 comenzó en Roma el Congreso de la Internacional Sindical amarilla de Ámsterdam, acogido con calidez por la CGL y por el Partido Socialista, y con desprecio por el PC de Italia.

El 21 de noviembre comenzaron, en cambio, los trabajos del Segundo Congreso del Profintern. Si los delegados fueron menos respecto al Primero, esto no significa que la influencia del Profintern hubiera disminuido. Solomon Lozovskij, secretario del Profintern, dijo que los proletarios adheridos o influenciados por la ISR (Internacional Sindical Roja) estaban entre los 12 y los 15 millones; una cifra análoga a la de Ámsterdam, con la diferencia de que un tercio de los miembros de esta última simpatizaba con Moscú, mientras que en el Profintern nadie simpatizaba con Ámsterdam.

El principal problema a afrontar fue el de la relación orgánica entre el Cominform y el Profintern, rechazada por el componente anarcosindicalista. Para evitar posteriores escisiones, el Profintern abolió el artículo del Estatuto que subordinaba la Internacional sindical a la política. La Izquierda italiana se había opuesto a tal posición, surgida en el contemporáneo Cuarto Congreso de la IC: en este, junto a posiciones muy válidas sobre muchas cuestiones, y tras haber definido como traidores a los socialdemócratas y a la Internacional de Ámsterdam, se buscaban de todos modos acuerdos con ella. La Izquierda italiana estuvo enseguida en desacuerdo, sosteniendo, justamente, que la Internacional de Ámsterdam no era una organización sindical, sino política, al servicio de la burguesía.

A los intentos de acuerdo con Ámsterdam siguieron luego los Frentes Únicos con los partidos presuntamente obreros, hasta los Gobiernos Obreros, y luego obreros y campesinos.

El intento de atraer a las masas obreras hacia el propio bando por cualquier medio y ardid se debía más a la desesperación que a otra cosa, pero era lamentablemente previsible, y por nosotros previsto, que, sobre todo con el fin del momento ascendente de la revolución, el frente único antinatural con los dirigentes sindicales y políticos reformistas no podía sino conducir al abandono de las posiciones clasistas y comunistas.

Tales ambigüedades, y peor aún, están presentes también en las “Tesis del Cuarto Congreso sobre la táctica del Comintern”, con fecha de 5 de diciembre de 1922: «Los comunistas están incluso dispuestos a negociar con los jefes traidores de los socialdemócratas y con los de Ámsterdam (...) El verdadero éxito del Frente Único surge “desde abajo” (...) Sin embargo, los comunistas no pueden renunciar a negociar (...) incluso con las cúpulas de los partidos adversarios».

En la apertura del Quinto Congreso de la Internacional Comunista, en junio de 1924, los delegados, en nombre del Frente Único y de la unidad proletaria, se encontraron inesperadamente ante la propuesta de disolución del Profintern y de adhesión a Ámsterdam. Se seguía hablando de traición de los jefes de Ámsterdam, pero dando simultáneamente relevancia al nacimiento en su interior de una corriente de izquierda. Se afirmó que la unidad internacional del movimiento sindical «sería restablecida mediante la convocatoria de un Congreso mundial en el que todos los sindicatos afiliados o bien a la Internacional de Ámsterdam o bien a la Internacional Roja de los Sindicatos estarían representados sobre una base proporcional».

El nuevo planteamiento sindical expresado en el Quinto Congreso de la IC fue propuesto nuevamente al Tercer Congreso del Profintern, que se inauguró el 8 de julio de 1924, con el manifiesto desacuerdo de la Izquierda italiana, que en las Tesis presentadas en Lyon en 1926, en el punto 8, escribe: «La oficina de la Internacional de Ámsterdam debía ser considerada y tratada no como un organismo de las masas proletarias sino como un órgano político contrarrevolucionario de la Sociedad de las Naciones (...) No debe excluirse, sin embargo, la utilidad de una táctica de frente único a escala mundial con todos los organismos sindicales, incluso los adheridos a Ámsterdam».

La fusión entre las dos Internacionales fue rechazada por Ámsterdam. [85] Pero en abril de 1925 se reunieron en Londres los representantes de los sindicatos rusos con los británicos, dando vida a un “Comité anglo-ruso”. Su realización fue presentada por Zinóviev como la demostración de la corrección de la táctica del Frente Único.

Stalin, en julio de 1926, declaró: «Si los sindicatos reaccionarios están dispuestos a formar con los sindicatos revolucionarios de nuestro país una coalición contra los imperialistas contrarrevolucionarios de su país, ¿por qué no debería aprobarse este bloque?». Para Trotsky fue fácil replicar que «si los sindicatos reaccionarios fueran capaces de luchar contra sus imperialistas no serían reaccionarios».

En 1926, el Consejo General de los sindicatos ingleses se vio obligado por la presión proletaria, como consecuencia del cierre patronal de las minas de carbón, a convocar una huelga general. La huelga fue pronto saboteada por los jerarcas sindicales, pero a pesar de ello la Internacional y el Profintern quisieron seguir participando en el Comité. Todavía en abril de 1927, los delegados rusos de dicho comité, que ya habían reconocido en el Consejo General de los sindicatos ingleses al «único representante y portavoz del movimiento sindical de Inglaterra», se comprometieron a «no disminuir la autoridad» de los jefes tradeunionistas y a «no ocuparse de los asuntos internos de los sindicatos ingleses».

El “Llamamiento de los Comités Ejecutivos de la IC y de la ISR a todas las secciones y a todos los trabajadores”, del 9 de mayo de 1926, reafirma esta actitud, por nosotros condenada, sobre la lucha de los trabajadores británicos: «El Ejecutivo de la IC y el de la ISR instan a todas las secciones a realizar todo esfuerzo para asegurar la unidad de acción. Con tal fin se recomiendan reuniones con los representantes de los otros partidos y de las otras organizaciones».

En las “Tesis del Séptimo Pleno sobre la sindicalización, la racionalización y las tareas de los comunistas en los sindicatos”, del 16 de diciembre de 1926, en los puntos 10, 12 y 13 leemos:
«10. (...) El fracaso de la huelga general y el frente único de la Internacional de Ámsterdam con el Consejo General para el sabotaje de la huelga de los mineros ha tenido como consecuencia la consolidación de la organización de cúpula de la Internacional de Ámsterdam (...) El Consejo General promueve actualmente la misma e idéntica política de la Internacional de Ámsterdam, y en este sentido se puede afirmar tranquilamente que el fracaso de la huelga general ha sido ventajoso para la Internacional de Ámsterdam en la misma medida en que el giro a la derecha del aparato sindical en cualquier país es ventajoso para quienes defienden los intereses de la burocracia y de la burguesía europea reaccionaria (...)
«12. La crisis del Comité anglo-ruso ha ofrecido el pretexto a nuestros adversarios para hablar de fracaso de la unidad y de la táctica del frente único (...)
«13. Partiendo de la aplicación consecuente de la táctica del frente único, el CC del VKP(b) y el Presídium de la Internacional Comunista se han pronunciado contra la táctica de la disolución del Comité anglo-russo (...)».

Por lo tanto, se reafirma la alianza con la Internacional de Ámsterdam, y la consecuente defensa del indefendible Comité anglo-russo.



El capitalismo alemán - Fuerza y fragilidad

La economía alemana se apoya sobre bases que se han consolidado a lo largo de un siglo y medio. Desde la proclamación del Imperio en 1871, el país ha experimentado una industrialización acelerada que lo ha transformado en la principal potencia manufacturera europea. La química, la mecánica, la siderurgia, la electricidad y, posteriormente, el automóvil, han sido los sectores motores de un crecimiento que, ya antes de la Primera Guerra Mundial, había llevado a Alemania a superar a Francia y al Reino Unido en diversos campos.

La concentración industrial, el entrelazamiento entre grandes bancos y grandes empresas, y la investigación científica aplicada a la producción han construido ese “capitalismo organizado” que ha seguido siendo un rasgo distintivo hasta hoy.

Allí surgió un proletariado urbano organizado y la socialdemocracia se convirtió en el partido obrero más grande de Europa.

La República de Weimar heredó un país urbanizado pero marcado por profundas desigualdades regionales y una grave crisis económica.

El régimen hitleriano abolió las libertades civiles y sindicales e intentó englobar a los trabajadores en la “comunidad popular”, subordinándolos a la empresa y al Estado.

Tras la catástrofe bélica (1939-45), a las dos Alemanias que surgieron se les impusieron vías distintas: al Oeste, un capitalismo coordinado con bienestar social (welfare), codecisión y el ascenso de la clase media; al Este, una economía planificada que garantizaba el empleo y privilegiaba a obreros y campesinos.

En el Oeste, la República Federal es un Estado dividido en dieciséis Länder, con un sistema parlamentario que combina la representación directa y los poderes de los gobiernos regionales. El Bundestag y el Bundesrat encarnan este doble nivel, mientras que el Canciller federal concentra las funciones ejecutivas y el Presidente desempeña tareas de garantía. La Constitución de 1949, para evitar la proliferación de partidos que caracterizó a la República de Weimar, fijó el umbral electoral en el 5%, lo que ha favorecido la formación de gobiernos de coalición.

Alemania Occidental vio relanzarse su aparato productivo, el “milagro económico” de los años 50 y 60. Las bases de aquel éxito eran las mismas: un fuerte sector manufacturero, alta calidad de la mano de obra, redes de pequeñas y medianas empresas especializadas y vinculación con los mercados exteriores. Aún hoy, a pesar de que la globalización y la digitalización han cambiado escenarios y cadenas de suministro, el Mittelstand constituye la columna vertebral del modelo alemán: cientos de miles de empresas de tamaño pequeño-mediano, a menudo de gestión familiar, que producen componentes y maquinaria altamente tecnológicos para el mercado global.

Desde el modelo bismarckiano de bienestar y seguros sociales hasta el moderno sistema dual escuela-empresa, Alemania ha creado un mecanismo que forma a generaciones de trabajadores cualificados e integra su preparación directamente en los procesos productivos. Este sistema ha garantizado al capital una mano de obra disciplinada y preparada que se traduce en ganancias elevadas y en una fuerte competitividad de las empresas.

La reunificación de 1990 conllevó la absorción de la República Democrática Alemana en el sistema económico occidental, con privatizaciones, cierres de fábricas y migraciones masivas hacia el Oeste. Esto ha dejado cicatrices sociales y políticas aún visibles: tasas de desempleo más altas y salarios más bajos.

Alemania ha sido siempre una economía fuertemente orientada a la exportación: primero con la Weltpolitik y el colonialismo alemán de finales del siglo XIX, luego con la expansión comercial en la posguerra, hasta la actual interdependencia con China y los mercados asiáticos. Aproximadamente la mitad del PIB alemán depende de las exportaciones. Esto significa que cada crisis internacional, caída de la demanda exterior o choque geopolítico repercute en el aparato productivo. Los ejemplos recientes -la crisis financiera de 2008, las interrupciones de las cadenas de valor durante la pandemia, el aumento de los precios energéticos tras la invasión rusa de Ucrania y la consiguiente anulación de los suministros energéticos de Rusia- muestran cuánto vulnerable es el crecimiento alemán.

Hoy, el sector del automóvil, símbolo del “made in Germany”, afronta una transformación histórica: la transición hacia lo eléctrico y la competencia de productores chinos como BYD amenazan su supremacía y el empleo. El capital alemán sufre una caída de la rentabilidad en los sectores maduros y lucha por encontrar nuevas salidas para un ciclo de acumulación acelerado.

La disciplina social, basada en la jerarquía y la colaboración, ha permitido décadas de estabilidad, gracias también a la codecisión y a la negociación sindical. Pero las utópicas ideologías y estructuras burguesas que aseguraban la paz social y la continuidad se han transformado en rigidez cuando hace falta innovar rápidamente, invertir en nuevas tecnologías o reorientar el sistema energético. Esta dialéctica entre fuerza y fragilidad constituye una de las contradicciones actuales más fuertes.

Durante décadas, dos grandes partidos polarizaron la vida política: la CDU/CSU de centroderecha y el SPD socialdemócrata, con los liberales del FDP como fiel de la balanza. En los últimos veinte años, sin embargo, este equilibrio se ha debilitado. El SPD ha perdido progresivamente consenso entre los trabajadores industriales y los pensionistas urbanos; la CDU/CSU mantiene la primacía pero sin mayorías sólidas; los Verdes han conquistado al electorado joven e instruido de las ciudades; Die Linke, heredero del PDS del Este, representa a franjas débiles y sectores militantes pero ha quedado en minoría.

En las elecciones de febrero de 2025, el nacionalista AfD, Alternativa para Alemania, ha saltado a 152 escaños convirtiéndose en el segundo partido. La CDU/CSU agrupa a clases medias conservadoras y empresas rurales; el SPD un residuo de base obrera y del empleo público; los Verdes a las clases medias urbanas y cosmopolitas; Die Linke a las franjas populares del Este; el AfD a hombres jóvenes de zonas periféricas, pequeños empresarios y trabajadores inseguros, con una fuerte demagogia anti-inmigración. Las bases electorales de los partidos son cada vez menos identificables con las clases y cada vez más con alianzas interclasistas entre fragmentos de clases diversas. El tradicional terreno de la representación política del trabajo se ha fragmentado, dejando espacio a populismos de derecha y de izquierda y a un creciente abstencionismo.

Hoy la clase trabajadora ve erosionarse sus salarios y su estabilidad por efecto de la digitalización y de las deslocalizaciones. La pequeña burguesía es aún numerosa pero está en contracción. Estratos marginales, desempleados, pensionistas pobres, inmigrantes y minorías étnicas tienen dificultades de acceso a la educación y al trabajo estable.

Desde los años 90, y de manera explosiva en 2015 con la crisis de los refugiados, Alemania ha acogido a millones de personas. Esto ha permitido atenuar el envejecimiento de la población y cubrir puestos de trabajo, pero también ha generado tensiones por la competencia por la vivienda, los servicios y los salarios. Los episodios de violencia de la extrema derecha han aumentado junto con su representación a nivel político.

Un elemento distintivo del modelo alemán ha sido el papel de los sindicatos y de la cogestión. Desde la posguerra, los trabajadores han podido elegir consejos de fábrica y tener representantes en los consejos de vigilancia de las empresas por encima de un cierto umbral de empleados, sobre todo en sectores estratégicos como la siderurgia. Esto ha asegurado décadas de paz social, salarios relativamente elevados, formación continua y calidad productiva. La “participación” no ha eliminado el conflicto de clase pero lo ha institucionalizado, creando la ilusión de hacerlo compatible con la acumulación capitalista.

Hoy la fragmentación del trabajo, el aumento de formas precarias y el descenso del empleo industrial tradicional reducen la fuerza contractual. En los nuevos sectores tecnológicos y de servicios las tasas de sindicalización son mucho más bajas y las relaciones de trabajo más individualizadas. La representación tradicional de los trabajadores está en crisis.

Los partidos y los sindicatos tradicionales ya no logran representar a las clases inferiores ni afrontar la crisis económica. Los capitalistas miran al rearme como solución. El grupo Rheinmetall, uno de los más importantes productores de armamento, continúa creciendo. En los primeros nueve meses de 2025 su facturación creció un 20% situándose en 7.500 millones de euros (en 2024 habían sido 6.600 millones); el crecimiento solo en el sector militar fue del 28%.

Pero esto no concierne solo a Alemania, sino a todo el capitalismo avanzado del mundo. Alemania es, por tanto, un laboratorio crucial para entender el presente y el futuro de las luchas de clases.






REUNION INTERNACIONAL DEL PARTIDO

Del 24 y 25 de enero de 2026

Ante el catastrófico fracaso del mundo burgués y el desenmascaramiento de todas sus mentiras, el partido comunista, único refugio para la clase obrera, prepara la arrolladora revuelta del mañana



Tal como se acordó los días 24 y 25 de enero, nuestra pequeña red de militantes se reunió en su encuentro internacional periódico.

Dedicamos la sesión del sábado a los aspectos organizativos y de coordinación de nuestras actividades. Se presentaron informes específicos y muy detallados sobre los siguientes ámbitos:
- vida, compromisos e intervenciones de las secciones individuales;
- redacción coordinada de las publicaciones periódicas en los distintos idiomas y plan de publicaciones;
- funcionamiento, mantenimiento y actualización del sitio web internacional único;
- modalidades y resultados de la propaganda en la red;
- gestión de la correspondencia con lectores y candidatos;
- situación del movimiento sindical y posibilidades y modalidades de nuestra intervención en Italia y en los Estados Unidos;
- informe de caja.

Al día siguiente, domingo, escuchamos los informes sobre el avance de los estudios, un flujo de trabajo que, en estos tiempos difíciles y cerrados, viene a materializar en la estructura viva del partido ese puente ideal, de ciencia, conocimiento y experiencia, que conecta el pasado con el futuro pleno y poderoso del movimiento por el comunismo.

Estos son los temas tratados, de los que ofrecemos, divididos a continuación y en el próximo número, un primer resumen:


La questione agraria: En el capitalismo
Función histórica del partito y las formas de relación en su interior
La trayectoria marcada por la línea sindical del partido en Italia
El Irán moderno: La monarquía Pahlavi
La sociedad filipina: Primera parte
El capitalismo alemán, decrépito pero aún agresivo
Raza, clase y cuestión agraria en Estados Unidos, parte 4
Venezuela: En el enfrentamiento entre capitalismos la clase obrera no tiene un bando que preferir

 

No hace falta recordar que estas contribuciones de investigación y elaboración, incluso cuando son fruto del esfuerzo de un solo compañero, no tienen ningún carácter individual, sino que son producto del “cerebro colectivo” del partido y de la Revolución. Como tales, son a la vez perfectas y perfeccionables. Perfeccionables mediante un mayor estudio y trabajo, ya que no tienen sentido ni están destinadas a ser objeto de debate o aprobación por parte de los dirigentes o las bases.




La cuestión agraria: El capitalismo 

En esta reunión prosiguió la exposición del segundo capítulo del trabajo: hablamos de la agricultura mercantil. De nuestros Fili del tempo (Hilos del tiempo), recogidos hoy en Comunismo n.º 51, se leyeron algunos pasajes fundamentales, entre ellos, al inicio de la exposición: «La forma dada por el capitalismo a la agricultura es la de mercado, después de haber arrancado de la tierra, por una parte, al trabajador convertido en “libre” y, por otra, al barón feudal, suprimiendo la inalienabilidad del feudo y concediéndolo a los burgueses, sus acreedores, o a competidores en las subastas, vendiéndolo en parte en lotes al pequeño y mediano campesino».

Este proceso histórico ve el surgimiento de variadas formas de ejercicio de la producción agrícola, todavía vigentes, acompañadas por la potente industrialización moderna en la producción de manufacturas y servicios diversos. Citando nuevamente el estudio Proprietà e capitale (Propiedad y capital) en “Prometeo”: «recordaremos cómo la burguesía reemplazó los viejos códigos e investiduras feudales con una aplicación plena del “derecho romano” a la propiedad privada del suelo, en su tutela y en su transmisión tanto hereditaria como contractual. No repetiremos cómo un mismo mecanismo de artículos sirve para el despojo de la tierra de la pequeña familia campesina y para la propiedad de miles de hectáreas, ni cuál es el sentido de este dispositivo».

Prosiguiendo: «De Blanqui (Historia de la economía política, 1839) Marx recoge esta definición de la agricultura burguesa (tan brillante como su famosa frase: el capitalismo hizo de la tierra un artículo de comercio):

“La propiedad de la tierra salió por primera vez del estado de letargo en que la había mantenido durante tanto tiempo el sistema feudal. Esto fue un verdadero despertar para la agricultura… Ella (la tierra) pasaba ahora del régimen de manomuerta al de la circulación”».

Más adelante en la exposición encontramos una pequeña lección: «La tierra cultivada se divide primero en posesiones, cada una de las cuales puede abarcar una sola o varias empresas o explotaciones, mientras que solo por rara excepción puede ocurrir lo contrario (aunque puede suceder: propiedades menores, empresa mayor). Se entiende por posesión o predio el conjunto de terrenos próximos o no muy distantes entre sí, pertenecientes a una sola persona física o jurídica; y por empresa agraria, finca o unidad de cultivo, la cantidad de tierra cultivada gestionada por un solo empresario: ya sea propietario, enfiteuta, arrendatario o aparcero».

Por lo tanto, la cuestión de la pequeña o gran agricultura debe referirse al tamaño de la empresa, no al tamaño de la posesión; a lo que Lenin llama monopolio de empresa y no al monopolio de la propiedad de la tierra. Abolir el segundo puede ser un programa burgués que, después de haber puesto la tierra en circulación y desvinculado los derechos de señorío feudal, querría sacarla del mercado y atribuirla al dominio del Estado. Pero abolir el monopolio de propiedad solo es posible para la tierra; abolir el de empresa es, en cambio, una tarea revolucionaria y comunista.

Prosiguiendo con el capítulo: Él, Ella y El otro (La tierra, el dinero y el capital), repetíamos una vez más: «Toda la investigación del comunismo crítico se orienta a establecer la causa y las leyes de la apropiación de trabajo ajeno, de la relación social por la cual determinados hombres y agrupaciones de hombres en las sucesivas sociedades históricas prestan su obra y trabajan, mientras hay otros hombres y otros grupos que viven sin prestar trabajo y consumiendo de diversas maneras lo que no han producido (...) Todo el marxismo es teoría del plusvalor y, en un sentido más general, del plustrabajo, extendida a todas las épocas y no solo a la capitalista, y de las formas incluso futuras de prestación de plustrabajo para “toda” la sociedad humana (Programa Comunista, programa de la revolución proletaria) (...)».

«En la definición sumaria de investigación de las causas del plustrabajo se puede, si se descuida el método histórico, incurrir en el equívoco de considerar que todo el sistema deriva de una condena de la “explotación del hombre por el hombre”, como si se tratara de una posición de orden moral que castiga esa relación como un delito en todo lugar y tiempo, por su esencia cualificada y sin considerar su extensión en cantidad (...)».

«El comunismo impedirá que un individuo, o incluso una parte de la sociedad o el Estado, pueda decir al trabajador: no podrás alimentarte si la parte de trabajo pagada al precio justo (trabajo necesario) no la prestas cuando y donde se te indique, para cristalizar allí tu plustrabajo (...)».

«La historia de las teorías que Marx realizó antes de construir la suya propia, la nuestra, se expone después de ella y, paso a paso, está constelada de luminosas explicaciones de nuestra propia interpretación de todas las formas de plustrabajo y, además, como en las otras partes de El Capital, de pasajes potentes que ilustran el programa revolucionario y la forma social comunista».

«El concepto más antiguo es el del rendimiento del suelo cultivado, ya que sus primeros teóricos estaban lejos de poder ver que incluso en este se utiliza, como hemos visto, no una fuerza natural “gratuita”, sino siempre trabajo de hombres, que lo prestan en la medida en que viven, y viven en la medida en que se alimentan».

El capítulo prosigue con una profundización exhaustiva del binomio frutos e explotación, en la renta de la tierra capitalizada, la «primera celebración de las nupcias entre la señorita Tierra y el señor Dinero».

En esta parte se subraya: «Pero el buen cultivo de la tierra agraria es el que la hace producir frutos, no el que la explota (agota), es decir, el que no ataca a fondo ni destruye la fertilidad futura: algo que, al reducir paulatinamente la renta, quitaría a esa tierra su valor “en el comercio común” o lo reduciría considerablemente. Nuestra palabra italiana sfruttamento (explotación/agotamiento), que en tiempos modernos aplicamos al beneficio del empresario en perjuicio de los asalariados, muestra que toda teoría del plustrabajo parte de la solución del problema de la renta de la tierra».

Seguía la lectura de varios pasajes sobre la renta de la tierra citando a Marx: «Según los fisiócratas, la renta de la tierra sigue siendo el único ingreso de la nación; solo la naturaleza la nutre y solo Dios la crea. Salarios e intereses no hacen más que transferir de una mano a otra, siempre a otras manos, lo que la naturaleza ha dado en forma de renta de la tierra [...] El patrimonio de la nación es la capacidad del suelo para proporcionar anualmente esta renta de la tierra».

«Todas las cosas que tienen un valor, si se remonta a los componentes y fundamentos de su valor -nos referimos al valor de cambio-, son simplemente productos de la naturaleza. Aunque el trabajo haya dado una nueva forma a estas cosas y, por tanto, haya aumentado su valor, este valor consiste únicamente en la suma de los valores de todos los productos de la naturaleza que han sido destruidos para crear este valor bajo la nueva forma, es decir, que han sido consumidos por el trabajador o empleados de cualquier modo».

Y además: «Este trabajo [en la agricultura propiamente dicha] es, por tanto, real y solo él es productivo, porque crea cuerpos orgánicos independientes. Los trabajos de transformación no hacen más que modificar mecánica o químicamente cuerpos existentes».

Concluimos que, en cambio, en el marxismo: «Para establecer los términos de la cuestión agraria debe afirmarse que, en la era capitalista, la renta de la tierra es una parte que se extrae del plustrabajo social como compensación del monopolio de la tierra por parte de sus propietarios.

«Al inicio del ciclo capitalista, los propietarios de tierras pretenden situarse a la cabeza de la sociedad; a su fin, pueden ser puestos en un segundo plano e incluso eliminados, sin que la vida del modo de producción capitalista y asalariado haya terminado aún».



Función histórica del partido y las formas de relación en su interior

Aunque todavía nos encontramos en una fase profundamente contrarrevolucionaria, trabajamos, en la tradición de los comunistas que nos precedieron, en la preparación del futuro renacimiento general del movimiento revolucionario de la clase obrera, rico en todos los resultados de la experiencia pasada.

Es en la conciencia de este necesario objetivo común donde la voluntad y la pasión de los militantes del partido por el comunismo y la urgencia de huir del infierno de la sociedad burguesa se proyectan en una actividad unitaria, productiva y racional dirigida a avanzar en el proyecto de vida del género humano, el programa del comunismo.

En su jerarquía de trabajo disciplinado y orgánico, donde “nadie manda y todos son mandados”, los diversos instrumentos del partido se mueven como un grupo en orden de batalla, agredido por todos lados por un enemigo implacable y omnipresente. Dentro de la trinchera común los militantes, en contacto con la lucha social de la clase obrera, “respiran el aire” del comunismo, se comportan como comunistas y ya viven en el comunismo. Del partido defienden la armoniosa atmósfera de trabajo, que favorece el desarrollo completo de todos los militantes, también en el plano personal, intelectual y de actividad, según el principio “de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades”, en todos los sectores de la actividad política, de modo que, en principio, cada camarada esté habilitado para todas las tareas del partido.

El partido formal de hoy tiende a alinearse con el partido histórico del pasado. La historia ha visto a los partidos formales del comunismo surgir y caer. Solo aquel partido que haya absorbido plena y correctamente las lecciones del partido histórico podrá guiar a las masas proletarias en ascenso en el acto supremo de la revolución.

El vivo partido formal, comprometido en la batalla social cotidiana, añade continuamente nuevos factores de experiencia al bagaje del partido histórico.


Fraterna consideración entre camaradas

El partido formal no es la suma de sus militantes; el partido precede a sus militantes; los militantes van y vienen, el partido permanece, prefiguración impersonal de la sociedad futura. La conciencia del comunismo existe solo dentro del colectivo del partido, partido en el sentido más amplio, y solo se refleja, parcialmente, en el cerebro de los individuos.

Esta imparcialidad exige que las relaciones internas entre los compañeros se rijan por la consideración fraternal, confiando la resolución de todas las cuestiones a un método científico imparcial, con la conciencia de que es el conjunto orgánico del partido el que puede distinguir el camino correcto de las desviaciones. El partido, de hecho, unido por el fin común e informado por un programa integramente formulado, esculpido por la historia en un único bloque sólido, que contiene en su interior la solución de todas las cuestiones tácticas y programáticas fundamentales, rechaza el método de la lucha política interna. Del mismo modo que, tras haber rechazado la sucia ideología burguesa de la democracia, excluye en su interior también el recurso al primitivo método electoral en la búsqueda de la verdad.

También en esto el partido prefigura la organización racional y fraternal del futuro mundo comunista, no conflictivo, la verdadera comunidad humana, que solo podrá surgir con la superación histórica de todas las divisiones de clase.


Las tres tareas fundamentales del partido

Como se afirmó en 1926 en las Tesis de Lyon, la preparación revolucionaria exige al partido una continuidad entre tres áreas: la defensa de la teoría, la defensa de la salud del partido, su compromiso en las luchas defensivas de los trabajadores.

El respeto de los rígidos límites tácticos impuestos por las lecciones del partido histórico y la correcta evaluación de las condiciones económicas e históricas concretas, así como del equilibrio real de las fuerzas sociales, guían las previsiones para el futuro y las modalidades de la actividad externa.

La defensa de la teoría y de la noción del programa máximo se concreta en el estudio, en su continua presentación al partido y en la prensa periódica, para distinguirlos de los de las corrientes enemigas y falsamente afines.

La conservación de la unidad y de la eficiencia del órgano partido y su transmisión entre las generaciones de militantes requiere del dique contra las contaminaciones e influencias extrañas provenientes del prevaleciente mundo burgués. Pero no con otros métodos de su trabajo orgánico y fraternal puede el partido defenderse, coherente y fielmente, de eventuales elementos o grupos que lleguen a encontrarse a disgusto respecto al programa histórico, a la continuidad de su táctica, a los módulos impersonales de la milicia comunista.

Finalmente, es imprescindible la participación física directa en las luchas defensivas de los trabajadores con el fin de alentar su desarrollo y acrecentar la influencia del partido sobre el proletariado organizado, subrayando constantemente la conexión de las luchas parciales inmediatas con el objetivo revolucionario final.

Por pequeño que sea el partido y por desfavorables que puedan ser las condiciones contingentes para el retorno de la ofensiva proletaria, el partido reivindica siempre todas las formas de actividad propias de los periodos favorables. Utiliza los diversos y diferentes instrumentos, y a los individuos atraídos por el partido por su necesidad de comunismo, dotados de diferentes competencias y capacidades, volcados a su actividad unitaria y disciplinada.

El camarada relator leyó aquí citas significativas de Wilhelm Liebknecht (“Studieren, Propagandieren, Organisieren”), Eleanor Marx y Lenin.


La defensa de la doctrina

Teoría y acción son campos dialécticamente inseparables. La teoría, antes de ser codificada en textos y tesis, surgió a mediados del siglo XIX como producto histórico-social, resultado dinámico del choque entre fuerzas reales de notable dimensión y alcance. Valiéndose también de aquellos casos en los que el resultado final es una derrota de las fuerzas revolucionarias, el partido opera colectivamente una continua transfusión de experiencia histórica, a través de su actividad en la clase y el estudio colectivo.

Mientras el partido formal afirma la totalidad de sus tareas históricas en la persecución de su objetivo central de preparación revolucionaria del proletariado, tanto en tiempos favorables como desfavorables, dada la situación actual en la que la energía revolucionaria está en mínimos históricos, la tarea práctica primaria del partido sigue siendo el examen del curso histórico de la lucha en su integridad y la defensa de la teoría del comunismo marxista a la luz de los hechos contemporáneos. Es un error definir esta tarea como una actividad de tipo literario o intelectual, ya que se trata de un esfuerzo crítico continuo necesario para preparar las bases subjetivas de una lucha de clases resolutiva cuando se presenten las condiciones.

En el estado actual, dado nuestro número reducido y los vínculos relativamente escasos con el movimiento obrero y el bajo nivel de la lucha defensiva, nuestro armamento más importante sigue siendo el de la crítica.

Nacida de las entrañas de la historia, expresión de un movimiento social encarnado por el proletariado, la crítica comunista constituye el arma de batalla más poderosa de la clase oprimida. Sin ella, el proletariado más resuelto está destinado a la derrota. No constituye un ejercicio académico de estudiosos, sino que es el cerebro global del Partido que unifica todos los datos del progreso humano con el fin de utilizar de la mejor manera las energías proletarias en su obra de exterminio y destrucción del orden existente.


Nuestro anti-culturalismo

Como escribe Marx en la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel: «La crítica no es una pasión del cerebro, es el cerebro de la pasión. No es un bisturí anatómico, es un arma. Su objeto es su enemigo, al que no quiere refutar, sino aniquilar. En los hechos, en la esencia de aquellas condiciones, ya está refutado». La defensa del programa no es para los comunistas un lujo teórico, sino una necesidad práctica de la lucha de clases. Es con las armas de la crítica que diagnosticamos la muerte de este orden infame, en la certeza de poder ejecutar su sentencia histórica con la crítica más afilada que las armas.

«En 1912, un congreso de jóvenes socialistas en Bolonia dio origen a una importante batalla entre los culturalistas y los anti-culturalistas (...) Los anti-culturalistas protestaron vigorosamente sosteniendo que (...) la adquisición de la conciencia teórica – que la izquierda ha defendido, no obstante, con firmeza como patrimonio común del partido y del movimiento juvenil – no debe ser utilizada como condición para paralizar a todos aquellos que se ven impulsados a luchar simplemente bajo el impulso de los sentimientos socialistas y del entusiasmo que las condiciones sociales provocan en el curso natural de las cosas (...) La correcta praxis marxista afirma que la conciencia tanto del individuo como de la masa sigue a la acción; y que la acción sigue al impulso del interés económico. Solo dentro del partido de clase la conciencia y, en determinadas circunstancias, la decisión de actuar preceden al conflicto de clase; pero esta posibilidad es orgánicamente inseparable de la interacción molecular de los impulsos físicos y económicos iniciales» (“Historia de la Izquierda Comunista”).

El Partido no se forma sobre la base de las conciencias individuales: no se requiere ni es posible que cada militante se vuelva consciente, y menos aún que domine la doctrina de clase, al modo cultural, pero tampoco es totalmente posible para los propios dirigentes individuales del Partido. La conciencia consiste solo en la unidad orgánica del Partido. Rechazamos la concepción del partido como un conjunto de sabios iluminados. Es el órgano impersonal del partido el que es sabio.

El partido es una fuerza material cuya acción sabia y consciente decide los grandes desarrollos de la historia, pero solo cuando encuentra el gigantesco empuje que viene desde abajo de la clase, de ignorantes e inconscientes, como un fenómeno natural y físico. Engels: «serán los no socialistas quienes hagan la revolución socialista»; Lenin: «la revolución la haremos con las manos de otros».

El socialismo marxista invierte en teoría y en política el equívoco democrático y popular. Muestra que el sujeto de la historia son las clases. La clase de los proletarios en efervescencia lleva en su interior las fuerzas motrices de la revolución. Pero las aspiraciones y la ideología de los trabajadores están determinadas desde fuera, por la filosofía de la clase que detenta el monopolio de los medios de producción y, por tanto, de la cultura. La doctrina del Partido es la síntesis histórica de aquellas fuerzas latentes, y solo ella puede devolver al proletariado la plena conciencia de sí mismo y el valor para no buscar fuera de sí, en la pequeña burguesía, los medios para su ascenso.




Sobre la orientación sindical del partido en Italia

En Italia, donde el partido puede vanagloriarse de una presencia continuada dentro del movimiento sindical y ha realizado un profundo examen de sus vicisitudes, en el transcurso de esta posguerra ha modificado sus consignas. Reivindicamos íntegramente nuestras posiciones generales de siempre, con las que estamos en plena continuidad, pero ha cambiado el contexto en el que el proletariado se ha encontrado luchando.

En “Il Partito Comunista” n.64 de 1979 apareció nuestra consigna, relativa a Italia, “Fuera y contra los sindicatos actuales”.

Ya habíamos definido a los sindicatos nacidos en la segunda posguerra, CGIL, CISL y UIL, “cosidos sobre el modelo Mussolini”, avasallados al Estado y referentes de los partidos burgueses, reflejo de los nuevos equilibrios interimperialistas: los definimos sindicatos “de régimen”.

En el artículo se señalaba que hasta entonces la parte más combativa del proletariado italiano se había encontrado en la CGIL, que había sido obligada por la presión obrera a asumir fuertes huelgas. Por lo tanto, concluíamos que, hasta ese momento, el proceso de inserción de los sindicatos en el engranaje estatal era aún reversible, no consumado, por lo que no se podía excluir la posibilidad, sobre la ola de la lucha obrera, de reconquistar la CGIL para una política de clase. «Por ello hablamos de “reconquista a golpes”. Si esto no se hubiera verificado, dijimos entonces, deberían resurgir nuevas organizaciones clasistas (…) Por eso nuestros militantes condujeron la batalla dentro de la CGIL».

Desde 1975, mientras vastos episodios de lucha de los trabajadores eran abiertamente saboteados por la CGIL, «la parte más combativa y consciente del proletariado tiende a abandonar los sindicatos actuales y a dar vida a nuevas organizaciones».

En 1980, cuando se vislumbraban los primeros destellos del futuro sindicalismo de base, escribíamos: «Si la consigna “fuera y contra el sindicato” no puede plantearse como prejuicio para la adhesión a cada comité obrero (…) los militantes comunistas deben operar para que se convierta en la orientación dominante en ellos (…) luchando a fondo contra quien se sitúa en el terreno ambiguo y descerebrado del “dentro y fuera del sindicato” o, viceversa, quien pretende que estos pequeños comités sean ya de por sí un nuevo sindicato y deban apuntar a corto plazo a constituirse como sindicato de clase. Estamos, en cambio, ante los primeros síntomas organizativos de restringidísimas capas de trabajadores combativos, que sería más justo definir núcleos del futuro sindicato de clase y que el Partido debe ayudar a expresar hasta el fondo y con coherencia la carga anti-oportunista y anti-capitalista que potencialmente poseen».

Nuestra consigna era confirmada en el artículo “Términos de la actividad sindical del partido”, en “Il Partito Comunista” n.202, de 1992:

«Respecto a los sindicatos, el Partido expresa posiciones que tienen carácter de principio y que conciernen a la necesidad de vastas organizaciones de carácter económico abiertas a todos los asalariados. Por medio de su fracción organizada en su interior, el Partido intenta adquirir en ellas una influencia determinante y, en la fase revolucionaria, su propia dirección (…)

«Otra cuestión es la valoración de los sindicatos actuales, nuestra actitud hacia ellos, la táctica que el Partido adopta en las diferentes circunstancias. En esto, la acción del Partido está ligada a la interpretación de los hechos y al estudio de las situaciones diversas, que no está exenta de aproximación y requiere progresivas precisiones y rectificaciones (…)

«Las valoraciones del Partido y la táctica hacia los sindicatos actuales no serán, por tanto, probablemente idénticas en todos los países y circunstancias. La indicación del Partido de no organizarse más en la CGIL y por la reconstrucción del sindicato de clase “fuera y contra el sindicato de régimen” no es un principio general de acción del Partido, sino el resultado de una valoración de la situación madurada en Italia (…)

«Es posible que la clase exprese, en una fase de recuperación, formas organizativas diferentes de las tradicionales, que no nos es dado prever hoy. Los COBAS son, pues, objeto de nuestro interés no en cuanto manifiestan formas originales de organización obrera, sino en cuanto expresan la tendencia a la reorganización contra la política colaboracionista».

La CGL pre-fascista era un instrumento de la clase obrera dirigido por contrarrevolucionarios de profesión. La CGIL actual es una organización del régimen burgués, a la que responde y de la que defiende los intereses, que encuadra a los trabajadores para que no se organicen para la lucha.

Las esporádicas luchas en empresas – incluso duras – no contradicen este diagnóstico: lo confirma el hecho de que, cuando ocurren, están aisladas y contenidas en los límites de la empresa como ente individual, o incluso solo dentro de un establecimiento.

Si durante treinta años los trabajadores de nuestro partido se inscribieron en la CGIL y desarrollaron en ella agitación sindical comunista, no era porque tuviéramos ilusión alguna sobre su naturaleza y su función, sino porque la parte más combativa de la clase obrera que se adhería a ella la consideraba todavía su rojo sindicato, y porque a los comunistas les era posible organizarse en fracción en su seno y practicar y propagar nuestra orientación de clase.

El Partido confirma todas sus posiciones, y reitera que el “fuera y contra" ante la CGIL no se debe a manías de purismo o sectarismo, que siempre hemos condenado como manifestación de inmediatismo e impotencia revolucionaria. Compartimos totalmente los reproches de Lenin en su “Extremismo” a los “infantiles de izquierda”.

Desde los años ’70 del siglo pasado, por una parte ya no fue posible a los comunistas hacer llegar su voz a los trabajadores en la CGIL; por otra, para poder luchar eficazmente, los proletarios se dedicaron a formar nuevos sindicatos combativos.

Sin embargo, ni siquiera los sindicatos nacidos en los pasados 50 años en declarada oposición a los sindicatos de régimen, están exentos de debilidades. Algunos siguen lógicas de categoría, en ocasiones aceptan la autorregulación para legitimarse ante el Estado o para gozar de las facilidades que tienen los sindicatos de régimen. A menudo sus dirigentes pertenecen a pequeños partidos autodenominados comunistas, que tienen como objetivo principal encontrar adherentes para su propio partido: llevar adelante una lucha obrera se vuelve para ellos algo totalmente secundario. También hay buena fe. A menudo, sin embargo, se acompaña de la idea de crear organismos híbridos entre partido y sindicato, cuyas características permanecen oscuras para los propios que los sostienen. Todas, cosas ya vistas. Pero, a pesar de los límites de tales sindicatos, en su interior se encuentran los proletarios más dispuestos a la lucha clasista, a los cuales nosotros, los comunistas, debemos dirigir nuestra ayuda, advertencias e indicaciones.

Nuestro objetivo sigue siendo el de siempre: una única organización sindical de clase a la que se adhiera la gran parte de los proletarios. Es con este fin que los miembros del partido militan en los sindicatos, promueven la acción de coordinadoras que unan en la lucha a proletarios adherentes a los diversos sindicatos, en Italia abiertos también a los elementos combativos presentes en la CGIL.

La línea es la de siempre, pero obviamente sin un despertar de la lucha de clases de un proletariado doblegado a la resignación individualista por décadas de contrarrevolución, ninguna línea justa, ninguna fórmula organizativa puede suscitar el renacimiento de grandes sindicatos de clase. Por el contrario, sin estos la revolución proletaria es impensable. El sindicato, además de correa de transmisión entre el partido y la clase, es también el depósito del que extrae fuerza el propio partido.

No hay espacio para las dudas en nuestros principios y en nuestro programa, pues no son fruto de elucubraciones de individuos sino de la experiencia histórica; solo se pueden aceptar en bloque o rechazar. En esto somos dogmáticos. Es en el análisis de los diversos fenómenos y de las diversas situaciones donde las dudas son, en cambio, inevitables y necesarias.

Hoy el Partido debe analizar lo que ocurre en las diversas partes del mundo, incluso donde no tenemos secciones y compañeros. Si nos ocurre dar un juicio no suficientemente aproximado, y esto a veces a los partidos formales les ocurre, no nos daremos por vencidos. Un ejemplo de las dudas que podemos albergar es sobre la CGT, que en los últimos años ha parecido permeable a las luchas de clases que se han desarrollado en Francia, por ejemplo organizando huelgas indefinidas a nivel nacional en el sector petroquímico.

Así como es general la tendencia de todos los Estados burgueses de dotarse de sindicatos de régimen, cuando no de Estado, impermeables a la lucha de clases, del mismo modo es general la necesidad para los proletarios de organizarse en verdaderos combativos y fieles sindicatos.

En cuanto a aquellos que nunca tienen dudas sobre sus análisis, esto es porque están afectados por presunción intelectualista pequeñoburguesa, terminando luego inevitablemente por albergar dudas sobre los principios mismos del comunismo y del marxismo. El partido en la cuestión sindical, como en todas las demás, no tiene nada que descubrir e innovar, sino solo que estudiar, “en contacto con la clase obrera”.



El Irán moderno: La monarquía Pahlavi

A finales de los años 50, Irán es un país que se asoma al capitalismo, regido por la monarquía de Mohamed Reza Pahlavi, traído de vuelta del exilio en Roma y colocado de nuevo en el poder mediante el golpe de Estado estadounidense que destituyó al gobierno de Mossadeq. Disponía de una empresa nacional propia de la cual se lucraban las compañías extranjeras.

La década siguiente es un período de transición y transformación económica y social que sienta las bases para los acontecimientos de los 20 años posteriores. El petróleo “nacional” es gestionado por las “Siete Hermanas”.

Después la muerte en 1962 del ayatolá Kashani, el régimen, que hasta ese momento había gobernado con “moderación”, respetando al poderoso clero chiíta, inició un plan de reformas sociales y económicas, en respuesta al descontento por las diferencias sociales que habían caracterizado los años anteriores, con el objetivo de convertir a la sociedad persa en una potencia industrial moderna y occidentalizada: una serie de intervenciones del régimen monárquico que sería rebautizada como “Revolución Blanca”. Con las cuantiosas rentas del petróleo, de las que el Estado iraní retenía el 50% de las regalías, en 1963 se puso en marcha un imponente programa de transformación a realizar en un plazo de 15 años. Algunas realizadas de inmediato, fueron aprobadas mediante un plebiscito con el 99% de votos favorables, por la esperanza de mejoras en las difíciles condiciones de vida del período.

La intervención contemplaba, entre otras cosas: 1) abolición del latifundio y distribución de tierras a los campesinos; 2) derecho al voto para las mujeres; 3) escolarización obligatoria y alfabetización en las áreas rurales; 4) privatización de las empresas estatales; 5) participación de los obreros en las utilidades de las empresas; 6) nacionalización de bosques, pastizales y fuentes hídricas; 7) defensa de la maternidad; 8) educación pública hasta los 14 años; 9) un sistema sanitario nacional; 10) estabilización de los precios; 11) lucha contra la corrupción.

Pero con la transformación e industrialización de la sociedad iraní, con profundas diferencias étnicas y económicas, los entusiasmos iniciales se desvanecieron. La modernización, en ocasiones forzada – y buscada especialmente bajo la presión de la administración Kennedy, para conjurar con el ascenso de la crisis la conquista de consensos e influencia de las oposiciones “comunistas” vinculadas al capitalismo soviético – no tuvo los resultados esperados.

Además, el clero llevaba varios años utilizando la aversión a Occidente para desacreditar al régimen, temiendo una excesiva laicización del país.

El movimiento de transformación, que tenía el propósito de poner un dique a la crisis y acallar a las corrientes adversas, en lugar de un período de estabilidad del régimen, vino a favorecer a las oposiciones antimonárquicas.

Además, el desarrollo de la intervención pública en algunos sectores había hecho posible una fuerte corrupción que, unida a la injerencia extranjera, no atenuó aquellas diferencias sociales ni aquella concentración de riqueza en pocas manos que habían caracterizado al país en los años anteriores. La modernización fue superficial y limitada a unos pocos, favoreciendo a una reducida élite, lo que conllevó un extendido resentimiento en diversos estratos sociales, campesinos, proletariado urbano y pequeña burguesía, que comenzaron a ver en el clero (enemigo histórico de la monarquía en las décadas pasadas) un aliado y un sostenedor de la causa nacional, contra la Corona, considerada extranjera y occidental, autoritaria y corrupta.

Masas de campesinos y pastores se vieron obligados a abandonar las áreas rurales para trasladarse a los principales centros urbanos, engrosando periferias degradadas y sin servicios, que se convirtieron en reservorios de desempleo y de un lumpenproletariado cada vez más hostil al programa económico de la monarquía.

En conclusión, aunque hubo algunas concesiones de derechos civiles, las reformas económicas fracasaron, alimentando las diferencias sociales y creando una fuerte brecha entre zonas urbanas y rurales.

En el campo, la reforma agraria, punto central de la maniobra, derribadas las viejas relaciones feudales y de servidumbre y distribuidas las tierras, aceleró el desarrollo de empresas agrícolas capitalistas y de una nueva burguesía terrateniente, que se convirtió en clase hegemónica en un país aun profundamente agrícola, obteniendo un gran poder, incluso frente a la aún minoritaria burguesía industrial.

Esta, en formación, ya ejercía una explotación brutal sobre la clase obrera.

Las estadísticas oficiales indican que en 1966, sobre una población de 25 millones, de los 1.200.000 ocupados en la industria manufacturera, 200.000 trabajaban entre 50 y 60 horas a la semana, 250.000 más de 64 horas, 100.000 más de 71, mientras que 200.000 no tenían un trabajo fijo, trabajando menos de 30 horas. El único sindicato autorizado, la “Organización Obrera Iraní”, era un apéndice del Estado y sus dirigentes eran miembros de la SAVAK.

Esta, la policía secreta del régimen, instituida en 1957, estaba compuesta por altos funcionarios bien pagados con el objetivo de reprimir toda forma de disenso mediante la vigilancia, la detención y la tortura de los opositores políticos y dirigentes de la clase trabajadora. Mientras la crisis y las tensiones se agudizaban, la SAVAK asumió cada vez más poder y un papel central, beneficiándose de progresivos e ingentes aumentos de recursos por parte del Estado. Muchas oposiciones comenzaron a organizarse en la clandestinidad, principalmente en las mezquitas. Esto ocurrió de manera muy gradual: harían falta otros 15 años, antes de la caída de la monarquía.

El fracaso de las reformas y la represión de la SAVAK alimentaron una fractura social cada vez más profunda e incontrolable. Entre las principales voces de protesta emergió la figura del ayatolá Jomeini, detenido el 5 de junio de 1963 tras un fallido complot contra el Sha; sería posteriormente exiliado. Los enfrentamientos callejeros que se prolongaron en los días sucesivos en Teherán, Qom y otras ciudades terminaron en una bárbara represión que contabilizó 15.000 víctimas, marcando el inicio de la oposición jomeinista.

Esta evolución del contexto de los primeros años 60 representa un punto de inflexión en la historia del Irán de la segunda posguerra, la génesis de una serie de crisis y notables cambios que desembocarán en la “revolución” de la segunda mitad de los años 70, la caída de la monarquía (apoyada por las burguesías francesa, inglesa pero sobre todo estadounidense) y la toma del poder por Khomeini, evento que marcará el inicio del régimen islámico aún presente hoy.

El plan de intervención estatal en algunos sectores dentro de una economía de mercado, por más emergente que sea, especialmente en fase de recesión económica, no resuelve las contradicciones del capitalismo, ni atenúa sus consecuencias sobre el proletariado, que permaneció aplastado en Irán bajo una burguesía campesina e industrial y un aparato estatal que concede derechos solo aparentes.

Cabe recordar aquí el papel del histórico partido “comunista”, del Tudeh, estalinista, que, después de haber apoyado en la década anterior la nacionalización de la AIOC, la compañía petrolera iraní, durante todos los años 60 mantuvo estrechos vínculos con Moscú, operando de hecho en la clandestinidad a raíz de la creciente represión de los Pahlavi, con sus cuadros a menudo en prisión o en el exilio. Dicho partido, que ya se había alineado en ocasiones previas al lado de los ayatolás chiítas, también contrarios a la injerencia occidental en el país, apuntaba a una política “anti-imperialista”, es decir, orientada a apoyar una mayor intervención y hegemonía de la URSS en los asuntos del petróleo iraní, influyendo en parte de las protestas y contribuyendo al nacimiento de diversas formaciones de izquierda, sobre todo entre los estudiantes en las universidades, hostiles a la dictadura estadounidense, percibida cada vez más como el único mal a derribar. Las luchas, por tanto, como casi siempre ha ocurrido, y no solo en Irán, quedaban relegadas al paso de un régimen burgués a otro, de un amo a otro.

La clase obrera y campesina, sin una autonomía política de clase propia ni un partido auténticamente marxista revolucionario, no pudo más que plegarse a los impulsos de los comerciantes, de la pequeña burguesía y de sus direcciones reaccionarias y anti-proletarias, a los movimientos “anti-imperialistas” nacional-comunistas, a los estudiantiles, a los movimientos anti-occidentales religiosos, tal como había ocurrido en la década anterior, y como veremos sucederá en la siguiente, con el apoyo cada vez más extendido al islamismo, y tal como ocurre aún hoy.



Venezuela
En el enfrentamiento entre capitalismos la clase obrera no tiene un bando que preferir

Entre los escenarios que habíamos hipotetizado sobre la evolución de las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, parece que con la incursión militar y el secuestro del presidente Maduro el 3 de enero, se ha materializado el escenario intermedio: ataques contra objetivos individuales vinculados al narcotráfico, pero sin recurrir a una intervención militar abierta, desplegando tropas sobre el terreno, como se hizo en Irak. El imperialismo estadounidense necesita avanzar rápidamente en la delimitación de su zona geográfica de influencia frente a otros imperialismos, especialmente China, y en el control de las ricas reservas minerales de Venezuela.

La importancia del petróleo venezolano para Estados Unidos es de mediano y largo plazo, más que a corto plazo, ya que se requieren inversiones masivas para restaurar la infraestructura. A corto plazo, Estados Unidos captará una mayor proporción de la producción venezolana. Para finales de 2025, el 27% del petróleo venezolano se vendió a Estados Unidos, el resto a China y otros países. Las grandes petroleras a las que Trump ha instado a invertir en Venezuela saben que, durante el resto de esta década, dedicarán recursos a rehabilitar la infraestructura de producción sin obtener ganancias. Según los nuevos acuerdos comerciales entre Estados Unidos y Venezuela, la producción de petróleo podría alcanzar los 1.200.000 barriles en 2026 y seguir aumentando entre 2027 y 2028.

Pero, por muy hambrientos que estén los tiburones petroleros globales, necesitan seguridad, garantías y certeza jurídica de que no perderán sus inversiones. En realidad, la tranquilidad que requieren es de naturaleza política y militar. Trump lo sabe, tanto así que mantiene su despliegue militar en el Caribe. Pero habrá quienes esperen a ver cómo evoluciona el conflicto con China, para ver cómo podría afectar las inversiones en Venezuela.

Cabe destacar que durante décadas se ha desarrollado una simbiosis entre Estados Unidos y Venezuela en el sector petrolero; las refinerías del sur de Estados Unidos (principalmente en Texas) fueron diseñadas para procesar el petróleo pesado y sulfuroso de Venezuela y México. Dado que el petróleo de esquisto que produce actualmente Estados Unidos es muy ligero, las plantas del Golfo deben mezclarlo con crudo pesado.

En la nueva situación, Estados Unidos pretende pasar del control del petróleo venezolano mediante sanciones a un dominio operativo y financiero con el apoyo del chavismo gobernante, lo que sitúa a Venezuela en un estatus equivalente a un protectorado. Y si bien el chavismo podría ser reemplazado por un nuevo actor político, ha desarrollado fuertes vínculos con la burguesía venezolana y controla todas las instituciones: la “transición” podría llevar años. Y el gobierno estadounidense sabe que actualmente no hay un partido capaz de reemplazar al chavismo sin el apoyo de las tropas sobre el terreno, como intentó hacerlo en Irak.

En cuestión de días, si no horas, tanto el gobierno de Estados Unidos como el de Venezuela han avanzado rápidamente en una serie de medidas destinadas a fomentar la penetración de compañías petroleras occidentales como parte de un plan de inversión propuesto por Washington. Este plan incluye garantías de seguridad (el gobierno estadounidense apoyará y protegerá los activos de las compañías), el control de los ingresos por la venta de petróleo, que se depositarán en cuentas controladas por el Tesoro estadounidense en bancos internacionales, y el uso obligatorio de tecnología estadounidense (futuras inversiones de capital destinadas a la compra de plataformas, oleoductos y equipos fabricados exclusivamente en Estados Unidos). Los primeros ingresos por las ventas ya se han depositado en Qatar (aproximadamente 300 millones de dólares) y desde allí se transferirán al Banco Central de Venezuela, que a su vez los distribuirá entre cinco bancos privados que pondrán los fondos a disposición de empresas de sectores económicos prioritarios.

Se estima que, en 2026, Venezuela podría recibir aproximadamente 12.000 millones de dólares en ingresos por ventas (que aumentarían no tanto por el aumento de la producción, sino por la aplicación de precios de mercado en lugar de los del mercado negro, que se han venido aplicando debido a las sanciones estadounidenses), la liberación de fondos retenidos por el FMI y otros créditos. Esto impulsaría significativamente la economía venezolana en 2026.

Estas concesiones de Washington y Caracas fueron tan rápidas y coordinadas que quedó claro que el plan había sido cuidadosamente diseñado por ambas partes y acordado muchos meses antes de la acción militar del 3 de enero. Las sanciones eran un obstáculo no solo para el Gobierno venezolano, el Banco Central y empresas como PDVSA y otras, sino también para las propias multinacionales: ahora Chevron podría superar los 200.000 barriles diarios a finales de 2026.

El gobierno de Estados Unidos ha reanudado la concesión de visas de entrada a venezolanos y está coordinando la reapertura de su embajada en Caracas. También ha liberado fondos venezolanos en poder del FMI y los ha reintegrado al sistema SWIFT, del que habían sido excluidos debido a las sanciones. El fondo fiduciario que pronto creará Estados Unidos se denomina “Tratado de Custodia Tripartita”, un acuerdo entre los gobiernos de Estados Unidos, Venezuela y Catar. Su Comité de Gestión está compuesto por un representante del Tesoro de Estados Unidos, representantes de 14 compañías petroleras y el gobierno venezolano, que, por lo tanto, no puede disponer de sus activos. A través de este fondo fiduciario, Estados Unidos emitirá una criptomoneda, cuyo objetivo es mantener una paridad constante de 1:1 con el dólar, garantizada por la Reserva Federal: se denomina “dólar digital”, pero también “dólar-bolívar digital”.

Mientras tanto, el gobierno burgués venezolano, que aún se proclama chavista, en perfecta sintonía con Estados Unidos, ha presentado ante la Asamblea Nacional una reforma a la Ley de Hidrocarburos para flexibilizar el control estatal y atraer inversión extranjera. El llamado “modelo Chevron” será legalmente reconocido, lo que permitirá a las empresas extranjeras un control operativo mucho más amplio, mayor autonomía en la gestión de los yacimientos petrolíferos y la comercialización del crudo, superará las cláusulas actuales que rigen las empresas mixtas controladas por PDVSA y brindará seguridad jurídica a las empresas.

Parte de los ingresos petroleros se destinaría a la asistencia social, la sanidad, los servicios públicos y la reconstrucción de infraestructuras, la red eléctrica y el tejido industrial. También se revisará la ley de precios, previa consulta con las empresas (como ya se ha hecho en la práctica), principalmente para bienes y servicios de consumo.

La carga fiscal y las regalías petroleras se reducirán del 30% actual, y la participación estatal en empresas mixtas se hará inferior al del 51%. También se han simplificado los trámites administrativos y se está llevando a cabo una revisión de los códigos civil, comercial y penal. La ley minera se está reformando para atraer una importante inversión internacional en la minería de oro, carbón, hierro y bauxita.

Pero, aunque se habla menos de ello, la reforma laboral está en el aire: eliminará la retroactividad de las prestaciones sociales, eliminará los obstáculos a la subcontratación y la precariedad laboral, y abordará las demandas de los empleadores desde hace tiempo. En cuanto a los salarios y las pensiones, mientras se reconsidera el marco legal, el gobierno anuncia bonificaciones especiales.

La intención del gobierno estadounidense es restablecer los niveles históricos de producción (entre 3 y 3,5 millones de barriles diarios) para reducir el precio del petróleo a cerca de 50 dólares. Sin embargo, empresas como Wood Mackenzie y la Universidad de Columbia advierten que los 2 millones de barriles diarios solo se alcanzarán en el 2030, y que alcanzar los 3,5 millones de barriles diarios tomará una década. Trump ha declarado que las grandes petroleras deberían invertir al menos 100.000 millones de dólares. Los expertos coinciden: se necesitarán 10.000 millones de dólares anuales durante los próximos 10 años.

Mientras el imperialismo estadounidense continúa con esta agresiva operación, no hemos observado ninguna reacción decisiva del imperialismo chino ni del ruso. Rusia ha declarado que sus empresas seguirán operando con normalidad en Venezuela. El gobierno venezolano ha declarado que mantendrá relaciones diplomáticas y comerciales con China y otros países.


Metamorfosis de la democracia burguesa

Mientras tanto, el gobierno chavista ha garantizado el funcionamiento de las instituciones y la paz laboral. El gobierno promueve manifestaciones contra el secuestro de Maduro y su esposa. La liberación de aproximadamente 200 de los más de 800 presos detenidos desde el período post-electoral de 2024 ha comenzado lentamente; los líderes sindicales permanecen en prisión. Para Estados Unidos es importante que Venezuela mantenga la paz social y que nada perturbe las operaciones de las compañías petroleras.

Bajo el estado de emergencia nacional declarado por el gobierno, se han realizado varias detenciones, en casos aislados y poco claros, por cargos de “incitar al odio y la traición” y “apoyar el ataque estadounidense contra Venezuela”. Sin embargo, el gobierno ha moderado la represión, sin reducir el despliegue de las fuerzas policiales en las calles.

La burguesía y los partidos que se enmarcan en el espectro democrático burgués han planteado diversos escenarios, que van desde el mantenimiento del chavismo, el “socialismo del siglo XXI”, con el reemplazo de ciertas figuras, hasta una “transición democrática” a través de un gobierno de emergencia nacional liderado por políticos de oposición.

El imperialismo estadounidense impondrá la solución que le permita alcanzar sus objetivos con el menor gasto posible y, sobre todo, sin tener que desplegar tropas sobre el terreno. En el contexto del conflicto inter-imperialista global, Venezuela es solo un peón, en un teatro de operaciones de mayor envergadura.

Obviamente, hablamos de la evolución de la situación en el marco de la democracia burguesa y el capitalismo. A pesar de sus posibles facetas fascistas o formalmente electorales, no tienen nada que ver con escenarios revolucionarios. Tampoco son progresistas ni retrógrados con respecto al sistema burgués de naciones y Estados.

Para el movimiento obrero, sea cual sea el rumbo que tome la transición política en Venezuela, significará un cambio entre los administradores de los intereses de la burguesía y el imperialismo, las nuevas caras de los enemigos de clase del proletariado. Bajo el capitalismo, cualquier tipo de gobierno es el comité de gestión de la clase burguesa, encargado de defender los intereses generales del capital nacional. Incluso cuando algunos líderes se creen generales, en realidad no son más que sargentos. Mientras la derecha y la izquierda reformista sueñan con una “transición democrática”, el movimiento obrero debe romper esta maraña de confusión y retomar el camino que abandonó hace un siglo: el programa de la revolución.


El patriotismo en crisis

En Venezuela, también, la mentira de defender la nación, la patria y la soberanía ha quedado rotundamente expuesta. Era, en cualquier caso, un mito burgués, monstruosamente abrazado por sindicatos y partidos falsamente de izquierda. El chavismo, ya un acérrimo defensor de la ideología bolivariana y del patriotismo, a pesar de la indignación por el secuestro de Maduro y su esposa el 3 de enero, se postró inmediatamente ante las groseras pretensiones diarias de Trump. Sin embargo, todos los líderes del chavismo habían jurado, antes del ataque estadounidense, que «ante cualquier agresión imperialista, el gobierno venezolano no entregará ni un solo barril de petróleo a Estados Unidos», lo cual ya era una mentira, dado que nunca habían actuado contra Chevron, las sanciones y el bloqueo económico.

Ahora afirman cínicamente que no hay problema en extender los acuerdos petroleros con Estados Unidos, que es una relación normal entre los dos países, como si el presidente legítimo en ejercicio no estuviera preso en Nueva York y como si los muertos en Fuerte Tiuna no hubieran muerto bajo los bombardeos de los marines.

El pueblo venezolano, educado en la ideología de defensa de la patria desde la primaria y en el chavismo, bastión bolivariano, habría esperado una respuesta opuesta a su actual complacencia diplomática hacia Estados Unidos. Sin embargo, el gobierno actual, aún chavista, ha declarado que mantiene relaciones comerciales y suministra petróleo a Estados Unidos porque “practica la diplomacia bolivariana de paz”. A cambio, se planea la reapertura de la embajada estadounidense en Caracas.

La narrativa patriótica se derrumba no solo en el chavismo, sino también en la oposición, patriota y devota de los intereses nacionales. La oposición desarrolla sus argumentos en dos frentes: la unidad con el chavismo, “porque por encima de líneas partidistas, todos somos venezolanos”, y no objeta las concesiones petroleras a Estados Unidos; y, por otro lado, el frente que aprueba la invasión estadounidense para “combatir el narcotráfico”. Así, incluso la llamada “oposición democrática” han arriado sus banderas de defensa de la patria, tanto quienes permanecen a la sombra del chavismo como quienes adulan descaradamente a Trump. Los chavistas ridiculizan a la oposición por el menosprecio de Trump a la líder opositora María Corina Machado; la oposición democrática ridiculiza a los chavistas por su servilismo a las órdenes de Trump. Mientras tanto, Trump se reúne con Delsy Rodríguez y María Corina Machado y les lee la cartilla. Ambas facciones de políticos burgueses se esfuerzan por demostrar al imperialismo estadounidense que son la opción más fiable para defender sus intereses en Venezuela. Esta es la realidad caricaturesca del patriotismo venezolano.

Los trabajadores, aturdidos por la propaganda de ambos frentes burgueses, adoctrinados durante décadas para defender su país, se encuentran de repente ante un teatro del absurdo, un escenario que desmiente todas las razones utilizadas para distanciarlos de la lucha por sus verdaderos intereses de clase.

Pero la propaganda patriótica ya resuena al sur del Río Grande. Las burguesías nacionales se ven amenazadas por el imperialismo estadounidense y, para defender sus negocios, que prosperan únicamente mediante la brutal explotación de los asalariados, los llaman a sacrificarse. Los gobiernos latinoamericanos están en alerta máxima, pero dispuestos a negociar con el imperialismo su parte del pastel, dentro de ese espacio económico al que llaman patria.

Sea cual sea el resultado de este reparto imperialista, lo único que le espera a la clase obrera es la explotación, mientras que las riquezas naturales de los distintos países engrosarán las cuentas bancarias de los capitalistas nacionales y extranjeros. Con una mayor o menor penetración del capital privado y extranjero en los distintos sectores de la economía, la clase obrera debe identificar claramente a su enemigo de clase. No le importa si la composición accionaria de las empresas es mayoritariamente estatal o privada, es una ilusión que su situación vaya a mejorar con la llegada de las multinacionales y los capitales occidentales: estos buitres compiten entre sí basándose exclusivamente en la miseria de los trabajadores asalariados. Ninguna conquista, ninguna reivindicación, será concedida sin una lucha decidida.


La clase obrera no tiene patria

La clase obrera y todos los sectores oprimidos por el capital son la carne de cañón que será enviada al frente bajo las banderas nacionales. La postura comunista es contraria a la guerra imperialista; la clase obrera no tiene patria que defender; por el contrario, se entregará al derrotismo revolucionario, volviendo sus soldados y armas contra la burguesía y sus gobiernos en todos los países.

Junto con los políticos burgueses y la falsa izquierda, las centrales y federaciones sindicales han mantenido un silencio cómplice y no han promovido ninguna movilización obrera, lo que las coloca del lado de los enemigos de la clase obrera. Solo unas pocas excepciones han propuesto la lucha, aunque con fines nacionalistas, legalistas, democráticos y burgueses.

Además, en Venezuela, ninguna de las potencias imperialistas (Estados Unidos, China, Rusia, Irán, etc.) está realmente interesada en impedir el narcotráfico, en el derecho internacional, en el respeto a la democracia ni los derechos humanos. Todas se mueven por intereses económicos, por el control de la producción y comercialización de petróleo, gas, oro, etc., cada una buscando la mayor tajada del pastel. Y esta pugna incluye a la burguesía venezolana, ya sea representada por el chavismo, por la “oposición democrática” o por la infame “izquierda” que habla de “socialismo democrático”, de un “plan obrero y popular” e incluso de la “defensa de la Constitución”.

Es ilusorio pensar que los imperialismos se sentarán a consensuar cómo dividir el mundo. La Tercera Guerra Mundial es inevitable. El ataque estadounidense a Venezuela el 3 de enero y las amenazas a México, Colombia, Cuba y Groenlandia son el pistoletazo de salida de un imperialismo para arrebatar la iniciativa a sus rivales – China, Rusia, etc. – trazando líneas de demarcación en torno a lo que considera sus propios dominios. La repartición del mundo, de los mercados, de las materias primas, de las zonas estratégicamente valiosas, de las monedas y el capital, solo ocurrirá como resultado de la confrontación y la medición de fuerzas, con toda la destrucción y la muerte que ello conlleva.

También en Venezuela, sea cual sea la situación, la clase obrera debe organizarse por sí misma y luchar por sus reivindicaciones, empezando por aumentos significativos de salarios y pensiones. La unificación del movimiento obrero en una huelga general, por tiempo indefinido y sin servicios básicos, será la mejor expresión de la unidad de acción de los trabajadores asalariados. Esta reanudación de la lucha de clases chocará con todo el espectro de partidos burgueses y los líderes del sindicalismo traidor del régimen.

La transformación de la lucha económica en lucha política, en lucha del proletariado por la toma del poder, dependerá del grado de influencia que logre alcanzar el partido revolucionario.